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¿QUÉ ES LA POLÍTICA? FRAGMENTO 1 Agosto de 1950 ¿Qué es la política? 1. La politica se basa en el hecho de la pluralidad úe los hom- bres. Dios ha creado al hombre [Mensch], los hombres on un pro- ducto humano, terrenal, el producto de la naturaioza humana. Pues- to que la filosofía y la teología se ocupas siempre «tel hombre, puesto que todos sus enunciados serían correctos incluso $ sólo hubiera un hombre, o dos hombres, o úr-icamente hombres idénticos, no han en- contrado ninguna xespuesta filosóficamente válida a la pregunta: ¿Qué es la política? Peor todavía: para todo pensamiento científico sólo hay el hombre -—tanto en la biología u la psicología como cn la filosofía y la teología, así como para la zoología sólo hay 0? león. 1.os leones serían una cuestión que sólo concerniría a los Icones, En todos los grandes pensadores —incluigo Platón — es llamati va la diferencia de rango entre sus filosollas políticas y el resto de su. obra. La política nunca alcanza la misma profundidad. La ausencia de profundidad de sentido no es otra cosa que la “alta de sentido para la profindiciad en la que la política está anclada. 2. La política trata del estar juntos y los unos con ¿os otros de los diversos. Los hombres se organizan: políticamente según derermina- das comunidades esenciales en un caos absoluto, o a partir de un caos absoluto de las diferencias. En la medida en que se consiruyen cuet- bos políticos subs la Zamilia y se los ensiende a imagen de ésta, se considera que los parentescos pueden, por un lado, unir a los más di versos y, por otro, permitir que figuras similares a individuos se dis- tingan las unas de las otras. 46 TEXTOS DE HANNAH ARFNDT En esta forma de organización, efectivamente, tento se disuelve la variedad originaria, como se destruye la igualdad esencial de to. dos los hombres. En ambos casos, le ruina de la política resulta del desarrollo de cuerpos políticos a partir de la farnilia, Con esto ya se da a entender lo que en la imagen de la Sagrada Familia es simbóli- en, la opinión de que Dios ha creado no tanto al homb:e como a la familia.” 3. Cuando se ve en da familia 2nás que la participación, esto es, la participación activa, cn le piuralidad, se empieza a juga: a ser Dios, es decir, a hacer como si sataraliter se pudiera escapar del principio de la diversidad. En vez de engendrar a un hombre, fiel de sí mismo, crear al hombre. Desde un punto de vista prácrico-politico, sin embargo, la fami- a adquiere su arraigado significado por el hecho de que el mundo está organizado de tal modo que en él no lray ningún refugio para el individuo, para el más diverso, Las familias se fundan como alber- gue y fortificación en un mundo inhóspito y extraño en el que uno desea establecer parentescos, Este deseo conduce a la perversión fundamental de lo político, porque, a través de la introdcción del concepto de parentesco, suprime, o niás biez pierde, la cualidad fundamental de la pluralidas! 4, El liombre, tal como Filosofía y teología lo entienden, sólo existe —o se realiza— en la política con los mismos derechos que los más diversos se garantizan, En esta garantía voluntaria y en la conce- sión de una exigencia de igualdad jurídica, se. reconoce cue la plura. lidad de los hombres, que deber: su p.uralidad únicamente a sí mis- mos, tiene que agradecer su existencia a la creación del Lumbre. 5. Ta tilosofía tiene dos buenos motivos para 20 encontrar aun- ca el lugar donde surge la políti a) Zaor politikon?” como si hubiera en el 2ombre alge político que perteneciera a sti esencia, Dezo esto no es así; ef bovibre es a-po- lírico. La política nace en el Entre los hombres, por lo tanto comple- Lamente fuera del hombre. De ahí que 10 haya ninguna substancia propiamente política, La polílica surge en el empre y se establece como relación. Así lo enter dió Hobbes. intenta, a imagen ía creaco no al hombre ¿QUÉ ES La POLÍTICA? 