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Este trabajo monográfico ofrece un recorrido por la vida de Van Gogh y expone el modo en que sus vivencias marcaron la evolución y las características de su arte.
Tipo: Monografías, Ensayos
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Es indiscutible que Van Gogh es, en nuestros días, considerado como uno de los artistas más relevantes, originales y valiosos de la Historia del Arte, ya que marcó un punto clave en la evolución de la pintura moderna de cara a las vanguardias del siglo XX. Sus trazos, entremezclados para crear delirantes y coloridos tejidos cargados de material, construyeron una nueva percepción pictórica que, sin embargo, no lograron aportarle el reconocimiento que habría merecido en su momento. Fue inmediatamente después de su muerte cuando su obra, que había sido rechazada incluso por los artistas de su círculo más cercano, se comenzó a ver como un preludio del futuro. Picasso, sin ir más lejos, lo consideró como el pintor que le abrió la puerta al arte moderno por las representativas características de su pintura, y así, la influencia de Van Gogh se plasmó de forma inmediata ya en las primeras vanguardias que emergieron terminado el siglo XIX, especialmente en los fauves. Estos valoraron la dimensión expresiva que supo darle a su color, considerando su aplicación radical y revolucionara, ya que el artista empleó los pigmentos para canalizar su estado de ánimo en las cosas. Pese a todo, Van Gogh se vio obligado a dar muchas vueltas antes de hallar esta forma de expresión personal que hace tan única a su pintura; su dificultad para ejecutar el dibujo siguiendo las pautas académicas lo obligó a buscar nuevos modelos de expresión que terminó encontrando, por ejemplo, en la pintura japonesa, de la que arranca para investigar su peculiar visión del espacio, el dibujo y el color. De este modo, y a falta de un don que le permitiera reproducir las cosas con fidelidad, Van Gogh llegó a desarrollar una manera de dibujar sumamente personal que trascendía con mucho la concepción clásica: él dibujaba pintando, dibujaba sirviéndose de la pintura como un empaste mediante el que ejecutaba relieves plásticos sobre el lienzo, dejando impresas unas formas casi siempre onduladas que no funcionaban como simples elementos pasivos u ornamentales, sino como elementos activos y comunicativos. Hizo de las pinceladas otro tipo de línea, llenándolas de contenido y convirtiéndolas en un nuevo recurso por el que canalizar ese caótico y rico mundo interior que burbujeaba en su interior. Este carácter espiritual que se ha visto en la pintura del artista coincide con la imagen de genio visionario que se construyó alrededor de su figura después de que se suicidara, la misma que se extendió durante la segunda mitad del siglo XX. Por otro lado su vida, además de su pintura, se convirtió en una suerte de leyenda marcada por el espíritu de la locura, a menudo ejemplificada en la autolesión que hizo célebre su oreja. Van Gogh resulta una figura atrayente para muchos, y conserva cierto halo de misterio aún después de que su obra y su biografía haya sido analizada e investigada desde variados puntos de vista por cientos de teóricos distintos. En el presente trabajo intentaremos seguir el flujo de la vida de Van Gogh para encontrar y destacar sus puntos más relevantes, aquellos que pudieron marcar una inflexión y le sirvieron para desarrollar no únicamente su propio estilo de pintura, sino también su psicología y sus ideales. Con este fin hemos consultado obras monográficas de su figura, pero también las cartas que él mismo escribió y le envió a su hermano.
pintor era paciente con sus clientes, pero acostumbraba a darles su opinión sin guardar las formas, siendo esta una agresión indirecta para con sus patronos y para el público. Parecía que su comportamiento estaba únicamente motivado por la necesidad de ser honesto, aunque fuera en un grado excesivo^11. Aquí vemos manifestada su incapacidad para adaptarse a la realidad: él expresaba la realidad tal y como la entendía, sin filtros ni frivolidades. El comercio de libros, en cualquier caso, no lo complacería, porque terminaría por abandonarlo en pro de su vocación religiosa, que había alcanzado el punto culminante, quizá movido por el inconsciente deseo de suceder a su padre, tal como manifestaba en sus cartas a Théo: “Se que su corazón anhela que ocurra algo que me permita seguir su profesión; papá siempre lo esperó de mi. ¡Oh, que esto ocurra y que Dios lo quiera así!” (89)^12. Este ansia por alcanzar a su idealizada figura paterna conllevaría un ego ideal acompañado del temor a no estar a la altura. El temor al fracaso sería para él una obsesión, sobre todo durante el periodo que pasó en Amsterdam. Van Gogh sufría un pánico atroz frente a la crítica de aquellos a los que admiraba; su aprobación era la base de su autoestima y de su equilibrio moral. La idea de su ego se construyó sobre el intenso deseo de satisfacer los anhelos que él atribuía a sus figuras paternas, de merecerse su perdón, su admiración y su amor^13. Su futuro psicológico, según parecía, dependería del éxito o del fracaso de su nuevo proyecto.
