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Asignatura: Lògica Matemàtica, Profesor: Lluis de mates de mates, Carrera: Enginyeria Informàtica, Universidad: URL
Tipo: Apuntes
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INDICE GENERAL vii
Cap´ıtulo X: Clases y conjuntos 355
10.1 La aritm´etica de segundo orden................... 356
10.2 La equivalencia entre AP 2 y Z num
10.3 La teor´ıa de conjuntos ZF
∗
..................... 382
10.4 Las teor´ıas de conjuntos NBG
∗
y MK
∗
............... 386
Cap´ıtulo XI: Los axiomas restantes de la teor´ıa de conjuntos 401
11.1 El axioma de infinitud........................ 401
11.2 El axioma de partes......................... 413
11.3 El axioma de regularidad I...................... 416
11.4 Relaciones bien fundadas...................... 423
11.5 El axioma de regularidad II..................... 431
11.6 El axioma de elecci´on........................ 433
Cap´ıtulo XII: Las teor´ıas de conjuntos ZFC y NBG 441
12.1 Relaci´on con KP........................... 443
12.2 La formalizaci´on de la l´ogica en ZF y KP............. 451
12.3 Consistencia e independencia del axioma de regularidad..... 466
12.4 Teor´ıas de conjuntos con ´atomos.................. 474
12.5 El teorema de reflexi´on........................ 479
12.6 Consideraciones finales........................ 482
Ap´endice A: El c´alculo secuencial de Gentzen 485
A.1 Conceptos y resultados b´asicos................... 486
A.2 Consistencia y completitud..................... 498
A.3 La aritm´etica de Peano....................... 505
A.4 Eliminaci´on de cortes......................... 507
A.5 La formalizaci´on del c´alculo secuencial............... 520
A.6 La reflexividad de AP........................ 526
A.7 Funciones demostrablemente recursivas............... 530
Ap´endice B: Conceptos elementales de la teor´ıa de conjuntos 539
B.1 Definiciones b´asicas.......................... 539
B.2 Otros conceptos conjuntistas.................... 545
B.3 La jerarqu´ıa de L´evy......................... 546
Bibliograf´ıa 549
Indice de Materias 551
x Introducci´on a la l´ogica matem´atica
Todos los espanoles˜ son europeos,
Shakespeare no era espa˜nol,
luego Shakespeare no era europeo.
no es un razonamiento v´alido,
1 pues las premisas son verdaderas y, pese a ello, la
conclusi´on es falsa. Aqu´ı es crucial entender que, para que un razonamiento sea
v´alido, (si parte de premisas verdaderas) no basta con que sus conclusiones sean
verdaderas, sino que tienen que ser necesariamente verdaderas. Por ejemplo, el
razonamiento siguiente no es v´alido:
Todos los perros tienen cuatro patas,
Una gallina no es un perro,
luego Una gallina no tiene cuatro patas.
Es cierto que las gallinas no tienen cuatro patas, pero esto no podemos ase-
gurarlo por el mero hecho de que las premisas sean verdaderas. Si las gallinas
tuvieran cuatro patas, las premisas seguir´ıan siendo ciertas, pero la conclusi´on
no lo ser´ıa.
Esto nos lleva a que la validez o invalidez de un razonamiento no depende
realmente de si las afirmaciones que involucra son verdaderas o falsas, pues
s´olo requiere que en el supuesto (que puede darse o no) de que sus premisas
fueran verdaderas, su conclusi´on tambi´en lo ser´ıa (sin perjuicio de que tanto las
premisas como la conclusi´on pudieran ser falsas). Por ejemplo, el razonamiento
siguiente es correcto:
Todos los espa˜noles son americanos,
Moli`ere era espa˜nol,
luego Moli`ere era americano.
Aqu´ı, tanto las premisas como la conclusi´on son falsas, pero el razonamiento es
v´alido porque si las premisas fueran verdaderas la conclusi´on tambi´en tendr´ıa
que serlo.
