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Orientación Universidad
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luis garcia semantica, Apuntes de Idioma Español

Asignatura: Analisis del discurso en español, Profesor: semantica semantica, Carrera: Español: Lengua y Literatura, Universidad: UCM

Tipo: Apuntes

2017/2018

Subido el 11/01/2018

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E.L.U.A.,7,199l,pp: 61-97.
HACIA UN MODELO TEÓRICO QUE DESCRIBA
LA ESTRUCTURA SEMÁNTICA DE LOS
SIGNIFICADOS DENOTATIVOS
JUAN LUIS JIMÉNEZ RUIZ
(Universidad de Alicante)
Escribir un trabajo sobre los problemas y métodos del análisis semántico de
ninguna manera constituye una empresa de contornos fáciles de trazar: hasta
puede sostenerse que esta disciplina recientemente anexada
a
la ciencia lingüística
continúa buscando su metodología y su objeto. Esta comunicación es un intento
de establecer una teoría lingüística sobre el significado que recoja y haga
compatibles las generalizaciones sistemáticas de las distintas teorías lingüísticas
sobre el mismo.
Entre los problemas que plantea el establecimiento de una reflexión coherente
sobre el significado, el primero que surge, y que es necesario solventar, es el de
la cuestión de los hechos que debe describir la teoría semántica. Sin lugar a
dudas,
la respuesta a esta pregunta puede variar substancialmente el resultado de
nuestras investigaciones, puesto que en semántica, como en otras disciplinas, la
decisión de incluir un determinado fenómeno dentro del campo de la teoría
propia puede afectar al carácter de esa teoría en su totalidad'. Por
tanto,
es necesario
considerar algunos fenómenos designados, por lo general, como semánticos.
'Es cierto que, entre todas las ramas de la lingüística, la semántica es la que tiene, individualmente,
s variados e íntimos contactos con otras disciplinas, de ahí que, como reconoce Ullmann, el
descubrimiento
de
tendencias universales en esta área tendría repercusiones de largo alcance en
las
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vecinas; cf. S. Ullmann, Lenguaje y estilo, Aguilar, Madrid, 1968, pág. 116.
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E.L.U.A.,7,199l,pp: 61-97.

HACIA UN MODELO TEÓRICO QUE DESCRIBA

LA ESTRUCTURA SEMÁNTICA DE LOS

SIGNIFICADOS DENOTATIVOS

JUAN LUIS JIMÉNEZ RUIZ

(Universidad de Alicante)

Escribir un trabajo sobre los problemas y métodos del análisis semántico de

ninguna manera constituye una empresa de contornos fáciles de trazar: hasta

puede sostenerse que esta disciplina recientemente anexada a la ciencia lingüística

continúa buscando su metodología y su objeto. Esta comunicación es un intento

de establecer una teoría lingüística sobre el significado que recoja y haga

compatibles las generalizaciones sistemáticas de las distintas teorías lingüísticas

sobre el mismo.

Entre los problemas que plantea el establecimiento de una reflexión coherente

sobre el significado, el primero que surge, y que es necesario solventar, es el de

la cuestión de los hechos que debe describir la teoría semántica. Sin lugar a

dudas, la respuesta a esta pregunta puede variar substancialmente el resultado de

nuestras investigaciones, puesto que en semántica, como en otras disciplinas, la

decisión de incluir un determinado fenómeno dentro del campo de la teoría

propia puede afectar al carácter de esa teoría en su totalidad'. Por tanto, es necesario

considerar algunos fenómenos designados, por lo general, como semánticos.

'Es cierto que, entre todas las ramas de la lingüística, la semántica es la que tiene, individualmente, más variados e íntimos contactos con otras disciplinas, de ahí que, como reconoce Ullmann, el descubrimiento de tendencias universales en esta área tendría repercusiones de largo alcance en las esferas vecinas; cf. S. Ullmann, Lenguaje y estilo, Aguilar, Madrid, 1968, pág. 116.

1. SIGNIFICADO DEL HABLANTE Y SIGNIFICADO LINGÜÍSTICO.

LA DESCRIPCIÓN Y LA EXPLICACIÓN COMO TÉCNICAS

PREFERENTES.

El primer fenómeno designado como semántico es, sin lugar a dudas, el de la

significación.

1.1. Designación. Significación. Significado. Sentido.

El estudio funcional del vocabulario

2 es la investigación del contenido léxico

de las lenguas (del significado léxico). El término significado presupone una

delimitación exacta frente a otros tipos de contenidos lingüísticos; por ello, se ha

generalizado la opinión de considerar la significación como un semema ligado a

un significante. El problema surge cuando nos preguntamos si la unidad semántica

tiene una existencia individual desde el punto de vista de la significación^3. Para

precisar este problema podemos basarnos en la distinción de Guillaume tomada

por Fernández González^4 :

  • designación (Bezeichnung, designatio): es la capacidad que poseen los

signos lingüísticos de referirse a realidades extralíngüísticas, independientemente

de la organización lingüística de esos signos (que, por supuesto, se da a través del

significado); es decir, la referencia a la realidad entendida como extralingüística

o a la realidad independientemente de su estructuración por medio de una

lengua

5

. La designación se refiere a conceptos extensionalmente definidos, es

decir, por enumeración de realidades

6 ;

(^2) Lexemática para Coseriu; cf. E. Coseriu, Gramática, semántica, universales, Gredos, Madrid, 1978,

pág. 206.

