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El prejuicio y la discriminación son 2 de los problemas más grandes que enfrentan la humanidad. Cuando un grupo de personas odia a otro grupo de personas tan profundamente que puede torturar y matar a niños y bebés, tenemos un serio problema en nuestras manos. Como el prejuicio y la discriminación permanecen directamente en el camino de la iluminación, en el conocimiento de las causas y las consecuencias del prejuicio es uno de los grandes desafíos de la humanidad. Podemos enviar personas a la luna, modificar genéticamente los organismos vivos, reemplazar los órganos disfuncionales y comunicarnos con casi cualquiera en cualquier sitio a través de Internet. Pero todavía parecemos incapaces de evitar que palestinos e israelíes se peleen por Jerusalén, católicos y protestantes destrocen Irlanda del Norte, y distintos grupos de África se despedacen con machetes unos a otros hasta la muerte. Uno de los aspectos terribles del prejuicio es que involucra la deshumanización de un grupo. Si se puede ver a las personas como menos que humanos, entonces las atrocidades contra ellos no son esencialmente diferentes de matar un insecto. La deshumanización es frecuente. El prejuicio es responsable de gran parte del dolor y el sufrimiento humano en el mundo, y va desde la limitación de las oportunidades y de los horizontes hasta la violencia física y genocidio. Siempre ha estado con nosotros y deprime pensar que pueda permanecer con nosotros como parte fundamental de la condición humana. La mayoría de las personas de las sociedades democráticas liberales consideran el prejuicio un aspecto particularmente desagradable de la conducta humana, y usan los términos ‘’racista’’ e ‘’intolerante’’ como insultos. Casi todos experimentamos prejuicios de una forma u otra, que van desde suposiciones relativamente sin importancia que las personas hacen sobre otros hasta una intolerancia extrema, cruel y ofensiva, o la violencia. Las personas hacen suposiciones acerca de nuestras capacidades y aspiraciones sobre la base, por ejemplo, de nuestra edad, nuestro grupo étnico, raza o sexo, y se comportan en concordancia con ellas, a menudo nos encontramos automáticamente haciendo los mismos tipos de suposiciones sobre otros. Ahí reside una paradoja; el prejuicio es socialmente inconveniente, y sin embargo impregna la vida social. Incluso en las sociedades donde el prejuicio está institucionalizado, se usan sofisticadas justificaciones para negar que de hecho sea un prejuicio lo que se está practicando. El sistema de apartheid en Sudáfrica era un caso clásico de prejuicio institucionalizado, aunque estaba adornado públicamente como reconocimiento y respeto de las diferencias culturales.
El prejuicio es un tema de investigación por propio derecho, pero también es un tema que gira en torno a otros muchos aspectos de la psicología social. El prejuicio depende de estereotipos negativos de los grupos y depende del tipo de personas que pensamos que somos y los tipos de personas que pensamos que son los otros. La relación entre prejuicio y discriminación también puede considerarse una relación de actitud-conducta en el contexto de las actitudes hacia un grupo. En muchos aspectos, la psicología social está singularmente ubicada para comprender el prejuicio. El prejuicio es un fenómeno de psicología social. De hecho, el prejuicio es doblemente social: involucra los sentimientos sobre otras personas y las acciones hacia ellas, y es guiado por y recibe un contexto de los grupos a los cuales pertenecemos y las circunstancias históricas de las relaciones intergrupales específicas en las cuales estos grupos se encuentran. Actitudes prejuiciosas y conducta discriminatoria. Como el término ‘’prejuicio’’ significa literalmente ‘’juicio previo’’ es habitual considerar el prejuicio como una actitud en que el objeto de actitud es un grupo social (p.e Los estadounidenses, los antillanos, los políticos, los músicos). Un punto de vista tradicional del prejuicio es que tiene 3 componentes:
cuestión de la edad) y sobre minusvalía y discapacidad, y no dice nada acerca de homofobia o discriminación basada en las preferencias sexuales.