47 b) La representación monoteísza de Dios, a cuya imagen janza debe haber sido cozado el hombre. A partir de aquí. clertamen- te, sólo pueda haber el hombre, las hombres son una repetición más o menos afortunada del mismo, El hombre creado a semejan: A soledad de Dios es la base del hobhesiane sete Of mature as a war ol all against all. Es la guerra de 2no com.ta todos los otros, que son odiados porque existen sin sentido — sin sentido para el hombre crea- do a imagen de la soledad de Dios. . o La solución de Occidente a esta imposibilidad de la política áen- tro del mito occidental de la creación es la rrams[ormación de la pol tica en historia o su susritución por ésta. A través di la representación de una bistoria universal le pluralidad de los hombres se d luye en a individuo huniano que también se denomina humanidad, De ahí lo monstruoso e inhiunazo de la historia, que a: lu se impore plena y beutalmente a la política, 6. Es tan difíc) darse cuenta? * de que debemos se» realmenie lí- bres en un territorio delimirado, es decir, 1 empujados por nosotros mismos ni dependientes de material dedo alguno, Sólo hay libertad eu el particular ámbito del entre de la política, Ame esta libertad nos refugianos en la «necesidad» de la historia. Ena absurdidad espan tosa. Podría sez que la cxisión de la política Lera elaborar us ronn- do tan transparente para la verdad como la creación de Dios. En el sentido del mito judeo-cristiano esto significaría: el hombre, creado a imagen de Dios, ha recibido mima fuerza generaciora para organizar 44 hombre a semejanza de la creación divina. Esto probablemente cs 111 disparare. Pero sería la ónica demostzación y justificación posi le de la idea de una ley patoral. En la absoluza diversidad de todos los hombres entru sí, que es mayor que la diversidad relativa de puebios. naciones O PAzás: Ci la pluralidad, está contenida la creación del hombre por Dios Ahí, sin embargo, la política no tiene nada que hacer. Pues la política otgani- a de antemano a los abseluzaniente diversos en consideración a una ignaldad relatít ra diferenciarlos de los relativamente diversos. 3.* Ln el original: reia do realize MReulsieron). Seguramene se tebeo as dense cuenta 50 TEXTOS DE HANNAUL ARENDT de la política antes que de sí misa (mediante un gobicrno mundial que disuelva cl estaño en una maquinaria administrativa, que resuel- va los conflictos políticos burocráricamente y que sustituya los ejérel- tos por cuerpos policiales). Ahora bien, vsta esperanza es de tado punto utópica sí por política se entiende —cosa que generalmente ocorre— una relación encre dominadores y dominados. Bajo este punto de vista, en lugar de una abolición de lo política obtendríamos una forma despótica de dominación ampliada hasta lo monstruoso, en la cual el abisrno entre dominadores y dominados tomaría unas proporciones tan gigantescas que ni siguiera serían posibles las rebe- liones, ni mucho menos que los domizados controlaseo de algona imanera a los dominadores. Tal eazácter despútico no se altera por el hecho de que en este régimen mundial no pueda señalarse a ninguna persona, a ningún déspota, ya que la dominación burocrática, la do- minación a través del anonimato de las oficinas, no es menos despó- tica porque «nadic» la ejerza. Ál contrario, €s tudavía más temible, pues uo hay nadie que pueda hablar con este Nadic ni protestar ante él. Pero si entendemos por político un ámbito del mundo en que los hombres son primariemente actvos y dan a los asuntos humanos una durabilidad que «e owro mado no tend-ían, entonces la esperanza no es en absoluto utápica. Elimizar a los hombres vu Lanto que activos algo que ha ocurrido con frecuencia en la historia, sólo que no a es cala muudial --- bien sea es la fovina (para nosotros extvaña y pasada de moda) de la tiranía, en la que la voluntad de un solo hombre exi- gía vía libre, bien sca en la forma del totaiitarismo mmode+no, en el que se pretende liberar «fuerzas históricas» y procesos impersonales y presuntamente superiores con el lin de esclavizar a los hombres. Lo propiamente apoítico [uxpolitisch] —cu sentido fierte— de esta forma de dominación es la dinámica que ha desencadenado y que le es peculiar: todo y zodos los que has:a ayer pasaban por «grandes» hoy pueden e incluso depen— ser abandonados al olvido si el 1o- vimiento quiere conservar su ímpetu. En este sensido, no contribuye precisamente a teanquilizarnos constatar que en las democracias de masas tanto la impotencia de la genze como el proceso del consumo y el olvido se han impuesto subrep:iciomente, sin terror e incluso €s pontáneamente —s* bien dichos fenómeros se limitan en el mundo libre, donde no impera el terror, estrictamente ale político y llo] eco- nómico. INTRODUCCIÓN A La POLÍTICA 1 51 Sin embargo, los prejuicios contra la política, la iciea de que la