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Asignatura: Prehistoria I, Profesor: Cesar Gonzalez Sainz, Carrera: Historia, Universidad: UNICAN
Tipo: Apuntes
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[Historia de Cantabria dirigida por M. Suárez Cortina. Prehistoria, capítulo 4, pp.33-40. El Diario Montañes, suplemento del 16-II-2007, Santander]
César González Sainz
Introducción. El Magdaleniense es el último periodo del Paleolítico superior desarrollado en su totalidad en un medio ambiente pleistoceno, entre unos 17 y 11,6 ka BP en nuestra región. Es enton- ces cuando muchos de los rasgos culturales más característicos de aquel largo periodo, el Paleo- lítico superior, resultan más explícitos (utillaje microlaminar y laminar, abundante industria de hueso y asta, arte mobiliar y parietal, etc.), aunque esto no es del todo independiente de que la información arqueológica sea ahora más abun- dante. La particularidad del Magdaleniense viene marcada por el amplio incremento del trabajo del hueso y sobre todo del asta, que generó un utillaje abundante, diverso y cambiante en el tiempo; el desarrollo de nuevas fórmulas de intensificación económica en la región, y una concepción gráfica de la figura animal más naturalista, reflejada en un arte portátil ahora muy abundante, y en un arte parietal que incluye obras como los bisontes polícromos de Altamira, entre otros muchos otros centros rupestres menos espectaculares. Ambas variantes artísticas muestran, durante esta época, conexiones más frecuentes y explícitas respecto a las poblaciones y usos gráficos de otras áreas del SO europeo. La industria lítica de los niveles magdalenienses es, por el contrario, menos carac- terística. Desde un punto de vista funcional desta- ca la sustitución de las puntas líticas de tamaño medio-grande (incluyendo las puntas de retoque plano solutrense) por venablos armados con laminillas y micropuntas de dorso, o por puntas de asta (azagayas) de distintos tamaños y formas de sujeción al astil de madera que las propulsaba. El repertorio se completa con una amplia varie- dad de buriles, raspadores, cuchillos sobre lámina, perforadores, etc.
Medio ambiente y territorio el durante el Tar- diglaciar.
Tras el Máximo glaciar (entre unos 22 y 18 ka) se sucedieron dos grandes épocas climáti- cas. Primero, un amplio periodo aun muy frío, de deglaciación y elevación del nivel del mar muy lentas, con algunas fluctuaciones de incremento de la humedad en su desarrollo. Esta primera épo- ca, denominada tradicionalmente Dryas I o anti- guo, se prolonga en la región hasta unos 13. BP. Le sigue un periodo más variable, denomi- nado Complejo Interestadial del Tardiglaciar, con alternancias ambientales más claramente orien- tadas al atemperamiento postglacial. En su inte- rior suele diferenciarse una primera fase húmeda y fresca (ca. 13.500 -12.700/12.300 ka BP), al menos un horizonte netamente frío en torno al 12.000, y un amplio periodo atemperado de notable hume- dad entre 11,8 y 10,8 ka BP. Es en momentos antiguos de esta última oscilación templada (Alle- röd) cuando finaliza el periodo Magdaleniense y se extienden las industrias de tipo aziliense por la región. El Pleistoceno superior se prolongó aun en un último periodo estadial bastante corto, pero de enfriamiento intenso del mar, datado entre 10,8 y 10,2 ka BP, tradicionalmente denominado Dryas III o reciente.
Durante el Magdaleniense y episodios inmediatamente posteriores, el nivel del mar se sitúa entre –80 y, aun, –50 o -45 m en el Dryas III, con un retroceso variable de la línea de costa de entre 7 y 2 Km respecto a la posición actual. La banda costera mostraba un paisaje de tipo estepario-landa, con dominio de vegetación baja (herbáceas, brezales…), bosquetes de pinos con algún abedul, y enebros en los valles interiores. Sin embargo, debieron existir algunos reductos de árboles caducifolios en laderas bien orientadas y más protegidas. Se ha apreciado una reforestación
inicial en el Complejo Interestadial, especialmente después del 12.000, a base esencialmente de pinos y abedules y algunos pocos árboles más termó- filos.