Casi toda la investigación sobre el sexismo se enfoca en el prejuicio y la discriminación contra las mujeres. Esto es porque las mujeres históricamente sufrieron más como víctimas del sexismo, primariamente por su posición inferior de poder en relación con los hombres en los negocios, el gobierno y el empleo. Sin embargo, debemos señalar que los roles sexuales pueden haber persistido porque, si bien proporcionan a los hombres un poder estructural, les han dado a las mujeres un poder didáctico o interpersonal. Y por supuesto, en la medida en que las mujeres tienen poder sobre los hombres, son igualmente tan capaces de discriminación contra los hombres. Estereotipos sexuales : La investigación sobre los estereotipos sexuales ha puesto de manifiesto que tanto los hombres como las mujeres creen que los hombres son competentes e independientes y que las mujeres son cálidas y expresivas. Como Fiske lo expresa ‘’La mujer típica se ve bella pero incompetente; el hombre típico se ve competente pero probablemente no tan bella’’. Estas creencias tienen una generalidad transcultural sustancial: se encuentran en Europa, América del Norte y Sudamérica, Australia y partes de Medio Oriente. En realidad son estereotipos sociales consensuados. El conocimiento de estos estereotipos no se asocia inevitablemente con una creencia personal consistente con el estereotipo acerca del grupo objetivo. De hecho, parece que esta correspondencia entre el conocimiento y la creencia personal ocurre solo entre los individuos más prejuiciosos. Hay pruebas de que, siendo todo lo demás igual, los hombres y las mujeres no se describen a sí mismos con términos tan fuertemente estereotipados por el sexo y que las mujeres niegan el sentimiento de que han sido personalmente discriminadas: la discriminación sexual es algo que experimentan otras mujeres. Aunque existen estereotipos sexuales (genéricos) de hombres y mujeres, las personas tienden a representar los sexos en términos de subtipos. La investigación occidental identifica 4 subtipo, femeninos dominantes (ama de casa, mujer sexy, mujer de carrera y feminista/atleta/lesbiana), lo que enfatiza las dimensiones interpersonal versus la de competencia. La mujer típica está más cerca del subtipo del ama de casa o de la mujer sexy. Los subtipos masculinos son menos claros, pero los 2 principales son el hombre de negocios y el macho. Aquí el énfasis se pone mucho más en la competencia. El hombre típico está entre los 2 polos. En términos generales, la investigación muestra que tanto los hombres como las mujeres ven a las mujeres como un grupo más homogéneo que el de los hombres. Presumiblemente, la competencia, la independencia, la calidez y la expresividad son todos atributos humanos muy deseables y valorados. Si esto fuera cierto no habría ninguna connotación evaluadora diferencial del estereotipo. Sin embargo, la investigación más antigua sugería que los rasgos estereotípicos de la mujer son significativamente menos valorados que los rasgos estereotípicos del hombre. Broverman y cols, pidieron a 69 profesionales de salud mental en ejercicio (psicólogos clínicos, psiquiatras, trabajadores sociales) que describieran un individuo sano, maduro y socialmente competente, que fuera
o 1) ‘’un hombre’’, o 2) ‘’una mujer’’ o 3) ‘’una persona’’. Tanto los profesionales varones como mujeres describieron a un hombre adulto sano y una persona adulta sana en casi exactamente los mismos términos (lo que reflejaba la competencia). La mujer adulta sana era vista significativamente más sumisas, inquietas o alborotadizas y orientadas hacia la apariencia, características no ligadas al adulto sano o al hombre salo. ¿Se ve mal que las mujeres no fueran consideradas personas adultas, sanas y normales! Conducta y roles : ¿Podrían los estereotipos sexuales reflejar con precisión las diferencias entre los sexos en las personalidades y las conductas? ¿Tal vez los hombres y las mujeres realmente tienen diferentes personalidades? Bakan, por ejemplo, sostenía que los hombres son más agénticos (es decir, orientados a la acción) que las mujeres, y que las mujeres son más comunitarias que los hombres. Es una cuestión complicada. Tradicionalmente, hombres y mujeres han ocupado diferentes roles sexuales en la sociedad (los hombres tienen trabajos fuera del hogar de tiempo completo, mientras que las mujeres son ‘’amas de casa’’). Los roles fuerzan la conducta de acuerdo con los requerimientos de rol. Las diferencias por sexo, si existen, pueden simplemente reflejar los roles y no el sexo, y la asignación de los roles puede ser determinada y perpetuada por el grupo social que tiene más poder (en la mayoría de los casos, los hombres). Un argumento alternativo podría ser que hay diferencias intrínsecas de personalidad entre hombres y las mujeres que hacen que los sexos se adapten a los diferentes roles: es decir, existe un imperativo biológico subyacente a las asignaciones de roles. Es un debate que puede estar, y está, muy politizado. La investigación en psicología social indica que hay una muy pequeña cantidad de diferencias sistemáticas entre los sexos, pero que no son muy diagnosticas: en otras palabras, conocer la posición de alguien en una de estas dimensiones no es un predictor fiable del sexo de esa persona. Por ejemplo, la investigación en cadetes de academias militares masculinos y femeninos y en gerentes masculinos y femeninos indicó que las diferencias estereotípicas percibidas eran una exageración de diferencias menores. En general, los estereotipos sexuales son más que un mito que un reflejo de la realidad. Una razón de por qué persisten los estereotipos sexuales es que persiste la asignación de roles de acuerdo con el género (sexo ). En general, las mujeres constituyen la mayoría abrumadora de las meseras en los restaurantes, las operadoras de teléfono, las secretarias, enfermeras, niñeras, higienistas dentales, bibliotecarias y maestras de escuela primaria y jardín de infancia, mientras que la mayoría de los abogados, odontólogos, conductores de camión, contadores, ejecutivos superiores y los ingenieros son hombres. Algunas ocupaciones son rotuladas como ‘’trabajo de mujeres’’ y en concordancia son menos valoradas. Para investigar esta idea, Eagly y Steffen pidieron a estudiantes de ambos sexos que evaluaran, en las dimensiones de estereotipos sexuales, a un hombre o a una mujer imaginario que era descrito como ‘’amo/a de casa’’ o empleado/a de tiempo completo fuera de casa. En una tercera condición, no se dio ninguna información sobre el empleo. La figura 10.2 muestra que, cualquiera fuera el sexo, los/as amos/as de casa eran percibidos como significativamente más femeninos (en sus rasgos) que los empleados de tiempo completo.
