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Morfología nominal, Apuntes de Idioma Español

Asignatura: Morfología Histórica del Español, Profesor: lozaiga lozaiga, Carrera: Español: Lengua y Literatura, Universidad: UCM

Tipo: Apuntes

2014/2015

Subido el 23/09/2015

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MORFOLOGÍA HISTORICA
La morfología se ocupa del estudio de las palabras con independencia de las relaciones que las palabras establecen en
la creación y las variaciones que pueden tener esas palabras y sus constituyentes. El estudio de la morfología se puede
dividir en: 1) proceso de flexión (morfología flexiva); 2) formación de palabras (morfología derivativa o léxica). Nos
ocuparemos en este curso de la morfología flexiva y también nos ocuparemos del estudio de los distintos tiempos y
modos verbales.
Analogía
Este término se refiere a una relación asociativa basada en la semejanza que se establece entre las unidades
lingüísticas, y consiste en la imitación regular por parte de los hablantes de otras construcciones ya existentes en la
misma lengua de suerte que para acomodarse a ese modelo se genera un cambio en una forma prexistente. Se ve en
distintos planos de la lengua, pero es cierto que donde actúa con más eficacia es en la morfología y es la culpable de
muchos de los cambios de la evolución lingüística.
En las lenguas flexivas nos encontramos con que las palabras se agrupan en paradigmas en los que podemos
segmentar unas determinadas formas unidad a unos determinados significados y especialmente a unos determinados
valores gramaticales. Nos podemos encontrar que las palabras aparezcan en un mismo campo semántico, esto es
suficiente para que en un determinado momento opere la analogía. Donde más se da la analogía es en los paradigmas
de distintas formas flexionadas de un mismo lexema. Saussure plantea: ORATOREM:ORATOR = HONOREM:X
ORATOREM HONOREM
=
ORATOR HONOR
Los cambios analógicos que nos encontramos dentro dela morfología diacrónica pueden operar de dos maneras:
1. Nivelación analógica: tiende a eliminar las alternancias morfológicas que en la mayor parte de los casos han
sido provocadas por la evolución fonética y tienden a conseguir que a un mismo significado le corresponda
una misma forma eliminando distinciones formales que no van acompañadas de repercusiones funcionales.se
trata por lo tanto de evitar alternancias dentro de un mismo paradigma. La nivelación analógica busca por
tanto que un mismo significado tenga la misma forma y así elimina alomorfos evitando muchas veces un
cambio que la analogía formal hubiera realizado, lo que importa es la regularidad.
SENTIO > siento
FORTIA > fuerza
PIGRĬTĬA > pereza
2. Extensión analógica: proceso mediante el cual determinados modelos o procedimientos de flexión amplían
su ámbito de uso provocando eventualmente el retroceso de otras. Los procesos de extensión analógica tienen
carácter proporcional, es decir, presuponen una similitud parcial entre los elementos implicados en ella. por
ejemplo:
HABER TENER
= X = TUVE
HUBE X
Gramaticalización
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pfa
pfd
pfe
pff

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MORFOLOGÍA HISTORICA

La morfología se ocupa del estudio de las palabras con independencia de las relaciones que las palabras establecen en la creación y las variaciones que pueden tener esas palabras y sus constituyentes. El estudio de la morfología se puede dividir en: 1) proceso de flexión (morfología flexiva); 2) formación de palabras (morfología derivativa o léxica). Nos ocuparemos en este curso de la morfología flexiva y también nos ocuparemos del estudio de los distintos tiempos y modos verbales.

Analogía

Este término se refiere a una relación asociativa basada en la semejanza que se establece entre las unidades lingüísticas, y consiste en la imitación regular por parte de los hablantes de otras construcciones ya existentes en la misma lengua de suerte que para acomodarse a ese modelo se genera un cambio en una forma prexistente. Se ve en distintos planos de la lengua, pero es cierto que donde actúa con más eficacia es en la morfología y es la culpable de muchos de los cambios de la evolución lingüística. En las lenguas flexivas nos encontramos con que las palabras se agrupan en paradigmas en los que podemos segmentar unas determinadas formas unidad a unos determinados significados y especialmente a unos determinados valores gramaticales. Nos podemos encontrar que las palabras aparezcan en un mismo campo semántico, esto es suficiente para que en un determinado momento opere la analogía. Donde más se da la analogía es en los paradigmas de distintas formas flexionadas de un mismo lexema. Saussure plantea: ORATOREM:ORATOR = HONOREM:X

ORATOREM HONOREM

ORATOR HONOR

Los cambios analógicos que nos encontramos dentro dela morfología diacrónica pueden operar de dos maneras:

  1. Nivelación analógica: tiende a eliminar las alternancias morfológicas que en la mayor parte de los casos han sido provocadas por la evolución fonética y tienden a conseguir que a un mismo significado le corresponda una misma forma eliminando distinciones formales que no van acompañadas de repercusiones funcionales.se trata por lo tanto de evitar alternancias dentro de un mismo paradigma. La nivelación analógica busca por tanto que un mismo significado tenga la misma forma y así elimina alomorfos evitando muchas veces un cambio que la analogía formal hubiera realizado, lo que importa es la regularidad.