Y si la validez o invalidez de un razonamiento no depende de si las afirma-
ciones que involucra son verdaderas o falsas, ¿de qu´e depende entonces? La
respuesta es que de la forma de las afirmaciones involucradas. Para entender
esto consideremos la tabla siguiente:
C es A C no es A C no es B
luego C es B luego C no es B luego C no es A
La casilla 1) contiene un ejemplo de forma de razonamiento v´alida. Quiere
decir que cualquier razonamiento que tenga esa forma, independientemente de
qu´e palabras pongamos en lugar de A, B o C, ser´a v´alido. De los cuatro ejemplos
de razonamientos (v´alidos o no) que hemos visto m´as arriba, el primero y el
cuarto tienen esta forma. En cambio, el segundo y el tercero tienen la forma
1 Notemos que un razonamiento inv´alido o, mejor dicho, un razonamiento falaz, no es
realmente un razonamiento, en el mismo sentido en que una pistola falsa no es una pistola.
xi
de la casilla 2), por lo que, seg´un hemos podido comprobar, 2) no es una forma
v´alida de razonamiento. El hecho de que las premisas de 2) sean ciertas no nos
ofrece garant´ıa alguna de que su conclusi´on vaya a serlo tambi´en. Puede ser
que s´ı (como en el caso de las gallinas) o puede ser que no (como en el caso de
Shakespeare). Por otra parte, la casilla 3) contiene una forma de razonamiento
que, superficialmente, se parece m´as a la de 2) que a la de 1) y, sin embargo, es
una forma v´alida de razonamiento al igual que 1) y al contrario que 2).
Llegados a este punto podemos destacar un hecho fundamental: no corres-
ponde a la l´ogica “definir” lo que es un razonamiento v´alido. Las formas v´alidas
de razonamiento son las que son, y no estamos en posici´on de decidir cu´ales
queremos dar por buenas y cu´ales no. El prop´osito de la l´ogica es m´as bien
“capturar” el razonamiento, dar criterios precisos que nos permitan distinguir
con claridad los razonamientos propiamente dichos de las falacias que aparen-
tan serlo. La palabra t´ecnica en lugar de ese “capturar” que hemos empleado
es “formalizar”. Formalizar un razonamiento es expresarlo de tal modo que se
pueda justificar que es v´alido atendiendo unicamen´ te a la forma de las afirma-
ciones involucradas, sin necesidad de considerar para nada, no ya si ´estas son
verdaderas o falsas, sino siquiera su posible significado.
La idea de que esto es posible, es decir, que es posible distinguir los razo-
namientos de las falacias mediante criterios puramente formales, sin analizar el
significado de las afirmaciones involucradas, se remonta a Arist´oteles, aunque ´el
s´olo estudi´o una clase muy particular de razonamientos, los llamados silogismos.
Sin embargo, esta idea recibi´o un nuevo impulso siglos m´as tarde, por parte de
Leibniz y m´as tarde de Boole, De Morgan, Frege, etc., matem´aticos que, cada
cual a su manera, trataron de crear un “c´alculo deductivo”, es decir, un proce-
dimiento para generar y verificar razonamientos de forma “mec´anica”, similar
a los c´alculos mec´anicos que hace el algebrista cuando aplica sistem´aticamente
las reglas de la aritm´etica.
Es muy probable que la posibilidad de “mecanizar” el razonamiento l´ogico
no hubiera pasado de ser una parte marginal y anecd´otica dentro de lo que
son las matem´aticas (como, en efecto, sucedi´o durante mucho tiempo) de no
haber sido porque en un momento dado los matem´aticos se encontraron con
que necesitaban el auxilio de la l´ogica por una cuesti´on de “vida o muerte”.