mujeres (dibujo de periódicos y revistas, así como dibujos realizados por estudiantes) y descubrieron que esto sucedía casi en todos los casos. La próxima vez que usted mire a una entrevista televisiva o un documental, por ejemplo, observe cómo la cámara suele concentrarse en el rostro del hombre y en la parte superior del cuerpo de las mujeres. El fase-ísmo transmite el punto de vista que, en relación con los hombres, las mujeres son más importantes por su aspecto físico que por su capacidad intelectual: se ha demostrado que la preponderancia facial en las fotos significa ambición e inteligencia. No ha observado otra forma sutil de sexismo en el uso del masculino genérico, por ejemplo el uso de pronombres masculinos y la expresión ‘’el hombre’’ cuando se habla de la humanidad, en general. Esta práctica transmite la impresión de que las mujeres son una aberración del molde masculino básico de la humanidad. La tipificación sexual de las ocupaciones y los roles también fue mantenida por términos como ‘’ama de casa’’. Como es en gran parte a través del lenguaje que representamos nuestro mundo, para modificar los estereotipos sexuales es importante considerar los significados implícitos de las palabras y cambiar esas expresiones que son claramente sexistas (o prejuiciosas de otras formas). Por ejemplo, los códigos del lenguaje, como el manual de publicaciones de la American Psychological Association ( que usan muchos psicólogos en todo el mundo), tienen pautas claras para el uso no sexista de lenguaje encerrado en él. Ahora existe evidencia sustancial de que el éxito o el fracaso se explican de formas diferentes dependiendo del sexo del actor. En general, la realización idéntica de un hombre tiene a atribuirse a su capacidad, mientras que una realización idéntica de una mujer se atribuye a la suerte o a que la tarea es fácil (véase figura 10.3). Por ejemplo, Deaux y Emswiller hicieron que un grupo de estudiantes observaran a compañeros suyos realizando bien tareas perceptuales que eran estereotípicas de los hombres (p.ej identificación de tipos de bordados) En las tareas masculinas, el éxito masculino se atribuyó a la capacidad más que en el éxito femenino (véase figura 10.4). En las tareas femeninas, no hubo ninguna atribución diferencial. Existen algunas circunstancias en que este sesgo puede ser derribado. Por ejemplo, las atribuciones estereotípicas de sexo desaparecen cuando la atención de la persona que está evaluando la conducta se enfoca en la conducta e ignora al actor. También hay evidencias de que las mujeres que tienen éxito en actividades tradicionalmente masculinas (p.ej. convertirse en un gerente superior) son vistas como más merecedoras que un hombre similarmente exitoso. Sin embargo, en general las atribuciones estereotípicas sexuales (hechas tanto por hombres como por mujeres) tienden a crear diferentes evaluaciones de nuestra propia valía como hombre o como mujer. Es decir que, para el mismo nivel de logro, las mujeres pueden considerarse menos merecedoras que los hombres. En efecto, Major y Konar observaron esto entre los estudiantes de administración de ambos sexos a comienzos de la década de los años 1980. Las estimaciones que hicieron de las mujeres acerca de sus salarios iniciales realistas fueran aproximadamente de un 14% inferior a las estimaciones de los hombres acerca de sus salarios iniciales, y 31% inferior con relación a los salarios pico estimados.
