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Este texto discute sobre el concepto de poder internacional, entendido como la expresión del poder social interno de cada grupo o sociedad en un marco social exterior. El autor analiza las diferentes formas del poder social y sus elementos comunes, como la acción, y deduce el concepto de actor internacional. Además, se abordan las interdependencias entre la política interior y exterior de los estados y la evolución de organizaciones internacionales.
Tipo: Apuntes
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El objeto material de una ciencia se define por la parcela de la realidad que se intenta conocer mediante la formulación de teorías y la utilización de un método científico. Naturalmente diferentes ciencias se distinguen entre sí por su objeto material, es decir, por tomar como objeto de sus investigaciones distintas partes de la realidad. Esto ocurre, por ejemplo, cuando establecemos la distinción entre las ciencias físico-naturales y las ciencias sociales.
De lo que se trata, por tanto, es de intentar especificar cuál es el objeto material propio de la ciencia de las relaciones internacionales, que nos permitirá centrar nuestros estudios en aquel segmento de la realidad que se considera fundamental para darles significado y contenido.
Existe unanimidad entre los autores al considerar que la ciencia de las relaciones internacionales aborda una parcela de la realidad social en la que nos encontramos inmersos. Se trata, por consiguiente, de una de las ciencias sociales.
Sin embargo, las discrepancias afloran cuando se intenta ahondar sobre los fenómenos concretos de la realidad social que deben ser abordados por esta disciplina. Un primer intento, ya clásico, ha sido realizado por aquellos autores que han contemplado la realidad internacional bajo el prisma de las relaciones de fuerza, de poder o de dominación. En el centro de esta corriente doctrinal se encuentra el realismo político, tanto en su versión clásica ( Niebuhr , Morgenthau , Aron , Carr , Kissinger o Kennan ), como en el denominado neorrealismo seguido por autores tan diversos como Keohane , Waltz o Gilpin.
Rasgo común de estos autores es la consideración de la vida internacional como una realidad esencialmente conflictiva en la que la anarquía y el dictado de la inexorable «ley del más fuerte» constituyen sus fundamentos. Para esta corriente doctrinal existe una identificación entre las relaciones internacionales y las relaciones interestatales, núcleo de la política internacional, por un doble motivo. En primer lugar, por cuanto ambas son abordadas desde la perspectiva política que domina el horizonte de las preocupaciones y de la temática de los realistas. En segundo término, porque únicamente los Estados monopolizan el poder y disponen de los medios para utilizarlo en el interior y hacia el exterior. Es frecuentemente citada la frase de Morgenthau, que resume la esencia misma de esta concepción en los siguientes términos: «La política internacional, como toda política, es una lucha por el poder. Cualesquiera que sean los fines últimos de la política internacional, el poder es siempre el fin inmediato».^1
La concepción realista se articula a partir de numerosos supuestos gnoseológicos, fuertemente contestados, junto con un positivismo y racionalismo metodológico que los propios defensores de esta posición teórica rara vez son capaces de mantener en sus trabajos. Como tendremos ocasión de comprobar a lo largo de los capítulos correspondientes, tres premisas básicas del realismo político resultan a todas luces insostenibles:
(^1) - MORGENTHAU, H.J.- politics among Nations. The Struggle for Power and Peace .- Edit. Alfred A.
Knopf Inc. Nueva York, 1960. (traducción de F. Cuevas Cancino.- La lucha por el poder y por la paz .- Edit. Sudamericana. Buenos Aires, 1963; pág. 43)
1.- El carácter exclusivo, o al menos preferente, de las relaciones de poder como parte de la política internacional.
No se puede sostener con rigor que la diversidad de relaciones de poder que se desarrollan entre los actores internacionales puedan hallar una explicación adecuada desde un modelo que prime los fenómenos políticos sobre los económicos o culturales. Sin llegar a caer en posiciones economicistas o culturalistas, no puede negarse la existencia de una cierta autonomía de ambas parcelas de la vida internacional, que justifican plenamente su incorporación al análisis internacional en condiciones similares a las concedidas para los fenómenos políticos.
Sin duda los conflictos forman una parte destacable de la realidad internacional, pero desconocer o subestimar la cooperación y la com unicación como sistemas relacionales que contribuyen también a la dinámica del mundo de los estados, constituye una posición radical que está en abierta contradicción con la evidencia empírica más elemental.
3.- La persecución del interés nacional, definiéndolo en términos de poder, conduce a la anarquía o a un orden internacional impuesto por unas potencias hegemónicas, en su propio y exclusivo beneficio, al resto de los países.
Una de las características esenciales del sistema capitalista, tanto a escala nacional cono internacional, es la competencia entre los agentes económicos. A través de ella cada uno de los agentes productores intenta garantizar su supervivencia y expansión a costa de la de sus competidores. El resultado es bien conocido. Cuando la competencia se desarrolla en condiciones próximas a la competencia perfecta, cada agente productor obtiene una parcela de mercado acorde con la eficacia productiva que es capaz de desarrollar y, paralelamente, los consumidores obtienen las cantidades demandadas a los precios más bajos posibles. En resumen, la libre competencia es una condición esencial para el funcionamiento del sistema de mercado que, con todas las excepciones que se quiera, ha demostrado ser una de las formas de organización económica, en el sentido de asignación de recursos, más eficaces de toda la historia.