Paradojas en la teor´ıa de conjuntos A lo largo de la historia, los ma-
tem´aticos han trabajado en numerosas ocasiones con conceptos que no sab´ıan
precisar con exactitud: los griegos hablaban de n´umeros “irracionales” y al
mismo tiempo se cuestionaban si exist´ıan realmente, los algebristas renacentis-
tas hablaban de n´umeros “imaginarios” con m´as fe que raz´on, los analistas de
los siglos XVII y XVIII hablaban de cantidades “infinitesimales” sin ser capaces
de explicar muy bien si eran cero o no eran cero, etc. A lo largo del siglo XIX
se inici´o un proceso de fundamentaci´on de la matem´atica en la que estos con-
ceptos “confusos” fueron clarific´andose paulatinamente, y todo parec´ıa ir bien
hasta que Georg Cantor desarroll´o la teor´ıa de conjuntos, es decir, una teor´ıa
matem´atica sobre la noci´on general de “conjunto”, en el sentido de “colecci´on de
xiii
forma m´as simple de resolver la llamada “paradoja de Russell” es sencillamente
olvidarse de ella y hablar ´unicamente de cosas sensatas.
El problema de esta “soluci´on” es que, como ya hemos indicado, la paradoja
de Russell surge al destilar, al eliminar el contenido propiamente matem´atico,
de las contradicciones que de hecho surg´ıan en la teor´ıa de Cantor, cuyo plan-
teamiento y contexto no ten´ıa nada de “insensato”, por lo menos a simple vista.
Por ejemplo, aunque no estamos en condiciones de entrar ahora en deta-
lles, Cantor defini´o unos “n´umeros infinitos” llamados ordinales que sirven para
“contar” conjuntos infinitos, igual que los n´umeros naturales permiten contar
conjuntos finitos. De hecho, los numeros´ naturales son los primeros ordinales,
pero la sucesi´on de los ordinales se prolonga mucho m´as all´a:
0 , 1 , 2 ,... ω, ω + 1 ,... ω · 2 , ω · 2 + 1 ,...
En la teor´ıa de Cantor ten´ıa perfecto sentido contar todos los numeros´ natu-
rales, y el resultado era el ordinal ω, pero igualmente ten´ıa sentido considerar el
ordinal Ω que resulta de contar todos los ordinales. Ahora bien, por una parte,
pod´ıa probarse que todo ordinal tiene un siguiente, luego podr´ıamos considerar
el ordinal Ω + 1 > Ω, pero por otro lado, siendo Ω el ordinal del conjunto de
todos los ordinales y siendo Ω + 1 uno de dichos ordinales, se pod´ıa probar que
Ω + 1 ≤ Ω. Esta paradoja se conoce como “antinomia de Burali-Forti”, y no
es un juego de palabras (como podr´ıa pensarse que lo es “el conjunto de todos
los conjuntos que no se pertenecen a s´ı mismos”), sino que pone en cuesti´on si
realmente tiene sentido toda la teor´ıa de ordinales cantoriana, la cual est´a “per-
fectamente” justificada si admitimos la posibilidad de razonar sobre conjuntos
arbitrarios.
La importancia de contradicciones como ´esta es que ponen en cuesti´on si la
teor´ıa de conjuntos es realmente una teor´ıa matem´atica o son meras palabras sin
significado. En efecto, es f´acil construir frases coherentes pero que en realidad
no hagan referencia a nada. Eso es lo que se conoce como un relato de ficci´on. Si
un autor escribe un relato hist´orico en el que se preocupa por ser absolutamente
fiel a los hechos, es imposible que incurra en contradicci´on alguna: pues el
relato s´olo contendr´a hechos verdaderos y un hecho y su negaci´on no pueden ser
ambos verdaderos. En cambio, un autor de un relato de ficci´on puede, si quiere,
escribir en una p´agina que James Bond es rubio y en la p´agina siguiente que
James Bond es moreno. Es lo que tiene el hablar de algo (James Bond) que no
es realmente nada m´as que palabras. Desde el momento en que una narraci´on
sobre James Bond no tiene ninguna realidad a la que poder ajustarse, nada
impide que incurra en contradicciones. El problema es ¿le pasa eso a la teor´ıa
de conjuntos? ¿Es Ω como James Bond, un mero “personaje de ficci´on” del que
no podemos hablar coherentemente porque no corresponde a realidad alguna?
