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pedro páramo, Apuntes de Filosofía

Asignatura: filosofia, Profesor: Adela Adela, Carrera: Psicología, Universidad: UAM

Tipo: Apuntes

2014/2015

Subido el 01/05/2015

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ESTUDIO Y GUÍA DE LECTURA DE PEDRO PÁRAMO, DE JUAN
RULFO
[Apud Vicente Tusón y Fernando Lázaro: Literatura española. COU. Ed. Anaya, Madrid, 1991, pág. 459-471]
Datos biogracos sobre Juan Rulfo
Juan Rulfo nació en 1918, en Apulco, un pueblecito vecino
a Sayula, en el estado de Jalisco, región en la que viviría hasta
los 15 años y que sería el escenario de toda su obra. Tenía
seis años cuando muere asesinado su padre, víctima de la
0 0 1 Fviolenta historia de México. La Revolución meji cana se había
iniciado en 1910 y sus secuelas se prolongaron durante años,
con insurrecciones contrarrevolucionarias como la de los
«cristeros», llamados así porque luchaban en nombre de
Cristo y las tradiciones (de todo ello habrá referencias en
Pedro Páramo). En 1930 perdió a su madre. La infancia y la
adolescencia de Rulfo es triste: ruina familiar, colegios,
orfanatos, estancias en casa de algunos parientes... La
0 0 1 Fsoledad y un ta lante íntimo, reconcentrado, triste, lo definirán
desde entonces. Estudió contabilidad, y algo de leyes y de
0 0 1 Fliteratura, pero —en este último terre no— será sobre todo un
autodidacto.
En 1933 se traslada a México capital, pero no logra que le
convaliden sus estudios anteriores y no completará ninguna
carrera. Entra en contacto con ambientes literarios y
0 0 1 Fdesempeña diversos ofi cios —hasta vendedor de
neumáticos—, mientras comienza a escribir y a publicar
0 0 1 Fcuentos en revis tas. En 1953 aparece su primer libro, El
llano en llamas, que pasa casi inadvertido. En cambio, dos
años después la crítica será muy elogiosa con 001FPe dro
Páramo, cuya fama irá creciendo con los años hasta
convertirse en un clásico.
Sin embargo, el autor parece paralizado por el éxito;
apenas escribirá desde entonces; durante algunas
temporadas, caerá en el alcoholismo. Vive de empleos
administrativos, de trabajos como guionista en cine y
televisión. Desde 1964, ocupa un cargo en el Instituto
Indigenista de México. Intenta escribir una nueva novela, La
cordillera. Su fama le lleva a viajar por diversos países; viene
0 0 1 Fvarias veces a España, donde se le otorga el Pre mio
Príncipe de Asturias en 1983. Muere en México en 1986.
La obra. Características generales
Como rezaba un titular de prensa con ocasión de su
muerte, «Juan Rulfo pasa a la historia de la literatura con 250
páginas». Tal cifra es la que suman los cuentos de El llano en
llamas (1953) y la breve novela que vamos a estudiar, Pedro
001F ramo (1955). A ello sólo hay que añadir el leve volumen
titulado El gallo de oro y otros textos para cine recogidos en
0 0 1 F1980. En cuanto a la citada no vela, La cordillera, Rulfo habló
0 0 1 Fen diversas oca siones de su lenta y penosa elaboración: dijo
llevar escritas centenares de páginas; en otra ocasión, afirmó
haber roto muchas; o declaró su propósito de reducirla a un