po lítica interior es una sarta fraudulenta y engañosa de jutereses e ileo- logías mezquinos, miensras que la exterior fiuctúa entre la propagan- da vacía y la cruda violencia son considera blemente más antiguos que la invención de instrumentos con los que poder destruir toda vida or- gánica sobre la Tierra, Por lo que concierne a la política intezior, es- tos prejuicios son al menos tan antiguos —algo más de un centenar de años— como la democracia parlamentaria, la cual pretendía re- presentar, por primera vez en la historia moderna, al pueblo (aunque ésto nunca se lo haya creído). En cuanto a la política exterior, su na- cimiento se dio en las primeras décadas de la espansión imperialista afines del siglo pasado, cuanclo los estados nacion ales, no en nombre de la nación sico a causa de sus intereses económicos naciozales, em- pezaron a estender la dominación enrapes por toda la viurra, Pero lo que hoy du su tono peculiar al p-sjuicio contra la polízice es: la huida hacia la impo.encía, el desea desesperado de no tener que actiar oras entonces todavía prejuicio y prerrogaliva de una clase social restrin- gida que opinaba como Lord Acton que el poder corrompe y la po- sesión de poder aosoluto corrompe absolutamente! Que esta con dena del poder se correspondía completamente com los deseos todavía inartículados de las masas no lo vio nadie tan ciaramente como Nietesche es su jutento de rehabilitarlo- aunque él, de acuer do con el sentir de la época, también confundió, o identificó, el poder [Mack], que un único individuo punca puede detenta: porqne surge de la actuación conjunta de ranchos, con la violencia [Gesvale], de la que sí puede apoderarse uno solo. John Emecich Tiward Delborg Actos en una carta a Mande: Crcigh1oo abril de 1887: «Power tends to corrupt and absolwe powe: e upo absolutely». És íd.. Essays na Eresdoms ama Power, selec. o iotacil, por Certrude Lan -b, Clen- cue LL, Proc Press, 1948, pág. 364. (Todas las nazas sin ascevisoo han sido redactadas pos U Lado o parir de las que ye se encontzabas en el manuscrito y ds algunos meto- les eel legado jac LN. del 1.4 TEXTOS DR HANNAB ARENDT FRAGMENTO 28 Capítulo l: Los prejssicios b) Prejuicio y juicio? En nuestro tiempo, si se quiere hablar sobre política, debe empe- zarse por los prejuicios que todos nosotros, si no somos políticos de profesión, albergamos contra ella. Pues los prejuicios, que todos compartimos, que sou obvios para nosotros, que podemos intercam- biarnos en la conversación sin tener que explicados detalladamente, representan algo político en el sencido más amplio de la palabra --es decir, algo que constituye un componente integral de los asuntos hu- manos entre los que nos movemos todos los días. Que los prejuicios tengan un papel tan extraordinariarente grande ex la vida cotidiana y por lo tanto en la política es algo de lo que en sí no cabe lamentar se y que, en ningún caso, se debería intentar cambiar, Pues el hombre no puede vivir sin prejuicios y no sólo porque su buen sentido o su discernimiento no serían suficientes para juegar de nuevo Lodo aque- llo sobre lo que se le pidiera algún juicio a lo largo de su vida sino porcue una «usencia tal de prejuicios exigitía una alerta sobrebuma- na. Por eso la política siempre ha tenido que ver con la aclaración y disipación de prejuicios, lo yue no quiere decir que consista cn edu- carnos para eliminacios, ni que los que se esfuerzan en dilucidarlos estén en sí mismos libres de ellos. La prevensión de estar arento y abierto al mundo determina el xivel político y la fisionomía general de una época pero no prede peusarse ninguna en la que los hombres, en amplias esferas de juicio y decisión, 20 pudieran confiar y reinci- dir en sus prejuicios. Evidentemente esta justificación del prejuicio como criterio para juzgar en la vida cotidiana tiene sus Íronteras, vale sólo para auténi- cos prejuicios, esto es, para los que na afirman ser juicios. Uno puedo reconocer los prejuicios auténticos en el hecho de que apelan con to- tal naturalidad a un «se dice», «se opina», sin que por supuesto dicha 5. Corrección man: ve El prejuicio contra la política. INTRODUCCIÓN A Lá POLÍTICA 1 apelación deba cons:ar explicitamente. Los prejuicios 1o son idiosincrasias personales, las cuales, si bien nunca pueden probarse, siempre remite a una experiencia personal en la que tienen la evi- dencia de percepciones sensibles, Los