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Los planos filosóficos, Ejercicios de Derecho Común

Temas de literatura castellana para Selectividad

Tipo: Ejercicios

2021/2022

Subido el 03/03/2022

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2. Los diversos planos de la obra: político, filosófico, teológico, moral. Ambigüedad del
concepto de “sueño”.
Tenemos que partir de que hablar de “diversos planos“ de la obra se trata más de una
conversación de la crítica que de una realidad en La vida es sueño. Sin lugar a duda no existe
propiamente, salvo en el análisis del crítico literario, una interpretación metafísica, teológica
o moral de la obra; este parcelamiento se trata de una exigencia que puede facilitar la labor
de los estudiosos. Evidentemente, Calderón pretendió dar a esta obra una trascendencia que
iba mucho más lejos que presentar una simple obra de entretenimiento. La prueba de ello
es que la obra que estudiamos, La vida es sueño (1636), obsesionó al autor a lo largo de su
vida y escribió una segunda versión teatral en auto sacramental alrededor de 1674 (Calderón
murió en 1681). El auto sacramental, por ejemplo: no tiene a Segismundo, ni a Rosaura, ni a
ninguno de los personajes de esa obra: los personajes del auto sacramental son el Agua, el
Fuego, la Tierra, el Aire, el Poder, la Sabiduría, el Amor, el Hombre, el Entendimiento, es
decir, son alegorías que corresponden a un género propio del Siglo de Oro, que es diferente
al de la “comedia” (drama). Sin llegar al grado de abstracción, de conceptualización del auto
sacramental, La vida es sueño de 1636 se suele considerar un “drama filosófico” y esta obra
es tan rica en contenido que permite una interpretación, por lo menos simplificadora, de
diversos planos, incluso porque en los sistemas filosóficos de la época (de los que Calderón,
que estudió en los jesuitas, participa), por ejemplo, la moral es una parte de la teología y la
política es parte de la moral, pero no ayudan a acercarnos a la complejidad de esta obra
calderoniana.
Con esta puntualización, pasaremos a analizar los tres planos o sentidos en que podemos
centrar el análisis de la obra. Aclaramos los siguientes conceptos:
La metafísica es una rama de la filosofía que se encarga de estudiar la naturaleza, la
estructura, componentes y principios fundamentales de la realidad. La ontología es una
parte de la metafísica que estudia lo que hay. Muchas preguntas tradicionales de la filosofía
pueden ser estudiadas como preguntas de ontología: ¿Existe Dios? ¿Existen entidades
mentales, como ideas, pensamientos? ¿Existen entidades abstractas, como los números?
¿Existen los universales?
La teología es el estudio y el conjunto de conocimiento, acerca de la divinidad.
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  1. Los diversos planos de la obra: político, filosófico, teológico, moral. Ambigüedad del concepto de “sueño”. Tenemos que partir de que hablar de “diversos planos“ de la obra se trata más de una conversación de la crítica que de una realidad en La vida es sueño. Sin lugar a duda no existe propiamente, salvo en el análisis del crítico literario, una interpretación metafísica, teológica o moral de la obra; este parcelamiento se trata de una exigencia que puede facilitar la labor de los estudiosos. Evidentemente, Calderón pretendió dar a esta obra una trascendencia que iba mucho más lejos que presentar una simple obra de entretenimiento. La prueba de ello es que la obra que estudiamos, La vida es sueño (1636), obsesionó al autor a lo largo de su vida y escribió una segunda versión teatral en auto sacramental alrededor de 1674 (Calderón murió en 1681). El auto sacramental, por ejemplo: no tiene a Segismundo, ni a Rosaura, ni a ninguno de los personajes de esa obra: los personajes del auto sacramental son el Agua, el Fuego, la Tierra, el Aire, el Poder, la Sabiduría, el Amor, el Hombre, el Entendimiento…, es decir, son alegorías que corresponden a un género propio del Siglo de Oro, que es diferente al de la “comedia” (drama). Sin llegar al grado de abstracción, de conceptualización del auto sacramental, La vida es sueño de 1636 se suele considerar un “drama filosófico” y esta obra es tan rica en contenido que permite una interpretación, por lo menos simplificadora, de diversos planos, incluso porque en los sistemas filosóficos de la época (de los que Calderón, que estudió en los jesuitas, participa), por ejemplo, la moral es una parte de la teología y la política es parte de la moral, pero no ayudan a acercarnos a la complejidad de esta obra calderoniana. Con esta puntualización, pasaremos a analizar los tres planos o sentidos en que podemos centrar el análisis de la obra. Aclaramos los siguientes conceptos: La metafísica es una rama de la filosofía que se encarga de estudiar la naturaleza, la estructura, componentes y principios fundamentales de la realidad. La ontología es una parte de la metafísica que estudia lo que hay. Muchas preguntas tradicionales de la filosofía pueden ser estudiadas como preguntas de ontología: ¿Existe Dios? ¿Existen entidades mentales, como ideas, pensamientos? ¿Existen entidades abstractas, como los números? ¿Existen los universales? La teología es el estudio y el conjunto de conocimiento, acerca de la divinidad.