Cambios en el sexismo Aunque estas formas de discriminación son difíciles (y por lo tanto lentas) de cambiar, hay evidencias de que en las sociedades democráticas occidentales algunas formas de discriminación sexual franca están en disminución: si bien persiste el acoso sexual en distintas formas, las naciones occidentales variaron mucho en el momento en que se otorgó a las mujeres el derecho al voto. Por ejemplo, esto ocurrió en Gran Bretaña en 1928 y en Nueva Zelanda en 1893. Suiza se retrasó hasta 1971, y en un cantón suizo, las mujeres fueron excluidas del voto en el cantón hasta hace poco en 1990. Además las sociedades aprueban cada vez más tipos de legislación antidiscriminación y (especialmente en EEUU) leyes para la acción afirmativa. Esta acción afirmativa incluye contratar de manera sistemáticas a minorías correctamente calificadas en puestos en los que históricamente estaban sobrepresentadas (p.ej. administración superior en las organizaciones, puestos importantes en el gobierno), con el objetivo de hacer que estos puestos sean más alcanzables por las minorías. Una de las características de la elección general de Gran Bretaña de 1997 fue un empuje de acción afirmativa por aumentar la representación de las mujeres en el Parlamento (cuando el gobierno de Blair asumió el cargo en mayo de 1997, el número de mujeres miembros del parlamento casi se duplicó, de 62 a 12 entre 659 escaños). La investigación en piscología social ha detectado algunos efectos de estos cambios. Por ejemplo, a comienzos de la década de los años 1970, Bartol y Butterfield (1976) observaron que los líderes femeninos de las organizaciones eran menos valorados en relación con los líderes masculinos. A comienzos de la década de los años 0, este efecto se había desvanecido, aunque Eagly cita un estudio Gallup Poll realizado en el 95 que observo que en 22 naciones ambos sexos preferían aun tener un jefe de sexo varón. A mediados de la década de los años 60, Goldberg hicieron que un grupo de estudiantes mujeres evaluaran obras escritas idénticas atribuidas a un hombre o a una mujer y observaron que las obras cuyo autor era claramente una mujer eran subvaloradas en relación con aquellas cuyo autor era claramente un hombre. Una reproducción de esta regla a fines de la década de los 80 no observó este efecto, y de hecho una revisión de 104 estudios que incluyeron 20.000 personas mostró que el hallazgo más común fue la ausencia de sesgo por sexo. Por último, no se observó discriminación sexual en un estudio de evaluaciones del desempeño en más de 600 gerentes de almacenes de ambos sexos ni en un estudio de los montos de las compensaciones de ocupaciones predominantemente masculinas y predominantemente femeninas determinados por expertos en compensaciones de empleo. Como el sexismo es ahora ilegal e inaceptable, particularmente en ciertos segmentos de la sociedad occidental, a veces puede ser difícil detectar el sexismo tradicional. Los investigadores han intentado medir los estereotipos sexuales en formas más sutiles y complejas para reflejar las formas más moderadas del sexismo. Por ejemplo, Glick y Fiske han construido un inventario de sexismo ambivalente, que diferencia entre las actitudes hostiles y benevolentes hacia las mujeres en dimensiones relacionadas con la atracción, dependencia e identidad. Los sexistas tienen actitudes benevolentes (atracción heterosexual, protección, complementariedad de roles de sexo) hacia las mujeres tradicionales (p.ej. ocupaciones en las que predominan las mujeres ‘’chicas sexis’’, amas de
desaparecido. Además cuando un grupo de racistas manifiestos se une, las reglas sociales más amplias de respeto y tolerancia se mantienen poco, y es frecuente la expresión pública de actitudes racistas. Como el racismo explícito y ostensible (los estereotipos despectivos, el otorgamiento de nombres o el etnofaulismo, el abuso, la persecución, la agresión y la discriminación) es ilegal y, por tanto, está socialmente censurado, ahora es más difícil hallarlo. La mayoría de las personas en la mayoría de los contextos no se comportan de esta forma. Sin embargo el racismo puede no sólo (o simplemente) haber pasado a ser subterráneo: puede de hecho haber cambiado en su forma. Esta idea reside en el corazón de algunas teorías del nuevo racismo o racismo moderno. Las personas aún pueden ser racistas de corazón pero de una forma diferente: pueden representar y expresar el racismo de modo diferente, tal vez más sutilmente. Esta nueva forma de racismo ha sido llamada racismo aversivo, racismo moderno, racismo simbólico, racismo regresivo y racismo ambivalente. Aunque existen diferencias entre estas teorías, todas comparten el punto de vista de que las personas experimentan un conflicto entre una antipatía emocional profunda hacia algunos exogrupos raciales y ciertos valores igualitarios modernos que ejercen presión para que todos nos comportemos de una forma no prejuiciosa. Por ejemplo, según la idea de racismo aversivo de Gearner y Dovidio, la antipatía racial profunda se expresa como un racismo manifiesto cuando los valores igualitarios son débiles. Según la idea de racismo simbólico de Sears, los sentimientos negativos hacia los negros (basados en temores raciales y estereotipos aprendidos tempranamente) se unen con valores morales contenidos en la ética protestante para justificar algunas actitudes contra los negros y así legitimar su expresión. En general, las formas modernas o sutiles de racismo reflejan el modo en que las personas resuelven la antipatía subyacente basada en la raza con una creencia de la igualdad entre los grupos. Esto se logra evitando y negando el racismo: vidas separadas, no tocar el tema de la raza, negar que uno es prejuicioso, negar la desventaja racial, y por último oponerse a la acción afirmativa u otras medidas por tratar la desventaja racial. Aunque estas ideas están enfocadas en las relaciones de raza en los EEUU se han podido aplicar al sexo y a las actitudes raciales en Europa. Detección del racismo : El desafío para la psicología social, entonces, es poder detectar el nuevo racismo. Varias escalas analizan las formas modernas y sutiles de racismo. Sin embargo, en general se requieren medidas discretas y poco notorias para detectar el racismo; de otro modo las personas pueden responder de una forma socialmente conveniente. Una forma de medir el prejuicio es en términos de la distancia social: cuán próximas, psicológica o físicamente, las personas desean estar entre sí. Por ejemplo, las actitudes racistas persisten en contextos de estrecha cercanía social (como los matrimonios), aunque pueden haber desaparecido en relaciones sociales menos próximas (como asistir a la misma escuela). En la India, las personas de un sistema de castas normalmente aceptan a una persona de una casta inferior en su casa pero jamás pensaría en casarse con una.
Otro contexto en el que el prejuicio subyacente puede emerger es cuando la conducta prejuiciosa no se ve obviamente como un prejuicio. Rogers y Prentice-Dunn hicieron que algunos colaboradores blancos o negros insultaran a participantes blancos (en Alabama), los cuales después tenían oportunidad de aplicar una descarga al mismo ayudante. Los enojados blancos aplicaban descargas mayores al ayudante negro. En otro grupo del estudio en el que no se usaba el insulto previo, los participantes daban descargas más pequeñas al ayudante negro que al blanco. El prejuicio también puede surgir inadvertidamente en la cognición relativamente automática de las personas. Por ejemplo, Duncan hizo que estudiantes blancos de California observaran en la TV lo que creían era una conversación en vivo entre un hombre negro y un hombre blanco. La conversación degeneró en una discusión en la que uno empujó suavemente al otro. Cuando el hombre blanco empujó al otro, la conducta fue interpretada como divertida: sólo el 13% de los participantes la interpretaron como violenta. Cuando el hombre negro lo hizo, el 73% interpretó la acción como violenta. Otra evidencia del prejuicio bien oculto proviene de un experimento de Gaertner y McLaughlin. A un grupo de participantes se les dieron pares de categorías sociales blanco o negro con distintos adjetivos descriptivos positivos o negativos, y tenían que decidir si los pares eran significativos o no y después informar de su decisión presionando un botón marcado como ‘’si’’ o ‘’no’’ La latencia de la respuesta es un índice de cuánto un par representa una actitud preexistente. Los resultados no muestran ninguna tendencia entre los participantes a parear las palabras negativas más firmemente con negros o blancos. Sin embargo, los participantes fueron mucho más rápidos al decidir si las palabras positivas se pareaban más significativamente con los blancos que con los negros. El principio general que subyace a este procedimiento para detectar prejuicio es el automatismo. Los estereotipos pueden ser generados automáticamente por categorización y la categorización puede surgir automáticamente de imprimaciones o improntas de categorías (p.ej, un acento, un rostro, una vestimenta). Si las improntas o categorías no son conscientes, entonces las personas pueden tener poco control sobre el estereotipo. Devine descubrió que las improntas sobre los afroamericanos (p.ej, haragán, esclavo, negro, atlético), que eran presentadas muy rápidamente como para que las personas tuvieran conciencia y pudieran comprenderlo, hacían que se interpretara un acto neutro posterior de alguien llamado ‘Donald’ en formas estereotípicamente negativas. Esto demostró que las personas tenían estereotipos negativos profundos sobre los afroamericanos. Las personas con mucho y poco prejuicio no difirieron en su susceptibilidad a la imprimación preconsciente, un resultado provocador reproducido conceptualmente por Fazio, Jackson, Dunton y Williams. Sin embargo, otra investigación demuestra que el efecto automático es más pronunciado en las personas que alcanzan puntajes altos para el prejuicio medidos en las distintas escalas de racismo. La idea de automatismo está relacionada con la idea de que las categorías y sus atributos estereotípicos están implícitamente ligadas en la memoria. Por lo tanto, el prejuicio oculto puede ser detectado por medidas discretas que ponen de manifiesto asociaciones
y Alemania la última década, que al menos parcialmente proporciona un ambiente legitimador y de apoyo a la expresión pública de actitudes racistas pasadas de moda. Un punto importante final a tener en mente es que, si bien la investigación sugiere que la discriminación manifiesta puede estar disminuyendo en muchas de las democracias occidentales, esto no significa que las consecuencias sociales de décadas o incluso siglos de racismo cambien tan rápidamente. Por ejemplo, aunque las actitudes hacia los negros han mejorado espectacularmente en los últimos 25 años, la condición física, material y espiritual de los negros en gran parte de Europa no lo ha hecho. Ageísmo (discriminación por cuestión de la edad). La existencia de estereotipos relacionados con la edad o generacionales es innegable. Todos los tenemos y podemos generar expectativas y malos entendidos que son particularmente graves en el contexto laboral. Mitchell identifica 4 estereotipos generacionales distintos que pueden ser atribuidos parcialmente a cambios reales de conducta debidos al envejecimiento, pero que también están muy influidos por diferencias de valores en el ambiente social en el que se nace y se atraviesa el desarrollo de la vida adulta temprana:
investigar de manera sistemática el ageísmo (discriminación por cuestión de la edad), y gran parte de la investigación se ha realizado en el área de la comunicación intergeneracional). Los adultos jóvenes pueden considerar a las personas mayores de 65 como gruñonas, achacosas, poco atractivas, infelices, avaras, menos eficientes, menos hábiles socialmente, que revelan demasiado de sí mismas, claramente controladas, débiles, egocéntricas, incompetentes, ásperas o hirientes, frágiles y vulnerables. Además, los jóvenes generalmente tienen poco que hacer con los ancianos, de modo que los encuentros intergeneracionales tienden a activar percepciones intergrupales más que interpersonales, lo que refuerza estereotipos negativos que conducen a evitar y minimizar el contacto intergeneracional. El ciclo continúa y los ancianos se mantienen socialmente asilados y marginados de la sociedad. Una observación interesante es que el individuo muy viejo parece estar más allá de la lente del ageísmo y, otra vez, se le otorga respeto; sin embargo, esto tal vez sea más en los medios de comunicación que en la calle. Por ejemplo, observe la cobertura de los medios de cumpleaños 100 de la Reina Madre británica en el año 2000. Discriminación contra los homosexuales. Hace 2 milenios, los romanos eran relativamente tolerantes con todas las formas de preferencia sexual, e incluso existe hoy aún una variedad sustancial entre las culturas en las actitudes hacia la preferencia sexual. Fue con el advenimiento del cristianismo que las normas sociales en relación a la conducta sexual se volvieron más restrictivas. La homosexualidad era considerada desviada e inmoral, y la persecución de los homosexuales se volvió legitima y aceptable. El prejuicio contra los homosexuales está muy difundido: por ejemplo, una antigua encuesta en los EEUU demostró que la mayoría de las personas creía que la homosexualidad era una ‘’enfermedad’’ y que debía ser prohibida, y más recientemente se observó que solo el 39% de las personas ‘’consultarían a un médico homosexual’’. Fue solo en 1973 que la American Psychiatrical Association eliminó formalmente la homosexualidad de su lista de trastornos mentales. En general, desde fines de la década de los años 1960 existe una liberalización regresiva de las actitudes hacia los homosexuales. Sin embargo, la epidemia de sida, desde mediados de la década de los 80, ha avivado las actitudes negativas en algunos sectores de la sociedad hacia los homosexuales. Contra este fondo, la liberalización continua a menudo pone de manifiesto que una homofobia profundamente atrincherada en ciertos sectores de la comunidad. Por ejemplo, el Sydney Gay and Lesbian Mardi Gras, que es la celebración pública de la homosexualidad más grande del mundo, provoca muchas veces una reacción pública feroz de algunos grupos religiosos; hay muy buena evidencia de una correlación entre prejuicio y actitudes cristianas tradicionales o fundamentalistas. Asimismo, el presidente Cliton encontró una firme oposición a su propuesta en el 93 de que los homosexuales pudieran alistarse en las Fuerzas Armadas estadounidenses, y el proyecto del año 2004 de algunos estados de apoyar el derecho de las parejas homosexuales a casarse creó una tormenta bastante grotesca de insultos e improperios en toda la nación. Discriminación por discapacidad física o mental.
sentido, las mujeres estaban ‘’mal adaptadas’’. Un proceso similar, en el que la diferencia cultural es considerada patológica por el grupo de clase media blanca dominante, ocurre con respecto a los negros y a otras minorías raciales y étnicas. Hay otro giro de la historia. El prejuicios a menudo crea condiciones brutales de existencia (pobreza, mala salud, baja autoestima, violencia, etc), que pueden producir ciertos tipos de trastorno psiquiátrico en grupos minoritarios. De esta forma, el miedo y la ignorancia acerca de las enfermedades psiquiátricas encaja en los prejuicios étnicos o raciales y puede amplificarlos.
