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Resumen El presente artículo aborda el tema del discurso religioso ilustrado en el Perú a fines del periodo colonial e inicios de la República (1810 – 1830), para lo cual tomamos como referencia al jurista y político limeño Manuel Lorenzo de Vidaurre. A lo largo de la exposición se intenta demostrar que la opinión religiosa de Vidaurre, contenida en sus obras el Plan del Perú y Cartas americanas, corresponde a la de los ilustrados españoles de fines del siglo XVIII. En el trabajo se analiza el discurso ilustrado en España, la recepción de las ideas ilustradas en el contexto de fines del siglo XVII, además para terminar analizando el pensamiento de Vidaurre.
Palabras claves : Vidaurre, Ilustración, pensamiento religioso
Abstract This article deals with the theme of the religious discourse illustrated in Peru at the end of the colonial period and the beginning of the Republic, for which we take as reference the Lima jurist and politician Manuel Lorenzo de Vidaurre. Throughout the exhibition it is tried to demonstrate that the religious opinion of Vidaurre, contained in his works the Plan of Peru and American Letters, corresponds to that of the Spanish enlightened people of the late eighteenth century. The paper analyzes the illustrated discourse in Spain, the reception of the ideas illustrated in the context of the late seventeenth century to finish analyzing the thought of Vidaurre.
Keywords : Vidaurre, Enlightenment, religious thought
1. Introducción Alberto Tauro, en el prólogo de El Plan del Perú y otros escritos de Vidaurre^1 , publicado en 1971, presenta al célebre político y jurista limeño como un “hijo de su siglo”. Vidaurre es un personaje que compartió las preocupaciones propias de la cultura de la Ilustración, un análisis de sus obras permite observar la recepción del pensamiento ilustrado por parte de un criollo, en lo referente a la política, al derecho y a la religión. Por ello, el tema que se desarrolla en este trabajo es el discurso religioso ilustrado en el Perú a fines del periodo colonial e inicios de la República (1810 – 1830), en la persona de Manuel Lorenzo de Vidaurre. Así, el presente artículo centra su atención en establecer ¿cómo se desenvuelve el discurso religioso ilustrado en el Perú a fines del periodo colonial e inicios de la República (1810 – 1830)?, en la persona de Manuel Lorenzo de Vidaurre. Atendiendo a esta interrogante, se busca mostrar que el discurso religioso de Vidaurre corresponde a la de los ilustrados españoles de fines del siglo XVII. En tal sentido, nuestro personaje no fue ajeno a las inquietudes políticas, culturales y religiosas de la cultura ilustrada de su tiempo.
Lorenzo de Vidaurre, emula el pensamiento ilustrado de autores como Rousseau y Diderot, así, se afirma que, “de la lectura del expediente que da pie a esta nota surge el incontenible deseo
(^1) Manuel Lorenzo de Vidaurre (1773 – 1841) pertenece a la generación de los precursores de la independencia. Como funcionario colonial, llegó a ocupar el cargo de oidor de la Real Audiencia del Cusco. En tiempos republicanos, tuvouna destacada participación política. Cercano a Bolívar, fue nombrado presidente de la primera corte suprema de justicia y plenipotenciario del Perú en el congreso de Panamá. Además, fue elegido, en varias oportunidades, diputadopor Lima. Como jurista, fue el primer codificador del país. Llegó a redactar un proyecto de Constitución. Asimismo, redactó proyectos de códigos Civil, Penal, Comercial, Eclesiástico y de Procedimientos.
Finalmente, para comprender que Vidaurre está en sintonía con el discurso ilustrado español de finales del siglo XVIII, se presentan las siguientes ideas: el discurso ilustrado en España, la recepción de las ideas ilustradas en el Perú en el contexto de fines del siglo XVIII, el análisis del pensamiento de Vidaurre en El Plan del Perú y las Cartas americanas y el discurso religioso ilustrado en el pensamiento de Vidaurre.