En la región vive una fauna de ungulados muy rica y diversa, pero que en esta época comienza a mostrar una cierta simplifi- cación respecto al Paleolítico superior antiguo. Se componía principalmente de bisontes, uros, caballos, abundantes grupos de ciervos, y de cabras y rebecos en las áreas de más fuertes pendientes. En algunos periodos, especialmente entre 14 y 11,8 BP, los renos fueron algo más usuales en corredor costero, desplazados desde las llanuras del SO francés. Aunque esporádicos, la presencia de restos de jabalí y corzo en algunos niveles magdalenienses es acorde con el mantenimiento de manchas de vegetación arbórea con especies termófilas en áreas más protegidas. Las poblaciones de estos animales, más dependientes de masas de vegetación y condi- ciones de humedad de cierta entidad, experimen- taran un primer incremento relevante en Alleröd. En el Magdaleniense, por el contrario, han desaparecido ya de la región, prácticamente, los rinocerontes, megaceros, el mamut y buena parte de los grandes carnívoros. La simplificación de las faunas se prolongará luego, entre Alleröd y el Preboreal, con la desaparición de los renos y probablemente del mismo bisonte, de algunas variantes de carnívoros de tamaño medio, la extinción del oso de las cavernas, etc.
La red de yacimientos tiende a ser más densa que en épocas anteriores, pero su distribución es muy similar a la descrita en el capítulo precedente. Cabe indicar, entre los rasgos novedosos, como a partir de la oscilación de Alle- röd, y en un contexto cultural ya Epipaleolítico, el retroceso glaciar permitió la primera ocupación de yacimientos en cueva por encima de los 500- de altitud.
Secuencias estratigráficas e industrias Mag- dalenienses.
El periodo Magdaleniense está muy bien representado arqueológicamente en la entrada a muchas cuevas de la región, en niveles estrati- ficados entre los que contenían puntas solutrenses y otros posteriores con industrias del primer Epi- paleolítico, o Aziliense. Las secuencias estrato- gráficas más relevantes son las estudiadas en Alta- mira, Castillo, Juyo, Rascaño, Valle, Otero y La Pila, entre otros sitios. En la actualidad se trabaja en diversos yacimientos, destacando los datos procedentes de las cuevas de la Garma A y de la superficie de la Galería inferior de ese mismo complejo, en Ribamontán, de las cuevas de El Mirón y El Horno, en Ramales de la Victoria, o
de varias cavidades en los alrededores de Altami- ra, como las de Cualventi, Las Aguas y El Linar. Algunos de estos sitios cuentan con secuencias relativamente largas del periodo, de manera que es frecuente –a diferencia de otras regiones clásicas de la investigación- la sucesión estratigráfica de capas del Magdaleniense antiguo (aún sin arpones) y otras del reciente. Entre los sitios de secuencia estratigráfica larga para el Tardiglaciar, ha jugado un papel muy relevante en el conocimiento actual el estudio de la cueva de El Rascaño (en Mirones), realizado por J. González Echegaray e I. Baran- diarán. Otros yacimientos muestran secuencias largas pero más circunscritas temporalmente, faci- litando un conocimiento preciso de fases concretas del periodo Magdaleniense. Así la de El Juyo, esencial para el conocimiento del Magda- leniense inferior, o La Pila en lo referido al Mag- daleniense superior-final.