La respuesta ha sido muy variada, desde la conciliadora sostenida por Ullmann en su Semántica, para quien hay casos en los que el semantema tiene una existencia individual, hasta la contextualista de Rosetti, para quien la palabra sólo existe por el contexto; cf. A. Rosetti, «Le mot. Esquisse d'une théorie genérale», LL(1965), pp. 11-46. (^4) A. R. Fernández González et alii, «La significación» apud Introducción a la semántica, Cátedra, Madrid, 1977, pp. 36-43. (^5) Evidentemente, no está determinada sólo por el significado, sino también por principios generales del pensar y por la existencia del mundo; cf. E. Coseriu, Gramática..., pág. 207; y E. Coseriu, Principios de semántica estructural, Gredos, Madrid, 1977, pág. 187. (^6) Debemos recordar con E. Coseriu, Gramática..., pp. 135-140, que la significación es creación de la experiencia humana, lo que quiere decir que la lengua no es constatación, sino delimitación de fronteras dentro de lo experimentado. Esto obliga a distinguir dos enfoques:

  • Enfoque extensional, que se refiere a la posibilidad de aplicar una definición a una serie de cosas. Se hace partiendo de la realidad (de ahí que la designación se refiera a conceptos que han sido definidos sin tener en cuenta la lengua, partiendo de la realidad).
  • Enfoque intensional, que se refiere a la posibilidad de aplicar una definición a los componentes que integran esa definición. Se fundamenta, por tanto, en una oposición y es, por ello, propio de la lengua. Cf. al respecto, J. J. Katz, La filosofía del lenguaje, Martínez Roca, Barcelona, 1971, pp. 129 y ss.; J. Lyons, Semántica, Teide, Barcelona, 1980, pp. 153-154; H. Kubczak, Das Verhaltnis von Intensión und Extensión ais SprachwissenschaftlichesProblem, Narr, Tubinga, 1975; y H. Brekle, Sémantique,k. Colin, París, 1973, pp. 42-51; entre otros.

En el esquema de la figura n^2 1 pueden observarse nuestras anteriores

afirmaciones, sistematizadas por B. Pottier.

como designación

Unidad

lexicológica

(lexema)

\ ^ "

SEMANTEMA significado en potencia:LENGUA

/ \ / i i

/ como significado situación, contexto e interlocución

Unidad semántica \ T T

(semema) significado en efecto:^ HABLA

Fig. 1: El semantema como designación y como significado

Obsérvese que hemos integrado todas estas definiciones en la dicotomía

lengua y habla, de manera que el trapecio metodológico de Heger^13 podría

representarse tal y como se refleja en la figura n^2 2.

Sentido

f~~ LINGÜÍSTICA TEXTUAL

Significado Semema o

significación

Designación

GRAMÁTICA LÓGICA~

Concepto o sema

Monema

SEMÁNTICA LINGÜÍSTICA

J

Significante o substancia

acústica

Realidad

fig. 2: Lugar de los planteamientos teóricos

propuestos en el trapecio de Heger.

Cf. K. Heger, Teoría..., pp. 135-211.

Podemos decir, pues, que la designación es la base semántica de referencia de

la llamada lógica, así como de la gramática general o universal; el significado es

la base semántica de la investigación de las lenguas; y el sentido la de la lingüística del texto^14.

1.2. Significado del hablante y significado lingüístico.

La oposición significado/sentido resulta útil al permitirnos distinguir lo que

podríamos denominar significado del hablante y significado lingüístico

15 . El significado lingüístico equivale a las posibilidades de significación de una unidad lingüística. El significado del hablante puede equipararse a lo que el

emisor ha querido decir cuando ha producido un enunciado en una situación

concreta^16. Se advierte subyacente el juego oposicional lengua/habla, que a su vez se

basa en la distinción virtual/actual, abstracto/concreto^17.

E. Coseriu, Gramática..., pág. 136. (^15) La tesis que sustenta este trabajo se apoya en la distinción defendida por A. Akmajian et alii, Lingüística: una introducción al lenguaje y a la comunicación, Alianza Universidad, Madrid. 1984, pp. 275-313. (^16) Cf. K. Heger, Teoría..., pp. 155 y ss. (^17) Según J. Lyons, «Semántica estructural y relaciones de sentido», apud Semántica..., pp. 235-315, todo fenómeno lingüístico, toda actuación concreta, es la realización de una de las potencialidades que existen en la lengua, la cual, también hay que decirlo, sería un mero sistema abstracto sin estas realizaciones concretas. No podemos, consecuentemente, ignorar que la oposición entre significado lingüístico y del hablante no es tan rígida como pudiera pensarse a simple vista. Sin lugar a dudas, el hablante no significa con sus palabras nada que no esté (al menos en potencia) en la lengua. No obstante, y aunque la diferencia significado/sentido, como diferencia entre significado virtual y significado efectivo no se corresponde punto por punto con la diferencia entre significado del hablante y significado lingüístico, admitimos, si no su correspondencia exacta, sí cierta similitud que nos permitirá oponer el aspecto creador de la competencia chomskyana al carácter estático de la lengua saussureana y pasar a la construcción de los modelos que nos permitan describir el significado que las unidades lingüísticas tienen dentro de esta lengua de carácter estático, y explicar el significado que las unidades lingüísticas han adquirido en la realización efectiva de la competencia lingüística. A pesar del acercamiento entre el significado del hablante y la competencia, y el significado lingüístico y la lengua, no debe pensarse que la competencia ocupa (por aquello de la subjetividad) el espacio del habla (parole) de Saussure, siendo por ello un instrumento para describir concreciones; nada más lejos de la concepción chomskyana de la noción de competencia; cf. K. Bühler, Teoría del lenguaje, Revista de Occidente, Madrid, 1964, pp. 68 y ss.; L. Hjelmslev, Ensayos lingüísticos, Gredos, Madrid, 1972, pp. 90-106; y M. Crespillo, Historia y mito de la lingüística transformatoria, Taurus, Madrid. 1986, pp. 112 y ss., y 166-182; entre otros.

aspecto creador

22 es una de las muchas formas que tiene un hablante

23 a su

disposición para no hablar literalmente (recuérdese que existen dos relaciones en

el sistema lingüístico: la significación y la simbolización^24 ).