Ahora puede verse mejor la importancia de la paradoja de Russel, porque
el problema es si cuando los matem´aticos hablan de conjuntos (porque siguen
hablando de conjuntos m´as o menos en los mismos t´erminos en los que Cantor
hablaba de conjuntos) est´an hablando de algo objetivo o no. Porque si existe
un concepto objetivo de “conjunto”, respecto al cual una afirmaci´on cualquiera
puede ser verdadera o puede ser falsa, pero no las dos cosas a la vez, entonces
xiv Introducci´on a la l´ogica matem´atica
una teor´ıa sobre dichos conjuntos deber´ıa consistir unicamen´ te en afirmaciones
verdaderas sobre conjuntos, y consecuentemente no podr´ıa dar lugar a contra-
dicciones. Pero resulta que si pudi´eramos especificar qu´e debemos entender
exacta y objetivamente por “conjunto”, de tal forma que los conjuntos fueran
unos objetos concretos (en el sentido m´as abstracto de la palabra “objeto”) y
de forma que, para dos cualesquiera de ellos, A y B, la relaci´on A ∈ B estuviera
perfectamente determinada, y pudiera ser verdadera o falsa, pero no ambas co-
sas, entonces la pregunta de si existe o no un conjunto que contiene a todos
los conjuntos que no se pertenecen a s´ı mismos tendr´ıa que tener una respuesta
precisa, afirmativa o negativa, pero no deber´ıa dar lugar a una contradicci´on.
Los n´umeros naturales Antes de abordar el problema que acabamos de
plantear, conviene considerar otro m´as simple que nos sirva de referencia. En
lugar de preguntarnos hasta qu´e punto podemos decir que sabemos de qu´e habla-
mos cuando hablamos de conjuntos, vamos a considerar la cuesti´on cambiando
“conjunto” por “n´umero natural”. Es seguro que el lector sabe lo que son los
numeros´ naturales:
donde los puntos suspensivos tienen aqu´ı un significado muy concreto que abre-
viamos por no aburrir al lector con lo que ya sabe: son el criterio que permite
prolongar indefinidamente la sucesi´on cuyos primeros t´erminos hemos presen-
tado. El lector sabe que el t´ermino siguiente es el 6, y puede escribir los mil
t´erminos siguientes si se lo propone, y es consciente de que, en teor´ıa, puede
prolongarla sin vacilar tanto como se lo proponga.
El lector conoce tambi´en muchas propiedades objetivas de los n´umeros na-
turales, como el hecho de que se pueden sumar y multiplicar, que se pueden
comparar (decir cu´al de dos dados es mayor que el otro), que hay n´umeros que
son primos y otros que no lo son, etc. As´ı, por ejemplo, tiene perfecto sentido
plantearse si 65 537 es o no primo y, si el lector no sabe la respuesta, sabe que
puede comprobarlo mediante un proceso que da la respuesta en un tiempo finito.
Y es absolutamente imposible que dos personas que sepan lo que est´an haciendo
lleguen a conclusiones distintas sobre si 65 537 es o no primo (salvo que una co-
meta un error en sus c´alculos, en cuyo caso deber´ıa reconocerlo sin dificultad
en cuanto alguien se lo se˜nalara). En suma, podemos hablar objetivamente de
los n´umeros naturales. Cualquier afirmaci´on sobre numeros´ naturales (que no
involucre conceptos “dudosos” ajenos a ellos) tiene que ser verdadera o falsa, y
lo m´as importante es que podemos afirmar que esto es as´ı independientemente
de que tengamos medios o no para comprobar cu´al es el caso. Para entender
esto ultimo´ consideremos el ejemplo de la conjetura de Goldbach:
Todo n´umero par mayor que 2 es suma de dos numer´ os primos.