la naturaleza con ojos de artista: sus obras consistirían en algunos trazos rápidos que expresarían lo esencial y producirían un gran efecto. Tras ser despedido de su puesto e evangelista, sus preocupaciones estéticas se verían acentuadas^17. Desde esta época, además, el comportamiento indicaría perturbaciones mentales. El rigor de la existencia consigo mismo se explicaría en parte por la ya mencionada imagen idealizada que tenía de su padre, pastor y hombre perfecto, pero esta idealización llevaría consigo el germen de la destrucción. Vincent había desarrollado una identificación inconsciente de Padre-Dios-Cristo, y se comportaba de acuerdo a ella; hay incluso quienes piensan que le dio su rostro a Cristo en “La pietá”. Por otra parte, su bondad y piedad extremas estarían determinadas por la transformación de sus tendencias agresivas: estas encontrarían una salida adecuada y no conflictiva en el comportamiento caritativo^18. Vincent hallaría otra salida a sus conflictos internos en el dibujo, al que se dedicaba sin objetivos concretos, sin planes ni propósitos, simplemente como compensación. En esta época, tanto Théo como el resto de la familia se mostrarían preocupados ante la falta de sentido de la vida que llevaba el hijo mayor. Sería en 1880 cuando Vincent se volcaría de lleno en el dibujo, hallándose ya en el camino de la pintura; se dedicará a practicar con “Los ejercicios al carbón” y “El curso de dibujo” de Barque, así como a estudiar libros de anatomía y perspectiva. Sin embargo, el desarrollo de su genio creador aún estaría amenazado, ya que antes de poder desarrollar su potencial artístico y de adquirir la capacidad de manejarlo por completo, debería de sufrir una serie de transformaciones de personalidad^19. Su hermano mayor estará al día de cada avance: “[...] no sabría decirte lo feliz que me siento de haber retomado el dibujo. Desde hacía largo tiempo que ya me preocupaba, pero siempre consideraba la cosa como imposible y por encima de mi alcance. Pero ahora, al mismo tiempo que siento mi debilidad y mi penosa dependencia de muchas cosas, recuperé mi tranquilidad de espíritu, y la energía vuelve a mí de día en día”^20. En estas líneas vemos, también, que Vincent es consciente de su propia tristeza. Jamás tuvo prejuicios a la hora de exponer sus inquietudes y anhelos frente a Théo, a quien pidió ayuda material con el fin de suavizarlos. El hermano, que estaba lejos de ser rico, decidió apoyarlo en su empresa, y lo auxiliaría desde entonces hasta el final de sus días^21. Van Gogh se trasladaría a Bruselas para comenzar a estudiar seriamente, llegando a solicitar acceso en L'Ecole de Beaux Arts. Trabajaría con modelos casi todos los días, recurriendo a todo tipo de personas. “Casi todos los días tengo algún modelo, un viejo mandadero, algún obrero, o un chico que hago posar. El próximo domingo quizá tenga uno o dos soldados […] probablemente llegaré también a saber hacer retratos. Pero a condición de trabajar mucho; no dejar pasar un día sin hacer una línea”^22 Durante esta época, Vincent se encuentra con el pintor Mauve, que le recomienda que comience a pintar, pero él duda y no intentará usar el color hasta más tarde, vencido de momento por su temor al fracaso y la falta de confianza. No se atrevía a pensar en la posibilidad de ser él mismo un artista. 17 E. PAYRÓ, Julio. Cézanne, Gauguin, Van Gogh y Seurat, los héroes del color y su tiempo. Buenos Aires: Editorial Nova, 1963, p. 99. 18 NÁGERA, Dr. Humberto. Vincent Van Gogh. Un estudio psicológico. Barcelona: Editorial Blume, 1980, p. 50. 19 Íbidem, p. 57. 20 VAN GOGH, Vincent. Cartas a Theo. Buenos Aires: Adriana Hidalgo Editora, 2007, p. 39. 21 E. PAYRÓ, Julio. Op. Cit ., p. 99. 22 VAN GOGH, Vincent. Cartas a Theo. Buenos Aires: Adriana Hidalgo Editora, 2007, p. 42.
