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El equilibrio ingreso-gasto en el modelo clásico de precios flexibles y el equilibrio ahorro-inversión. Asimismo, se hace énfasis en el importante rol que cumple la tasa de interés en un modelo donde los niveles reales del gasto y el producto no cambian.
Tipo: Apuntes
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HUANCAYO – PERU 2023 EL LARGO PLAZO: EL MODELO AHORRO-INVERSIÓN CON PLENO EMPLEO El equilibrio ingreso-gasto en el modelo clásico de precios flexibles y el equilibrio ahorro-inversión. Asimismo, se hace énfasis en el importante rol que cumple la tasa de interés en un modelo donde los niveles reales del gasto y el producto no cambian. Gracias al supuesto de flexibilidad de precios en este modelo, el mercado de trabajo siempre estará en equilibrio; por lo tanto, dado un stock de capital y una tecnología, habrá pleno empleo de factores: la economía estará en su producto potencial. PBI = Y = YP Del equilibrio ingreso-gasto se obtiene el equilibrio ahorro-inversión: Y = C + I + G + (X - M) (1) El ahorro privado se define como: Sp = (Y - T) - C (2) Si reemplazamos el producto de la ecuación (1) en la ecuación (2) y despejamos la inversión, tenemos: Sp + (T - G) + (M - X) = I Sp + Sg + Se = I S = I Donde: Sp = ahorro privado Sg = ahorro público Se = ahorro externo Si desarrollamos los componentes de la igualdad entre el ahorro y la inversión, obtenemos:
El ahorro y la tasa de interés La inversión La dependencia de la inversión respecto a la tasa de interés también es una proposición neoclásica. El papel de la tasa de interés y del tipo de cambio: los efectos de la política fiscal La tasa de interés r equilibra el ahorro con la inversión, pero también es la tasa que asegura que el gasto agregado sea igual al ingreso de pleno empleo (Yp). El nivel específico de la tasa de interés que equilibra el ahorro con la inversión se obtiene de la siguiente identidad:
El valor de la tasa de interés real de equilibrio necesaria para que el ahorro sea igual a la inversión será: Esta tasa está en función solo de parámetros y variables exógenas. El equilibrio ahorro-inversión en una economía de precios flexibles Estática comparativa: cambios en la política fiscal El producto potencial está dado; por lo tanto, también son constantes las variables que dependen de él. Si aumenta el gasto público su efecto directo será sobre la tasa de interés. De aquí se deduce que han cambiado los siguientes componentes del gasto agregado dependientes de la tasa de interés:
Entre los cambios en la dotación de recursos y en la tecnología se encuentran, por ejemplo, cambios en tamaño, composición y calidad de la fuerza laboral, cambios en las preferencias de trabajo y ocio, cambios en calidad y cantidad del activo stock de capital, innovaciones tecnológicas, etcétera. Entre los cambios institucionales destacan los derechos de propiedad, el cumplimiento de contratos o leyes sobre patentes y derechos reservados. Todos estos factores se suponen constantes a corto plazo, porque sus cambios son graduales, toman bastante tiempo. Shock de oferta negativo de efecto duradero Los procesos de producción, que tenían sentido económico cuando el precio del petróleo costaba menos de 3 dólares el barril, se volvieron irrealizables cuando este precio empezó a subir en forma recurrente. El producto potencial disminuye, entonces, porque aumentaron significativamente los costos de producción.
La reducción del producto potencial (DYp) aumenta la tasa de interés en una magnitud igual a: La reducción del producto potencial que originó el alza del precio del petróleo impactó negativamente en el ahorro de las familias y en el ahorro del gobierno. La consecuencia fue un aumento de la tasa de interés para equilibrar el ahorro con la inversión y restaurar el equilibrio ingreso-gasto. Este es un claro ejemplo de cómo toda perturbación que afecta negativamente la oferta de pleno empleo, como el incremento de los precios del crudo, desplaza la curva de ahorro a la izquierda elevando la tasa de interés. Finalmente, con el aumento de la tasa de interés, se eleva el ahorro externo; es decir, entran capitales. Shock de oferta positivo: cambio técnico y ciclos económicos reales La invención e innovación tecnológica generan ciclos. Además, da lugar a: i) un aumento de la eficiencia del trabajo; y ii) un incremento de la demanda de inversión (es más rentable para una empresa aumentar su stock de capital). El aumento de la inversión autónoma desplaza la curva de inversión hacia la derecha; no obstante, como también aumenta la productividad cuando mejora la eficiencia del trabajo, aumenta el ingreso y, por lo tanto, también el ahorro doméstico, desplazando la curva de ahorro hacia la derecha. Ambas producen efectos contrapuestos en la tasa de interés. El incremento del ingreso reduce la tasa de interés: El incremento de la inversión autónoma impacta positivamente en la tasa de interés. El efecto final sobre la tasa de interés real es ambiguo, pero lo importante es que en el nuevo equilibrio el ahorro y la inversión son mayores.
