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Asignatura: Introduccio al Dret, Profesor: , Carrera: Relacions Laborals, Universidad: UPF
Tipo: Apuntes
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LA DEMOCRACIA
Traducción de Fernando Vallespín
CAPÍTULO IV
Todos tenemos fines que no podemos conseguir por noso tros mismos. Pero algunos de ellos los podemos alcanzar coo perando con otros que comparten fines similares. Supongamos, entonces, que para alcanzar determinados objetivos comunes, algunos cientos de personas acuerdan constituir una asociación. Podemos dejar de lado cuáles sean los fines concretos de la asociación para centrarnos estricta mente en la cuestión que lleva el título de este capítulo: ¿Qué es la democracia? En la primera reunión, sigamos suponiendo, algunos miem bros sugieren que su asociación necesita una constitución. Su postura es recibida favorablemente. Al suponerse que al guien posee alguna habilidad en estas cuestiones, un miem bro propone que dicha persona sea invitada a elaborar una constitución, que luego presentará en una reunión posterior para ser sometida a la consideración de otros miembros. Esta propuesta es adoptada por aclamación. Al aceptar esta tarea, la persona encargada de elaborar la constitución puede decir algo similar a lo que sigue: "Creo que comprendo los fines que compartimos, pero no sé cómo hemos de proceder a la hora de adoptar nuestras de cisiones. Por ejemplo, ¿queremos una constitución que con fie a algunos de los más capaces y mejor informados de entre nosotros la autoridad de adoptar todas nuestras decisiones más importantes? Este arreglo no sólo puede asegurar deci
....'
LA DEMOCRACIA^ ROBERT^ A.^ DAHL
Igualdad de voto. Cuando llegue el momento en el que sea adoptada finalmente la decisión sobre la política, todo miembro debe tener una igual y efectiva oportunidad de vo tar, y todos los votos deben contarse como iguales. Comprensión ilustrada. Dentro de límites razonables en lo relativo al tiempo, todo miembro debe tener oportunidades iguales y efectivas para instruirse sobre las políticas alternati vas relevantes y sus consecuencias posibles.
CUADRO 4 ¿QuÉ ES LA DEMOCRACIA?
LA DEMOCRACIA OFRECE OPORTUNIDADES PARA:
l. Participación efectiva
Control de la agenda. Los miembros deben tener la oportu nidad exclusiva de decidir cómo y, si así lo eligen, qué asun tos deben ser incorporados a la agenda. De esta forma, el proceso democrático exigido por los tres criterios preceden tes no se cierra nunca. Las políticas de la asociación están siempre abiertas a cambios introducidos por sus miembros, si éstos así lo deciden. Inclusión de los adultos. Todos o, al menos, la mayoría de los adultos que son residentes permanentes, deben tener los plenos derechos de ciudadanía que están implícitos en los cuatro criterios anteriores. Antes del siglo xx este criterio era inaceptable para la mayoría de los defensores de la democra cia. Para justificarlo habremos de examinar por qué debemos tratar a los otros como a nuestros iguales políticos. Después de haber explorado esta cuestión en los capítulos VI y VII, volveré al criterio de la inclusión. Entre tanto, podremos preguntarnos si los cuatro prime ros criterios no son más que meras selecciones arbitrarias de
entre muchas posibilidades. ¿Tenemos buenas razones para adoptar estos criterios en particular para estar en presencia de un proceso democrático?
¿POR QUÉ ESTOS CRITERIOS?
La respuesta breve es simplemente ésta: cada uno de ellos es necesario si los miembros de la comunidad (con indepen dencia de cuál sea su número) han de ser iguales política mente a la hora de determinar las políticas de la asociación. Por decirlo con otras palabras, desde el momento en que se incumple cualquiera de estos requisitos, los miembros no se rán iguales políticamente. Por ejemplo, si a algunos miembros se les dan mayores oportunidades que a otros para expresar sus puntos de vista, sus políticas tendrán mayores posibilidades de prevalecer. En el caso extremo, al reducir oportunidades para discutir las propuestas de la agenda, una exigua minoría de los miembros puede, en efecto, determinar las políticas de la asociación. El criterio de la participación efectiva está destinado a evitar este resultado. 0, supongamos que los votos de los distintos miembros se cuentan de forma desigual. Imaginemos, por ejemplo, que se atribuye a los votos un peso distinto en función de la canti dad de propiedades de cada miembro, y que hay grandes di ferencias entre ellos en las propiedades que poseen. Si cree mos que todos los miembros están igual de bien cualificados para participar en las decisiones de la asociación, ¿por qué han de contar bastante más los votos de unos que los de otros? Aunque los primeros dos criterios parecen casi evidentes en sí mismos, podría ponerse en cuestión que sea necesario o apropiado el criterio de la comprensión ilustrada. Si los miem bros están igualmente cualificados, ¿por qué pensamos que es necesario este criterio? Y si los miembros no están igualmente cualificados, ¿por qué diseñar entonces una constitución bajo el presupuesto de que sí lo están?