2. El discurso ilustrado religioso en España
El primer punto por desarrollar en esta investigación busca conocer el discurso ilustrado religioso español, es decir qué ideas tenían los ilustrados españoles en torno a la Iglesia, y con ello a la jerarquía, los sacerdotes y demás.
Las relaciones entre el Estado español y la Iglesia tuvieron un cambio vertiginoso, a raíz del advenimiento de la dinastía de los Borbones tras la coronación de Felipe V como rey de España. Richard Herr, sostiene que los borbones orientaron sus objetivos eclesiásticos a lograr un acuerdo con Roma. El ejemplo más claro lo constituye el Concordato de 1753, mediante el cual el rey se reservaba el derecho de nombramiento de las autoridades eclesiásticas y las rentas que recibía antes el Papa. Este último, además, renunciaba al privilegio que le eximia de contribución a las tierras de la Iglesia. (1988, p. 11)
A partir de cita podemos ver que el cambio que promovió la dinastía de los Borbones consiste en establecer vínculos estables con la Iglesia de Roma. Entre las principales decisiones que se tomó para estabilizar la situación Estado – Iglesia, está dejar en manos del rey la elección
de las autoridades eclesiásticas, esto constituye el nombramiento de obispos, beneficios eclesiásticos que dependía exclusivamente del monarca.
Es con Carlos III, ya en la segunda mitad del siglo XVIII, que la política borbónica en materia eclesiástica experimentaría un nuevo ajuste al buscar subordinar la Iglesia al Estado. Las diferentes medidas dictadas contra el clero secular y regular “tuvieron por finalidad otorgar al estado un mayor campo de acción y poder de control sobre el cuerpo eclesiástico.” (Guibovich 1993, p. 2). Así, podemos resumir la política de Carlos III en cuatro objetivos principales: control del Estado sobre la Iglesia, mejorar la disciplina de las órdenes, mejorar la calidad del Alto Clero y depurar las manifestaciones externas de la religiosidad.
Junto a esta política real, un pequeño sector de la población empezó a reflexionar a la luz de las ideas procedentes de Francia, dando lugar a una serie de críticas respecto a la Iglesia como institución, mas no al dogma católico. Como lo menciona Herr, ni la fe ni el dogma católico corrían peligro; ya que los escritos irreligiosos de los filósofos franceses no llegaron a despertar interés entre los españoles. Un ejemplo de esto lo constituye la obra de Voltaire, ya que, si bien en círculos españoles se admiraba su poesía, no ocurría lo mismo con sus ataques a la religión y argumentos respecto a las inconsistencias de los dogmas sagrados. Tales ideas ni gustaban ni interesaban a los españoles (1988, p 70).
Es decir, el impacto del pensamiento francés sobre la Iglesia no había repercutido en la fe de los españoles, pero sí se aceptaba la crítica que desde los francos se hacía sobre la institución
Así, se entiende la razón de la poca instrucción que recibían los religiosos, esta estaba limitada a la filosofía escolástica. Unido a esto, se puede ver como los ilustrados criticaban la falta de vocación de muchos de los curas y frailes. Para los ilustrados el bajo nivel de instrucción de los curas traía como consecuencia que la religión se nutriera de supersticiones; por ello, se criticaban las procesiones y el culto a los santos (imágenes) y reliquias por convertirse en una suerte de piedad tonta y grosera.
Una última crítica contra los religiosos, aunque no tan común como las anteriores, era la cuestión del celibato. Bajo la idea de que el aumento de la población contribuiría a la prosperidad de España (es importante recordar que se criticaba el número excesivo de religiosos que distraía del trabajo a los jóvenes españoles) se cuestiona que muchos jóvenes dejasen de formar una familia por abrazar el sacerdocio. Sarrailh afirma al respecto que “una manera de atacar el celibato eclesiástico consistía en celebrar las alegrías y los encantos del matrimonio.” (1957, p. 647).