En la moderna teoría lingüística y del lenguaje verbal en particular, el término creatividad es usado en acepciones notablemente diversas. Nosotros lo hacemos en el sentido saussureano deparóle, expresión individual, perpetua creación presente en cada realización sígnica. Las distintas concepciones de creatividad, a saber, la creatividad croceana o de la «parole», la chomskyana o de «langue», la humboldtiana o de «langage», la de los psicopedagogistas y, finalmente, la de los lógicos, aparecen claramente sistematizadas en T. de Mauro, Minisemántica, Gredos, Madrid, 1986, pp. 56-61; también es interesante al respecto M. Crespillo, Historia..., pp. 166 y ss., la exposición de J. C. Moreno, «Les tipologiesholístiques»,L;'m.,5(1988),pp. 101-112,dondeseprecisalaimportanciadelacomposicionalidad y la recurrencia en el desarrollo de la lingüística moderna, y el artículo de H. B. Partee, «Compositionality» apud F. Landmann, Varieties of Formal Semantics, Foris, Dordrecht, 1984, pp. 281-311. (^23) El que un discurso sea plurisignificativo no quiere decir que signifique cualquier cosa, sino que

tiene un carácter textual que lo hace llegar a múltiples lectores, pero no debe olvidarse el carácter estructural de la obra, explicándola como un código que conocen tanto el hablante como el oyente. Al referirnos al hablante nos situamos en el marco general de la teoría de la comunicación y lo usamos como sinónimo de emisor, autor, es decir, como el productor del texto cuyo significado vayamos a describir; cf. A. R. Fernández González et alii, Semántica..., pp. 122-126. (^24) Desde que E. Cassirer conceptualizara al hombre como animal simbólico, debe precisarse la

distancia que separa al signo del símbolo: el primero es un indicador concreto y físico del objeto, y el segundo es una zona (área) del mundo humano de la significación, una forma imaginaria de representación indirecta, subjetiva, psíquica, que reúne los aspectos particulares y subjetivos de la significación. De ahí la complejidad del símbolo y, consecuentemente, de la simbolización.

En el acto simbólico, el significante es la mitad visible del símbolo, y el significado la mitad oculta, hecho de aspectos no literales ala espera de un ejercicio hermenéutico (cf. J. Cuatrecasas, Lenguaje, semántica y campo simbólico, Paidós, Buenos Aires, 1972, pp. 32 y ss.). De hecho, la simbolización se fundamenta en la reflexividad del pensamiento humano, lo que le da un carácter consciente, arbitrario, voluntario, que viene determinado por su índole semirracional, por la intervención del intelecto en la creación lingüística, como unión de un elemento significante y un elemento significado, concebida esta unión como susceptible de disociabilidad (cf. M. J. Fernández Leboráns, Campo semántico y connotación, Planeta, Madrid, 1977, pp. 81 y ss.). (^25) Es la distinción típica de A. Greimas, Semántica estructural, Gredos, Madrid, 1977, pp. 54 y ss., entre

virtualidad y manifestación, por lo demás, definitoria del método estructural, la que representamos (cf. también, R. Trujülo, Elementos de semántica lingüística, Cátedra, Madrid, 1979, pp. 55 y ss.). Sobre las diferentes ¡interpretaciones del componente táctico-retórico y hermenéutico puede consultarse además J. Schmidt, Teoría del texto, Cátedra, Madrid, 1978,pp. 33-34; B.Schlieben-Lange,í'ragmá<ica...,pp. 60-65; y J.Habermas, T/zeoric der Gesellschaft oder Sozialtecnologie, Francfort, 1971, pp. 101-141; entre otros.

Esquemáticamente puede representarse tal y como aparece en la figura n- 3

25

(adviértase la inserción de la dicotomía lengua/habla en el mecanismo de la

comunicación^26 ).

palabra en la lengua

uso en el discurso

HABLANTE Competencia táctico retórica

Competencia hermenéutica OYENTE

(elección de una combinación particular: simbolización)

(virtualidad de significación)

fig. 3: Significación y simbolización.

"^6 Efectivamente, es el oyente el que interpreta la elección de una combinación particular hecha por el hablante (B. Pottier, Filología..., pp. 93 y ss.). Existe, por tanto, una concepción psíquica bipolar que comprende dos términos: la forma significante y el concepto significado; y dos fases: la evocación del nombre por la cosa y de la cosa por el nombre. Este esquema se basa en relaciones muy complejas:

  • relaciones entre concepto y cosa, que conciernen a la psicología, a la ontología (o conocimiento de la cosa) y a la epistemología (o crítica de ese conocimiento);
  • relaciones entre concepto e imagen acústica. Es el problema de la significación, que concierne a la psicología lógica, y relaciones lingüísticas (semántica);
  • relaciones entre imagen acústica y forma. Problema de la fonación;
  • transmisión y recepción del signo, que interesa a la acústica, teoría de la información, fonética y semántica; cf. P. Guiraud, «Estructura de la significación lingüística» apud¿<? semántica, F.C.E., México, 1974, pp. 23-27.

