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Nacionalismo, Ejercicios de Ciencia Política

Asignatura: ciencia politica, Profesor: , Carrera: Educación Infantil, Universidad: USPCEU

Tipo: Ejercicios

2017/2018

Subido el 16/04/2018

lindisima
lindisima 🇪🇸

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El nacionalismo.
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El nacionalismo.

1. Nacionalismo político y nacionalismo cultural.

La distinción entre nacionalismo político y nacionalismo cultural es

característica de los estudios sobre el fenómeno nacionalista.

Aparentemente, traza una línea muy precisa entre dos formas casi

opuestas de nacionalismo. Pero, naturalmente, la demarcación no es tan

clara.

La nación política.

Hay que tener aquí presente que la nación surge en la vida europea como una referencia ideológica que facilita la vida del Estado –que no es producto de una realidad nacional preexistente. La nación tiene, en consecuencia, una génesis política.

La nación como producto del Estado

Para Gellner, las raíces del nacionalismo moderno hay que buscarlas en

la organización social industrial. Una sociedad orientada al crecimiento

y la abundancia depende de la innovación, la movilidad ocupacional,

los medios de de masas, la alfabetización universal, la educación en

una sola lengua.

El principio un Estado, una cultura se hace sentir, y las unidades

políticas que no lo aceptan se ven obligadas a ello.

Desde este punto de vista, es el nacionalismo el que genera naciones y

no al revés; para ello, usa selectivamente la cultura preexistente. El

nacionalismo es la imposición general de una alta cultura uniforme

sobre culturas previas, el establecimiento de una sociedad anónima e

impersonal.

Historia de la nación política

Sus orígenes son antiguos y complejos, remontándose al nacimiento mismo de un Estado moderno que surge con vocación de Estado- nación, por más que la nación sea una construcción ideológica inicialmente gratuita. Será el Estado liberal, desde su plasmación inicial norteamericana y francesa, quien descubra todas sus potencialidades de cara a la sustitución de los ídolos caídos –religión, tradición, costumbre. Este tipo de nación genera un nacionalismo liberal, a la medida del ciudadano y no del particularismo étnico.

(b) La nación cultural

El nacionalismo cultural tendría un alcance político más difuso, de forma

que la nación que resulta del mismo no es producto de un consentimiento

explícito, expresando las singularidades de la cultura y de la naturaleza de

un pueblo.

Sin embargo, una tradición nacionalista de base alemana apostará por una

visión distinta del hecho nacional. Será la singularidad cultural de una

colectividad, el espíritu del pueblo , el responsable de la creación de la

nación.

Lejos de ser el resultado de complejos factores históricos y políticos y de la

acción estatal, la nación debe constituirse en el criterio legítimo para

delimitar las organizaciones políticas: la política no crea a la nación, sino

que la nación antecede a su organización política.

La nación como entidad perenne

Para los autores perennialistas contemporáneos, hay unidades culturales que atraviesan la historia y se constituyen en legítimas naciones potenciales: no son ‘naturales’, sino producto de la historia; pero tampoco son una ‘construcción’ en el sentido de ser el producto de un diseño. Desde este punto de vista, esas unidades étnicas no serían fácilmente solubles en los esfuerzos homogenizadores del Estado moderno. Y por eso mismo, si la movilización correspondiente así lo reclama, se convierten en titulares legítimos del Estado.

Teoría, historia, análisis

Naturalmente, se trata de tipos ideales, no exentos de entrecruzamientos y

contaminaciones.

Y es importante diferenciar entre la doctrina nacionalista y las

explicaciones sobre el nacionalismo. Nacionalismo político y cultural son

tanto doctrinas como explicaciones – doctrinas que utilizan, ambas,

elementos de la contraria para justificarse.

Así, por ejemplo, el supuesto más depurado de nacionalismo político, que

sería el francés, no deja de recurrir a fundamentaciones culturales; a su vez,

el nacionalismo alemán sería el mejor ejemplo de nacionalismo cultural,

sobre todo como origen de un modelo posteriormente repetido por doquier:

la obra de Herder y Fichte constituye sus raíces.

