Vista previa parcial del texto
¡Descarga lectura 1 y más Apuntes en PDF de Psicología solo en Docsity!
Rev. de Psicol. Gra! y Aplic., 2000, 63 (1), 165-190 PATRONES DE APEGO, PAUTAS DE INTERACCION FAMILIAR Y FUNCIONA- MIENTO COGNITIVO (DE LOS 70 A LOS 90) M? JOSEFA LAFUENTE Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación. Universidad de Valencia Resumen Numerosas investigaciones han cormprobado que los niños con apego seguro son generalmente más inteligentes y presentan mejor rendimiento académico que aquellos que desarrollan un apego ansioso. Este trabajo revisa dos tipos distintos de investigaciones, aquellas que abordan directamente la relación entre ta calidad del vínculo afectivo y un desarrollo cognitivo más o menos óptimo y aquellas otras que se centran en la relación entre la calidad de la interacción familiar y el funcionamiento intelectual, sin haber realizado una evaluación directa del apego. Por último se examinan los itinerarios que pueden establecer la conexión entre la calidad de la vinculación, la calidad de la interacción familiar y el desarrollo cognitivo. Palabras clave: apego, vinculación, desarrollo emocional, relaciones padres-hijos, desarrollo cognitivo. Abstract Many studies support that children with secure attachment are usually more intelligent and show a better academic performance than those attached in an anxious way. This paper reviews researches of two different types, the ones that directly approach the relationship between the quality ol the aftective bond and the cognitive development, and those emphasizing the relation between the quality of familiar interaction and the cognitive competence, without an explicit assessment of the attachment behavior. Finally, we test the paths which lead us to the conection among the quality of the affective bond, the quality ot tamiliar interaction and the cognitive development. Key words: attachment behavior, bonding, emotional development, parent-child relations, cognitive development. Introducción Como en las encrucijadas de los caminos, existen puntos en los que confluyen dos o más áreas distintas de nuestro desarrollo, de forma que lo que ocurre en una de ellas acaba teniendo repercusiones en la otra. Nuestra revisión va a detenerse a examinar una de esas intersecciones, la del desarroflo afectivo con el desarrollo cognitivo. 166. Mi y, Lafuente La principal motivación para detenernos precisamente en esa intersección ha sido el lugar tan destacado que la orientación cognitivista ostenta actualmente dentro de la Psicología del Desarrollo, y la gran expansión y creciente importancia de la teoría del apego, reflejada en el número cada vez mayor de investigadores que se sienten atraidos a trabajar en este campo y en el incremento progresivo de la proporción de publicaciones dedicadas al tema. La herencia genética es responsable en buena medida de nuestro desarrollo intelectual, pero las variables ambientales permiten que alcancemos la cima de nuestras posibilidades, o que cuando las circunstancias no han sido tan favorables, nos quedemos estancados en algún punto. Dentro de los variados influjos ambientales vamos a focalizar nuestra atención hacía la relación alectiva paterno-filial, asiento fundamenta! de los sentimientos de seguridad o inseguridad, que presiden respectivamente las vinculaciones de buena y mala calidad. Los padres que tienen la sensibilidad necesaria para suministrar a sus hijos un trato adecuado, promueven lazos afectivos confiados y sus hijos acaban clasificándose en el grupo de apego seguro o grupo B (Ainsworth, 1978). Se trata de padres que les muestran cariño, los aceptan, comprenden y atienden sus necesidades de modo consistente, que respetan su individualida: logran un buen equilibrio entre control y autonomía y dosifican adecuadamente la estimulación. Los padres que carecen de sensibilidad tratan a sus hijos de forma inapropiada, fomentan relaciones afectivas ansiosas, y sus hijos acaban clasificándose en los grupos de apego inseguro. Estos progenitores pueden mostrar diferentes tipos de insensibilidad: los sujetos huidizos (grupo de apego A de Ainsworth) tienen padres a los que no les gusta el contacto fisico, que enfatizan el rechazo, la retirada de apoyo emocional ante estados negativos de sus hijos, el control, las actitudes críticas, la frialdad, la rigidez e inexpresividad, y la sobrestimulación; los sujetos ambivalentes (grupo de apego C de Ainsworth) tienen padres que destacan por su deficiente capacidad de respuesta -respuestas escasas o inapropiadas-, su inconsistencia, la ineptitud para tratar con sus hijos y la infraestimulación; por último, los sujetos desorganizados o grupo de apego D ( Main y Solomon, 1988) tienen padres, en su mayoría con historias infantiles de malos tratos, o con situaciones actuales de trastorno emocional grave o duelo no resuelto, que se perfilan como extremadamente negligentes, o protagonistas agentes de episodios de abuso físico o psicológico. Nuestro estilo afectivo depende, pues, fundamentalmente del trato recibido de nuestras figuras de apego principales que, a su vez, deriva de las características personales de las mismas (sensibilidad-insensibilidad, accesibilidad-inaccesibilidad, tlexibilidad-rigidez, etc.) en Interacción con el temperamento del niño (temeroso, irritable, adaptable., etc.). Un progenitor algo insensible puede salir airoso con un hijo de temperamento fácil, y un progenitor sensible puede verse puesto a prueba por un niño de temperamento difícil. Bel! y Harper (1977) ya sugirieron un modelo de teoría de control en el que las interacciones padres-hijos tienden a regutarse recíprocamente en función de su nivel de activación y de su adecuación. Cuando uno de los participantes de la interacción activa una conducta hasta el límite superior, el otro intenta atenuarla, mientras que cuando uno de ellos se sitúa en el límite inferior, el otro intenta estimularle. Aunque los patrones de apego son el producto en gran parte de los estilos característicos de interacción en las díadas padres-hijos, no lo son de una forma exclusiva. Otros factores (relación entre los padres, circunstancias estresantes, número de hijos, etc.) pueden interactuar con los ya