Significado de la lengua

Significado lingüístico

SIGNIFICADO

Significado idiolectal /

\ / \ / \ /

A

Literal

x




Significación

I I

TEORÍA L I N G Ü I S T I C A

TEORÍA LITERARIA

/



Significado del hablante


No literal •

Simbolización

fig. 4: Posturas de las teorías semánticas ante el significado

Por tanto, postulamos no una rigidez en la oposición lengua/habla, sino una

complementación; de ahí que el modelo teórico lingüístico describa la significación

—dentro del proceso de semíosis, como virtualidad— (que recoge el significado

de la lengua y el significado del hablante literal^30 ) y el modelo literario explique

la simbolización (que recoge el significado del hablante no literal y, al mismo

tiempo, el significado idiolectal lingüístico) —obsérvese la figura n

Q 4—. De esta

manera no existe una diferencia tajante entre significado idiolectal y significado

del hablante; se trata, más bien de oposiciones en distintos niveles:

' Evidentemente, no utilizamos ahora el término significación como equivalente a semema; nos referimos al proceso de semiosis en el que la significación debe entenderse como virtualidad.

lengua/habla = significado lingüístico/significado del hablante; y dentro del significado lingüístico, lo que pertenece a la lengua frente al uso individual = significado de la lengua/significado idiolectal^31. En resumidas cuentas, afirmamos lo siguiente:

  • Existe un significado lingüístico y un significado del hablante que es resultado de la oposición metodológica lengua / habla de Saussure.
  • La diferencia entre ambos significados se plasma en el aspecto creador del lenguaje.
  • La teoría semántica debe dar cuenta de ambos significados.
  • Tal teoría semántica estaría integrada, consecuentemente, por una teoría lingüística que daría cuenta del significado lingüístico (de lo sistemático); y por una teoría literaria o semántica sintomática que trataría de la simbolización o del significado emotivo (de lo que no es fácilmente sistematizable).

1.3. La descripción y la explicación como técnicas preferentes.

El siguiente paso en nuestras reflexiones consiste en delimitar los objetos que

pertenecen al dominio de esta teoría lingüística capaz de dar cuenta del significado

lingüístico:

  • Todo lo que pueda servir de tertium comparationis, o sea, todo lo extramonolingual^32.
  • Todo lo característico de uno o varios de los diasistemas que han de ser comparados, o sea, todo lo monolingual que, junto con lo anterior, forma el dominio lingual

33 .

La justificación metodológica de nuestra postura se entiende y justifica desde el momento en que afirmamos la no rigidez de la oposición lengua/habla (cf. K. Bühler, Teoría..., pp. 68 y ss.; E. Coseriu, Teoría del lenguaje y lingüística general, Gredos, Madrid, 1967, pp. 11 y ss.; L. Hjelmslev, Ensayos..., pp. 90-106; y K. Heger, Teoría..., pág. 139; entre otros), así como que la lingüística debe dar cuenta del significado lingüístico (aunque también recoge aspectos del habla—significado del hablante literal—), y la teoría literaria, entre otros, debe recoger el significado del hablante no literal (que se plasma fundamentalmente en los textos literarios), aunque también toma aspectos del significado lingüístico — el significado idiolectal—. K. Heger, «Semántica...», pág. 77, pretende establecer el objeto de la semántica lingüística; para ello, distingue entre lo lingual y lo extralingual. Lo lingual sería el significante y el significado, frente a la realidad extralingüística, que sería lo extralingual. La semántica lingüística tendría por objeto, consecuentemente, lo lingual. Pero, al ser éste, precisamente, el objeto de la lingüística, Heger introduce una serie de puntualizaciones. Partiendo de la diversidad de las lenguas, afirma que los objetos reales se comparan con sistemas de signos que se caracterizan por no ser linguales, sino monolinguales, en el sentido de que dependen de la estructura de una lengua. Así, el elemento comparativo (que debe ser distinto del objeto al que se compara, que es lingual) no debe ser sólo extralingual sino extramonolingual. Por tanto, según Heger, la teoría semántica no debe descubrir sólo lo monolingual (característico de uno de los sistemas a comparar) sino también lo extramonolingual. Su unidad es el noema, que se introduce en el trapecio relacionándose con elementos monolinguales (semema) y extralinguales (la clase de los denotados); es extramonolingual por su independencia de las estructuras de una lengua. (^33) Heger pretende estudiar las tareas prioritarias de la lingüística por su contribución a la semántica. Para ello utiliza el término lingual y sus derivados en vez de lingüística y sus derivados. Al calificar lo lingual como lo que pertenece a la lengua, la lingüística sería la disciplina que estudia la capacidad de hablar y, por tanto, quedaría excluida de la teoría semántica; cf. K. Heger, «Semántica...», pp. 74 y ss.

posibilidad de gramáticas incompatibles, dificultad que Chomsky intenta salvar

añadiendo a la teoría unos procedimientos evaluativos

38 . Antes de la gramática comparada del siglo XIX, en la descripción lingüística

se utilizaba una serie de criterios heterogéneos; se intentaba explicar el origen del

lenguaje según criterios teológicos,filosóficos e históricos.