es un medio eficaz de expresarse. Además, permite traducir sentimientos cálidos [...]”^28. Pese a la alegría que le supone su nuevo descubrimiento artístico, Vincent termina viéndose obligado a volver a casa por problemas económicos. Se siente, sin embargo, desgraciado en lo que una vez fue su hogar, ya que sus padres no manifiestan remordimientos por haberlo echado de la casa dos años antes, y tiene la impresión de que lo tratan como a un perro: “Vacilan en recibirme en la casa, como se vacilaría en recoger a un gran perro hirsuto […] De acuerdo, pero el animal tienen una historia humana y, aunque no sea más que un perro, un alma humana. Y lo que es más, un alma humana lo bastante sensible como para sentir lo que piensan de él”^29. En estas palabras reconocemos un sentimiento de rencor; es evidente que Vincent ya no siente ese apego familiar que tantos problemas le causó a la hora de trasladarse a Londres siendo joven. El amor por sus padres ha desaparecido, al menos en gran medida, lo cual lo empuja un poco más a la soledad que definirá su futuro. Las relaciones con Théo, además, tampoco marcharán bien cuando éste se ponga del lado de sus progenitores. Vincent se negará entonces a ser su mantenido, y en el futuro solo aceptará su ayuda monetaria en pago a algunas obras que le envía^30. Poco después, se sucederán en el tiempo dos hechos muy representativos que marcarán a Vincent de un modo u otro. Para comenzar, será testigo del intento de suicidio de su amiga Margot Begemann, algo que le provocará un fuerte impacto según vemos en sus escritos “Se ha producido aquí un acontecimiento […] ¡es espantoso! […] La señorita X se envenenó en un acceso de desesperación, después de haber tenido una discusión con los suyos; habían hablado mal de ella y de mi, y eso la trastornó tanto que hizo eso”^31. Por otro lado, el padre de Vincent moriría a fecha de 26 de abril de 1885, aunque él a penas lo mencionó en su correspondencia. Es de destacar que sería en este instante cuando comenzaría a trabajar en la primera versión de “Los comedores de patatas”, una de sus pinturas más famosas y sin duda la más importante realizada hasta entonces. Resulta significativo que este primer gran logro fuera alcanzado inmediatamente después de la muerte de su padre, como si Vincent se hubiera visto liberado del peso que suponía su severa figura^32. Sin embargo, el miedo a la crítica no abandona al pintor, que mostraba una sensibilidad extrema a la crítica cuando provenía de personas a quienes consideraba iguales o superiores a él. En el resto de casos era capaz de manifestar una gran tolerancia, pero vemos el ejemplo contrario cuando un amigo pintor de Théo, Serret, le reprocha a Vincent que no prest atención a las proporciones ni a los detalles anatómicos. Le pedirá a su hermano que le transmita su mensaje: “Dile que mi gran deseo es aprender a pintar esas inexactitudes, esas anomalías, esas reconstrucciones, esas modificaciones de la realidad, para que todo eso pueda convertirse, ¡claro que sí!, en mentiras, si se quiere, pero mentiras más verdaderas que la verdad literal”^33. Con esto queda claro que Van Gogh tenía su propia visión de la realidad del mundo, y que para él la mímesis artística no tenía por qué ir de la mano de la veracidad. 28 VAN GOGH, Vincent. Cartas a Theo. Buenos Aires: Adriana Hidalgo Editora, 2007, p. 82. 29 VAN GOGH, Op. Cit. , p. 138. 30 NÁGERA, Dr. Humberto. Vincent Van Gogh. Un estudio psicológico. Barcelona: Editorial Blume, 1980, p. 90. 31 VAN GOGH, Vincent. Op. Cit. , p. 157. 32 NÁGERA, Dr. Humberto. Op. Cit ., p. 95. 33 VAN GOGH, Vincent. Op. Cit ., p. 192.