mencionados, de forma más pasajera o más estable, e influir también, aunque más modestamente, para determinar nuestro grado y clase de seguridad o inseguridad, El riesgo de apego ansioso se va a ver potenciado, pues, por diversos factores, y puede verse incrementado si varios se simultanean y acumulan su impacto. Podemos citar entre ellos los siguientes: - Factores personales de los padres: padres insensibles, muy estresados, con problemas en su relación, drogodependientes, con trastornos mentales, en proceso de divorcio, insatisfechos con su estatus laboral, etc. 168 Mi J, Lafuente Investigaciones sobre calidad de apego y desarrollo cognitivo Las investigaciones sobre las consecuencias dela calidad del apego en el desarrollo cognitivo registran las siguientes ventajas para el grupo seguro frente a los grupos de apego ansioso: 1. Obtienen mejor cociente de desarrollo (CD), mejores cocientes intelectuales (Cl), y mejor rendimiento académico, En algún trabajo se alude a la superioridad en aspectos concretos de la inteligencia, como en el de Hazen y Durett (1982) que registra puntuaciones más altas en tareas de habilidad espacial, durante el tercer año de vida. Sobre esta capacidad específica Van-den-Daele (1986) sugiere que el apego es uno de los organizadores que mediatizan entre las regulaciones organísmicas más profundas y las conductas espaciales, siendo la calidad de la relación madre- hijo en los dos primeros años de vida un elemento clave para establecer la matriz básica cognitivo-afectiva del desarrollo posterior. En la mayoría de las investigaciones se alude, sin embargo, al resultado obtenido en pruebas que miden variados aspectos del desarroilo intelectual. Se ha comprobado la superioridad de los apegados seguros en el segundo y tercer año de vida utilizando el cociente de desarrollo de Griffiths y la Escala Stantord-Binet (Bell, 1978, citado en Ainsworth et al., 1978; Connell, 1976, citado en Ainsworth et al., 1978), la Escala Bayley (Main, 1983; Artelt, Simo, Ziegenhain, y Rauh, 1994), y en niños de siete años, mediante la aplicación de las matrices progresivas de Raven (Jacobsen, Edelstein y Hofmann,1994). Las diferencias de los seguros suelen ser más evidentes respecto a los inseguros resistentes e inseguros desorganizados, que respecto a los inseguros huidizos. Van lizendoorn, Sagi y Lambermon (1992) informan de un estudio longitudinal con niños holandeses e israelitas, a los que se observa en la Situación Extraña con la madre, con el padre y con el cuidador profesional. Los niños seguros de la muestra holandesa puntuaron más alto que los inseguros en la Escala McCarthy en torno a los cuatro años, y los niños seguros de la muestra israelita puntuaron más alto que los inseguros en la prueba WPPSI, en torno a los cinco años. Hortacsu (1994) en una investigación con niños turcos de 10 años encuentra que la calidad del apego, junto al nivel educativo de los padres son buenos predictores del rendimiento académico. En la misma Iínea la investigación longitudinal de Jacobsen y Hoftmann (1997), que realiza un seguimiento desde los siete a los quince años, proporciona un amplio apoyo a la hipótesis de que las representaciones de apego de los niños constituirán un buen predictor de la conducta y de la competencia escolar durante la infancia media y la adolescencia. Concretamente los niños clasificados como apegados seguros obtuvieron medias significativamente más altas en sus calificaciones escolares a lo largo de los cursos académicos evaluados. Jacobsen et al. (1994) en una investigación anterior evaluaron la capacidad de razonamiento concreto y formal durante la niñez y la adolescencia (desde los 7 a los 17 años), en sujetos con distintas clases de apego. Para ello utilizaron una batería de tareas piagetianas: a la edad de siete años, se incluían tareas de conservación del número, sustancia, peso, superficie y fongitud, cantidades continuas y discontinuas, el espacio bidimensional, inclusión de clase, clasificación verbal y multiplicación lógica. A las edades de nueve y doce años, se administraron las tareas de clasificación verbal y multiplicación lógica para determinar el razonamiento operativo concreto. Junto a ellas se utilizaron otras diez tareas para evaluar el razonamiento formal incipiente. Tres de esas diez tareas se relacionaban con compensación múltiple, otras tres con aislamiento de variables y tres más con la habilidad de razonamiento silogístico. Por último se incluyó también la tarea del péndulo. A los quince años se volvieron a administrar las diez tareas de razonamiento formal, y a los 17 las tareas de razonamiento silogístico, a una muestra de sujetos algo más reducida. Estos investigadores constataron que los sujetos que poseían una representación de apego seguro a los siete años mostraban una ejecución cognitiva mejor. Los Patrones de apego 169 apegados inseguros desorganizados se mostraron especialmente interiores en las tareas de razonamiento deductivo, excepto cuando la tarea tenía un contenido familiar. Rodning et al. (1989) encuentran que los niños expuestos a las drogas en la etapa prenatal, se muestran afectivamente neutrales, no exhiben las conductas interactivas típicas del resta de los niños y la mayoría desarrolla apegos inseguros del tipo desorganizado o de tipo huidizo. Por otro fado, su funcionamiento intelectual es más bajo, porque aunque sus cocientes de desarrollo están dentro del rango promedio, son significativamente inferiores a los de los niños que no han sido expuestos a las drogas. Además, utilizan menos y más deficientemente el juego simbólico, Somos conscientes de que la exposición prenatal a las drogas puede haber sido un factor decisivo para las repercusiones observadas en el funcionamiento intelectual de estos niños. Pero debe llamarse la atención sobre el hecho de que la pobre estimulación y el trato inadecuado posterior al nacimiento, que probablemente proporcione una madre drogadicta, puede haberles llevado a desarroltar un apego inseguro, que junto a esa exposición prenatal a sustancias nocivas, determinará las diferencias intelectuales respecto a los niños que carecen de esos problemas. Otra investigación, que al igual que la anterior únicamente permite establecer una relación de tipo indirecto entre calidad de apego y competencia cognitiva, es la acometida por Verschueran, Marcoen y Veerle Schoefs (1996) con niños de cinco años. Su objetivo más inmediato era comprobar la relación entre el autoconcepto y la competencia física y cognitiva, y entre el autoconcepto y el concepto que el sujeto tiene de su figura de apego. Los sujetos que poseían un autoconcepto positivo solían incardinarse dentro de la categoría de apego seguro, y tendían a ser significativamente más competentes tanto a nivel físico como cognitivo, y a mostrar mejor adaptación a la institución escolar, que los que tenían un autoconcepto negativo. 