Tradicionalmente se han diferenciado unas cuantas fases sucesivas a lo largo del Magda- leniense, caracterizadas y delimitadas, sobre todo, por la preparación de instrumentos óseos de tipos diferenciados. En primer lugar, un Magdaleniense inicial (ca. 17/16.500 – 16/15.500 años), detectado en Rascaño 5 y acaso en la base de Castillo 8, y en estudio en la actualidad en otras estaciones. Son características las azagayas cortas con mono- bisel largo y decorado con trazos en “espiga”. Le sigue el Magdaleniense inferior (o III de la se- cuencia clásica de H. Breuil) (ca. 15,5 - 14 BP), con azagayas muy variables (las más caracterís- ticas, de sección rectangular, con monobisel corto y acanaladuras), dominio de los raspadores sobre los buriles y amplia presencia de omóplatos deco- rados característicos. Se ha reconocido en muchos sitios (Altamira, Castillo 8, Juyo, Rascaño 4-3, La Garma A, El Mirón, etc.)
A partir de la definición de piezas dentadas (arpones), destinadas esencialmente a la pesca de salmónidos y otras especies piscícolas, cabe diferenciar varias fases industriales sucesivas. Primero, un Magdaleniense medio (o IV, ca.14,2- 13,3 BP), con protoarpones muy variables (en ocasiones, meras azagayas con numerosos dientes pequeños, y con soluciones de enmangue variadas), y un notable incremento de la diver- sidad y abundancia de industrias óseas, muchas veces decoradas. Son frecuentes las azagayas de sección trapezoidal-triangular, las varillas de sección plano-convexa, los contornos recortados y otras piezas de arte mobiliar. Se aprecia en Garma A y en la superficie de La Galería inferior, entre otros sitios.
La normalización del proceso de fabri- cación de los arpones de asta, más estables y repe- titivos, permite delimitar el Magdaleniense supe- rior-final (entre ca. 13,3 y 11,6 ka BP), con muy abundantes yacimientos en Cantabria. Las sequen-
conjuntos de fauna estudiados sobre una especie animal más importante. En buena parte de esos conjuntos, los huesos de ciervo o, en otros yacimientos, los de cabra, superan el 70 u 80 % de los restos de ungulados, dependiendo de la orografía dominante (ciervos en las zonas más abiertas, frecuentemente de la banda litoral, y cabras en las áreas de roquedo y más fuertes pendientes).
En el caso de la polarización en la caza de cabras, no se trata más que de una prolon- gación, quizá acentuada, de algo preexistente, y que esencialmente responde a las disponibilidades cinegéticas más limitadas de esas áreas interiores. Es más relevante la polarización en ciervos, que no obedece a cambios significativos de las pobla- ciones animales existentes en la región, sino a modificaciones en los comportamientos cazadores más usuales. Estos nuevos valores hablan de una caza más frecuente de rebaños frente a la de animales aislados (especialmente hembras y crías, con rendimientos más altos en verano), y de una mayor planificación y selección previa de las zonas de batida y de caza cooperativa. El ciervo debió ser el ungulado más abundante y de caza más predecible en la región durante casi todo el año, y su tamaño medio acaso ofreció ventajas complementarias de cara a un procesamiento más normalizado y rentable de carne y pieles. Caballos, bisontes y uros continuaron siendo objetivos muy prestigiosos durante el Magdaleniense antiguo (como pudiera indicar el importante papel que alcanzan en muchas composiciones parietales), pero se cazaron más esporádicamente que en periodos anteriores, y pierden su papel como objetivos clave del sistema de aprovechamiento. En esta época parece haberse logrado la domesticación del perro, de interés como auxiliar en las cacerías y en la defensa frente a otros carnívoros, según los datos procedentes del nivel V de la cueva de Erralla (Guipúzcoa), refrendados por otros sitios franceses y centroeuropeos.
Al tiempo que se produce esa polariza- ción cinegética se aprecian, de otro lado, algunos avances más tímidos en la diversificación de re- cursos. Especialmente en el caso del aprovecha- miento litoral, con cierto incremento del consumo de moluscos en los yacimientos de la banda cos- tera. Es un aprovechamiento de áreas de estuario relativamente abrigadas, basado en la Patella vulgata de tamaño grande y Littorina littorea esencialmente.
