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Una introducción histórica y conceptual a la teoría de sistemas, una aproximación interdisciplinaria que ha influido en el campo de la terapia familiar. Se abordan las contribuciones de figuras clave como wiener, richmond y hearn, y se examinan conceptos fundamentales como transformación y cambio, estabilidad, feedback, isomorfismo y circularidad. El texto también hace referencia a la importancia de la comunicación en el contexto de sistemas.
Tipo: Apuntes
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MODELO SISTÉMICO Prof. Alfonsa Rodríguez. Enero 2011
La teoría de sistemas se ha desarrollado históricamente a partir de una serie de aportaciones provenientes de campos muy variados del saber: la Física del siglo XX; la biología moderna ha pasado desde una microbiología entendida también de forma reduccionista y mecanicista hasta una "etología" sistémica que investiga al organismo en su entorno; etc. Un precedente más directo de la teoría de sistemas se encuentra en la Cibernética, que nace a su vez junto con la Teoría Matemática de la Información.. N. Wiener (1948) funda la cibernética como ciencia de los sistemas dinámicos, es decir, de totalidades cuyos elementos se encuentran en relaciones funcionales mutuas y que están referidos al todo, al mismo tiempo que reaccionan, en cuanto miembros del todo, ante los influjos externos (conceptos claves son transformación y cambio, estabilidad, feedback, isomorfismo, variedad, constricciones de variedad, transmisión de variedad, entropía, control, regulación, selección, aprendizaje, etc.)
En nuestro ámbito, en buena medida, reconstruir el modelo sistémico, es desde mi punto de vista, construir nuestro propio conocimiento, el del trabajo social, ya que es el modelo que nos proporciona respuestas acerca del tipo de conocimiento que nos corresponde sin propósito consciente estuvieron conectados. De hecho en la construcción de la historia de la terapia familia sistémica, y conste que nosotros transcenderemos tal campo para irnos a “lo sistémico” en general, es nuestra principal mentora M. Richmond la primera figura que se cita. Aunque tendremos ocasión en el capítulo siguiente de analizarlo pormenorizadamente –las conexiones de los principios filosóficos y metodológicos de M. Richmond con el modelo sistémico-aquí apenas lo esbozaremos. A su vez nos servirá como inicio de una breve historia conceptual sobre el modelo sistémico aplicado a contextos psicosociales. Veámoslo.
En la historia del modelo sistémico aplicado a la familia se cita como precursora a M.Richmond ya que en la lectura de su obra encontramos que pone el énfasis en la relación, el contexto, las interacciones entre el sujeto y su medio. De hecho el trabajo social de casos es siempre trabajo social con familias. Pero es que además M. Richmond amplía su mirada a los contexto significativos, como pudiera ser un internado, que funcionan como familia “sustituta” y los toma en consideración. Y dice “aunque el trabajo con un individuo aislado fuese bueno y eficaz los resultados se neutralizarían si se ha ignorado la historia y el trabajo con la familia” (1982). ¿Qué idea subyace tras estas consideraciones prácticas? La línea de demarcación individuo/medio o sistema medio ambiente, éste dice, está en “el espíritu de otros seres o de grupos de seres con los cuales está en relación”. El tipo de causalidad entre fenómenos que describe es compleja, circular y afirma: “la inclinación de buscar una causa, si bien, la causa en motivos humanos no puede ser simple o única sino múltiples y complejas; en esa medida es necesario trascender el carácter sumatorio de variables ya que sólo en su conjunto indican la naturaleza de las dificultades sociales de un determinado cliente, ya que lo analítico que separa no da cuenta del “todo”. Sólo en la totalidad puede ser explicado cualquier hecho. Asimismo en su obra encontramos el concepto de circularidad como “acción recíproca”, “interdependencia y adaptación mutua”.
Es innegable que la razón por la que el trabajo social con familias no fue impulsado por la disciplina se debió al impacto que causó la psiquiatría, especialmente el psicoanálisis en nuestro campo. Las influencias psicoanalíticas que aun proviniendo de “disidentes” de las formulaciones freudianas originarias, mantenían el foco y la explicación de los fenómenos relativos a la naturaleza humana en el mundo intrapsíquico del sujeto. ¿Qué puede dar cuenta de la complejidad propia de nuestro objeto? ¿Es posible seguir estableciendo dicotomías clásicas, que no lo eran en M. Richmond, entre lo estructural y lo vivencial? ¿Es posible establecer causa efecto en los fenómenos complejos a los que hacemos frente los trabajadores sociales? ¿Son sólo los determinantes intrapsíquicos los que impiden emprender un proceso de cambio a una familia con alto nivel de sufrimiento y una gravísima situación de exclusión? Necesariamente necesitamos una mirada abarcadora. Porque los problemas más complejos del campo psicosocial son los que pertenecen al ámbito de protección de menores, salud mental, toxicomanías, individuos y familias pertenecientes a
grupos vulnerables, etcétera. El grado de complejidad viene determinado, entre otras razones porque en dichos ámbitos se mezclan creencias inconscientes y profundas de los profesionales ya que son situaciones límites que sacan a la luz ansiedades y mecanismos de defensa frente a ellas (lo cual puede llevar al profesional a ser creativo o extremadamente rígido si no son correctamente manejadas) y porque una visión parcial o deformada de las realidades aludidas nos impide captar con la suficiente profundidad la complejidad de la realidad, p.e. gafas estándar con tendencias más o menos psicologicista, causalidad lineal; dialéctica entre mundo interno mundo externo….
¿Qué no ayuda? La perspectiva psicosocial donde la clave es el de concepto de relación que nos ofrece el modelo sistémico.
G. Hearn (1969) nos proporciona un argumento muy general pero valioso, dice así: “El enfoque sistémico se basa en el supuesto de que la materia en todas sus formas, viviente y no viviente, puede ser considerada como un sistema (...). Los individuos, los pequeños grupos – incluidas las familias, las organizaciones-y otras organizaciones humanas complejas tales como los barrios y las comunidades-en resumen, las entidades con las cuales se relaciona por lo general en trabajo social- pueden ser consideradas como sistemas, con algunas propiedades comunes. Si no más, esto al menos debería proporcionar a la educación sobre el trabajo social un modelo para organizar los aspectos del currículum relativos a la acción humana y al medio social. Pero más allá de esto, si el enfoque sistémico general pudiera ser usado para ordenar el conocimiento de las entidades con las que trabajamos, quizás también serviría como medio para desarrollar una concepción fundamental del proceso mismo del trabajo social” (en Anderson y Carter, 1994:20). Se ha hablado del enfoque social sistémico como una forma de pensamiento, como una metateoría. Para R. E. Anderson e I. Carter (1994) un enfoque social sistémico ofrece varias ventajas ya que es inclusivo, aun cuando no sea un modelo que explique todos los aspectos de la conducta (por ejemplo los determinantes inconscientes de la misma), sí proporciona orientaciones indicativas, y la última de las ventajas es que proporciona un lenguaje común a diversas disciplinas. Así la perspectiva globalizadota es capaz de proporcionar indicaciones para reconocer las interacciones entre las personas, los grupos y las organizaciones. Aspecto este último que será trabajo en el capítulo siguiente donde abordaremos el marco operativo.
No podemos eludir citar a G. Bateson, reconocido antropólogo y experto en comunicación, ya que sus investigaciones constituyeron las fuentes de donde bebieron los primeros teóricos del campo de la salud mental y de otros y de otros contextos de intervención psicosocial. (E. H. Auerswald, 1981; Auerswald, 1988; Minuchin, 1967). G. Bateson con D. Jackson, J. Haley y J. Weakland estudiaron la comunicación esquizofrénica por medio de la observación de las conductas interpersonales (interaccionales) de los paciente en su contexto familiar. Enunciaron un proceso interaccional que denominaron “doble vínculo” (Bateson et al., 1971) que abrió una nueva perspectiva en el trabajo con familias con un paciente psiquiátrico. El modelo psicoanalítico se preocupaba de preguntarse y dar una explicación al por qué de la conducta del sujeto, suponía que algo “interno” hacía que la conducta se manifestase como inapropiada, problemática. El proceso entonces era “modificar” a la persona “desarraigándola” de su situación social y familiar, tras someterla a un tratamiento que ayudase a esclarecer el conflicto interno, tras elaborarlo para “volver” a su mundo real. Frente a dicha visión la epistemología ( énfasisi en los determinantes intrapsíquicos) el modelo sistémico traspasa el análisis de las intenciones y motivaciones de la conducta y analiza los efectos de la misma sobre los demás y a las retroacciones del otro, con lo que se amplía notablemente la visión y la comprensión del ser humano. La conexión es la comunicación. El colofón, de la mano de P. Watzlawick·, es que un fenómeno no es explicable en tanto el marco de observación no es suficientemente amplio como para incluir el contexto en el que tiene lugar. Esto conecta con la elaboración de G. Bateson, que es más abstracta pero más esclarecedora: “si queremos explicar o comprender el aspecto mental que cualquier acontecimiento biológico, tenemos que tomar en cuenta el sistema, es decir, la red de circuitos
nos permite conocer las funciones y las reglas estructurales válidas para todos los sistemas. Aquí es necesario señalar que dicho modelo, en ocasiones, ha sido emparentado con el funcionalismo. Confiamos que a lo largo de la exposición se puedan delimitar leyendo entre líneas las diferencias entre ambos. La propiedad por excelencia de los sistemas alude a la totalidad, que, siguiendo a P. Watzlawick, se puede definir negativamente y decir, que el todo (sistema) es más que la suma de sus partes (no-sumatividad). Así, supuestamente un cambio introducido en una parte del sistema llevará a un cambio en el sistema total. Lo que nos obliga a prestar atención a la globalidad, a no conceptuar las relaciones como unilaterales ya que las secuencias de información- comunicación-son recíprocamente inseparables (recordemos que la interacción es no sumatoria). Lo que nos lleva a la segunda propiedad de los sistemas, la circularidad. El autor se pregunta «si las partes de un sistema no están relacionadas en forma unilateral o sumatoria ¿de qué manera están unidas?» (op. cit.122).El concepto de retroalimentación es el modelo más elemental de circularidad (opuesto conceptual a la linealidad). El razonamiento causal es intrínseco a la naturaleza humana, siempre se piensa en una secuencia de causa y efecto que remite a una primera causa, que la confirma o modifica. Pero desde el punto de vista de la Cibernética, «...innumerables elementos de un sistema son recíprocamente contingentes e influyen sus conductas entre sí de una manera compleja» (Stierlin, 1988:64). Alude a circularidad y complejidad frente a causalidad lineal; esto es, el hecho que A cause B no es más que una parte del circuito que lleva de B a C y de C a A. Las implicaciones son fundamentales, porque siguiendo a Auerswald “el carácter totalizador y no exclusivo del enfoque, disminuye los riesgos de una excesiva selectividad en la reunión de los datos y permite una mayor claridad en las contribuciones del contexto a su análisis” (...) Y los pasos que siguen, incluyendo la prescripción y planeamiento de estrategias y técnicas, ganan en claridad y es más probable que estén arraigadas en realidades concretas” (op. cit. 277). Por último, la tercera propiedad de los sistemas es la equifinalidad según la cual los resultados, lo que aparece bajo nuestra observación, no está tanto determinado por las condiciones iniciales como por la naturaleza del proceso. La cuestión pasa de preguntarnos el porqué al para qué, en centrar nuestra atención y foco de análisis en la organización actual del sistema, ya que dicha organización es la mejor explicación al funcionamiento del mismo. Si del estudio deductivo de las conductas individuales hemos de pasar a las manifestaciones observables de la conducta entre los individuos, el vehículo de tales manifestaciones es la comunicación, como decíamos más arriba. P. Watzlawick nos guía acerca de las propiedades de la comunicación que encierran las secuencias interpersonales básicas. A continuación pasamos a describirlas con su correlato disfuncional:
B) Axiomas exploratorios de la comunicación Para P. Waztlawick hay propiedades simples de la comunicación que encierran consecuencias interpersonales básicas, que a continuación abordamos.
Hay una última modalidad para el autor de respuesta: “El síntoma como comunicación”; fingir somnolencia, sordera, cualquier deficiencia e incapacidad que justifique su imposibilidad de no comunicarse. El mensaje, muy potente para la relación, es: hay algo más fuerte que yo, que mi voluntad, de lo cual no puede culpárseme. Evidentemente tiene una falla: “se sabe que se está engañando al otro”. Pero la treta comunicacional se vuelve perfecta cuando se logra convencer a sí mismo de que se encuentra a merced de fuerzas que están más allá de su control y se libera así de la censura (de sus propios remordimientos). ¿Por qué es importante traer a colación con un cierto detalle las propiedades de la comunicación y en concreto esta primera –la imposibilidad de no comunicar? Porque tiene consecuencias fundamentales para la intervención, para la relación profesional a través de la cual se realiza. Por cuanto una vez que se tiene en cuenta lo dicho “es imposible no intervenir”, tanto si decimos o no decimos, hacemos o no hacemos nada, es un mensaje para el otro.