, ; LA DEMOCRACIA (^) J ROBERT A. DAHL
Sin embargo, como dijera el Hablante Principal, el princi pio de la igualdad política presupone la idea de que todos los miembros están igual de bien cualificados para participar en las decisiones siempre que tengan adecuadas oportunidades de instruirse sobre las cuestiones relativas a la asociación me diante la indagación, discusión y deliberación. El tercer cri terio está dirigido a asegurar que cada miembro posee estas oportunidades. Su núcleo fue establecido en el año 431 a.e. por Pericles, el líder ateniense, en una famosa oración que conmemoraba a los muertos de la ciudad en la guerra: "Nues tros ciudadanos corrientes, si bien dedicados a otras activida des, entienden no menos de los asuntos públicos ... y en vez de considerar la deliberación como un perjuicio para la ac ción, la consideramos como un preliminar antes de pasar de hecho a ejecutar lo que es preciso" l. Puede parecer suficiente con adoptar los tres primeros criterios en su conjunto. Pero supongamos que unos pocos miembros se oponen secretamente a la idea de que todos de ban ser tratados como iguales políticamente en el gobierno de los asuntos de la asociación. En realidad dicen que los in tereses de los grandes propietarios son más importantes que los intereses de los otros. Aunque, arguyen, lo mejor sería que se dotara a los votos de los grandes propietarios de un peso superior que les permitiera ganar siempre, esto parece estar fuera de lugar. Lo que se precisa, en consecuencia, es una provisión que les permita prevalecer con independencia de lo que una mayoría de miembros pueda adoptar en una votación libre y equitativa. Valiéndose de una solución ingeniosa, proponen una constitución que satisfaga adecuadamente los tres primeros criterios y que en ese sentido pareciera ser plenamente de mocrática. Pero para anular dichos criterios proponen el re quisito de que en las asambleas generales los miembros sólo puedan discutir y votar sobre asuntos que han sido previa mente introducidos en la agenda por parte de un comité eje cutivo; y la pertenencia a dicho comité ejecutivo se reduce sólo a los grandes propietarios. Al controlar la agenda, esta minúscula camarilla puede estar bastante segura de que la
'"'}" (^) asociación no actuará nunca en contra de sus intereses, por que jamás autorizará que se avance ninguna propuesta que pueda hacerlo. Tras una reflexión, nuestro constituyente rechaza su pro puesta, porque viola el principio de la igualdad política que le han encargado mantener. Por el contrario, se inclinará a buscar arreglos constitucionales que satisfagan el cuarto cri terio y aseguren así que el control final recaiga en los miem bros como un todo. Para que los miembros sean iguales políticos en el gobier no de los asuntos de la asociación deben satisfacerse, pues, todos y cada uno de los cuatro criterios. Hemos descubierto, parece, los criterios que deben cumplirse por una asociación si ha de gobernarse por un proceso democrático.
ALGUNAS CUESTIONES CRUCIALES
¿Hemos contestado ya a la pregunta sobre "qué es la de mocracia"? ¡Como si esta pregunta tuviera una respuesta tan sencilla! A pesar de que la respuesta que acabo de ofrecer constituye un buen punto de partida, sugiere muchas más preguntas. Por empezar, aun cuando los criterios se pudieran aplicar provechosamente al gobierno de una muy pequeña asocia ción voluntaria, ¿son realmente aplicables al gobierno de un Estado?
Palalffas solffe palalffas
Dado que el término Estado se usa a menudo de forma im precisa y ambigua, permítanme decir brevemente lo que entiendo por tal. Por l!.stado entiendo un tipo muy espe cial de asociación que se distingue por la extensión en la que -entre todos aquellos sobre los que reivindica su ju risdicción- puede asegurar la obediencia de sus reglas por medio de sus superiores medios de coerción. Cuando la gente habla del "gobierno", generalmente hace refe
LA DEMOCRACIA
prácticas e instituciones políticas que requieren no es, desde luego, una tarea sencilla. Para hacerlo hemos de ir directa mente a las realidades políticas efectivas, donde nuestras elecciones precisarán de innumerables juicios teóricos y prácticos. Entre otras dificultades, cuando tratamos de apli car varios criterios -en este caso, cuatro al menos-, proba blemente descubriremos que a veces unos entran en conflic to con otros, y habremos de saber enjuiciar transacciones alternativas sobre valores en conflicto. Esto lo descubriremos en nuestro análisis de las constituciones democráticas en el capítulo X. Finalmente, una cuestión más importante todavía: los puntos de vista del Hablante Principal fueron aceptados, pa rece, sin que nadie los desafiara. Pero ¿por qué habrían de serlo? ¿Por qué deberíamos creer que la democracia es desea ble, particularmente en el gobierno de una asociación tan importante como el Estado? Y si la conveniencia de la demo cracia presupone la conveniencia de la igualdad política, ¿por qué habríamos de creer en algo que, bien mirado, pare ce bastante ridículo? Pero, si no creemos en la igualdad polí tica, ¿cómo podemos apoyar la democracia? Si, por el con tra rio, creemos en la igualdad política entre los ciudadanos de un Estado, ¿no nos exigiría esto que adoptáramos algo pare cido al quin to criterio -la ciudadanía inclusiva? Ahora nos ocuparemos de estas inquietantes cuestiones.
