Docsity
Docsity

Prepara tus exámenes
Prepara tus exámenes

Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity


Consigue puntos base para descargar
Consigue puntos base para descargar

Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium


Orientación Universidad
Orientación Universidad


¿Los animales tienen lenguaje?, Monografías, Ensayos de Lingüística

¿Los animales tienen lenguaje? ¿Es posible hablar de un lenguaje animal?

Tipo: Monografías, Ensayos

2018/2019

Subido el 26/02/2019

daniela-flores-8
daniela-flores-8 🇲🇽

5

(1)

1 documento

1 / 11

Toggle sidebar

Esta página no es visible en la vista previa

¡No te pierdas las partes importantes!

bg1
El ser humano desde hace miles de os ha tenido la inquietud de nombrar
lo que le rodea, de comunicarse los unos con los otros. Es por esta necesidad que
hace tantos siglos los humanos comenzaron a reflexionar acerca del acto del
habla y todo lo que conlleva, por lo que inevitablemente terminaron nombrándolo
también. Claro, con esto nos referimos a un nombre específico para aquello
específico y que únicamente es propio del humano; el lenguaje. A lo largo de la
historia, hemos ido caracterizándolo, definiéndolo, poniéndole un cierto tipo de
margen que, aunque resulte algo difuso a veces, nos ayuda a comprender mejor
estos sonidos, estos garabatos, estas estructuras que usamos para comunicarnos.
Definir, nombrar esto que nos permite precisamente nombrar al resto del mundo,
es algo sumamente increíble, si nos detenemos a analizarlo. Con el paso del
tiempo, logramos asir un poco de esta masa extraña, aparentemente tan libre, tan
fuera de nuestro alcance, tan nuestra, a la que llamamos lenguaje.
Pero, ¿qué es lenguaje? Se han ido desarrollando diversas definiciones a lo
largo de la historia. Para Saussure, el lenguaje es la capacidad que tenemos para
comunicarnos. Lyons (Lyons, 1984: pp. 3-7), por su parte, acepta que se trata
de una facultad de comunicación, sin embargo, agrega que se trata de algo
voluntario, extensible, que está articulado y que es propio del ser humano. Muchos
lingüistas siguieron varias posturas de Lyons, especialmente concordando en que
el lenguaje es algo propio nada más del humano. Y con toda razón, si la idea
misma de crear este nombre fue para designar la comunicación propia del ser
humano. No obstante, hace algunas décadas se comenzó a cuestionar hasta
dónde llegaban los límites de esta definición. De esta manera, decidieron que la
Para la materia de Lingüística General
Universidad de Guadalajara
Daniela Flores Ramos
Tercer Semestre T/M
Comunicación humana y comunicación animal
no humana
¿Tienen el resto de los animales un lenguaje? Problemas de perspectiva ante esta
pf3
pf4
pf5
pf8
pf9
pfa

Vista previa parcial del texto

¡Descarga ¿Los animales tienen lenguaje? y más Monografías, Ensayos en PDF de Lingüística solo en Docsity!

El ser humano desde hace miles de años ha tenido la inquietud de nombrar lo que le rodea, de comunicarse los unos con los otros. Es por esta necesidad que hace tantos siglos los humanos comenzaron a reflexionar acerca del acto del habla y todo lo que conlleva, por lo que inevitablemente terminaron nombrándolo también. Claro, con esto nos referimos a un nombre específico para aquello específico y que únicamente es propio del humano; el lenguaje. A lo largo de la historia, hemos ido caracterizándolo, definiéndolo, poniéndole un cierto tipo de margen que, aunque resulte algo difuso a veces, nos ayuda a comprender mejor estos sonidos, estos garabatos, estas estructuras que usamos para comunicarnos. Definir, nombrar esto que nos permite precisamente nombrar al resto del mundo, es algo sumamente increíble, si nos detenemos a analizarlo. Con el paso del tiempo, logramos asir un poco de esta masa extraña, aparentemente tan libre, tan fuera de nuestro alcance, tan nuestra, a la que llamamos lenguaje. Pero, ¿qué es lenguaje? Se han ido desarrollando diversas definiciones a lo largo de la historia. Para Saussure, el lenguaje es la capacidad que tenemos para comunicarnos. Lyons (Lyons, 1984: pp. 3-7), por su parte, acepta que sí se trata de una facultad de comunicación, sin embargo, agrega que se trata de algo voluntario, extensible, que está articulado y que es propio del ser humano. Muchos lingüistas siguieron varias posturas de Lyons, especialmente concordando en que el lenguaje es algo propio nada más del humano. Y con toda razón, si la idea misma de crear este nombre fue para designar la comunicación propia del ser humano. No obstante, hace algunas décadas se comenzó a cuestionar hasta dónde llegaban los límites de esta definición. De esta manera, decidieron que la