Si me he extendido en este ejemplo es para destacar hasta qué punto la búsqueda del interés o el beneficio particular es perfectamente compatible con el desarrollo de sistemas de ordenación social, en los que la diversa posición y poder de sus miembros no equivale, necesariamente, al perjuicio de los más débiles en beneficio de unos pocos muy poderosos. En otras palabras, la desigualdad de poder no conduce necesariamente al caos social o a la dictadura de los poderosos, aunque, evidentemente, tampoco impide ambas posibilidades.
A pesar de sus debilidades teóricas resulta innegable que el realismo político constituye el paradigma doctrinal hegemónico en la disciplina de las relaciones internacionales. Ello se debe a dos motivos principales. De una parte, entronca con una corriente del pensamiento político occidental que desde Maquiavelo ha extendido, con notable éxito, una concepción racionalista y amoral del ejercicio del poder como fundamento último de una forma históricamente particular de organización política: el Estado moderno.
este caso la imprecisión nos induce a un error teórico contrario al del caso anterior. Nos enfrentamos con el problema de tener que excluir de nuestro campo de estudio una importante y diversa gama de relaciones sociales que a pocos se les ocurriría negar su naturaleza internacional.
Las relaciones entre las metrópolis y los territorios colonizados, las relaciones entre los diversos pueblos y/o naciones incorporados al seno de un imperio, las interacciones entre las comunidades políticas nómadas, tan importantes en ciertos períodos históricos, junto con otros muchos fenómenos que aún quedando limitados al ámbito interno de un país, debido a la posición hegemónica ocupada por ese Estado, han influido de modo decisivo en su acción exterior y con ella en el resto de la vida internacional. De acuerdo con este criterio ¿cómo deberíamos catalogar la expansión del cristianismo en el seno del imperio romano?
Todas estas formulaciones doctrinales comparten el supuesto de considerar al Estado como sociedad referencial para determinar las relaciones internacionales de las que no lo son. En este sentido, una relación social se considera internacional porque es interestatal o, al menos, porque transciende de algún modo el contexto de la sociedad referencial: el estado.
Frente a esta posición se han alzado autores que han puesto el énfasis en otros tipos de sociedades referenciales. Sin duda, han sido los teóricos marxistas los que más han contribuido a aportar un cambio de perspectiva en este terreno. Desde Marx y Engels se incorporó al estudio de los fenómenos internacionales un nuevo grupo social de referencia: la clase social, que algunos autores como Gonidec han intentado actualizar bajo el concepto de formación social.
Más recientemente, un nutrido grupo de teóricos han adoptado como base de sus trabajos el modelo de referencia de la sociedad internacional. Para estos autores la sociedad internacional, al menos la que contemplamos en la actualidad, presenta una estructura y unos rasgos específicos que justifican su diferenciación de los restantes grupos sociales, incluido el Estado, que coexisten en su seno. Desde esta perspectiva no se trata de definir a la sociedad internacional como una sociedad carente de los elementos estatales (poderes, instituciones, normas jurídicas, etc.). Por el contrario, se intentan definir y precisar los elementos, actores y procesos cuya existencia fundamenta la dinámica de una nueva categoría de colectividad humana: la sociedad internacional.
El criterio de los grupos sociales de referencia suscita la dificultad de determinar el concepto o los elementos que caracterizan cada una de tales sociedades referenciales, evitando tanto las definiciones tautológicas como la elección de modelos sociales de referencia, cuya validez queda restringida en el plano histórico o geográfico.
Dentro de esta corriente, un nuevo criterio definitorio del objeto material de nuestra disciplina fue aportado, hace ya varias décadas, por Schwarzenberger y ha sido denominado el criterio de la relevancia de las relaciones internacionales que este autor definía en los siguientes términos: «Tenemos que preguntarnos a nosotros mismos si estas cuestiones, y en qué grado, son pertinentes desde el punto de vista de la Sociedad Internacional considerada como un todo (...) son asuntos internacionales las relaciones entre
grupos, entre grupos e individuos y entre individuos, que afectan de modo esencial a la sociedad internacional en cuanto tal».^3
Recapitulando lo dicho hasta ahora podemos concluir que la realidad social que debemos abordar desde la ciencia de las Relaciones Internacionales viene definida por todas aquellas relaciones sociales, y los actores que las generan, que gozan de la cualidad de la internacionalidad por contribuir de modo eficaz y relevante a la formación, dinámica y desaparición de una sociedad internacional considerada como una sociedad diferenciada.
De acuerdo con estos criterios, la ciencia de las Relaciones Internacionales investiga el mundo de las relaciones sociales, ya se desarrollen entre individuos, entre grupos o entre ambos, aceptando que en las relaciones intergrupales ocupan un lugar preferente las relaciones entre los estados. Sin embargo, del vasto panorama de las relaciones sociales que se nos presentan, el internacionalista debe seleccionar aquéllas cuya dimensión internacional se demuestra precisamente por mostrar una importancia destacable (relevancia) para la existencia y dinámica de una determinada sociedad internacional.
El rasgo de la internacionalidad que se apunta es, desde luego, abstracto y variable pero no impreciso. Es abstracto por cuanto no predetermina las características que deben definir la sociedad internacional que sirva de referente. Es variable por cuanto se modificará con cada sociedad internacional concreta que tomemos como objeto de estudio. Pero no es impreciso, ya que una vez definimos el marco internacional que nos sirve de referente, sea con criterios geográficos, históricos, políticos, económicos, etc tan sólo serán considerados aquellos actores y relaciones que verdaderamente resulten significativos para comprender y explicar la dinámica de esa sociedad internacional.