CAPÍTULO V
¿ POR QUÉ LA DEMOCRACIA?
¿Por qué hemos de apoyar la democracia? Más específica mente, ¿por qué hemos de apoyar la democracia en el go bierno del Estado? El Estado, recuerde, es una asociación única cuyo gobierno posee una extraordinaria capacidad para obtener la obediencia de sus reglas mediante (entre otros medios) la fuerza, la coerción y la violencia. ¿Hayalgu na forma mejor de gobernar el Estado? ¿Sería mejor un siste ma de gobierno no democrático?
Palabras sobre palabras
A lo largo de este capítulo utilizaré el término democracia de modo impreciso para referirme a gobiernos reales, no ideales, que satisfacen los criterios establecidos en el últi mo capítulo en una extensión significativa, pero en abso luto plena. Algunas veces me valdré también de gobierno popular como un término comprehensivo que no sólo in cluye los sistemas democráticos del siglo xx, sino también sistemas que son asimismo democráticos en otros aspec tos, pero en los que una parte sustancial de la población adulta es excluida del sufragio o de otras formas de parti cipación política.
Hasta el siglo xx la mayor parte del mundo proclamaba la superioridad de los sistemas no democráticos, tanto en la teo
LA DEMOCRACIA ROBERT^ A.^ DAHL ...~.
ría como en la práctica. Hasta muy recientemente, una ma yoría preponderante de seres humanos -todos, en algunas épocas- han estado sometidos a gobernantes no democráti cos. y los líderes de los regímenes no democráticos general mente han tratado de justificar su dominación invocando la antigua y persistente pretensión de que la mayoría de las per sonas simplemente no son competentes para participar en el gobierno del Estado. La mayoría de las personas saldría ga nando, según este argumento, si se limitaran a confiar la com plicada tarea del gobierno a aquellos que son más sabios que ellos -como mucho a una minoría, quizá a una única perso na-o En la práctica, estas racionalizaciones nunca resulta ron ser del todo eficaces, así que, cuando no bastaron los ar gumentos, se recurrió a la coerción. La mayoría de la gente nunca consintió en ser gobernada por quienes se pretendían sus superiores; fue forzada a serlo. Esta concepción y práctica más antigua de ninguna manera ha desaparecido, ni siquiera en nuestros días. De una u otra forma, la disputa sobre el go bierno de "uno, unos pocos, o muchos" está aún con nosotros.
CUADRO 5 ¿POR QUÉ LA DEMOCRACIA?
LA DEMOCRACL\ PRODUCE CONSECUENCIAS DESEABLES: l. Evita la tiranía
ADEMÁS, L\ DEMOCRACL\ MODERNA PRODLCE
A la vista de toda esta historia, ¿por qué deberíamos creer que la democracia es una mejor forma de gobierno del Esta
1! do^ que^ cualquier^ alternativa^ no^ democrática?^ Permítanme aportar las razones. En comparación con cualquier alternativa factible, la de mocracia posee al menos diez ventajas (cuadro 5).
