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Asignatura: Estructura y Sistema Mundial de la Informacion, Profesor: David Álvarez Rivas, Carrera: Periodismo, Universidad: UCM
Tipo: Apuntes
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Consulte nuestra página web: www.edhasa.es En ella encontrará el catálogo completo de Edhasa comentado.
Título original: Combat pour une presse libre. Le manifeste de Mediapart
© Imagen de la cubierta: Guillermo Varela
diseño de la cubierta: RQ
Primera edición: noviembre de 2012 Primera edición en e-book: junio de 2013 © Galaade Editions, 2009 © Galaade Editions, 2012, pour le postface d’Edwy Plenel © Para el texto «Contra la resignación»: Jesús Maraña, 2012. © Para el texto «La nueva información y la vieja libertad”» daniel Fernández,
daniel Fernández La nueva información y la vieja libertad.. 9
Jesús Maraña Contra la resignación................ 15
Edwy Plenel Combate por una prensa libre.......... 23
Edwy Plenel Postfacio: El valor de la independencia... 81
ahogada por la crisis económica, política y social, desesperada tras cuatro largos años de ir a peor? Pues precisamente, justamente, mi querido lec- tor, «mon semblable, mon frère» , es cuando leer este pequeño volumen, este manifiesto valiente y radi- cal, tiene todo el sentido del mundo en la España de hoy y en la que se nos viene encima mañana… Tampoco sería la primera vez, desde luego, que la luz de Francia nos ayudase a ver la salida del túnel o que, sencillamente, pusiese palabras a un sentir general de buena parte de la humanidad. Sé que tal vez me estoy excediendo y estoy se- guro de que monsieur Plenel, el periodista y el in- telectual (otra palabra denostada en esta España de la crisis), se mostraría reticente ante mi, digamos, apasionamiento. Pero qué le voy a hacer. Mediapart me parece una forma nueva y vieja a la vez de vin- dicar el periodismo y, sobre todo, la libertad de ex- presión, información y pensamiento. y este libro de Edwy Plenel me parece la mejor introducción posible a unos medios nuevos o renovados impres- cindibles en nuestra vieja, cansada y casi derrotada España. El periodismo –y muy especialmente la prensa escrita, el papel sobre el que se imprime la reflexión del día después– se viene abajo en todo Occidente. y, como sucede con el libro, nada como saber que
nos morimos para que algunos se suiciden y otros opten por eliminarnos… Sin embargo, el periodismo, el viejo papel de la prensa, su función, siguen siendo necesarios, tal vez más hoy que nunca. Porque es verdad que un centón de supuestas «noticias» nos acompaña, lle- nas de ruido y de furia, a todas horas, en todas partes, en todas nuestras pantallas y pantallitas, a través de tantas redes como las que hoy nos atra- pan y nos impiden a menudo nadar… Es imposi- ble, en este tiempo, no saber, no enterarse. Cual- quier novedad es rebotada una y mil veces. Cualquier rumor se convierte en chismorreo uni- versal, cualquier bagatela pasa por importante y muchas imágenes insólitas o estúpidas encuentran su propagación: viral, decimos, y la expresión se me antoja ajustada… Precisamente por ello, insis- tamos, es imprescindible volver a la esencia del mejor periodismo: investigación y rigor. Historias contadas por gentes que quieren y saben contar- las, sujetas a verificación y a rectificación. La bús- queda de la verdad y del sentido, la causalidad, el porqué de las cosas, su cómo, su cuándo, saber a quién benefician y a quién perjudican, entender la realidad y comprender y revelar lo oculto, con independencia plena de los poderes constituidos y establecidos, de los conglomerados políticos, fi-
Porque, vuelvo a ello, lo evidente para mí –y creo que en esto sí coincidiría Plenel conmigo– es que la nueva información, los nuevos tiempos de la prensa digital, precisan y exigen la vieja li- bertad, la radicalidad de una prensa sin ataduras ni compromisos más allá de los imaginables y reco- nocibles: rigor, calidad, análisis, seriedad y, desde luego, diferenciar también el relato de la opinión. Porque contar historias siempre tiene algo de in- ventárselas, pero el buen periodista, como el his- toriador, se cuestiona su versión de los hechos y hasta su implicación ideológica y sus posiciones de partida antes de publicarlas… Son, en su ma- yoría, y a través de muchas formulaciones, viejas reglas, que hoy se adaptan necesariamente a un mundo en movimiento perpetuo. Hace veinticinco años un grupo de amigos al- morzaba y discutía siempre sobre diversas erudicio- nes… En ese grupo había y hay un notario, dos periodistas, un fabricante de rótulos, un dueño de bares de moda, un abogado, un cavista y un editor. Hace veinticinco años no teníamos teléfonos en los bolsillos, ni ordenadores más que portátiles, ni In- ternet, ni banda ancha, ni… Hace veinticinco años era difícil comprobar un dato, una fecha, una noti- cia. Ahora, todo eso es inmediato y banal, pero no lo es, justamente, el relato, la historia, lo que se na-