SENTIO > siento FORTIA > fuerza PIGRĬTĬA > pereza

  1. Extensión analógica: proceso mediante el cual determinados modelos o procedimientos de flexión amplían su ámbito de uso provocando eventualmente el retroceso de otras. Los procesos de extensión analógica tienen carácter proporcional, es decir, presuponen una similitud parcial entre los elementos implicados en ella. por ejemplo:

HABER TENER = X = TUVE HUBE X

Gramaticalización

Lázaro Carreter la define como “el proceso mediante el cual una palabra se vacía de contenido significativo para convertirse en mero instrumento gramatical”, por lo tanto un elemento que sufre un proceso de gramaticalización pasara de presentar un significado léxico a presentar un significado gramatical, no tiene que perder su significado léxico completo. Emilio Ridruejo señala que hay otros elementos que aparecen en un proceso de gramaticalización: 1) el orden de las palabras que en latín no es distintivo aunque si hay un orden preferentes; 2) los elementos gramaticales que adquieren un valor aún más gramatical; este segundo grupo de gramaticalización partiría de elementos que ya son gramaticales en latín como artículos o preposiciones. Uno de los casos más conocidos de gramaticalización en español es el que corresponde a una perífrasis verbal constituida con HABEO + participio.

LOS SUSTANTIVOS

Transformación de la declinación latina

Uno de los procesos más importantes en la formación de las lenguas románicas es la desaparición de las desinencias causales. Como consecuencia de esta desaparición nos encontramos con una simplificación de los sustantivos y los adjetivos. En este proceso de desaparición intervinieron una serie de factores que son de diversos tipos:

  • FACTORES DE CARÁCTER FÓNICO: el latín tiene seis casos, pero no hay ningún sustantivo que distinga esos seis casos:

Nominativo dominus Vocativo domine Acusativo dominum Genitivo domini Dativo domino Ablativo domino

No hay una terminación específica para cada caso, sino que se repiten las formas. Estos casos de homomórfia van a aumentar después en el latín vulgar como consecuencia de la evolución fonética: en el latín tardío se dará la perdida de la duración de las vocales (pasaran de 10 a 5 vocales sin distinción), y la perdida de algunas consonantes finales. También nos encontramos con una reducción de las declinaciones en el latín vulgar, que pasaran de las cinco del latín clásico a las tres más importantes (la 1ª,2ª y 3ª). Los de la cuarta (-u) se declinaran junto a la segunda y la quinta dentro de la primera.

  • FACTORES DE CARÁCTER PSICOLÓGICO Y SINTÁCTICO: frente a la casi infinita amplitud de relaciones que implica la utilización de un determinado sintagma, el español solo ofrece seis desinencias causales. En aquellos casos en los que la carga funcional de los casos era mayor (acusativo y ablativo) se recurrió al empleo de preposiciones que indican de un modo más preciso cual es la relación concreta que se quiere realizar. Las desinencias casuales fueron cada vez menos necesarias por lo que fueron abandonadas a favor de una única forma. Además, una vez desarrollado el sistema preposicional y cuando las relaciones sintácticas estuvieron caracterizadas por el uso o ausencia de preposición y no por la desinencia, se vieron reducidas a dos casos: sujeto (normalmente nominativo) y objeto (normalmente acusativo). Por otra parte, en la segunda declinación nos encontramos con una diferencia entre el nominativo singular (-us) y el acusativo singular (-um>-o). En la tercera declinación hay muchos sustantivos que presentan una forma del nominativo singular diferente al resto de la declinación por lo que se creaba analógicamente un nominativo en –is; estos nominativos posiblemente con pérdida de la –s final.

Nos vamos a centrar en los RESTOS MORFOLÓGICOS en los que la forma de una palabra procede de un caso distinto del acusativo:

  1. Dativo. Está la estructura de ad + acusativo desde época arcaica. En latín tenía la función de CI y coincide en parte con la formación en español de CI de a + sustantivo.