l. La democracia ayuda a evitar el gobierno de autócratas crueles y depravados
El problema quizá más persistente y fundamental de la polí tica es el de evitar el gobierno autocrático. Durante toda la his toria conocida, incluyendo nuestra propia época, los líderes guiados por megalomanía, paranoia, interés propio, ideolo gía, nacionalismo, creencias religiosas, convicciones de supe rioridad innata, o puro impulso y sentimiento, han explotado las excepcionales capacidades del Estado para la coerción y la violencia con el objetivo de ponerlas al servicio de sus propios fines. Los costes humanos del gobierno despótico rivalizan con los de la enfermedad, la hambruna y la guerra. Veamos unos cuantos ejemplos del siglo xx. B.yo el gobier no deJosé Stalin en la Unión Soviética (1929-1953), muchos millones de personas fueron encarceladas por razones políti cas, a menudo por el miedo paranoico de Stalin a conspira ciones en su contra. Se estima que veinte millones de personas murieron en campos de trabajo, fueron ejecutadas por razo nes políticas o perecieron durante la hambruna (1932-33) que se prodlYo cuando Stalin obligó a los campesinos a incor porarse a granjas de propiedad estatal. Aunque otros veinte millones de víctimas del gobierno de Stalin consiguieran so brevivir, tuvieron que soportar crueles sufrimientosl^. O tome mos el caso de Adolfo Hitler, el dirigente autocrático de la Alemania nazi (1933-1945). Sin con tar las decenas de millones de bajas militares y civiles producto de la II Guerra Mundial, Hitler fue responsable directo de la muerte de seis millones de judíos en campos de concentración, así como de numerosos oponentes, polacos, gitanos, homosexuales y miembros de otros grupos sociales que se propuso exterminar. Bajo ellide razgo despótico de PoI Pot en Camboya (1975-1979), losJe meres Rojos asesinaron a un cuarto de la población de su
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ROBERl A. DAHL LA DEMOCR"CIA
de las instituciones políticas democráticas, la democracia es también intrínsecamente un sistema de derechos. Los dere élros seerícuentran erltre los pilares esenciales de un proceso 'de gobierno democrático. Consideremos por un momento los criterios democráticos descritos en el último capítulo. ¿No es evidente que para satis facer esos crierios un sistema político habría de asegurar ne cesariamente a sus ciudadanos algunos derechos? Tomemos la participad ln efectiva: para satisfacer ese criterio, ¿no debe rían poseer sus ciudadanos necesariamente un derecho a parti cipar y un derecho a expresar sus puntos de vista sobre asuntos políticos, a escuchar lo que otros ciudadanos tengan que de cir, a discutir asuntos políticos con otros ciudadanos? O ten gamos en cuenta lo que exige el criterio de la igualdad de voto: los ciudadanos deben tener derecho a votar ya que sus vo tos cuenten equitativamente. Yasí con otros criterios demo cráticos: claramente, los ciudadanos deben tener un derecho a investigar las alternativas, un derecho a participar a la hora de decidir cómo y qué debe ir en la agenda, etcétera. Por definición, ningún sistema no democrático otorga a sus ciudadanos (o súbditos) este amplio elenco de derechos políticos. Si algún sistema político lo hiciera, ¡se convertiría, por definición, en un sistema democrático! Con todo, la diferencia no es una mera cuestión de defi niciones. Para satisfacer las exigencias de la democracia, los de rechos que le son inherentes deben estar efectivamente a dis posición de sus ciudadanos. No basta con prometer derechos democráticos en textos escritos, en la ley, o incluso en un docu mento constitucional. Ipsderechos deben hacerse verdadera ~ ~n tt:<:~~~_?-s'y.~.,,~,f~E!!.~'l.IPente (il:lisp?sici?,n ~e, l?s, ci ud.a ,!¡ ?~,,.l,~J~~á.ctica.~hio 10 están, entonces"éh;istémá pótitico
. fió e~ni' estos efectos, democrático, con independencia de lo que el gobernante pretenda; los adornos de "democracia" son una mera fachada para un gobierno no democrático. Ante la atracción de las ideas democráticas, en el siglo xx los gobernantes despóticos han encubierto muchas veces su dominio bajo un espectáculo de "democracia" y "eleccio nes". Imaginemos, sin embargo, que en tal país los ciudada
nos llegan a conseguir disponer de alguna forma, por hablar con realismo, de todos los derechos necesarios para la demo cracia. El país ha hecho entonces una transición a la demo ¡Ji cracia^ -como^ ha^ ocurrido^ con^ gran^ frecuencia a lo largo^ de la segunda mitad del siglo xx. Llegados a este punto, podría objetarse que la libertad de palabra, digamos, no existirá simplemente por el mero he cho de ser una parte de la definición misma de democracia. ¿A quién le importan las definiciones? Seguramente diría mos que la conexión debe estar en algo que se encuentra más allá de la definición. Y, desde luego, estaríamos en lo cierto. L(is instituciones que otorgan y protegen los derechos y oportunidades democráticos básicos son necesarias para la démocracia: no simplemente como una condición lógica mente necesaria, sino como una condición empíricamente necesaria para que exista la democracia. _. Aun así podríamos preguntarnos, ¿acaso no estamos aquí ante pura teoría, abstracciones, ante el juego de teóricos, fi lósofos y otros intelectuales? Sin duda, podríamos añadir, se ría demencial pensar que el apoyo de unos cuantos filósofos
taríamos en lo cierto. En la parte IV examinaremos algunas de las condiciones que aumentan las posibilidades de que la democracia sea mantenida. Entre ellas está la existencia de una amplia presencia de los valores democráticos entre los ciudadanos y líderes políticos, incluidos los relativos a los de rechos y oportunidades necesarios para la democracia. Mortunadamente, la necesidad de estos derechos yopor tunidades no es algo tan ininteligible como para que no pue da ser comprendido por los ciudadanos corrientes y sus líde res políticos. Para los estadounidenses totalmente corrientes de finales del siglo XVIII, por ejemplo, era bastante obvio que no podían tener una república democrática sin libertad de expresión. Una de las primeras decisiones de Tomás Jeffer Son después de haber accedido a la presidencia en 1800 fue la de abolir la infamante Ley de Extranjería y Sedición, apro bada bajo su antecesor,John Adams, que hubiera sofocado la expresión política. Al hacerlo,Jefferson no sólo respondía a
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I
lA DEMOCRACIA
sus propias convicciones, sino también, según parece, a las opiniones ampliamente sostenidas por los estadounidenses corrientes de su tiempo. Si muchos ciudadanos son incapa ces de comprender que la democracia cxige ciertos derechos fundamentales, o si dejan de apoyar a las instituciones políti cas, administrativas y judiciales quc protegen esos derechos, la democracia está en peligro. Afortunadamente, este peligro disminuye bastante gra cias a una tercera virtud de los sistemas democráticos.