prejuicios no tieren una evi- denela tal, tampoco para aquel que les está sometido, ya que no son fruto de la experiencia, Por eso, porque no dependen de un vínculo personal, cuentan fácilmente con el asentimiento de los demás, sin que haya que toria1se el esfuerzo de persuadirles. Ahí es donde se diferencia el prejuicio del juicio, con el que por otra parte tiene en común que a :ravés suyo la gente se reconoce y se siente alín, de ma- nera que quien esté preso en los prejuicios siempre puede estar cie to de algún resultado, mientras que lo idiosincrásico apenas puece imponerse en el espacio público-politico y sólo tiene validez en lo privado e íntimo. Consiguienteriente el prejuicio representa un gran papel en lo puramente social: no hay propiamente ninguna ¿orma de sociedad que no se base más a menos cn los prejuicios, mediante Jos cuales admite a unos determinados tipos humanos y excluye a otros. Cuanto más libre está un hombre de prejuicios menos apropiado es para lo puramente social. Pero si en sociedad no pretendemos juzgar en absoluto, esta renuncia, esta suslilución del juicio por el brejui- cio, resulta peligrosa cuando afecta al ámbito pelíico, donde no po- demos movernos sin juicios porque, como veremos más adelante el pensamiento política se basa esencialmente en la capacidad de juz- gar LUrteilskrafí Uno de los matívos de la eficacia y peligrosidad de los prejuicios es que siermpre ocultan un pedazo del pasado. Bien mirado, un pre juicio auténtico se reconoce además en que encierra un ¿nicio que ch su día tuvo un fundamento legítimo en la esperiencia; sólo se convir- tió eu prejuicio al ser arrastrado sin e! menor reparo ni revisión a tra- vés de los Uempos, En este sentido se diferencia de lanesía, la cual no sobrevive al día o la hose en cue se da y en la enal las opinio- nes y juicios más hercrogéncos se confunden caieidoscópicamente. El peligro del prejuicio reside precisamente en que siempre está bien an- a 2. Respecto a la empucidad de juagar Árend= no se ¡manifiesta detalladamente en los manuscritos pústumos, Queda claro sin cnvsargo que ía testi e debía ocuparse más tarde tan intensivamenze, a sabel, que «e. pensamiento po/frico sc bs escocialriente en la capro Para ello véase el hragmerto 36, pág. 112, rambiér la pra, 143 del apéndice, 56 TEXTOS DB HANNAH ARENDT supone la validez del criterio para la naturaleza del asunto. Fste cla- sificar y regular, en el que ya no se decide orra cosa que si de un modo comprobable sc ha operado excónea o acertadamente, tienen mucho más que ver con un concluir deductivo que con un pensa- miento juzgante. La pérdida de los criterios, que de hecho determina al mundo moderno en su facticidad y que no es reversible mediante ningún retorno a los buenos Antiguos v el establecimiento arbitrario de nuevos valores y criterios, sólo es una catástrofe para el mundo moral si se acepta que los hombres no están en condiciones de juzgar las cosas en sí mismas, que su capacidad de juicio no basta para juz- gar originariamente, que sólo puede cxigírseles aplicar correctamen- te reglas conocidas y servirse adecuadamente de criterios ya exi tenLes. Si esto fuera a , si fuera esencial al pensamiento humano que los hombres únicamente pudicran juzgar cuando tuvieran a mano criterios fijos y dispuestos, entonces sería cierto lo que hoy se supo- ne en general, que en la crisis del mundo moderno más que éste es el hombre mismo quíen está fuera de quicio.* En la enseñanza aca- démica se ha difimdido ampliamente este supuesto, lo cual se per- cibe claramente en el hecho de que las disciplinas históricas, que tienen que ver con la historia del mundo y lo que aconteció” * en él, se han diluido en las ciencias sociales y la psicología. Esto no signi- tica sino que se abandona el escudio del aundo histórico en sus pre tendidas erapas cronalógicas cn favor del estudio de modos de con- ducta primeto sociales y después humanos, las cuales, a su vez, sólo pueden ser objeto de una investigación sistemática si se excluye al hombre que actúa, que es el artífice de los acontecimientos consta- tables en el mundo, y se le rebaja a la condición de ser que mera- mente tiene una conducta, ser al que se puede someter a experl- mentos y al que incluso cabe esperar pones definitivamente hajo control. Más significativo quizá que esta académica disputa de fa- cultades, en que como mucho se revelan ambiciones de poder total mente anriacadémicas, es que tal desplazamiento del interés —del mundo al hombre— se manifies:e en el re Jtado de una encuesta 6.