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9. Del «Cisma» inglés al Anglicanismo No acaba de desarralgarse de percepción de la lemada reforma inglesa —que en su arranque no fue tal reforma como en producto de las veleidados de un monarca onamoradizo y lascivo, conforme al lópico acuñado por la historiografía y la npologática de signo católico. A estas alturas no es prociso ni sdvertit- que estas visiones de la polámica y de la ficción poco tienen que var con la realidad histórica. Tampoco ua del todo exacta la apreciación, más generalizada aún, que se empeña an yar el Anglicanismo. con su credo, con su Hturgía, con ju disciplina y, sobre lodo, con la mentalidad peculiar que le especifica, como obra de Enrique VII! y como otra de las manifestaciones del peo- testantismo. Quizá ses demasiado simplificados y, por lo mismo, no del lodo rigurono, poro puede resultar clarificante «el afirmar que Ente que Vil! fue más católico que luterano; major dicho, el rey inglés fue un culólico convencido que rompió con Roma pero que no pudo simpatizar con posiciones probesiantes. El Anglicanismo, proplamente dicho, fon una elaboración de Ismbebl y, por tamio, obra del absolutismo, como lo fue el cisma de los otros abealutismos: el del rey y del papa. Lo uno, el cisma (para Enrique VI! la ciamáfica era Roma), y lo otro. ol Anglicaniama, son perlectamente explicables desde la cbuervación hintórica. 130 o Todos los factores en presencia que leyaron a la reforma protestan te, como habían llevado y llevarían a la católica, pa cosjastaron también a Entíque VII. El humanismo la miraba como predio esto. Contaba con mecenas como el cardonaleancillor We . Con la protección del roy, el monaco más culto de su tiempo; Eraumo' pasó largas temporadas en la isla, enseñó en Orford y Cambridge, Luis a e ñ sel 1 as re Lia Eros, ORCATBATOR y avivaron clima religioso del Humanismo no intentaba sólo despojar ala religiosidad popular de tantas excrescencias como según loo humanis. tas—ae habían ido acumulando, cto de reforma era —adomás de usan contraicrarlo—pits No podía mufrir la multitud incpn- tal mochaciones, dy «supersticiones», que ccultaban el protagonis- mo de Jesucristo y del Evangelio. Desde este punto de partida estabas gomprometiendo ya a las estructuras eclesiásticas, y el anticlorienlismo fue una de sus consecuengias, Cuando, como en Inglaterra, La aversión coincidía con intereses de la nobleza, de la burguesía rural o agontiya, empeñado en incrementar su patrimonio y sus «corcadoss productivos (pos la lana de las ovejas), con los del monarca, exhausto en sus arcas, jinea poned =p sz pra : iz Ly un acicale en el proceso do cis o En cuanto a la funci ed pe hop hemos visto, la y si cabe, mán porcepti lus en inglaterra. Precisamente tor Í toda la fuerza del género utópico— el Fuaño de una. Autónoma, sin Pontifices, con pocos sacerdotes (y escordotisas) elegidos por el pueblo y toleran Medio antes, desde los etreulos universitarios de Oxlord, Jolin Wyclef (1328-1364) había divulgado sun críticas radicales al sistoma sacramental y establecia las tesis del derecho real y de una” nacional subordinada al soberano, no al papa. Los gérmenes de subversión social fueras asumidos por los elolardoso (algunis profeso tes de la Universidad, muchos estodiastos, bastanter clérigos, pueblo sencillo). Como aquellos tiempos no estaban para herojías, los Jalardos mente reprimidos. Y como por el siglo 41 no se contaba aún con la greda las ideas de Wyclef apenas trascen dieron | no decir . pega que no quiere que el rescobdo ae apaga- En el duelo político parque En esta ruptura operd más le política «que lo dogmático, el monarca inglés podía esgrimir arman más pode- tosas que Roma. Desde el principio, lo que entonces podía terso como — lao nión publica, el pueblo! estaba más identificado con el ray que con e pa identificación entre monarca e mgleses jara el recuerdo, ño borrado aún on la memosia colectiva, de la 1 Cbril de Las Dos igeas (1455-1485), larguísima y destructora. Conaainabi de h los Tudor, iniciada por Enrique VII, aprovechó el prestigio creciente de in realeza y el contraste can la anarquía anterior paralanzar el poder e imponer el absolutismo; Tastiruciones como el «Gran Consojos, orga mismo aristocrático asesor; la nuera «Cámara Estrellndas, ejecutora obediente de la justicia y garante de la pas, se subordinaros ada volua- tad real. El Parlamento, en sue dos cámaras, arbítrará, también con sumisión, el aparato legal que respaldo las iniciatevas del reforma de Inglaterra se origina y se perfila, desde Enrique VII hasta isabel l, a golpe de leyes parlamentarias, pero siempro a lenor de la «woluntad real y como consecuencia de un poder abecluto apenas con testado. |En afecto: a difesencia de lo acontecido con las reformas luterana, swingliana, calvinista, decididas y protagonizadas por seformidores (teólogos o predicadores o ambas cosas a la vos), que logran compro- meler en un segundo momento 4 los podares políticos, en Inglaterra será este poder político (Rey con su Consejo y Parlamento) el que Hesencadene la ruptura