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como lidiar con la soledad, de esta vida, en la cual se habla
Tipo: Resúmenes
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Edición de Amazon Publicado por Claudio de Castro en Amazon
“LIDIANDO CON LA SOLEDAD” Copyright © 2019 Claudio de Castro E-mail: [email protected]
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A Vida, mi esposa, mi amiga y compañera.
Al buen Dios, que me dio mi familia y la oportunidad de vivir.
S
“Por mi parte, yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”. (Mt 28, 20)
alió en los noticieros internacionales. Era una de esas noticias que encogen el alma. Se escuchaban llantos desgarradores en el apartamento de un edificio. Alguien dio aviso a la policía. Los llantos eran cada vez más fuertes. La policía llegó y encontró una pareja de ancianos llorando desgarradoramente porque se sentían muy solos. No tenían nadie con quien hablar ni compartir. En su edificio la mayoría había dejado los apartamentos vacíos y se habían marchado a la playa de vacaciones.
Los policías al ver ese triste cuadro hicieron algo que nos identifica como personas, seres humanos, gente solidaria. Se quedaron con ellos un buen rato, les conversaron, prepararon unos fideos con salsa roja en la cocina y se quedaron para compartir con los ancianos el delicioso almuerzo.
Los cuadros desoladores como éste, de soledad extrema, son cada vez más frecuentes sobre todo en países como Japón. La forma como vivimos determina cómo pasaremos nuestra ancianidad. Y en muchos países es doloroso.
Pero no tiene que ser así, no debemos aceptar que nuestro destino sea pasar momentos tan difíciles, en soledad. Conozco muchas personas que viven solas por voluntad propia. Pero no se sienten solas. Les gustar vivir así. Para ellos es una opción de vida. Salen, comparten con sus amigos y tienen un pequeño refugio en su soledad, es su “palacio” privado.
Una cosa es estar solos y otra sentirnos solos. Lo primero, estar solos de vez en cuando, nos ayuda a encontrarnos con nosotros mismos, nos permite orar y estar en la presencia de Dios íntimamente. En esos momentos te llenas de
su Amor, reflexionas en tu vida y lo que harás con ella. Son los instantes que se nos dan para observar la naturaleza, un amanecer, la lluvia fresca que cae.
Me agrada estar solo ocasionalmente, para buscar a Dios, escribir, pensar. Busco esos momentos como un tesoro por descubrir. Hacerlo con estos sanos propósitos es muy positivo. Restaura nuestra autoestima, nos ayuda a descubrir la serenidad y la paz. Y nos encontramos con nosotros mismos.
Lo segundo, eso es terrible. Sentirnos solos nos hace sufrir. Es un sentimiento muy desagradable. A menudo nos hunde en un hueco profundo, como si estuviésemos atrapados en un pantano de arenas movedizas sin poder salir. No tienes de dónde asirte. Todo es caos y temor. ¿Te sientes así? Lo lamento mucho. Quisiera asegurarte que es algo transitorio, vas a salir adelante. Pero depende de ti. Es hora de retomar el destino de tu vida y conquistar tus sueños perdidos.
Cada vez que mi esposa sale de viaje por algún motivo me enfrento a los mismos temores, sentirme solo. Sé que es algo temporal, pero igual no quedo tranquilo. Cuando esto ocurre tomo medidas inmediatas, no permito que ese sentimiento tan oscuro que nos desgarra el corazón, crezca dentro de mí. Me mantengo ocupado, hago ejercicios, leo mucho, comparto con mis hijos y salgo de paseo. Ayuda mucho ir a lugares donde hay personas, ayudar a los demás, hacer obras de misericordia.
He notado que una buena conversación despeja la mente y el corazón. Donde mejor me va es en misa, allí estoy con Dios ante quien NUNCA podrás sentirte solo. Cuando rezo sé que estoy en su presencia amorosa. Hay muchos motivos para sentirnos felices y disfrutar plenamente esta maravillosa vida que Dios nos da porque, si lo piensas, la vida es un don que se nos da.
Tu vida es muy corta para perder un tiempo valioso, quejándonos, alimentado el día con pensamientos negativos que nos harán daño a la larga. Está demostrado que la ansiedad y las preocupaciones bajan las defensas de nuestros organismos y nos hacen propensos a enfermarnos. Una amiga
La mía dice muy poco. La tuya está cargada de amor. No me juzgas, me amas.