* Tn el original... y de Zo acontecido en él. * Arendt usa aquí la “rase de Harales (Act. L, esc. 1): «The ¿gún Valverde. «3 ws tiempos eszán desquiiciados», Planeta, Barcelona, 1995. Según M. A. Conejeros «El mundo está fusra de juicio», Cátedra, Macrid, 1996. [N. del €] INTRODUCCIÓN A LA POLÍTICA 1 51 realizada recientemente y en la que a la pregunta por el tema de preocupación candente hoy día la respuesta casi unánime ¿ue: el hombre? Se respondía esto no en el sentido de la amenaza concro- ta que representa la bomba atórnica para el género humano (una in- quietud semejante ya estaría de hecho muy justificada); a lo que evidentemente se aludía era a la esencia del hombre, la estendiera cada individuo como la entendiera. De todos modos —y Cstas muestras pod=ían multiplicarse a voluntad -- no se duda ni ua ins- tante de que el hombre u se ha salido de quicio o está en peligro o en cualquier caso es lo que hay que cambiar Sea cual sea la postura que uno adopte frente a la cuestión de si es cl hombre o el mundo lo que está cn juego en la crisis actual, una cosa es segura: la respuesta que sitúa al hombre en el punto cencral de la preocupación presento y cree deber cambiarlo para poner te medio es profundamente apolítica; pues el punto central de la polí- tica es siempre la preocupación por el mundo y no por el hombre —por un mundo acondicionado de alguna Inanera, sin el cial aquellos gue se preocupan y son políticos no consideran que la vida merezca ser vivida. Pero de la misma manera que no se cambia un mundo cambiando a los hombres - prescindiendo de la práctica imposib dad de tal empresa— lampoco se cambia una organización o una asociación empezando a influir sobre sns s1iemibros. Si su quiere cambiar una justitución, una organización, cualquier corporación pública mundana, sólo puede renovar su constitución, sus leyes, sus estatulos y esperar que todo lo demás se dé por sí mismo. Que esto sea así tiene relación con el hecho de que siempre que se juntan hombres ——sca privada, social v público-pol'ticamente— surgu en- tre ellos un espacio que los reúne y a la vez los separa, Cada uno de estos espacios tiene su propia estruebura, que cambia cor el cambio de los tiempos y que se da a conocer en lo privado en los usos, en lo social en las convenciones y en lo público en leyes, constituciones, estatutos y similares. Dondequicia que los hombres coincidan se abre paso entre ellos un mundo y es en este «espacio entro» ¡Zaviso chen-Basnr] donde tienen lagar todos los asuntos humanos. il espacio 3. No Lemos sodido descubwir a cué «chcueszas nue vuele a nombrarse en otvo Íngar de estos manuecritos (véase pág. 142) se refiere, cosa especialmente de le: mentar. ya que de ficha fuen se ubica podido cxtracr corelasiones respecto a la datación de: los fragmentos. 58 TEXTOS DE LLAMNAH ARENDT entre los hombres, que es el mundi puede existir sin elfos, por lo que un mundo sin hombres, a «ilerencia de un universo sin hombres o una naturaleza sin hombres, sería en sí mismo una contradicción. Pero esto no significa que eb mundo y las calástrotes que tienen lugar en él sean diluibles en puros sucesos huranos, ni mucho menos que se duban a algo que sucede a «ol hombres o la esencia de los hom bres. Pues el mundo y las cosas del mundo, e enyo centro suceden los asuntos humanos, no so la expresión o, como quiea dico, la re- producción impuesta al exterior de la csezcía zumana, síno al con Lrarlo el resaltado de que los hombres son cavaces de producir [berstellem] algo que no son clias mismos, a zaher, cosas, e incluso los ámbitos denominados anímicos o espiritnales son para ellos rea- lidados duraderas, en las que poder moverse, sólo en la medida en que dichos ámbitos están cosilicados, en que se presentan como un mundo de cosas. Este mundo de cosas en que los hombres actúa los condiciona y por este motivo toda catástrole que subre repercute so- bre ellos y les afecta. Podría pensarse en alguna catástrofe tan mons truosa que aniquilara, además del mundo, incluso las capacidades * del hombre para configurarlo, para procucir cosas, de manera que se quedara sin mundo, como tr aniaral. Hasta podríamos inaginar- nos que rales catásirofos tuvieron lugar on el pesado, en fiempos prehistóricos y que