De este modo si abordamos el estudio de la sociedad internacional planetaria, los sujetos y relaciones internacionales que deberemos analizar serán distintos de los que tendríamos que investigar si nos limitásemos al ámbito de una sociedad internacional continental o regional. Análogamente ocurriría si estudiásemos la sociedad internacional europea de la Alta Edad Media en comparación con la de la Edad Moderna.
En resumen, no pretendemos afirmar que sólo sean internacionales las relaciones sociales importantes en una determinada sociedad internacional. Sí afirmamos, en cambio, que son internacionales este tipo de relaciones sociales, sean cuales sean sus protagonistas y con independencia de que se desarrollen en el seno de un Estado o transciendan sus límites fronterizos. Y estimamos que son estas relaciones internacionales relevantes las que deben configurar el objeto material de la ciencia de las Relaciones Internacionales.
Una vez determinados los criterios con los que seleccionaremos los fenómenos que deben ser estudiados por la ciencia de las Relaciones Internacionales, se impone interrogarnos sobre la existencia y alcance de una perspectiva y metodología propias de esta ciencia o si, por el contrario, debemos
(^3) - SHWARZENBERGER, G.- Power Politics. A Study of International Society .- Edit. Steven & Son.
Londres, 2ª ed. Corregida y amentada, 1951. (Traducción de J. Campos y E. González. - La política del poder. Estudios de la sociedad internacional. - Edit. Fondo de Cultura Económica – en adelante FCE-. México, 1960; págs. 41 y ss.)
reservando capítulos especiales a los temas de la política exterior de las superpotencias, y descuidan en cambio los análisis sobre otros fenómenos y actores no estrictamente políticos. Por ejemplo, los fenómenos demográficos o ideológicos; las organizaciones no gubernamentales; la opinión pública y los procesos de comunicación internacional, etc.
Frente a ellos se han alzado las voces de quienes reivindican el estudio de la realidad internacional como una parcela específica de la Sociología. Entre estos autores, en su mayoría europeos, ocupa un lugar destacado el nombre de Schwarzenberger , quien en 1941 ya escribía lo siguiente: «El estudio de las relaciones internacionales es la rama de la sociología que se ocupa de la sociedad internacional. Esto explicará por qué la ciencia de las relaciones internacionales no puede tener una exclusiva e íntima asociación con cualquier rama particular de la ciencia que no sea la sociología misma». 4
El debate entre los seguidores de una y otra corriente doctrinal no ha concluido todavía, como lo demostró el renovado empuje con el que los funcionalistas y los teóricos de sistema irrumpieron en el estudio de los fenómenos internacionales durante las décadas de los sesenta y los setenta, si bien en la actualidad existe un nutrido grupo de especialistas que desarrollan sus estudios sin cuestionar la autonomía científica y la especificidad del objeto formal de las Relaciones Internacionales.
Los esfuerzos realizados para dotar a las Relaciones Internacionales de un estatuto científico propio, han contado con dos autores - destacados: Quincy Wright y Raymond Aron. Para el primero de estos autores, la-única perspectiva científica adecuada a la riqueza y complejidad de los fenómenos internacionales es la de la multidisciplinariedad , entendida como el esfuerzo de conjugación de los diversos conocimientos y explicaciones sobre la realidad internacional aportados por un amplio elenco de disciplinas.
Semejante planteamiento tuvo el mérito de romper con las limitadas y unilaterales visiones que aportaba cada una de las ciencias que había reclamado en exclusividad el tratamiento del mundo internacional. Además, impulsó un proceso de síntesis en los estudios internacionales imprescindible para comprender mejor la sociedad internacional y poder iniciar la formulación de conceptos y modelos teóricos propios.
Sin embargo, la multidisciplinariedad sostenida por Wright encerraba también el peligro de convertir al especialista de las relaciones internacionales en un mero recopilador de datos, sin articulación y coherencia explicativas. Al propio tiempo, el esfuerzo dedicado a lograr tales conocimientos podía dificultarle el desarrollo de unas hipótesis teóricas y unas investigaciones de los fenómenos internacionales desde perspectivas propias, imprescindibles para satisfacer los requerimientos de la disciplina que se pretende consolidar.
Ambas dificultades se han intentada soslayar propugnando la multidisciplinariedad como base operativa de grupos o equipos de investigación, en lugar de actuar como criterio de investigación individual. Ciertamente esta vía puede facilitar el trabajo de investigación pero es dudoso que pueda facilitar la integración de conocimientos científicos diversos si se carece de unos presupuestos teóricos específicos, desde los cuales orientar las múltiples aportaciones de otras ciencias hacia una explicación ordenada, coherente y global de la realidad internacional.
(^4) SCHWARZENBERGER, G.- op. cit. pág.
Dichos presupuestos sólo puede aportarlos el especialista en las relaciones internacionales a partir de categorías, hipótesis y modelos explicativos propios, lo que nos remite, parcialmente, al problema inicial de encontrar un objeto formal para las Relaciones Internacionales.