cos el pontificado/| No se parte, por tanta, de divergencias dogmálicas profundas. incluso éstas, cuando lleguen, lo harás de mano de los gobernantos, atontos a inlereses y precisiones internas e icternacionalos. También la perspicacia política de isabel estará muy presente cuando se delerminen los contornos de lo que conocemos como Angliceniamo, cuya singularidad radica precisamente en una especie de indefinición doctrinal deliberada. En sus origenes, el Anglicanismo debe vincularse a solo ambiente y aestos factores más que a influencias lutoranas. Lo que no quiere decir que el Jutarasismo no hubiera hecho acto de presencia en algunos ejeculos como el de Cambridge, que convocaba en el condculo-posada del «Caballo Blancos a porsonajes que resultarían decisivos en los primeros tiempos de las tensiones como Tyndale, Craames, Latiser, Covordale, Ridley. Su actividad, no obatante, por 1525 era clandestina y reducida, Enrique VII era un luchador, convencido y batallador, contra Lutero, como se ha podido contrastar on 5u respuesta a alguna de las obras más radicales del reformodor de Wittenberg, De hecho, Enrl- que VII! no foo anticatólico y al muy antiluterano a pesar de su breve lemporada de vacilaciones provocadas par jueges de la política interas- cional o por previsiones dinásticas más que por convicciones dograd: ticas, 141 dl Eworta, El 1 de enero del año síguiento la relna d hijo, Enrique, que alienta las esperarsas reales, cerrarle de cumplir los des meses, En septiembre de 1613 naco otro niño ya gra En junto de 1614 otro reción secido que muere inmediatamente. pri ebro de:1818 hay otro parto logrado, pero es una niña la Princesa María que el tiempo. fis, tras otros abortos, an julio de 15) amm mi as rm nara A e A PE espectáculo, y dadas 40 hablaba de repudios, O Sortién e de esperanzadora desde 1814. La misma reina, £gó0105, juicios nada ocultos de Dios. Y Somo inpeparidad de pi unos y otros confirman la ero- aquel clima dominado por nl e a mujes, an una relación que tiene que logar a ser legal para no dejar e io ua Procoso que so creía llano pero que resultó pletórico 92z Un proceso matrimonial! y sus muchas dificultadas Una. de lascificultodes que complicó las previsicas fue deleznable de la coyuntura intornacion lo el papa. Jota ner bañ dispanición de Carlos Y tras al Sac S tas 144 dende mayo de 1529, una vez que el cardenal legado del papa, Campag- glo, fracasó en sus intentos de que la rejas a paro allanar las comas. Eubo argumentos en en contra de la invalidez del matrimonio, interpretaciones e de los textos biblicos, discu- siones acerca del poder del papa en aquella confrontación de altura indudable entre el abogado del rey, Gardiner, y el de la reina, el obispo de Rochester Joha Fisher, prosidida por los representantes, ya conoci: dos, de inglaterra (Wolsey) y del papa (Campeggio). Tanto denuedo resultó inútil. invocando las vacaciones obligadas de Jos tribunales de la Curia, del pontificado la orden inexorable de interrunpis Jon trabajos en Londres, en un intento por aplezar las toso- luciomes y porque la causa se llevase a Roma. Ello equivalía a discbrer el tribunal londinense y a confirmar al fracaso de la política prodante paro equivocada de Wolsay, curo poder comenzó a declinar por este molivo, Cayó en desgracia del toy, y el brillante cardenal, arrestado coma traidor, moriría (28 noviembre 1530) proclamando su lealtad cami no de la famosa Torre de Londres, que no tardaría en identificarse con el fatal destino de tantas víctimas como produjeron el clama, Las relor- mas y las contrarretormas inglesas. La ruptura, no obstante, tardaría algún tiempo en producirse de for- ma abierta, Antes, ol conflicio se internacionaliza más aún de lo que ya estaba, En aquel año de 1530; y en aquel tiempo de humanismo cormo: políta, el monarca inglés compromete a Universidades y a intelectuales en el problema. Los principales centros europeos del saber disputaron sobre el «divorcios del rey inglés, y los dictámenen del singular plabis- cibo se ajustoron, también, « lan posiciones de la política internacional: a Tovor de Eucique se pronunciaron las Universidades de Cambridge y Ortforá, naturalmente; las italianas de Bolonia, Siena, Pavía, Padua; las Facultades más representativas de Paría, Orléans. Bourges, Toulouse sn Francia. Á lavor de Catalina las que estaban dentro de la órbita de la MENArGl pañol no. Nápoles, Mealó. Salamanca. entra otras. Por la validez del matrimonio que se intentaba anular escribió ulguna carta hermosa e inútil Luis Vives y Francisco de Vitoria dictó lecciones profundas en Salamanca. 