3. La democracia asegura a sus ciudadanos un mayor ámbito de libertad personal que cualquier alternativafactible a la misma
Además dc todos los derechos, libertades y oportunida des que son estrictamente necesarios para que un gobierno sea democrático, los ciudadanos de una democracia tienen la seguridad de gozar de una colección de libertades aún más extensa. Una opinión sobre la conveniencia de la demo cracia no puede existir con independencia de otras convic cioncs. En este conjunto se incluye la idea de que la libertad de expresión, por ejemplo, es deseable en sí misma. En el universo de los valores o bienes, la democracia ocupa un pa pel crucial. Pero no es el único bien. Como todos los demás derechos esenciales para el proceso democrático, la libertad de expresión posee su propio valor, porque es instrumental para la autonomía moral, eljuicio moral y la vida buena. Aún más, la democracia no. sobreviviría durante mucho
ym<l::!..~~~~~_~a ~iiEur~política de apoyo, una cultura gene
relación entre un sistema democrático de gobierno y la cul tura democrática que lo sustenta es compleja, y volveremos sobre este punto en el capítulo XII. Baste con decir aquí, que una cultura democrática con casi total seguridad subrayará el valor de la libertad personal, y así dotará de apoyo a dere chos y libertades adicionales. Lo que Pericles, el gran hom bre de Estado grie~o dijera de la democracia ateniense en el 431 a.c., puede i~ualmenteaplicarse a la democracia moder
ROBERT A. D.AHL
na: "L~libe.E!~cL~~.que disfrutamos en nuestrogobie.~Ilo_se l' extiende~.-._- también.ªnúestra. ... ... vida..... coiTiente'C)·. " ..... Indudablemente, la aseveración de que el Estado demo crático confiere una libertad más amplia que cualquier otra alternativa factible siempre se podría desafiar por quien creye ra que todos alcanzaríamos una mayor libertad si el Estado ,t. fuera^ abolido^ en^ su totalidad: la^ audaz^ pretensión^ de^ los anar quistas 5. Pero si tratamos de imaginar un mundo sin ningún Estado en absoluto, donde cada persona respetara los dere ¡.¡ chos fundamentales de todas las demás personas y todas las
~ (^) cuestiones que exigieran una decisión colectiva se adoptaran
';~; pacíficamente^ mediante^ acuerdo^ unánime,^ seguramente^ con ~':~ ': cluiríamos,^ como^ la^ mayoría^ de^ las personas,^ que^ eso es impo sible. La coerción sobre alguna" personas por parte de otras personas, grupos u organizaciones, sería demasiado proba ble: por ejemplo, por personas, grupos u organizaciones que trataran de robar a otra" los frutos de su trabajo, de esclavizar o dominar a los más débiles, de imponer su dominación sobre "~ '';. otros o, sin abolición^ del^ Estado^ produciría^ una^ insoportable ,~,: violencia y desorden -la "anarquía" en su sentido popular !~:.:'. un^ buen^ Estado sería^ entonces^ superior^ al mal Estado^ que probablemente emanaría desde los cimientos de la anarquía. .! (^) Si rechazamos el anarquismo y suponemos la necesidad
.¡ti· (^) rá entonces un mayor grado de libertad que cualquier otro. '~ ti
J^ T~ .4It;.::^ 4.^ La^ democracia^ ayuda^ a las personas a proteger sus propios ~ interesesfundamentales Todos, o casi todos, deseamos ciertos bienes: sobrevivir, estar protegidos, alimentos, salud, amor, respeto, seguridad, f.unilia, amigos, trabajo satisfactorio, ocio, Yotros. La pauta espe cífica dc los deseos de una persona seguramente se diferencia rá de la que gobierna a otra. La mayoría de las personas desean ejercitar algún control sobre los factores que condicionan, par cial o completamente, la satisfacción de sus deseos-alguna li bertad de elección, una oportunidad de conformar su vida de acuerdo a sus propios fines, preferencias, gustos, valores, com
LA DEMOCRACIA
Como habrán observado, estos criterios son parte del proceso democrático ideal descrito en el capítulo anterior. Aunque ese proceso no puede garantizar que todos los miembros vayan a vivir estrictamente bajo leyes que sean el producto de su propia elección, sí sirve para expandir la au todeterminación hasta sus máximos límites posibles. Aun cuando alguien se encontrara entre los miembros que que dan en minoría, cuya opción escogida es rechazada por la mayoría de sus conciudadanos, decidiría, a pesar de todo, que el proceso es más equitativo que cualquier otro que ra zonablemente pudiera esperar alcanzar. Al elegir vivir libre mente bajo una constitución democrática más que bajo una alternativa no democrática, está ejercitando su libertad de autodeterminación.
