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Pdf libro AMIR completo oftalmológia
Tipo: Guías, Proyectos, Investigaciones
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A David y Adela.
Dirección AMIR
OFTALMOLOGÍA (3ª edición) ISBN-13: 978-84-612-6338-
DEPÓSITO LEGAL M-39488-
ACADEMIA DE ESTUDIOS MIR, S.L. (AMIR) www.academiamir.com [email protected]
MAQUETACIÓN E ILUSTRACIONES Iceberg Visual
IMPRESIÓN Grafinter, S.L.
La protección de los derechos de autor se extiende tanto al contenido redaccio- nal de la publicación como al diseño, ilustraciones y fotografías de la misma, por lo que queda prohibida su reproducción total o parcial sin el permiso del pro- pietario de los derechos de autor.
] ÍNDICE [
Ocurre en la retinopatía diabética proliferativa avanzada, pro- cesos isquémicos neovasculares retinianos (fibroplasia retrolen- tal, anemia falciforme, síndrome de isquemia ocular, en las obstrucciones de la arteria carótida interna, obstrucción de la arteria central de la retina, trombosis de la vena central de la retina), proliferaciones vitreorretinianas, tras perforación ocular o cirugía intraocular.
Exudativo Es el menos frecuente de los tres tipos (MIR 97, 3). Se produ- ce por exudación a nivel de la coroides en procesos neoplási- cos, vasculares o inflamatorios (enfermedad de Harada).
El paciente refiere la presencia de una cortina que le va tapan- do progresivamente el campo visual, hasta afectarle la visión central, según progresa el desprendimiento de retina. Si como antecedente presenta un desprendimiento posterior de vítreo son frecuentes la presencia de miodesopsias (moscas volantes) o de fotopsias (visión de luces como relámpagos), debido a las tracciones mecánicas que se producen sobre la retina (MIR 01, 157; MIR 01F, 157; MIR 98F, 62). Oftalmoscópicamente se visualiza la retina desprendida que aparece como una bolsa blanquecina móvil.
Consiste en aposicionar la retina sobre el epitelio pigmentario. Esto se consigue de diversas formas en función del tamaño, localización y tipo de desprendimiento (MIR 99, 152) :
Las distintas técnicas utilizadas son:
La vascularización del globo ocular depende la arteria oftálmi- ca, rama de la carótida interna. La oftámica se divide en:
La oclusión arterial retiniana produce un cuadro de pérdida visual total si es central, o altitudinal si es de rama, brusca e indolora. Aparece también un defecto pupilar aferente (ver Neuroftalmología) (MIR 00F, 161; MIR 98, 217).
Figura 3. Desprendimiento de retina.
Figura 2. Desprendimiento de retina regmatógeno.
Diseño: Cristina Argent
Figura 4. Vascularización del globo.
Arteria oftálmica (rama de carótida interna)
Arterias ciliares Arterias central de la retina
Anteriores: para músculos y úvea anterior
Posteriores
Largas: para músculos y úvea anterior
Cortas
Forman la coriocapilar Nutren la papila
El tratamiento es el masaje ocular o la paracentesis para pro- ducir una reducción brusca de la presión intraocular, intentan- do facilitar el avance distal del émbolo. Otra posibilidad es pro- vocar la vasodilatación arteriolar mediante la inhalación de O (^2) al 95% o la inyección retrobulbar de sustancias vasodilatado- ras. También se ha usado la acetazolamida para disminuir la presión intraocular. El tratamiento sólo tiene probabilidad de éxito si se realiza en las primeras horas.
Todo paciente con una oclusión de la arteria central de la reti- na debe ser sometido a un estudio sistémico que incluya ECG, ecocardio y doppler carotídeo con la intención de descubrir el posible foco embolígeno y evitar otros accidentes isquémicos (MIR 05, 149).
Es un cuadro más frecuente que la oclusión arterial, pero menos devastador. Cursa con disminución de la visión indolo- ra, aunque en ocasiones puede pasar desapercibida si afecta a venas alejadas de la región macular. Es más frecuente en muje- res, aumenta con la edad y el factor más importante de riesgo es la hipertensión arterial y la esclerosis vascular, debido a la compresión que se produce a nivel de los cruces arterioveno- sos. Otros factores etiológicos serían: los estados de hipercoa- gulabilidad o hiperviscosidad sanguínea, el aumento de la pre- sión intraocular y los fenómenos compresivos locales. Oftalmoscópicamente veremos múltiples hemorragias intrarreti- nianas "en llamaradas", con exudados algodonosos, edema y dilatación venosa marcada en el área dependiente de la vena trombosada. El edema puede alcanzar a la papila óptica provo- cando el borramiento de sus bordes (MIR 08, 151; MIR 99, 153).
En las formas isquémicas de las obstrucciones venosas pueden aparecer neovasos a nivel retiniano y en iris, pudiendo produ- cir hemorragias vítreas (por la fragilidad de estos nuevos vasos) y glaucoma neovascular (por la aparición de neovasos en el ángulo iridocorneal). El tratamiento, en caso de aparición de neovasos, consiste en la fotocoagulación retiniana con láser. Aunque es común en la práctica clínica habitual, no hay nin- guna evidencia científica de que la anticoagulación tenga algu- na utilidad para prevenir posibles episodios en el otro ojo o sis- témicos.
Es la causa más frecuente de ceguera irreversible en la edad laboral. Es la manifestación a nivel retiniano de la microangiopatía dia- bética (afectación SNP, nefropatía y retinopatía) y se considera asociada al tipo de diabetes (más frecuente y más severa en tipo I), al tiempo de evolución, al mal control metabólico, a la elevación de la tensión arterial, tabaco, embarazo, nefropatía... Esta microangiopatía produce una alteración de la barrera hematorretiniana con formación de microaneurismas (general- mente el primer hallazgo), exudación (exudados duros por extravasación de lipoproteínas y edema) y hemorragias. También isquemia retiniana que induce neovascularización en retina, vítreo e iris con el consiguiente riesgo de producirse glaucoma neovascular por obstrucción de la malla trabecular. Los neovasos tienen un crecimiento desordenado y anormal provocando hemorragias a nivel vítreo y produciendo despren- dimientos de retina traccionales por contracción del tejido de
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Figura 6. Hemorragias en llama de una trombosis de la vena central de la retina.
Figura 5. Mácula rojo cereza de una obstrucción de arteria central de la retina.
FRECUENCIA ++
Tabla 1. Obstrucciones vasculares.
TVCR OACR
LESIÓN TÍPICA Hemorragias en llama Mancha rojo cereza
PRONÓSTICO Variable^ Malo
TRATAMIENTO El de las complicaciones
Masaje Paracentesis de CA O 2 al 95%
Está considerada como una enfermedad degenerativa, con graves lesiones oculares a nivel de polo posterior y periférico, que va asociada a un aumento del eje anteroposterior del ojo. Se considera a partir de las 6-8 dioptrías. Comienza a la edad escolar y progresa a lo largo de los años. En el fondo de ojo podemos encontrar:
Degeneración retiniana con afectación de bastones, epitelio pigmentario y finalmente conos. Se hereda de forma autosó- mica dominante, de forma autosómica recesiva (la más fre- cuente) y ligada al X. Clínicamente se produce reducción concéntrica del campo visual, dando visión en "cañón de escopeta", y hemeralopía (ceguera nocturna). No se debe confundir con nictalopía que es justo lo contrario de lo que parece, es decir, mala visión diur- na (MIR 05, 146). Oftalmoscópicamente en el fondo de ojo se aprecian acúmulos pigmentarios en forma de espículas óseas periféricas, ate- nuación vascular generalizada y atrofia del nervio óptico.
Es la causa más importante en mayores de 60 años de ceguera bilateral irreversible en los países occidentales. Clínicamente produce el síndrome macular cuyo síntoma fun- damental son los escotomas centrales, junto con metamorfop- sias (ven las líneas torcidas) que se exploran con la rejilla de Amsler, disminución de la agudeza visual, alteración en la visión de los colores y micropsia/macropsia. Se describen dos tipos de DMAE:
Figura 11. Foto de miope magno. -^ DMAE húmeda : cuadro mucho más devastador con pérdi-
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Figura 12. Foto de retinosis pigmentaria.
Figura 9. Signo de Gunn.
Diseño: Cristina Argent
Figura 10. Signo de Salus.
Diseño: Cristina Argent
da severa y rápida e irreversible de la visión. Se caracteriza por el crecimiento de neovasos en el espacio subretiniano, dando lugar a exudación y hemorragias. Los síntomas fundamenta- les son los escotomas centrales y las metamorfopsias (líneas torcidas) En el diagnóstico clínico es útil el uso de la Rejilla de Amsler, y la realización de angiografía fluoresceínica para ver la formación de los neovasos que crecen desde la coroides hacia la retina (neovascularización coroidea) (MIR 99, 156). El tratamiento se realiza con la inyección de sustancias fotosen- sibilizantes (verteporfin) y la posterior exposición a un láser de una determinada longitud de onda, intentando producir el cierre de los neovasos subretinianos. Recientemente se han comercializado unas nuevas sustancias que intentan inhibir los factores de crecimiento del endotelio vascular y la angio- génesis responsables de la formación de la neovascularización.
Los antipalúdicos, sobre todo la cloroquina , pueden producir toxicidad macular, " maculopatía en ojo de buey ", con dis- minución de la agudeza visual y alteración en la visión de los colores. Necesitan revisiones periódicas, cada 6 meses, con toma de agudeza visual, test de rejilla de Amsler, campos visuales maculares, potenciales evocados visuales y test de colores con el fin de su diagnóstico precoz.
La patología más frecuente que afecta al vítreo es el des- prendimiento del vítreo posterior. La bolsa de hialoides vítrea que ocupa la cavidad vítrea presenta una serie de adhe- rencias retinianas a nivel de la ora serrata, de los vasos y de la papila. Los procesos involutivos y de sínquisis en el vítreo pro- ducen el desprendimiento posterior del vítreo. Este fenómeno es más frecuente en pacientes miopes, afáquicos y de edad avanzada. El síntoma fundamental son las miodesopsias (moscas volan- tes). Es una patología vanal en la mayoría de los casos, pero en un pequeño porcentaje pueden provocar tracciones vitreorreti- nianas periféricas con hemorragias y desgarros retinianos que predisponen al desprendimiento de retina regmatógeno, sien- do necesario el tratamiento de estos desgarros mediante foto- coagulación, criopexia o cirugía con métodos de cerclaje e implantes extraesclerales.
Figura 15. Desprendimiento de vítreo posterior.
Figura 13. Rejilla de Amsler.
Figura 14. Maculopatía en ojo de buey por cloroquina.
Es importante recordar la clínica de los distintos procesos relacionados con el desprendimiento de retina tal y como los han preguntado en el MIR.
La pérdida brusca e indolora de la visión acompañada de una mancha rojo-cereza en el fondo de ojo nos indica la presencia de una obstrucción de la arteria central de la retina. Si, en cambio, en la imagen de fondo de ojo aparecen hemorragias diseminadas en llamarada hablamos de trombosis de vena (más frecuente que la obstrucción arterial).
La retinosis pigmentaria produce mala visión nocturna (hemeralopía) y escotoma anular por degeneración de los bastones.
Ante un paciente diabético con pérdida brusca e indolora de la visión hay que sospechar en primer lugar la hemorragia vítrea por sangrado de los neovasos.
El único tratamiento eficaz en la retinopatía diabética es la fotocoagulación con láser Argón mediante panfotocoagula- ción en la forma proliferativa o focal para el edema macular.
Para identificar las lesiones de la vía óptica es importante estu- diar los campos visuales de ambos ojos. Las normas básicas para identificar la localización son las siguientes:
Figura 3. Esquema de la vía óptica.
Diseño: Cristina Argent
Figura 2. Campos visuales de los sectores retinianos.
debe hacernos sospechar la afectación de las cintillas ópticas a nivel temporal (donde se localiza la vía óptica a nivel infe- rior), y si es del campo visual inferior, la afectación es a nivel parietal.
El edema de la cabeza del nervio óptico se produce por blo-
queo del flujo axoplásmico (el que permite la circulación intra- celular). El flujo axoplasmático puede bloquearse por hiper- tensión intracraneal (en tumores, meningitis, aneurismas, idiopática, etc.), isquemia o inflamación. Cuando se debe a hipertensión intracraneal se denomina papiledema. El papiledema no produce disminución de la agudeza visual , al menos en las etapas iniciales. En el campo visual hay un aumento de la mancha ciega. En la exploración funduscó- pica hay un borramiento de los límites papilares de forma bila- teral, asociado o no a hemorragias y exudados (MIR 06, 159).
Supone la inflamación del nervio óptico. Existen dos tipos.
Clínica Existe disminución de la visión brusca, con alteración en la per- cepción de los colores, escotoma central o centrocecal, dolor con los movimientos oculares y defecto pupilar aferente (MIR 08, 52).
Etiología
Se debe realmente a una isquemia de la cabeza del nervio ópti- co por la oclusión de las arterias ciliares posteriores cortas. Distinguimos dos tipos:
Forma arterítica La edad media de aparición es de 65-75 años. Pérdida masiva y brusca del campo visual acompañada de sintomatología de arteritis de la temporal (pérdida de peso, VSG elevada, fiebre, claudicación mandibular, polimialgia reumática...). Más fre- cuente en mujeres. Para evitar la bilateralización es necesario el tratamiento corticoideo a dosis altas aunque no mejora el pro- nostico del ojo afecto. El diagnóstico se establece por la clínica y las pruebas complementarias (VSG elevada) y se confirma por medio de la biopsia de la temporal.
Forma no arterítica Se trata de pacientes de edad media comprendida entre los 50 y 65 años. Más frecuente en varones. Se produce una menor afectación visual que en la forma arterítica (escotoma altitudi- nal). Entre los factores de riesgo destacan HTA, arterioesclero- sis y diabetes. En la patogenia de esta enfermedad se han rela- cionado los picos hipotensores nocturnos con la posibilidad de sufrir un infarto del nervio óptico.
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Diseño: Cristina Argent
Figura 4. Defectos campimétricos.
Hemianopsia incongruente Hemianopsia congruente
Figura 5. Edema de papila.
terior (característico), tumores, herniación uncal, etc., ya que circulan por la periferia del nervio, como hemos comentado.
IV par La etiología más frecuente es por TCE. Produce diplopia verti- cal más intensa de cerca que de lejos. Se asocia a tortícolis con giro de la cabeza hacia el hombro opuesto de la parálisis (para compensar la alteración torsional).
VI par Limitación a la abducción. Es el par craneal más afectado en cualquier proceso intracraneal ocupante de espacio. Produce diplopia horizontal más intensa de lejos. Se asocia a tortícolis con giro de la cara hacia el lado afecto (para compensar el defecto de la abducción de ese ojo).
Tratamiento La mayoría son autolimitadas en el tiempo y se indica oclusión alternante. Si no se resuelven se puede utilizar la inyección de toxina botulínica o tratamiento quirúrgico. También se pueden usar cristales con prismas para intentar anular la doble imagen (MIR 01, 159).
Se define como la pérdida de paralelismo de los ojos. Es de tipo "concomitante", es decir, mantiene la desviación en todas las posiciones de la mirada. El 60% son idiopáticos, y un 20% son acomodativos. Estos últimos se producen en pacientes hiper- métropes donde la acomodación inducida para compensar la hipermetropía incluye la convergencia, y su exceso acaba pro- vocando estrabismo.
El estrabismo provoca diplopia (no se produce fusión de la imágenes a nivel cerebral pues el estímulo se recoge en distin- tas zonas de la retina para cada ojo), o bien confusión (las dos foveas reciben imágenes diferentes provocando la superposi- ción a nivel cerebral). Nuestro cerebro se defiende de estos fenómenos con la supresión de la información que le llega del ojo desviado, con la ambliopía (ojo vago) que se define como la disminución de la agudeza visual sin que exista una causa orgánica que lo justifique, o con la correspondencia retinia- na anómala(MIR 97F, 150). La exploración se realiza observando el reflejo de una luz cen- trada entre los dos ojos a nivel de la córnea (test de Hirschberg): si el reflejo se desvía hacia un extremo u otro del margen pupilar, existe estrabismo. También se utiliza el Cover test, en el que ocluyendo un ojo se observa como responde el no ocluido y después el ocluido cuando retiramos la oclusión. Se basa en determinar el ojo dominante y ver cómo el no domi- nante se desvía cuando no recibe el estímulo de la visión. Con estos test se intentan detectar estrabismos latentes o forias (no visibles a simple vista) y estrabismos evidentes o tropías.
El tratamiento se basa en la estimulación del ojo no domi- nante con la oclusión del ojo dominante, estimulando la plas- ticidad neuronal para evitar la ambliopización del ojo desviado. Tiene buenos resultados hasta los 7-10 años, teniendo mejor pronóstico cuanto más precoz es el tratamiento. El estrabismo acomodativo requiere corrección total de la hipermetropía.
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Figura 11. Estrabismo acomodativo.
Figura 10. Parálisis del VI par.
1º Diabetes 2º Traumatismos Típicas:
Tabla 2. Parálisis oculomotoras.
ETIOLOGÍA CLÍNICA
III P.C.
1º Traumatismos (es el nervio más largo y delgado) 2º Isquémicas (diabetes) (único par craneal que sale por parte posterior de mesencéfalo)
IV P.C.
1º Diabetes (menos frecuente- mente que el III par) Típicas:
Figura 9. Parálisis del IV par.
Figura 12. Test de Hirschberg.
Diseño: Cristina Argent
Cuando la desviación es muy grande algunos tipos de estrabis- mos pueden requerir para el tratamiento toxina botulínica o cirugía para el alineamiento de los ojos. En caso de ambliopía irreversible, la cirugía sólo tiene una finalidad estética (MIR 00, 164; MIR 99, 155).
La aparición de un halo de colores que se desplaza centrífuga- mente ("espectros de fortificación") seguida tras menos de 30 minutos de cefalea configura el cuadro de la migraña clásica. Recuerda la sonofobia y fotofobia que se produce durante la migraña. La migraña complicada puede dar lugar a la aparición de secuelas neurológicas que afecten al campo visual (MIR 01F, 153).
Comprende:
Es una capa vascular y pigmentada que se encarga de la nutri- ción de las capas más externas de la retina. Incluye la epicoroi- des o lámina fusca, la coroides propiamente dicha y la mem- brana de Bruch.
Las uveítis son un grupo de enfermedades, la mayoría de causa desconocida, que afectan más frecuentemente a individuos jóvenes. Es una inflamación del tracto uveal y el término es usado para describir muchas formas de inflamación intraocular que pueden afectar a la úvea y a las estructuras adyacentes. Podemos realizar varios tipos de clasificación.
La mayoría son idiopáticas. Relacionadas con el HLA B27+. En pacientes adultos lo más frecuente es que se relacionen con la espondilitis anquilopoyética, y en jóvenes con la artritis crónica juvenil. La clínica es la de un ojo rojo doloroso, con fotofobia, posible lagrimeo y blefaroespasmo (tríada defensiva). Los signos son (MIR 06, 150; MIR 03, 55; MIR 00F, 106; MIR 97F, 151) :
La pupila miótica, el Tyndall o los precipitados endoteliales en un ojo rojo doloroso te empujan al diagnóstico de uveítis. Fíjate en las causas especiales de uveítis, cada una se da en un tipo de paciente característico. El tratamiento es sencillo y puede resolver alguna pregunta.
Iris
Cuerpo ciliar Coroides
Figura 1. Anatomía de la úvea.