93. El cCismas inglés 4 La caída de Wolaey tuvo efectos decisivos: desaparecía un hombre lore y empeñado en no quebrar los hilos —que el sabía frágiles de conexión entre Inglaterra y Roma. Los nuevos ri nsables, que nada Pri pepa gris ns poli eres cocinado pen vice, 145 22.1 Nombres nuevos y medidas precismáticas Los nueve responsables serán, además del fiel amigo del rey, Tho- mas Moro con eu cancillera lan simbólica como inoperante en un asunto del que nl pudo ni se quiso sistar, Thomás Cromwell al fronto de Jon negocios de Entado y Thomas Crusmor de los religiosos (no muy dife tenciedas ambas d1082). El primero (Moro) es avesado. Los otros dos O seglar, Cromwell, de origes oscuro, y un nivera coma 1, ambos fermentes defensores del poder po pili oa ens oe de fio dd de romper con Roma. Tienen. primero de estos dos que el ni) des sus planos ayudaron la Jofleribilidad pontificia y lay prosionea politicas del emperador que facilitaron el camino hacia una Igienia inglesa y capacitada para dirimir sus asuntos, sin inferencias extrañas, desde alla misma con su rey, su Parlamento y eu clero obediente y con na opinida cada vez más entusiasmada por este ascionalismo, sueño, e e EARL odas alophitas de A peinar Los primeros actos de la nueva situación dejan entsever ya el force joc-s0al para descinar lx vobunjed del papar Bajo puerta iudililes de confiscación de bienes y con la amenaza de aplicar la vieja loy medieval llamada del «Prasmunire» (igual a traición par defender intereses con: Trarios a Jos del toy), la Cámara de los Lores (y 600 ellos Sir Thomas Moro) aprobó, y ol clera hubo de acoptario, a «Su Majestad como jota supremo de la Iglesia de loglaterras, sí bien con la cautela mnbigua de «an cuanto la lay de Cristo lo permites (18 de mayo de 1331), “Hubo otras medidas que intentaron forzar negociaciones con el papa y. en caso de ser necesario, la separación, Tal sentido tiano la supresión de las «annatass (1632), us decir, del envio a Roma de las Tentas de log obinpados durante el primer año de ocupación por coda usvo obispo. Fue deste un objetivo perseguido también por los monarcas absolutos Como sigas de independencia fiscal y como medio de aliviar sus slempre hambrientos erarion. De la indopandancia fiscal se pasa n la de la justicia: no ss podría recurrir a tribunales extranjeros (piánseso 6n ol papa y en su Caria) en los conflictos jurisdiccionales desde que po aprobó la otra doy, la de ápolación (5 abril 1533). Que todo lo referente a un sector int decisivo como el de la administración de justicia ve solventass en Inglaterra fue alto: factor decisivo para afianzar el nacionaliamo eclesiáslico, Mas sn fue otro paso acelerado para asegurar la solución del problema imonlal del tey a espaldas dal papa y de unas negociaciones exas- Perantemente lentes y procavidas. 146 Porque eo abril de 1533 ya habían ocurrido dos acontecimientos trasceodentales: Ana Bolena, ea relaciones con Enrique VI] desde ha- cla hiempo, hito público su «mbarazo, y lan esperanzas regias de lograr tun sucesor no bastardo con tocas las de la ley se vieron asisildns por la muerte del arsabispo de Canterbury (Willlsei Warham), decidido contra diotor del «divorcio». El nuevo arsobispo, Cranmer, ara una corialuras de Enrique Vil propuesto por de y confirmado por Roma. En adelante será el protagonista de las declajones fundamentales desde 4u condi ción más que simbólica de primado, Por de pronto aceleró el proceso, ya oólo inglés: pl 23 de mayo aa dició sentencia que declaraba nulo al anterior matrimonio con Catalina de Áregón cinco días más turde se proclamaba la legitimidad del celebrado secretamente con Ane Bolena; 811 da junio fos coronada con todas las solemnpidades al casó, pel 7 de septiembre alumbraba a quien ae deveaba principe (así se habla apun- lado ya en ol acta de nacimiento) poro que vosultd por princesa con le prósumible decepción del rey. Mientras tanto, la primera mujer se con- sumía en prisión dorada, con confesiones opastanies e inútiles de su condición de reina, hana morir tres años mán tarde, a principios de 1438. 932 |La ruptura «parlamentaria» con Roma || Las amenazas de excomuniones qué llegaban de Roma no hicieron más que avivar la correrá ela totornos. Encique VÍ disponla de instro- mentos adecuados para cubrir sus objetivos, El Parlamento, 60 su cáma- ra baja de los Comunes, siempre le apoyó con entusiasmo; aquellos «burgueses» estaban dispuentos a apoyar cualquier iniciativa anticleri cal y astirromana, La Cámara de los Loros, a pesar de las resistencias de algunos nobles y obispos, nunca llevó la oposición a extremos alas mantes para el rey, que la dablegó mempre cón facilidad. Pará cumplir ls necesidades jurisdiccionales que antes dependieran de Rota entr ba el primado de la Iglesia de Inglaterra, el lutsrano-swisgliano Gran mariso. salidas de estos cuerpon, leyes «porlamentariana ten dentes a nomotor el cloro al dominio incontestable del sey y a convertir a Roma en el enemigo «nacional», asurpada: de impuestos y de poder. De esta suerte, la ruptura dl pando considorarso como al tónmias de uy proceso anterior. ha formulación de cata muptuza histórica se identifica con la Mlarmado «ley de Supremacias (3-de noviembre de 1834), El acta es trascenden- tal, y no debe reducirse al ámbito de lo episódico. En ella se consagraba la independencia de Roma y su iranslería a Inglaterra el modelo de los Estados Pontificiós en cierto sentido. Como tesilla comprensible, al Enrique VII psu mentores se consideraban clemiticos, por la sencilla lar 94. Las desamortizaciones Le eracionalizacióna de