por el género humano, pero por razones sociales hay algunas actividades que han sido desarrolladas por un género concreto. Si el referente es masculino normalmente cambia a masculino pero a veces hay concordancia en femenino a pesar de su referente como en las patriarcas , pero no son hechos generales. Sin origen culto encontramos otra palabra como espía que era femenino en la Edad Media y a partir del siglo XVI se empezó a usar en masculino. En la tercera declinación , normalmente se mantiene el género latino, pero hay algunas excepciones. Hay un grupo de sustantivos que proceden de la tercera declinación que terminan en –or que en latín eran masculinos y que en el latín vulgar se transformaron en femeninos, e incluso en el español actual alguno de estos sustantivos sigue siendo ambiguo como calor o color. Otros sustantivos que ahora son exclusivamente masculinos como olor o labor aparecen en el español medieval como femeninos. Hay otra serie de sustantivos de esta declinación que no han cambiado el género, pero han cambiado la terminación por una hipermarcación del género, es un cambio esporádico y se da en términos aislados, por ejemplo: pulíce > pulga ; cochleare > cuchara ; passare > pájaro ; cortice > corcho. En sustantivos que se refieren a seres animados y especialmente a esos que se refieren a personas, a veces se ha creado un femenino no etimológico para marcar el género de la persona como en señore(m) > señora. También podemos encontrar en latín una serie de pares de palabras heterónimas e las que nos marca la diferencia de sexo a partir de palabras distintas: padre/madre; yerno/nuera; caballo/yegua; este procedimiento es poco rentable ya que afecta a pocos sustantivos. Otras veces la distinción del sexo la vemos por la concordancia con los determinantes y adjetivos. Y por último tenemos nombres epicenos (con una única forma) morfológica que será masculino y femenina como suele ocurrir con los animales (jirafa, elefante…): víctima o bebe. Respecto al neutro , en español actual no existe. Esta desaparición estuvo propiciada por la reducción de los casos y la evolución formal de los adjetivos. En la segunda declinación hay bastantes neutros (que sobre todo terminan en –um) y formaran su género en el masculino –o: templum > templo. La tercera declinación es más compleja, entre los neutros que proceden de esta declinación encontramos cierto número de ellos que terminan en –ma, -matis, son generalmente palabras cultas pero en español tienen diferentes usos. Si son palabras de uso popular se suelen hacer femeninas como calma, flema o chusma, pero en otros casos la presión culta hace que se hagan masculino palabras que muchas veces antes habían sido femeninas como aroma, tema, fantasma o reuma. Las palabras que han entrado por la vía culta suelen ser masculinas como emblema o poema. Los neutros acabados en –us han dado la terminación –os y después como la –s se convierte en forma de plural desaparece en su forma singular : pŭlvus > polvo(s) ; tĕmpus > tiempo(s) ; pĕctus > pecho(s). Otro grupo de neutros de la tercera declinación son los terminados en -r o -n que bien se reducen por metátesis o bien se crea un acusativo analógico, por ejemplo, los sustantivos robur, *robore > roble ; examen, *examĭne > enjambre ; en ellos hay una diferencia con los anteriores por su terminación en -e que no se adscribe a ningún género concreto, esto hace que algunas veces estos neutros sean ambiguos como mare > mar. Por ejemplo:

FEMENINOS: pulice > pulga cambio en el romance tŭrtŭre > tórtola grue > grulla cochleare > cuchara cambio en el latín vulgar

MASCULIN.: passare (passer) > pájaro cucŭmere > cogombro > cohombro cortice > corcho cicere > chicharo

Otro caso son los plurales en los neutros que acaban en –a siempre, por lo que encontramos una serie de sustantivos que han pasado al castellano a través de su forma plural y no de la del singular, por ejemplo, folium (sing.), folĭa (pl.) > hoja/s; vela > vela; velum > velo; valla > valla; cĭlĭa > ceja. Con cierta frecuencia nos podemos encontrar con que debido a su origen, como plurales, esos femeninos terminados en –a tienen un valor colectivo: ligna < leña. En otros casos simplemente nos encontramos con que designan realidades distintas pero relacionadas como rio > ria, punto > punta. También neutros de la tercera declinación que terminan en –r o en –n presentan una forma que bien podemos explicar con metátesis, o más probablemente como consecuencia de la creación de un acusativo analógico que nos permite entender lo que encontramos después en el romance: lumen > lumne > lumbre = mn >nn>ñ o mn>mr>mbr. Si entendemos que ha habido una metátesis debe ser tardía, por lo que es más probable imaginar que esto es la creación de un acusativo analógico como de *lim(i)ne > lumbre o *rob(o)re >robre > roble. Los resultados que

tendremos no mantienen el orden de los fonemas clásicos del latín. Otra cuestión relativa a los neutros sin importar su terminación es su adscripción a un determinado género: los que no terminan ni en –a ni en –o suelen haber llegado por vía culta terminados en –e y por tanto no podemos prever su género: lacte > leche , en este caso es femenino. En cuanto a la desaparición del neutro, es debida a la desaparición de las formas causales. También pudo influir, como señala Chevalier, otro factor: la pérdida de la función que originariamente debió tener (distinción entre animado o inanimado), por lo que la función simplemente formal pierde sentido y desaparece.

Respecto al NÚMERO, las desinencias que lo indican sirven para marcar concordancia dentro del sintagma nominal entre el núcleo y sus complementos. A diferencia del género, el número puede servir por si mismo para actualizar un sustantivo. Desde el punto de vista semántico, el número aporta información sobre el contenido cuantitativo del lexema. La categoría del número ha sufrido pocas variaciones del latín al castellano. El latín ya había reducido de tres a dos números, el dual indoeuropeo desaparece. Otra cuestión diferente, es que a veces nos encontramos con algunos elementos que usados en plural pueden, no siempre, tener un valor dual, por ejemplo los padres o los reyes. Ese valor dual es atribuido al influjo árabe, pero también se encuentra en el latín. Respecto a los morfemas de plural, si nos fijamos en el sistema declinatorio del latín, no existían sufijos específicos para indicar plural:

Nominativo domin-i Vocativo domin-i Acusativo domin-os Genitivo domin-orum Dativo domin -is Ablativo domin-is