La moral son las reglas o normas por las que se rige la conducta de un ser humano en concordancia con la sociedad y consigo mismo. Este término tiene un sentido contrario frente al de “inmoral” (contra la moral) y “amoral” (sin moral). La existencia de acciones y actividades susceptibles de valoración moral se fundamenta en el ser humano como sujeto de estos actos voluntarios. Por lo tanto, la moral se relaciona con el estudio de la libertad y abarca la acción del hombre en todas sus manifestaciones. Plano metafísico El título de la obra nos lleva directamente a este sentido: La vida es sueño. Para Calderón de la Barca la vida es y no es sueño. Calderón es católico y cree que hay vida después de la muerte. Por tanto, nuestra vida como seres humanos de alguna manera carece de realidad, es contingente, breve, no tiene entidad frente a la vida eterna, que es inmutable y, por definición, imperecedera, más allá de la muerte. De alguna manera el dormir y el soñar, ejemplos diarios de nuestra existencia, nos dan la pista para entender la realidad. Porque si el arte de dormir (“sueño”) nos recuerda bastante la muerte, el acto de soñar (también llamado “sueño”) nos siembra la duda de si la vida en vigilia no será más que una fantasía, o un producto de nuestra imaginación, algo falso. Como buen católico, la creencia de Calderón en la vida eterna (más allá de la muerte) le llevaría a priorizar esa vida de ultratumba y, por contraposición, la existencia humana solo tiene sentido y entidad como preparación para la vida más allá de la muerte. No obstante, hay que recordar que el buen católico también cree en el cielo y en el infierno: la vida eterna puede ser un paraíso o la condena eterna. Forzando la metáfora de la vida es sueño, cuando soñamos podemos tener “pesadillas” o “sueños tan placenteros” (estos últimos son negativos precisamente al despertarnos y verlos como sueños, como algo irreal), recordemos que en la vida humana según la concepción de la Biblia es un verdadero “valle de lágrimas” porque venimos a sufrir, para que el ser humano se haga merecedor del premio divino. De algún modo, si el alma humana se decanta por el mal vivirá una existencia terrenal vana, satisfaciendo sus instintos y placeres, pero se “despertará” bruscamente con la muerte y el castigo eterno de los infiernos. Por tanto, para Calderón la vida es y no es sueño, porque puede haber vidas más verdaderas y otras más vacías y vanas como tristes sueños.

Plano moral Con el plano metafísico y el teológico, hemos añadido observaciones del plano moral. La vida es sueño plantea el tema del libre albedrío, es decir, de la libertad de todo ser humano de elegir entre el bien y el mal. De hecho, las implicaciones metafísicas (ontológicas) y teológicas son claras: el ser humano es un híbrido de cuerpo y alma, de materia y espíritu, de instinto y razón, que en el fondo es un trasunto teológico, en tanto que Dios creó al ser humano a su imagen y semejanza, por ese elemento divino que insufló en la criatura. Frente a la metáfora de un Dios-tirano, conocedor de todo, sabedor antes de nacer si cada uno será salvado o condenado en la vida eterna, el catolicismo apuesta por un Dios-padre, generoso, comprensivo (también lo es la Virgen María), que ayuda y da oportunidades para que se salve, y lo dota de las potencialidades de discernir el bien y el mal. El rey Basilio actúa muy erróneamente. No es un buen padre, que tenía como obligación primera educar a su hijo. Se cree a pies juntillas unas predicciones astrológicas (lo cual es atentar al libre albedrío), por que priva a su hijo del derecho de equivocarse. Para corroborar que es poseedor de la verdad absoluta, el rey somete a su hijo Segismundo, a una prueba: lo liberará de la prisión para comprobar cómo actúa. En la obra de teatro en un primer momento, la idea del determinismo parece triunfar, porque Segismundo, en esa primera puesta en libertad, se mueve por un sentimiento de venganza, ya que probablemente al encerrársele desde su nacimiento ha sido condenado a una vida que no es humana sino de una bestia. Opta por la peor opción: la del mal, la de saciar sus instintos más primarios. En Segismundo liberado triunfa la parte más irracional, más animal, más pasional. En la segunda salida de la prisión, sin embargo, triunfará la ideología de Calderón (y de la doctrina oficial de la Iglesia de la Contrarreforma), triunfará el libre albedrío y el personaje Segismundo se liberará de las cadenas del mal, escogiendo el camino del bien; él será responsable y hacedor de su destino, y escoge el bien. La obra también trata un punto de conexión con la moral: el de la educación. la educación ha de aspirar a sacar la parte racional del individuo. El rey Basilio, al encerrar a su hijo, de hecho, niega su deber de educar. Y esta medida tiene sus consecuencias negativas: en la primera salida de la prisión, la mera presencia de Rosaura desencadena el deseo y la lujuria y, ante su propio padre, se siente poseído por la ira y ejerce el poder con capricho, arbitrariedad, sin medida y sin razón. Al final de la obra, cuando Segismundo logra liberarse de las pasiones, alcanza el control y opta por el perdón, que es su sentimiento cristiano por excelencia. Perdona a su padre y, pese a la atracción amorosa que Rosaura le despierta, la libera para que esta pueda restaurar su honor. Ambigüedad del concepto de "sueño"

