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Heródoto relata las leyes inusuales de babilonia, donde se organizan anualmente reuniones para la venta de esposas y el intercambio de conocimientos médicos. La primera ley describe una práctica matrimonial en la que las mujeres son vendidas a los hombres más ricos, mientras que las menos hermosas reciben buenas dotaciones. La segunda ley permite a los enfermos consultar a la multitud sobre sus dolencias y compartir remedios.
Tipo: Apuntes
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“Heródoto de Halicarnaso presenta aquí las resultas de su investigación para que el tiempo no abata el recuerdo de las acciones de los hombres y que las grandes empresas acometidas, ya sea por los griegos, ya por los bárbaros, no caigan en el olvido; da también razón del conflicto que puso a estos dos pueblos en la lid”
Libro I. CXCVI. Entre sus leyes [de Babilonia] hay una a mi parecer muy sabia de la que, según oigo decir, usan también los Enetos, pueblos de la Iliria. Consiste en una función muy particular que se celebra una vez al año en todas las poblaciones. Luego que las doncellas tienen edad para casarse, las reúnen todas y las conducen a un sitio en torno del cual hay una multitud de hombres en pie. Allí el pregonero las hace levantar de una en una, empezando por la más hermosa de todas. Después que ha despachado a la primera por un precio muy subido, pregona a la que sigue en hermosura, y así las va vendiendo, no por esclavas, sino para que sean esposas de los compradores. De este modo sucedía que los babilonios más ricos y que se hallaban en estado de casarse, tratando a porfía de superarse unos a otros en la generosidad de las ofertas, adquirían las mujeres más lindas y agraciadas. Pero los plebeyos que deseaban tomar mujer, no pretendiendo ninguna de aquellas bellezas, recibían con una buena dote algunas de las doncellas más feas. Porque así como el pregonero acababa de dar salida a la más bellas, hacía poner en pie la más fea del concurso o la contrahecha, si alguna había, hasta entregarla por último al que con menos dote la aceptaba. El dinero para estas dotes se sacaba del precio dado por las hermosas, y con esto las bellas dotaban a las feas y las contrahechas. A nadie le era permitido colocar a su hija con quien mejor le parecía, como tampoco podía ninguno llevarse consigo a la doncella que hubiese comprado, sin dar primero fianzas por las que se obligase a cohabitar con ella, y cuando no quedaba la cosa arreglada en estos términos, les mandaba la ley desembolsar la dote. También era permitido comprar mujer a los que de otros pueblos concurrían con este objeto. Tal era la hermosísima ley que tenían y que ya no subsiste. Recientemente han inventado otro uso, a fin de que no sufran perjuicio las doncellas ni sean llevadas a otro pueblo. Como después de la toma de la ciudad muchas familias han experimentado menoscabo en sus intereses, los particulares faltos de medios, prostituyen a sus hijas, y con las ganancias que de aquí les resultan, proveen a su colocación.
CXCVII. Otra ley tienen que me parece también muy discreta. Cuando uno está enfermo, le sacan a la plaza, donde consulta sobre su enfermedad con todos los concurrentes, porque entre ellos no hay médicos. Si alguno de los presentes padeció la misma dolencia, o sabe que otro la haya padecido, manifiesta al enfermo los remedios que se emplearon en la curación, y le exhorta a ponerlos en práctica. No se permite a nadie que pase de largo sin preguntar al enfermo el mal que le aflige”.