La Iglesia.po podía limitarse a la imposición de la autoridad teal y a la eliminación de la partificia. Les sscularizacio. nes de las «riquezas del clero regular gupumeror siempre un acicate el apoyo de los señores a la ineisureción de la Reforma 62 los ados continentales que se habían adherido n olla. Enrique VIT tenía modelos para imitar, y resultaba hasta lógico que en Inglaterra, con un erario recampuesto par Enrique VI y comprometido por su hijo, dos blonas cespiritualizadow constituyenen un objativo tentador, Lo que no quiere decir que la operación desamortizadora cbedeciess sálo a moti- vos hacandishicon. B4.1, Los monasterios menores y les grandes Con el destentelamianto de los monasterios y conventos se anirgui labo la fuerza de oposición potencialmente más poderosa. Monjes y Iailes becas muchos detractores, más también A eguerridan ya había dado muestras de rosisiencia a la nueva política eclesiástica de inglaterra En este contexto, y con muchos interosos como telón de fondo, pose costó a Cromwell conseguí que el Parlamento. aprobarse (febrero 18 P al vucindo uumano de inonaseias y ls Enlace, des y sentas a la Corona. Las medidas se lomeron de forma gradual y prudesta. Se pensá, an primer lugar, en los monasterios mañós poderosos, mence poblados y Ma tan ticos, Visitas aceleradas para constatar su provino grado de aelajación, la multitud de abusos conocidos por la versión de visitadores reales, dieroa los molivos degales para decretar la disolución de uaco M0 contactos (con rentas no euperiores a lan doscientas libras) Sus cerca de diéz mil monjas, frailes y monjas, no fueron puestos en la calle de forma inhumana: a todos y a cada uno de ellos se lps aseguró la subelstencia con pensiones di La real bacinnda fue la boneficiada en esta primera (aso denamorti- zadora: la nacionalización de lon bienes monásticos incrementó el era- ció de forma considerable. Otra cosa seria el dostino posterior de estos COCcurada. Boturado el camina, por dl se avanzó hacia lo que era provisible: en Jos t16n añon siguientes so forzó a los monanterioa más ticos (emayo- | 150 decir, ejecutados y descuartizados. De esta suerta, en a q le cena 06 ocn los micraalaciós y Camnatos sl dotados. Cinco años más tarde, y. por fin, con Eduardo Vl, se siguió el modelo valormador continental: se desa mortizaron los biomas con que cobtadías, hospitales, obras pías, instituciones de caridad, afrontaban las gigantes cas neconidados de la pobreza y de la antermedad es aquellas socie. dades dominadas par el pauperinmo. 042. Las quejas de los peregrinos de gracia» Puezon precisamente estas transferencias masivas de propiedad las e eos apelaron más clamorosas, conocidas bajo la denominación de Peregrinación de gracia. Escasos meses después de las desamoriizaciones de los mánaste- tios menores brotaron las primeras inqujetudas locales, alentadas por profecías agoreras, sermones encendidos de frailes, par rumores kábil- mento esparcidos. Al temor ante los formas dde explotación de los nueros propietarios o arrendatarios, atte las exigencias de los diezmos, ante la progresión de las conciommep» (cercamiento de los campos), se unieron los clamores de retorno a la antigua Iglesia. Motivos económicos, socia. los y religiosos se fundieron on lan rovuellas dispersas de octubre de 1536. : Las y temibles para el orden establecido fuetón Monty Sua aprraillcroe pps del poder coniral, as dectr, del norte (Cumbertand. Nortbumberland), cosjaron en el. blo y heterogéneo ejercito seunida y actaante en el Yorksbiro, Unas 20.000 hombros de todo los sectores sociales se subleyaron liderados por. Enbert Aska, noble rural y legista a la vez. Él dotó 0 los «peregrinos» de lodo. el aparato, modioval, aglstinador: simbolos en los estandartes con icenologís saca; el juramento ritual, moderado, tan forriente hacía el monarca como enfurecido cobtra sus malos consejeros; cánticos sub- vetsivós. Á pesar de todo, el suyo era un programa nada revolucionario, Sálo miraba hacia atrás: al orden juridico, fiscal, roligiono anterior. El movimiento, a pesar de sus avances, ue dominado de 1837, Enrique VIN supo explotar la inbabilidad diplomática de los conducteres con promesas que no-cumpliría. Los restos de Cumberland fueron fácilmente desrotados por el ejéroio real y por la pesto. Lon lideres -en primer lugar Asko—, a posar del compromiso regio de am 151 ninia guneral, fue , O fray dto nr que VI] aprendió la lección: en adelanta el gio dem simniccó osas cg 20 Suisla. Do fuera Jotra muerta e h alejada y siempre ín- 243. Consecuencias de la desamortización donó o malvendió a la burguesía de oficios, a funcionarios o arrendata. rios capacitados para tales ad lat ! listarioa) 2 sgentlsimen rurales: se afanzabo de A A de noblesa nueva, una futura la egentrys, que, en palabras de aristocracia, Laurence Sono, tenderá a identificar sus infares tico al que daían au uiuación y del que dependían que enormes lisioses, ne quisteron más productivas, Y ope Ab tarendajacios las dedicaron a lo para la lana de la isdustría Mel ol calles pao útro se roalicó a baso del sistema