Ahorro e inversión en la economía abierta Esta discusión es conocida como el puzzle de Feldstein-Horioka, que podría ser un título alternativo para esta sección. El punto es muy simple, y ha resultado en un gran volumen de investigaciones en el área de finanzas internacionales. En una economía abierta y con perfecta movilidad de capitales, las decisiones de ahorro e inversión están separadas. Dada la tasa de interés internacional r ∗ , los hogares deciden cuánto ahorrar y las empresas cuánto invertir. Si la demanda por inversión sube, se invertirá más, pero esto no tendrá consecuencias sobre las decisiones de ahorro. Esto es completamente opuesto al caso de economía cerrada: si sube la inversión, sube la tasa de interés y en consecuencia también sube el ahorro. Esto es directa consecuencia de que, en la economía cerrada, en todo momento el ahorro es igual a la inversión, lo que no ocurre en la economía abierta. Por lo tanto, si alguien fuera a graficar para todos los países del mundo su tasa de ahorro contra su tasa de inversión, no deberíamos encontrar ninguna correlación. Habrá países que ahorren poco, pero inviertan mucho, y tengan un gran déficit en la cuenta corriente. Habrá otros países que inviertan poco, pero tal vez ahorren mucho y tengan superávit en su cuenta corriente. Sin embargo, Feldstein y Horioka graficaron para dieciséis países desarrollados (de la OECD) la tasa de inversión y la tasa de ahorro para el período 1960-1974 y encontraron una alta correlación positiva entre ambas variables. La relación indica que por cada 1 % que suba la tasa de ahorro en un país, la inversión lo haría en 0,9 %. Esta alta correlación es contradictoria con el análisis más simple de la economía abierta, y requiere una explicación. Lo que se necesita explicar es por qué cuando el ahorro es elevado también lo es la inversión, tal como en una economía cerrada. En la figura 7.6 se replica el resultado de Feldstein y Horioka para una muestra amplia de países en los períodos 1970-1990 y 1990-2010. Se observa que si bien aún existe una correlación positiva entre ahorro e inversión esta se ha debilitado a través del tiempo. El coeficiente β, que corresponde a la pendiente de la recta que
mejor ajusta los datos, indica que este cayó de 0.54 en el período 1970– a 0.25 en el período 2990–2010. Aunque la correlación ha caído, aún es importante, y estos hecho merecen una explicación basada en lo que hemos estudiado. La primera explicación, y que es de las más plausibles y propuesta originalmente por Feldstein y Horioka, es que la movilidad de capitales no es perfecta y tiene ciertos límites. Los países no pueden pedir prestado todo lo que quieran a la tasa de interés internacional vigente. Considere la figura 7.2, en la cual la tasa de interés a
discutimos, el ahorro debería permanecer constante, ya que la propensión a consumir el ingreso permanente debería ser cercana a 1. Por lo tanto, shocks permanentes de productividad no ayudan mucho a generar una correlación positiva entre el ahorro y la inversión. Los shocks transitorios de productividad sí pueden generar una correlación positiva entre ahorro e inversión. La inversión aumentará — aunque menos que en el caso permanente— si la productividad sube por algún tiempo, ya que el capital será más productivo. Por otra parte, los individuos querrán ahorrar parte de este ingreso transitorio para el futuro y por lo tanto ambos, ahorro e inversión, aumentan. Por lo tanto, se necesitan shocks de productividad transitorios pero suficientemente duraderos para que generen movimientos conjuntos del ahorro y la inversión. Este caso es muy similar al de la sección anterior, donde vimos que una mejora transitoria de los términos de intercambio generaba aumentos de la inversión y el ahorro, y el déficit de cuenta corriente debería mejorar. El problema con estas explicaciones basadas en “productividad” es que no darían cuenta del hecho que cuando se observan la correlaciones de ahorro e inversión entre regiones de un país estas son mucho más débiles que las correlaciones entre países, lo que es difícil de entender