0 0 1 Frelato breve, o a varios cuen tos...
0 0 1 FLo dicho nos conduce a una primera carac terística de su
obra: una elaboración escrupulosa que procede por
eliminación y condensación. Cada página suya parece
haber sido trabajada con un rigor absoluto: de ahí la
asombrosa perfección de sus obras acabadas, su poder de
sugestión y la densidad del contenido y del estilo.
La obra de Rulfo supuso 0 0 1 Funa profunda reno vación con
respecto a la narrativa realista 0 0 1 F, de am biente rural e
intención social. Sus temas 0 0 1 F coinci den en gran parte con los
de aquella corriente: lo rural, lo social... (lo veremos al analizar
sus obras). Pero el tratamiento de tales aspectos es nuevo,
tanto por su enfoque profundo como por la incorporación de
nuevas técnicas. Veámoslo.
El enfoque de Rulfo le lleva a trascender el plano de lo
estrictamente regional y social —sin restarle fuerza a estos
aspectos— para desembocar en temas universales, de
amplio alcance humano: el dolor, las ilusiones rotas, la
soledad, la muerte... La muerte, en especial, como reverso de
una vida vacía, traspasa con su obsesiva presencia la obra de
Rulfo.
Rulfo, asimismo, trasciende el enfoque realista
incorporando elementos fantásticos o, mejor 0 0 1 Fmíti cos. En
0 0 1 Fsus páginas, la visión directa de las reali dades más brutales
convive de forma fascinante con lo misterioso, lo alucinante, lo
sobrenatural. La realidad evocada por Rulfo está habitada a
menudo por seres extraños, por fantasmas, por fuerzas
0 0 1 Fdesconocidas (de todo será ejemplo máxi mo Pedro
Páramo). Ello hace del autor —como anticipamos— uno de los
primeros maestros del «realismo mágico». Y como tal lo ha
reconocido, por ejemplo, un García Márquez.
Fundamentales son las 0 0 1 Fnuevas técnicas narra tivas que
Rulfo emplea: la ruptura del desarrollo cronológico del relato,
0 0 1 Fel uso del monólogo inte rior, alternando bruscamente con
diálogos, el cambio inesperado del punto de vista, etc., son
algunos rasgos que emparentan a Rulfo con los grandes
0 0 1 Frenovadores de la novela europea y ame ricana (Kafka,
Joyce, Faulkner...) y lo sitúan a la cabeza de la renovación de
0 0 1 Fla narrativa hispano americana. De hecho, fue —como
indican las fechas de sus obras— un adelantado; y sólo en los
0 0 1 Faños 60, tras la consolidación de la nueva narra tiva, fue
valorado con plena justicia.
En cuanto al estilo 0 0 1 F, anticipemos sus profun das raíces en
el lenguaje popular mexicano; sus páginas suelen tener un
inconfundible aire de «cosa hablada». Sin embargo, de nuevo
hay que insistir en su concienzuda y esmerada elaboración. El
resultado es asombroso: una profunda 001Fasimila ción del
habla popular y, a la vez, una salvación estética —poética—
de esa habla. 0 0 1 FDe tal conjun ción, de ese peculiar tratamiento
del lenguaje, surge, sin duda, la hondura sugeridora y la
0 0 1 Ffasci nación del estilo de Rulfo.
El llano en llamas
En 1953, como sabemos, Rulfo reunió con este tulo
quince cuentos escritos en los quince años anteriores y
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ESTUDIO Y GUÍA DE LECTURA DE PEDRO PÁRAMO, DE JUAN

RULFO

[Apud Vicente Tusón y Fernando Lázaro: Literatura española. COU. Ed. Anaya, Madrid, 1991, pág. 459-471]

Datos biograficos sobre Juan Rulfo

Juan Rulfo nació en 1918, en Apulco, un pueblecito vecino a Sayula, en el estado de Jalisco, región en la que viviría hasta los 15 años y que sería el escenario de toda su obra. Tenía seis años cuando muere asesinado su padre, víctima de la violenta historia de México. La Revolución meji 0 0 1 Fcana se había iniciado en 1910 y sus secuelas se prolongaron durante años, con insurrecciones contrarrevolucionarias como la de los «cristeros», llamados así porque luchaban en nombre de Cristo y las tradiciones (de todo ello habrá referencias en Pedro Páramo). En 1930 perdió a su madre. La infancia y la adolescencia de Rulfo es triste: ruina familiar, colegios, orfanatos, estancias en casa de algunos parientes... La soledad y un ta 0 0 1 Flante íntimo, reconcentrado, triste, lo definirán desde entonces. Estudió contabilidad, y algo de leyes y de literatura, pero —en este último terre 0 0 1 Fno— será sobre todo un autodidacto.

En 1933 se traslada a México capital, pero no logra que le convaliden sus estudios anteriores y no completará ninguna carrera. Entra en contacto con ambientes literarios y desempeña diversos ofi 0 0 1 Fcios —hasta vendedor de neumáticos—, mientras comienza a escribir y a publicar cuentos en revis 0 0 1 Ftas. En 1953 aparece su primer libro, El llano en llamas, que pasa casi inadvertido. En cambio, dos años después la crítica será muy elogiosa con Pe 0 0 1 Fdro Páramo, cuya fama irá creciendo con los años hasta convertirse en un clásico.

Sin embargo, el autor parece paralizado por el éxito; apenas escribirá desde entonces; durante algunas temporadas, caerá en el alcoholismo. Vive de empleos administrativos, de trabajos como guionista en cine y televisión. Desde 1964, ocupa un cargo en el Instituto Indigenista de México. Intenta escribir una nueva novela, La cordillera. Su fama le lleva a viajar por diversos países; viene varias veces a España, donde se le otorga el Pre 0 0 1 Fmio Príncipe de Asturias en 1983. Muere en México en 1986.

La obra. Características generales

Como rezaba un titular de prensa con ocasión de su muerte, «Juan Rulfo pasa a la historia de la literatura con 250 páginas». Tal cifra es la que suman los cuentos de El llano en llamas (1953) y la breve novela que vamos a estudiar, Pedro Pá 0 0 1 Framo (1955). A ello sólo hay que añadir el leve volumen titulado El gallo de oro y otros textos para cine recogidos en

  1. En cuanto a la citada no 0 0 1 Fvela, La cordillera, Rulfo habló en diversas oca 0 0 1 Fsiones de su lenta y penosa elaboración: dijo llevar escritas centenares de páginas; en otra ocasión, afirmó haber roto muchas; o declaró su propósito de reducirla a un relato breve, o a varios cuen 0 0 1 Ftos...

Lo dicho nos conduce a una primera carac 0 0 1 Fterística de su obra: una elaboración escrupulosa que procede por