Vincent encerrado en el hospital mental de Arlés, donde sería dado de alta poco después^45. Como si este hecho no hubiera servido para desolar a Vincent, el destino le deparó un segundo impacto que llegó en forma de compromiso: Théo le comunicó que pensaba casarse con Joahnna Bonger. Ante esto, Van Gogh no tuvo más remedio que adaptarse a la idea, aunque lo hizo con lentitud. Como cada vez que notaba que algo amenazaba su relación con Théo, reaccionó pidiéndole más dinero. Este era un modo de asegurarse de que ni el inminente matrimonio ni Johanna eran más importantes que él para su hermano. En cualquier caso, Vincent sufriría otras dos crisis psicóticas antes de la boda. Más tarde, durante la boda de mil, Théo redujo la correspondencia y Vincent se vio muy afectado^46. Finalmente, deprimido, solo y queriendo evitarle gastos a su hermano menor, el artista decidió ingresarse en un asilo por voluntad propia.
considerar ni durante un solo instante que pueda vender sus obras y ser un pintor de éxito^50. A salir del hospital la primera vez, Vincent constataría que algunas de sus pinturas están irremediablemente dañadas, por lo cual entra en un estado aún más depresivo que lo incita a reanudar sus pensamientos suicidas: “Si no tuviese tu amistad, me empujaría sin remordimiento al suicidio y, por cobarde que pueda ser, acabaré por hacerlo”^51. En el arte de Van Gogh se rebeló cierto cambio a raíz de lo ocurrido en Arles. Se produjeron variaciones en el estilo, en el modo de manear el pincel; existían indicios de cierta urgencia, de tensión, de agitación e incluso de violencia, pero la composición y la perspectiva, el manejo de colores, aunque levemente modificado, no muestran su alteración mental. Solo su última obra “Campo de trigo con cuervos”, realizada antes del suicidio, presenta los estigmas de la locura: la composición y perspectiva no son correctas. Los dos soles que brillan en el cielo tampoco no son acordes al estilo previo, pero a pesar de ello provoca una poderosa impresión^52. Con sus cada vez más frecuentes crisis de locura atormentándolo, Vincent ve frustradas sus esperanzas de dejar de ser una carga para Théo. Teme, sin poder evitarlo, que el interés de éste por su mujer y el hijo lo distrajeran de la pintura y de él. Esta negativa sensación se agudiza, además, con el nacimiento del hijo de Théo, al que llaman Vincent en su honor. Van Gogh se horroriza, pues ve en el pequeño bebé la reencarnación de su hermano muerto, aquél cuya ausencia-presencia lo persiguió durante toda su vida. Su temor se volvió una preocupación obsesiva, y comenzó a vivir en un constante temor por la salud de su sobrino^53. Finalmente, Van Gogh sufriría un nuevo y prolongado ataque, el quinto en menos de un año, y cuando abandonó el internamiento para trasladarse a Auvers-sur-Oise se puso bajo los cuidados del doctor Garcht, que admiraba el arte y coleccionaba muchas obras. Vincent se volcaría de lleno en su trabajo; pasaría su último año pintando, alternando locura y lucidez, luchando. A medida que pasaban los meses, su pintura se volvería dramática hasta extremos indescriptibles, como si todo el horror que había estado guardando hasta entonces decidiera ver la luz. En sus cuadros, la naturaleza aparecería deformada por sus sentimientos, con los colores cambiados^54. 50 NÁGERA, Dr. Humberto. Vincent Van Gogh. Un estudio psicológico. Barcelona: Editorial Blume, 1980, p. 136. 51 VAN GOGH, Vincent. Cartas desde la locura. México: Premia editora, 1979. p. 104. 52 NÁGERA, Dr. Humberto. Op. Cit ., p. 137. 53 Íbidem ., p. 143. 54 ORTEGA, Virgilio [ed.]. Vincent Van Gogh. Barcelona: Editorial Planeta DeAgostini, 1995, p. 158.
No hay que olvidar que muchos artistas tienen una relación especial con sus obras, quizá en particular durante el proceso de creación; Vincent las ve como un producto de la procreación, y por lo tanto las concibe como hijos. La pintura se convirtió, una vez instalado en Arles, en su única fuente de gratificación, en el propósito de su vida. Toda la energía la canalizaba en la pintura, y por eso pudo concebir un número prodigioso de obra en esta época, superando las cuatrocientas. Como ejemplo de la sexualidad reflejada en la obra de Vincent, podemos exponer la obra de “El sembrador”, de la que pintó varias versiones. Soltero y sin hijos, el artista admiró siempre la capacidad que tenían los campesinos para fecundar a la madre Tierra. Esta pintura es altamente simbólica: los árboles representan un símbolo fálico, se presenta un instante en que la semilla y la madre tierra son fecundadas y, en el fondo, el sol violento lo inunda todo con su calor amarillo.