“No temas, pues yo estoy contigo ; no mires con desconfianza, pues yo soy tu Dios; yo te he dado fuerzas, he sido tu auxilio, y con mi diestra victoriosa te he sostenido”. (Isaías 41, 10)
ay una dulce ancianita que en ocasiones me telefonea. Descubrió mi teléfono en uno de mis libros. Le llamó la atención lo que escribí y quería compartirme todo el bien que le hizo su lectura. Me contó está sola, su familia la desprecia y la trata muy mal, se siente enferma y sufre mucho los desprecios. Creo que te he contado en alguna ocasión que no soy bueno dando consejos, lo mío es escribir y compartir anécdotas, vivencias en mi búsqueda de Dios. Pero hice una excepción con esta bella abuelita. Le sugerí:
―Haga una buena confesión sacramental con un sacerdote, participe con fervor de la santa misa. Que sea un rato de oración y presencia de Dios. Un detalle importante: Al terminar la misa no se vaya rápido, como todos los que salen apurados de la iglesia.
―Lo he notado― me dijo―. Al concluir la misa nos vamos presurosos olvidando dónde nos encontramos.
―Usted quédese un rato. Y agradezca a Jesús por los dones que le ha concedido en esa Eucaristía, pues son muchas las gracias que recibimos en cada misa. Había un santo llamado san Juan María Vianney que decía: “Si supiéramos el valor del Santo Sacrificio de la Misa, qué esfuerzo tan grande haríamos por asistir a ella”. Vaya a misa diaria de ser posible, y al terminar la eucaristía diríjase al oratorio donde tienen el sagrario.
A
―Soy muy feliz en su dulce y amable presencia. Siento que me comprende, me abraza, me ama, me dice palabras de consuelo y me brinda su compañía.
Hizo una pequeña pausa, ilusionada por lo que estaba contando. ―Ahora no me siento sola, pues sé que Él me acompaña y que es mi amigo.
―Me alegro muchísimo de escuchar esas noticias―, le respondí. Y ella concluyó su hermoso relato. ―Si las personas supieran quién está esperándonos en el sagrario, JAMÁS SE SENTIRÍAN SOLAS. El tiempo que paso en su presencia es el mejor momento del día para mí, no imagina cuánto espero que llegue el momento de ir a ese oratorio para acompañar a Jesús. Es mi gran amigo, el mejor de los amigos.
Antes de continuar, debo decirte que nunca estamos solos. Dios va con nosotros y nos ha asignado a cada persona al momento de nacer un ángel de la Guarda para que sea nuestro compañero en el camino de la vida.
menudo encuentro personas que me preguntan si Dios los ama, si somos especiales para Él. Y es que pasan por tantas dificultades que se les hace difícil creer que hay un Dios, que es Padre y que vela por nosotros amorosamente. Y me doy cuenta que nos falta la “certeza de Dios”, saber con claridad, sin dudas, que Él está con nosotros, y es “TODOPODEROSO”.
Suelo recomendar a las personas que sienten la necesidad de acercarse a Dios y cambiar sus vidas, algunas acciones muy simples, a su alcance: “Haz una buena confesión sacramental, para que te pongas al día con Dios”.
El próximo mes cumpliré 62 años. La vida no ha sido sencilla. He tenido que esforzarme mucho para sacar adelante a mi familia. Las dificultades no
han faltado igual que la adversidad. Cada vez que me encontraba en uno de estos cruces de camino en el que no sabía hacia dónde tomar me retiraba a reflexionar y rezar. Pensaba : “Si guardo mi estado de gracia, Dios habitará en mí, ya que somos templos del Espíritu Santo. Así podré tomar las decisiones adecuadas”.
Al final siempre elegí el camino correcto, aquél que me llevaría a conquistar mis metas. Descubrí que tenemos muchos caminos frente a nosotros, y casi a diario tenemos que tomar decisiones.
La mayoría son vías de perdición, parecen apetecibles, agradables, pero te alejan de Dios, te sofocan, te atan a un mundo que es pasajero, temporal. Por eso pierdes la fuerza de la fe, la esperanza y no sabes qué hacer con tu vida. El placer de algunos pecados dura muy poco y puedes perder tu alma por toda una eternidad.