Ambos aspectos se vinculan con un incremento de la movilidad logística de los grupos humanos, que en parte también se refleja en la tendencia al incremento de los índices laminares entre las industrias líticas al final de este periodo y durante el Magdaleniense medio y el superior. De igual forma, tiende a incrementarse el número de yacimientos conocidos respecto a épocas anterio-
res y, aparentemente, la variedad de rangos dife- renciados.
Hacia la diversificación: el Magdaleniense avanzado y el Aziliense. En síntesis, asistimos en esta época (aproximadamente entre el 13000 y el 9000 BP) al transito desde grupos humanos organiza- dos en función del aprovechamiento intensivo de una o dos especies animales especialmente renta- bles en la región, a grupos tendentes a un aprove- chamiento integral de los recursos salvajes ofre- cidos por el territorio. Durante el Magdaleniense superior-final (desde hace unos 13.300 años) y con más fuerza durante el Aziliense, los grupos cantábricos enfocaron la intensificación del apro- vechamiento mediante una diversificación de re- cursos cada vez más decidida.
Durante fases aún magdalenienses se aprecian cambios bien expresivos. Así, desde un número relevante de yacimientos costeros, antes polarizados en la caza de ciervos, tiende a practicarse ahora también la caza relativamente extensa de cabras, de manera que los índices de caza de la especie principal, hasta entonces crecientes, se estabilizan o descienden. Se trata de modificaciones que probablemente aluden más al alargamiento de las ocupaciones antrópicas de esos yacimientos, o a la existencia de más fre- cuentes reocupaciones en épocas diferentes del año, que a cambios en las faunas albergadas en el territorio. Y es de interés apuntar que esto sucede en horizontes aún típicamente paleolíticos, con un buen arte parietal y mobiliar y al tiempo que se da la mayor frecuencia de grupos de renos en la región, en torno al 12.500. Inmediatamente des- pués, durante el Aziliense, se mantienen en esos mismos yacimientos los principales objetivos anteriores –rebaños de ciervos y cabras- con incrementos de otras especies como corzos, jaba- líes y rebecos, expresivos del reajuste ambiental, que parece irreversible desde la oscilación de Alleröd.
En los yacimientos situados en zonas más accidentadas, sobre todo interiores, se mantienen los altos índices de cabras, cazadas especialmente en verano-otoño, con incrementos de los restos de rebeco en algunos sitios a partir de los avances de la reforestación. La caza de ungulados se complementó con la de otros animales hasta ahora inusuales (aves, lagomorfos).
La diversificación, como eje económico, aparece más claramente explicitada en los fuertes incrementos que experimentan las actividades pesqueras, a partir de la formalización de arpones de asta (desde unos 14,2 y, especialmente, desde 13,3 ka BP) Se practicó tanto en estuarios (reos, platijas, algunos espáridos) como en los abun- dantes ríos de la región (salmones). En paralelo, la
misma recolección de moluscos litorales muestra incrementos cuantitativos claros, y desde Alleröd, una mayor diversidad de ambientes explotados (estuarios abrigados y ahora también áreas exteriores, donde se recogen moluscos como la Patella intermedia, cada vez más frecuente frente a la Patella vulgata grande). Aunque no se dispone mas que de indicaciones indirectas, la recolección vegetal debió jugar un papel más importante a partir del Complejo Interestadial del Tardiglaciar.
La diversificación debió ir unida a una cierta tendencia al alargamiento de las ocupacio- nes y una menor movilidad residencial. El aprove- chamiento cada vez más intenso y diverso de los medios cercanos a los sitios se refleja a su vez en cambios en la selección de materias primas líticas, con incrementos de los materiales más locales, que antes vinculábamos al descenso de los índices de láminas de tamaño medio grande. Es igualmente expresivo, ya durante el Aziliense, al tiempo que se forman mayores concheros en yacimientos cercanos a la costa, el enrarecimiento de los moluscos marinos en las cuevas más alejados del litoral, donde por el contrario, tienden a multiplicarse los restos de moluscos terrestres comestibles.