rra y cómo se narra. Ahora más que nunca, la eru- dición sólo puede servir para sostener una idea, si no, no sirve… Ahora, se necesita una prensa libre y una prensa, perdón por decirlo así, informada, que pida y exija también un lector formado y exigente a su vez. Sólo así nos enriqueceremos mutuamente y entenderemos mejor el mundo de hoy que anun- cia el de mañana. Cerremos con esa cita atribuida a Bertolt Brecht, tantas veces repetida: «Cuando la verdad sea dema- siado débil para defenderse tendrá que pasar al ata- que». Qué falta nos hacía este libro de Plenel, qué fal- ta nos hace infoLibre , cuánto necesitamos a la pren- sa libre e independiente, a los periodistas de cora- zón y de cabeza, a ellos, y a sus lectores…
Barcelona, 21 de octubre de 2012
dores. Sarkozy tuvo que abandonar el Palacio del Elíseo tras perder las últimas elecciones. Mediapart sigue haciendo periodismo en las modestas oficinas del número 8 del Passage Brulon, cuenta ya con 60.000 suscriptores y ha entrado en beneficios. Inspirado y apasionado por la experiencia del nacimiento de Mediapart, Edwy Plenel escribió este manifiesto que homenajea desde su propio título («Combate por una prensa libre») al Combat de Al- bert Camus, aquel mítico periódico nacido en la clandestinidad de la Resistencia contra los nazis. Parte, como aquél, del convencimiento de que la libertad de prensa («un derecho de los ciudadanos, no un privilegio de los periodistas») está en peligro, aunque ahora las amenazas no viajen en tanques ni se dibujen con la forma de una cruz gamada. Está en riesgo porque son las grandes corporaciones, las entidades financieras y sus tentáculos en el poder político quienes controlan e influyen en los medios. La prensa (en Francia, en España...) lleva más de una década metida en un proceso suicida. A la des- orientación provocada por la revolución digital se suma la crisis económica, que provoca una caída brutal de los ingresos publicitarios; las empresas pe- riodísticas reaccionan deshaciéndose de su mejor capital, que es la experiencia de los periodistas, de modo que la calidad de los medios se deteriora y
los lectores siguen huyendo. El bucle ha llegado a un punto en el que ya resulta secundario pregun- tarse por la fecha de defunción de la prensa de pa- pel; lo trascendente es la supervivencia o no del periodismo, sea cual sea el canal por el que se dis- tribuya. Plenel huye de cualquier concepción corpora- tivista o gremial para situar los focos sobre lo que más importa en términos de salud democrática: una prensa débil deja de ser libre, se convierte en sim- ple instrumento de intereses espúreos, y sin medios capaces de ejercer un periodismo independiente son los ciudadanos los que pierden calidad demo- crática. Este nuevo Combat supone un puñetazo contra esa especie de melancolía o resignación que parece envolver al periodismo (en Francia y en Es- paña) y un llamamiento a la resistencia y a la acción. No sirve de nada llorar por las supuestas glorias pa- sadas ni sentarse a mirar mientras lo viejo no ter- mina de morir ni lo nuevo acaba de definirse. Por el camino, se cierran cabeceras una tras otra (al me- nos setenta desde 2008 en España) y miles de pe- riodistas son despedidos (8.000 en los últimos cua- tro años, según el Observatorio de la Federación de Asociaciones de la Prensa). Las empresas perio- dísticas caen en manos de intereses puramente fi- nancieros, hasta el punto de que El País , diario es-