Todo ello ha orientado a diversos especialistas a reconsiderar los aspectos más positivos del planteamiento de Quincy Wright para adaptarlos a las necesidades actuales de las Relaciones Internacionales. Desde esta perspectiva, Arenal considera más acertado, siguiendo a Shonfield , hablar de transdiciplinariedad , que en su concepción significa que: «(...) las Relaciones Internacionales se configuran como una disciplina de integración y síntesis de los datos aportados por otras disciplinas, si bien el objetivo de su investigación aporta un contenido superior que le confiere su especial carácter en el seno de las ciencias sociales».^5
El debate sobre la perspectiva multi o transdisciplinar resulta, a nuestro juicio, superficial y estéril. Superficial por cuanto es evidente que todas las ciencias recurren, en mayor o menor medida, a los conocimientos aportados por otras ciencias afines a !as que se les califica de ciencias auxiliares. En consecuencia, todas las ciencias son también multi o transdisciplinares. Ahora bien, lo que hace que los conocimientos aportados por las ciencias auxiliares resulten verdaderamente útiles y, al mismo tiempo, diferenciables de la disciplina que las utiliza, es el hecho de que tales conocimientos adquieren una función instrumental que facilita pero no sustituye las explicaciones y conocimientos alcanzados siguiendo las teorías y métodos propios de esa ciencia. Esto es aplicable a todas las ciencias sociales y, por tanto, también a las Relaciones Internacionales.
Pero también es un debate estéril, ya que no exime al teórico de las Relaciones internacionales de buscar una perspectiva particular, un objeto formal, desde el que abordar la compleja parcela de la realidad social que ha acotado, y a la que ha denominado relaciones internacionales , y para la que previamente ya ha aceptado que las perspectivas de otras ciencias resultan insuficientes.
Por consiguiente, la multidisciplinariedad entendida como contribución de otros campos científicos auxiliares al desarrollo de un cuerpo científico de la ciencia de las Relaciones Internacionales, resulta imprescindible. Sin embargo, considerada como el enfoque científico particular desde el cual analizar e interpretar los acontencimientos internacionales resulta confusa y superficial.
En el marco de las disciplinas auxiliares, no todas ofrecen idéntico nivel de importancia para la ciencia de las Relaciones Internacionales. Conviene distinguir entre las ciencias auxiliares generales y las ciencias auxiliares parciales. Las primeras aportan conceptos, métodos o explicaciones que afectan al conjunto de conocimientos desarrollados por la ciencia de las Relaciones Internacionales. En esta categoría debemos mencionar: la Historia, la Economía, la Ciencia Política, la Sociología y el Derecho.
En cambio, las ciencias auxiliares parciales vendrán especificadas a tenor del área concreta de las Relaciones Internacionales que estemos considerando. Por ejemplo, en relación con los conflictos bélicos resulta adecuado recurrir a los estudios de Geografía o de Estrategia Militar. Del amplio elenco de disciplinas
(^5) - ARENAL, C. del.- Introducción a las Relaciones Internacionales .- Edit. Tecnos. Madrid, 3 ed., 1990;
pág. 464
con una particular interpretación o filosofía social, como puede serlo el materialismo dialéctico. Desde luego, la mezcla de temor y repulsa que el materialismo dialéctico, formulado por Marx y Engels , ha provocado entre los teóricos no marxistas constituye, sin duda, la razón fundamental por la que se ha concedido tan escasa atención al razonamiento dialéctico en el contexto de las Ciencias Sociales, en general, y de las Relaciones Internacionales en particular.
Cuando hablamos del pensamiento dialéctico tomamos como referencia algo diferente. Lo que tratamos de destacar es el hecho de que frente al proceso formal de razonamiento sobre la realidad social, cabe otro proceso distinto de discurso mental, el proceso dialéctico. Este último rompe radicalmente con la lógica tradicional, según la cual la relación entre la causa y el efecto se da de un modo lineal y en una sola dirección. Quiebra también la dicotomía entre teoría y acción; entre conocimiento y praxis, entre realidad objetiva y subjetiva.
El pensamiento dialéctico implica abordar la realidad social como un todo dinámico en el que cada uno de sus componentes está condicionando e influyendo a los demás al tiempo que es condicionado e influido por ellos. Supone investigar las relaciones entre los fenómenos, no en términos de causa-efecto, sino en términos de una dinámica generativa entre contrarios. Cada fenómeno de la realidad lleva implícita su propia contradicción y, por tanto, la nueva realidad que emane de él surgirá reforzando algunas de sus características fundamentales y superando también algunas de sus carencias básicas.
En base a esta singular estructura de pensamiento, la separación radical entre conocimiento y acción carece de significado, pues el desarrollo científico, que en sí mismo es acción, afecta a la actuación humana que trata de conocer y explicar. Análogamente, la vida social termina alterando las realidades objeto del conocimiento científico e indirectamente a la propia ciencia.
El discurso dialéctico contribuye decisivamente a superar. el falso dilema entre la realidad objetiva y la interpretación subjetiva. En efecto, el científico, en tanto que individuo pensante y actuante, altera con su pensamiento el mundo que le rodea, viéndose también condicionado por él en relación con sus propias categorías teóricas. Es debido a esta permanente tensión creativa, exclusiva del razonamiento dialéctico, por lo que constituye un eficaz revulsivo contra el anquilosamiento del científico en ciertos paradigmas, conceptos, métodos o categorías valorativas sobre el entorno social y material que le rodea y del que también forma parte.