6. Solamente un gobierno democrático puede proporcionar una oportunidad máxima para ejercitar la responsabilidad moral
¿Qué significa decir que se ejercita la responsabilidad moral? Significa, creo, que se adoptan los principios morales y sólo se toman decisiones en función de esos principios des pués de haber entrado en un profundo proceso de reflexión, deliberación, escrutinio y consideración de las posibles alter nativas y de sus consecuencias. Ser moralmente responsable equivale a ser autónomo en el ámbito de las elecciones mo ralmente relevantes. Esto crea una exigencia que la mayoría de nosotros no so mos capaces de satisfacer la mayor parte de las veces. Aun así, el margen de nuestra responsabilidad moral está tan limita do como nuestra oportunidad de vivir bajo leyes elegidas por
ROBERT A. DARL
nosotros mismos. ¿Cómo podemos ser responsables de deci siones que no podemos controlar? Si no podemos influir en la conducta de los cargos del gobierno, ¿cómo podemos res ponsabilizarnos de sus actos? Si estamos sujetos a decisiones colectivas, como ciertamente estamos, y si el proceso demo crático maximiza nuestra oportunidad de vivir bajo leyes pro ducto de nuestra propia elección, entonces -en una exten sión inalcanzable por ninguna alternativa no democrática aquél nos faculta también para actuar como personas moral mente responsables.
7. La democracia promueve el desarrollo humano más plenamente que cualquier alternativafactible
Esta es una pretensión atrevida y considerablemente más controvertida que cualquiera de las otras. Es, como se obser vará, una aseveración empírica, una pretensión sobre he chos. En principio, deberíamos ser capaces de poner a prue ba esta pretensión al diseñar una adecuada forma de medir el "desarrollo humano" y comparar el desarrollo humano en tre personas que viven en regímenes democráticos y no de mocráticos. Pero esta labor es de una dificultad asombrosa. Por tanto, aunque la evidencia que existe apoya la proposi ción que presentamos, probablemente deberíamos contem plarla como una aseveración que es altamente plausible, pero no probada. Prácticamente todo el mundo tiene una visión de las cua lidades humanas que son adecuadas e inadecuadas, cualida des que deberían ser desarrolladas si son convenientes y evi tadas si son indeseables. Entre las cualidades deseables que la mayoría de nosotros desearía promover están la honestidad, la equidad, el valor y el amor. Muchos de nosotros pensamos también que las personas adultas plenamente desarrolladas deben poseer la capacidad de valerse por sí mismas, de ac tuar en defensa de sus intereses sin tener que contar con otros para hacerlo. Es deseable, pensamos muchos de noso tros, que los adultos actúen responsablemente, que ponde ren los cursos de acción alternativos lo mejor que puedan,
LA DEMOCRACIA
consideren las consecuencias, y todo ello teniendo en cuenta los derechos y obligaciones de otros además de los suyos pro pios. Y deberian poseer la habilidad de entrar con otros en discusiones libres y abiertas sobre los problemas que han de afrontar conjuntamente. La mayoría de los seres humanos poseen al nacer la poten cialidad de desarrollar estas cualidades. El que de hecho las desarrollen y cómo lo hagan depende de muchas circunstan cias, entre las cuales se encuentra la naturaleza del sistema político en el que vivan. Sólo los sistemas políticos democráti cos proporcionan las condiciones bajo las que pueden desa rrollarse plenamente las condiciones que he mencionado. Todos los demás regímenes reducen, a menudo drásticamen te, el margen dentro del cual los adultos pueden proteger sus propios intereses, considerar los intereses de otros, asumir la responsabilidad por decisiones importantes, y comprometer se libremente con otros en la búsqueda de la mejor decisión. Un gobierno democrático no constituye una condición sufi ciente para asegurar que las personas vayan a desarrollar es tas cualidades, pero es esencial para ello.
8. Sólo un gobierno democrático puedefomentar un grado relativamente alto de igualdad política
Una de las razones más importantes para preferir un go bierno democrático es que puede conseguir la igualdad polí tica entre ciudadanos en una medida muy superior que cual quier alternativa factible. Pero, ¿por qué habríamos de dotar de valor a la igualdad política? Dado que la respuesta está le jos de ser evidente, en los dos capítulos siguientes explicaré por qué es deseable la igualdad política, por qué, en efecto, se deriva necesariamente^ de^ la aceptación^ de^ varios supues tos razonables en los que probablemente creemos casi todos nosotros. Mostraré también que si aceptamos la igualdad po lítica, debemos incorporar entonces el quinto criterio demo crático contenido en el cuadro 4. Las ventajas de la democracia que he discutido hasta ahora tienden a aplicarse a las democracias pasadas y presentes. Pero
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cias representativas modernas no se hacen la guerra entre sí. Las razones no están del todo claras. Probablemente, los al
ROBERT A. OAHL
como vimos en el capítulo Il, algunas de las instituciones polí ticas de los sistemas democráticos con los que estamos familia rizados hoy, son el producto de siglos recientes; de hecho, una de ellas, el sufragio adulto universal, se ha dado principalmen te en el siglo xx. Estos sistemas representativos modernos con sufragio universal para los adultos parecen tener dos ven~as adicionales que no pueden ser necesariamente reivindicadas de todas las democracias y repúblicas anteriores.