eliminación y condensación. Cada página suya parece haber sido trabajada con un rigor absoluto: de ahí la asombrosa perfección de sus obras acabadas, su poder de sugestión y la densidad del contenido y del estilo. La obra de Rulfo supuso una profunda reno 0 0 1 Fvación con respecto a la narrativa realista , de am 0 0 1 Fbiente rural e intención social. Sus temas coinci 0 0 1 Fden en gran parte con los de aquella corriente: lo rural, lo social... (lo veremos al analizar sus obras). Pero el tratamiento de tales aspectos es nuevo, tanto por su enfoque profundo como por la incorporación de nuevas técnicas. Veámoslo. El enfoque de Rulfo le lleva a trascender el plano de lo estrictamente regional y social —sin restarle fuerza a estos aspectos— para desembocar en temas universales, de amplio alcance humano : el dolor, las ilusiones rotas, la soledad, la muerte... La muerte, en especial, como reverso de una vida vacía, traspasa con su obsesiva presencia la obra de Rulfo. Rulfo, asimismo, trasciende el enfoque realista incorporando elementos fantásticos o, mejor míti 0 0 1 Fcos. En sus páginas, la visión directa de las reali 0 0 1 Fdades más brutales convive de forma fascinante con lo misterioso, lo alucinante, lo sobrenatural. La realidad evocada por Rulfo está habitada a menudo por seres extraños, por fantasmas, por fuerzas desconocidas (de todo será ejemplo máxi 0 0 1 Fmo Pedro Páramo). Ello hace del autor —como anticipamos— uno de los primeros maestros del « realismo mágico ». Y como tal lo ha reconocido, por ejemplo, un García Márquez. Fundamentales son las nuevas técnicas narra 0 0 1 Ftivas que Rulfo emplea: la ruptura del desarrollo cronológico del relato, el uso del monólogo inte 0 0 1 Frior, alternando bruscamente con diálogos, el cambio inesperado del punto de vista, etc., son algunos rasgos que emparentan a Rulfo con los grandes renovadores de la novela europea y ame 0 0 1 Fricana (Kafka, Joyce, Faulkner...) y lo sitúan a la cabeza de la renovación de la narrativa hispano 0 0 1 Famericana. De hecho, fue —como indican las fechas de sus obras— un adelantado; y sólo en los años 60, tras la consolidación de la nueva narra 0 0 1 Ftiva, fue valorado con plena justicia. En cuanto al estilo , anticipemos sus profun 0 0 1 Fdas raíces en el lenguaje popular mexicano ; sus páginas suelen tener un inconfundible aire de «cosa hablada». Sin embargo, de nuevo hay que insistir en su concienzuda y esmerada elaboración. El resultado es asombroso: una profunda asimila 0 0 1 Fción del habla popular y, a la vez, una salvación estética —poética— de esa habla_._ De tal conjun 0 0 1 Fción, de ese peculiar tratamiento del lenguaje, surge, sin duda, la hondura sugeridora y la fasci 0 0 1 Fnación del estilo de Rulfo. El llano en llamas En 1953, como sabemos, Rulfo reunió con este título quince cuentos escritos en los quince años anteriores y

algunos de ellos publicados en revis 0 0 1 Ftas. Se trata de obras maestras del género, testi 0 0 1 Fmonios ya de una perfecta madurez: la visión y el arte peculiares de Rulfo están ya en estos relatos impresionantes. Citemos algunos, aparte el que da título al volumen: Macario, Nos han dado la tierra, La cuesta de las comadres, Es que somos muy pobres, Luvina... Y destaquemos el que, al pare 0 0 1 Fcer, y con justicia, era el preferido de Rulfo: ¡Diles que no me maten!, que, dentro de su brevedad, combina magistralmente varias técnicas, como si se tratara de una novela en miniatura, sobrecoge 0 0 1 Fdora por lo demás (Rulfo grabó este cuento en disco y es impresionante oírlo con su voz).

El llano en llamas, en su conjunto, nos pre 0 0 1 Fsenta unas tierras duras, desoladas; unas aldeas que se quedan solas y se desmoronan, a veces habitadas casi sólo por los muertos. Son tierras y aldeas de su Jalisco natal. Y Rulfo alude a circuns 0 0 1 Ftancias históricas y problemas sociales concretos.

En algún caso, hay referencias a las injusticias en los repartos de tierras después de la Revolución, que desengañó a muchos. Las gentes que viven en aquel mundo rural están condenadas a la miseria o al éxodo. O al crimen: son frecuentes los ban 0 0 1 Fdidos, los perseguidos (a veces por rebelarse con 0 0 1 Ftra iniquidades). Y la miseria física engendra toda clase de miserias morales: supersticiones, odios, crímenes, venganzas, degradaciones... En suma, se trata de un mundo desesperado, presidido por el hambre, la violencia, la soledad y la muerte. No hará falta subrayar la vecindad entre este mundo y el mundo de Pedro Páramo.

Pero insistamos en que, junto a esta desolada temática — que podría encontrarse en novelas tradicionales—, los cuentos de Rulfo nos ofrecen su arte singular: la mezcla de realidades y visiones de pesadilla, así como sus técnicas renovadoras y su lenguaje inconfundible, todo lo que alcanzará su cima en la novela en que hemos de detenemos.

PEDRO PÁRAMO

Génesis y argumento de la obra

Tras la publicación de El llano en llamas, Rulfo emprende una novela en la que venía pen 0 0 1 Fsando desde hacía tiempo. Él mismo ha contado cómo escribió un primer capítulo en un cuaderno escolar, cómo tomaba notas en los más diversos momentos y en cualquier papel. En unos meses, reunió unas trescientas páginas, pero la elabora 0 0 1 Fción fue trabajosa y presidida por «una gran an 0 0 1 Fsiedad» («porque para escribir se sufre en serio», diría). «Llegué a hacer —confiesa— otras tres ver 0 0 1 Fsiones que consistieron en reducir a la mitad aque 0 0 1 Fllas 300 páginas. Eliminé toda divagación y borré completamente las intromisiones del autor». Con 0 0 1 Ffirman estas palabras lo que antes dijimos sobre los escrúpulos creadores de Rulfo. Incluso vaciló en el título, que fue sucesivamente Los murmullos y Una estrella junto a la luna. Por fin, animado por el editor, entregó la novela con el título definitivo. La obra asombró —y desconcertó al lector co 0 0 1 Fmún— por la ya comentada mezcla de elementos familiares y de novedades de enfoque y técnica.

Sinteticemos la «historia». Juan Preciado, en cumplimiento de la última voluntad de su madre, llega a

Comala en busca de su padre, «un tal Pedro Páramo», a quien no conoció. Pronto sabrá que Pedro Páramo murió hace años. Comala es un pueblo fantasmal, habitado por seres que parecen estar en una extraña frontera entre la vida y la muerte. Poco a poco comprenderemos que todos están muertos verdaderamente. Pero habremos de llegar a la mitad de la novela para descubrir que el mismo Juan Pre 0 0 1 Fciado murió tras llegar a Comala. Entre tanto —y después— las ánimas y las «voces» que pueblan la aldea nos van desvelando, a retazos, la vida pasada del pueblo y la de Pedro Páramo. Éste fue un caci 0 0 1 Fque implacable, que no retrocedió ante nada para ensanchar sus tierras y su poder (entre otras cosas, se casó por interés con Dolores Preciado, a la que abandonaría después con su hijo Juan). Pero, a la vez, Pedro Páramo es un hombre frustrado, vacío, sin amor, abocado a la soledad, y que encontrará una muerte absurda a manos de otro hijo abando 0 0 1 Fnado. Encierra esta historia, junto a unos personajes vigorosos y un ambiente fascinante, hondas sugerencias y complejas significaciones. Pero, antes de abordar estos aspectos, es indispensable hablar de su estructura. Estructura de la narración En el caso de una novela como Pedro Páramo, resulta especialmente oportuna la distinción que la Narratología establece entre la historia (los hechos que se cuentan, tal como se sucedieron) y la narración (la disposición y la manera de contar 0 0 1 Flos). Remitimos desde ahora al doble cuadro (A y B) que figura en anexo, en donde podrán seguir 0 0 1 Fse con detalle las diferencias entre el orden de la «historia» y el de la «narración». Ese anexo se ofrece a modo de «plano» para el estudio de la obra, si bien habría que recomendar una primera lectura sin preparación especial. Pero el mismo autor, en una entrevista, reconocía que estamos ante «una novela difícil»; y añadía que «se nece 0 0 1 Fsitaba leerla tres veces para entenderla». Y así, con el fin de que el alumno aborde con menor dificultad su relectura, anticiparemos unas preci 0 0 1 Fsiones.

  • En cuanto a su estructura externa , la obra se compone de 70 secuencias o fragmentos, a veces muy breves, y que son como piezas de una historia rota que el lector irá recomponiendo a modo de rompecabezas. (Como en el caso de otras novelas estudiadas, es imprescindible numerar las secuen 0 0 1 Fcias: véase el Índice que ofrecemos también en el anexo.)
  • La estructura interna de la narración presen 0 0 1 Fta dos «líneas» o hilos narrativos que avanzan alternándose y entrecruzándose. Helas aquí, por or 0 0 1 Fden de aparición: 1.ª) Secuencias referentes a Juan Preciado. Están narradas en primera persona. Siguen, en ge 0 0 1 Fneral, un orden cronológico (pero en ellas se insertan, en letra cursiva, palabras anteriores de la madre). 2.ª) Secuencias referentes a Pedro Páramo (empie 0 0 1 Fzan con la § 6). Narradas en tercera persona. Nos remiten al pasado, con respecto al tiempo de la línea 1.ª pero, además —y aquí entramos en lo más complejo— se presentan sin orden cronológico.

Juan Preciado es el otro eje de la novela. Y sus dimensiones son complejísimas, pues enlazan con mitos mexicanos y universales. Luego insisti 0 0 1 Fremos en ello: apuntemos sólo que encarna la figura de la criatura abandonada en busca del pa 0 0 1 Fdre , de sus raíces, de lo que es «suyo». Pero esa busca le conduce a la muerte ; su camino es un descenso a los infiernos. Y así encarna —como otros personajes y de forma eminente— el fracaso de toda ilusión y la tragedia del vivir humano.

Hay otros hijos de Pedro Páramo. Dos de 0 0 1 Fsempeñan un papel en la obra. Miguel Páramo , hijo ilegítimo pero reconocido es el reverso de Juan Preciado. Y viene a ser «otro Pedro Páramo», en todo lo que éste tiene de peor. Su tem 0 0 1 Fprana muerte es —como hemos dicho— el princi 0 0 1 Fpio del castigo que recibe el desalmado cacique. El otro hijo es Abundio, ese enigmático personaje que aparece ya al principio (el arriero de § 2) y que reaparecerá —con estricta simetría— en la secuencia penúltima y decisiva. Su papel es el de un vengador a la vez justiciero y absurdo (está borracho), y enlaza con otro mito ancestral: el del hijo que se rebela contra el padre y le da muerte.

Queda el padre Rentería, otro personaje im 0 0 1 Fportante. Su significación es clara: representa a un sector de la Iglesia que está aliado con el poder hasta la mayor degradación. En este sentido, tie 0 0 1 Fnen una fuerza enorme las acusaciones de que es objeto por parte de otro sacerdote, el cura de Contla, en un pasaje que merecerá comentarse con detalle (§ 41). Es, por lo demás, un personaje torturado pero incapaz de enderezar su vida dig 0 0 1 Fnamente. Al final lo veremos sumarse a los «cris 0 0 1 Fteros». En suma, una muestra de una religiosidad deforme. Pero sobre el peso de la religión en la novela habrá mucho más que decir.

Junto a los personajes mencionados, hay una serie de figuras secundarias, o que aparecen de una forma fugaz, y que contribuyen —en no pocas veces de modo inquietante— a sumergimos en la atmósfera irrespirable de Comala. Ello nos con 0 0 1 Fduce al punto siguiente.

El ambiente. Comala

Pedro Páramo es —decíamos— «la historia de un cacique», pero mucho más. Como afirmó Rul 0 0 1 Ffo, «en verdad es el relato de un pueblo: una aldea muerta en donde todos están muertos, incluso el narrador, y sus calles y campos son recorridos únicamente por las ánimas y los ecos capaces de fluir sin límites en el tiempo y en el espacio».

Comala , con sus dimensiones reales y míti 0 0 1 Fcas, es uno de esos ámbitos novelescos inolvida 0 0 1 Fbles (en la literatura hispanoamericana, sólo com 0 0 1 Fparable al Macondo de García Márquez). En primer lugar, es una síntesis de muchos pue 0 0 1 Fblos de la tierra de Rulfo que se iban quedando abandonados y donde —según sus palabras— «los vivos están rodeados de muertos». Encierra asi 0 0 1 Fmismo una síntesis de elementos característicos de la historia de Méjico, centrada en una sociedad rural arcaica y de tipo feudal. Pero su significación no se agota con estas facetas testimoniales.