a treavés a través de shocks de productividad o términos de intercambio. Hay algo entre las fronteras que explica esta correlación. Las imperfecciones en la movilidad de capitales son un candidato. El otro y que es altamente relevante y aceptado son los costos del comercio internacional, los que se entienden como costos de transporte, tarifas y otros impedimentos que hacen que los precios de los bienes importados y exportados no sean los mismos. Una cuarta explicación, que tiene soporte empírico en las economías desarrolladas, es la existencia de costos de transporte al comercio internacional. De acuerdo a OR los costos de transporte permiten explicar muchos de los puzzles de finanzas internacionales12. Considere el caso extremo donde los costos de transporte son prohibitivos y no hay comercio internacional. En este caso sería posible que haya perfecta movilidad de capitales, que inversionistas en todos los países pueden comprar y vender activos financieros de cualquier otro país, pero el saldo de la cuenta corriente, y consecuentemente de la cuenta financiera, serían cero. Es decir en todo momento el ahorro sería igual a la inversión y la tasa de interés que prevalecería sería la de autarquía. Todo esto a pesar de la movilidad de capitales. En casos intermedios para los costos asociados al comercio internacional, aún se mantendría la correlación entre ahorro e inversión, pero declinaría con la reducción de dichos costos. Finalmente, existen otras razones por las cuales ahorro e inversión se pueden correlacionar positivamente que no analizaremos aquí, pero vale la pena mencionar, como es el caso de los factores demográficos. En todo caso, aún hay mucho debate y evidencia para reafirmar los resultados de Feldstein y Horioka, pero por sobre todo para saber a qué se debe dicha correlación.
Keynes, el ahorro y la tasa de interés Keynes, el ahorro y la tasa de interés Rogelio Pontón John M. Keynes ha sido el economista más inuyente del siglo XX y algunas de sus ideas siguen determinando algunas de las políticas actuales. Su obra escrita es un capítulo importante de la historia del pensamiento económico y algunos de sus libros son todavía leídos por los estudiantes. Sin embargo, hay dos aspectos en los que es muy difícil estar de acuerdo con él. Esos dos aspectos son los que dan título a este artículo. Para Keynes el ahorro, en determinadas situaciones, puede ser un obstáculo en lugar de un benecio. Un incentivo al ahorro en un momento de crisis puede agravar la crisis, ya que lleva a un menor consumo, a caída de precios, a una disminución de los benecios empresariales y, nalmente, a un incremento en el desempleo. Es cierto que su concepción está referida al muy corto plazo pero, lamentablemente, el largo plazo está compuesto de distintos cortos plazos. De él es la famosa expresión: "En el largo plazo todos estaremos muertos". Es probable que Keynes haya hecho esas recomendaciones nada favorables al ahorro para situaciones muy especiales como fue la crisis de los años '30, pero sus discípulos la convirtieron en una doctrina básica para todo tiempo (en realidad, ya desde las primeras obras de Keynes, como "Las consecuencias económicas de la Paz" del año 1919, se percibe que el ahorro no es visto con buenos ojos por el economista inglés. Se puede ver un análisis del pensamiento keynesiano en la obra de Fausto Vicarelli, "La inestabilidad del capitalismo"). La teoría de Keynes se ha convertido en una teoría de la subinversión, es decir que la crisis se produce porque el ahorro supera a la inversión. Otros autores interpretan que si el ahorro supera a la inversión lo lógico es suponer que la tasa de interés va a disminuir y, a partir de allí, aumentaría la inversión. Pero Keynes pensaba que una baja de la tasa de interés no era razón suciente para un incremento de la inversión, especialmente en un momento en que los empresarios ven el futuro 'con pesimismo'. El otro aspecto de la teoría keynesiana que nos cuesta aceptar es su concepción sobre la tasa de interés. Para Keynes la tasa de interés tiene una explicación exclusivamente monetaria.
