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Una introducción a las propiedades del lenguaje, enfatizando su naturaleza comunicativa y el concepto de información. Se abordan conceptos relacionados como ruido, código, contexto y cotexto, y se explora la relación entre forma y función del lenguaje. Además, se discuten las funciones del lenguaje según el esquema de jakobson y la importancia del referente en el signo lingüístico.
Tipo: Apuntes
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45103- Lingüística
TEMA 3: Las propiedades del lenguaje.
Antes de estudiar las funciones y propiedades que caracterizan al lenguaje en general, tenemos que insistir en su naturaleza comunicativa y en el concepto más específico de información. Ello nos conduce a tratar también el signo y su conformación en cuanto unidad fundamental del sistema lingüístico. La lingüística nació como ciencia moderna partiendo de la definición y análisis del signo.
Por otro lado, el concepto de comunicación, más amplio, resulta homólogo al usarlo en el marco de teorías con fundamento lingüístico diverso. Los animales y el hombre se comunican entre sí, pero la naturaleza de esa comunicación no es la misma en unos y otro.
La conducta instintiva del animal no puede obrar de otro modo que el establecido o programado en su naturaleza irracional. En el caso del hombre, en cambio, aunque dispone de libertad limitada, puede renunciar al instinto, no está determinado por él como el mero animal.
El hombre necesita a otros semejantes para activar la facultad con que lo dotó su propia naturaleza, que es donde comienza la relación intersubjetiva que sitúa al lenguaje en un dominio fenomenológico. Así, vemos que no se trata del mismo sentido en el habla del hombre y en el instinto animal, que funciona de manera completamente irracional e inherente al propio animal. La comunicación humana implica posibilidades de variación y alternancia de conducta respecto del mensaje transmitido, mientras que, en los animales, la estimulación y sus respuestas no sobrepasan los códigos instintivos de la especie.
Es fundamental conocer el esquema de la comunicación basado en R. Jakobson, en el que distingue las siguientes partes y elementos en el esquema comunicativo: un emisor y un receptor que comparten un mensaje estructurado según un código y referente a una realidad contextualizada, que es transmitido por un canal adecuado. Este esquema se ajusta al enunciado por Shannon y Weaber: una fuente de información, un transmisor, un canal, una señal, afectada o no de ruido, un código, un receptor, un destino y un contexto.
Este esquema y elementos se basan, a su vez, en el cálculo de probabilidades, en la estadística y en la técnica de transmisiones. Se ha visto, entonces, que hay diferentes medios comunicativos que coinciden en la estructura y codificación de esos elementos básicos, aunque esta coincidencia no presupone una identidad de naturaleza en los emisores ni una igualdad de sentido en lo informado y en los presupuestos de la información.
Ahora bien, debemos insistir en que los conceptos de información y comunicación no son unívocos en lingüística, aunque los usemos como sinónimos. Elementos del esquema:
del mensaje. Se dice en cibernética que la información y su probabilidad son factores inversos: a más información, menor probabilidad y
viceversa; mayor redundancia. Otro uso de la palabra es “la simple noticia de algo”.
y perturba, enturbia, retarda o hace superfluo el canal de transmisión o alguno de los elementos que integran la señal. La redundancia, como una forma de ruido, va contra la economía de la transmisión, ya que técnicamente es todo aquello que, omitido, no afecta al mensaje de la información. La redundancia es informativa en el estilo literario, aunque resulta técnicamente superflua.
reglas de conexión. Supone un sistema y unas tablas de equivalencias entre el mensaje y los signos y señales empleadas para transmitirlo. Al trasladar el mensaje a uno u otro sistema de transmisión, lo codificamos. Cuando el receptor o destinatario lo recibe, lo descodifica. Esta doble operación supone que, tanto la fuente como el destino, poseen el mismo código para entender el mensaje.
Estos códigos y sistemas presuponen evidentemente una voluntad comunicativa previa. En tal sentido, la información se engloba también en el proceso de comunicación lingüística. Anotamos esto a propósito de la diferencia entre información y comunicación lingüística.
conjunto de circunstancias que rodean al acto de comunicación. Si él, el mensaje queda ontológica e incluso informativamente desvinculado. Operamos con un sentido previo profundo, ontológico. A él pertenece tanto el contexto del acto de comunicación como el inherente a la codificación del mensaje o cotexto.
Ontológico alude a las entidades lingüísticas descubiertas en la relación cognoscitiva y fundamental del hombre con la naturaleza. El cotexto, por otro lado, atiende a las relaciones y funciones internas del mensaje y sus unidades en razón de su carácter discreto y continuo. Tanto el cotexto como el contexto lingüístico inciden en el significado del mensaje y hasta en la elección del canal o código.
el mensaje y en el contexto en el que se produce. Un mismo referente puede admitir, de hecho, diversos tipos de mensajes.