2. Manifiestan superioridad en algunos aspectos del lenguaje (Connell, 1976, citado en Ainsworth et al., 1978; Main, 1983). Los apegados seguros en torno al año y medio de edad son superiores en su expresión oral, ya que tienen mayor vocabulario, emiten palabras de mayor longitud y pueden imitar más a menudo palabras dichas por su madre, De acuerdo con un trabajo de Meins (1998), realizado con niños de 20 meses, el vocabulario de los niños seguros incluye una proporción más elevada de nombres comunes y una proporción más baja de expresiones bloqueadas (“frozen phrases”), los seguros tienen vocabularios más amplios, y sus madres muestran mayor tendencia a atribuir significado a sus vocalizaciones tempranas. En los trabajos citados, no se encuentran diferencias, en cambio, en la comprensión del lenguaje. ! Es interesante señalar que en las investigaciones realizadas sobre el desarrollo cognitivo de niños institucionalizados en centros de mala calidad, y de niños sometidos a situaciones extremas de aislamiento, siempre se ha detectado que el aspecto del lenguaje que había experimentado mayor deteriora y que resultaba más difícil de recuperar era el productivo, mientras que en el aspecto receptivo la afectación era menor y eran mejores las expectativas de recuperación. Naturalmente los niños que han crecido en esas circunstancias suelen mostrar al mismo tiempo alteraciones en la esfera afectiva, que les convierten en candidatos muy probables al apego inseguro, Existen investigaciones que abordan conjuntamente la competencia cognitiva y linguística, coma las siguientes: La revisión de Van-lizendorn et al. (1995), en la que se analizan 25 estudios sobre calidad de apego - Cl/CD y 7 estudios sobre calidad de apego y competencia línguística. A partir de los datos revisados se concluye que existe una fuerte asociación entre calidad de apego y desarrollo lingúfstico, y que también es significativa la relación entre calidad de apego y desarrollo cognitivo, aunque esta segunda asociación es algo más débil, La explicación de estos resultados Patrones de apego 171 familiares. Por su parte, los hijos deben aceptar la orientación de sus madres. Tras observar a 37 díadas madre-hijo durante una tarea de planificación conjunta, cuando los niños estaban en torno a los 42 meses, comprobaron que los niños seguros utilizaban una proporción más alta de autocontrol y evaluación, y colaboraban más eficazmente con sus madres, ya que realizaban más conductas apropiadas a la meta de la tarea y la actividad madre-hijo se caracterizaba por una mayor economía, Los inseguros, en cambio, exhibían una proporción más elevada de conducta irrelevante para la tarea, a pesar de que las madres de estos últimos niños estaban tan centradas en la tarea como las de los seguros. La actuación de las díadas seguras demuestra su mayor destreza para negociar una tarea conjunta, mientras que la mayor proporción de conducta irrelevante de los niños inseguros evidencia la menor probabilidad de que éstos consientan y persistan en compartir una meta común. Moss y col. (1993) concluyen, por lo tanto, que aunque en este estudio, al contrario de to que se ha constatado en otros anteriores, no se observara mayor proporción de intercambios atectivos negativos en las dadas inseguras, la oposición se manifestaba en una considerable falta de sincronización. Es decis, que los niños inseguros, en lugar de negarse a colaborar abiertamente, dirigían la atención hacia actividades que no tenían nada que ver con las metas y directrices maternas. $5. Muestran adelanto en el concepto de permanencia de los objetos y de las personas (Ahmad y Worobey, 1984; Bell, 1978). Esta adquisición es importante desde la perspectiva de la autoconciencia, ya que a la emergencia de la distinción entre el propio yo y los otros, que tiene lugar en los tres primeros meses de vida, le seguiría la toma de conciencia sobre fa permanencia del propio yo y del de los demás, paso previo a su vez para ir descubriendo las categorías del yo (edad, sexo, etc.) La permanencia es también importante para que el niño tolere las separaciones, al ser consciente de que posteriormente va a poder recuperar la proximidad de su figura de apego. Esto favorece un engarce equilibrado entre apego y exploración, que le permite al niño separarse para investigar y por lo tanto favorece el aprendizaje. 6. Son más precoces en el conocimiento de sí mismos y de los demás. El autoconcepto y el concepto de los demás son dos componentes cognitivos del modelo interno de relaciones, representación mental que proporciona los fundamentos para la organización posterior de la personalidad (Bartholomew, 1990). El comienzo de la comprensión por parte del sujeto del autoconcepto y del concepto de los demás es un aspecto dei desarrollo cognitivo y social que resulta fundamental! en la regulación de la interacción socio-afectiva. Uno de los primeros indicios del conocimiento de sí mismo es la capacidad de autorreconocimiento visual. El apegado seguro se reconoce a sí mismo en el espejo, en torno al año y medio de edad, en proporción significativamente más alta (73%) que el apegado ansioso (27%). Los niños maltratados, que mayoritariamente muestran apegos ansiosos de tipo desorganizado, parecen estar evolutivamente retrasados en este aspecto (Schneider-Rosen y Cicchetti, 1984, 1991). En la investigación citada se utilizó el índice más común de autorreconocimiento visual, la “tarea de la marca roja en la nariz”, en la que suelen fallar la mayoría de los niños menores de quince meses y que suelen realizar bien la mayoría de los que ya han cumplido los 24 meses. Cicchetti (1996) sugiere la posibilidad de que el maltrato adelante la aparición del miedo, en la secuencia de emergencia de las emociones, acelerando el desarrollo del cableado de las vías neurales del afecto negativo en el cerebro y atectando así el desarrollo de la estructura, la organización y el funcionamiento cerebral, Una investigación más reciente de Cicchettí, Rogosch, Toth y Spagnola (1997) comprueba que los hijos de madres con depresión unipolar, que presentaban las puntuaciones más bajas en seguridad, medida con el Q-Set de Waters, no eran capaces de reconocerse en el espejo y además también eran los que puntuaban más bajo en la Escaía Bayley. 