A partir del siglo XIX, la descripción lingüística debe ser estrictamente

lingüística. Esto plantea un problema: toda ciencia tiene un lenguaje específico

y la lingüística debe utilizar su propio lenguaje para su metalenguaje; dificultad

que Hjelmslev intentó superar creando un metalenguaje tomado de las propias

ciencias

39 , pero no tuvo éxito. Con todo, lo anterior nos permite ver el carácter

eminentemente lingüístico de la descripción^40 y basándonos en la oposición

significado del hablante/significado lingüístico aceptar tal dicotomía, como

figura en el cuadro n" 5^41.

Modelo descriptivo Modelo explicativo y 1 ingüístico -. • del hablante v

Lingüístico del hablante Lingüístico del hablante

^SIGNIFICADO REFERENCIA/ (estudio interno) (estudio de denotaciones)

__ TEORÍA SEMÁNTICA __

fig. 5: Lugar de la oposición descripción/explicación dentro de la teoría semántica.

~ Los procedimientos propuestos por Chomsky para seleccionar una teoría adecuada que dé cuenta de la relación entre la teoría general de la estructura lingüística y una gramática particular constituye una de sus ideas fundamentales. El requisito más fuerte que debe imponerse es el procedimiento de descubrimiento de una gramática, mediante el cual la teoría debe proporcionar un método práctico y mecánico para construir realmente la gramática, dado un conjunto de locuciones. Un requisito menos fuerte es el procedimiento de decisión de gramáticas, por el que la teoría tiene que proporcionar un método para determinar si la gramática que se propone para un conjunto de enunciados es o no la mejor gramática de la lengua de la que se ha extraído dicho conjunto. El requisito más débil de todos es el procedimiento de evaluación de las gramáticas, por el que dado un corpus y propuestas dos gramáticas, la teoría dirá cuál es la mejor gramática de la lengua de la que se ha obtenido el corpus; cf. P. L. Garvín, On Linguistics Method, Mouton, La Haya, 1972, pp. 48-55; N. Chomsky y G. A. Miller, El análisis formal de las lenguas maternas, A. Corazón, Madrid, 1972; y N. Chomsky, Estructuras..., pp. 33 y ss. y Aspectos..., especialmente pp. 30-37 y 57-60, entre otros. (^39) L. Hjelmslev, Prolegómenos a una teoría del lenguaje, Gredos, Madrid, 1969. (^40) D. Crystal, What is Linguistics?, Arnold, Londres, 1977, pp. 26-27. (^41) Reiteramos, una vez más, lo dicho sobre la pareja descripción/explicación en su aplicación al estudio del significado. No mantenemos que la descripción sea más lingüística que la explicación; lo que presentamos es un proceso metodológico que se basa, en su primera fase, en la descripción de lo inmanente (el significado lingüístico), y en una segunda fase, en la explicación de lo trascendente (el significado del hablante). La razón se encuentra, fundamentalmente, en el ámbito de aplicación del modelo que proponemos; el mundo literario, que se nos ofrece como un primer significado lingüístico que hay que trascender, para llegar a lo que el hablante (autor) ha querido decir con ello.

P. Bourdieu^42 hace una distinción entre una serie de conocimientos que

vienen a apoyar nuestra tesis, desde el momento en que sirven para diferenciar

entre un conocimiento objetivo de la lengua como sistema y un conocimiento

subjetivo o fenomenológico. Ello nos permite elaborar unos modelos basados en

ambos conocimientos: el objetivo, basado en una rigurosa descripción, y el

subjetivo, centrado en la explicación particular e individual:

  • conocimiento práctico, basado en la opinión que los individuos tienen sobre sus propias acciones. Se trata, por tanto, de un conocimiento ideológico y

valorativo;

  • conocimiento fenomenológico, que teoriza sobre el conocimiento práctico de un individuo tal y como se da;
  • conocimiento objetivo: es un proceso que surge a partir de una ruptura epistemológica frente a los dos conocimientos anteriores; trata de construir el sistema de relaciones objetivas inconscientes e independientes del individuo;
  • añade Bourdieu el conocimiento praxeológico, que es dialéctico e integrador (estructurador), y descubre las contradicciones del objetivismo. Tales concepciones permiten la creación de dos escuelas

43 : la llamada escuela objetivista, que defiende, entre otros principios, el carácter sistemático de la lengua, que estaría integrada por un conjunto de formas sometidas a una norma que es perentoria sobre los actos de carácter individual; la objetividad de las leyes lingüísticas; el carácter inconsciente de las relaciones lingüísticas que no son asequibles a la conciencia individual; el hecho de que los fenómenos lingüísticos no son de naturaleza ideológica, y, finalmente, la variabilidad de los actos individuales de habla, que son variaciones de estas formas sistemáticas. Frente a la anterior, la escuela subjetivista defiende que el lenguaje es un proceso ininterrumpido de construcciones lingüísticas de la realidad que se materializa en actos individuales, que las leyes de la creación lingüística son psicológicas, individuales, y la estructura del lenguaje está, en definitiva, en sí misma, y, finalmente, que el sistema es algo en continuo movimiento y que el objeto de atención deben ser las realizaciones individuales. De esta forma tendríamos:

  • un conocimiento objetivo de la lengua como sistema estable (se limita a la

" P. Bordieu, Esquisse d'une théorie de la pratique, Droz, Ginebra, 1972, pp. 162 y ss. (^43) Cf. M. Bakhtine, El signo ideológico y lafilosofía del lenguaje, Nueva Visión, Buenos Aires, 1976. (^44) Por tanto, el excurso que presentamos, basado en Bordieu y Bakhtine, no debe entenderse como una

justificación de la explicación del hablante como hecho o ámbito subjetivo. No es necesario decantarse por el subjetivismo exclusivamente para lo literario, frente al objetivismo exclusivamente para lo lingüístico. Como acabamos de decir, fundamentamos el estudio (sea lingüístico o literario) en el discurso, como elemento sintético de la dicotomía lengua/habla. Es una posición interaccionista (basada en el marxismo) que reúne y hace compatibles los planteamientos del objetivismo (abstracto) y del subjetivismo (individual).