9. Las democracias representativas modernas no se hacen la guerra entre sí.
Esta extraordinaria cualidad de los gobiernos democráti cos fue en gran medida impredecible e inesperada. Pero al llegar a la última década del siglo xx la evidencia se ha hecho abrumadora. De treinta y cuatro guerras internacionales en tre 1945 y 1989, ninguna tuvo lugar entre países democráti
preparación para la guerra entre ellost?¿ La observación es cierta incluso para antes de 1945. Desde bastante atrás en el siglo XIX, países con gobiernos representativos y otras institu ciones democráticas, en los que una parte sustancial de la po blación masculina gozaba del derecho de sufragio, no se hi cieron la guerra entre sí. Desde luego, los gobiernos democráticos modernos hi cieron la guerra a países no democráticos, como en la I y Il Guerras Mundiales. Impusieron también el dominio colo nial mediante la fuerza militar a pueblos conquistados. Algu nas veces han interferido en la vida política de otros países, desgastando o contribuyendo al derrocamiento de algún go bierno débil. Hasta 1980, por ejemplo, los Estados Unidos tu ." ," vieron^ un^ pésimo historial^ de^ apoyos a dictaduras militares en América Latina; en 1954 coadyuvaron al golpe militar que ~' 'J. derrocó al gobierno recién electo de Guatemala. ~., (^) A pesar de todo, el hecho destacable es que las democra
LA DEMOCRACIA
democracia nunca ha llegado a alcanzar sus ideales. Como todos los anteriores intentos por conseguir un gobierno más democrático, las democracias modernas sufren también de muchos defectos. A pesar de sus imperfecciones, sin embargo, nunca pode mos perder de vista los beneficios que hacen a la democracia más deseable que cualquier alternativa factible a la misma:
Gozando de todas estas ventajas, la democracia constituye para la mayoría de nosotros una apuesta mucho mejor que cualquier alternativa equiparable a la misma.
y otras.
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CAPÍTULO VIII
¿QUé significa decir que un país está gobernado demo cratlcamente? En este capítulo nos centraremos sobre las instituciones políticas de la democracia a gran escala, es decir, las institucio nes políticas necesarias para un país democrático. No nos pre ocupará aquí, entonces, qué es lo que pueda requerir la de mocracia en un grupo muy pequeño, como un comité. Debemos conservar también en mente nuestra reiterada advertencia: toda democracia real no ha alcanzado nunca los criterios democráticos descritos en la parte II y reco gidos en el cuadro 4 (p. 48). Finalmente, deberíamos ser conscientes, en este capítulo y a lo largo de todo el libro, que en el lenguaje corrien te u tilizamos la palabra democra cia para referirnos tanto a un ideal como a una realidad efectiva, que sólo es una realización parcial del objetivo. Por ahora, pues, cuento con el lector a la hora de hacer las necesarias distinciones cuando utilice palabras como demo cracia, democráticamente, gobierno democrático, país democrático,
Si un país ha de gobernarse democráticamente, ¿qué se ría necesario? Como mínimo, debería poseer ciertos arre glos, prácticas e instituciones políticas, que significaran un importante avance, aunque no completo, hacia la consecu \ ción de los criterios democráticos ideales.
LA DEMOCRACIA ROBERT^ A.^ DAHL
de sufragio; a concurrir a cargos electos; a la libertad de expresión; a formar y participar en organizaciones po líticas independientes; a tener acceso a fuentes inde pendientes de información; y derechos a otras liberta des y oportunidades que puedan ser necesarias para el funcionamiento efectivo de las instituciones políticas de la democracia a gran escala.