Para la materia de Lingüística

Universidad de Gua

Daniela Flores

Tercer Semes

Comunicación humana y comunicación

no h

¿Tienen el resto de los animales un lenguaje? Problemas de pers

mejor forma de probarlo era buscando si había lenguaje en otras especies, por lo que varios lingüistas y zootecnistas comenzaron a querer buscar las características que supuestamente pertenecían únicamente al ser humano en el resto del mundo animal bajo la pregunta ¿los animales tienen algún tipo de lenguaje? Estos trabajos tenían en común el término: “lenguaje animal”, el cual denominaba a todo método de comunicación que no fuera el nuestro, apartando al humano del reino de los animales a pesar de también pertenecer a él. Quizá fuera esa misma la razón por la cual se pensó en hacer dichos estudios; si todos somos animales, ¿por qué no deberíamos de tener todos características en común entre nuestros lenguajes? Esto especialmente pensando en nuestra relación evolutiva con varias especies de simios. Hasta ahí, esa pregunta no suena mal para nada, pero el problema empieza al adentrarse en trabajos al respecto o críticas a los trabajos al respecto, donde vemos que, al menos gran parte de ellos, realmente buscaban comparar las diferencias, ver cuál era más complejo y por qué la comunicación de los animales no era un lenguaje. En este trabajo se hablará un poco superficialmente sobre algunos de estos estudios, no para criticarlos a ellos, sino para ver la forma en que ellos abordaron el tema. Empezaremos justo como comenzó la emoción de los trabajos sobre el lenguaje animal: con la evolución. Desde el polémico e iluminador descubrimiento de Charles Darwin con su evolución de las especies, aunado, también, al notar la gran cantidad de rasgos genéticos y demás que compartimos con seres vivos que nos parecen tan alejados a simple vista, los humanos como sociedad hemos estado sondeando los límites de eso que nos diferencia a todos los animales entre sí. Bajo esta línea de pensamiento encontramos diversos trabajos sobre el aprendizaje del lenguaje humano por otros tipos de primates. Recordando la anécdota que cuenta Chomsky de “un divulgador de la filosofía cartesiana” quien decía que varios nativos de Oceanía pensaban que los primates sí podían hablar, pero no lo hacían por miedo a que los humanos los hicieran trabajar (Tusón, 2004: pp. 29-30). Esta anécdota parece un parteaguas para los estudios que comenzaron a investigar sobre este tema. Se hicieron muchos, muchos intentos para que chimpancés aprendieran ciertas lenguas, -el matrimonio Gardner, Dr. Premark, entre otros (Luria, 1984: p. 26)-, aunque todos terminaron en fracaso o,

en la comunicación del resto del mundo animal. Un ejemplo de esto serían los gritos de los cercopitecos de cara negra, quienes tienen aproximadamente treinta gritos distintos de los cuales se sirven para anunciar al resto de la manada la presencia de algún peligro y lograr un tipo de respuesta. Esta selecta cantidad de sonidos representa todo lo que ellos necesitan comunicar en caso de estar en peligro; basta hacer xt para anunciar la cercanía de depredadores terrestres reptiles o rrr para depredadores terrestres que pueden correr y saltar, como los guepardos (Tusón, 2004: pp. 28-29). Signos de este tipo encontramos en diferentes formas de comunicación animal no humana, donde al momento de delimitar los sonidos que usan para cada situación posible en la que se podrían ver, ciñéndose solamente a sus necesidades, ya es economía del lenguaje. Se puede decir, entonces, que las convenciones de la comunicación y los signos utilizados recaen no solo en lo fisiológico, sino también en las circunstancias. Por lo ya establecido, vemos que es prácticamente imposible marcar una línea de continuidad en el lenguaje de diversas especies entre sí, pues no hay ningún punto de comparación entre el tipo de vida y situaciones que ellos necesitan comunicar a las que nosotros hemos necesitado, además que esas mismas situaciones han guiado su evolución en caminos completamente distintos. Un cercopiteco de cara negra en medio de su hábitat nunca necesitará decir a sus compañeros “chicos, ayer vi a un león corriendo cerca de nuestro territorio” porque, en su caso, la información puede ser pasada inmediatamente y debe ser pasada inmediatamente, ambos casos por vivir en manadas que, si no se enteran en ese momento, representaría un peligro terrible. Por esto mismo los experimentos realizados no tuvieron éxito: personas buscaban enseñar a otras especies de forma artificial un lenguaje que ni le compete ni le es posible realizar. Ejemplo obvio es el caso de Wiki, la chimpancé a la cual lograron con mucho esfuerzo enseñarle a pronunciar cuatro palabras: papa, mama, cup y up (Tusón, 2004: p. 29). Además de haber necesitado una gran cantidad de trabajo por tres años para terminar logrando que pronunciara solo esas cuatro palabras, la pronunciación era bastante defectuosa (esto a causa del posicionamiento de la glotis diferente al nuestro) y, obviamente, ella no podía entender en su totalidad el