Saussure, en el Curso

4 * afirmaba que el signo lingüístico es una entidad

bilateral (formada por un significante y un significado). Éstos son los lados del

signo, no componentes. Consecuentemente, las concepciones derivadas de Saussure

se oponen a las concepciones unilaterales del signo (que identifican el signo con

el significante y tratan al significado como algo independiente). Sin embargo, en

el modelo saussuriano no hay nada que corresponda a los objetos, relaciones, ni

emisor ni receptor, porque para Saussure son realidades extralingüísticas.

C. Ogden y A. Richards

49 fueron los primeros en introducir sistemáticamente

el referente en el esquema triangular (tras las concepciones lógicas de los

escolásticos y griegos). Para ellos, la relación entre signo y referente no es directa

sino mediata, pues pasa por la referencia que puede ser considerada como la

relación entre símbolo y referente o como entidad sui generis que permite ver dos

relaciones: una entre símbolo y referencia, y otra entre referencia y referente.

K. Bühler^50 representa las funciones del signo en el acto de la comunicación,

sirviendo de base a todos los modelos de comunicación (obsérvese la visión

esquemática de las distintas concepciones sobre el significado expuestas en la

figura n- 6^51 )-

La problemática del significado a su vez está muy unida a la problemática relacionada con la definición del signo lingüístico. La concepción sobre el significado atraviesa la cuestión de la función del signo lingüístico y de la relación del cuerpo del signo con lo designado o significado. Se trata, por tanto, de una definición relacional del significado, claramente expuesta en G. Wotjak, Investigaciones..., pp. 32- 95, donde se hace una clasificación de los tipos de significados. (^48) F. de Saussure, Curso de lingüística general, Losada, Buenos Aires, 1945, pp. 127-130. (^49) Cf. C. Ogden y A. Richards, El significado del significado, Paidós, Buenos Aires, 1964. (^50) K. Bühler, Teoría..., pp. 62-75. (^5) ' Los escolásticos afirmaban que se debía tener en cuenta el modo de ser, de significar y de decir; por eso se llamaban modalistas. No debemos olvidar que estudiaban los signos desde un punto de vista lógico, esto es, si los signos eran o no motivados por la realidad, etc. Ogden y Richards continúan el mismo planteamiento pero desde un punto de vista psicológico y lógico. Se trataba de ver la relación entre el pensamiento y el referente en términos de verdad, adecuación y corrección. Bühler completa esta concepción psicologista incluyendo en el modelo el resto de los elementos que intervienen en el proceso comunicativo; el panorama histórico de las distintas concepciones sobre el significado puede verse en E. Lledó, Filosofía..., pp. 13-47. Heger, en «Bases...», pp. 1-33, comenta el desarrollo del triángulo metodológico y su transformación en trapecio. Según Heger, el triángulo es útil didácticamente, pero presenta algunos fallos desde el punto de vista científico:

  • ha dado un salto de la primera metalengua a la segunda:
  • no soluciona el problema de la polisemia y la sinonimia;
  • el vértice superior confunde significado y concepto. Para superar estas deficiencias, Heger transforma el triángulo en trapecio en el que:
  • el lado izquierdo corresponde a las dos caras inseparables del signo lingüístico; simboliza la relación de consubstancialidad cuantitativa;
  • el lado superior representa la consubstancialidad cualitativa; relaciona el signo, en cuanto significación, con los conceptos universales, y separa lo lingüístico de lo extralingüístico;
  • el lado derecho es independiente de la estructura de una lengua dada; pertenece a la mente, sea cual sea la lengua que se habla;
  • la base del trapecio simboliza la arbitrariedad e inmotivación de la relación que representa.

ESCOLÁSTICOS

Modi intelligendi

SAUSSURE

Significado

Modi significandi Modi essendi

BÜHLER

Objetos y relaciones

Función de / símbolo..j....

Significante

OGDEN y RICHARDS

Referencia

Función de i S I G N O \ Función de síntoma.j_,y \ ...se.ñM

Emisor Receptor Símbolo estaP°r^ Referente

fig. 6: Visión esquemática de las distintas concepciones sobre el significado.

Sin embargo es a Heger a quien debemos la comparación global entre lo tres

modelos de signos, tal y como aparece en la figura nB^752.

SINTAXIS

SEMÁNTICA

SAUSSURE SIGNIFICANTE

SIGNIFICADO

OGDEN Y RICHARD SÍMBOLO REFERENCIA

REFERENTE

BUHLER

SIGNO F. SIMBÓLICA

F, SINTOMÁTTCA /

F. SEÑALÉTICA

OBJETO EMISOR RECEPTOR

PRAGMÁTICA SINTAXIS SEMÁNTICA

PRAGMÁTICA

SEMÁNTICA

PRAGMÁTICA

HEGER SIGNIFICANTE

SIGNIFICADO Semema, sema, noema

i de denotados UJ I < < del emisor u (^) V del receptor

fig. 7: Comparación entre los distintos planteamientos sobre el signo según Heger.