El análisis anterior trata de algunos objetivos generales del prejuicio, y al hacerlo inevitablemente toca las diferentes formas que puede adoptar la discriminación. Un punto importante que surge es que gran parte del prejuicio se expresa en formas sutiles y a menudo ocultas: la discriminación manifiesta y descarada es ahora menos frecuente. Ya hemos descrito las formas modernas de prejuicio. Aquí hablaremos un poco más acerca de 3 tipos de conducta que no se ven de forma tan obvia como discriminación pero que, no obstante, pueden ocultar prejuicios subyacentes: la renuencia a ayudar, el tokenismo y la discriminación inversa o positiva. Renuencia a ayudar La renuencia a ayudar a otros grupos a mejorar su posición en la sociedad, al omitir pasiva o activamente la ayuda a sus esfuerzos, es una forma de asegurarse de que se mantengan en desventaja. Esta estrategia pueden usarla los individuos (los propietarios pueden rechazar alquilar el lugar a minorías étnicas), las organizaciones (las organizaciones se rehúsan a proporcionar a las nuevas madres horarios de trabajo flexibles y oportunidades de compartir del trabajo) o la sociedad como un todo (hasta recientemente, la resistencia del gobierno a legislar a favor de la licencia por embarazo). La renuencia a ayudar también puede ser un sello del racismo aversivo: la combinación de ansiedad y antipatía racial, combinada con la idea de que la magnitud de la desventaja esta sobreafirmada, estimula a las personas a no ofrecer ayuda. Algunos estudios muestran que la renuencia puede atribuirse a algún factor distinto del prejuicio. El experimente de Gaertner y Dovidio, descrito antes en este capítulo, es una ilustración de la renuencia a ayudar. Los participantes blancos se rehusaron más a ayudar a un colaborador negro que a uno blanco ante una emergencia, pero sólo cuando creían que había otros participantes que pudieran ayudar. Tokenismo El tokenismo es un acto positivo relativamente pequeño o trivial, una señal, hacia los miembros de un grupo minoritario. La acción es invocada entonces en repudio de las acusaciones del prejuicio y como una justificación por rehusarse a participantes en actos
positivos más grandes y más significativos o por participar posteriormente en la discriminación (‘’No me moleste ¿no he hecho lo suficiente?’’). Por ejemplo, estudios de Dutton y Lake, y Rosefield y cols. Observaron que participantes blancos que habían realizado un pequeño favor a un extraño negro luego tenían menos voluntad de participar en formas más esforzadas de ayuda que aquellos que no habían realizado el pequeño favor. Este efecto se acentuó cuando la acción de señal (el pequeño favor) activaba estereotipos negativos sobre negros: por ejemplo, cuando el favor involucraba dar dinero a un mendigo negro. El tokenismo puede ser usado por las organizaciones y la sociedad en su totalidad. En los EEUU se ha criticado el uso del tokenismo por parte de algunas organizaciones (como una ‘’señal de buena voluntad’’) al emplear minorías (p. ej. Afroamericanos, latinos) que luego no dan esos más fundamentales e importantes hacia la igualdad de oportunidades. Estas organizaciones pueden emplear a las minorías como una señal para ayudar a desviar las acusaciones de prejuicio. El tokenismo en este nivel puede tener consecuencias nocivas para la autoestima en aquellos miembros de las minorías que son empleados. Discriminación inversa o positiva. Una forma más extrema de tokenismo es la discriminación inversa o positiva. Las personas con actitudes prejuiciosas residuales a veces pueden favorecer a miembros de un grupo en contra de los cuales sienten prejuicios más que a los miembros de otros grupos. Por ejemplo, Chidester hizo que estudiantes blancos participaran en una conversación amistosa a través de un equipo de audio con otro estudiante, quien era claramente o negro o blanco. Los estudiantes blancos sistemáticamente evaluaban a los extraños negros más favorablemente que a los extraños blancos. Hallazgos similares surgieron del estudio de Dutton y Lake citado antes. (véase la primera pregunta introductoria) Como la discriminación inversa favorece a un miembro de un grupo minoritario, puede tener efectos beneficiosos a corto plazo. Sin embargo, a largo plazo puede tener algunas consecuencias nocivas para sus receptores, y hasta ahora no existe ninguna prueba de que la discriminación inversa produzca abolición de los prejuicios profundos del discriminador. La discriminación inversa es una forma eficaz de ocultar los prejuicios, pero también puede reflejar ambivalencia, el deseo de parecer igualitario, o sentimientos genuinos de admiración y respeto. Para el investigador el reto es saber cuándo la conducta diferente para favorecer a una minoría es la discriminación inversa o es realmente un intento genuino de rectificar el demérito (p. ej., acción afirmativa; véase la segunda pregunta introductoria).
Los efectos del prejuicio sobre las víctimas del prejuicio son diversos, y varían desde una inconveniencia relativamente menor hasta un enorme sufrimiento. En general, el prejuicio es nocivo porque estigmatiza a los grupos y a las personas que pertenecen a esos grupos. Allport identificó más de 15 consecuencias posibles para la víctima de un prejuicio. Examinemos algunas de ellas.