El interés por la muerte acompaña a Vincent, como ya hemos visto, a lo largo de toda su vida. En un principio, sus creencias acerca de ella son las de un cristiano: se trata de un paso hacia la vida eterna. Más tarde, el artista se interroga sobre su sentido, tal como vemos en muchas de las cartas que intercambia con su hermano. Uno de los fragmentos más conmovedores y profundos respecto a este tema podría ser el siguiente: Los pintores que están muertos y enterrados hablan a una generación siguiente o a varias generaciones siguientes con sus obras. ¿Acaso eso es todo o aún hay más? En la vida del pintor quizá la muerte no es lo más difícil que le toca. Yo declaro no saber nada, pero ver las estrellas siempre me hace soñar, tan simplemente como me hacen soñar los puntos negros que representan pueblos y ciudades en el mapa. ¿Por qué, pienso, los puntos luminosos del firmamento nos serían menos accesibles que los puntos negros en el mapa de Francia? Si tomamos el tren para ir a Tarascón o a Ruán, tomamos la muerte para ir a una estrella^58_._ Aunque tuvo fantasmas de suicidio cuando era joven, sus pensamientos conscientes no seguían esta línea. En el periodo de Arles, sin embargo, cambia y escribe que la vida se ha vuelto difícil y que por momentos se ve atraído por la idea del suicidio. Estos conflictos inconscientes se ponen de manifiesto en sus pinturas. Los cipreses, símbolos de muerte, se convierten en un tema obsesivo^59. Para Van Gogh, la representación de este tipo de árboles fue uno de los problemas pictóricos más interesantes. “Los cipreses siguen preocupándome, me gustaría hacer con ellos algo parecido a lo que he hecho yo con mis girasoles; me asombra que todavía nadie los haya pintado como yo los veo. Son tan hermosos en cuanto a proporciones y líneas como un obelisco egipcio. Tienen un verde 58 VAN GOGH, Vincent. Cartas a Theo. Buenos Aires: Adriana Hidalgo Editora, 2007, p. 270. 59 NÁGERA, Dr. Humberto. Vincent Van Gogh. Un estudio psicológico. Barcelona: Editorial Blume, 1980, p. 194.
muy distinguido. Es la mancha negra en un paisaje iluminado por el sol, pero es una de las notas negras más interesantes, una de las más difíciles que uno pueda imaginarse representadas correctamente”^60. En la pintura “El segador”, Vincent anuncia con mayor claridad su propia destrucción, transponiendo sus conflictos más íntimos con respecto a la muerte. Sobre esta obra dirá “Vi entonces en ese segador [...] la imagen de la muerte, en el sentido que la humanidad sería el trigo que siega […]. Pero en esta muerte no hay nada triste, todo sucede a plena luz con un sol que inunda todo con una luz de oro fino”^61. Llegado el domingo 27 de julio, en el 1890, Vincent se disparó un tiro en un campo de los alrededores de Auvers, en medio de un paisaje parecido al de la obra antes mencionada. Consiguió tambalearse, herido de muerte, hasta su habitación, donde fue atendido por el doctor Gachet antes de morir en brazos de Théo un par de días después, tranquilo y poseído por una serena lucidez^62. El segador , septiembre 1889 Vincent, en esta ocasión, no pudo hacer frente a los trastornos que reactivaron en él viejos conflictos internos. El artista ya había decretado su muerte, e incluso habría llevado a cabo una fase de sentencia al mutilarse la oreja y hundirse en la enajenación mental. En este momento, bajo la presión de sus fantasmas, se vio impulsado a completar su sentencia^63. Van Gogh, a la edad de treinta y siete años, emprendería, por fin, el soñado viaje a las estrellas que supo pinar en sus noches provenzales, tan vibrantes y deseables: flores de delirio en las azules praderas del cielo nocturno. La muerte de Vincent tuvo repercusiones en Théo, que se encargó de organizar un bello ritual en su memoria. El suicidio de su hermano lo destrozó, su estado de salud se vio irremediablemente agravado, y su equilibrio mental se vio sujeto a alteraciones. Moriría seis meses más tarde que su hermano, y sería enterrado junto a él en el cementerio de Auvers^64. 60 RAQUEJO, Tonia. Van Gogh. Madrid: Alianza Ediciones, 2005, p. 118. 61 VAN GOGH, Vincent. Cartas a Theo. Buenos Aires: Adriana Hidalgo Editora, 2007, p. 373. 62 ORTEGA, Virgilio [ed.]. Vincent Van Gogh. Barcelona: Editorial Planeta DeAgostini, 1995, p. 158. 63 NÁGERA, Dr. Humberto. Vincent Van Gogh. Un estudio psicológico. Barcelona: Editorial Blume, 1980, p. 201. 64 Íbidem ., p. 203.