de cenciosures», prracaadeecid oca” des Enrique VII! había intentado fronar y que, de hecho, que a la expulsión AA E es e Ya la pobreza de la mano de obra campesina er: Jo que ss refiere a la Reforma, la egentrys benefci grant jubo de coincidir ii Gon las ideas prolestritas de ua garista, ño tardarian en hacer scto de presancia. Zu bora Desde otro punto de vista hay que aceotuar las repercusiones socia les de una operación que dio al traste con los sistemas de caridad para pasar al de la asistencia social. dal como se cocfimmaria después. Gon ello 90 intentaría un tralomienta más moderno de la pobre- 24 respaldado an una logislación minuciosa, clas leyes de los pobres», rigurosas y temidas por las masas de mendigos, condenados a perder su libertad y a verso encerrados en talleres y correccionales más pro- ductivos y elicacas. Y, por fin, la operación desamortitadora tuvo consecuencias decisi- vas en los cambios de mentalidad. Abadins y monasterios se destruye ron o se fueran arruinando, despojando al palsajo de su porcepción sacralizada. El joto de los «peregrinos de graciar, 60 su descargo, justificaba su acción por el intento de haber querido salvar aquellas «abadías, que constitutan una de las bellezas del reino a los ojos de todos, incluso de los extranjeros que pasaban por allís. Con su desapa- tición, y la de sus moradores, el cisma de Enrique VIO y la reforma posteriós ss quedaran sin contradietores de altura dentro de Inglaterra y as pudo imponer sia las dibcultades que encontró en otros lugares. De todas formas, por ello —sunque no sólo pot allo-, se explica la orienta ción proteslante que Cromwell y Cranmer pudieron imprimir dusante algunos, aunque pocos, años. 3,5. Vacilaciones de Enrique VII La supresión de monasterios no tuvo nizguna motivación dogmática al bien es cierto que so vo alenteda por los afanes protestantes de algunos consejeros. La falta de identidad doctrinal fas la característica dela Iglesia anglicana naciente, y de.esta identidad adolecerá hasta la estabilización Mientras tanto, todo fueran raivenes deber por circunstancias policas cambiantes dentro y fuera de Ingiaterra, por el talanto y proforencias de los sucesores, por la activa y aliciente intriga cortesana. 051. Las mujeres de Enrique WII! Todos estos ingredientes operan en el ritmo vertiginoso de bodas de Enrique VIH, capitulo el más popular, ton desfigurado, quizd el monos irsscendente en toda asta bistoria pero al qué, eunque sólo por eradi- ción, hay que aludic. No nin insóntir en al matrimonio como instrumento político, como medio para asegurar pacillcamente la eucealón, circuns- tancias que aprovechardn algunos asesores para imprimir cierta diroo- ción fMoprotestante a la Iglesia de Inglaterra. 153 Mas para vez la evolución de uns reforma como la ingloga no hay que limitarso a los frecuentes articulados dogmáticos, Debe fecurritso ajos Comportamientos, al estilo de vida religiosa, 0 ses, a las instrucciones y cm Logon! E Aptos a la vida corriente las otras ciones escuetas, estas regulaciones se apoparán los filcluteranos anetores: 50 suceden determinaciones reprobudoras de las imágenes de log santos, de les roliquias, de las perogrinaciones, Mucho más decisivo fue la imposición del inglés como langue ltirgica Fel mandato de que la Bibha, tambián es traducción inglesa, se pusiera a disposición de los fielas en todas las ' (1837), con todo el dimbollemo antirromaco que entrañaba la utilización del idioma verná- culo en la liturgúa y el tecurso a la Biblia sin mediaciones interpretativas ¿e la autoridad pontificia, La obligación de explicaria por el homiliario preparado par Cr pártocos contribuyó a ir afianzando el valor de la Sagrada Escritura en la reforma inglesa, que en esto cons MP nn ambionte luterano de estos momentos y de esta legislación queda reflejado un el calecismo vulgarizador y práctico, La instrucción del cristiano, conocido camo el «libro de los obispos», más moderado alo que los diez artículos, más cuidadoso per no suscitar desconientos, Aunque fueran forzo88s ciertas concesiones por parte de Enrique VIH, quier, sic ombargo, no autorizó el proyecto de Cranmer de otros «Trees arlículoss, inconfundiblemente protestantes y que inspirarán en buena pane las puutas doctrinales de Eduardo VI y de Isabel L 253 Retorno al catoliciamo sin papa Las rasistencias de Enrique Villa ir más allá se explican porque el roy, por 1840, haba do a lo que en realidad fue siempre; un católico convencido de su poder y de su dignidad renles sin posibles Compramison con lo que sonase a luteranismo (y menos aún a zwinglia- praia pot oe habla cambiado, y de la hostil a ol emperador ne la pasado a una poalble inteligencia cos Carlos Y, que lo andaba solicitando para sielar al rey frapcén. Eme giro hacia al catolicismo docirinal (sin papa, claro está) es el que inspire los últimos años de su vida. El documento más claro, que, ademids, fue aplicado sín contemplacionos, es el famoso de los Seja artículos, valgarmente conocido como «Los sais Iuligazcs» por lan dur: simas penas a los transgresores, y oficial y parlamentarismente