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Trabajo sobre la vida y sus pasos de Luchetti
Tipo: Ejercicios
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Elena Luchetti propone una nueva matriz para la formación de los docentes. Por ello trabaja un Decálogo conformado por nodos que no deben tomarse separados o aisladamente, sino como un conjunto en el cada parte interjuega con las demás. Los diez nodos son los siguientes y no implican ningún orden jerárquico ni prioritario: 1.- Formarse en y para educar en la diversidad La diversidad es la igualdad de condiciones para todos, respondiendo a las características específicas de cada persona /grupo y a los contextos diversos. Rebeca Anijovich la define como “dar a cada cual lo que realmente necesita, sin descuidar lo que se considere común a todos”. Trabajar desde este punto de vista significa considerar a la escuela como espacio de socialización divergente (modelo de la ensalada para Alvin Toffler) en lugar de espacio convergente (modelo del crisol de Toffler). Si el futuro docente es formado en y para la diversidad, en su rol docente debe: Sentirse respetado en su ser diverso. Conocer múltiples maneras de aprender para poder experimentar metodologías y recursos que le permitan atender a las diferencias de sus alumnos. Conocer variedad de metodologías de evaluación de su aprendizaje para aplicarlas en sus alumnos conforme y coherentemente al proceso de enseñanza. Ser tolerante, abierto y flexible para respetar la diversidad. Es oportuno tener en cuenta la prevención que, al respecto, hace Tomlinson (2005): “La diferenciación no implica que el docente pueda cubrir todas las necesidades de todos los alumnos al mismo tiempo. Pero sí requiere crear una gama razonable de estrategias didácticas para que la mayoría encuentre una forma de aprendizaje adecuada para gran parte del tiempo”. 2.- Formarse en y para formar en la educación permanente Se entiende por educación permanente a la que se da a lo largo de la vida (Unesco) No significa ir siempre a la escuela ni acumular título sobre título. La
capacidad de aprendizaje permanente pone en el centro de la educación el aprender a aprender. Aprender a aprender implica dos ámbitos: las operaciones del pensamiento , cognitivas/ intelectuales (observar, comprender, clasificar, interpretar, hipotetizar, aplicar, extrapolar, etc.) y las técnicas de trabajo intelectual (organizadores gráficos: mapa y red conceptual, cuadro sinóptico, cuadros comparativos, línea de tiempo, diagramas, mapas, croquis, etc). Para organizar la enseñanza de operaciones del pensamiento y de técnicas de trabajo intelectual hay que incluirlas en las unidades de trabajo como organizadoras (vertebradoras, centrales, principales) o como soporte o sostén (auxiliares, complementarias, secundarias) 3.- Formarse en y para el trabajo por competencias Si bien no hay acuerdo sobre la definición de competencia , aquí se la considera como “el uso funcional de los conocimientos en contextos diferentes”. El Consejo Federal de Cultura y Educación expresa que “son capacidades complejas, que poseen distintos grados de integración y se ponen de manifiesto en una gran variedad de situaciones correspondientes a los diversos ámbitos de la vida humana, personal y social. Son expresiones de los distintos grados de desarrollo personal y participación activa en los procesos sociales. Toda competencia es una síntesis de las experiencias que el sujeto ha logrado construir en el marco de su entorno vital amplio, de su pasado y de su presente” (Recomendación 26/92). Las competencias aparecen como inseparables de la acción y para ser desarrolladas requieren de conocimientos. Significa poder aplicar los contenidos a muchas situaciones. Son el saber hacer. Trabajar con competencias no significa rechazar los contenidos ni las disciplinas, sino ponerlos en práctica. Enseñar competencias en la escuela significa un gran cambio en el vínculo docente-saber, en las maneras de dar las clases, en los modos de evaluación. La escuela se mueve entre enseñar conocimientos ( saber qué ) o desarrollar competencias ( saber cómo) 4.- Formarse en y para la selección de contenidos Dice Battro: “Cuántas cosas inútiles, redundantes, obsoletas podríamos eliminar de los programas si siguiéramos el sabio precepto de la parsimonia”. Alude Battro a Francisco Occam, matemático y filósofo inglés del S.XIV que enunció el principio de la parsimonia (llamado navaja de Occan) o “hay que cortar lo que sobra”.