La palabra “sueño” es polisémica en la lengua castellana. Curiosamente, en lengua catalana, encontraríamos dos significados que la traducirían: “son” y “somni”. Una rápida consulta al DRAE, nos permite cinco acepciones vigentes en la actualidad y en la época de composición y representación de La vida es sueño. sueño. (Del lat. somnus).

_1. m. Acto de dormir.

  1. m. Acto de representarse en la fantasía de alguien, mientras duerme, sucesos o imágenes.
  2. m. Estos mismos sucesos o imágenes que se representan.
  3. m. Gana de dormir. Tengo sueño. Me estoy cayendo de sueño.
  4. m. Cierto baile licencioso del siglo XVIII.
  5. m. Cosa que carece de realidad o fundamento, y, en especial, proyecto, deseo, esperanza sin probabilidad de realizarse._

Evidentemente que a partir de la idea de “sueño” como “fantasía” podemos darle un valor positivo, algo así como la “idea que mueve a obtener objetivos” (por ejemplo: “el sueño de triunfar en la vida”) o un valor negativo, “sueños vanos o frustrados”, “ideas irrealizables o abortadas por la realidad”. Esta última connotación peyorativa es la que solemos encontrar en la expresión del “sueño” como metáfora de la vida: un evidente tópico barroco, muy marcado en la concepción calderoniana. Al equiparar la “vida” con el “sueño” se enfatiza en la idea de irrealidad y en el sentimiento pesimista. El propio autor fue de los que mejor trataron otro tópico para definir la vida: “la vida como una representación teatral”. Aunque este último tópico posee un antecedente histórico (Séneca), ambos tópicos fueron muy del gusto de la mentalidad barroca, particularmente desencantada y pesimista. En concreto, la vida como sueño refleja una concepción del mundo y de la vida desde la óptica del desengaño, de sentir la frustración de la fugacidad de la vida y la inconsciencia de la realidad. El argumento de La vida es sueño (y de manera más patente en el auto sacramental homónimo posterior) le permite a Calderón abordar esta reflexión. Al protagonista le somete a la prueba del comportamiento en libertad. Dormido, en sueños, es trasladado de la prisión al palacio, y, nuevamente durante un sueño físico, es devuelto a la cárcel al no haber superado la prueba. También la vida resulta un sueño para el anciano y riguroso rey capaz de encerrar a su propio hijo, pues pasa de ser monarca de un reino a someterse a la voluntad de su hijo, aunque este último logra perdonarlo: Basilio ha vivido una vida basada en la idea falsa de la predestinación de las estrellas en la vida humana. Para el cristianismo (y más, para el catolicismo de contrarreforma), la concepción de la vida como sueño (y también de “la vida como teatro”) conecta con la tradición de considerar verdadera la vida eterna, la vida más allá de la muerte. la vida terrenal es apenas mero tránsito y uno se tiene que resignar con la esperanza de la vida del alma tras la corrupción del cuerpo, que sobreviene con la muerte. Sin duda entre las escenas más significativas de la obra La vida es sueño destacan las que concluyen respectivamente los actos segundo y tercero. En la escena XIX de la jornada segunda, Segismundo recapacita sobre los sueños y llega a afirmar que cada persona sueña lo que es y que todo el mundo sueña y finalmente recita unos veros muy conocidos y con mucho significado: “Que toda la vida es sueño

y los sueños, sueños son“ En la escena XIV del último acto, en la escena final, Segismundo se arrodilla a los pies de su padre dejando la lucha a un lado, le da mil gracias y le pide perdón. Basilio también se disculpa de su hijo y todo parece acabar bien: Astolfo se casa con Rosaura y Segismundo, con Estrella. Finalmente, Segismundo termina reflexionando sobre si todo lo que le está ocurriendo en su sueño, o si la propia vida es un sueño. de hecho, su reflexión le lleva a creer que, sea un sueño o no, deberá aprovecharla bien (y hacer el bien), porque la vida es breve.