Actualmente no se sabe si esto es cierto o no, pero s´ı que sabemos lo que
significa que sea cierto: podemos constatar que
xvi Introducci´on a la l´ogica matem´atica
ejemplo, podemos decir que la suma de n´umeros naturales es conmutativa, es
decir, que si a y b son dos n´umeros naturales, la suma a + b tiene que dar
necesariamente lo mismo que la suma b + a, y esto lo sabemos porque la suma
no es meramente una definici´on escrita en un papel, sino una operaci´on concreta
que podemos hacer con n´umeros concretos, y nuestro conocimiento preciso de
qu´e es lo que hacemos cuando sumamos dos n´umeros (no ninguna “corazonada”
o “inspiraci´on”, como entender´ıa quien interpretara la palabra “intuici´on” en
un sentido peyorativo o coloquial y no en el sentido t´ecnico preciso que aqu´ı le
estamos dando) nos garantiza que el resultado de una suma no va a depender
del orden en que dispongamos los sumandos.
A su vez, si partimos de premisas intuitivamente verdaderas sobre los n´ume-
ros naturales, tenemos la garant´ıa de que nunca podremos llegar a razonar una
contradicci´on, porque todo lo que digamos ser´an afirmaciones verdaderas sobre
lo que podemos hacer manipulando los n´umeros naturales, y una afirmaci´on
cualquiera sobre los n´umeros naturales puede ser verdadera o falsa, pero no
ambas cosas. Por ejemplo, nuestra intuici´on da un significado preciso a la con-
jetura de Goldbach, pero no alcanza para determinar si es verdadera o falsa.
Cualquiera puede decir: “es evidente que la suma de numeros´ naturales es con-
mutativa”, pero no tiene ning´un fundamento decir “es evidente que la conjetura
de Goldbach es verdadera”. La primera afirmaci´on no tiene car´acter “m´ıstico”,
sino que se basa en nuestro conocimiento sobre lo que hacemos al sumar numeros´
naturales. Por ejemplo, si observamos la figura siguiente:
nos convencemos de que 4 + 3 = 3 + 4, porque si contamos los puntos de
izquierda a derecha o de derecha a izquierda estamos contando en cualquier
caso los mismos puntos y, lo m´as importante, nos damos cuenta de que este
razonamiento no depende para nada de si hemos dibujado 4 y 3 puntos o bien
1 537 y 299, por lo que vale para cualquier par de n´umeros. Por el contrario, el
proceso que a partir del 28 nos lleva a encontrar la descomposici´on 28 = 5 + 23
en suma de primos no es generalizable, es decir, no nos da ninguna garant´ıa de
que nos permitir´a encontrar una descomposici´on similar si en lugar de partir del
28 partimos del 35 266.
Si la matem´atica se redujera al estudio de los n´umeros naturales, disponer de
un c´alculo deductivo formal para realizar con ´el los razonamientos matem´aticos
ser´ıa algo, m´as o menos interesante, pero sin duda innecesario. Para razonar
sobre numeros´ naturales es suficiente con garantizar que hablamos ´unicamente
de conceptos con un significado preciso (no vale hablar de n´umeros “no dema-
siado grandes”, sin m´as precisi´on) y cuidando de que todo lo que digamos sea
intuitivamente verdadero o consecuencia l´ogica de afirmaciones intuitivamente
verdaderas.
Conceptos abstractos Pero la matem´atica no se reduce al estudio de los
numeros´ naturales, y los matem´aticos se han visto abocados a considerar cada
vez conceptos m´as y m´as abstractos, hasta llegar al que, en cierto sentido, se
puede considerar el m´as abstracto de todos: el concepto de “conjunto”.
xvii
La pregunta que se plantea entonces es si podemos hablar de conjuntos en ge-
neral con la misma objetividad con la que podemos hablar de n´umeros naturales
o, dicho de otro modo, ¿el concepto de “conjunto” es como el de “cubo de tres
dimensiones” o como el de “cubo de cuatro dimensiones”? Lo primero supone
que cuando hablamos de conjuntos podemos asignar un significado objetivo a
nuestras afirmaciones, de manera que podemos cuidar de tomar como premi-
sas ´unicamente afirmaciones intuitivamente verdaderas y tener as´ı la garant´ıa
de que no podemos incurrir en contradicciones en nuestros razonamientos, pues
´estos nos llevar´an ´unicamente a afirmaciones intuitivamente verdaderas (aunque
muchas de ellas no sean intuitivamente evidentes). Lo segundo supone que po-
demos pensar en conjuntos, pero sin ninguna garant´ıa de que lo que afirmemos
sobre ellos sean m´as que meras palabras, como cuando decimos que James Bond
es un agente secreto brit´anico, pero no ruso.