172 ME y. Lafuente También puede estudiarse el desarrollo del sí mismo y de la conciencia de los demás, a través de las descripciones verbales que hacemos de nuestra persona y de los otros. Los niños con apego seguro muestran mayor habilídad para hablar sobre los estados internos y los sentimientos de sí mismo y de los demás., y destacan especialmente sobre los inseguros en la comprensión de las emociones negativas (Ciccheti, 1991; Laible y Thompson, 1998). Esta capacidad está especialmente atrasada en los niños que han sufrido malos tratos, y que en la mayoría de los casos presentan un patrón desorganizado de apego (Beeghly y Cicchetti, 1996). Por último, también podemos explorar el sí mismo y la conciencia de los demás indagando la comprensión que el niño tiene de sus propias caracteristicas y de las de los demás, y de sus propias acciones y de las de los demás. Zahn-Waxler et al. (1984) encuentran que los hijos de madres o padres con trastorno bipolar desarrollan apegos inseguros y muestran déficits en la capacidad para adoptar la perspectiva de otra paersona. En general, se han obtenido resultados que apoyan que los niños con apego seguro tienen un conocimiento más precoz y más complejo de sí mismos y de su madre que los inseguros considerados globalmente (huídizos+ ambi- valentes+desorganizados), tanto en el dominio de las características como en el de las acciones. En el dominio de las características las diferencias no eran significativas al año de edad, eran moderadamente significativas a los dos años y altamente significativas a los tres años, mientras que en el dominio de las acciones las diferencias fueron significativas en todas las edades exploradas (Pipp, Easterbrooks y Harmon, 1992). La literatura, en general, está de acuerdo en que los padres sensibles como están atentos a las señales de sus hijos y responden a ellas consistentemente consiguen que su prole desarrolle con más rapidez la comprensión del impacto que sus acciones tienen sobre las cosas y personas de su alrededor (“puedo conseguir esto, haciendo tal cosa”). 7. Son más flexibles, abiertos, positivos y realistas en el procesamiento de la información. En una investigación de Kirsch y Cassidy (1997) se comprueba que el grupo de apego seguro se diferencia de los inseguros en su grado de atención hacia estímulos relacionados con el apego; tanto huidizos como ambivalentes tienden a excluir de su consciencia y procesamiento esta clase de estímulos, tratando así inconscientemente de evitar situaciones que podrían producirles aflicción. Además, seguros y ambivalentes recuerdan mejor que los huidizos las historias en las que las figuras de apego responden a señales y necesidades, y los seguros recuerdan mejor que los ambivalentes las historias que hablan de rechazo, mostrándose así: 1? la tendencia a que los sujetos, en general, recuerden mejor lo que es consistente con sus esquemas previos, 22 aque excluyan detensivamente las historias elicitadoras de sufrimiento, y 32 a que los individuos seguros se muestren más flexibles y abiertos en el procesamiento de la información, al recordar tanto la información que es congruente como la que es incongruente con sus esquemas. Grossmann y Grossmann (1993, p. 551-552) llaman la atención sobre la importancia que tiene ser receptivos a todo tipo de experiencias, sea del signo que sean, para nuestra organización emocional y cognitiva: “La incapacidad para integrar emociones positivas y negativas en una estrategia de atrontamiento general positiva priva a las personas de la flexibilidad de una organización emocional en la que emociones positivas y negativas sirven como valoraciones realistas de una situación dada, Obviamente una organización emocional que incorpora todas las representaciones emocionales de las experiencias reales, tanto positivas como negativas, contiene más elementos y representa un orden organizacional más elevado que un sistema organizacional que se basa en percepciones selectivas y en la inaccesibilidad a representaciones emocionales importantes de distintos aspectos de la realidad. Nuestro hallazgo de que niños de tan solo tres años y medio con experiencias emocionales diferentes muestran diferentes grados de conflicto, así como diferentes 174 Mi y, Lafuente La conducta que mejor diferenciaba a los seguros de los inseguros era la duración de la concentración durante el juego. Además, los seguros se mostraban más competentes e independientes en la resolución de conflictos con sus iguales que los huidizos y desorganizados (el grupo de ambivalentes era excesivamente reducido como para realizar comparaciones). Los niños de los grupos inseguros era mucho más probable que buscaran la ayuda y proximidad del protesor en situación de contlicto. Otra importante diferencia entre los seguros y los inseguros, sobre todo si eran huidizos, residía en que los seguros daban una interpretación adecuada en una tarea de percepción social y los inseguros en su mayoría la interpretaban de torma inapropiada. En la etapa adulta los seguros son también más hábiles para encontrar estrategias adecuadas para la resolución de problemas interpersonales, mostrando así continuidad respecto a la etapa infantil en la superioridad de su inteligencia social (Davila, Hammen, Burge, Daley y Paley, 1996). La autoestima global actúa como variable mediadora de la relación entre calidad de apego y estrategias de resolución de problemas. El hecho repetidamente constatado de que los sujetos con apego inseguro se desenvuelven