Por sistema entendemos el conjunto de principios fundamentados que estructuran los elementos, las relaciones, los niveles, las propiedades y funciones del lenguaje. Cada elemento suyo halla correspondencia en otro. Implica un paradigma de unidades y conexiones regladas, algunas de las cuales son intrínsecas y otras externas y convencionales.
Ese conjunto reglado de elementos, unidades y niveles según los principios que los fundamentan es el código. En él está el núcleo necesario e imprescindible de signos, relaciones y estructuras que lo constituyen. No existe mensaje sin código
La /s/ de una forma plural es una forma del contenido “cuantidad” al unirse al final de un nombre sustantivo y fundar en él la función de pluralidad. La forma del sonido /s/ -ya fonema-, está funcionando como signo de plural en un contexto determinado. En forma gramatical que funciona en un paradigma de rasgos fónicos sucesivos, es decir, dispuestos sintagmáticamente.
En Lingüística, toda forma funciona generando sentido o significado. Cualquier unidad lingüística contiene, como forma que es, una función potencial, cuya razón radica en que, por ser una unidad ya codificada en algún sistema, dispone en sí de una funcionalidad operativa.
Una forma funciona en un medio organizado, va desarrollando u proceso, una línea sucesiva que implica un antes, un ahora y un después, pero tal implicación acontece modulando el punto de mira conceptual hacia atrás y esta mirada abre campo, a su vez hacia delante. Este despliegue va implicando tiempo. Así fue organizándose el lenguaje.
Sassure propone una lingüística sincrónica donde el habla le sirve de base, pero la estructura científica nos la da la lengua. La sincronía estudia esos cortes temporales del estado concreto de una lengua, y la diacronía estudia el proceso de formación de la lengua y sus cambios a lo largo del tiempo.
Según N. Chomsky, la disposición interna del habla, la posibilidad de resolver situaciones inmediatas con el lenguaje, nos descubre una competencia en principio innata y luego reforzada por el aprendizaje de la vida cotidiana. Ésta es la competence. A su vez, la realización práctica, el ejercicio del habla, esto es, saber pronunciar, pertenece a la actuación concreta de una lengua, la performance. Sassure, sin embargo, no da tanta importancia a la situación dramática de la actuación concreta en el escenario vital del lenguaje.
Humboldt advirtió en las lenguas dos principios internos: el lingüístico y el sonoro. Por interno se entiende la fuerza interna que impulsa y gobierna el lenguaje desde dentro. Entonces, según sea el alcance del espíritu -voluntad actuante- o la energía interna, así será el desarrollo de cada lengua.
Todos tenemos espíritu, ánimo, inteligencia, voluntad, pero no lo desarrollamos del mismo modo ni con la misma intensidad. Humboldt concibe en cada palabra o signo una potencia, un impulso interior que la mueve, su energeia. En cuanto forma interior, hace que el sonido se articule.
El resultado así obtenido es un producto – ergon -, una unidad concreta. La forma interna une todas las unidades, todos los actos y, al hacerlo, también las diferencia. En esta forma recoge Humboldt la intencionalidad del lenguaje. Este principio ordena, desde dentro de las estructuras y niveles, los productos verbales. Entonces, es la energeia productiva que une también por dentro los diferentes niveles, explicándolos al mismo tiempo.
Chomsky parte de Humboldt fundamentalmente, aunque él recurre más al léxico como forma que como sustancia, aunque retiene la energeia de Humboldt que deriva en la forma generativa. Acude también a Sassure al introducir los conceptos de performance y competence.
La competencia chomskiana es un trasunto de la energeia de Humboldt, aunque no coincide con ella, pero también se aproxima al concepto de lengua de Sassure, a la vez que resume el comportamiento o conducta de Bloomfield al unirle la performance. Recordemos, además, los conceptos clásicos de acto y potencia y obtendremos así un sincretismo intelectual y lingüístico.
La performance es la actualidad viva que un hablante realiza de su capacidad de poder hablar en ella. Es el equivalente de ergon , pero sus contextos difieren. La competence incluye la conducta posible y la performance la actuación, el desarrollo del papel lengua en la escena comunicativa.
El gesto puede convertirse en símbolo o señal siempre que esté dotado de un significado, de una configuración simbólica; es decir, no es espontáneo. Entre la señal y el gesto hay un proceso de significación graduado que pasa por la unidad expresiva del signo.
El gesto es un movimiento espontáneo o intencionado, indica algo. En cuanto tal, comporta un mensaje fijo, a no ser que haya intención precisa en ello, pues entonces el gesto ya es indicio de una manifestación expresa y lo manifestado con él representa, significa o simboliza algo concreto. Debemos distinguir, pues, entre la relación instintiva del gesto, que es natural en el hombre, y la también natural, intencionada o no, de la señal y el indicio.
A su vez, entre señal e indicio hay diferencias. Si vemos humo en una montaña, sabemos que hay fuego. La relación entre uno y otro es también natural, pero no instintiva ni intencionada. Interpretamos que el humo es señal de fuego, pero si además se implica una intención humana, entonces alguien usa esa señal como indicio de otra cosa, lo cual supone que ese alguien se ha puesto de acuerdo con otra persona para señalarle o indicarle algo, viéndose así los dos matices conceptuales.