concepto para cada una de ellas. Al comprender el porqué de las fallas, resulta, hasta cierto, algo extraña esta comparación. Otros estudios se han ido por otro lado: intentar encajar otros métodos de comunicación de otras especies en las características que hemos creado para el lenguaje humano. Esto lo vemos, por ejemplo, en el trabajo de Benveniste sobre la investigación hecha por Von Frisch sobre la comunicación de las abejas (Benveniste, 2004). En ese texto Benveniste dice tajantemente que no se trata de un lenguaje, lo cual será puesto a discusión a continuación. Primero, hablemos un poco sobre en qué consistía el trabajo de Von Frisch. Karl von Frisch hizo una extensa investigación sobre la comunicación de las abejas, descubriendo que una abeja exploradora buscaba néctar azarosamente por el mundo y, cuando lo encontraba, regresaba rápidamente a la colmena para informar a las otras abejas. Lo interesante aquí es que lo hacía mediante una “danza” en la cual movían el abdomen en forma de ocho y, dependiendo de la rapidez y la inclinación, les decía hacia dónde tenían que ir usando el sol como punto de referencia (Akmajian et al, 1979: 5-9). La comunicación de las abejas es complejísima, como vemos, sin embargo, seguía sin ser lenguaje para Benveniste. ¿A qué se debía esto? El primer punto que da es que, como no es hecho vocalmente, no cuenta como lenguaje (Benveniste, 2004: pp. 60). Aquí entramos un poco en conflicto pues, de ser necesario que el lenguaje sea hablado, ¿qué pasa con las personas cuyo aparato fonador no funciona de la misma manera? ¿o qué hay de aquellas que no pueden oír, por lo cual no son capaces de reproducir exactamente los mismos sonidos que nosotros? Es definitivo que estas situaciones no les evitan el comunicarse perfectamente entre sí, e incluso con otras personas que conozcan la lengua de señas. ¿Acaso la lengua de señas no es un lenguaje? Esta cumple con el resto de las características para ser lenguaje, las cuales se explicarán más adelante. Solamente cabe mencionar aquí que el reducir el lenguaje a su forma fónica es bastante iluso, pues hay muchas otras formas de representarlo. Por este motivo, ese señalamiento de Benveniste no parece tan acertado. Otro punto que menciona es que ese lenguaje no permite respuesta, sino que espera una reacción (Benveniste, 2004: pp. 60-61). Efectivamente, en la

hacer abstracción, significante el nombre o imagen acústica que le hemos dado y signo la combinación de los dos (Saussure, 1945: pp. 91-93). La semiótica estudia estos tres conceptos. Con esto aclarado, se infiere que el significante es la danza, el significado es la dirección que está compartiendo y el signo la dirección interpretada por la danza. Ahora, esto sería la segunda articulación y la primera, en todo caso, los componentes de la danza: la forma de ocho, la velocidad y la dirección. No queda justo como con el lenguaje humano, por supuesto, y aquí cabe mencionar por qué: en los animales, el signo, el significado y el significante tienen delimitaciones distintas (por no decir un poco menos delimitadas) que en los humanos, pues sus circunstancias no exigen el mismo nivel de abstracción que las nuestras. Benveniste considera que esto no es posible porque, por sí mismos, los movimientos realizados por las abejas no tienen significado, sin embargo, como ya mencionamos, esto es pensar muy cerrado. Los significados están en cómo se realizan estos movimientos, no en los movimientos en sí. No negamos que en varios métodos de comunicación animal la doble articulación sea imposible, aunque el punto era resaltar que no es así para todos los casos. Se entiende, pues, que para Benveniste no se trate de un lenguaje, pero esto se debe al problema del que ya hemos hablado: estamos intentando verlo desde una perspectiva muy antropocéntrica y no de forma general, como deberíamos. Tusón, por otro lado, también piensa que el lenguaje es meramente humano y nos da, además de varias de las características ya discutidas, dos características del lenguaje que abren las puertas a la discusión: su autoexpresividad (tanto la posibilidad del emisor para hablar de sí mismo como del lenguaje para hablar del lenguaje) y su lugar como forma predilecta de comunicación (Tusón, 2004: pp. 23-25). También da gran importancia a su función como organizador del mundo, pero ese tema ya fue muy hablado en el resto del trabajo presente. De la capacidad de autoconsciencia, sabemos que es algo que hemos logrado gracias al desarrollo masivo que ha tenido nuestro cerebro, lo cual también nos da el razonamiento y varias otras maravillas. Puede que los animales no tengan esa capacidad de autoconsciencia como tal mediante un tipo de lenguaje o un movimiento en específico, pero, por ejemplo, con el lenguaje corporal de los primates daría la impresión de que son conscientes de sí mismos