Sin embargo, en el paso a los romances al reducirse la declinación latina, nos encontraremos con que las formas del plural casi siempre acaban en -s. Las únicas formas del plural procedentes del acusativo terminan siempre en –s y como el singular acaba en vocal la -s se convertirá en marca de plural : rosa(m)/rosas, domino(m)/dominos, consule (m)/consules. Más tarde, la evolución fonética, sobre todo en elementos de la tercera declinación, va a conducir a la creación de un nuevo alomorfo de plural que será -es. En la mayoría de los sustantivos españoles nos vamos a encontrar con alguna de estas terminaciones (-a, -o, -e o consonante), las terminaciones distintas suelen deberse a préstamos o palabras patrimoniales, por lo que el alomorfo del plural variaría. Está fluctuación también la encontramos cuando una palabra acaba en vocal acentuada: en el caso de las palabras que acaban en /i/ tónica lo corriente en español es que usen el alomorfo –es, por ejemplo, maravedí-maravedís/maravedíes; borceguí-borceguís/ bocerguíes. Con otras vocales no ocurre tanto, cuando un sustantivo termina en / u/ acentuada también se usa este alomorfo, como en hindú/hindúes; bantú/bantúes; pero otras veces no, por ejemplo la palabra champú/champús. Cuando termina en una vocal diferente a las anteriores podemos ver que “El diccionario Panhispánico de dudas” nos dice que se emplea el plural en –s como en papás o rajás, pero también hay excepciones como faralaes o albalaes. Hay variedad de alomorfos cuando una palabra acaba en vocal tónica acentuada: los sustantivos terminados en –é tienen un modo sistemático de alomorfo como café-s, corsés o pie-s. En el caso de los sustantivos con acentuación llana terminados en –s, suelen ser de creación culta y proceder del genitivo latino como crisis, oasis o lunes , en estos casos el plural no varía. Sin embargo si acaba en /s/ pero es una vocal aguda, se forma el plural con el alomorfo –es: tos-es, compás-es, inglés-es. En el caso de las esdrújulas, depende de la palabra: oxímoron/oxímoros, hipérbaton/ hipérbatos. Respecto a los valores que aporta el número son los mismos que aportaba en el latín: en los contables tenemos la oposición de uno frente más de uno ( niño/niños) , si se trata de sustantivos no contables como los nombres de materia, el plural puede significar diferentes clases ( vino/vinos). Los sustantivos abstractos que destacan virtudes o cualidades en su significado riguroso no admiten plural, pero cuando se usa en plural los podemos encontrar con un cambio de significado como el paso de lo abstracto a lo concreto ( luz-luces; ruina- ruinas; amistad-amistades). Algunos sustantivos abstractos no muestran ninguna diferencia como perder la esperanza/perderlas esperanzas , incluso en algunos casos de unos indistinto podría estar en relación en la procedencia de algunos neutros que pasan directamente a plural y más tarde se crea su singular, como en tiempo/en tiempos. También existen palabras en las que el plural tiene un significado claramente distinto: celo-celos, honor-honores, grillo-grillos, esposa-esposas. Existen también algunos sustantivos que solamente presentan la forma de plural y no tiene singular en el español moderno, por ejemplo albricas, bĭsara, víveres, ambages, exequias o tinieblas. También hay casos en los que hay palabras en plural que

posible, ya que en latín arcaico también se usaba plus para la creación del comparativo de superioridad y quedan muestras de ello en el latín tardío, sobre todo en la Rioja. Solo nos encontramos con la supervivencia de comparativos orgánicos o sintéticos en mayor, menor, mejor y peor. Posiblemente, en algunos casos, lo que ha cambiado es el caso comparativo. Junto a las formas sintéticas también existen formas analíticas del tipo más grande, más pequeño aunque no siempre con los mismos valores. Además de estos cuatro comparativos, en español hay otra serie de adjetivos acabados en -or que proceden de la vía culta: interior, exterior, inferior, superior, anterior y posterior, están documentados a partir del siglo XV. Muchas veces se usan con valor de adjetivos positivos, sobre todo superior e inferior, también tienen un régimen especial en la introducción de sus complementos, ya que no aceptan la fórmula “que” sino que se usa la preposición “a”: anterior a , menos en los casos de interior y exterior. También como consecuencia del valor comparativo nos encontramos con que estos adjetivos no admiten la anteposición de un adverbio comparativo, es decir, no es * más inferior. Respecto al superlativo hemos visto que también se podía formar de forma sintética ( -issimus ) o analítica ( maxime ). En latín, las formas sintéticas podían usarse tanto para el superlativo absoluto como el relativo. En el caso del superlativo relativo se puede explicitar el grupo respecto del cual se destaca un elemento, es decir, se puede decir más docto de algo. Cuando se explicita ese grupo de SN que indica a que grupo nos estamos refiriendo puede estar construido en genitivo o introducido por una preposición, las más frecuentes son ex , de y inter. La construcción de carácter sintético es escasa en el latín tardío y dejó de usarse por lo que no ha pasado a ninguna lengua romance. Para el superlativo relativo lo que se usó fue la misma estructura que la de comparativo de superioridad pero precedida de un actualizador, normalmente un artículo ( más elocuente >el más elocuente ). Se puede poner un segundo término donde destaca el individuo, puede estar introducido por la preposición de + SN o una relación de relativo introducida por que (el chico más alto de la clase / el chico más alto que conozco ). En el español medieval encontramos alguna vez un demostrativo en lugar del artículo precediendo a la forma del comparativo que se usa en la contracción del superlativo relativo: “ Vo meterla enseña en aquela maior az ”.generalmente está introducido por la preposición de pero excepcionalmente también se pueden encontrar las preposiciones entre o sobre , por ejemplo: era entre todas las romanas la más sabía o sobre todos el más distinguido por su carácter. Respecto al superlativo absoluto, se perdió el sintético en toda la Romania. Hay una serie de cultismos que tenemos en español o adjetivos como sumo, máximo, ínfimo, extremo , que a veces en determinadas construcciones se puede observar un valor de superlativo relativo. Respecto a las formas sintéticas en –ísimo eran ya poco usadas en el latín tardío y fueron completamente abandonadas. Por tanto, lo que vamos a encontrar en el romance primitivo son las formas procedentes de la construcción analítica y los pocos casos que encontramos en –ísimo son latinismo tomados exactamente igual como: mio fillo dolçissimo. A partir del siglo XV sí encontramos más superlativos en –ísimo en castellano. El sufijo –isímo a partir del siglo XVI se estabiliza en el castellano y empieza a ser una forma productiva. A partir del siglo XVII podemos considerar que los relativos en –ísimo introducidos por vía culta se han expandido a la lengua hablado y se convierten un procedimiento productivo. Los superlativos en –ísimo al provenir de la vía culta se forman en ocasiones en su forma latina: antiguo > antiquísimo; sagrado> santacrísimo; amable > amabilísimo. En ocasiones hay dualidades como fuerte > fortísimo/fuertísimo; nuevo > novísimo/nuevísimo; esto permite también dos significados distintos, en nuevo el superlativo formado bajo la base latina lo usamos para decir que algo es reciente, mientras que la base castellana significa que no está gastado. Hay superlativos en –érrimo como pobre > paupérrimo/pobrísimo; estás formas en -errimo sí que son formas muy cultas que no se extendido en el habla cotidiana. Otra cuestión formal respecto a la forma superlativa de –ísimo es la aparición de –císimo por influencia del diminutivo: mayorcísimo o burloncísimo. En español, el adverbio multum es la forma que usamos en la construcción del superlativo absoluto y respecto a la evolución formal nos encontramos con multum(m) > muit(o)+ adjetivo > muit + vocal+ much o _muit + consonante