5 2 (^) Debe tenerse en cuenta, para comprender bien el esquema:

  • la distinción entre lo lingual y lo extralingual: lo lingual es el significante frente al O; evidentemente, dentro de la semántica lingüística tiene prioridad lo lingual;
  • según las funciones simbólica, sintomática y señalética, se produce la distinción entre semántica (que estudiaría la función simbólica) y pragmática (que estudiaría las funciones sintomática y señalética); cf. K. Heger, «Semántica...», pp. 59-93.

estas teorías, entre otros, Watson

57 , Bloomfield

58 , Ryle

59 , Skinner

60 , Quine

61 , etc.

' G. Ryle, El concepto de lo mental, Paidós, Buenos Aires, 1967. Es un filósofo de la escuela de Oxford, cercano al conductismo por sus posturas antimentalistas que demolen todos los conceptos mentales del lenguaje al uso intentando acabar con todo lo que pertenece al plano mental. La emoción es inaccesible a la observación directa científica, por ello, se usa para designar cosas muy distintas, y la emoción remite a objetos inexistentes, lo que crea enredos lógicos. Por todo lo dicho, se define antimentalista.

' B. K. Skinner, Conducta verbal, Trillas, México, 1981. Pretende proporcionar un tratamiento causal o funcional satisfactorio de la conducta y, dentro de ésta, del comportamiento específicamente verbal. Para ello establece relaciones causales entre el sujeto y los objetos. El sujeto se concibe como un mecanismo de aprendizajes complejos que pueden ser renovados por nuevas asociaciones. Lo interior es rechazado; de ahí que explique la relación sujeto-objeto mediante reflejos establecidos de antemano por condicionamientos y rechace las ideas mentalistas ya que tales posiciones habrían llevado a postular la existencia de lo lingüístico al margen de la conducta. De esta forma, el lenguaje ideal sería el que reflejara fielmente los objetos. Las palabras deben diferir entre sí en la medida en que difieren sus referentes. (^59) W. O. Quine, Las raíces de la referencia, Revista de Occidente, Madrid, 1977. Postula la existencia

independiente de los objetos (aunque no rechaza los conceptos mentales). Para él, el lenguaje no reproduce la realidad misma sino que posibilita que el sujeto la configure. La obra de Quine constituye el punto de referencia fundamental de la polémica en torno a la admisibilidad científica de los conceptos semánticos fundamentales. Las tesis de Quine, que tuvieron un impacto extraordinario entre filósofos y lingüistas interesados en los problemas semánticos, venían a plantear la disyuntiva siguiente: o se admite la imposibilidad de que la semántica pueda aspirar a presentarse como una ciencia empíricamente respetable, o bien se ofrece una refutación de las críticas quineanas a las nociones de sinonimia, intensión, sentido, etc. Los filósofos del lenguaje pasaron a dividirse, en parte debido a la obra de Quine, en dos grupos: el extensionalista, integrado por los que admiten las estrechas limitaciones establecidas por Quine para la semántica, y el intensionalista, formado por los que afirman la ineludibilidad para la filosofía del lenguaje de las nociones impugnadas por Quine; cf. M. Hernández Iglesias,La semántica de Davidson, Visor, Madrid, 1990, pág. 18. Para el mentalismo, las palabras no son símbolos de percepciones aisladas, sino símbolos de conceptos. Por ello, el lenguaje es concebido como un vehículo de transmisión del pensamiento. Este vehículo puede analizarse activamente (en el intuicionismo) o pasivamente (en los estructuralismos). La identificación entre lenguaje y pensamiento es más bien un presupuesto materialista (que Marx y Engels dejan claro en la Ideología alemana). Por otra parte, la posición de los filósofos del lenguaje alemanes (Humboldt, Herder, Harmann) aunque implica una cierta coincidencia entre lenguaje y Weltanschauung, está teñida de un claro relativismo lingüístico. Esta identidad reproduce en el pensamiento la unidad de la razón y el lenguaje como medio de este postulado. La identidad origina la hipótesis de Sapir-Whorf o teoría de la relatividad lingüística: la cultura (aquello que la sociedad hace o piensa) no coincide con la lengua que dicha cultura utiliza como medio de expresión. Nos encontramosen un nuevo principio de la relatividad que sostiene que todos los observadores no son conducidos por la misma evidencia física o la misma representación del universo, a menos que sus bases lingüísticas sean similares o puedan ser calibradas de alguna manera (cf. B. L. Whorf, Lenguaje, pensamiento y realidad, Seix Barral, Barcelona, 1963, pp. 212 y ss.). Así, la teoría de la relatividad lingüística defiende que el lenguaje es un factor creativo que modifica la visión del mundo de los hablantes de acuerdo con la categoría de relación con que se caracteriza el pensamiento. A pesar de las críticas recibidas por Whorf basadas principalmente en el hecho de que toda su teoría se centró en la estructura gramatical y sobre las categorías que esta estructura impone en el pensamiento y en el comportamiento (cf. S. Ullmann, Lenguaje..., pp. 256-257), sin tener en cuenta que el vocabulario posee también una organización y una estructura propias; y en el hecho de que las estructuras gramaticales básicas de una lengua permanecen constantes a lo largo de su desarrollo durante largos períodos de tiempo en los que la cultura cambia radicalmente (cf. F. v. Kutschera, Filosofía del lenguaje, Gredos, Madrid, 1979, pág 354); esta hipótesis es la primera reformulación en nuestro siglo de la identidad racionalista lenguaje y pensamiento; al respecto es interesante G. A. Miller, Habla..., pp. 135-138; G. A. Miller, Lenguaje y comunicación, Amorrortu, Buenos Aires, 1979, pp. 186 y ss.; G.A. Gutiérrez López, Estructura del lenguaje y conocimiento. Hacia una epistemología de la semiótica, Fragua, Madrid, 1975, pp. 147-150; M. Casado Valverde, Lenguaje y cultura, Síntesis, Madrid, 1988, pp. 53 y ss.; A. Schaff, Lenguaje y conocimiento, Grijalbo, México, 1977, pp. 85-138; entre otros. (^61) F. Meix Izquierdo, Dialéctica..., pág. 131.