En un brillante estudio Hilary Putnam ha demostrado, frente a las tesis de Kuhn y de Popper , que el desarrollo científico ha seguido una dinámica dialéctica entre dos tendencias que denomina con los términos de tendencia crítica y tendencia explicativa. En palabras de este autor: «(.) El hecho es que la ciencia normal muestra una dialéctica entre dos tendencias conflictivas (por lo menos, potencialmente conflictivas), pero interdependientes, y que es el conflicto de estas tendencias lo que hace avanzar la ciencia normal ». 7
Sin duda, la más brillante explicación del proceso dialéctico nos la ha dejado el propio Engels , quien escribió:
(^7) - PUTNAM, H. - “La corroboración de las teorías”.- HACKING, I (edit.).- Scientific Revolutions .-
Edit. Oxford University Press. Oxford, 1981. (Traducción de Juan José Utrilla.- Revoluciones científicas .- Edit. FCE; págs. 143-144)
«(…) La gran idea cardinal de que el mundo no puede concebirse como un conjunto de objetos terminados, sino como un conjunto de procesos, en el que las cosas que parecen estables, al igual que sus reflejos mentales en nuestras cabezas, los conceptos, pasan por una serie ininterrumpida de cambios, por un proceso de génesis y caducidad, a través de los cuales, pese a todo su aparente carácter fortuito y a todos los retrocesos momentáneos, se acaba imponiendo siempre una trayectoria progresiva; esta gran idea cardinal se halla ya tan arraigada, sobre todo desde Hegel, en la conciencia habitual, que expuesta así, en términos generales, apenas encuentra oposición. Pero una cosa es reconocerla de palabra y otra cosa es aplicarla a la realidad concreta, en todos los campos sometidos a investigación. Si en nuestras investigaciones nos colocamos siempre en este punto de vista, daremos al traste de una vez para siempre con el postulado de soluciones definitivas y verdades eternas; tendremos en todo momento la conciencia de que lodos los resultados que obtenemos serán forzosamente limitados y se hallarán condicionados por las circunstancias en las cuales los obtenemos; pero ya no nos infundirán respeto esas antítesis irreductibles para la vieja metafísica todavía en boga: de lo verdadero y lo
.falso, lo bueno y lo malo, lo idéntico y lo distinto, lo necesario y lo fortuito».^
8
El proceso del razonamiento dialéctico se armoniza con el modelo aroniano de la sociología histórica. Según este autor, el teórico de las Relaciones Internacionales debe desarrollar su tarea siguiendo cuatro fases sucesivas y complementarias.
La primera de ellas consiste en la formulación de una o varias teorías sobre la realidad internacional, mediante la elaboración y ordenación de una serie de conceptos, hipótesis y principios relativos a su configuración y su funcionamiento. Desde luego esta etapa teórica de la investigación entraña una limitación, dado que los modelos teóricos elaborados suponen una representación esquemática y más o menos simplificada del contexto internacional. Al propio tiempo y debido, precisamente, al carácter simplificado de las teorías, nos resulta más inteligible la extraordinaria complejidad de la sociedad internacional. Ahora bien, para que la teoría demuestre su capacidad explicativa, es necesario someterla a un doble proceso de contrastación.
De una parte, y puesto que cada sociedad internacional, cada relación o cada fenómeno internacional, se producen en unas condiciones singulares, en un momento histórico particular, los conceptos y las hipótesis teóricas deben ser suficientemente flexibles y precisos para asumir y destacar la dimensión histórica del mundo internacional. Cuando el esquematismo y la rigidez de una teoría nos impide captar la especificidad histórica de los principales acontecimientos internacionales, por ejemplo, de la Revolución Francesa, el modelo teórico resulta inadecuado.
En segundo término, la simple contrastación histórica de una teoría no asegura su funcionalidad desde las necesidades de la ciencia de las Relaciones Internacionales. El modelo teórico formulado deberá también contener leyes o regularidades suficientemente generales y abstractas para que nos permitan descubrir los elementos comunes a diferentes sociedades internacionales en diversos momentos históricos.
(^8) - ENGELS, F. - “Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana”.- MARX, C; ENGELS, F.-
Obras Escogidas .- Edit. Progreso. Moscú 1976; vol. III, págs. 381382)
Tomando en consideración los debates que han surgido en torno al objeto y la metodología de las Relaciones Internacionales, así como al extraordinario interés y la proliferación de estudios e informaciones que sobre los acontecimientos internacionales se han producido en las últimas décadas, a nadie puede extrañarle la confusión en los distintos niveles de análisis que han caracterizado los progresos científicos de esta disciplina.
Suele ser frecuente que los estudiosos de las relaciones internacionales sitúen en el mismo plano de sus investigaciones y teorías fenómenos, actores y relaciones que, en rigor, pertenecen a planos diferentes de la realidad y que, por consiguiente, deberían ser objeto de una diferenciación analítica. Por ejemplo, carece de toda racionalidad equiparar fenómenos como el de la disuasión nuclear o la deuda internacional, cuya magnitud y consecuencias afectan al conjunto de la sociedad mundial, con otros como las relaciones entre la R. P. China y Japón o la actividad del Fondo Monetario Internacional que, aun admitiendo su importancia y la necesidad de su estudio, no afectan del mismo modo al funcionamiento del sistema internacional.