peor en sus relaciones con los demás tiene que estar determinado por las connotaciones negativas de los diversos componentes de su modelo interno de relaciones (autoconcepto, concepto de los demás, recuerdos, expectativas...). Pero no debe pasarse por alto que, tal y corno apuntábamos más arriba, los inseguros podrían estar desarrollando un patrón de atención y de memoria excluyente de eventos y formas de actuación (ser respondiente, por ejemplo) que tiendan a rememorar experiencias desagradables de su histoña de interacción. Este patrón podría estar contribuyendo también a que exhiban comportamientos que pueden disgustar a los demás, como aversión, susceptibilidad, hostilidad, agresión etc. 9. Revelan cierta superioridad en la conducta exploratoria (Main, 1983; Hazen y Durrett, 1982; Belsky, Garduque y Hrncir, 1984; Cassidy, 1986; Grossmann y Grossmann, 1991). Elniño seguro utiliza a su figura de apego como una base de seguridad, la confianza que tiene en su disponibilidad física y psicológica le ayuda a atreverse a explorar independientemente. Los apegados seguros, evaluados durante el segundo y tercer año de vida, presentan fragmentos de conducta exploratoria más largos y se implican más intensamente en ellos; exploran más independientemente y tienen patrones de exploración menos restringidos que los apegados ansiosos; muestran mayor interés, placer y atención hacia los objetos, atienden más a los detalles de objetos complejos, juegan de torma más concentrada, y en conjunto, tienen mayor facilidad para desenvolverse en su entorno. Todo esto favorece el dominio sobre las cosas, y promueve un sentido evolutivo de eficacia. 10. Presentan mayor interés y destreza lectoras, en torno a los 5 años y medio (Bus y Van- lizendoorn, 1988a y 1988b; Buss, 1993). Esta ventaja de los niños seguros está estrechamente Conectada con la anterior, ya que el material escrito no deja de ser un objeto nuevo a explorar. Se apunta la posibilidad de que sea la mayor confianza de las madres de los niños seguros en las capacidades de sus hijos, la que les lleva a insistir más en la lectura propiamente dicha, cuando aún son pequeños, que en el comentario de las ilustraciones. Pero también influyen las actitudes más disciplinadas y cooperativas, de mayor interés, atención, esfuerzo y concentración de estos niños, cualidades que facilitan el proceso de adquisición de este aprendizaje básico. Hablando en términos evolutivos, cuando el niño es muy pequeño se insiste más en la interpretación y explicación de imágenes y relatos, pero a medida que el niño crece se va desplazando el énfasis hacia los aspectos formales del lenguaje escrito. Las díadas con apego seguro están, pues, adelantadas evolutivamente respecto a las díadas con apego ansioso, y las madres de esas díadas muestran al mismo tiempo capacidad de anticipación (ver apartado siguiente, punto 4) y un buen andamiaje, ya que sintonizan mejor con las necesidades de sus hijos, les instruyen a un nivel más alto, actuando en la zona de desarrollo próximo, y participan con mayor frecuencia en sesiones de lectura. Patrones de apego 175 11. En la etapa adulta es mejor su rendimiento laboral.. Hardy y Barkham (1994) constatan que los apegos inseguros pueden ser uno de los factores que contribuyan a originar dificultades en el ámbito laboral, favoreciendo el desarrollo. de mayor percepción de estrés en el mismo. Al examinar tas diferencias en el origen de dicho estrés entre tos dos tipos más comunes de apego inseguro adulto (preocupado y huidizo), se comprobó que en los preocupados procedía de la ansiedad sobre la ejecución del trabajo, mientras que en los huidizos se relacionaba fundamentalmente con la preocupación por las horas de trabajo y por dificultades experimentadas en las relaciones con otras personas, tanto en el ámbito laboral como en la vida social. Que el preocupado muestre ansiedad respecto a la ejecución, puede ser un resultado muy interesante desde el punto de vista de las relaciones entre calidad de apego y desarrollo cognitivo, ya que tener dudas sobre las propias capacidades redunda negativamente sobre el provecho que se extrae de las mismas. Un trabajo de Bringle y Bagby (1992) apunta en este mismo sentido, al encontrar que los adultos huidizos muestran puntuaciones bajas en autoestima social, pero no en la autoestima vinculada a la ejecución, es decir, que compensan su sensación de no ser bien valorados en las interrelaciones personales sociales con un sentimiento de mayor valía en sus logros laborales. En cambio, los adultos preocupados presentan puntuaciones bajas precisamente en autoestima de ejecución. 12. Exhiben cualidades personales favorables al desarrollo cognitivo. Pueden citarse las siguientes: elevada autoestima (Kestenbaum, Farber, y Sroute, 1989; Jacobsen et al., 1994; Jacobsen y, 1997), entusiasmo, persistencia (Frodi, Bridges y Grolnick, 1985; Frankel y Bates, 1990), curiosidad, fuerza mora! del ego (Matas, Arend y Sroufe, 1978; Arend, Gove, y Sroufe, 1979; Waters, Wippman y Sroufe, 1979), autocontrol adecuado, flexibilidad, ingenio (Arend, Gove, y Sroufe, 1979), menor tendencia a la frustración, ausencia de dificultades en el aprendizaje y en el juego (Barreti y Trevitt, 1991), respuesta más adecuada a las instrucciones cuando se les dirige en una tarea (Matas, Arend y Sroufe, 1978), conducta más eficaz en las situaciones problemáticas, tendencia a cooperar ( De Riutier y Van lizendoorn, 1993; Bretherion, Golby y Cho, 1997) en contextos familiares y extrafamiliares. 