donomi- nedo «Ley pasa abolir de diversidad de opiniones» (diciembre de 1939 Seadicna la tansubatanciación; so niega la pocesidad de comulgar bajo las dos especies; se impone ol colibato sacerdotal (Cranmer, par ento, 158 tuvo que remilir su mujer al continente), la obligatoriedad de los votos de cuatidad, las misas en privado, la confesión auricular, Es decir, lo más antiprotestanié que imaginarse peoda, y adomás con penas que llegan basta la de la hoguera para los que osaran nágar la presencia real sucarística. - Lo ráplica pedagágica del ssverinimo articulado se materializa en la Doctrías e instrucción necesarias para ol cristiano (eLibro del rey, 1643, revisión catolicísima del «Libto de los obispos» de la etapa anto. rior): se preceptúa hasta la devoción a la Wirgen y a los santos. e produjo el relevo de personalidades: Cromwell, lo hamos virio ya, cuipado de la responsabilidad del matrimonio del rey con una lutorana, fue ejecutado y Gardinot, tepranantante de la tendencia tradicional, roralorizado. La dectora de la Biblia fue prohibida a mujeres, artesanos, a gentes aln sólida formación, La inquisición, vigorosa y activa, religiosa y política e la vez como todas las inquisiciones del tiempo, se cernió inexorable sobre la hatetodoria, subversiva, con sus tramas de delsto- rs e instigaciones de rigor, con sus iribunales de condado, con audien- cla regulares y juicios rápidos «Papistsa» que cuestionaban la prima: cía regía fueron condenados a la horca por traidoros; protestantes y extremistas iban a la hoquera per herejes, desde teólogos como Parass, los satíricos cantores de la capilla real de Windsor, hasta la oxaltada envioglana Anna Ánkcow. Pue un liempo peculiar aquel de los años finales de MI, que murió pladosumente, anistido per el el Cranmer, el enero de 1547, Dejó el desconcierto religioso con la dnica claridad incuestionable y admitida por casi todos de la primacte del monarca, Logó un clima de represión, de división entro las élites de poder (hablar de partidos políticos sería apacrónico) con sus dos tendencias irreductiblas; la ma- yotitaria, de signo tradicional, que no quería de más allá en las reformas, representada por Gardiner; y la minoritaria, más activa y filoprotestante, apoyada por el incombanible Crabmer. Lo único en lo que todos colnci- dían esa en su lealtad monárquica, Una y otra encontrarán su momento favorable en cada uno de los reinados sucesivos. 2.6. Elspisodio protestante de Eduardo VI (1547-1555) Iglesia anglicana original no equiralo en rigor a Reforma, usa vez que la postura rígida y «católicas del último Enrique VII se encargó de ahogar todo lo que sonara a novedad dogmática o de comportamientos. El contraste llega con el reinado de Eduardo Vi se intenta en dl superar la faso meramente ciamática, de la supremacía real, por programas de reforma de claro shgoo protestante. Fue date un tiempo más europeo y 157 menos inglés, y la Iglesia anglicana estuvo expuesta a identificarse lxs corrientes continentales, aspecialmante cop la tendencia calvinista. 26.1 El toy, las parsonas y la medios de acción Se ha idoalizado con frecuencia la figura de Eduardo Bo pudo ni reinar; se encontró en el a el fos auplantado porles regentes y su Consejo de Estado, jamás tuvo al protagonismo de nu pacire, quizá por falta de tiempo ya que murió y las quince años tras una existencia coria y enfermiza. Lo inico que hizo fue ho entorber demaciado, identificarse con sua preceptoras protestantes, Qamastas la correspondencia del lejano Calnino, qué hace soñar al «Nuo- Jostas» en la «Nueva Jorussldns y escuchar las invitaciones del más Bolso Dios. Nes tia e emba e era la Oinebra de Calvino ni el Estras- Quiea lleva las tiexdon de lo taligiono sn. Inglaterra 6s Cranmos, Iglnsia reformada. Para ello dis dle lon medios de poder: Parlamento, Asambiers deliclero, Conde Bitar o dol ze, con los dos toguntos diel rey nio. El primato de éstos, Edwaid Seymour, tio del roy y pronto duque de Somarsel, anduvo con más miramientos 6 su oficio de «Protector, la ueno pudo evitar revueltas populeros na el Devonshira y an Auavo gábierno comensd par exigir acre decir, la renovación dé los tulos para gu can Era una Inanera de recordarles su carácter de funcionarios reales y de asogur conformidades, De hecho se despojaría de mar obiapados a los quesonos (enriquedos, no papistas) Gardinar, Hoaih, Day, Tucstall, suntituidos per decididos reformistas, entro ellos Ridley para Londres, Hoopor (Glow cestor), Coverdale (Exeter), Buena porte de los primeros acabaría en prisión, La represión violenta, conforme al estilo de los tiempos, sa abatió sobre los peligrosos. Fueron muchos los eliminados en aquel reinado que se inaugurara com lo abolición de los <5els artícu los» y de ln condena de los herejes a la hoguera. Murieron católicas romanos. Fueron ejecutados, con más rigor aún, los anabaptistes y af nes, aborrecidas cordialmente por todos. Dar cifras de muertos ne es ficil: las apologías posieriores manéjaras al número de run rráribres can más devoción que exactitud histórica. Las irspecciones (o lo que