Se impone, por tanto, adoptar una distinción entre dos niveles de análisis que denominaremos: macrointernacionalidad y microinternacionalidad. EI primero aborda las cuestiones relativas a la sociedad internacional en su conjunto, sus estructuras e instituciones, sus diversas categorías de actores y las formas de relación más significativas. El marco de referencia de los estudios microinternacionales lo constituye el análisis de los diversos miembros, o categoría de ellos, que participan en la sociedad internacional. Incluye la organización interna, los procesos de decisión y las formas de actuación o relación de algún actor internacional o de un reducido número de ellos.
La teoría de las Relaciones Internacionales debe incluir conceptos, regularidades y modelos que permitan desarrollar los estudios en ambos planos del análisis. Sin embargo, debemos mantener metodológica y conceptualmente la diferencia entre ambas categorías, ya que las descripciones y explicaciones que las Relaciones Internacionales realizan de los fenómenos macrointernacionales no son aplicables al ámbito de la microinternacionalidad y viceversa. Por ejemplo, el problema del agotamiento de materias primas o energéticas para un grupo de países puede resolverse mediante el comercio con otros países productores de tales materias o recursos; sin embargo, el mismo problema a escala de la sociedad mundial impide aplicar este tipo de solución.
Observemos que en la medida en que aceptemos como actores de la sociedad internacional a grupos de carácter no estatal, la microinternacionalidad abordará en sus estudios la existencia, configuración y comportamiento internacional de tales grupos. La conclusión resulta obvia, sólo en la medida en que excluyésemos a tales actores no estatales y considerásemos a las organizaciones intergubernamentales como simples instrumentos de sus miembros estatales, el plano de la microinternacionalidad se identificaría con el de la política exterior y el de la macrointernacionalidad con el de la política internacional. Pero como apuntábamos con anterioridad, tales supuestos teóricos son tan restrictivos que en la actualidad ya no los sustentan ni tan siquiera los doctrinarios del realismo político.
Análogamente, la teoría de sistemas se orienta claramente al análisis macrointernacional, pero ello no nos permite reducirlo o identificarlo con un determinado tipo de sistema internacional (político, económico, etc.), sino que debemos estudiarlo a partir de un modelo de sistema complejo, o si se prefiere multiestructural, en el que algunos de sus subsistemas desempeñan una diversidad de funciones económicas, culturales, políticas, jurídicas, etc.
Como podemos apreciar con ambos ejemplos, la distinción de los niveles analíticos de la realidad internacional que analicemos en cada momento constituye un requerimiento metodológico básico y previo a la determinación de la propuesta teórica que resultará más adecuada para interpretar dicha realidad. En caso contrario podemos cometer el error que caracterizó a los autores del realismo clásico: creer que porque su propuesta teórica era la más adecuada para explicar la política exterior de los Estados, especialmente de las grandes potencias, era igualmente útil para comprender la configuración y dinámica política del conjunto de la sociedad internacional.
Junto a la cuestión de los niveles de análisis de las Relaciones Internacionales, se impone suscitar otra problemática que tradicionalmente ha sido ignorada por los autores de esta ciencia. Se trata del papel que la dimensión temporal desempeña en el contexto metodológico de las Relaciones Internacionales.
Es interesante constatar que en ninguna de las obras consideradas clásicas en las Relaciones Internacionales, se haga una referencia específica a la necesidad de realizar una división temporal, una periodificación de los procesos y fenómenos internacionales, como un elemento metodológico imprescindible para dar rigor a los estudios realizados. Sin embargo, resulta evidente que la consideración del factor tiempo como una de las coordenadas esenciales, junto con el factor espacio, en las que se incardinan las relaciones internacionales conduce, inexorablemente, a la necesidad de establecer unos criterios de periodificación que guíen la labor teórica.
Desde luego la complejidad del objeto material de esta disciplina introduce ciertas dificultades para lograr unos criterios de periodificación adecuados. En efecto, mientras la política exterior de una potencia mundial puede cambiar en períodos temporales relativamente breves, como lo demuestran los cambios que se produjeron en la Unión Soviética y los países de Europa Central entre 1985 y 1991, otros fenómenos internacionales exigen plazos muy amplios para que se puedan apreciar alteraciones sustanciales en su evolución, como sucede, por ejemplo, con las tendencias demográficas mundiales.
En consecuencia, los criterios de periodificación que deben establecerse tendrán que respetar los dos niveles de análisis que hemos indicado y, simultáneamente, deberán señalar unos plazos temporales suficientemente precisos para que nos permitan asignar los diversos fenómenos internacionales a una u otra de las categorías periódicas establecidas.
En el ámbito de la microinternacionalidad la periodificación seguirá una combinación de dos criterios: la configuración estructural interna de los actores internacionales y la unidad de acción desarrollada por estos. Básicamente: debemos distinguir tres períodos: el corto , el medio y el largo plazo.
El corto plazo comprende una fase temporal generalmente breve, pero durante la cual uno o varios actores internacionales son capaces de formular y
Estos períodos de transición, que Rosenau ha denominado de cambio turbulento, se caracterizan por mostrar unas estructuras simbióticas en las que coexisten actores, factores y relaciones de la sociedad emergente con los de la sociedad decadente. Ello les confiere una dificultad añadida para poder adscribirlos teóricamente a una u otra de ambas sociedades.
