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Asignatura: Historia y Gestión del Patrimonio, Profesor: Adrian Beso Ros, Carrera: Història de l'Art, Universidad: UV
Tipo: Ejercicios
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Para empezar, comentamos algunas imágenes y vemos, en primer lugar, la Catedral de León. Es considerada patrimonio cultural porque tiene un valor artístico, un valor histórico, es una muestra de la cultura de la sociedad del momento y en su interior puede albergar piezas de alto valor. Fue el primer edificio de España considerado Bien Cultural a principios del siglo XIX, por lo que hoy en día tiene una serie de valores atribuidos que nadie dudaría en darle.
Vemos también la fortaleza del Castillo de Cullera. Puede ser considerado Bien Cultural. Cuando la sociedad le otorga un valor cultural a una obra, siempre se intenta asegurar la conservación de ese bien. En este caso, sí que está protegido como bien de interés cultural, como toda la arquitectura militar de España desde ¿1953? cuando Franco mandó que fueran protegidos. Por eso, cuando en una excavación aparece un trozo de muralla esta es intocable pues, aunque no se conozca, siempre se protege de forma específica.
Vemos también una silla de esparto, una silla moderna, el pasacalles de moros y cristianos, un pescador de la Albufera, etc. Con este ejercicio podemos empezar a ver cuál es el punto de partida dentro de la consideración hacia el patrimonio.
Entendemos patrimonio cultural como el conjunto de bienes culturales.
La RAE define Bien como hacienda, riqueza o caudal. Y Cultura como el resultado o efecto de cultivar los conocimientos humanos y de afirmarse por medio del ejercicio de las facultades intelectuales del hombre. Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en un época y por un grupo social, etc.
Partiendo de estas definiciones, podemos entender Bien Cultural como el producto de la actividad creadora del ser humano que perteneces a una comunidad.
Por otro lado, la RAE define Patrimonio como hacienda que alguien ha heredado de sus antecesores. Y como conjunto de bienes, valores y créditos que posee una persona o una institución.
En este sentido de transmisión, Patrimonio Cultural es todo aquello que dejamos en herencia a nuestros descendientes, ya sean bienes materiales (muebles o inmuebles) o inmateriales (fiestas, costumbres, conocimientos, rituales, creencias, tradiciones, etc.).
El concepto de Patrimonio Cultural como elemento humano se entiende en contraposición al de Patrimonio Natural, si bien en algunas ocasiones puede haber relación (Ej.: La Albufera)
El patrimonio Histórico Español es una riqueza colectiva que contiene las expresiones más dignas de aprecio en la aportación histórica de los españoles a la cultura universal. Su valor lo proporciona la estima que, como elemento de identidad cultural, merece a la sensibilidad de los ciudadanos. Porque los bienes que lo integran se han convertido en patrimoniales debido exclusivamente a la acción social que cumplen, directamente derivada del aprecio con que los mismos ciudadanos los han ido revalorizando. Preámbulo Ley 15/85 de Patrimonio Histórico Español.
El patrimonio Cultural Valenciano es una de las principales señales de identidad del pueblo valenciano y el testimonio de su contribución a la cultura universal. Los bienes que lo integran constituyen un legado patrimonial de inapreciable valor, la conservación del cual y el enriquecimiento corresponde a todos los valencianos y especialmente a las instituciones y los poderes públicos que los representan. Preámbulo Ley 11/1998 de Patrimonio Cultural Valenciano.
categorías de objetos comprendidos dentro de un concepto genérico más amplio que llamamos bienes culturales. Es un concepto en evolución y, por tanto, un concepto relativo que se construye mediante un proceso complejo de atribución de valores que cambian a lo largo de la historia por las modas o por propio dinamismo de la sociedad. Este relativismo es el que explica las diferentes actitudes que se han tenido frente a los bienes históricos en las distintas épocas. De esta forma, mediante estos criterios se justifica la necesidad de su conservación y transmisión a las generaciones futuras.
Por tanto, los bienes culturales han existido desde siempre desde el punto de vista objetivo, y lo que ha cambiado es la forma de veros, valorarlos y entenderlos. A continuación se haremos un recorrido por las diferentes épocas de la historia para ver la evolución de esa mirada hacia los bienes culturales.
Durante la Antigüedad el sentido de Patrimonio tiene un significado de riqueza personal y su valor se mide en términos dinerarios, una concepción muy alejada de la actual.
Los mecanismos para la consecución de bienes patrimoniales fueron muy diversos, como:
En esta época, el patrimonio es sinónimo de posesión personal y su valor se mide en términos dinerarios, una concepción muy alejada de la actual. Debido a esa atribución de valor económico, la apropiación de valor económico, la apropiación de patrimonio se centraba en la rapiña de alhajas y metales preciosos. Los objetos eran valorados sólo por su valor material y no por su valor estético.
Por tanto, la dimensión estética o artística era frecuentemente menospreciada y la conquista de un territorio provocaba la destrucción de manifestaciones culturales de los pueblos vencidos con la finalidad de borrar su memoria y favorecer la acción colonizadora
de los vencedores. Hay que entender estas actitudes desde el etnocentrismo y la intolerancia de las ciudades antiguas.
En base a esto, los botines de guerra tenían cuatro posibilidades:
La dinastía de los Atálidas valoró los objetos por su valor intrínseco artístico. Durante la época helenística, los reyes atálidas de Pérgamo fueron los primeros en plantearse el almacenamiento de sus tesoros de una forma diferente, pues concibieron la disposición de los objetos según su valor intrínseco. Los objetos fueron guardados y clasificados bajo una perspectiva fundamentalmente estética, por encima de criterios utilitarios o económicos. Por eso, más que tesoros como en las civilizaciones más antiguas, se trataba más bien de colecciones ordenadas donde hasta los objetos cotidianos fueron estimados desde una vertiente estética.
Se valora el pasado romano como referente de perfección. La desaparición del Antiguo Imperio Romano no fue impedimento para que lo clásico fuera un referente de perfección.
Las formas plásticas romanas son asimiladas y cristianizadas. Todos los elementos visuales, plásticos y simbólicos son cristianizados y asimilados en esta época.
No hay una distancia histórica respecto a la antigüedad romana. La Iglesia y las diferentes monarquías europeas se consideraban herederas de la tradición imperial, por lo que no había una ruptura ni una distancia histórica respecto a la antigüedad romana, algo necesario para que aparezca el concepto de patrimonio. Roma no era algo que perteneciera al pasado, sino que se quería mantener aún vivo, de modo que se estableció una especie de relación directa. Es una evolución y, por tanto, las formas plásticas eran usadas como referencia.
Coleccionismo acumulativo con los rasgos parecidos a los de la antigüedad romana. Se trata de un coleccionismo acumulativo, basado en la acumulación de tesoros; algo parecido a lo que pasaba en los templos de las civilizaciones antiguas, donde los objetos eran guardados como objetos litúrgicos preciosos (las reliquias) y otras obras eran de carácter profano (piezas exóticas procedentes de países lejanos obtenidos gracias a las Cruzadas). Las cruzadas, por otro lado, eran las que generaban interesantes botines de guerra que eran llevados a Europa, los cuales se iban almacenando siguiendo los criterios antiguos.
La Iglesia Católica es la que formaba una unión y fue la que mantuvo estas estructuras de la antigüedad, por lo que la Iglesia custodiaba una gran colección de objetos antiguos como estatuas, columnas, etc., romanos para la construcción o con una finalidad decorativa. En las iglesias también se conservaron las grandes obras escritas de la Antigüedad, donde fueron copiadas y traducidas, por lo que los scriptoria fueron de vital importancia.
Los bienes estaban en posesión de las órdenes religiosas y de las élites, quienes hasta el siglo XVIII son los únicos que tenían la capacidad de apropiación y acumulación. En este sentido hay que resaltar esa posesión por parte del papado que hace que se proclamen herederos de la Roma imperial para legitimarse y neutralizar la tradición bizantina, de los pueblos invasores bárbaros, y por tanto esta legitimización se hacía, en gran medida, gracias a la apropiación de los vestigios de Roma que eran considerados como un signo que se ponía en relación con ese pasado glorioso que era Roma.
La apropiación del pasado hace que no haya una distancia histórica que posibilite una valoración patrimonial de los bienes.
El Renacimiento encuentra su fuente de inspiración en la Antigüedad Clásica. El Renacimiento surge en Italia como un movimiento de renovación cultural que encuentra su fuente de inspiración en la Antigüedad Clásica. Respecto a la Edad Media, hay un cambio importante y es que ahora sí que existe una conciencia de la distancia histórica que les separa de los referentes clásicos.
Hay una plena conciencia de la distancia histórica que separa los referentes clásicos, que posibilita la aparición del concepto de monumento. La misma denominación de Edad Media se acuña en el Renacimiento para marcar el periodo de tiempo que separa su época del mundo antiguo, igual que el concepto de arte gótico, que lo usan para referirse al arte bárbaro que les separaba del arte clásico. En el Renacimiento sí que hay un rompimiento en relación con la época anterior, con la Edad Media, pues es justo aquí cuando aparece ese concepto de clasificación por etapas de los periodos históricos. Los objetos del pasado fueron empezando a ser valorados como testimonios de la historia que contenían las imprentas de paso de los siglos y además avalaban la información adquirida en los textos escritos de las civilizaciones antiguas.
La distancia histórica posibilitó la aparición del concepto de monumento, un monumento que se entiende como lugar privilegiado relacionado con unos sucesos histórico, superando así la apropiación del pasado romano característico de toda la Edad Media. Por eso, los monumentos durante el Renacimiento comienzan a verse como testimonio de la
Manierismo. Más adelante, se recuperaría de nuevo con el Neoclasicismo. Por tanto, de una manera u otra, siempre hubo una valoración de las formas de la arquitectura clásica.
Durante el Manierismo, aparecen los objetos extraños y extravagantes, en línea con esa deformación de los principios clásicos. Comienza a aparecer también una intención clasificadora muy tenue.
En cuanto a los bienes muebles, el coleccionismo acumulativo fue sustituyéndose, a partir del siglo XV, por una valoración histórica, artística o documental de las obras.
A finales del XVII, estas familias acomodadas que tenían acceso a la cultura hacen lo que se conoce como cámara de las maravillas, colecciones privadas sólo al alcance del círculo más próximo al coleccionista que eran consideradas como un elemento de prestigio social. Estas cámaras se pueden entender como una evolución del coleccionismo manierista por el gusto de las rarezas, por aquello que se sale de norma, donde había objetos exóticos y raros. Uno de los primeros coleccionistas en sentido moderno fue el Duque Jean Berry, quien superó la ostentación y se interesó por documentar sus colecciones.
A partir de la segunda mitad del siglo XVIII, empieza a haber una superación de las dos principales limitaciones anteriores de la Edad Moderna:
Estos cambios se explican fundamentalmente gracias a:
- El papel de la Ilustración: anticuarios y arqueólogos en el nacimiento de la historia del arte.
En el centro del ambiente del enciclopedismo ilustrado, los anticuarios franceses elaboran un corpus de edificios registrados que, además de las ruinas de la antigüedad, incluían también edificios medievales que eran considerados en Francia como monumentos nacionales.
El Siglo de las Luces culminó con un proceso de universalización de la cultura que facilitó una mirada artística hacia el pasado histórico, los vestigios del cual fueron protegidos con diferentes mecanismos legales. En este marco de la Ilustración, hay un interés por conseguir un conocimiento científico de las cosas (filtro de la razón) y se impulsan expediciones científicas; se hacen las primeras excavaciones arqueológicas con criterios rigurosos.
Por tanto, esos vestigios comienzan a valorarse en tertulias y círculos de reunión organizados por las élites ilustradas. Esto propiciará que, más adelante, en el siglo XIX, la nueva clase social dominante, la burguesía liberal, valorará también los bienes culturales como un elemento de imitación de aquellas élites ilustradas y por el prestigio social.
La cultura se convirtió en una forma de manifestar el ascenso social ya que servía para eliminar las diferencias entre clases. De hecho, una de las características de los círculos ilustrados era su carácter abierto. También dentro de estos círculos, se recopila por primera vez el pasado artístico. Aparecen las primeras recopilaciones que hacen los anticuarios franceses y sus publicaciones conforman un primer inventario o registro de bienes culturales. En estas se incluyen no sólo los vestigios de la Antigüedad, sino también los edificios medievales (ampliación del concepto de monumento).
Otro hecho importante es la atención a las ruinas de la Antigüedad en dos grandes hitos: las excavaciones de Herculano (1713) y de Pompeya (1748). Lo que diferencia estas campañas arqueológicas de las excavaciones anteriores, era la posterior publicación de estudios donde se muestran los resultados de las excavaciones. A diferencia del Renacimiento, donde había un interés particular por estudiar las formas clásicas, los
desamortizaciones fueron la primera gran pérdida para el patrimonio español. Lo que nos ha llegado es una mínima parte de toda la riqueza artística.
La primera fue la de Godoy (1766). Los jesuitas son expulsados y sus bienes puestos a la venta. También afectó esta desamortización a hospitales, casas de misericordia, gremios y cofradías. La siguiente desamortización se lleva a cabo entre 1808 y 1814 en el contexto de la Guerra del Francés, tanto por los invasores como por las Cortes de Cádiz. Tuvo un alcance muy débil ya que afectó sólo a los bienes de la Inquisición y a algunos conventos y monasterios. Después, la más conocida por su impacto fue la Desamortización de Mendizábal en 1836-37, con la que desaparecieron la mayor parte de conventos y monasterios. Más tarde, en 1855, se produce la Desamortización de Madoz, la cual duró mucho tiempo.
En cuanto a los bienes inmuebles , los monasterios, por ejemplo, además de ser un conjunto arquitectónico, tenían una serie de bienes muebles importante. Con la desamortización, los eclesiásticos son expulsados y, en muchos casos, fueron objeto del expolio por parte de la población o de los antiguos monjes. Cuando se compraban un monasterio, lo que interesaba era el lote de tierras que se incluían en la venta. En muchos casos, los edificios eran desguazados para aprovechar los materiales de construcción (piedra, madera, baldosas, etc.).
Existieron en realidad tres usos principales para los bienes inmuebles desamortizados; El primero es el que ya se ha nombrado, el desguace y la destrucción. En segundo lugar, los que estaban en núcleos urbanos sirvieron para ampliar espacios urbanos derribándolos (como el convento de San Francisco en la Plaza del Ayuntamiento de Valencia). En tercer lugar, podían ser retenidos por el Estado para servir a sus necesidades (Museo San Pío V o Convento de Santo Domingo) En muchos pueblos los cuarteles de la Guardia Civil se instalaron en estos edificios.
Estuvimos viendo el caso del Monasterio de Valdecrist o de la Valldigna. Se desamortizó y luego pasó a manos privadas aunque la comisión decidió conservarlo por su valor, pues fue un monasterio creado por Jaume I. En la actualidad se encuentran bien conservadas las puertas y demás, aunque hay cosas que no se conservan y que se conocen sólo por fotos, documentos o grabados del siglo XVII. La crónica dice que se hicieron fotografías y dibujos para que algún día, cuando desapareciera, quedaran recuerdos. Esto resume la
impotencia de actuación ante un edificio que estaba en manos privadas y donde no se podía actuar.
Vemos también una foto de Lo Rat Penat, de la iglesia con el baldaquino de mármol que se inspiraba en el de San Pedro. Al poco tiempo, este baldaquino fue dinamitado simplemente para que la iglesia ganara espacio como almacén de naranjas. Esto hizo que la iglesia se mantuviera, porque servía para algo.
Vemos un plano de la Valencia barroca publicado por Sanchis Guarner y todos los elementos que aparecen en negro son edificios que había en la ciudad antes de la Desamortización, como el convento de Santo Domingo, el Convento del Temple, la Catedral, el Monasterio del Carmen, el Pilar, etc. Hay una serie de conventos, la mayoría de los cuales han desaparecido. Queda, por ejemplo, el convento de San Agustín que fue convertido en presidio cuando el resto de cárceles estaban completas. A partir de que se crease una cárcel más grande, el claustro de san Agustín queda sin uso y es destruido. En ese emplazamiento es donde se puso el primer mercado de Abastos.
Otro ejemplo es el Convento de Belén, que fue destruido para hacer viviendas en el 1920. También pasó lo mismo con el Convento de la Zaidia o el Convento del Pilar, que tenía un claustro que, a finales de los 60 o 70 se derrumba para hacer viviendas militares. Otro edificio es el San Pío V, que era un hospital militar y que, en los años 20 amenazaba ruina. Se derrumbó la cúpula y, en los años 40, se reaprovecha como Museo de Bellas Artes. Otros ejemplos son el Convento de Santo Domingo o el caso de la Colegiata de San Bartolomeu, que en los años 40 se declara en ruina, relativamente, y se derrumba la iglesia conservando sólo como testimonio el campanario. En la calle san Vicente, donde está el teatro Olimpia, estaba el Convento de San Gregorio que también fue derrumbado. El caso más significativo como aprovechamiento del espacio para construir viviendas es el convento de San Francisco, que fue destruido para construir la actual Plaza del Ayuntamiento.
En el caso del patrimonio mueble, sí que hubo un interés por protegerlo. Hubo tres procedimientos diferentes según el tipo de patrimonio; artístico, documental o bibliográfico.
Patrimonio documental.
La Revolución Francesa conllevó una nueva valoración del patrimonio cultural como un conjunto de bienes de carácter público que se debía conservar y proteger física y jurídicamente en beneficio del interés general. Se consideraron elementos significativos de la cultura de una nación, pero los bienes culturales todavía eran sólo accesibles a una élite que, en este caso, era la burguesía.
A partir de la Revolución Francesa aparece la tutela del Estado en el Patrimonio cultural, y otro cambio importante que se da es que el conjunto de bienes culturales muebles adquiere una dimensión pública, lo que comporta la nacionalización de muchas colecciones privadas para ponerlas al servicio de la colectividad. El ejemplo más claro es que en 1791 se abre al público el Museo del Louvre como museo nacional. El origen de este museo es la nacionalización de las colecciones de la monarquía francesa que son expuestas al público en este edificio. Por tanto, una colección que hasta ahora era privada ahora pasa a ser propiedad del estado y se abre al público.
El paralelismo en el caso de España lo tenemos en el Museo del Prado. En el Prado la primera colección se abre al público en 1823, pero la Corona continuaba manteniendo la propiedad. Finalmente, con la Revolución Liberal de 1868, es cuando se nacionalizan las colecciones reales y pasan a ser propiedad del Estado.
En Francia, una ley de 1781 planteaba la necesidad de inventariar los museos nacionales por una serie de razones entre las que se citaban, por ejemplo, su importancia histórica, la belleza estética y su interés pedagógico para el conocimiento del pasado. Sin embargo, los bienes culturales sólo fueron accesibles a una élite que tenía acceso a la cultura y a la educación. La pretensión ilustrada de generalizar la cultura quedará todavía lejos.
Un paso en esta difusión lo estableció el Romanticismo como movimiento cultural. El Romanticismo establece vínculos emocionales entre las personas y su pasado histórico como base del espíritu nacional de los pueblos. La apreciación del patrimonio deja de estar en manos de una élite y comienza a popularizarse.
Se mira al pasado con la intención de encontrar los elementos significativos que habían determinado a lo largo de la historia la forma de ser las sociedades contemporáneas. Por eso, a lo largo de todo el siglo XIX, en todos los países de Europa se da un proceso
generalizado de identificación con sus monumentos más significativos. Esta identificación no se consigue de forma científica como habían hecho los ilustrados, sino que en muchos casos se consigue por otros medios como la prensa escrita, o incluso, las obras literarias.
El Romanticismo aparece cargado de una fuerte conciencia nacionalista donde los monumentos adquieren un carácter simbólico y representativo de esa identidad en relación con su historia. En muchos países, el periodo medieval es donde encuentran su identidad colectiva. Por tanto, en arquitectura se revalorizan determinados monumentos del pasado.
El siglo XIX coincide con un revival en arquitectura historicista medieval. Como ejemplo tenemos la arquitectura neogótica.
Según Ignacio González Varas (2000), la recuperación y valorización del patrimonio se hace siguiendo tres vías:
Durante el siglo XIX, fueron frecuentes en Europa manifestaciones literarias y espiritualistas que se centraron en determinados monumentos, sobre todo medievales, los dotaron de contenidos simbólicos y los revalorizaron. Determinados monumentos medievales se relacionan con la idea de nación. Por tanto, el monumento histórico se convierte en este siglo XIX en el depositario de los valores ideológicos y espirituales que le atribuye el Romanticismo. En este caso son significativas la novela de Nôtre Dame, de Victor Hugo, o la novela La Catedral de Blasco Ibáñez, que se centra en la Catedral de Toledo. Otro ejemplo es la guía de viaje de la Comunidad Valenciana realizada por Teodoro Llorente. Ya no se hace un estudio científico y erudito de los monumentos, sino que se trata de sentimiento e impresiones.
La historia se materializa en símbolos del pasado. Otro ejemplo significativo es la Catedral de Colonia, que se convierte en símbolo nacional. Fue construida entre 1248 y 1510, pero queda inacabada por motivos económicos. A parte de 1942, dentro de la
Valores rememorativos. Que surgen del reconocimiento de su pertenencia al momento histórico.
Valores de contemporaneidad. Que son valores que adquieren los monumentos con independencia de su pertenencia al pasado, ya que la mayor parte de los monumentos son
capaces de satisfacer necesidades materiales o espirituales de una manera parecida a las creaciones contemporáneas.
Valor instrumental. Es el valor que se otorga a un monumento teniendo en cuenta su capacidad de satisfacer necesidades materiales o prácticas en el presente. Por tanto, la atención a este valor impone su restauración para hacer funcionar el monumento. En este sentido, un ejemplo sería el Museo de Prehistoria de Valencia, antigua casa de la Beneficencia.
Valor artístico. Para Riegl, es un valor subjetivo establecido en el mundo presente y determinado según la capacidad de un monumento de satisfacer las exigencias del concepto de arte que se tenga en ese momento. Debido a que el concepto de arte ha ido cambiando, es un valor relativo y subjetivo que tiene un carácter de contemporaneidad.
La aportación de Aloïs Riegl de valores de contemporaneidad fue importante para la valoración de los bienes culturales de otros lugares y ambientes alejados del ámbito occidental, donde se había creado el concepto de patrimonio. Esto repercutió también en una apertura del concepto mismo de patrimonio cultural y abrió la posibilidad de considerar como tan no únicamente las obras del pasado, sino también manifestaciones artísticas contemporáneas, expresiones folklóricas, etnográficas o de otro tipo que no son específicamente artísticas pero que pueden asumir un significado importante para la sociedad.
De esta manera se pasa del monumento nacional, paradigma del patrimonio histórico- artístico decimonónico, al bien cultural. Se supera así la idea del monumento del pasado como gran obra única e irrepetible. Un ejemplo es el cambio que se aprecia en la arqueología; en un principio se buscan obras de arte (esculturas) y se evoluciona hacia la investigación de los objetos de la vida cotidiana.
Del gran monumento nacional, ligado al surgimiento de los nacionalismos históricos y a la ideología de la clase burguesa liberal, al concepto de BIC. Supone un cambio de la concepción social gracias a la propia evolución de la sociedad hacia regímenes democráticos y a la aportación a la historiografía de la Escuela de los Annales. Éste supuso un cambio en la forma de ver la historia humana que no podía hacer otra cosa sino modificar también el concepto de patrimonio.