En este punto nos encontramos con argumentos contrapuestos. Por una
parte, es evidente que NO disponemos de un concepto intuitivo preciso de “con-
junto”, porque si los t´erminos “conjunto” y, consiguientemente, “pertenencia”
tuvieran un significado objetivo preciso, no podr´ıamos llegar a una contradicci´on
considerando el conjunto de todos los conjuntos que no se pertenecen a s´ı mis-
mos.
Por otro lado, no es menos evidente que s´ı que tenemos un conocimiento
intuitivo preciso de determinados conjuntos, como el conjunto N de los n´umeros
naturales, o del conjunto P de los n´umeros primos, y podemos decir objeti-
vamente que 5 ∈ P , pero que 8 ∈/ P. Este hecho lleva a muchos a pensar
ingenuamente
4 que el concepto de “conjunto” es como el de “n´umero natural”,
algo que “est´a ah´ı” en el sentido de que podemos hablar objetivamente sobre
los conjuntos como hablamos sobre los n´umeros naturales, pero en este punto
es preciso caer en la cuenta de un hecho muy sutil, pero fundamental:
El hecho de que podamos aplicar con pleno sentido un concepto a
ciertos objetos completamente determinados por la intuici´on no im-
plica necesariamente que dicho concepto tenga en general un conte-
nido intuitivo.
Por ejemplo, sabemos perfectamente lo que estamos diciendo cuando decimos
que el conjunto P de los n´umeros primos es un conjunto y que 5 ∈ P , pero eso
no significa que tengamos un concepto general de “conjunto” bien definido, y
mucho menos con un contenido intuitivo.
Quiz´a otros ejemplos ayuden a entender esto. Si hablamos de “el menor
numero´ natural que puede expresarse como producto de tres primos distintos”,
estamos hablando sin duda alguna de 2 · 3 · 5 = 30.
Esta es una posible definici´on
del n´umero 30. En cambio, no podemos decir que estamos definiendo un numero´
al hablar de “el menor n´umero natural que hubiera sido primo si 8 lo fuera”. Eso
no tiene ni pies ni cabeza, y sabemos distinguir si una “definici´on” es realmente
una definici´on o si s´olo aparenta serlo, pero no lo es. Al menos, esto es as´ı
si convenimos en que en cuanto una definici´on deja lugar a dudas es que no es
4 Sin perjuicio de que otros puedan llegar a la misma conclusi´on no ingenuamente.
xix
Similarmente, cuando afirmamos que existe un primo que cumple X, esto
significa que 2 cumple X o 3 cumple X o 5 cumple X, y que, si continuamos
avanzando por la sucesi´on de los primos, tarde o temprano encontraremos uno
que cumpla X. Nuevamente, esto tiene un sentido objetivo tanto si sabemos
como comprobar que es as´ı como si no. M´as a´un, tiene sentido objetivo incluso
si no sabemos c´omo comprobar si un primo dado cumple o no X (pero sabemos
lo que esto significa).
Un ejemplo para entender esto ´ultimo: Tomemos como X la propiedad “ser
diferencia de dos n´umeros primos”. Podemos preguntarnos si todo n´umero par
tiene la propiedad X. Por ejemplo,
ahora imaginemos que llegamos a un n´umero par p para el que no encontramos
un par de primos que cumplan X. Eso no significa que no existan, porque los
dos primos pueden ser arbitrariamente grandes. Tal vez nos quedemos con la
duda de si p tiene o no la propiedad X, pero o la tiene o no la tiene. Si no la
tiene, ya podemos asegurar que es falso que todo numero´ par tiene la propiedad
X, y si la tiene habr´ıa que seguir buscando por si falla otro. Tal vez nunca
sepamos qu´e pasa a partir de p, pero eso no desmiente que la afirmaci´on “todo
numero´ par es diferencia de dos primos” es objetivamente verdadera o falsa.