Como se ha podido observar las relaciones Estado – Iglesia fue muy complicada pues se generaron duras críticas en torno a los vínculos políticos, a la posición del clero en relación con el estado, a la moral de aquel y algunos puntos propios de las actitudes eclesiales, todo ello sin afectar la fe católica. También, es importante señalar que, además de agudas críticas, los ilustrados proponían una reforma que concordase con las ciencias modernas y la nueva filosofía. Se pedía un retomo a la Iglesia Primitiva, teniendo como base una vuelta a la Biblia (Ley del Evangelio), donde reinara la humildad, la caridad y la fraternidad.
3. La difusión del discurso ilustrado en el Perú
El discurso ilustrado español se trasladó al Perú, a través de dos posibles medios: el primero, la difusión de libros prohibidos; y el segundo, la reforma de los estudios en el Real Convictorio de San Carlos en la segunda mitad del siglo XVIII, a cargo de Toribio Rodríguez de Mendoza. (Presentación de la idea)
3.1 Los libros prohibidos
A partir de la Reforma Protestante, la imprenta alcanzó un notable desarrollo, por tanto, la creencia de ver al libro como "hereje mudo" se arraigó. Al respecto, Guibovich plantea que el libro empezó a ser visto como un eficiente portador de la herejía y el control que se estableció en torno a su impresión, venta y distribución se justificó en función de tal consideración y con la finalidad de impedir la propagación de ideas contrarias a la doctrina católica, la moral y el orden político establecido. (1988, p. 49)
Por ello, los libros que se imprimían en los dominios de la monarquía española eran sometidos a una doble censura: La primera, era hecha por el Consejo de Castilla, esta institución otorgaba la licencia de impresión que era requisito para la publicación del libro; la segunda censura, corría a cargo de la Inquisición, ésta también realizaba esa censura con respecto a las obras que se publicaban en el extranjero y que ingresaban a los territorios de Castilla y Aragón.
bastante grande en el dique que pretendía levantar contra la infiltración de ideas sospechosas procedentes de países extranjeros”.
Así, a pesar de las censuras provenientes del Estado y del Santo Oficio, circuló en el Perú un variado conjunto de obras literarias prohibidas expresamente por la legislación. Con ello, la imagen de una cultura colonial controlada resulta cuestionable.
Nuestro personaje no fue ajeno a la lectura de libros prohibidos, teniendo que comparecer ante la Inquisición hasta en tres oportunidades por la lectura de los mencionados libros en 1793, 1801 y 1803, respectivamente. El historiador Lohmann, demuestra que en ese lapso Vidaurre habría leído no menos de 24 libros prohibidos (al menos era lo que confesaba), entre los que destacan El espíritu de las leyes de Montesquieu, el Arte de amar de Ovidio, el Tratado de la naturaleza humana de Hume, El Emilio de Rousseau y la famosa Historia del predicador Fray Gerundio del Padre Isla, obra que estuvo muy de moda en la España del siglo XVIII (1950, p. 204).
3.2 La reforma educativa de San Carlos El segundo canal de difusión para las ideas ilustradas vendría a ser el plan de estudios de San Carlos, que fue reformado de acuerdo con las nuevas exigencias ilustradas de Toribio Rodriguez de Mendoza^3. San Carlos fue fundado en 1771 para suplir las necesidades de educación creadas ante la expulsión de los jesuitas en 1767.
(^3) El propulsor de las reformas fue Toribio Rodríguez de Mendoza, quien tuvo una carrera ascendente dentro del Convictorio. En diciembre de 1771, siendo estudiante del Seminario de Santo Toribio esnombrado profesor de Filosofía y Teología. En 1785 estando en Trujillo es designado por el nuevo Virrey Croix como vicerrector, finalmente en 1786 es nombrado Rector del Convictorio.