No sé si te has percatado de ello, pero el demonio, cuando nos tienta, olvida a propósito mostrarnos algo fundamental, “las consecuencias” del pecado que nos propone hacer. El 13 de octubre de 1917 la Virgen en Fátima nos advirtió sobre nuestro comportamiento: “No ofendáis más a Dios Nuestro Señor, que ya está muy ofendido”.
¿Qué camino tomar? La respuesta está en la santa Biblia. Y es muy sencillo. Lo encuentras en Juan 14, 6: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. El camino seguro, es Jesús. Sigue sus pasos a través de una vida evangélica. En pocas palabras, esfuérzate por vivir el Evangelio. Un sacerdote me habló una vez de este tema, el seguimiento a Jesús.
―Imagina que estás en un gran estadio donde se realiza un partido de fútbol. ¿Dónde posan los jugadores sus miradas?
―En el balón, por supuesto ―respondí.
―Haz lo mismo con Jesús, no le quites la mirada y saldrás victorioso.
Pide consejos a un sacerdote ejercitado en la vida espiritual. Necesitas un Director Espiritual que te oriente y te ayude a progresar en tu vida interior, en aquella cercanía de Dios que todos necesitamos para ser felices.
"Si atraviesas el río, yo estaré contigo y no te arrastrará la corriente. Si pasas por medio de las llamas, no te quemarás, ni siquiera te chamuscarás. Pues yo soy Yahvé, tu Dios, el Santo de Israel, tu Salvador. Para rescatarte, entregaría a Egipto Etiopía y Saba, en lugar tuyo. Porque tú vales mucho a mis ojos , yo doy a cambio tuyo vidas humanas; por ti entregaría pueblos, porque te amo y eres importante para mí.”.
Dios tiene una misión para ti. Te ha encomendado cosas importantes... Las ha puesto en tus manos...
En ocasiones coloco una mesita con mis libros a la salida de una iglesia. Se me acercan persona de todas las edades para ojear los libros y conversar. Por algún motivo me cuentan sus inquietudes y problemas. Yo poco hablo y los escucho con atención. Más de una vez me han contado historias sorprendentes: El amor de una madre, la heroicidad de una mujer. El dolor profundo de una abuelita que se ha quedado sola.
Una historia que me impactó me la contó una señora mayor: “Cuando era adolescente quedé embarazada. En aquellos días esto era muy mal visto por la sociedad. Al nacer mi hija, me la dejaron ver unos minutos. La abracé. Luego me la quitaron y la dieron en adopción. Tengo ochenta y cinco años. Desde aquél día, cada noche lloro y rezo por la hija que nunca volveré a ver en esta vida”.
Me dejó tan impactado que no supe qué hacer. Me habría encantado decirle: “¡Cuánta fortaleza! Eres una mujer extraordinaria”.
“Y cómo pudo soportarlo tantos años ?”, le pregunté.
“La fuerzas que he necesitado las obtengo con Jesús en el sagrario. Me quedo a diario con Él y allí me fortalezco y puedo continuar mi vida”.
Admiro la capacidad que tienen las mujeres para llevar estas cargas tan pesadas y dedicar sus vidas a los demás. Piden poco para ellas y lo dan todo. Desde aquí te lo repito: “Eres especial para Dios”. Siempre lo has sido. Él te mira desde el cielo con particular cariño. Te ama infinitamente.
No me pude resistir a dejar esta admiración y amor que Dios nos tiene, por escrito. Me senté a escribir y así nació este libro. Se lo dediqué a mi esposa
Vida que me ha “soportado” todos estos años. ¡Y vaya que ha sido paciente! No es fácil vivir con una persona tan despistada como yo. La vida no es sencilla. Da golpes que duelen. Pero también nos brinda ilusiones, alegrías y esperanzas. De ti depende qué elegir. Yo escojo la esperanza. El mundo necesita recuperar su esperanza. Es lo que le da sentido a la vida.
La esperanza es como la literatura pues te abre nuevos mundos y posibilidades. No puedes comprarla, ni tocarla, ni venderla… Crece, se esparce, se multiplica y te ayuda a mejorar como ser humano, te da prudencia, fortaleza, te ayuda a ser emprendedor y a luchar por tus ideales. Te permite soñar e ir en pos de tus sueños. Con la esperanza puedes generar prosperidad. Te devuelve tu dignidad como ser humano. Te motiva a estudiar, leer, esforzarte, trabajar y ser feliz.
Te deseo pues, la esperanza, que vuelvas a ser feliz, que no te desanimes por estos golpes que a menudo te da la vida. ¡Ánimo! No estamos solos en la vida.
Tengo que decirte un secreto a voces : ¡Eres una persona increíble! ¿Cómo lo sé? Porque eres hijo de Dios. Podrás decirme que nadie sabe la cruz que el otro lleva a cuestas. Y es muy cierto_. “Caras vemos, corazones no sabemos”._ La cruz es inherente a todo ser humano.
Cada uno carga una cruz, algunos más pesada que otros. Yo cargo mi cruz. No me gusta, pero la llevo y la ofrezco todos los días. Santa Teresa de Jesús decía que le mejor manera de llevar tu cruz es abrazándola.
Puede que preguntes por un motivo para hablar el lenguaje de la felicidad, sin estamos cargando una pesada cruz. “Sólo uno”, me vas a decir. “Dame un solo motivo. ¿No te das cuenta cómo es el mundo en que vivimos?”
Te daré el más poderoso motivo, uno que siempre me ha impactado, y que me motiva a escribir este libro y otros similares. Lo descubrí hace años. Me lo habían dicho, pero experimentarlo fue toda una revelación:
“DIOS NOS AMA”.
Ahora lo sabes, tienes un motivo por el que vale la pena todo esfuerzo: “Dios te ama”.
N
Para ser feliz basta disfrutar las cosas sencillas de la vida. Celebra la vida que Dios te dio. Es un don maravilloso, una oportunidad extraordinaria para rehacer las cosas y volver a empezar.
unca he necesitado mucho para ser feliz. Llevo una vida sencilla, en familia. Los momentos simples me dan una gran alegría. Sentarme a ver un atardecer, salir de viaje con mi esposa y mis hijos en la madrugada y ver el amanecer desde la carretera… Disfruto mucho los ratos que pasamos juntos y disfruto también de mi relación con Dios.
Las cosas intangibles llenan mi vida. No las puedes ver ni tocar. Pero sin ellas no podría vivir.
Mis sueños. Mis aspiraciones. La fe. La alegría. La esperanza. La oración. La certeza de Dios.
Me doy cuenta del poder de la felicidad, y veo cómo me ayuda a ser productivo y aprovechar al máximo cada día. No sé si te habrá ocurrido. Cuando amanezco feliz, me levanto temprano, trabajo con dinamismo, tengo ideas geniales, y el tiempo se me hace corto para todo lo que quiero hacer.
Por el contrario, cuando amanezco pensando en alguna dificultad, el tiempo se detiene, el día no pasa, el pensamiento negativo ronda en mi cabeza y me
A
impide actuar, avanzar y disfrutar la vida. Termina siendo un día perdido que jamás podré recuperar.
Lo más valioso que tenemos es el tiempo que Dios nos da. No puedes comprarlo, ni venderlo, ni ahorrarlo ni retenerlo. Sencillamente pasa y nosotros con él. Por eso hay que aprovecharlo. Bien dicen que “el ocio es la madre de todos los vicios”.
También dice que “la felicidad es un remedio infalible”, por eso cuando mi día empieza mal leo algunos chistes y empiezo riendo. Es un pequeño truco que de casualidad aprendí un día.
La alegría tiene el poder de despertar en nosotros la esperanza.
veces Jesús nos toca el corazón. Es muy cálido y tierno. Ya lo conozco. Y sé cuándo es Él. No comprendes en el momento lo que te ocurre. Es una felicidad inaudita. Como un anhelo que has alcanzado. Sé que también Jesús te ha tocado el alma, en alguna ocasión. Hazle caso. Escúchalo.
Hace muchos años escuché que la vida era como viajar en tranvía. Vas hacia un destino y en el trayecto el tranvía se detiene en diferentes estaciones. Unas personas suben, otras bajan. Muchos de los que suben forman parte de tu vida, luego bajan y no los vuelves a ver. Algunos van sentados y no te enteras que viajaron contigo. Otros, con los años, vuelven a subir y te reencuentran.
Cuando me subí a un tranvía por primera vez, no imaginé las aventuras que tendría, los bellos paisajes que pasarían frente a mí, la búsqueda interminable que iniciaría.