Esta dificultad se puede resolver metodológicamente, debido a que durante los períodos de transición se desarrollan acontecimientos internacionales cuya importancia y singularidad se debe precisamente a que resumen las contradicciones entre la vieja y la nueva estructura internacional convirtiéndolos, desde una perspectiva analítica, en los datos de referencia para descubrir y señalizar teóricamente la desaparición de una sociedad internacional y la aparición de otra nueva. A estos fenómenos los denominaremos puntos de ruptura.
En cada una de las tres etapas de la vida de una sociedad internacional, concurren cuatro categorías de elementos o rasgos comunes que permiten diferenciarlas entre sí y que afectan a: la naturaleza de los actores, especialmente de los actores hegemónicos; las principales relaciones internacionales; la dinámica que experimentan las estructuras básicas de la sociedad internacional y los valores-guía que imperan en la configuración institucional y jurídica del orden internacional.
En las etapas de génesis los rasgos comunes que las definen son:
a) La aparición de nuevas categorías de actores internacionales y/o una fuerte movilidad entre los actores dominantes de cada estructura internacional.
b) La emergencia de nuevas formas de relación internacional.
R E P R E S E N T A C I O N G R A F I C A D E L A S E T A P A S D E E V O L U C I O N H I S T O R I C A D E L A S S O C I E D A D E S I N T E R N A C I O N A L E S ( G R A F I C O n º 1 )
G E N E S I S
D E S A R R O L L O
C R I S I S
T I E M P O
E V O L U C I O N D E L A S O C I E D A D I N T E R N A C.
P U N T O D E R U P T U R A
D E S A R R O L L O C R E C I E N T E
D E S A R R O L L O D E C R E C I E N T E
c) Importantes desajustes en los ritmos de cambio de las diversas estructuras internacionales.
d) La potenciación de los valores de creatividad y novedad (innovación), como valores-guía de las relaciones internacionales.
Las fasse del desarrollo de una sociedad internacional suelen mostrar una duración mayor que los períodos de génesis y crisis ya que en ellas se suceden dos períodos diferentes que se corresponden con un desarrollo creciente y un desarrollo decreciente. El primero de ambos períodos es la continuidad de la etapa de génesis pero en un contexto de nuevos actores y relacionaciones ya consolidado. En cambio, el período de desarrollo decreciente preludia la etapa de crisis sin que el deterioro de los actores y sus relaciones haya provocado todavía una quiebra irreversible de las estructuras internacionales básicas. Durante su transcurso la sociedad internacional sigue experimentando una dinámica evolutiva, pero con unas pautas bien definidas y fácilmente reconocibles:
a) Ampliación del número de actores pertenecientes a las nuevas categorías y consolidación de los actores dominantes en cada estructura internacional.
b) Institucionalización organizativa y jurídica de las principales formas de relación internacional.
c) Desarrollo de una interdependencia funcional entre las diversas estructuras internacionales.
d) Hegemonía de los valores de estabilidad y orden, como valores referentes para determinar la aceptación o el rechazo de actores y relaciones internacionales.
Finalmente, las etapas de crisis de la sociedad internacional que, no lo olvidemos, se solapan parcialmente con los inicios, todavía incipientes y con frecuencia encubiertos, de la sociedad internacional sucesora, los siguientes rasgos:
a) La desaparición de algunos actores junto con la creciente incapacidad los actores hegemónicos para ejercer su liderazgo internacional, con frecuencia precedida o acompañada de conflictos y convulsiones en el seno de tales actores.
b) Una creciente conflictividad, no necesariamente bélica, en las relaciones internacionales, que pone de manifiesto la insuficiencia o ineficacia de las instituciones internacionales como instrumentos de regulación u ordenación de tales relaciones.
c) La aparición de importantes disfunciones en y entre las estructuras internacionales. Tales disfunciones se manifiestan especialmente en la creciente incapacidad para dar respuesta a los nuevos retos o problemas que se les plantean a los distintos actores o a la sociedad internacional en su conjunto.
d) En el plano de los valores internacionales lo característico de estas fases es la ausencia de unos valores hegemónicos de aceptación universal. Tales vacíos valorativos nacen en parte debido al cuestionamiento o rechazo de los valores dominantes que imperaron durante la etapa de desarrollo, pero también por el intento de extender la validez de esos valores dominantes a
«(.) la actividad que busca desvelar, a través del análisis del presente y del pasado, un cierto número de futuros posibles, de futuribles, de potencialidades susceptibles de realizarse en el futuro».^13
Según esta definición, la previsión descansa siempre sobre un supuesto de condicionalidad no determinista respecto de la realidad social presente, que se constituye en el nexo de vinculación entre sus antecedentes históricos y sus posibilidades futuras. Además, la previsión puede sustentarse a partir de leyes restringidas y no necesariamente de leyes absolutas.
Por lo que se refiere a la predicción (decir previamente), este mismo autor la define como: «(…) un proceso que pretende manifestar un futuro que debe acaecer necesariamente». 14
La predicción constituye, pues, una forma restringida y más rigurosa de previsión, ya que el supuesto de condicionalidad de ésta se convierte en un supuesto determinista o de certeza sobre el modo en que el presente conduce hacia un suceso futuro.