Leguía, sostiene que junto a Rodríguez de Mendoza se encontraron Mariano Rivera y José Ignacio Moreno, como fieles colaboradores para la realización de la reforma del plan de estudios. En el área de Filosofía los cambios que se implantaron no fueron sustanciales, simplemente se les dejó libertad en la elección de la corriente filosófica. Curiosamente esto los alejó del conocimiento de Aristóteles y su Escolástica. Sin embargo, los cambios que más nos interesan son los que se produjeron en el área de la jurisprudencia, ya que se implantaron los cursos de Derecho Natural y de Gentes, así como el curso de Derecho Constitucional, pero, bajo el nombre de Filosofía Moral. (1922, p. 40 – 41).
Vidaurre no fue ajeno a estas reformas, llevando en San Carlos los cursos de Derecho Civil, Canónico, Natural y de Gentes, así como Matemáticas y Filosofía; Esta misma información es repetida por su hijo Pedro de Vidaurre en la biografía que presentó en el periódico "La Bolsa de Lima" entre abril y mayo de 1841 y que constituye el primer estudio sobre nuestro personaje. Allí, Vidaurre consigna que estudió bajo los auspicios de Vivar, Moreno, Morales y Rodríguez. (1929, p. 161) Por otro lado, Lolmann, también menciona que, al ser interrogado en relación con sus blasfemias, dice que fue colegial carolino en 1789 y 1790 y que fue recién en 1796 incorporado en el Colegio de Abogados (1950, p.206)
Es decir, en estas citas, se muestra cómo las reformas ilustradas en el colegio San Carlo, influyeron en su formación. Más evidente aún, es la segunda cita pues relata su primera comparecencia ante la Inquisición en 1793.
penas que abatían mi espíritu […]. [A pesar de ello, afirma:] Jamás pensé que se publicasen […] [Sin embargo], el bien que puede resultar a la patria me obliga hoy a darlas a la prensa" (Vidaurre 1973:5). Tanto el Plan del Perú como las Cartas Americanas son el fiel testimonio del pensamiento de Vidaurre ya que nacieron libres de toda censura, pues para 1814 la Inquisición había perdido el poder y control de antaño. Asimismo, muchas de las cartas se escribieron en el extranjero y no fueron publicadas hasta 1820, cuando la Inquisición estaba extinguida.
5. El pensamiento religioso de Manuel Lorenzo de Vidaurre
Finalmente, en este último punto, se presentará el pensamiento religioso de nuestro autor que se ha establecido a partir de la lectura de los textos de El Plan del Perú y las Cartas Americanas.
Vidaurre, al igual que los ilustrados españoles, no atacó el dogma católico, ejemplo de esto nos lo dan algunas de sus Cartas americanas. Su formación ilustrada lo obligaba a decir
Yo necesito especular todas las cosas y combinarlas para darles crédito [...]. [Sin embargo, ante el misterio de la eucaristía él manifiesta]: No hallo misterio que declarase Jesu Cristo [ sic ] de un modo más expreso que el de la eucaristía [...] Respeto los misterios: mis luces no alcanzan a estos arcanos [...] Donde acaban sus fuerzas [de la razón] me rindo y exclamo: Hay una distancia infinita entre Dios y el hombre (Vidaurre 1973: 42-43).
Para Vidaurre la solución ante el dogma es simplemente "creerlo". Es decir, que en este campo la fe debía dominar a la razón: “Dirá usted que esto es muy oscuro [los dogmas] […] ¿Y hemos de entenderlo todo? No hay otro remedio que creerlo, o renunciar a Jesu Cristo [ sic ]." (Vidaurre, 1973, p. 45).
En las dos citas anteriores se pueden observar como la premisa que tiene Vidaurre por delante es el respeto a la fe, no busca atacarla sino su objetivo esta en la iglesia como institución. Existe un respeto a los dogmas y a la presencia de Dios en el actual del hombre. Bajo ninguna circunstancia emite juicio alguno sobre estos temas.