73. Nos parece fundamental también mencionar que algunas investigaciones sobre la etapa prenatal, aunque no establezcan una correspondencia directa entre calidad de apego y desarrollo cognitivo, muestran que las conductas precursoras de una vinculación de buena calidad - sentir afecto por el no nacido, desear el embarazo- resultan buenas predictoras de un desarrollo cognitivo adelantado. Por ejemplo, cuando se comprueba una buena vinculación entre los futusos padres y el no acido en la etapa prenatal, puede pronosticarse un desarrollo motor más adelantado. (Men, 1992). Es importante resaltar que, tal y como puso de manifiesto Piaget, el desarrollo cognitivo arranca de las primeras experiencias motrices y sensoriales. Además, cuando el embarazo ha sido planeado y deseado se encuentran indicios de mayor apego postnatal y nivel cognitivo más elevado (Roe y Drivas,1993), valorándose éste último por la precocidad en la discriminación vocal madre-extraño. Niños de tan solo tres meses daban sistemáticamente una respuesta excitatoria (mayor tasa de vocalización) ante la madre y una respuesta inhibitoria (menor tasa de vocalización) ante el extraño. Normalmente un embarazo planeado suele conllevar una actítud más positiva hacia el niño, lo que constituye una buena garantía de un trato adecuado posterior al nacimiento, y la base para un vínculo seguro. En algunas investigaciones no se han encontrado diferencias significativas entre los grupos de apego en inteligencia (Bell, 1978 con niños de 24 meses, utilizando la Escala Bayley, citado en Ainsworth, 1978; Connell, 1978 con niños de 30 meses, utilizando la Escala Stanford-Binet, y con niños de 14 meses utilizando la Escala de Desarrollo de Cattell, citado en Ainsworth et al., 1978; Matas, Arend y Sroufe, 1978), en capacidad exploratoria (Tracy, Farish y Bretherton, 1980, citado en De ruiter y Van lizendoorn, 1993), en el nivel de juego simbólico (Main, 1983), Patrones de apego 177 Como puede apreciarse, la sensibilidad reúne tres competencias: capacidad de atención, capacidad interpretativa y capacidad de respuesta. Algunas investigaciones han examinado por separado alguna de esas competencias, y aún consideradas aisladamente, han mostrado su influencia en ciertos aspectos del desarrollo cognitivo, Por ejemplo, en el estudio de Lewis (1993) se aprecia que la capacidad de respuesta materna, evaluada entre los 3 y 5 meses de edad del niño, resulta un buen predictor de todas las subescalas McCarthy, excepto de la de memoria, produciéndose la asociación más intensa respecto a la de ejecución perceptiva, y Lewis y Goldberg (1969) y Dunhan y Dunhan (1990) observan que la falta de capacidad de respuesta en las madres con depresión, es un elemento clave que afecta negativamente al desarrollo cognitivo de los niños, e incrementa la probabilidad de apego inseguro (Murray, 1992). Estos últimos datos ponen de relieve la vulnerabilidad de la conducta sensible, que puede resentirse en interacción con variadas circunstancias adversas. Murray, Fiori-Cowley y Hooper (1996) estudian algunas situaciones que pueden afectar negativamente a la interacción madre- hijo, con repercusión sobre otras esferas. Encuentran que el nivel de efectos negativos va en aumento en el siguiente orden: madres sin depresión afectadas por circunstancias adversas, madres deprimidas sin circunstancias adversas y madres deprimidas con circunstancias adversas. Todas elias se mostraban menos sensibles -menos empáticas y más rechazadoras- que las madres sin depresión y sin circunstancias adversas. Las madres más sensibles, menos distantes y más activamente implicadas con el niño tenían hijos que puntuaban más alto en la Escala Bayley A partir de los 20 meses, la sensibilidad emocional de la madre, junto a su capacidad de respuesta verba! son buenos predictores, de la competencia cognitiva y social del niño (Bakeman y Brown, 1980). Crockenberg (1983) indica que responder a las necesidades emocionales del niño puede influir para hacerle más persistente ante las dificultades y lograr así que ejecute mejor y más eficazmente sus tareas. En Su investigación con niños de 21 meses pronostica que los pequeños cuyas madres durante el primer año de vida responden a la incomodidad, el peligro, la aflicción, etc., y al mismo tiempo, les proporcionan una estimulación contingente, puntuarán más alto en tests estandarizados como la Escala Bayley. Stevenson y Lamb (1979) también encuentran una relación significativa entre la capacidad de respuesta emociona! y verbal de la madre y el funcionamiento cognitivo medido por la Escala Bayley y las Escalas Ordinales de Desarrollo Psicológico, pero únicamente para los primogénitos, que sin duda son los que en mejor situación se encuentran para ser atendidos por sus padres. La sensibilidad también supone acertar en las actividades, juegos, etc. que se proponen al niño. Tener la habilidad de imaginar con acierto qué es lo que puede interesarle a un niño de corta edad puede beneficiarle doblemente ya que, tal y como apuntan Landry y col. (1997), dada su limitada capacidad de procesamiento de la información, representa una buena ayuda que el adulto no le obligue a desviar la atención hacia cosas que en ese momento no constituyen su foco de interés. Además, con esta forma de actuar, el niño recibe el mensaje de que sus intereses son importantes, de que se respetan sus iniciativas, y de que él ejerce un papel activo en las interacciones. Este mismo mensaje aparece ya en Fein y Fryes (1995) cuando indican que la intrusividad de las madres se relaciona negativamente con el juego del niño, mientras que Una respuesta adecuada e inmediata a los intereses expresados por éste, contribuye a ampliar y a elaborar la implicación simbólica, a inculcarle al niño sentimientos de autoeficacia y a motivar su exploración del medio y su aprendizaje, También Bornstein y Tamis-LeMonda (1995) apuntan en esta dirección, al decir que sus investigaciones demuestran que las interacciones maternales que muestran una capacidad de respuesta contingente hacia las actividades del niño, fomentan ganancias actuales y futuras en las capacidades representativas, mientras que las actividades intrusivas, incluidos los intentos de desviar la atención de! niño de un tópica de interés, no están relacionadas o lo están negativamente con los progresos en tales capacidades. 