2.1.2. Teoría mentalista.

Podría decirse que el significado no es un objeto real, sino mental''^2. El

significado, así presentado, sería una idea asociada a un significante en la mente

de los hablantes, un reflejo perceptivo desprovisto de toda intencionalidad, un

esquema o pauta de relación del individuo con su mundo, entendiéndose la

percepción no como un conjunto de percepciones aisladas sino como una

sensación del cuerpo con el ambiente^63. Las raíces de estas imágenes psíquicas están en la abstracción pues consiste

en una posibilidad de selección entre las distintas que el medio posee. De esta

abstracción selectiva le viene su sentido, quedando así definida la percepción

humana como un fenómeno significativo^64.

Con todo, puede objetarse a esta teoría la vaguedad de la noción de idea,

hecho que impide someterla a prueba; hace asimismo predicciones falsas, pues

las ideas son distintas para cada individuo

65 .

(^6) ' Las relaciones entre discurso lingüístico y percepción aparecen desarrolladas en nuestro trabajo «Notas para

una teoría de la explicación del significado connotativo», Analecta Malacitana, IX, 2 (1896), pp. 407-419. (^63) Efectivamente, cada individuo tiene su propio concepto de las cosas y, aunque se den rasgos en común, se trata

de conceptos variables, cambiantes. Sin embargo, esto no es un obstáculo para el desarrollo de una teoría objetiva. Heger (en «Bases...» apud Teoría..., pp. 1 -33) afirma que el mundo de los conceptos es el mismo para todas las lenguas, pero diferente para cada individuo. El problema que se plantea es cómo estructurar este mundo. B. Pottier, en «La semántica y los criterios funcionales» apud Filología..., pp. 93 y ss., hace la distinción entre el ámbito nocional, que sería la masa amorfa del pensamiento que decía Hjelmslev, y el campo lexical, que sería la capacidad que tiene una lengua para estructurar el ámbito nocional. (^64) Para B. Russell, el lenguaje estaría constituido por proposiciones moleculares compuestas de proposiciones atómicas, que serían los elementos básicos del lenguaje, y porproposiciones atómicas, formadas pornombres propios, que tienen carácter de índice, de alusión deíctica al mundo del referente. Puede apreciarse que se trata de una concepción realista pues reconoce la existencia del mundo del objeto al margen de la presencia de cualquier sujeto cognoscente; cf. F. Meix Izquierdo, Dialéctica..., pp. 36-38. (^1) Su concepción de denomina teoría de la imagen. Parte de la identificación y reconocimiento de los hechos

como constitutivos fundamentales del mundo. Ambos tienen el mismo ámbito y límites. Los nombres significan el objeto al que se refieren, pero no son simples reflejos de dicho referente. Tienen una estructura lógica representada en la proposición (se pasa de una concepción denotacional del significado a una más amplia, adjudicando a la proposición el sentido en el conjunto de la frase). Por tanto, la proposición tiene un carácter componencial que pretende dar un nuevo sentido con expresiones viejas. Surge, entonces, la teoría del mostrar: la función más importante de la proposición es darnos a conocer la estructura de lo real, y esto no lo puede realizar por medio del decir. La proposición no puede hablar de su estructura, sólo mostrarla. Por tanto, el lenguaje sólo puede mostrar la estructura del mundo. Para Wittgenstein, los signos primitivos no pueden entenderse si no es en el conjunto de la frase, pero, a su vez, ésta sólo es inteligible si se conoce el significado de los elementos que la constituyen (cf. F. Meix Izquierdo, Dialéctica..., pp. 38-43; además, sobre lateoríadel significado de Wittgenstein es interesante J. L.Prades Celma, Wittgenstein, mundo y lenguaje, Cincel, Madrid, 1990, pp. 55-84).

Por ello, Schaff interpreta el significado como una relación humana entre los hablantes, y no como un objeto; así, el sentido de la proposición es mostrado, depende de lo que se dice, y requiere el conocimiento de los signos que la componen, aunque no puede reducirse a ellos (cf. A. Schaff, Lenguaje..., pp. 170 y ss.; y J. Katz, Filosofía..., pp. 67 y ss.). Greimas se lanza contra el carácter unidimensional del lenguaje y nos habla de un sistema con varios niveles de sentido, de un lenguaje simbólico en el que las dimensiones de lo real se consideren en tomo al signo material. Así, la lógica depende del lenguaje y consiste en una sistematización que organiza la captación de lo real (cf. A. J. Greimas, Semántica..., pág. 55). Como puede deducirse, el significado de una palabra, por tanto, es su uso. En el texto se esconden el funcionamiento y el uso, las reglas del juego lingüístico. Es lo que se conoce como el problema lógico de Wittgenstein, que atañe a las condiciones necesarias para que en las combinaciones de símbolos se dé el sentido a partir de la unicidad de referentes (cf. A. Ortiz Oses, Hermenéutica..., pp. 33-38).