Sin embargo, Vidaurre matiza esta posición, ya que, en otras de sus Cartas americanas, como las referidas a la Eucaristía (Vidaurre: 1973: 42), Contestación (Vidaurre 1973: 44) Continuación de la Carta anterior (Vidaurre 1973: 293) en la que trata sobre la muerte de su hija, desarrolla la idea que solo entiende por la fe aquello sin lo cual no podría salvarse. Ejemplo de esto lo encontramos en el convencimiento de Vidaurre de la santidad de la vida de Jesucristo: "¿Y en tantas ansiedades y aflicciones habrá algo que me consuele? Sí, la santidad de la vida de Jesu Cristo [ sic ]." (Vidaurre 1973: 298)
Junto a esto, la razón de un hombre ilustrado lo obliga a alejarse de las creencias propias de la gente del común, sobre todo en lo que respecta a los sacerdotes:
Jamás sacerdotes pulsarán mis respetos más allá de la razón dirigida por la fe. Son para mí hombres sujetos a pasiones. Sé muy bien cuando abusan de la imbecilidad e ignorancia de
y tienen con más actividad los transportes que se observan entre ambos sexos. Un crecido número de domésticas esclavas o libres se introducen en aquellas detestables máximas [...] Ricamente vestidas, ociosas respiran la sensualidad en los ojos y movimientos [...] Gomorra era sombra respecto de los conventos grandes de Lima.” (Vidaurre, 1971, p. 68).
En un planteamiento típicamente ilustrado, Vidaurre proponía la intervención de Estado para cortar los desórdenes de los monasterios, proponiendo que las rentas que ellos captaban se apliquen a objetos más útiles a la República.
Respecto a las costumbres de los religiosos, una acusación que se hace repetida es que no cumplen con sus votos de castidad. Así Vidaurre nos dice que era costumbre que elijan “en la feligresía las mujeres más hermosas" (Vidaurre 1971: 43) o que en cada paseo a la capital se repartiesen "las monedas con las meretrices públicas” (Vidaurre 1971: 43). En cuanto al celibato eclesiástico, la posición de Vidaurre era clara: Se opone -sin llegar a la violencia- por considerarlo contrario a los principios fundamentales de la sociedad y pernicioso al estado ya que la sociedad se privaba de una población que podía ser más numerosa.
En el capítulo VIII del Plan del Perú titulado Religiones de hombres y mujeres, encontramos la idea que podría estar resumiendo las críticas de Vidaurre en tomo al comportamiento de los religiosos:
La castidad se queda en el voto, la pobreza cuando faltan los medios de enriquecerse, la obediencia es forzada y la observan únicamente los desvalidos. Los provinciales, los
priores, los guardianes [...] tienen sus públicas concubinas. Las celdas son unos gabinetes reales donde compiten el buen gusto y la riqueza [...] El convento no da otra cosa que el alimento, la más veces asqueroso a los brutos, pero los prelados tienen mesas regaladas donde comen con sus amigos y muchos seculares" (Vidaurre, 1971, p. 66-67).
Así, tanto Vidaurre como los ilustrados peninsulares consideran a los religiosos como raza parásita y dañosa. Otra crítica común de los ilustrados españoles concernía al bajo nivel cultural del clero, lo que traía consigo que la religión se llenara de supersticiones. En el discurso de Vidaurre notamos que esta crítica está ausente, limitándose a plantear que se estudie Escritura, Teología dogmática, Moral y Cánones para la obtención de un curato. El tema de las supersticiones también es poco tratado. Vidaurre, a diferencia de los ilustrados españoles, no lo relaciona con el bajo nivel cultural de los religiosos sino con sus ansias de riqueza. Al respecto nos dice: "En el púlpito solo se oyen las voces aterrorizando con el infierno, el fuego, los demonios a los que no pagan bien los diezmos y primicias [...]” (Vidaurre, 1971, p. 40-41).