  • muy._ También se conserva multu(m) > mucho sin proclipsis. Solo encontramos mucho delante de un adjetivo cuando es un comparativo. A parte de mucho hay otros adverbios que se usan como bene que se usó desde los orígenes aunque no en cualquier contexto (bien frías, está bien bueno). También fuerte se usó en la formación de superlativos, por ejemplo, era fuert embargado (estaba muy embargado). Otro adverbio posible es assatz y harto como estoy harto contento , que ha sobrevivido en algunas zonas como en Chile. También podemos señalar otra formas como re-, requeté- (rebueno, requetebueno), archi (archienemigo ) o per- (perdurable), por ultimo súper y sobre (superviviente, sobresaliente).

▲ LOS DEMOSTRATIVOS

Respecto a los demostrativos nos encontramos con un sistema tripartito ( hic, iste, ille ) donde cada uno cubriría distintas zonas: un grado más cercano en relación con la primera persona, uno intermedio en relación con la segunda persona, y el de mayor lejanía. Además tenemos también pronombres de identidad que pueden indicar algo similar como is, ídem, ipse. Esto que encontramos en el latín clásico cambia, incluso algunos elementos se debilitan a lo largo del siglo I de nuestra era, como es el caso de is. También nos encontramos, en la lengua hablada, con la misma situación en el caso de ídem porque aparte de tener una mayor debilidad fónica parcialmente se solapa su significado con ipse y ya no va a ser un pronombre enfático, sino que también aceptara el significado de ídem (por tanto ipse se come ille). Hic también sufre un proceso de decadencia, ya que tiene un cuerpo escaso y esto facilita la absorción por otros elementos. Al perderse uno de los tres demostrativos, nos encontramos con dos precedentes iste e ille por lo que se produce un cambio de valores: en el caso de iste que indica segundo grado, pasa a indicar la mayor proximidad: ISTE, IPSE, ILLE. Se crea, por tanto, otro sistema tripartito como el del latín clásico, pero no con los mismos elementos. Respecto a las formas concretas de los nombres, desde el punto de vista formal no hay ningún tipo de problema al derivar las formas del nominativo: *ĭste > este ĭpse > es(e) > es accu ille > aquel

Respecto al tercer pronombre con mayor grado de lejanía partimos de accu ille con un posesivo de refuerzo: *accu iste > aqueste; accu ipse > aquese. Estas formas se eliminan porque no cumplen ninguna función y al ser la forma más larga se suprime por economía del lenguaje. En el caso de aquel no se suprime porque no hay una forma más corta. En las procedentes de ĭlle ha dado el pronombre él y el determinante el. Después de la reestructuración hay un vacío que lo rellenará otro compuesto de ĭpse : en un principio tenemos met ipse (la partícula met es enfática) pero en este valor se pospone dando lugar a formas como egomet (ipse) y meamet (ipse) dando lugar a construcciones doblemente enfatizadas con un pronombre con el enfático met más el ipse. Más tarde hay una reinterpretación que entiende que todo lo que siga al pronombre es un solo elemento egomet ipse > ego metipse y se forma la raíz de la unión con ipsimus se crea _metĭpsĭmus_ que evoluciona a _medipsimus_ por una relajación de la [t] a la [d]; entonces si partimos del acusativo tendremos: me(d)ĭps(ĭ)mu(m) > meesmo >mesmo > meísmo> mismo.