178 MS y, Lafuente En las investigaciones de Landry y cof. (1996 y 1997) se demuestra que la sensibilidad materna para mantener en lugar de reorientar los intereses dej niño, resulta especialmente eficaz para incrementar el juego exploratorio y las destrezas lingúísticas de sujetos que suelen mostrar un desarrollo social y cognitivo más lento, como por ejemplo niños nacidos con muy bajo peso, y más aún si son de alto riesgo, o niños prematuros (Smith, Landry, Swank, Baldwin, Denson y Wildin, 1996). Es importante destacar que la sensibilidad queda bajo la influencia de las concepciones, creencias y conocimientos que los padres del niño tienen sobre los hitos del desarrollo, Estas concepciones y conocimientos les llevan a estructurar de diferentes formas el entorno, y esa estructuración, a su vez, produce efectos sobre el funcionamiento cognitivo de! niño (Clarke- Stewart, 1973; Epstein, 1980; Stevens, 1984; Benasich y Brooks-Gunn, 1996). Los padres más sensibles, al prestar mayor atención a sus hijos pueden tener un conocimiento más exacto de sus intereses y capacidades, lo que les ayudará a sacar mayor partido de las mismas, y contribuirá a que el desarrollo cognitivo de sus hijos sea más favorabíe. En esta línea, diversos estudios encaminados a comprobar la conexión existente entre lo que los padres creen acerca de las capacidades de sus hijos y aquello de lo que realmente sus hijos son capaces, han puesto de manifiesto que, en general, los padres que son más exactos en la evaluación de sus niños tienen hijos con mejor desarrollo cognitivo (Hunt y Paraskevopoulos, 1980; Miller, 1986; Miller, Manhal y Mee, 1991). Una de las explicaciones ofrecidas por algunos de estos investigadores apunta hacia la posibilidad de que mediante un mayor conocimiento del niño, sus padres conseguirán una mejor sincronización entre sus esfuerzos al enseñarle y el nivel de desarrollo del mismo. 2, Aceptación del niño, actitud afectuosa y de apoyo hacia el mismo (Jones, Rickel y Smith, 1980; Olson, Bates y Bayles, 1984). Para crecer necesitamos una buena alimentación y cierta dosis de aire, sol y ejercicio físico, pero también es indispensable una adecuada dieta emocional. De ella depende en parte el crecimiento en estatura y peso -no olvidemos el denominado síndrome del fracaso pasa crecer-, pero sobre todo el crecimiento en madurez, seguridad, satisfacción e inteligencia. Loher (1988) diferenció entre atmósfera emocional cálida, agradable, objetiva, inconsistente y tensa y encontró que una atmósfera emocional hogareña de buena calidad a la edad de tres años se relacionaba positivamente con el Ínidce cognitivo general del niño, valorado con la Escala McCarthy. A los tres años y medio enfrentó a esos mismos niños a una tarea demasiado difícil para su edad, y aquellos que provenían de una atmósfera emocional más positiva mostraron Una conducta verbal más competente, mientras que los procedentes de hogares con atmósfera emocional más negativa manifestaban conductas aversivas, autoevaluaciones verbales menos positivas, menos conducta de juego, intentaban obtener ayuda de forma más inmadura, y se mostraban más estresados. Estrada (1987) en un estudio longitudinal, que a diferencia de muchos otros controla el coeficiente intelectual de la madre, pone de manifiesto la relación entre la calidad afectiva de las relaciones madre-hijo en la etapa preescolar y el rendimiento escolar a los doce años. La actuación cariñosa de la madre, reconociendo los deseos de su hijo y prestándole apoyo siempre que lo necesita, se corresponde con la tendencia del niño a adoptar estrategias de afrontamiento en la resolución de problemas personales. En cambio, una actuación coercitiva, controladora y restrictiva, aboca al niño a evadirse del problema, sin intentar ningún tipo de negociación (Jones, Rickel y Smith, 1980), y dificulta su progreso cognitivo (Bornstein, 1989; Clarke-Stewart, 1973). Un estudio reciente, realizado con adolescentes de doce años y medio (Rueter y Conger, 1998), en el que se tienen en cuenta la suma de los comportamientos interactivos de ambos padres con su hijo adolescentese, pone de manifiesto que una conducta parental negativa (conducta hostil, amenazadora, inconsistente) se asocia con el declive de las destrezas del 180 M? y, Lafuente tarea; en cambio, las madres de los huidizos, aunque también son claras en sus orientaciones, mantienen actitudes controladoras, directivas, frías y distantes y tienen más interés por lograr que sus hijos acaben la tarea que por conseguir que aprendan. Por último, las madres de los ambivalentes ofrecen instrucciones confusas y mal sincronizadas, y muestran actitudes emocionales inconsistentes, ya que en unos momentos parecen cariñosas y en otros coercitivas, enojadas, abrumadas o desconcertadas. Como vemos, al repasar toda esta lista de pautas de conducta parental (sensibilidad, aceptación, apoyo emocional, estimulación contingente, etc.), se trata de las características que suelen mostrar los padres de los niños con apego segura, Conclusiones La revisión de la literatura nos ha permitido comprobar que son frecuentes los hallazgos que relacionan la calidad del apego con el funcionamiento cognitivo. La conducta de los cuidadores principales influye sobre la competencia infantil directa e indirectamente a través de diversas vías. Frente al modelo de vías de influncia propuesto por De Ruiter y Van lizendoorn (1993) (fig. 1), nosotros proponemos otro modelo alternativo (fig. 2) CALIDAD DE APEGO e y o SENSIBILIDAD INSTRUCCIÓN ANDAMIAJE Polo PA MOTIVACIÓN CONTROL DE PERSISTENCI DESTREZAS ¡AUTOESTIMA DE DOMINIO LA ATENCIÓN ¡A TEMPORAL METACOGNITIVAS : EN LA TAREA RENDIMIENTO ACADÉMICO Figura 1.- Vías de influencia calidad de apego-desarrollo cognitivo Fuente: De Ruiter y Van lizendoorn (1993) Patrones de apego 181 SENSIBILIDAD » TEMPERAMENTO PARENTAL DEL AINO l l ANDAMIAJE CALIDAD AFECTIVA DELLA INTERACIÓN ESTIMULACIÓN Y CONTROL SOBRE RETROALIMENTACIÓ EL ENTORNO J CALIDAD DEL VÍNCULO DN ORGANIZACIÓN | [CONFIANZA] | SENTIDO DE CAPACIDAD DE CAPACIDAD EMOCIONAL EN SI AUTOEFICACIA | ] PROCESAMIENTO EXPLORATORIA MISMO Y ZA DESAROLLO COGNITIVO Y RENDIMIENTO ACADÉMICO Figura 2.- Vías de influencia calidad de apego-desarrollo cognitivo La sensibilidad parental en interacción fundamentalmente con el temperamento def hijo resulta directamente responsable de: 1% La cantidad, tipo y calidad de estimulación y retroalimentación positiva que suministran al niño. 2% El grado y tipa de control ejercido sobre el entorno físico del mismo, permitiéndole o no que haga determinadas cosas, que las haga por sí solo o con ayuda, proporcionándole o no juguetes y actividades interesantes y apropiadas para su edad, creando un clima tranquilo o ruidoso, de armonía o conflicto, seleccionando su centro escolas, decidiendo que es mejor vivir en el campo o en la ciudad, adaptando la forma de enseñarle nuevas destrezas a su nivel, etc. La estimulación, retroalimentación y el control sobre el entorno por parte de los padres del sujeto contribuyen, pues, a levantar un andamiaje de mejor o peor calidad, que incidirá directamente sobre sus capacidades cognitivas y su rendimiento. 