La evaluación de cambios demográficos en la población regional es complicada y muy insegura con las informaciones disponibles. Pero si el número de yacimientos por milenio es expresivo, es ahora, durante el Complejo Interes- tadial del Tardiglaciar y episodios posteriores cuando la base demográfica experimenta un ma- yor incremento.
Los cambios aludidos sugieren que, al tiempo que se reduce el principal corredor de circulación, en la banda costera, y que se incrementa la masa forestal, se fueron aflojando las redes de interacción a larga distancia, y ten- dieron posiblemente a reducirse las áreas matri- moniales. El enrarecimiento del arte figurativo, que como actividad usual no parece superar el 11.500 en la región, acompaña y parece bien expresivo de estos procesos.
El arte magdaleniense: el apogeo del realismo y el final del ciclo artístico paleolítico.
Desde un punto de vista formal, el arte Magdaleniense se ha caracterizado tradicio- nalmente por un tratamiento algo más realista y detallado de la figura animal. Las representaciones denotan una mayor preocupación por la propor- ción y coordinación corporal, la perspectiva correcta de cornamentas y extremidades, o un tratamiento más frecuente del interior del cuerpo animal mediante líneas de articulación y rellenos.
Se acrecienta, en último término, el naturalismo y mejora notablemente la expresión del volumen, de la tercera dimensión. Incide en ello un aprove- chamiento más frecuente de las irregularidades y discontinuidades de la roca soporte, hábilmente integradas en las representaciones.
Entre los procedimientos técnicos, son ahora más frecuentes las pinturas de color negro (mediante carbón vegetal o manganeso), los grabados finos de tipo múltiple, o repetidos, los rellenos mediante bandas de estriado, o la misma asociación de grabado y pintura sobre una misma figura. De igual forma, algunas composiciones magdalenienses incorporan figuras bícromas y polícromas, en las que uno o los dos colores empleados están extendidos en gradación, o bien, aligerados mediante raspados y otros procedi- mientos.
Aparentemente la actividad gráfica pare- ce haber ganado nuevos espacios en la vida coti- diana: la decoración de objetos de hueso, asta y placas de piedra (y sin duda otros materiales no conservados) es más frecuente, y se traduce, en su versión más sofisticada, en espléndidos trabajos mediante grabado, bajo relieve y más ocasional- mente pintura, especialmente en las fases centrales del Magdaleniense. En ellas, la proporción de objetos decorados –desde simples series de mar- cas a representaciones figurativas en bajo relieve- es inusualmente alta. En el caso del arte parietal, esta concepción renovada de la actividad grafica se traduce en composiciones aparente-mente más abiertas y heterogéneas, en el tiempo y en lo referido a autores, que las de épocas precedentes. Al menos es frecuente que las decoraciones parie- tales de un mismo espacio topográfico sean más variadas en lo referido a procedimientos técnicos, formato y grado de visibilidad.
En esta época se realizaron nuevas composiciones parietales en conjuntos rupestres de larga vigencia cronológica (Altamira, Castillo, Pasiega, Garma…), y además se decoraron otras muchas cavidades por primera vez. Entre las que se atribuyen en su totalidad al Magdaleniense, las de Juyo, Los Moros, Hornos de la Peña (el inte- rior), Grande de Otañes, Cullalvera, Linar, Urdia- les, Sovilla, El Otero y Las Monedas.
En realidad se ha podido datar con cierta precisión una parte pequeña del arte parietal atribuido a esta época. La información disponible, en todo caso, expresa algunos cambios tempo- rales. En el Magdaleniense antiguo, o hasta hace unos 14.500 años, contamos con series de figuras animales en negro de los corredores de Castillo, Altamira, y seguramente, otras figuras similares de Pasiega A (última serie), y sobre todo de las Gale- rías B y C, incluyendo en ocasiones la tinta plana roja y grabado complementario. Corresponden