LOS POSESIVOS

En español se mantiene en rasgos generales la estructura latina de los posesivos, nos encontramos con tres elementos en relación con las tres personas gramaticales. En el español moderno, los posesivos diferencian el género y el número de lo poseído, excepto en el caso de las formas átonas para un solo poseedor ( mi, tu, su ) que no diferencian género aunque sí número. Además podemos ver que aunque hay algunas variaciones, la mayor variación está en el posesivo de tercera persona ( su ) que no tiene el mismo uso que en latín: en latín sus se usaba como reflexivo. El posesivo puede funcionar como determinante si va acompañado de un sustantivo, como un pronombre, etc. Respecto a la etimología:

  • Para un solo poseedor : mĕu(m) > mío , hay diversas hipótesis:
    1. Según Menéndez Pidal, mieo > mío puede ser, pero no está documentado
    2. Mediante un diptongo y darse el paso completo: mĕu(m) > míos > mío , con un desplazamiento acentual.

Para el femenino tenemos una evolución distinta, partimos de una [e] cerrada por asimilación en el latín vulgar, después hay otra disimilación que lleva la [e] a la [i]: mĕa(m) > mea > mía. Cuando es un posesivo proclítico y se apoya acentualmente en el sustantivo tenemos: mía > míe > mi.

  • En la segunda y tercera persona del singular encontramos evoluciones diferentes para el masculino y para el femenino:

MASCULINO FEMENINO (solo cierre de la vocal) tŭu(m) > to tŭa >tua

siglo XVI se generaliza. Esa forma con “ el” tiene paralelismo con el que , sirve para marcar género y numero también. El proceso de gramaticalización, donde “ el” es un mero morfema, se ha dado antes en el cual que en el cual.

LOS NUMERALES

Respecto a los numerales, nos centraremos en los cardinales. En español se ha conservado bien la herencia del latín con algunas modificaciones debido a la analogía, y el resto son fragmentarios de los múltiples. Los cardinales latinos eran indeclinables, con la excepción de unus, duo, tres y la serie de las centenas a partir de ducenti,-os que sí se declinan y proceden del acusativo. Tampoco se declina mille que se usa para mil, pero no para los siguientes millares cuya fórmula es milia + genitivo. A partir de aquí tenemos:

  • Unus > uno, -a Dŭos > dos
  • Duos partimos de la forma de acusativo Dŭas > duas > dues
  • Tres > tres
  • Quattuor > cuatro
  • Quinque > cinco hay que tener en cuenta la primera consonante no es su evolución formal normal y que la vocal final sale por analogía de cuatro.
  • Sĕx > seis ks > is
  • Sĕpte(m) > siete
  • Ŏcto > ocho
  • Nove(m) > nueve
  • Dĕce(m) > diez
  • Undecim > once
  • Dŭŏdĕci(m) > dozde > doze
  • Trĕdĕci(m) > treze
  • Quattuordeci(m) > catorze a diferencia de cuatro, aquí no hay cuatorze porque la sílaba es átona y se pierde la /u/.
  • Quīndĕcim > quinze
  • Sēdĕcĭm > sedze> seze

En español medieval muchas veces estos numerales cuyo primer componente es el “diez”, como su primer elemento es átono favorece la reducción del diptongo a una única vocal que es la –i: diez e seis > dizeséis. Los siguientes numerales hasta el veinte son: septendecim, octodecim y novendecim , que no dejan descendencia para el español, sino

que lo que tenemos son las formas procedentes de la construcción analítica, que también existe en latín: decem et septem o diez e siete > dizeciete, y así con todos. Estas construcciones analíticas se extienden también en el español medieval, en el siglo XIII, a otros numerales pero sin supervivencia.

  • Vīgĭntī > veinte la evolución fonética es normal, pero debería ser i + e y no ei. La ī cierra a la vocal precedente por lo que pasa a i, y al tener dos i seguidas y la primera ser átona disimila. En el español medieval se pronunciaba con tres sílabas (ve-ín-te), y no con dos (vein-te).

Cuando nos encontramos con un numeral compuesto tenemos viginti unus (decena + unidad) > veintiuno , y así sucesivamente.