Planteados en estos términos las posibilidades de análisis de los acontecimientos futuros, parece claro que la previsión se ajusta mucho mejor, desde una perspectiva estrictamente metodológica, a los requerimientos de la ciencia de las Relaciones Internacionales. Ello es debido a ciertas razones que el internacionalista no puede ignorar.
En primer lugar, las Relaciones Internacionales intentan conocer y explicar una parcela de la realidad social caracterizada por su complejidad y el elevado número de variables significativas que deben ser tomadas en consideración. En este sentido, cuanto mayor es el número de fenómenos o variables consideradas por el teórico sobre la realidad internacional, más se aproxima el modelo teórico a la realidad misma, aunque análogamente se hace más difícil la formulación de leyes científicas, generales o restringidas, sobre las que basar las previsiones.
Esto constituye un fenómeno común a todas las ciencias, y no sólo a las Relaciones Internacionales. Naturalmente el número de variables depende en gran medida del período que tomemos como referencia para llevar a cabo nuestras previsiones, pues ya veíamos que en el plano de la microinternacionalidad un período breve de tiempo permite considerar constantes o cuasi constantes las variables que afectan a las estructuras de la sociedad internacional en su conjunto, situación que desaparece a medida que ampliamos el período de referencia para las previsiones o nos trasladamos del plano de la micro a la macrointernacionalidad.
En segundo término, en la ciencia de las Relaciones Internacionales todavía no se han realizado los avances y ajustes teóricos necesarios, para permitir que ciertos métodos o técnicas aplicados por otras ciencias sociales puedan ser utilizados en el estudio de los fenómenos internacionales. Ello permitiría que ciertas áreas de la disciplina de las Relaciones Internacionales alcanzasen un mayor grado de rigurosidad en sus proyecciones de futuro del que gozan actualmente. La importancia de este esfuerzo no debe desconocerse, aunque por sí sólo no sea garantía suficiente para alcanzar el estadio de una ciencia netamente predictiva.
(^13) - BRAILLARD, Ph.- “Réflexions sur la prévision en relations internacionales”.- Études
Internationales , vol. IX; nº 2 (1980); pág. 213. (^14) BRAILLARD, Ph.- op. cit. Pág. 213.
Tampoco podemos olvidar que las Relaciones Internacionales, como el resto de las ciencias sociales, presenta la particularidad de que el simple conocimiento o divulgación de los estudios predictivos puede inducir cambios en los patrones de comportamiento de los actores internacionales. Tales cambios son, por su propia naturaleza, difíciles de conocer «a priori» y mucho más de incorporar como variable significativa para garantizar el nivel predictivo de esta ciencia. Como lo subraya Gibson : «(...) en líneas generales diremos que toda persona que trata de hacer una predicción ha de tener en cuenta, primero, todos los efectos que la predicción o la publicación de la misma pueden ejercer sobre sus propias acciones o sobre las de los demás».^15
Finalmente conviene destacar que la capacidad de las ciencias para alcanzar un cierto grado de predicción en sus explicaciones depende de la especificación de enunciados auxiliares que sean verdaderos. Estos enunciados auxiliares son, según Putnam : «(...) útiles sobresimplficaciones de la verdad, que deben asociarse a la teoría para obtener una explicación ». 16
Gran parte de la actividad científica está destinada a descubrir estos enunciados auxiliares sin los cuales las teorías pierden gran parte de su poder explicativo, y también predictivo, por carecer de un número suficiente de conocimientos sobre las condiciones iniciales y limítrofes que gobiernan la realidad.
En el campo de los fenómenos internacionales, la tarea de descubrir y formular los enunciados auxiliares ha sido frecuentemente postergada en pro de la formulación de modelos teóricos más o menos complejos. En otras ocasiones los enunciados auxiliares formulados simplemente eran falsos. Un ejemplo de enunciado auxiliar en el marco del realismo político sería el principio del interés nacional definido en función del poder. Una de las consecuencias de esta despreocupación por lograr precisar enunciados auxiliares en las Relaciones Internacionales ha sido una merma sustancial del grado de predictibilidad de los acontecimientos internacionales futuros.
Estas razones nos permiten explicar por qué la previsión es una etapa posible, y añadiría que deseable, del proceso científico de las Relaciones Internacionales. Sin embargo, también nos evidencian las dificultades, hoy por hoy no superadas, para aspirar a unos análisis estrictamente predictivos.
El desarrollo de estudios previsivos en el seno de las Relaciones Internacionales, posee la importante función de facilitar la adopción de aquellas decisiones o actuaciones que potencian los aspectos más deseables de la realidad internacional o inhiben aquellos otros más rechazables. Por ejemplo, el estudio de las previsiones sobre los riesgos y efectos de la carrera de armas nucleares ha sustentado en buena medida la formación de los movimientos antinucleares y las presiones que se han ejercido sobre los gobiernos de las potencias nucleares para concluir con la acumulación de tales armas.
Sin embargo, no cabe considerar a las Relaciones Internacionales como una ciencia normativa, en el sentido de que su principal finalidad no es la de establecer
(^15) - GIBSON, Q.- The Logia of Social Enquiry .- Londres, 1959. (traducción de J. Melgar.- La lógica de
la investigación social .- Edit. Tecnos. Madrid, 2ª ed., reimpresión, 1968; pág.282) (^16) - PUTNAM, H.- op. cit. pág. 137.