y de su diferencia hacia el resto de sus semejantes. Estas señales visuales son, en gran medida, parte de la comunicación animal así que, de cierta forma, sí se está cumpliendo. Pasando a la libertad de autoexpresión, resulta algo similar a lo anterior. Se puede inferir que los humanos, de nuevo, por nuestra capacidad neuronal y emotiva, tenemos una serie de pensamientos un tanto más complejos que otros animales, sin embargo, no quiere decir que ellos sean incapaces de expresar lo que quieren con libertad fuera de su mente. Víctor Manuel Niño Rojas (Niño, 2012: p. 26) mencionaba que la comunicación animal funciona a través de señales pues no tienen un aparato fonador como el nuestro. Ellos usan vocalizaciones, movimientos, rituales, etc. Mediante estas señales expresan diversos estados de ánimo, necesidades y demás. Justo porque no pueden hablar como nosotros, “suplen” esta capacidad con otra: la zoosemiótica. El término suplir está demás, pero lo importante es que, como la fisiología de los animales no es apta para el acto del habla, recurren a este otro método que consiste, principalmente, en lenguaje corporal y algunas vocalizaciones. Entonces, bajo la definición de Niño, vemos que, efectivamente, pueden expresarse con libertad, solamente que, para ellos, esta expresión suele siempre tener un receptor que no es él mismo. Sobre este mismo hilo cabe resaltar otra característica similar pero no igual entre la comunicación humana por medio del lenguaje y de la comunicación animal: el lenguaje humano suele tener la fórmula emisor-mensaje-receptor, con la opción de una respuesta con la misma fórmula. En los animales es más acción-recepción- respuesta, donde la respuesta es también una acción. Moviéndonos a la comunicación predilecta, requeriríamos bastantes especificaciones y darían lugar a otro trabajo completo. Por lo mismo, solamente diremos que cada animal tiene, en efecto, una forma de comunicación predilecta y única para su especie. Cabe hacer mención aquí del lenguaje de señas en humanos, el cual también tiene su predilección en una gran parte de las sociedades y se trata también de un lenguaje corporal. Este lenguaje corporal, tanto en humanos como en el resto de los animales, y como ya habíamos dicho anteriormente, vemos que sí se trata de una forma de ordenar el mundo. No importa con qué se formule. Por todo esto podemos apreciar que la manera en

nuestro lenguaje, si ampliamos los conceptos, si nos abrimos a la posibilidad, quizá encontrar similitudes no sea tan difícil. Debemos olvidar la perspectiva tan antropocéntrica que tenemos y, en su lugar, abrirnos a las posibilidades. Se trata, pues, de ver hasta dónde quedan los límites del lenguaje, si acaso los podemos estirar, expandir, romper un poco el molde y crear uno nuevo donde pueda entrar esta comunicación animal. Esto, con la mayoría de los estudios realizados que se enfocan en enseñar nuestro lenguaje a otras especies o ver si se ciñen exactamente a nuestras normas, es bastante descabellado de lograr. Los estudios actualmente publicados son interesantes, sí, pero no dan para mucho por la forma en que fueron estructurados. Esperemos se abra la brecha por donde se inicien nuevos experimentos, nuevos trabajos con otra perspectiva y así poder dar una oportunidad más justa a otras formas de comunicación.

Obras citadas:

Akmajian, A., & al., e. (1979). Linguistics: An introduction to Language and Communication. Cambridge: The MIT Press.

Benveniste, É. (2004). Problemas de lingüística general 1. Ciudad de México: Siglo XXI Editores.

Gavilán, J. (2008). Lenguaje y creación: las raíces cerebrales del procesamiento lingüístico. Madrid: Biblioteca Nueva.

Jolly, A. (1995). A new science that sees animals as conscius beeings. Washington: Smithsonian.

Luria, A. R. (1984). Conciencia y lenguaje. Madrid: Visor Libros.

Lyons, J. (1984). Introducción al lenguaje y la lingüística. Barcelona, España: TEIDE.

Martinet, A. (1974). Elementos de lingüística general. Madrid: Gredos.

Niño Rojas, V. M. (2012). Semiótica y Lingüística: fundamentos. Bogotá: Ecoe Ediciones.

Saussure, F. (1945). Curso de Lingüística General. Buenos Aires: Editorial Losada.

Tusón Valls, J. (2004). Introducción al lenguaje. Barcelona: Universitat Oberta de Catalunya.