LAs INSTITUCIONES POLÍTICAS EN PERSPECTIVA
Generalmente, estas instituciones no aparecen de golpe en un país. Como vimos en nuestra breve historia de la de mocracia (cap. II), las dos últimas son claramente tardías. Hasta el siglo xx, se negó el sufragio universal, tanto en la teo ría como en la práctica del gobierno democrático y republi cano. Más que cualquier otro rasgo individual, el sufragio universal distingue a la democracia representativa moderna de todas las demás formas anteriores de democracia. El momento de aparición y la secuencia en que las institu ciones iban introduciéndose ha variado tremendamente. En aquellos países, las democracias "más antiguas", en los que el conjunto completo de instituciones hizo su aparición con anterioridad y ha perdurado hasta el presente, emergen ele mentos de una pauta en común. Las elecciones a un cuerpo legislativo aparecieron bastante pronto --en Inglaterra, ya desde el siglo XIII, en los Estados Unidos durante su período colonial en los siglos XVII YXVIII. La práctica de elegir a los al tos cargos encargados de dictar las leyes fue seguida de una expansión gradual de los derechos de los ciudadanos a ex presarse sobre asuntos políticos e intercambiarse informa ción. El derecho de formar asociaciones con objetivos políti cos explícitos tendió a producirse más adelante. "Facciones" políticas y organizaciones partidistas se consideraron, por lo general, peligrosas, susceptibles de generar divisiones, de subvertir el orden y la estabilidad políticas, y de atentar con lra el bienestar público. Con todo, dado que las asociaciones políticas no podían suprimirse sin un grado de coerción que
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L>\ DEMOCRACIA
un grupo de ciudadanos cada vez más numeroso e influyente hubiera considerado inaceptable, consiguieron subsistir -a menudo como asociaciones más o menos clandestinas- has ta que lograron salir de las sombras a la plena luz del día. En los cuerpos legislativos, lo que en su día fueran "facciones" se convirtieron en partidos políticos. Los de "dentro", quienes servían en el gobierno del momento, se diferenciaron de los de "fuera", a los que en Gran Bretaña se calificó como la Leal Oposición de Su Majestad. En el siglo XVIII británico, la fac ción que apoyaba al monarca y la facción opuesta, sostenida por gran parte de la gentry en el mundo rural, fueron trans formándose gradualmente en Tones y Whigs *. Durante ese mismo siglo, en Suecia, de manera un tanto burlesca, se lla mó a los dos adversarios partidistas en el parlamento sombre ros y gorros 1. Durante los años finales del siglo XVIII, en la recién consti tuida república de los Estados Unidos, TomásJefferson, el vi cepresidente, y James Madison, el líder de la Cámara de Re presentantes, organizaron a sus seguidores en el Congreso para oponerse a las políticas del Presidente federalista,John Adams, y de su secretario del Tesoro, Alexander Hamilton. Para tener éxito en su oposición, percibieron en seguida que tendrían que hacer algo más que enfrentarse a los federalis tas en el Congreso y el gobierno: tendrían que desplazar a sus oponentes del poder. Para ello debían ganar las eleccio nes nacionales, y para ganar las elecciones nacionales debían organizar a sus seguidores a lo largo y ancho del país. En me nos de una década, Jefferson, Madison, y otros que simpati zaban con sus ideas crearon un partido político que estaba
ROBERT A. DAHL
organizado ramificándose hasta las más pequeñas circuns cripciones, distritos y municipalidades electorales; una orga nización que debía reforzar la lealtad de sus seguidores du rante y entre las campañas electorales y debía asegurarse que éstos acudieran a las elecciones. Su partido Republicano (en seguida bautizado de nuevo como Democrático Republicano y una generación después como Democrático) se convirtió en el primer partido electoral de apoyo popular del mundo. Como resultado, una de las instituciones más fundamentales y de cisivas de la democracia moderna, el partido político, había irrumpido más allá de sus confines en parlamentos y legis laturas para organizar a los propios ciudadanos y movilizar el apoyo de los seguidores del partido en las elecciones na cionales. Cuando el joven aristócrata francés Alexis de Tocqueville visitó los Estados Unidos en los años treinta del siglo pasado, ya habían aparecido en este país las cinco primeras institu ciones democráticas descritas arriba. Estas instituciones le parecieron tan profundamente implantadas y omnipresen tes, que no tuvo ninguna duda en referirse a los Estados Uni dos como una democracia. En ese país, dijo, el pueblo era so berano, la "sociedad se gobierna a sí misma por sí misma", y el poder de la mayoría era ilimitado 2. Se asombró de la multi plicidad de asociaciones en las que se organizaban los esta dounidenses, parecía que para cualquier propósito. Y entre estas asociaciones sobresalían los dos principales partidos , políticos. A Tocqueville le pareció^ que^ en^ los Estados^ Unidos _'J_ (^) la democracia era ya casi tan completa como cabía imaginar '.~I.:
. (^) ,~~~. que^ alguna^ vez^ pudiera^ llegar a ser. Durante el siglo siguiente, las cinco instituciones demo ;~: (^) cráticas básicas que Tocqueville observara durante su viaje a
,~ (^) América, se consolidaron en más de una docena de países a^ l (^) distintos. Muchos observadores en Europa yen los Estados ~f
, U nidos llegaron a la conclusión de que cualquier país que as ''§,~I pirara a ser civilizado y progresista necesariamente habría de adoptar una forma de gobierno democrática. Con todo, en todos ellos faltaba la sexta institución funda mental-la ciudadanía inclusiva-o Aunque Tocqueville afir
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