es lo mismo, inquisición con otros mom bres) en acción se encargarían de asegurar la eortodoxias oficial con consaras a los intelectuales, con quemas de libros papéstas, aunque hubleso que destruir la buena biblioteca universitaria de Oxford, como aconteció en 1550. Con tales seguridades ve inició y progresó la obensiva protestante en varios ttentes. Por de pronto, el primer Parlamento de Eduardo VI, aun- que con algusa resistencia desdo la Asamblea del clero que tuvo que ratificarlo, culminó el camino dessmnortizador emprendido por Enrl- que VI, Deseos de desarraigar esupersticioness implicitas en las fun: daciones piadosas de las parroquias, junto a los agobios de la real bacianda que andaba aprestándose para guerras con Francia, explican las secularivaciones finales que beneliciaroa, de mauvo y como slempre, a la nobleza y a cierta burguesía, cada ves más comprometida con la Rsdorma y temerosa del retorno al paplamo. 962 El dogma y la disciplina protestantes Los. logros más decinivos, por lo que a la Relorma se reflere, se ¡centraroo on le liturgia, en el dogma y en la disciplina. En todos mesias capítulos se intenté, al mismo hempo qué encartar lendencias extremis tas que comienzan a tener vida, suplantar contenidos y lormaa papistas porlos proteslantes de signo calvinista. Nose atina adn con la identidad anglicana. Se vuelve a sopocur al colbato sacerdotal. Dosapi ha proce sionea. Las imágenes se retiran de los templos. Las misas se proscribon y los altares se suplen por simples mesas. Los oficios se celebran prácticamente sis ornamentos. La comunión se recibe en la mano y, esto me más importante, las celebraciones willeaa la Jangua laglesa. Los 872 Otro matrimonio político Más veslsiescias se registraron a la hoza de buscar marido ala toino. trascendental somo ara la decisión. Ya Enrique VIN habia querido pro acterla, desde muy niña, con varios protendidos por al padre. Ahora, an 1553, un volvió a hablar de otros candidatos pero ingleses (al conde de Deron, Edward Courtenay; el mismo futaro cardenal Reginald Pole, que aún no era clérigo y andaba exiliado por el Continente). Ni la Cámara de los Comunes, ni la prudencia dle Gardiner lograran torcár la voluntad de María en su opción par el príbcipa español Felipe, con gozo del emperador, tan necesitado de Inglaterra y que veía cómo po podía acormalar a, Franela_por el dxico comedo descubierta. Las cláusul impuestas por el Parlamonto, de todas formas, fueron draconanas, al axclul cualquier expectativa de un rey español en Inglaterra, El embrollo, como es sabido, no llegó u más dada la esterilidad de Murla. Pero el anuncio de su matrimonio con el español dio alas al a, que estalló en gublevaciones violentas animadas por las nobles periféricos. La única que pro originada en el condado de Koal, acaudillada por Sir Thomas icon secuaces encendidos al grito xenólobo de guerra exontra de los extranjeros», fue vencida 6 lan puertas de Londres gracias a la fidelidad monárquica de les ugleces y a las dotes demagógicas de la roina todavía mueva. La afianzó a María en el poder. El Norídísimo y numerosísimo súquito de españoles que arribó a Inglaterra para acompañar a Pelipe an su boda (celebrada el 25 de julio de 1884) tuyo que aguantar como pudo desplantes, desprecios, algunas agresiones incluso de los insulares. Boy Gámez de Silva, maltumorado, decía por aquellos días on una carta: «Mucho dios es menester para tragar oste cálico. Y lodo ello para nada desde las esperanzas Con las que hable especulado Carlos Y. No pe logró la sucesión durante un año y pocón meses de convivencia marital, La desilusión de los ingleses por el fracaso se unió a la provocada por la pérdida del reducto continental de Calais por compromisos españoles, según se interpretá, 273 Recatoliración de Inglaterra No encontraroz- la reina y-su Canciller Gardiner (que po tardaría en Jallecer) tantas dificultad sados alejando temores comprens!- aseguradas las haciendas, el Parlamento respaldó (como Jeyps pocesarias ele recatolización. Se abrogó legislación de Eduardo WI. Se restableció la autoridad pontificia y se reanudaron az felaciones con Soma, Nsapareció 1 inrgia con latín y se quitaron las Báblias de los templos, ss sas elas rocio goza manifiesta del pueblo (si gon de croor las relaciones scr »' por Tos españoles allí presentes), y se celebraba con brillo especial Corpus como manifestación pública y clamarosa dea fa qu la presencia teal eucarística. Incluso, aunque no se hiciose de forma masiva, volvieron_a ves por Inglaterra monjes y fralles de aquellas órdenes religiosas pxclaustradas que repoblaban algunos de sus conventos Protagonista. la restauración fue el citodo cardenal Reginald Pola; aio ala ada abria y cotclliadora de rento. No era ada de Falipo ll: el dominico Bartolomé: fed tec cto implantar fue el de Trento, de manera que al mismo tiempo que derocatolizagiónibay que hablar de flosmación mo limitada a los signos externos mencionados alo lic hol pxigoncia de formación clerical a través de los seminarios; de pres tancia de la predicación: del rigor en la moral; de