ciertas tribus, llamadas primitivas, desprovistas de mundo, son sus residuos, Cambiés podríamos ¿imaginaros que una guerra atómica, sponicudo que dejara vida rumana tras de sí, podría provocar una catástrofe seraejante al destraiz el mundo en su totalidad. Pero siempre será el mundo, o mejor el curso del mundo —Hlel que los hombres ya =0 so dnc%os, del que están tan alienados que el uulomarismo inherente 4 todo procesu puede imponerse sin trabas — el que causará la desorucción de los hombres y no ellos mis mos. Sin embargo, en la preocupación por el hombre cirada más arriba no se Lrata de tales posibilidades. Más bien lo grave y angus- tante de £s que se deseruienda por completo de estos peligros «exterioros» [adubere»], sumamente reales, y los elude desde ua in- terioridad donde como máximo se puede retleziona: ni cambiar nada, ¡Naruralmente podría objecarse con facilidad quee í pero no actuar mundo de * Fa el original INTRODUCCIÓN A LA POLÍTICA 1 39 que aquí se lola es el muado hrmano. o sea el resultado del Pro ducit y actar humanos entendidos comúnente. Dichas cavacida- des pertenecen sin duda a la esencia del hombre: s/ fracasan, ¿no de- bería cambiarse la csercia del hombre, antes de beasar en cambia; el mundo? Esta o! ón es en el loudo muy actigua y puede apelar a los mejores testimonios, por ejemolo a Platón, quien ya re Pericles que tras la muerte de éste los ar que antes. Lrocnó a enses 20 fueran mejores 62 TEXTOS DE HANNAH SRENDT es la libertad, Su siexplicidad y contundencia reside en que es exacta- mente tan anlígua, 10 como la pregunta, que naturalmente ya surge de ura sospecha y está inspirada por la desconiarza, sino como la existencia de lo po'itico. Pero hoy día esta respuesta no es ni obvia ni inmediatamente convincente, cosa que se aprecia con claridad en que nuestra pregunte actual ya 10 enostiona el sentido de la política ral y como artes se hacía: a partir de experiencias que eran de naturaleza no-política [miebrpotitisch] o incluso anti-poiítica [amp-politisch! Nuestra pregunta actual surge de experiencias >olíticas muy reales de la desgracia que la política ya ha ocasionado en nuestro siglo y de la mucho mayor que rodavía amenaza ocasionar. De aquí que nuestra Ppregulda suene mucho más radical, mucho más agresiva y mucho más desesperada; ¿tieze, pues, la política todavía algún sentido? En la pregunta planicada de este modo —y así es ya como se plantea a cualquiera— resuenan dos ecos: primero. la experiencia de los totalitarismos, en los que presuntamente la vida entera de los hombres está politizada --con la consecnencia de que no hay liber ninguna. Á partir de dicha experiencia, y esto significa a part condiciones espevilicamente modernas, zace la cuestión de si la polí- tica y la libertad son conciliables ez absoluo, de si la libertad no co- mienza sólo allí donde acaba la política, de masera que simplemente ya no hay libertad donde lo politico no tiene final ni límites. Quizá las cosas han cambiedo tato desde los Actiguos, para los que política y libertad eran kdén'icas, que ahora, en las condiciones modernas, una y otra hu debido separarse por completo. En segundo fugas, la pregunta se plantea inevitablemenis a la vis- 1a del inmenso desarzollo de las modecnas posibilidades de aniquila- ción, las cuales, £l ser monopolio de los estados nunca se hubieran desplegado sin ellos, poz lo que sólo pueden ap'icarse en el ámbito político. Ácui ya no se trata únicamenze de la libertad sino de la vida. de la exisrencia de la hamanidad y tal vez de toda la vida orgánica so- bre la Tierra, La pregunta que aquí surge convierte Lodo lo político en cuestionable; hace duda= de si bajo las condiciones modernas po lítica y conservación de la vida son compatibles, y secretamente es- presa la esperanza de que los hon:bres serán razonables y abolirán de alguna manera la polísica nates de que ésta los elimóne a todos. € Lamente puede cbjerarse que la esperanza de que los estados mueran e de que al menos la política desaparezca por una vía y otra ntóp al INTRODUCCIÓN A Lá POLÍTICA 11 é3 ca y es de suponer que la mayoría estaría de acuerdo con ra! objeción Pero esto no rmadifica en nada ni la esperanza ni la pregunta, Sila po lítica teae la desgracia y 1o puede abolires, sólo quedan la desespere ción v la esperanza de que el diabio zo será tan malo como lo pitan — una esperanza bastante tonta en nuestro siglo, e: que desde la pri- mera guerra mundial hemos teuido que ver cómo cada diab.o que la política nos presentaba era m.cho peor de lo que a nadie se le bubie- ra ocurrido pistarlo Estas dos experiencias, que provocan la pregnota por el sentido de la política. son las experiencias políticas fundamentales de nuestra época. Si uno las pasa por alto es como si no hubieza vivido en este mundo, que es el. zues:ro. No obstanle hay entre ellas todavía una di- ferencia. Por lo que respecta a la experiencia de la politización total en los estados roralirarios y a la cuestiorabilidad de do polízico que surgía de ella, es un hecho «ie desde le AntipBedad ya nadie cucía que el seztico de la política fuera la liberiacl así como también es na hecho que eu la Edad Modera, tanto icárica como prácticamente, lo político finicarmente vale como medio nara proteger la subsistencia de la sociedad y la] productividad del libze desarollo social, Así pues, ante el cuestionamiento de lo político tal como se da en la ex- periencia totalitaria, sería posible en teoría un setroceso 3 un punto de visla hisóricarente anterio: como si las formas totalitarios de dominación no bubieran hecho más que demostrar aquello que el pensamiento libezal del siglo xx ya había mostrsdo, En cambio, lo desconcertante que la posibilidad de una aniquilación física absoiuta tiene para lo político es que precisamente no permite ese tettoceso ws lo polírico amenaza precisamente acuello que. según la Edad Moderna, justifica su existencia, a saber, la pura posibilidad de vivir de la hurcanidad en su con to. Si es verdad que la política es algo hecesarío para la subsistencia de
oía “ tar sometido u la coacción de ningún otro ni, como labo: aun a ano cesidad de ganarse el pan diario. Paza ser líbre, el hombre obio e liberado o liberarse él mismo y este estar libre del s obli cone e cesarias para vivir cra el sentido propio del griego cobola o de o mano off, el veo, como decimos hoy, Lsta Eberación cea cia de la liberrad, era un fin que podía y debía consu gnirse a travá de determinados medios. El decisivo era el esclavismo, la ioiend con que se obuigaba a que otros asumieran la penuria dela de EN ria. Á diferencia de toda fonna de explotación cavitalista, que pere. qe Primeramente fizes económicos y sirve al entiguerimiento las Antiguos RIA 0 psesclacos para liberar completemente a los a Arbezsl, anera éstos leran entrrga sel iberad delo polio, sa Ubeación e oscar melo ción el miolescia, yse basaba en la dorcinación bitaba aún la pois esta Ebertad de los pocos es de naruraleza com- pletamente política, El espacio libre de la academia debia se: un sus títuto plenamezte válido de la plaza del mercaco, la ágora, el espacio libre central de la polis. Los pocos, sí quezían seguir siéndolo, debían exigir para su actividad, su hanlar entre ellos, desuigarse de las activi- dades dle “a polis y de la ágora, de la xrisria marera que los ciudada nos de Ácenas estaban desligados de tocas las acrividacies dirigidas al mero ganarse el pan. Dcbían quedar liberados ce la política en el sen- tido griego exactamente como los ciudadauos debían quedar libera- dos de las necesidades de la vida para cierlicarse a la política. Y debían abandonar el espavio de le propiamente político para peder entras en el espacio de lo «académicos como los ciudadanos den'an aban- donar la esíera privada de s- cado, Del mismo modo que la liberación de la labor y de la preocu- pación por la vida eran presupuesto necesario para la libertad de lo política la liberación de /a política lo era para la libertad de lo «cadé- mico, agar para entregasse ala plaza del mer- Es en este contexto que se dice por primera vez que la política es 82 TEXFOS DE EE. NAH ARENDT algo necesario, que lo político en su conjunto es só:o un medio para un fin más elevado, sitiado más allá de lo político mismo, que, consi guientemente, debe icarse en el sentido de tal fin, Sin embargo, arna la atención que el paralelismo que establecíamos, scgón ef cual parecería que la libertad académica ocupara el lugar de la Hihertad política y que polis y academia se relacionacen euzre sí como hogar y polis, ya no sea válido. Pues el hoge ar ty el cuidado de la vida que se da en su esfera) no se justifico jaraás como un medio para un fin, como si, dicho aristolélicamente, la mera vida Suera un medio para la «buena vida», sélo posible en la polis. Esto 10 es así