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Tipo: Resúmenes
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Comunicación y Lenguajes
Apellidos y Nombres: Gómez Guarachi Yker Xavier Curso: 1 “A” Fecha: 11/10/ CONSIGNA: Lee el siguiente texto y realiza las siguientes actividades aplicativas: CUENTOS TRISTES (1987) “Jacinta” (Cuento juvenil) Extraído del libro Cuentos tristes (1987) Manuel Vargas Severiche En los últimos tiempos casi nadie las había visto salir. Jacinta consumía sus años entre la cocina y la oscura habitación donde descansaba su madre. Muchos la criticaban por haberse encerrado y alejado como si ya no fueran del pueblo. Pero más hablaban de la joven, tan callada, tan hermosa la hembra que no sería para nadie. Una tarde lluviosa, un vaquero llegó a Tierras Amarillas en busca de trabajo y fue a parar a la tranca de esa casa que parecía abandonada. Llamó una y otra vez, cuando estaba por retirarse vio que al fin alguien abría la puerta, sin animarse a salir al corredor. Sujetando las riendas de su caballo, seguía llamando. La mujer espiaba al hombre de poncho rojo y alforja, pareció volver la cabeza como si consultara en la oscuridad, miró otra vez al hombre y le hizo señas para que esperara. La puerta se abrió al fin cuando dejó de llover; el vaquero entró al patio y una voz cantarina dijo: — ¿Por qué no entraba si tanto lo estaba llamando? —Disculpe esté, señorita— repuso él como si le hubieran dado un golpe en la cara. La tormenta no me dejó escuchar. Yo pensé que, antes, usté le preguntaba a su mamita… La joven contuvo un respingo y dijo: —Sí, claro. Mi mami dijo que se lo haga pasar. —¿Podría hablar con ella? Me llamo Ovidio Luna y ando buscando trabajo. La joven respondió con una sonrisa. El vaquero sintió el barro en sus pies, aflojando la chica del caballo siguió: —Digo, si tal vez les interesa un peón pa que siembre o deshierbe las chacras. La tierra está en su punto. Mi mami está pues medio delicada— dijo ella—. Tal vez si pudiera volver otro día… — Como no. Pero de repente… ¿Por qué no le pregunta? Ella iba a negarse, de pronto se oyó un trueno y volvió la lluvia con más fuerza, Ovidio se sujetó el sombrero y el caballo retrocedió hasta chocar con el horcón. Jacinta gritó y cayó sentada sobre el maíz del troje en la esquina del corredor. Ovidio se acercó para ayudarla a levantarse. Los ojos asustados miraban hacia a puerta. ¿Venía la madre? No, la puerta seguía quieta. —Allá, allá— dijo al final joven—, su caballo en las flores; ahora sí mami me da una cuera… Ovidio salió al patio, tropezó con una piedra y se agarró del palo de la tranca. Agua y sombras grises, toco un cuerpo peludo y recibió una patada en la rodilla, al caer al barro tuvo la suerte de apoyar la mano en el extremo de las riendas y condujo al caballo hacia el corredor, en cuyo horcón lo amarró. Se sacó el sombrero y el poncho y los colgó en un listón del techo; entretanto, Jacinta había desaparecido; el vaquero se limpió la cara y se sentó en el banco de adobes. A la tormenta siguió el surazo, cuyo viento parecía atacar solamente la rodilla de Ovidio. Se arremangó los pantalones y los exprimió como pudo. Se levantó; necesitaba lumbre y el calor de unas brasas. Tendré que llamarlas, tendré que tocar la puerta. ¡Ay mi rodilla! Ningún sonido venía de la puerta entornada. Volvió a sentarse sobre los adobes, mirando los árboles del callejón y la falda del cerro. En el patio el caballo temblaba, con la montura y los sobrepelos chorreando. Bueno, ya es hora de que
Comunicación y Lenguajes aparezcan (…) CARÁTULA 2 A.- Responde a las siguientes preguntas: