











































Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity
Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium
Prepara tus exámenes
Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity
Prepara tus exámenes con los documentos que comparten otros estudiantes como tú en Docsity
Encuentra los documentos específicos para los exámenes de tu universidad
Estudia con lecciones y exámenes resueltos basados en los programas académicos de las mejores universidades
Responde a preguntas de exámenes reales y pon a prueba tu preparación
Consigue puntos base para descargar
Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium
Comunidad
Pide ayuda a la comunidad y resuelve tus dudas de estudio
Ebooks gratuitos
Descarga nuestras guías gratuitas sobre técnicas de estudio, métodos para controlar la ansiedad y consejos para la tesis preparadas por los tutores de Docsity
Asignatura: nm, Profesor: nmnnmnn nmnnmnn, Carrera: Documentación, Universidad: UAH
Tipo: Apuntes
1 / 51
Esta página no es visible en la vista previa
¡No te pierdas las partes importantes!












































(Morfología histórica del español. Alvar y Pottier. Gredos)
La palabra se define por su constitución interna; es una cuestión de forma. Palabra = sustancia predicativa (raíz) + formantes constitutivos. => lexema es un morfema que pertenece a un conjunto amplio y abierto.
Categorías con lexema son sustantivo, adjetivo y verbo, caracterizados todos por los morfemas finales: sustantivo => sexo y nº
adjetivo sexo, nº e incidencia
verbo persona y nº
Cualitativos: son actanciales con el sustantivo ( gobern−ador ), sirven para crear adjetivos ( aren−oso ) o, en el verbo, indican modo, tiempo o causación (cant− aba , real− iz −ar).
Cuantitativos en sustantivos y adjetivos: cas−it−a , gord−et−e. Tb. para lexemas secundarios en el verbo: dorm−it−ar , llov−izn−ar.
1)elementos de relación o preposiciones: en −sanchar, a −mansar. 2) cuantitativos: re −hacer, des −montar.
El resto de las partes de la oración no tiene lexemas; su base es un morfema gramatical perteneciente a un inventario fijo y poco numeroso: No se pueden crear. Presentan un paradigma de pocos términos frente a la riqueza del léxico de la lengua: morfemas cuantitativos ( re, requete, ísim, it−a ) y finales de concordancia (− es, −o, −s ).
Entre los lexemas hay que distinguir:
Primarios: imposibles de analizar; no cabe descomposición ( mesa ). Sí hay oposición en gata / gato. Estos lexemas primarios varían de una lengua a otra. Pero también semana (< sept−i−mana ), oreja (< aur−i−cula ) son primarios en español aunque en latín funcionan de una manera distinta.
Secundarios: lexema primario + afijo. Por ej. el morfema diminutivo − ill − pierde este valor y caracteriza un nuevo lexema: casa / casilla. El grado máximo son lexicalizaciones totales: Venecia / Venezuela. Tb. se aplica al verbo: dormitar, lloriquear, reverdecer. O en siglas ( renfero ) y lexías integradas ( sietemesino ).
La fuerza unificadora de la analogía se ve en casos como comisteis , en lugar de * coméstes : sobre la vocal tónica actuó la − i de la primera persona ( comí ) y sobre la desinencia − stes se hizo un nuevo tipo inspirado en − tis.
Plano paradigmático es el nivel de lengua en el que se producen las relaciones asociativas; afecta a las relaciones entre las palabras. Así, la distinción gato / gata es paradigmática porque se trata de una oposición: la elección − o/−a es independiente del contexto puesto que se vincula a hechos significativos y no formales.
En cambio en el plano sintagmático las palabras dependen de circunstancias del habla. La determinación formal de las palabras se hace de acuerdo con unas normas dependientes del contexto: por ej. artículo el ante femeninos que comienzan con á : el álgebra, pero la aritmética. Utilizamos dos variantes combinatorias del artículo pero el contenido no se modifica.
Las condiciones sintagmáticas pueden determinar cambios morfológicos de importancia. Es el caso de illi + illu > gelo > selo. También es el caso de la forma de los pronombres enclíticos donde por metátesis surgieron formas no etimológicas: hacello, dalde. Estos últimos no han permanecido.
A veces un signo morfológico se cumple y otras no. Hay fonemas que existen en la mente del hablante pero que sólo se realizan en determinadas circunstancias: − d final de usted , − j de reloj pero sí aparecen en plural. En morfología sucede lo mismo con quizá / quizás. Son casos de morfología latente.
Frente al lexema, presentan un número limitado de sustituciones. Dentro de los grupos de morfemas tb. hay escasas posibilidades combinatorias. Por ej., prefijos: re−, requete − (rebueno, requetebueno); infijos: cas−it−a, casona, casucha; sufijos: caz−ad−or, cac−er−ía.
Otros morfemas tienen un número limitado y preciso de posibilidades: el de género − o /−a (gato−a). Número − s (gatos). Morfema de incidencia − mente.
des torn ill ad −or −c −it− o s
prefijo + lexema primario + infijo primario + sufijos aspectivos + inf. secundarios + género + número
Varios prefijos, infijos y sufijos, además del gº y del nº se unen en torno a un lexema primario TORN. Prefijos, infijos y sufijos son facultativos; no así el lexema y las desinencias de gº y nº.
Un morfema puede haber pasado del latín al español pero con otro funcionamiento. Ej. lupos (− os género, número pl. y caso acusativo). − os participa de las condiciones del sincretismo (pluralidad de valores expresada por medio de un signo único). En castellano tal sincretismo se reduce: − o = gº masc, − s nº plural. Carece de caso, expresado en castellano por una preposición.
Tb. − a podía expresar nominativo o acusativo plural en latín. Así folia, brachia Pero hoja, braza no son plural en español, como sus étimos. Son formaciones nuevas cuyas consecuencias afectan no al sistema morfológico, sino al campo del vocabulario: braza / brazo. Entonces se siente la necesidad de dotar a la lengua del instrumento que acaba de perder y ahí es donde surgen las consecuencias morfológicas del hecho => plurales analógicos: brazos, frutos
El género dimensional (− o / − a para objetos más pequeños: cesto / cesta, cántaro / cántara ) se habría motivado sobre la idea de pluralidad que encerraba el neutro latino en − a.
El lexema es el elemento más significativo de la palabra que pertenece a una clase abierta y no finita (tb. se le llama raíz). Morfológicamente hay varias clases:
Arbitrarios fijos: son elementos aislados: ni se enlazan con otros ni están motivados por otras normas que las de la evolución histórica de la lengua. Son palabras que encierran los elementos primarios: árbol, gat −( o ), pan.
Arbitrarios polimorfos: en la estructura del lexema se producen alteraciones motivadas por causas externas al propio lexema. Ej: polimorfismo acentual: carácter−caracteres, álbum−albúnes (extranjerismo mal adaptado). Tb. causas diacrónicas hacen que se produzca alternancia en el lexema: alternancia e / ie < condicionada por evolución histórica ( diptonga si es tónica) => certeza / cierto. Similar es el caso de : bondad / bueno.
Lexemas diferenciados sintagmáticamente: gran libro / libro grande. Se oponen por constituir con otras palabras sintagmas unitarios. Tb. sucede en muy / mucho , y en los demostrativos que antiguamente tuvieron una serie incrementada.
Caracteriza a un sintagma. Normalmente es una clase morfológica arbitraria. Pero está incluso en el lexema, sin necesidad de manifestarse con morfemas (ej: vino, harina ). No obstante se suele manifestar por − o / − a en la terminación del sustantivo, del adjetivo y de otros determinantes. Pero hay desajustes debidos a préstamos, pérdida declinación latina
Cuando la oposición − o / −a caracteriza seres de sexo distinto tiene una motivación basada en una dualidad real; en el español está inspirada en hechos latinos de lengua: los acabados en − us eran masc. y los acabados en − a femeninos. Además el propio latín distingue con diferentes términos: taurus / vacca. El romance mantiene algunas, como la antedicha, y borra otras ( tío / tía ). O inventa algunas perdiendo el género latino: equus / equa es sustituido por caballus.
En sustantivos postverbales aparece − e que se incorpora al género arbitrario masculino o femenino ( el coste, el arranque, la tizne, la pringue ). Tb. puede tener valor semántico: el toque / la toca.
Sustantivos acabados en − e y consonante: Masculinos: sufijo − aje (francés): viaje, paisaje; − ate, −ete, −ote : sainete, capote; − amen : certamen; − umen : resumen; − ón (avión) , −én (andén), − ín (violín), − el (clavel), − es (ciprés), − an (talismán) , −ún (betún); − az (disfraz); − uz, −ol (farol) , −al (dedal) , −ar (pinar) , −il (carril) , −ul (baúl), −er (alquiler). Femeninos: los ya latinos − tate (bondad), − tione (canción), − tudine (inquietud), − itie (niñez). Tb. conservan el gº latino los sustantivos en − ie (de la 5ª decl., barbarie) y en − ed (sed, pared). Vacilan entre masc. y fem.: − mbre ( el nombre / la legumbre),
Puede expresarse la pluralidad mediante un singular dependiendo del contexto, independientemente de la morfología: tanto caballero = tantos caballeros.
Predomina la regularidad en la expresión del número: plural en − s (casas), en − es (francés−es) y neutralización morfológica de singular y plural (lunes, martes) => el singular es el término no marcado, mientras que el plural lleva el signo de distintivo. Tb. puede afectar al dominio semántico: celo / celos, polvo / polvos
− Sistema latino: 5 casos en 5 tipos de declinación.
Pero la propia sintaxis latina distaba de expresar cada función con una sola forma. El latín hablado dio preferencia al acusativo: como sujeto en oraciones de infinitivo, en oraciones de tiempo, dirección. Unido a la confusión fonética, da lugar al desarrollo preposicional => pérdida de desinencias casuales. La declinación se reduce a un caso de sujeto (nominativo) y a otro que, si no llevaba preposición, era el acusativo. Los demás casos vienen a coincidir fonéticamente con el acusativo, llamado caso universal. Varios documentos atestiguan la sustitución de los otros casos por el acusativo.
Desarrollo sistema preposicional (ya en Plauto). Es corriente el empleo de cualquier preposición con acusativo: + ad (= dativo simpatético), ab (= dativo), cum (ablativo), de (genitivo), in (dativo), pro (ablativo), sine (ablativo) => extensión casi universal del acusativo.
Casos conservados:
Nominativo. Se conserva en nombres propios, sobre todo de origen eclesiástico o francés ( Dios, Pilatos, Marcos, chantre −cantor− ) o catalán ( sastre ). Tb. hay nominativo en muchos cultismos: pelvis, pubis, virus ; al no ser voces patrimoniales no afectan a la estructura de la lengua. Algunos imitan galicismos ( prefacio ). Son falsos nominativos pavo y buho. Algunos topónimos: Roncesvalles, Sanzoles.
Vocativo. Escasos herederos. Ya en latín se usaba nominativo. M. Pidal: Yagüe, Iessucriste, Sixte. Tb. maese. No serían vocativos Santiago, apóstol, ángel
Genitivo. Pérdida total: es sustituido por acusativo + de. Hay restos en días de la semana ( martes < (dies) martis ), algún cultismo jurídico o eclesiástico ( libro órdino ) algún sintagma inmutable ( condestable, feligrés ). Más en toponimia. Nombre común + nombre persona en genitivo: castrum Sigerici > Castrojeriz. El genitivo plural se usa para posesores colectivos: gothorum > Toro, gallorum
Gallur. Hagiotopónimos con elisión del sustantivo (eglesia, ermita), quedando el nombre del santo en genitivo: s. Poncii > Santiponce, Santelices.
Otros topónimos con genitivo describen las condiciones externas de un lugar: rivi angulu > Riaño. Tb. en antroponimia quedan reliquias: nombre del hijo + nombre del padre en genitivo. El genitivo − ici sería el antecedente de nuestros apellidos en − ez.
Ablativo. En algunos sintagmas de carácter adverbial ( hoc anno > hogaño, loco > luego) y en la terminación − mente > mientre, −mente. Tb. hay algún ablativo en toponimia peninsular fuera del dominio castellano: Somonte ; en realidad hay uso de in o sub + acusativo
La 1ª se conserva (en − a ) porque tiene la característica del género femenino. Por la pérdida de los casos queda reducida a un singular − a (casa) y a un plural − as (casas). Nombres de la 5ª (− ies, −es ) pasan a la 1ª. Ya en latín convivían materies y materia. Esto favoreció la analogía.
su carácter tomando la − a diferencial: traba. Más complejo y menos convincente es cuchara. Algunos nombres en − x forman femeninos de esta declinación: tenax > tenaza(s), calx > calza. La − a en voces que desde el latín mantienen gº femenino se justifica por el deseo de cohonestar el gº gramatical y la forma que lo expresa. Las hablas canarias levan más lejos la adaptación al gº: algunos sustantivos en − e pasan a serlo en − a : chincha, tizna−o.
La 2ª declinación se mantiene como heredera del género masculino. Absorbe a la 4ª, que se funde fonéticamente con ella. Muchos de la 3ª pasaron a la 2ª. Así el femenino abies > abeto; o neutros que adoptaron forma masculina: vas > vasum > vaso, os > ossum > hueso. Algunos masculinos reacomodan su terminación al género: pulvis > polvo. Tb. algunos de la 5ª: meridies > marizo (siesta del ganado).
3ª y 5ª se confunden en sus formas de acusativo ( legem, leges ; rabiem, rabies ), pues hasta los temas en − i hicieron un acusativo plural en − es. Estas toman los sustantivos que en español terminan en consonante. Tb. se enriquece con los casos de apócope de la vocal final ( apóstol ), con los galicismos en − e ( chantre ) y con las voces patrimoniales que cambian la − o latina en − e ( colpu > golpe). Los neutros en − r y − n crean un acusativo analógico ( marmorem ) que da lugar a masculinos o femeninos: el nombre / la legumbre. El plural se hace añadiendo −e / −es.
−o / −os
−e / −es
cons / −es
VI− EL ADJETIVO
Hay algunas variaciones con respecto a la declinación de los sustantivos. 3 grupos: 1) bonus−a−um (masc., fem., neutro); 2) fortis−e ; acer−is−e (tema en − i ); 3) los que se declinan como temas en consonante ( quadrupes, vetus )
Ya era latina la tendencia a eliminar en el adjetivo la distinción masc. / fem. El acusativo masc. y el neutro coincidían ( bonum−a−um ), por lo que sólo funcionó la oposición masc.−neutro / femenino en los adjetivos del grupo 1. La pérdida de − m hace que se confundan los acusativos masc., fem. y neutro del 2. Así, no hubo distinción del 2 y el 3 que se funden en una declinación sin marca de género, mientras que el grupo 1 diferencia el femenino con marca −a.
Irregularidades: al acompañar al sustantivo, la confusión de género de éste, afecta al adjetivo. Así, los sustantivos neutros en − er y en − us son igualados a los masculinos de la misma terminación, de donde resultan concordancias como cadaver mortus. Pero, por lo general, los resultados son estables. Hay dialectos que sí hacen cortesa o granda ; son aragonesismos de influencia galorrománica; por analogía se hacen tristo y grando.
Si un adjetivo se convierte en nombre propio, se adapta la terminación − a para el femenino: Félix−Felisa.
Son románicas las formaciones femeninas correspondientes a los adjetivos latinos en − or, −on y − ensis : cantora, bretona, burguesas.
Proceden de sus respectivos latinos con algunas discrepancias fonéticas. Viginti dio viinte por su −i final. La 1ª − i disimiló en − e. Idem triginta.
Algunas difusiones de la numeración vigesimal en España: Cantabria, pueblos de Andalucía. Para el riojano hay que pensar en el vasco berrogei.
Salvo cien (< centum ) presentan formas analógicas en − os (no en − i ) por influencia de los numerales simples ( dos, tres ). En quinientos hay la fuerza del paradigma de la terminación − ientos ; si no, − n hubiese palatalizado en quiñentos.
Sexcenti reduce − sc − > − c y da seiscientos. 4, 7, 8 y 900 son compuestos románicos que reemplazan a los latinos.
Representados por el singular mille y no por el plural milia. 2, 3, 4 mil son románicas. Millón, billón son italianismos. Cuento equivalía a millón.
1º, 2º, 3º, 4º y 5º tienen evolución popular desde las formas vulgares del latín. Pero 4º y 5º han sufrido cambios semánticos. Dan derivados de diverso tipo.
Se incluyen en los pronombres−adjetivos porque tienen caso, nº y gº y pueden tener artículo, rasgos que pertenecen a los adjetivos. Sustituyen al giro de + persona pero no son genitivos del pronombre personal, aunque permiten gº y artículo y mei, tui, sui se tomaran de meus, tuus, suus. Los posesivos son retrospectivos (remiten a una realidad anterior), mientras que los demostrativos son presentativos.
Forma: depende de la posición: cuando va antepuesto es apocopada ( mi, tu, su ); pospuesto es plena ( mío, tuyo, suyo ). Ya el latín vulgar generó la serie átona mo, to, so que no pasó al romance.
Meu > *mieo > mió > mío y en posición proclítica mi. Mieo pervive en zonas arcaizantes del asturiano. Ya en época latina m a cambió a mea por disimilación de ante a, > mía en castellano y apócope en mi para distinguir en algunos textos masculino mio de femenino mi (mio mayordomo / mi ley). Hubo traslación acentual mió, miá que perdura en bable occidental_._ Luego la forma átona mi se generalizó en castellano para los dos géneros_. Mió_ se emplea indistintamente en masc. y fem. en asturiano oriental. Más complejo es en leonés: miéu, mióu se usa sólo o acompañando al nombre; en fem. hay traslación acentual para distinguir adjetivo y pronombre: la miá vaca / ya mía. En asturiano oriental hay una sola forma para masc. y fem.: mió caballo / mió vaca.
antiguo masc. to , fem. tua y se perpetúa en el bable occidental. En el centro−occid. tó sirve para masc. y fem., adjetivo o pronombre. Idem suum, suam. Se escribía tanto suo ermano como filio suo. Las formas modernas tuyo−a, suyo−a son analógicas a las antiguas cuius−a. Se encuentran ya en Cid , y Berceo.
Ya en vulgar se sustituía la clásica vestrum por vostrum a imitación de nostrum. Junto a las castellanas, nuestro, vuestro están nuesso, vuesso en bable occid.
En castellano se utiliza suyo (ant. suo ); fem. sua, sue ; átono su ( sóu, sua, só en asturiano). Los derivados de illorum dieron lor en aragonés. Illurum > lur , también en Aragón hasta mediado el XII.
La forma depende de la posición en el sintagma ( mi / mío ). En los dialectos admiten artículo: el mi padre.
En muchas áreas tuyo, suyo carecen de empleo habitual y son reemplazadas por de ti, de él : Asturias, Andalucía, países americanos. Su es 2ª o 3ª persona; no tiene una determinación no equívoca por lo que hay que actualizarlo con de usted o de él−ella.
Tienen marcas de gº y nº. La oposición es − e (masc.) / − a (fem.), pero a veces tb. signo 0 en el masc. Hay formas neutras en − o.
El latín tenía 3 indicadores de posición: hic, iste, ille gravemente afectados por la evolución fonética: cuando − h deja de pronunciarse se aproximan los paradigmas de hic, haec, hoc y de is, ea, id => confusión. Para obviar la homonimia sólo se podía sustituir un paradigma por otro o eliminar ambos. La lengua suprimió hic e is. Hic sobrevive en agora ( hac hora ) , hogaño ( hoc anno ) , ahí ( ad hic ) , aquí, pero ( per hoc ).
Así, el triple latino hic, iste, ille fue reducido a iste, ille. Pero se intentó reconstruir un sistema ternario paralelo a los personales yo, tú, él y los posesivos. Así se eligió ipse. Se instaló en medio, donde menos perturbaba: entre iste que había pasado a designar lo más próximo frente a ille , lo menos próximo. Las formas románicas tardaron en nivelarse porque se usaban frecuentemente con valor atenuado, en fórmulas cuasi gramaticalizadas.
Este no procede del nominativo iste. Esto (<istum) iba antepuesto al sustantivo y su − o se apocopó como bueno ( buen pan ). Así resultó una serie est, esta, esto. Al reponerse la vocal final no pudo ser − o para evitar la homonimia de masc. y neutro => est−e. La misma explicación vale para ese con una complicación mayor debida a es del verbo ser.
La marginación de ello se acentúa desde fines del XIX. Tiene poca vitalidad en el habla actual, como sí y consigo. Antes había funcionado como antecedente, pleonástico, pron. de identidad, como encabezamiento de oración. Tb. como sujeto desde 1500. Desde antiguo ello funcionó como pronombre neutro, referido a hechos o cosas ya mencionados.
La serie aqueste−a−o y sus formas apocopadas surge de la serie enfática alargada con * accu (< ecce ). A fines de la E. Media hay tendencia a simplificar las formas alargadas en aqueste / este, aquese / ese , pero no en aquel porque él se había especializado como pr. personal y no podía actuar como demostrativo sin producir homonimia. Valdés dice que aqueste no se scrive , aunque algunos lo utilizan al hablar. Correas dice que hay formas poco usadas, como aquesos. Tb. informa de otras intensificadas con otro: estotro, esotro, aquestotro.
Ipse dejó de funcionar como indicador de identidad. La forma enfática latina met, que se posponía a personales y posesivos ( egomet, meamet ), pasó a ser prefijo temet ipsum, semet ipsum , etc. El haba popular produjo luego te metipsum, se metipsum. Tb. surgió metipsimus. En la P. Ibérica hubo muchísimas formas enfáticas. Estas evolucionaron hasta el actual mesmo, mismo , pasando por el intermedio meismo.
castellano actual. Tb. hay analogía inversa con michi : tibi , contaminado, se convierte en tichi ; así se da tiquismiquis. Is, ille suplían al pr. de 3ª persona no reflexivo. Desaparece is ; sólo queda ille : ille > *elle > él; illa > ella. Evoluciona como demostrativo o artículo. En Berceo es eli y elli ; la terminación − i se da por analogía con qui. Él como pronombre tardó en llegar a las gramáticas; Correas decía que los pronombres son yo, tú, aquél. Su generalización como pronombre no fue rápida, aunque ya Nebrija lo incluyera.
El dativo illi se documentaba en vulgar como ili o lei. En nuestros textos más antiguos aparece como le o como li (Silenses). En s. XIII aparece como li, lis en la Rioja Alta. La − i final sería etimológica. En asturiano antiguo había ll − inicial lle, lli , que en lo moderno ha pasado a y −. En Astorga se encuentran ye y lle.
Nos y vos se utilizan en latín como formas únicas de nominativo y acusativo. Los compuestos nosotros−vosotros surgen por razones sintagmáticas ( nos , inclusivo; nosotros exclusivo) y paradigmáticas (distinguir nos sujeto / nos complemento). Se añadía así el valor enfático de otros. Nos y vos subsisten como formas acentuadas en el bable occidental. En otros dialectos hay variantes fonéticas: nusaltros en Pirineo aragonés, nusotros en áreas rurales Tb. se da mosotros en la lengua vulgar y losotros en Canarias y Murcia.
Nos se conserva hasta ahora en posición enclítica. Vos pierde la v − inicial, aunque no lo hace en dialectos arcaizantes. Sobre os ha actuado se formando el vulgarismo sos, sus.
El A.Probi rechaza noscum, voscum. Tb. había otras formas fundidas con la preposición pospuesta: mecum, mecu. Se dio una tardía y equívoca descomposición de con / tigo : se interpreta tigo como forma independiente. Mecum, tecum, secum se consideraron lexemas inseparables y dieron lugar a un caso de pleonasmo latino al anteponer una preposición ( cum + secum ) que de nuevo produjo la lexicalización del sintagma. Debería haber dado * comego , pero tomó la i de mi y rehizo la inicial con − => conmigo. Cumigu en asturiano. Con mí en aragonés. Tb. contigo con la i de ti. Cumsecum era consico en las Glosas y consigo en Mio Cid.
Hay pr. personales precedidos de preposición que dan formas no aceptadas en la lengua oficial: dar a mí (aragonés) , con mí, a tú, pa yo, con yo.
El apócope en los pronombres es sólo una parte del apócope generalizado de − e y − o. Aragón es zona apocopadora frente a León, de mayor conservadurismo. A final del XIV se reponen −e y −o.
Acentuación del pronombre enclítico: hay algunos casos, sobre todo cuando el verso va en imperativo; el acento individualiza enfáticamente al pronombre: aragonés dejameló. En Río de la Plata pierde su carácter enfático por su independencia.
Leísmo es la ampliación de le ; es la primera forma que atestigua un cambio de función. Ya en los orígenes se usa para OD cuando este dispone de otros referentes personales masculinos: a mio Cid le van a cercar. Tb. en dialectos septentr. es utilizado para nombres contables masculinos: el vaso no hay que romperle.
Loísmo es el mantenimiento de lo en su función tradicional como pr. personal y su ocasional extensión a la función de OI.
Laísmo es la utilización de la para el OI o OD femenino: la di el papel a tu madre. Quizá suponga un aumento de la distinción de gº en detrimento de la de caso.
El sistema pronominal de 3ª persona se basa en el latino illum, illam, illud (> lo, la, lo ). Se oponen a illi (> le ). Pero le no es forma marcada con gº, por lo que se da un nuevo ordenamiento basado no en el caso, sino en la coherencia de gº: le (masc.), la (fem.), lo (neutro). Sería un esquema paralelo a este−a−o que ayudará a la fijación del laísmo. Pero las formas no han llegado en todas partes a un mismo tipo de nivelación y sobre ellas han actuado nuevas tensiones.
El laísmo, empleo de la por le femenino, ha penetrado en todos los usos del dativo. Es propio de las dos Castillas, aunque menos extendido que el leísmo. Correas lo atribuye a eufonías.
El leísmo, empleo de le en el campo de lo masculino, tendría para Cuervo una doble motivación de hechos morfológicos (empleo frecuente de m´, t´, s´ por me, te, se ) y sintácticos puede haberse producido desde una forma apocopada l´ (como m´, t´, s´ ). Así, desde las formas apocopadas, se habría producido la igualación de dativo le y acusativo lo. Se da en Madrid y provincias limítrofes.
la las
lo
Así se aprueban todos los abusos castellanos. Rechaza lo acus. masc. (prefiere le ), la pasa a ser dat. fem. y acepta los por les. Es el uso vulgar de Salamanca. En la Gramática de 1796 triunfa el uso madrileño: le acusativo y la dativo. Salvá propuso le acusativo para seres animados y lo para inanimados. Desde 1854 se renuncia al exclusivismo de le y se condena el les plural.
No es sólo el uso de tú por vos , sino tb. el empleo de formas verbales como tomás. Así, el problema se centra en la correspondencia del verbo plural con el pronombre. En castellano antiguo vos fue fórmula respetuosa frente a tú aplicado a gentes de baja condición; por este hecho sociológico vos fue desplazando a tú , pero con el desajuste de emplear un pronombre de plural para un sujeto singular. Pero a su vez, al hacerse tan común degeneró y fue necesaria una nueva fórmula cortés: vuestra merced. En América, tierra de distintas convenciones sociales vos arraigó pronto => pérdida de tú, ti ; lucha de tu / vos; empleo de te con vos. Vos se usa siempre con formas verbales en plural. Cubre casi toda la América meridional y la central + Chiapas.
El avulgaramiento de vos produjo vuestra merced. Así el distanciamiento era doble: en el pronombre y el la forma verbal. Vos tomaba la 2ª persona verbal y vuestra merced la 3ª. Ésta evolucionó hasta su lexicalización en usted con variantes voacé, vuacé, vuesançed Tirso utiliza múltiples formas: vuestra merced, vuesarced, usancé El primer uso documentado de usted es de 1620.
Si existe el interrogativo ¿qué? , existe el indefinido que : en ambos el pensamiento va de lo general a lo particular y viceversa: ¿quién fue a Sevilla? (de todos se intenta identificar a uno), ¡quién supiera escribir! (donde la singularidad está casi expresada). Pero en el relativo quien fue a Sevilla se parte de un individuo particular y se proyecta su experiencia a toda la colectividad.
Rigen morfemas extensos y no constituyen un grupo homogéneo porque pueden llevar o no artículo y son invariables en cuanto al gº.
En latín, relativo e interrogativo eran una misma cosa. Diferían en el nominativo sing. El relativo qui, quae absorbió al interrogativo quis y quod al neutro quid. El paradigma latino se redujo al extenderse el masculino al campo del femenino y del neutro. El masc. ha llegado a eliminar al femenino.
Lo único que perduró fue la distinción qui−que : las regiones más septentrionales son más conservadoras; en cambio Andalucía, reconquistada más tarde, no atestigua ningún caso de qui. En
− Los negativos son tardíos. Nec unus dio neguno. No tenía frontera clara con alguno. Res nata reemplazó a nihil que se perdió. El castellano nada se enfrenta a re y ren en Aragón y Cataluña. Las variantes nadi, nadie, nadien son analógicas de la serie otri, otrie, otrien. Nadie y otras son variantes fonéticas.
− Como eco de nemo pudo surgir homo en fórmulas negativas. Omne acentuado aparecía con valor de alguien, alguno.
− En sustitución de quisque aparece la preposición griega cada tomada de la lengua eclesiástica en toda la Romania. En cast. va seguida de cual, uno. En Navarra puede ir en construcción absoluta. Tb. cadañera.
− Verbos románicos + indefinidos: hubo derivados comparables a quiquier : cualquier, qual quisier, qual sequiera (Berceo). No con quaero , sino con volo subsisten en la lengua de Berceo siuvelque, sivelqual (semejante, cualquiera). Tb. el temporal sivuelquando (algún día).
− Tb. funcionan como indefinidos varias voces habilitadas para ello: citano, fulano, gente, gentes humanas, dello, tal, todo viviente, uno
Aparecía en vocales anteriores precedidas de consonante dental o alveolar si la sílaba precedente era abierta. Pero tb. aparecen formas plenas. Sólo permaneció en el imperativo de algunos verbos muy frecuentes. La − e se repone por analogía con la mayoría de las formas que marcan persona y nº al menos con una vocal final.
Era habitual la vacilación en la abertura de las voc. átonas ( iglesia−eglesia, jugar−jogar ). Esto se aprovecha para aumentar el contraste morfológico entre los verbos en −er y en −ir. Las raíces en −er sólo aceptan vocales abiertas o medias ( valer, temer, comer ); es decir, excluyen /i−u/. Los en −ir sí toman cerradas ( bivir, subir ), pero excluyen vocales medias de las raíces tónicas, no así de las átonas ( bevir, sobir ); permite la / a / en ambas (salir). Pero prefieren /i−u/: escribiendo (no escrebiendo ), subiendo (no sobiendo ). Lo contrario no vale para los verbos en −er, donde eran exclusivas las vocales radicales medias: temiendo (no timiendo ).
En el futuro y el condicional muchos eliminaban la /e/ o /i/ que aparecía en el infinitivo: prendrá, subrá.
En verbos con vocal radical velar se llega a eliminar la vocal radical /o/, excepto podrir, abolir, oír (acaso para evitar homonimia con huir ).
El resultado moderno es más complejo en el caso de vocal radical palatal por la preferencia por la disimilación vocálica (no /i//í/); por ello pedir/pidir > pedir , pedimos/pidimos > pedimos En cambio, en formas sin /í/ tónica desinencial se prefiere la vocal radical cerrada: pido, pides, pedió/pidió > pidió
Pero los verbos introducidos por vía escrita sí ofrecieron /i/../í/: permitir, distinguir , junto a algunos populares que vacilaban ( escrevir, recevir ). Desde el S. de Oro se adaptan al patrón culto.
Otros tiempos tb. desarrollaron preferencia por vocales radicales cerradas: estove, estoviste , empezaron a aparecer con /u/, que se impuso desde fin del XV: estuve ...
En pretéritos irregulares de raíz átona a veces aparecía /o/ ( podiste, posieron ). Se suprimen al final de la E Media a favor de la uniformización con /u/ radical: pudiste
El pret. irregular medieval no permitía /é/ radical, menos en trexe. En verbos con /í/ radical a veces aparecía /e/ ( dexiste, veniera ), sólo hasta fin del XVI.
2−LA VOZ ACTIVA Y LA PASIVA
El latín tenía para la pasiva morfema −ur en el infectum y forma analítica con esse en el perfectum. En el hablado el tipo analítico se extiende a todos los tiempos; a partir de frases atributivas como carus est ( es querido ), los hablantes dan sentido de presente a amatus est, que pasa de ha sido amado a es amado. Esto hace necesaria la creación de nuevas formas para expresar lo que antes se expresaba con amatus est: amatus fuit, amatus fuerat
Ser + participio es heredado por el castellano pero ha visto reducido su campo semántico y se limita a la expresión de la acción ( fue hecho ); el estado se expresa con estar + participio ( está hecho ).
Los morfemas de persona no se pueden separar de los de nº.
Sólo ha habido cambios fonológicos: se pierde −m ( cantabam ); −t (pervive hasta el XII: vienet ); −mus
− mos ; −tis > des medieval ( cantades ); −nt > −n ( cantabant ).
En los morfemas de pretérito.: −sti > − ste ( cantaste ) ; −stis > − stes > − steis ( cantasteis ). En medieval a veces se añadía una −s a la 2ª del indefinido ( cantastes ) porque la desinencia de todos los paradigmas la tenía; pero esto conlleva identidad con la de la persona v os , por lo que desaparece.
Para las formas de la 2ª del plural, salvo en el pret. indefinido, la −t− sonorizó en −d−. Se elimina desde el XIV. De ahí resultan varios hiatos que serán luego reducidos a una sola sílaba.>>>
3.1− Formas paroxítonas de la 2ª pers. de plural
En el pres. de ind., de subj. y en el futuro simple vos tenía acentuación paroxítona en medieval: cantádes, temédes − édes empieza a perder la /d/ a final del XIV; luego también la pierden las demás desinencias paroxítonas: cantades > cantáes > cantás/cantáis Desde mitad del XVI la península opta por las formas disimiladas ( cantáis ); en las zonas americanas con voseo se prefieren las asimiladas ( cantás ).
3.2− Formas proparoxítonas de la 2ª de plural
A pesar de ser paroxítonas en varios paradigmas se convierten en proparoxítonas: cantabátis > cantávades. Conservan la /d/ hasta S. de Oro. En XVII la pierden y el hiato consecuente se reduce a diptongo o a monoptongo: cantávades > cantabais o cantabas, temíades > temíais o temías Sólo las disimiladas perduran en la Península con valor de plural. Las asimiladas coincidían con las de tú => convergencia con el voseo.
3.3− Formas oxítonas de la 2ª de plural
Los imperativos plurales ( cantate, timete ) dieron lugar a formas oxítonas. Hay dos evoluciones: 1) se pierde la /e/ tras /d/ (cantad, comed); 2) una temprana pérdida de /d/ da lugar a la asimilación del hiato resultante: cantade > cantáe > cantá. Ambas se emplean en S. de Oro. Luego se opta por las formas
Cantare y oviere cantado dejan su lugar al presente y perf. de subj. ( cante, haya cantado ), o a los de indic. en la prótasis de condicionales abiertas: si viene se lo daré. El futuro de subj. sólo sobrevive en expresiones fijas: sea lo que fuere.
Cantara ha pasado al modo subj. perdiendo valores de plusc. y de condicional.
Canté y he cantado no son iguales en todo el mundo hispanohablante.
4.4− El aspecto progresivo: estar + gerundio
Es compatible con cualquier tiempo verbal y con los otros aspectos verbales. Se emplean cuando el hablante quiere resaltar que un hecho está (o estuvo, o estará) realmente en curso. Es compatible con el aspecto perfectivo e imperfectivo: estuvo esperando y estaba esperando muestran matices diferentes.
5− EL TIEMPO VERBAL: pocos cambios. Se crean los condicionales y se amplía el subj. con formas de futuro.
Igual en castellano que en latín: indic. y subj. contrastan en el grado de realidad que atribuyen al hablante. El sentido de la oración cambia según se emplee uno u otro: los que han terminado / los que hayan terminado.
Sólo ha cambiado su valor modal cantara : de plusc. de indic. en latín a imperf. de subj. desde el XIV, compitiendo con cantase. ] El imperativo sería un 3er modo.
Las cons. velares palatalizan ante E, I pero no con las otras vocales => la consonante final de la raíz puede tener dos formas porque suele haber todo tipo de vocales. Pero esto sólo pasa con −er, −ir, no en −ar porque la vocal alternante minoritaria se encontraba únicamente en las formas del presente de subjuntivo, demasiado infrecuentes. Hallamos 3 grupos de verbos latinos con consonante radical velar:
4.1− Verbos con raíz en vocal + /k/
Dos posibles resultados: si /k/ va seguida de o, a > /g/ en medieval y moderno: IOCU>juego; si /k/ va seguida de e, i > /dz/ medieval, / / moderno. El primero aparece en 7 formas: las 6 del subj. y la 1ª s. del ind. Las demás formas de cada verbo (con e, i desinencial) dan el segundo resultado: digo, diga, pero dizes. Algunos se adaptaron luego a otros patrones, pero los más frecuentes(decir, hacer) mantuvieron la alternancia g,.
4.2− Verbos con raíz en /rg/ o /ng/
Si le sigue una vocal no anterior( o, a ) se mantiene la velar: spargo> espargo, yergo Pero si le sigue una vocal anterior, palataliza con doble resultado en el caso de /ng/: spargis>esparzes, tangis>tañes.
Este patrón resultó atractivo por darse en verbos frecuentes y se extendió a otros que no tenían cons. velar radical añadiendo una /g/ a verbos con n, l, r : VENIO/VENIAM> vengo/venga ; SALIO> salgo Luego a otros con /j/, /s/: AUDIO> oigo ; ASO> asgo
Pero los menos frecuentes perdieron la alternancia, casi siempre la /g/: cuezo, esparzo, taño Sólo en erguir extendió /g/. Haiga no se consolidó.
4−3− Verbos con raíz en /sk/
Son frecuentes y tienen doble resultado: /sk/ o /ts/ ant. / / moderno: meresco/mereçes, conosco/conoçes Al final de la E Media se introduce la /ts/ (después ) en las formas minoritarias: merezco/mereces, conozco/conoces, nazco/naces. Este tipo de alternancia se extiende a otros verbos: aduzir, conduzir
Dos razones: metafonía de yod desinencial (sólo en verbos en −ir) y diptongación de y. El acento caía en la raíz de 9 formas: 1−2−3 s. y 3 pl. del ind. y del subj. + imperativo singular. En el resto caía en la desinencia.
5.1− En la raíz de los verbos en − ar y − er.
Sólo hay alternancia en los verbos cuya raíz tenía , clásica. Si el acento cae en ellas, diptonga. Si la raíz es átona, no diptonga ( petra>piedra, bonu>bueno ). Alternancia: nego>niego, negamus>negamos; movo>muevo, movemus>movemos.
Pero tb. por analogía se extiende a verbos con vocal átona y el diptongo se produce donde no cabía esperarlo: s minare ( sembro>siembro ), m nstrare (> muestro ). Muchos verbos con / , / radicales siguen este proceso: fricare, pensare, rigare, colare.
Pero otros pierden la alternancia y monoptongan en la lengua moderna: anego, entrego , aporto. Otras veces, en verbos emparentados con sust.o adjetivo con diptongo, la nivelación es en sentido contrario y afecta a todo el verbo: pieza>despiezo, hueso>deshueso.
L VARE sufría alternancia, por tener radical; pero en las formas diptongadas [lj] se convirtió en , con lo que la alternancia es de consonantes /l/−/ /: lievo/llevo (s.XVI). Otro con alternancia regular, pero irregular en lengua moderna es jogar : juego/jugamos.
5.2− En la raíz de los verbos en − ir.
Debieron mantener la yod, que ejerció una influencia metafonética sobre la vocal radical cerrándola (imposible en i, u, a ). Cierra tónicas y átonas; pero la metafonía antecede a la diptongación. Así cierra / / y / / en /e/ y /o/ antes de que diptonguen. Hay 4 posibilidades para cada vocal radical: con o sin acento en la raíz, y con o sin yod desinencial (+acento+yod; +ac.−yod; −ac.+yod; −ac.−yod): río, ríes, riamos, reímos; mido; sirvo; siento La /i/, normal en , / (rideo>río, metior>mido), se extiende por analogía a verbos con (servio>sirvo). Se dan varias analogías de manera que /e/ queda fuera de la raíz de los verbos en −ir; sólo aparece en los −er.
En el último caso se esperaría /i/ radical, pero la analogía con medimos , y la disimilación /i//í/>/e//í/ dan como resultado /e/ ( reímos ) (aunque antiguamente podía observarse /i/: midimos ...). Tb. la hallamos en verbos cultos y del Renacimiento: dirigimos, escribimos, vivimos Así se elimina la diferencia de vocal radical entre , /.
Entre los verbos con vocal radical posterior sólo dormir y morir mantienen /o/ radical en alternancia con /ue/. Aparte queda oír con /o/ sola. Entre los demás, la /u/ de los verbos con , / ( aduzco, subo) se ha extendido a la mayoría de los verbos con ( mullo ). Resisten los antedichos duermo, muero. Tb.