porque dentro del ámbito de la mera viga no puede aplicarse en ahsohuto la calego- ría medios-fines: el fin de la vida y de rodas las areas relacionadas con ella mo es sino el inantenimiento de la vica, y el impulso por man- tenerse laborando en vida no es externo a ósta si:0 que está incluido en el proceso vital que nos fuerza a laborar como nos obliga a comer. Siaun así se quiere entende: esta relación entre hogar y polis desde la categoría medios-Lines, la vida cue se garantiza en el hogar no es el medio para el fir superior de la ¡ibertad política, sino que el control de las necesidades vitales y e. deminio domés sobre la labor es- clava son el mecio de liberación para le político. De hecho, una ta. liberación median:e el dominio, la liberación de unos pocos para la libertad del Eosofar mediazte el dominio so- bre los muchos, la propuso Platón en la Fgara del filósofo-rey, pero esta propuesta no fue recogida por ningún filósoto después de él y políticamente quedó sí> ningún efecto. Al contrario, la fundación de la academia, precisamente poryue no pretendía educar para la políti- ca como sí las escuelas de los sofistas y oracores, Íue exlrao ria. mente significativa para lo que todavía hoy ensendemos por libertad El mismo Platón todavía podría haber creido que la academia con quistaría y dominaria un día la polis. Para sus sucesores, paca los sotos de la posteridad. lo que quedó fue sólo que la academia garan- tizaba a los pocos un espacio institucional de liburiad, y que esta libertad se entendió va desce el principio como contrapuesta a la di- bertad de la plaza del mercado: al ruundo de las opiniones engañosas val brad: az tuenti uso debía opoze:se un contcamundo de la verdad y del hablar adecuado a ella; al arte de la retórica, la ciencia de la dia- Seco. Lo que se impuso y ha delerm uste huy nuestra idea de la libertad académica no fue la esperanza de Platón de decidir sobre - chos; auemás depende, eu su simple existen: INTRODUCCIÓN A Lá POLÍTICA 11 ES] la polis y la polílica deste la academía y la filosofía, sino e! alejamiez- to de la polis, la apotigia 1" la indiferencia respecto a la política, Lo decisivo en este relación no es tanto el conLicto cutre la pois los filósofos, sobre el que volveremos después detalladamento,! Lomo el simp:e hecho de que esca indiferencia mutua, en que por ua momento parecía haberse disuelto dicho conflicto, no pudo duzar, ya que era imposible que el espacio úe los peros y su libertad, aungue también era un árbito dúblico, no privado, pudiera desempeñar las mismas funciones que el político, el cual incluía a todos los aptos paza la libertad. Es evidente nc siempre que los pocos se Lan separado de los muchos — sea en le forma de una inditerer cia académica, la forma de uz domisio oligárquico han dependido ce los muchos entodas las tiones del cor-vivir en las que zealmente hay que ac- tuar. Esta dependencia puede interpretarse en el sentido de una oli- garquía platónica como si los muchos existierar para ejecrrar las ór- denes de los pocos, es decir, para asumir la verdadera acción; en este caso la dependencia de los pocos se suvezaría mediante e. dominio, igual como la dependencia de los libres de vidades de la vida se superaba mediante el dominio sobre los esciavos: la libertad se ba- saría, pues, en la violencia. O bien la libertad de los pocos es de na- turaleza puramente académica y entonces depende claremente de la benevolencia del cuerpo poíítico que la garantice. En sbos casos. sin embargo, a politica ya no tiene nada que ver con la libertad, no es propiamente política en el sentido griego; se encarga más bien de todo ayuelo que asegura a esta libertad la existencia, es deci:, de ¿a administración y el cuidado de la vida paz y de la delense en la guerra, Cor lo que el ámbito ce libertad de los pocos n tíene que afirmarse ante al ámbito de lo polírico, defizido por los m za en , dle éstos; la existencia simaltánea de la polis es para la exister:cia de la academia —la plató nica o la posterior universidad — una necesidad vital. Pera, entonces es evidente que lo político en su conjunto desciende al nivel que en la [polis-] política corresponde al mentenirriento de la vida: se convier- te en una necesidad que, por un lado, se opone a la tibertacl y por ctro Fora 7. Esta SOCTÁLCE ino no exam ee E, LAMPOZÓ COMO a «cación podria referirse a. capít.Lo planeado con ul omiwe «La