Esta característica del tiempo y de la inserción del hombre en un mundo temporal es la que está en la base de la mencionada preferencia por el bien presente sobre el bien futuro, característica que muchas veces no tienen en cuenta los economistas. Los modelos que se construyen muchas veces lo dejan de lado y es por eso que se han cometido grandes errores. Por ejemplo: en la teoría keynesiana de baches inacionarios y deacionarios las grácas están a contracorriente de una teoría del ciclo de los negocios, que necesariamente tiene que desarrollarse en el tiempo. La tercera razón de la que nos habló Böhm Bawerk se puede enunciar como sigue: "un volumen determinado de medios básicos de producción (trabajo y tierra) dará lugar a un mayor número de bienes y servicios de consumo si se aplica primero a producir bienes de equipo, que después se utilizarán para conseguir bienes de consumo, que si se aplica en su totalidad a la producción directa de bienes de consumo. Esta productividad de los métodos 'indirectos' para producir bienes de consumo, además, es tanto mayor cuanto más prolongado sea el proceso de producción de dichos bienes, si bien, a partir de cierto punto, operan los rendimientos marginales decrecientes. El tipo de interés siempre será positivo, porque si el tipo de interés fuera cero, los recursos productivos terminarían retirándose de la producción de bienes de consumo y se destinarían a la producción de bienes de equipo, a la multiplicación de los bienes de consumo del futuro, hasta que la escasez de bienes de consumo presentes forzará la aparición del tipo de interés (José Luis Feito, Introducción a la obra de Friedrich Hayek, "Precios y Producción"). Como se puede deducir de los párrafos anteriores, para Böhm Bawerk las razones que explican la tasa de interés son razones 'reales'. En ningún momento se mencionan causas monetarias. Quien introduciría el tema monetario para explicar la tasa de interés fue, a nes del siglo diecinueve, el economista sueco Knut Wicksell, pero sin dejar de lado los fundamentos reales de aquella. Para este autor existen dos tasas de interés, la natural (propia de una economía sinmoneda, y en este sentido seguía el análisis de Böhm Bawerk) y la monetaria que dependía de la mayor o menor oferta y demanda de dinero. La concepción del autor sueco fue tomada por los autores austriacos en la llamada teoría monetaria del ciclo económico. Una baja forzada de la tasa de interés lleva a un incremento de la inversión. Los inversores perciben esa baja de la tasa de interés suponiendo que hay más ahorro, pero la misma no se produce por la mayor existencia de ahorro sino por el aumento de la emisión monetaria o del crédito. El ahorro implica menor consumo. Algunos factores productivos quedan desempleados y el aumento de la inversión los emplea. De no haber ahorro, la inversión lleva a un traslado de los factores productivos para producir bienes de capital. Este traslado se produce porque se le ofrece a los factores productivos mayores precios y salarios. La sobreinversión que
se produce, dado que la inversión es mayor que el ahorro, lleva al aumento de los precios y, como consecuencia, al incremento de la propia tasa monetaria de interés que previamente se había bajado. Lamentablemente, a partir de 1936 la mencionada concepción de las dos tasas de interés, real y monetaria, fue dejada de lado y reemplazada por la mencionada teoría exclusivamente monetaria desarrollada por John Maynard Keynes. Ya no depende de ninguna razón real, llámese productividad de los bienes de capital -rodeos indirectos de la producción- o 'preferencia temporal'. Si no hay ahorro, es decir, si la preferencia temporal de la gente no es menor, no se puede pretender que la tasa de interés sea baja. Cuando la gente valora mucho más los bienes hoy que los mismos bienes mañana nadie ahorra y la tasa de interés tiene que ser necesariamente muy alta, y es inútil que los bancos centrales del mundo pretendan bajar esa tasa. Si lo hacen distorsionan el sistema de precios relativos. Las altas tasas de interés preocupan siempre a los gobiernos y es lógico que así sea, pero lo que no es racional es que no busquen la verdadera causa de esas altas tasas de interés. Si en un país no hay ahorro, como de hecho ocurre en el nuestro, donde el sector público conjunto (nación y provincias) es decitario y el ahorro externo, golpeado en varias oportunidades, es remiso a ingresar, no se puede pretender que la mencionada tasa sea baja. Por otra parte, la sospecha fundada de que los datos estadísticos sobre inación que publica el INDEC no son los reales, también hace que la tasa de interés sea elevada.