lectores quizás ellos nos devuelvan la fidelidad perdida. Lo que propone Plenel es una refundación del periodismo a través de las plataformas digitales (In- ternet) y lo plantea como una exigencia democrá- tica tanto o más que como una cuestión de super- vivencia. dicho de otro modo: no será posible sostener el periodismo como actividad o como ne- gocio si no se recupera la credibilidad que le hace imprescindible en su función democrática. Al pe- riodismo le viene ocurriendo como a la política: demasiado tiempo ensimismado en su burbuja, en esa especie de púlpito desde el que ha derrochado vanidad en lugar de pegar el oído al asfalto y acom- pañar a los ciudadanos en sus nuevas inquietudes, exigencias e intereses.y, en los últimos años, dema- siado sometido a las cortapisas impuestas por la de- pendencia financiera de las empresas periodísticas. El poder que ejercen las grandes corporaciones em- presariales y bancarias es quizá la principal amena- za actual para la libertad de prensa. La intoxicación permanente procede más de los gabinetes de co- municación de las multinacionales que de los diri- gentes políticos, a su vez condicionados por los in- tereses de aquéllos. No es que el fenómeno resulte novedoso; lo denunció nada menos que en 1963 Manuel Vázquez Montalbán en su imprescindible
Informe sobre la Información. Pero no existían enton- ces ni la globalización ni las nuevas telecomunica- ciones digitales. Ahora proliferan las «armas de in- toxicación masiva». La mejor forma de recuperar esa credibilidad, de «restaurar la confianza», es aprovechar todas las herramientas y capacidades de los nuevos medios digitales al servicio del buen periodismo. Los pe- riodistas profesionales han de convivir, dialogar y competir con quienes ejercen el llamado «perio- dismo ciudadano», pero, a diferencia de estos últi- mos, están obligados a respetar unas normas y a cumplir unas obligaciones. Aquellos nueve «Ele- mentos del periodismo» que hace casi diez años plantearon los profesores Bill Kovach y Tom Ro- senstiel siguen teniendo absoluta vigencia: 1.- La primera obligación del periodismo es la verdad. 2.- debe lealtad ante todo a los ciudadanos. 3.- Su esencia es la disciplina de verificación. 4.- debe mantener su independencia con respecto a aquellos de quienes informa. 5.- debe ejercer un control independiente del poder. 6.- debe ofrecer un foro público para la crítica y el comentario. 7.- debe esforzarse por que el significante sea sugerente y relevante. 8.- Las noticias deben ser exhaustivas y proporcionadas. 9.- debe respetar la conciencia in- dividual de sus profesionales.
teamiento de Plenel es la pérdida del miedo. Con- tra la incertidumbre sobre el futuro de los medios tradicionales y las incógnitas sobre la generación de ingresos en las plataformas digitales, Plenel apuesta por actuar, experimentar, ensayar, inventar. Es pro- bable que la fórmula de Mediapart (exclusivamente accesible mediante pago por suscripción y sin ad- mitir publicidad) no sea trasladable a cualquier otro país o mercado periodístico. O quizá sí. Hay otros modelos y fórmulas, y surgirán más y evoluciona- rán constantemente. Con ese objetivo nace en Es- paña infoLibre. Lo importante es la decisión de rei- vindicar el periodismo de calidad frente a la obsesión por la audiencia; la apuesta por la infor- mación propia y exclusiva para influir en el debate público, en lugar de ejercer de altavoces de consig- nas interesadas. El flujo casi infinito de información que circula por las redes no anula el sentido del pe- riodismo, sino que lo hace aún más necesario que nunca. El «combate por una prensa libre», por un periodismo independiente, sigue librándose todos los días.
Edwy Plenel
Somos periodistas y no nos resignamos a las tres crisis (democrática, económica y moral) que minan la información en Francia, su calidad y su utilidad, su honestidad y su libertad. Reduciendo la política de todos al poder de uno solo, nuestro exacerbado presidencialismo arruina el espíritu democrático, corrompe la independen- cia de los hombres y debilita la expresión de la li- bertad. Agravado en su último avatar, no se limita a imponer su calendario a la información, su om- nipresencia a los medios de comunicación y su oli- garquía financiera a las empresas de prensa. Socava la independencia del servicio público audiovisual, persigue por las salas de audiencia la irreverencia y la indocilidad, convoca a la prensa escrita a palacio como si fuera su regente, juega –no sin perversi- dad– con las carreras y las ambiciones, asciende o