  • Trīgĭnta > treinta acción de analogía por trēs que daría tregĭnta y por analogía sería treinta. Con la pronunciación sucede lo mismo que con el numeral veinte.
  • Quadragĭnta >quaragĭnta > cuaraenta > cuarenta la [d] se pudo perder en el latín vulgar por disimilación. Después se pierde la [g] porque la ĭ > e, en contacto con palatal se pierde. Tenemos cuaraenta a partir del siglo XIII, y a partir de allí encontramos la forma reducida de cuarenta.
  • Quĭnquagĭnta > cincuaenta > cincuenta
  • Sexagĭnta > sessaenta >sesenta no se produce la palatización porque tenemos la yod, pero no está en posición intervocálica sino final.
  • Sept(u)agĭnta > setaenta >sesenta normalmente el [ua] posconsonántico se pierde.
  • Octogĭnta > ochaenta > ochenta
  • Nonagĭnta > nonaenta hay algún caso en el español medieval, pero lo normal es *novagĭnta > novaenta > noventa , y su numeral base es novem.
  • Cĕntum > ciento es una forma indeclinable, a partir de ciento tendremos también cien. Cuando ciento aparece en proclipsis precediendo a un sustantivo, pierde esa /o/ final y la /t/ también.
  • Cĕntumv vīgĭnti sĕptem (centena + decena + unidad) > ciento veinte y siete > ciento veintisiete
  • Dŭcĕntos > dozientos > doscientos
  • Trecĕntos > trezientos > trescientos
  • Quīngēntos > quinientos vemos el étimo latino, pero no obstante hay una analogía ya que tenemos [ie] que mantienen la analogía con el resto de las centenas. /nge/ podría dar /z/ o /ñ/, pero no es así, por lo que es una evolución fonética irregular.
  • Sescentos > siscientos hay analogía con seis porque no hay una posible yod.

Quadrigentos , septingentos, octingentos y nongentos , no han dejado descendencia sino que encontramos la creación de formas analíticas en las que se antepone el numeral que corresponde a la unidad, por ejemplo, quattuor centos > cuatrocientos. Ya en español medieval encontramos la grafía con c y no con z como en dozientos o trezientos.

pizarras visigodas de los siglo VII y VIII ya nos encontramos con usos del demostrativo latino, pero en empleos que sí corresponden a un artículo. Esto lo seguimos viendo en documentos del siglo IX y X, donde nos encontramos la forma ille o ipse con un valor equivalente en muchos contextos al que sería del actual artículo. Desde los primeros textos romances lo encontramos consolidado, por ejemplo, en El Cantar del Mío Cid o incluso en las Glosas emilianenses y silenses , nos encontramos con empleos de la forma precedente de ille con valor de artículo. En cuanto a cuáles son los demostrativos latinos que han dado origen al artículo romance básicamente tenemos ĭlle e ĭpse. Estos dos son los que podían perder más fácilmente sus funciones antiguas o ganar unas nuevas: ille , demostrativo de lejanía, no está en relación con la 1ª ni 2ª persona gramaticales y termina perdiendo ese rasgo de lejanía para hacerse un puro signo de referencia anafórica. Ipse había absorbido los usos de ídem y realmente a partir de uno de sus valores originarios, que era el de indicar identidad de algo previamente mencionado, pasa de indicar identidad con una persona o cosa en dos menciones distintas, a indicar que ese elemento ya se ha mencionado con anterioridad. Otro paso consistiría en llevar esas formas procedentes de ille e ipse fuera de la anáfora para convertirse sencillamente en un signo de actualización y nos encontraremos así con la formación de los artículos romances. Esto no quiere decir que hubiese una igualdad de valores entre ille e ipse , lo que nos vamos a encontrar es con una cierta repartición de unas zonas de la Romania que prefieren el uso de ille y otras de ipse. Respecto a la forma del artículo castellano, uno de los problemas con los que nos encontramos es cuál es la forma completa y de donde procede, ya que en los textos más antiguos del castellano ya nos encontramos los artículos actuales. Respecto al género no tenemos problemas formales, partimos del acusativo ille, illa, illum.

ĭlle> el(l)e > el/ell ĭllos > elos > los

ĭlla(m) >ela > la ĭllas > elas > las

Nos encontramos que por una parte tenemos una simplificación de la geminada y por otra también tenemos una pérdida de la vocal inicial que corresponde a la sílaba tónica latina, estas son las formas que encontramos casi siempre en los textos castellanos. Sí es verdad que nos encontramos con una evolución formal que no es exactamente la esperada, porque se trata de partículas que sufren un desgaste fonético superior al normal (elementos átonos, proceso de gramaticalización, etc.) En el caso del masculino singular no se simplifica siempre la /l/ geminada a diferencia de los demás, y por ello encontramos en textos medievales ell. En el caso del femenino tenemos dos resultados distintos a partir de la forma ela , por un lado tenemos la la y por otro el + vocal ; en español medieval es suficiente con que la palabra siguiente empiece con vocal para que el articulo femenino sea el , por ejemplo el alma o el espada. Ya en español moderno se ha fijado una regla morfológica: si el sustantivo siguiente empieza por tónica usamos el articulo el. Históricamente este “ el” es un alomorfo de femenino que tiene el mismo origen, es decir, que aunque desde el punto de vista sincrónico se interprete como el artículo masculino, diacrónicamente es un artículo femenino. En cuanto al origen, la forma del masculino singular es la más problemática, en un principio se ha solido entender que procede del nominativo y no del acusativo, y que en lugar de perder la vocal inicial perdió en primer lugar la final, señalando Pidal que la procedencia del nominativo se debe a que la evolución a partir del acusativo conducía a la misma evolución que la del neutro (lo) y para diferenciar el masculino del neutro se produce desde el nominativo. En cambio, Alvar y Potier piensan que como el resto de los artículos procede el acusativo, y que la /e/ final que encontramos a veces es una forma debilitada de la /o/ antes de que acabara desapareciendo, por ejemplo, en textos medievales encontramos ille comité. De igual manera, tanto la forma procedente del nominativo ( ele ) como la del acusativo ( elo ) pudieron confluir en el mismo resultado ( el ). Desde el punto de vista fonético el neutro también podría haber sufrido el mismo cambio, pero es verdad que el neutro es difícil de encontrar en el mismo contexto que el masculino, solo para indicar atributo indefinido acompañando a un adjetivo como lo bueno , una oración de relativo como lo dije , o con un sintagma preposicional como lo de tu vecino , donde se refieren a nociones abstractas.