Siempre hay un plano A que lleva a otro B. Aplicada esta relación al lenguaje, decimos que el sonido se estructura en unidades básicas formando un significante o realidad expresiva y un significado o realidad mental, que denominamos idea, concepto, representación o contenido. Estas unidades vienen a ser las partes correspondientes de la expresión y del contenido antes consideradas, pero ya sometidas a una organización formal, a una forma específica, forma de la expresión y del contenido.
El signo lingüístico, definido por Saussure, es la unión o vínculo intencionado de esas dos unidades básicas, la articulación sistemática del sonido por voluntad dicente o comunicativa. El signo consta de Significante y significado.
La importancia del referente al lado del significante y del significado motivó, a su vez, que se represente el signo lingüístico en dimensión triangular e, incluso, trapezoidal, designando entonces la parte expresiva o sonora del lenguaje, su contenido semántico, la idea o concepto evocado, y la referencia a algo extralingüístico, designado por el conjunto e los tres vértices:
Significado
Significante Referente
Tanto Orden-Richards como Ullman han tenido en cuenta estas consideraciones en sus respectivos moelos. M. A. K. Halliday propuso otras funciones lingüísticas atendiendo a la adquisición del lenguaje por los niños: instrumental, reguladora, interoracional, personal, imaginativa e informativa. Al final, Halliday las redujo a cuatro: experiencial, lógica, interpersonal y textual.
Llegados a este punto, abordaremos ya la descripción de Yule sobre las propiedades más específicas del lenguaje. Antes recordaremos las expuestas por Hockett, que asignó en principio trece rasgos, aunque luego los amplió a dieciséis 2. En realidad, bastan la intencionalidad alterativa y la articulación discreta para diferenciar su esencia.
Para describir las propiedades del lenguaje primero deberíamos distinguir lo que son específicamente señales comunicativas de aquellas que pueden ser señales informativas pero que no son intencionadas.
está resfriado; o que no es del país si tiene un acento raro. Es algo inintencionado, no hay intención de comunicar.
(^2) Canal vocal/auditivo, transmisión abierta y recepción direccional, caducidad
rápida, intercambio de transmisión y recepción, retroalimentación total, especialización de los sonidos, semanticidad, arbitrariedad, carácter discreto, desplazamiento, productividad, transmisión de convenciones, dualidad articulada o configurativa, prevaricación, reflexividad y competencia de aprendizaje del sistema.
intencionadamente, como por ejemplo, “tengo la voz ronca porque me constipé ayer jugando al fútbol”.
Vamos a determinar seis rasgos que definen el lenguaje humano y a describir cómo se manifiestan en el mismo únicamente, sin manifestarse en los sistemas de comunicación de otras criaturas.
Los usuarios del lenguaje humano son perfectamente capaces de producir mensajes que se refieran a tiempos pasados o futuros y a otros sitios. Esta propiedad del lenguaje humano es lo que se llama desplazamiento y permite a dichos usuarios hablar sobre cosas y sucesos que no ocurren en el entorno inmediato. Por regla general, se considera que la comunicación animal carece de esta propiedad.
Las abejas, mediante una especie de danza especial, son capaces de comunicar ubicación. Los factores implicados en la propiedad del desplazamiento, tal como se manifiestan en el lenguaje humano, son muchos más que comunicar una simple ubicación como las abejas. Nos permiten hablar sobre cosas y lugares de cuya existencia ni siquiera estamos seguros, además de permitirnos crear ficción y describir posibles mundos futuros.
Lo normal es que no haya una conexión natural entre una forma lingüística y su significado. Las formas del lenguaje humano demuestran una propiedad llamada arbitrariedad: no pueden, de ninguna forma, adecuarse a los objetos que denotan.
Es evidente que hay algunas palabras en las diferentes lenguas que suenan como imitaciones de los sonidos de algunos objetos o actividades, como cucú y arrullar; sin embargo, la mayor parte de las lenguas no las incluyen y son, de hecho, arbitrarias.
En la mayoría de las señales de los animales parece haber una clara conexión entre el mensaje que conllevan y la señal que utilizan para transmitirlo, lo que puede estar relacionado con el hecho de que, para todas las especies, el conjunto de señales que utilizan para comunicarse es finito.
Uno de los rasgos de todas las lenguas es que se están creando continuamente nuevas frases. Surgen nuevas situaciones o nuevos objetos que han de ser descritos, por lo que los usuarios del lenguaje manipulan sus recursos lingüísticos para producir nuevas expresiones y nuevas oraciones. Este aspecto del lenguaje está ligado al hecho de que el número potencial de emisiones de cualquier lenguaje humano es infinito.
con gran rapidez.
Estas propiedades pueden considerarse como una forma de describir el lenguaje humano, pero no como un medio de distinguirlo de otros sistemas de comunicación.