lInfresidancia de ispos y párrocos on sus lugares pastorales de la catequesis impres- loe El celebre Caleciamo de Cartanse fas entonces lo ingiós. A restaoradora y reformadora pasaron los prose 1559-1558, Ti corte para que el proyecto podiera profundizar, ¡bado pascadars y en 0 jenas ni más que en los relnados preceden! nn jarior, pero se agolpen en la perspectiva al acumularse todas oceano ho corto, que, además, quedó grabado en air Part tiva de los ingleses por haberse magnificado en los martirologios me canos y puritanos. Entre los eliminados los hubo egregios el go Aagezs, aditor de la Biblia; al conocidinimo Latimer; el bici Ai lagonista de otrara Cranmer, que no logró salvar su vida a pesar +7 reiteradas retractaciones. La inquisición de los ingleses funcionó con es intiespañolismo, Aliado Francia 00 1586, 5 hostilidad tenía que ES totalarea: Donpeomatida con Felipe IL. Retiró su legación a Pole, desautorizado y lamado e Roma sou la acusación de herejía. . di Con ello se paró el recatolizador. La victoria española as Quintín (agosto 1857) pudo cambiar las cosas. Mas, a despecho de lodos los absurdos futuribles, el fracaso de la ampresa ba; atribui lo, fundamentalmente, a la muerte de María Tudor (el muúno Palo on noviembre de 1998) Y como un a ad spot ces ln religión dependía del monarca, las diroctrices Iglesia dependerían del sesgo que imprimiera la sucesora. ee $ El Anglicanismo, propiamente dicho, se lormuld y se afianzó prolongado reinado de isabel 1 (1558-1609), que supo menes a a Roma de su pacira las exporiencias Ko erá posible frio, seguir por el camino emprendido por María Tudor, real incuestionable y por convicciones religiosas (su inseasibilidad epartundiino en esta dimensión fue un a nd en Le opcorja o ), por la solución más difícil, quisá la única poníble: la eun fondo doctrinal protestantes con signos e ingredientes que no desentonaban de cierta tradición católica, BOL Bases dela nuova Iglesia (0, . Es La reina, asesorada por 59 cautísimo Secretario de Estado confidente, Wilkarm Cecil, procedió cop moderación pr Ai tato legal sería facilitado por el Parlamento siempre chúctil, la reforencia . No hubo demasiadas resistoncias entre ul clero diocesano jurar jefatara eclesial de la reina. Más numerosas fueron las ñ co pane del apiscopedo, nombrado en buena parte en el reinado anterior Pato los obispos recuentes no tardaron en per removidos o encarcela 154 des, y fue entoncos cuando se. croó masivamente una nueva jerarquía adicta al Anglicaniamo que la promocionó. Lo más importante, o sea, la confesión de fs, de ortodoxia anglicana, fus obra de. los obispos incondicionales: los [Treinta y nueve mg * (1563), retocados y moderados por la reina y permanentes casí 1 puestros días como signo de identidad de la Iglesia oficial anglicana. Los artículos son una formulación prolesiante-católica que para algunos | resalta algo ambigua y para los más el fruto de la caracteristica com- preasión inglesa, Hay un te; Sagrada Escritura como norma supremo, justificación por la fe, los dos sacramentos principales, rochazo dla madiaciones y sufragios, imposición de la longua inglesa en la liturgla. Pero también se perciben suficientes transecciones: el canon (libros admitidos de la Biblia) os ol carálico, se habla del valor de Las obras, po se rechazan explícitamente los otros sacramentos (Jas bodas acglicanas y las católicas son demasiado parecidas), la estructura ecle- siástica se basaría en la organización episcopal eso sí, sin lugar para el papa romano, bien auplido per la jefatuza del o de la monarca. De kocho —y asi tenía que sucedor- artículos y disciplina fueron rochazados por los descontentos: a los católicos les parecioron dema- slado protestantes y los puritanos no podían transigir con tantos resa- bios papistas. Pero osa fue la esencia del Anglicanismo isabelino y posterior: un estilo más que una dogmática y que unos comportamientos estereatipados para siempre; una ecomprebensión: tan adapiable a los tiempos como extrafla a todos los lanatismos de emonces, 9882 Imposición de Ja religión oficial La moderación primera de Isabel se fue endureciendo, y la loleran- cía indcial ase convirlió on represión alstemática de los disidantes, más que por au peligrosidad intecaa por las ocasiones que podían ofrecer a las potencias extranjeras, que nunca estuvieron biea informadas del potencial subversivo de los católicos, sobrevalorado desde fuera. Por esta pésimo información, y do una insubordinación colectiva, el papa Pio Y excomulgó a la reina horótica (Bula «Regnana in oxcelsia, 28 de febrero de. 1570): se deponía a la reina y se exigía a nus súbditos la desobadioncia activa. Era una medida anacrónico, modieval, que sólo logró efectos contraproducentes para los católicos ingleses y adheslo- vas más forvientes aún en los súbditos. Los mismos resultedos obtuvo, mucho más tarde, la empresa, no parece que tan descabellada a tenor de las actuales revisiones pero pásimamonto preparada, de la ¿Armada Invenciblos (para los ingleses «La gran armadas) de Felipe 11 (1588). El opisodio y el fracaso español 185