Sobre los artículos indefinidos : uno o una , hay algunos gramáticos que consideran que no son artículos como Amado Alonso y otros que sí como Carreter o Lapesa. La consideración de estas formas como artículo indefinido es tardía, esto es comprensible porque no hay una diferenciación formal del numeral o indefinido, aunque es verdad que procede de la gramaticalización de elementos anteriores: accu ille > aquel o ille > el. En cualquier caso nos encontramos con que el uso de este elemento más allá de cómo numeral no se encuentra en la lengua latina. Respecto a su uso como artículo indefinido, lo encontramos desde los inicios sin perder su valor numeral inicial que desemboca en este valor de artículo. Es un proceso de gramaticalización semejante al que lleva a que las formas el, la,

las y los se tomen como artículo aunque es más lento; la diferencia es que alcanza nuevos usos gramaticales sin perder su valor inicial.

LOS PRONOMBRES PERSONALES

Expresan las personas como actuantes en los actos de discurso, por lo que tenemos un sistema con una primera persona ( yo ), una segunda persona ( ), y una tercera persona que no interviene en el diálogo ( Benveniste ), que no tenía forma específica en latín sino que o bien se usaba un pronombre anafórico ( is, ea, id ) o un pronombre demostrativo. Una vez se perdió el is, ea, id se generaliza el uso de un demostrativo, concretamente ille. Un hecho característico es que son los únicos elementos del sistema romance que mantienen la flexión casual del latín, En ese mantenimiento, reducido parcialmente, intervendría causas de carácter fónico, además de un rendimiento funcional. También el romance crea una distinción formal que no existía en latín: la diferenciación de una forma tónica (acentuada) y átona (no acentuada). Los romances van a mantener una forma procedente del nominativo en la primera persona del singular , aunque no se sabe cómo sucedió exactamente: ego > eo >jeo >ió >yo o su uso directo sin diptongación: ego > eo> jó >yo. En cuanto a la segunda persona del singular , nos encontramos con tū > tŭ , por lo que tenemos una forma procedente del nominativo y otra procedente del acusativo; aunque no hay cambio formal hay un cambio de significado porque el acusativo latino cuando no lleva preposición es un CD, pero me y te también funcionan como CI.

tū > tŭ // mē > me // tē > te

*mĭhi > mí // tĭhi > ti Otra forma que encontramos de la primera y segunda persona del singular es la de mecum y tecum que pasan a mego y tego ; estas formas no están documentadas en castellano pero sí en portugués. También en latín vulgar junto a estas formas se documentan algunas formas micum y ticum que luego pasan a migo y tigo que presentan varios problemas formales. En latín encontramos esa misma frecuencia en los pronombres del plural: nobiscum y vobiscum que pasan a noscu y voscum. A partir de estas formas del latín vulgar con acusativo llegaría a nosco y vosco, que no están documentadas en castellano, pero sí una vez más en portugués. En castellano medieval nos encontramos con conmusco y convusco donde resulta extraño la /u/, está /u/ puede proceder de una disimilación con la primera vocal aunque es el caso menos esperable, además en las formas del singular aparece la vocal más cerrada de la serie palatal ( conmigo, contigo ), por lo que tal vez por analogía se cerrara la vocal. A partir del siglo XIV, entra en competencia la secuencia con nos y con vos. El pronombre reflexivo no tiene una forma específica para el nominativo, e igual que el sus , presenta las mismas formas para el plural que para el singular: sē >se sibi > si secum >consigo

En cuanto a las formas del plural de la primera y segunda persona son nos y vos pertenecientes al acusativo y al nominativo. Junto a nos y vos vamos a encontrar también otras formas ampliadas y con mayor peso fónico como nos otros y vos otros. En principio son formas de carácter enfático que se presentan con formas de plural exclusivo para primera o segunda persona para oponer el grupo al que pertenece el hablante al del oyente. Es cierto que estas formas enfáticas can siendo cada vez más frecuentes hasta generalizarse perdiéndose así las formas nos y vos. Estas formas nuevas están originadas de la forma original de un pronombre más un infinitivo, también puede ayudar a la extensión que culmina en la generalización el hecho de que la forma de la segunda persona ( vos ) tenía una doble función porque se usaba también como forma de respeto mientras que vosotros no. El cambio más importante es la creación de un pronombre personal de tercera persona ya que en latín se usaba el pronombre anafórico is, ea, id o un pronombre demostrativo como iste o ille. A partir del demostrativo de lejanía ille , por un proceso de gramaticalización, se crea el pronombre de tercera persona:

ĭlle > ell(e) singular masculino ĭllos > ellos plural masculino ĭlla > ella singular femenino ĭllas > ellas plural femenino ĭllu(d) > ello singular neutro