o La metacognición: El término pertenece a John Flavell que la define como “conocimiento acerca de los procesos cognitivos de uno mismo”. Este conocimiento se da por reflexión sobre nuestras propias formas de conocer. Recibe diversas denominaciones: Javier Burón lo denomina conocimiento autorreflexivo o intracognición y Nellman lo llama metaconocimiento. Reflexionando sobre nuestros propios procesos y recursos intelectuales podemos aplicarlos en lo sucesivo. La metacognición conlleva un momento de socialización en el que se comparten las experiencias personales sobre los procesos de aprender llevados a cabo por cada persona. El docente conduce la enseñanza como de costumbre y reserva un momento para la reflexión compartida. 7.- Formarse en y para fomentar la participación La participación favorece la autonomía y la dimensión democrática. Hay distintos niveles de participación: participar en la información (es pasiva e implica el estar informado sobre lo que se va a hacer o lo que se está haciendo); participar en la actuación (es activa y requiere la acción en lo que se va a hacer o se está haciendo); participar en la elaboración de proyectos específicos, en el plano consultivo y en el plano decisorio (que implica participar de la consulta y participar de la decisión) y participar en el control (seguimiento y control de acciones).Hay tres tipos de participación: espontánea, inducida y obligatoria. La participación requiere dar cuenta periódicamente al docente y asumir las responsabilidades. Para el docente la delegación en el alumno no significa ausencia de responsabilidad: debe orientar, monitorear, evaluar. Según el nivel, la tarea, la modalidad de enseñanza se puede hacer el seguimiento de la participación a través de listas/inventarios de control. Frecuentemente el modo de favorecer la participación es la propuesta de trabajo en equipos. 8.- Formarse para articular interáreas, interciclos e interniveles La articulación es más que la suma de hechos aislados, implica la continuidad de los aprendizajes, la gradualidad y el pasaje no traumático entre áreas/ciclos/niveles. Miguel Ángel Zabalza afirma que en la contigüidad “no hay interacción entre las partes, sino simplemente inmediación…en la continuidad se produce un intercambio entre las partes conectadas; ambas se comunican, interactúan, se modifican y se condicionan mutuamente”. Es necesario estar alertas a que esas partes que se supeditan no pierdan identidad. Hay dos clases de articulación: horizontal (también llamada de extraescuela que se refiere a la coordinación entre diferentes contextos educativos: familias, instituciones, otras escuelas) y vertical (de intraescuela, en referencia a la coordinación entre grupos de distintos niveles, ciclos,
9.- Formarse en y para fomentar la resolución de problemas y el trabajo por proyectos Problemas: Los diversos autores coinciden en que un problema presenta un obstáculo, una dificultad cuya resolución significa un desafío, que apela a pensar y obliga a una invención. Es importante hacer la aclaración que los problemas no son exclusivos de la matemática y también diferenciar entre ejercicio y problema. Los problemas pueden clasificarse en: o Prácticos, reales o exógenos: Los motiva la resolución de una acción específica y son emergentes de la vida social (¿Cómo ampliar la biblioteca?, ¿Cómo organizar un debate?) o Intelectuales, especulativos, epistémicos o endógenos: Están motivados por una necesidad de aprender, son internos de cada disciplina (¿Cuál será la mejor manera de hacer una maqueta?, ¿Cómo se estructura una monografía?) Trabajar con problemas implica una mejor comprensión de información, un tratamiento más directo de las cuestiones, un mayor grado de análisis y reflexión y una dinámica muy activa de preguntar. El ambiente de trabajo debe contribuir a que los alumnos arriesguen preguntas, opiniones, soluciones. Proyectos: El trabajo por problemas lleva al proyecto y un verdadero proyecto parte de la necesidad de resolver un problema. Todo proyecto se estructura respondiendo a las siguientes preguntas: o ¿Para qué? : objetivos o ¿Qué?: contenidos o ¿Cómo?: actividades o ¿Quiénes? Recursos humanos, materiales, financieros o ¿Cuándo?: calendarización o ¿Cómo resultó?: evaluación (del proyecto y de los alumnos) 10.- Formarse para la resolución de conflictos Cuando hay que decidir surge el riesgo de no acordar. El conflicto en sí mismo no es bueno ni malo, es inevitable en el curso de la vida y expresa la manifestación del pensar distinto. Para trabajar desde el lado positivo del conflicto hay que proponer nuevos modelos de organización de la convivencia con la participación de todos. Para ello el docente debe: o atender las situaciones conflictivas tratando un tema por vez sin manifestarse a favor o en contra de ninguno,