Hemos visto las principales críticas de Vidaurre entorno al estado eclesiástico, pero ¿cuáles eran sus propuestas? En primer lugar, pedía una vuelta a la Iglesia Primitiva. Esto se ve claramente en El Plan del Perú , su visión del paradigma del sacerdote presenta una postura conforme a las normas de vida de la "primitiva iglesia":
Se debe confesar que tenemos curas dignos de compararse con los de la primitiva iglesia [...] Los curas de Arica y Tacna eran incomparables [...] eran sus casas la franca botica del
poner en paralelo cristianos y protestantes diré, que la gracia favorece más a estos: por lo regular hay entre ellos más humanidad, más honradez, más virtudes [...]" (Vidaurre, 1973, p. 281). La cita anterior permite afirmar que la condición de ilustrado de nuestro personaje lo lleva a plantear que no habría motivo para condenar a hombres que creen en el verdadero Dios, aunque nieguen la venida del Mesías.
En síntesis, se puede observar en los textos de Vidaurre el pensamiento religioso ilustrado de influencia española.
6. Conclusión Finalmente, esta investigación demostró que los ilustrados españoles expresaban su crítica frente a los vínculos Estado – Iglesia a partir de la institucionalidad de la iglesia y no a partir de la fe católica, en ese sentido su propuesta era la vuelta a la iglesia original, la que inicio Jesucristo y tiene como fundamente la palabra de Dios. Así, se ha podido observa que esta influencia ilustrada española llego a Vidaurre a través de la lectura de los libros prohibidos y de su formación en el Colegio San Carlo. Esta influencia se muestra en los textos Plan del Perú y Cartas Americanas en donde se encuentra desarrollado su pensamiento ilustrado religioso.
En conclusión, la posición de Vidaurre en torno al dogma católico, la riqueza de la Iglesia, los monasterios y su deseo de volver a una Iglesia primitiva presentados en los textos analizados muestran que sus preocupaciones e intereses son los mismos que los ilustrados peninsulares de fines del siglo XVII.
Referencias Bibliográficas Guibovich, P. (1988). Unanue y la Inquisición de Lima. Histórica, (XII) , 1, 49 - 59. Herr, R. (1988). España y la revolución del siglo XVII. Madrid: Aguilar Maior. Leguía, J.G. (1922). El precursor. Lima: F. y E. Rosay. Lohmann, G. (1950). Manuel Lorenzo de Vidaurre y la Inquisición de Lima: notas sobre la evolución de las ideas políticas en el virreinato peruano a principios del siglo XIX. Revista de Estudios Políticos, 52 , 199 - 216. Millar, R. (1998). Inquisición y sociedad en el virreinato peruano: estudio sobre el Tribunal de la Inquisición de Lima. Lima: PUCP - Instituto Riva Agüero. Nieto, A. (1980) La Iglesia Católica en el Perú. En: Mejía Baca, Juan (ed) Historia del Perú. Lima: Juan Mejía Baca. Tomo XI. Sarrailh, J. (1957). La España ilustrada de la segunda mitad del siglo XVIII. México D.F.: Fondo de Cultura Económica. Vidaurre Rivera, P. (1929). Biografía de Manuel Lorenzo de Vidaurre. Boletín del Museo Bolivariano, 6 , 160–179. Vidaurre, M. (1929). Relación de los méritos y servicios de Don Manuel Lorenzo de Vidaurre y Encalada del Consejo de su Majestad oidor decano de la Real Audiencia del Cuzco (Madrid 1820). Boletín del Museo Bolivariano , 6 , 188-192. Vidaurre. M. (1971). El Plan del Perú. En: Tauro, Alberto (ed.). Los ideólogos: El Plan del Perú y otros escritos (pp. 1 – 185). Lima: Comisión Nacional del Sesquicentenario de la Independencia del Perú. Tomo 1, volumen 5.