Consideremos ahora el concepto de “sucesi´on infinita de numeros´ naturales”.
Conocemos muchos ejemplos concretos de tales sucesiones. Por ejemplo, la
sucesi´on constante igual a 7:
la propia sucesi´on de los n´umeros naturales:
la sucesi´on n
2
y as´ı infinitas m´as. Sabemos lo que decimos cuando decimos que cualquiera
de ellas es una sucesi´on infinita de n´umeros naturales, podemos hablar objeti-
vamente de cualquiera de ellas, pero ¿sabemos lo que decimos si hacemos una
afirmaci´on sobre la totalidad de sucesiones infinitas de numeros´ naturales? ¿Po-
demos decir objetivamente que toda afirmaci´on sobre la totalidad de sucesiones
infinitas de n´umeros naturales es verdadera o falsa?
Los matem´aticos discrepan en la respuesta a esta pregunta, pero en general
coinciden en que, si la respuesta fuera afirmativa, no es evidente que lo sea, por
lo que en ning´un caso es algo en lo que podamos apoyarnos sin m´as justificaci´on.
Volveremos sobre esto un poco m´as adelante, pero de momento qued´emonos al
menos con que no podemos decir “alegremente” que sabemos de qu´e hablamos
cuando hablamos de “todas las sucesiones infinitas de n´umeros naturales”.
xx Introducci´on a la l´ogica matem´atica
Teor´ıas axiom´aticas En cuanto se vieron enfrentados a las paradojas de la
teor´ıa de conjuntos, los matem´aticos no necesitaron ninguna de las reflexiones
precedentes para convencerse de que la soluci´on a todos sus problemas era una
teor´ıa axiom´atica. Para entender c´omo una teor´ıa axiom´atica “arregla” los
problemas de la teor´ıa de conjuntos, vamos a considerar primero el caso m´as
tangible bajo la hip´otesis de que s´olo estuvi´eramos interesados en razonar sobre
numeros´ naturales.
El primer intento de analizar deductivamente nuestro conocimiento sobre los
numeros´ naturales se debe a Peano, quien propuso los cinco axiomas siguientes
como ´unicas premisas de los razonamientos sobre n´umeros naturales:
n´umero natural tiene la propiedad P tambi´en la tiene su siguiente, entonces
todo n´umero natural tiene la propiedad P.
El punto d´ebil de estos axiomas, as´ı expresados, es qu´e debemos entender
por propiedad P. Obviamente tiene que ser una propiedad “bien definida”, una
propiedad que no deje lugar a dudas sobre qu´e significa que un numero´ la tenga o
no (lo cual no es lo mismo que exigir que haya un procedimiento que nos permita
saber en la pr´actica si la tiene o no). Pero puede objetarse que, como ya hemos
comentado, no tenemos una definici´on rigurosa de “propiedad bien definida”.
Esta objeci´on no es del todo justa, pues, como tambi´en hemos comentado, el
hecho de que no sepamos definir “propiedad bien definida” no est´a re˜nido con
que sepamos reconocer muchas propiedades que est´an bien definidas sin lugar a
dudas, a las cuales podemos aplicar tranquilamente el principio de inducci´on.
De todos modos, podemos precisar algo m´as el modo en que debe entenderse
el axioma 5. Podr´ıamos pensar en considerar ´unicamente las propiedades que
pueden definirse a partir de los conceptos de “cero” y “siguiente”, pero esto es
demasiado pobre. Para ir por ese camino debemos a˜nadir algunos hechos b´asicos
a los axiomas de Peano. Si, por abreviar, usamos la letra S para referirnos al
siguiente de un n´umero natural y los signos + y · para nombrar la suma y el
producto, como es habitual, los nuevos axiomas son:
de dos n´umeros naturales es un numero´ natural, y adem´as:
x + 0 = x, x + Sy = S(x + y).
producto de dos n´umeros naturales es un n´umero natural, y adem´as:
x · 0 = 0 , x · Sy = x · y + x.