3* La calidad afectiva de la interacción, que va a potenciar o no la confianza del sujeto en sí mismo, en su medío y en quienes le rodean (Ainsworth y Bell, 1974). Una interacción de buena Patrones de apego 183 determinar un apego de buena o mata calidad. Por ejemplo la capacidad de respuesta de la madre conduce a estimular al niño más o menos y de forma apropiada o no, y también a suministrar la estimulación de distintas formas, ya sea con agrado cariño y suavidad o con rechazo, desagrado y brusquedad, convirtiendose así esa capacidad de respuesta en sí misma en un refuerzo positivo o negativo, que incide simultáneamente sobre el desarrollo cognitivo y ta calidad del apego. Sin embargo, una vez que el apego se ha establecido, contribuyendo a que el niño se sienta seguro o inseguro, la calidad del apego, es probable que se convierta en la mediadora, a través de la cual llegan todos los efectos hasta el desarrollo cognitivo, Sintetizando lo expuesto hasta aquí: Unos padres con sensibilidad: a) Entablan interacciones de buena calidad, en las que ponen de manifiesto actitudes de aceptación, apoyo, cooperación, disponibilidad y cariño. b) Ejercen un control adecuado sobre el entorno físico del niño, en función de su edad, temperamento, características personales y situación. c) Proporcionan a su hijo una estimulación contingente y variada. d) Favorecen el desarrollo de un apego seguro, generando en su hijo un sentimiento de confianza en sí mismo que le conduce a obtener y aceptar mejor la ayuda de sus cuidadores, que le facilita la exploración, la persistencia, el entusiasmo, la baja frustración ante las dificultades, la curiosidad, etc. En consecuencia, como un medio estimulante favorece el desarrollo cognitivo, y la conílictividad emocional lo obstaculiza, el sujeto que tiene esta clase de padres se encuentra con una estimulación apropiada y bien dosificada y la ausencia de problemas emocionales, todo lo cual potencia su desarrollo cognitiva, Unos padres insensibles: a) Entablan interacciones no apropiadas, salpicadas de rechazo, inaccesibilidad, etc. b) No ejercen un control apropiado sobre el entorno físico del niño, ya que en lugar de tener en cuenta sus deseos, características, etc., se guían por los psopios, y por lo tanto no aciertan en las actividades, juguetes y oportunidades que les proporcionan. Algunos de estos padres son excesivamente rígidos, exigentes y controladores, otros pecan de negligencia, otros pos fin abusan de las amenazas y castigos. c) Proporcionan a sus hijos una estimulación escasa, excesiva, O inadecuada. d) Favorecen el desarrollo de un apego ansioso, generando en su hijo un sentimiento de desconfianza en si mismo, que le conduce a la ansiedad, la baja autoestima, la inseguridad, etc. Esta clase de padres desencadenan en sus hijos estados emocionales, que en ocasiones les impiden concentrarse en las tareas, prestar atención a las cosas y/o personas que le rodean, los incapacitan para un esfuerzo sostenido, para abrirse confiadamente a quienes intentan ayudarles en sus aprendizajes. Por lo tanto, el sujeto que tiene esta clase de padres se encuentra con un medio con estimulación inapropiada e inmerso en un clima de conflictividad emocional, todo lo cual obstaculiza su desarrollo cognitivo (Lafuente, 1992). Por todas estas razones el individuo con apego seguro, que como se ha podido apreciar a lo largo de estas líneas, presenta una excelente disposición para explorar y aprender (bien motivado, curioso, interesado por cuanto le rodea, atento a cosas y personas, persistente, con Capacidad de concentración y disfrutando de sus actividades), procesa adecuadamente la información, y cuenta con los mejores maestros (aquéllos que basan su enseñanza en el conocimiento del alumno, le estimulan: contingentemente, le proporcionan retroalimentación positiva, promueven su independencia y le dan afecto, protección y apoyo emocional), madura más precozmente, es más objetivo en sus interpretaciones y puede ofrecer soluciones más variadas y creativas, siendo el que en mejores condiciones se encuentra para tomar su dotación genética y aprovechar todo su potencial, MO y, Lafuente 184 Tabla resumen sobre Patrones de Apego y Funcionamiento Cognitivo Superioridad de los sujetos con apego seguro sobre los inseguros ejore: ntes de desarrollo y mejores coeficientes intelectuale: Lieblich (1974) Niños (5 años) WPPSI test Bell (1978) Niños (15 m) Escala de d* de Griffiths Bell (1978) Niños (30 m) Escala Stantord-Binet Main (1983) Niños (20.5m) Escala Bayley Van der Meulen et al.(1985) Niños (4 años) Escala MCCarihy Rodning (1989) Preescolares Cociente de desarrollo Morisset (1990) Niños (1-3 años) Escala Bayley Jacobsen et al. (1994) Niños (7 años) Matrices progresivas de Raven Artelt et al. (1994) Niños (20/21m) Escala Bayley Van Iizendoorn et al. (1995) Cicchetti et al, (1997) Niños (18-21m) erioridad en inteligencia espacial Hazen y Durett (1982) Niños (32/34 m) Mejor rendimiento académico Hortacsu (1994) Niños (10 años) Jacobsen y Hotímann (1997) Niños y adol. (7 a 15 años) Revisión de la literatura (veinticinco estudios) Escala Bayley Tareas de habilidad espacial Calif. escolares Calif. escolares Verschueren et al. (1996) Niños ($ años) ioridad en idad zonamiel Jacobsen et al. (1994) Niños y adol. (7 a 17 años) Superjoridad en el lenguaje productivo Connell (1976) Niños (18 m) Main (1983) - Niños (20.5 m) Morisset (1990) Preescolares Van lizendoorn et al. (1995) Meins (1998) Niños (20 m) Superioridad en el juego simbólico Slade (1987) Niños (26-28 m) Pipp et al. (1992) Preescolares Meins et al. (1998) Niños (31 m) Calif. escolares Tareas piagetianas Lenguaje durante el juego Lenguaje durante el juego Escala de Lenguaje Preescolar Revisión de la literatura (siete estudios) Registro observacional Juego libre Juego libre Juego libre