Etnias y naciones

Grupos como los judíos y los armenios demuestran la capacidad de los grupos étnicos para sobrevivir históricamente, haciendo uso de mecanismos de diferenciación que incluyen códigos distintivos, mitos territoriales y de destino. Por eso conviene diferenciar comunidad étnica y nación moderna: Comunidad étnica : una determinada unidad de población con mitos ancestrales comunes y recuerdos históricos compartidos, elementos de una cultura compartida, el vínculo con un territorio histórico y cierto grado de solidaridad, al menos entre las élites. Nación moderna : una población que comparte un territorio histórico, mitos comunes y recuerdos históricos, una cultura pública de masas, una economía común y derechos y deberes jurídicos comunes para todos sus miembros. Se deduce de aquí una periodización según la cual la etnicidad domina el panorama histórico pre-moderno y las naciones el moderno. Sin embargo, ha habido un florecimiento de etnias en la modernidad; algunas naciones preceden a la modernidad; y también hay naciones premodernas (judíos y armenios).

Una gran divisoria explicativa

(i) Los etno-simbolistas rechazan la noción de que las naciones sean formaciones políticas recientes que supongan una ruptura con comunidades étnicas previas, sino que están constituidas por mitos, recuerdos, símbolos y culturas étnicas (normalmente premodernos), de manera que la conformación nacional debe estudiarse en la larga duración histórica. (ii) Los modernistas difieren sobre si los factores cruciales son ideacionales, económicos o políticos. Suelen identificar la emergencia del Estado burocrático como contexto de emergencia de la propia nación. El modernismo emerge como reacción al primordialismo de las primeras generaciones de comentaristas; su creencia principal es que las naciones y el nacionalismo son fenómenos modernos (son, de hecho, una necesidad sociológica de la modernidad). Pero los modernistas son muy heterogéneos y surbayan distintos factores: transformación económica, política, rasgos socioculturales.

Identidad colectiva y nación.

Las identidades colectivas plantean el mismo tipo de problemas que otras

formas de agregación o empaquetamiento: la reducción del pluralismo. Por

ello, cuanto mayor sea la vaguedad de los símbolos nacionales y signos

culturales a los que se recurre para la homogeneización de esa pluralidad, más

eficaces serán:

“Los símbolos son eficaces porque son imprecisos. (…) A mi juicio, la nación, al usar un conjunto particular de símbolos, encubre su diversidad interna, transforma la realidad de la diferencia en apariencia de similitud, y permite revestir a la ‘comunidad’ de una cierta integridad ideológica; esto explica la capacidad del nacionalismo para unir personas de niveles culturales y orígenes sociales dispares. Los símbolos encubren la diferencia y acentúan la comunalidad, creando un sentido de grupo” (M. Guibernau).

Algunas preguntas

Ahora bien, ¿son los sentimientos nacionales, o regionales, una preferencia construida en el curso de un proceso político, o ese proceso no hace más que activar sentimientos preexistentes o latentes? ¿Qué determina, si no, la existencia de fuertes sentimientos de pertenencia regional que no evolucionan hacia reivindicaciones separatistas, como es el caso de Baviera? ¿Pueden construirse sentimientos nacionales en cualquier territorio, si se dispone de los medios adecuados para hacerlo?

Las identidades anidadas

De hecho, la conciencia de nación cultural no conduce necesariamente a una

reivindicación política nacionalista. Dicho de otro modo, la diferencia cultural

no tiene por qué politizarse, ya sea porque no se quiere politizar o porque no

se puede , aunque se lo intente.

Por añadidura, las identidades suelen ser complejas y múltiples, siendo

frecuente encontrar identidades "anidadas" en otras con las que conviven

pacíficamente (Herb y Kaplan); por ejemplo, la española con la europea.

Por el contrario, la incompatibilidad de las identidades suele ser el producto de

un proceso de antagonización activado por los grupos que movilizan el

sentimiento nacionalista en un determinado territorio.

¿Tradiciones auténticas o inventadas?

Sin duda, una ventaja de combinar las perspectivas modernista y etno-

simbolista, al tiempo que se enfatiza la dimensión psicológica del

nacionalismo, es relegar a un segundo plano la cuestión relativa a la

autenticidad o falsedad de las creencias que fundamentan la identidad

nacional o subnacional.

Si bien la historia proporciona experiencias, símbolos y valores comunes, no

tiene por qué ser fidedigna: la movilización nacionalista puede tener como

base tradiciones e historias inventadas (Hobsbawn y Ranger).

Por eso, la perspectiva psicológica e identitaria debe combinarse con la

atención hacia las tesis modernistas, porque enfatizan el conjunto de

instrumentos de los que se sirven la autoridad política y las élites nacionales o

subnacionales para producir la conciencia nacional o su equivalente regional.