deben asegurarse de que el estigma sigue en su sitio, porque sirve como justificación del sistema: justifica el status quo. Las personas pueden necesitar estigmatizar a los grupos que tienen opiniones del mundo diferentes de las propias, porque si no desgradaran ni desacreditaran a los exogrupos de esta forma, entonces el frágil sentido de seguridad de la vida y su control sobre ella que obtienen de su propia opinión del mundo se verían alterados. Por último, Kurzban y Leary proporcionan un relato evolutivo del estigma. Sostienen que la estigmatización es el resultado de un proceso cognitivo de adaptación diseñado para ayudarnos a evitar malos compañeros de intercambio social que puedan amenazar nuestro acceso a los recursos o que; en virtud de ser diferentes pueden acarrear patógenos transmisibles. Autoestima y bienestar psicológico. Los grupos estigmatizados, por definición, son devaluados en la sociedad y por ella. Son grupos que tienen un estatus relativamente bajo y poco poder en la sociedad, y que entran difícil evitar la imagen negativa consensuada de la sociedad. Por ejemplo, los afroamericanos mayores de 14 años están conscientes de que otros tienen imágenes negativas de ellos, al igual que los estadounidenses de origen mexicano, los homosexuales y muchas mujeres. Los miembros de grupos estigmatizados suelen internalizar estas evaluaciones y pueden formar una autoimagen desfavorable, que puede manifestarse en contextos relevantes como una baja autoestima. Por ejemplo, la investigación pone de manifiesto que las mujeres generalmente comparten los estereotipos negativos femeninos de los hombres, a menudo se evalúan en términos de estos estereotipos, y en circunstancias en las que el sexo es la base predominante de autopercepción de hecho informan una reducción de la autoestima. Sin embargo, los grupos y sus miembros son ingeniosos para hallar formas de combatir el estatus bajo y la baja consideración consensuada, de modo que una discriminación de la autoestima de ninguna forma es una consecuencia inevitable del prejuicio. Si bien algunos individuos estigmatizados son vulnerables a la baja autoestima, a la disminución de la satisfacción por la vida y, en algunos casos, a la depresión, la mayoría de los miembros de los grupos estigmatizados pueden soportar las agresiones y mantener una autoimagen positiva. Diariamente la autoestima puede ser atacada por el prejuicio. La experiencia puede variar desde epítetos raciales hirientes y ataques físicos hasta sutilezas como ser ignorado por un vendedor en un negocio o ser servicio ultimo de un bar. Cose describe el caso de un socio afroamericano de una firma legal al que se le negó el acceso a su oficina porque un abogado joven blanco que no lo conocía asumió que porque él era negro estaba fraguando algún delito. Sin embargo, existen pruebas de que formas más sutiles de prejuicio también pueden dañar la autoestima. Por ejemplo Chako les pidió a gerentes mujeres que evaluaran la medida en la que algunos factores (su capacidad, su experiencia, su educación o su sexo) habían influido en conseguir el trabajo. También debían informar su compromiso con la organización y su satisfacción con distintos aspectos de la tarea. Aquellas que sentían que
habían sido contratadas sólo como ‘’señales de buena voluntad’’ informaron menos compromiso con la organización y satisfacción con el trabajo que las que sentían que habían sido contratadas por su capacidad (véase figura 10.7). Ésta es una forma en la que el tokenismo tiene consecuencias negativas. La discriminación inversa también puede afectar a la autoestima. Fajardo les pidió a maestros blancos que evaluaran ensayos como de calidad mala, promedio o excelente y que los atribuyeran a un estudiante negro o blanco. Los maestros evaluaban ensayos idénticos más favorablemente cuando se atribuían a estudiantes negros que a estudiantes blancos (véase figura 10.8). Más aún, el efecto de discriminación inversa fue más pronunciado en los ensayos de calidad promedio. A corto plazo, esta práctica puede aportar autoconfianza a los estudiantes de la minoría. Sin embargo, a largo plazo algunos estudiantes desarrollarán opiniones poco realistas de sus capacidades y perspectivas futuras, lo que produce un daño enorme en su autoestima cuando estas esperanzas chocan con la realidad. La discriminación inversa también puede evitar que los estudiantes busquen ayuda que a veces necesitan al comienzo de sus carreras académicas, con la probable consecuencia de contribuir a una desventaja educativa. En reacción con esto, la política de acción afirmativa puede tener el efecto no intencionado de provocar una reacción negativa en los miembros de grupos que tradicionalmente están en ventaja. Estos grupos pueden experimentar una sensación de injusticia y privación relativa, que provoca una conducta ideada para restablecer la equidad o reafirmar el estatus superior de su grupo. Esto puede impactar sobre minorías en gormas que finalmente afectan a su autoestima. Amenaza del estereotipo. Como los grupos estigmatizados conocen exactamente los estereotipos negativos que los otros tienen de ellos, experimentan lo que Steele y Aronson han denominado amenaza del estereotipo (riesgo de que se confirme el estereotipo). Los individuos estigmatizados son conscientes de que otros pueden juzgarlos y tratarlos en forma estereotípica y así, en tareas que realmente les importan, se preocupan de que a través de su conducta puedan confirmar los estereotipos: que su conducta se convierta en una profecía autocumplida. Estas preocupaciones no solo aumentan la ansiedad, sino que también pueden deteriorar el desempeño en la tarea. Por ejemplo, un antillano, ciudadano británico y con ambiciones académicas, consciente del estereotipo de inferioridad intelectual, puede estar extremadamente ansioso al responder a una pregunta en clase: se podría preocupar de que el más mínimo error fuera interpretado como un estereotipo. Esta ansiedad puede de hecho impactar adversamente en su conducta. Según Steele, Spencer y Aronson, la amenaza del estereotipo es máxima cuando existen señales de que el contexto está dominado por una visión cultural del mundo que difiere de la de nuestro propio grupo. Para evaluar la hipótesis de la amenaza del estereotipo, Steele y Aronson pidieron a un grupo de estudiantes negros y blancos que se imaginaran una prueba ‘’muy difícil’’ que fue definida como ‘’un diagnóstico de la capacidad intelectual’’ o solo como ‘’un ejercicio de laboratorio’’. Luego completaron varias pruebas diseñadas para evaluar la conciencia de los estereotipos raciales; por ejemplo, completaron fragmentos de oraciones ambiguas como _____ZA o _____ ERIOR. Como se había predicho, los estudiantes negros que anticipaban