Las dimensiones de Comala son múltiples. Se ha hablado de tres Comalas : la Comala soñada o ideal, la Comala «real» o de Pedro Páramo y la Comala muerta o «infernal». Veámoslo.

  • En primer lugar, y como punto de referencia, está lo que podemos llamar una Comala paradisía 0 0 1 Fca : es la que, desde lejos, evocaba Dolores Pre 0 0 1 Fciado ante su hijo Juan, y la que despierta la «ilusión» y las «esperanzas» de éste.
  • Pero lo que descubriremos —como Juan— 0 0 1 Fserá bien distinto. Desde el principio, Comala responderá a su nombre (de comal, placa de barro que se pone sobre el fuego); en la pág. 68 se nos dice: «Aquello está sobre las brasas de la tierra, en la mera boca del infierno». Y es admirable cómo Rulfo va introduciéndonos en ese ambiente inquietante, misterioso, sofocante: «pueblo sin ruidos», «casas vacías», «ecos», «murmullos»... Muy pronto esa Comala tan distinta de un paraíso se nos desdobla a su vez en dos.
  • Una es la Comala de Pedro Páramo , una Co 0 0 1 Fmala «histórica» sólo en cierto modo. Representa el reino de un poder tiránico, de la violencia, de la injusticia, de la degradación y la alienación en diversas formas, hasta la locura. Su destino está irremediablemente ligado al de Pedro Páramo. Y será, en suma, un pueblo abocado a la soledad y a la destrucción.
  • (^) No es extraño que aquella Comala sea colin 0 0 1 Fdante con la tercera: la Comala infernal o el reino de los muertos. Saltamos así al mundo mítico. De un modo también gradual y admirable, el lector va percibiendo la índole fantasmal de los inquie 0 0 1 Ftantes personajes que aparecen y desaparecen, o va identificando las extrañas voces. Son, en efec 0 0 1 Fto, almas en pena, criaturas condenadas a revivir un pasado horrible o torturadas por remordimien 0 0 1 Ftos. Es un mundo sin esperanza en el que se con 0 0 1 Fcentra, como veremos, la desolada significación última de la obra. Significación de Pedro Páramo Lo apuntado sobre la historia, los personajes y el ambiente nos ha hecho entrever la complejidad y riqueza de significaciones que la novela sugiere. De ahí que se haya prestado a muy diversas «lec 0 0 1 Fturas» (sociales, simbólicas, míticas, psicoanalíti 0 0 1 Fcas...). Sólo como guía para la reflexión, pro 0 0 1 Fpondremos, unos puntos esenciales.
  • El primer plano de significación sería el his 0 0 1 Ftórico y social. La acción se sitúa en un tiempo preciso: el último tercio del siglo XIX y el primero del XX. Hay referencias importantes a la Revolu 0 0 1 Fción mexicana (iniciada en 1910) o la citada insurrección de los «cristeros» (1926-28). El per 0 0 1 Fsonaje de Pedro Páramo es quintaesencia de un tipo histórico real. Y acabamos de indicar lo que Comala tiene de reflejo de realidades geográficas y sociales concretas.
  • Un paso más ha llevado a ver en Pedro Pá 0 0 1 Framo unas claves esenciales del alma mexicana. Base de estas interpretaciones es el análisis que del ser de México hizo Octavio Paz en un libro clásico (El laberinto de la soledad, 1950). Júzguese hasta qué punto encierra la obra elementos pro 0 0 1 Fpios de lo mexicano como los siguientes, señalados por Paz y otros autores:
    • La obsesión por encontrar una filiación (mito de la tumba de Cuautemoc, de igno 0 0 1 Frado paradero;

sentimiento de pertenecer a una nación que surgió de una «violación» cultural...).

  • Sentimiento de ser juguete de poderes y fuerzas contrarias y enemigas, de dioses insaciables.
  • Sentimiento de hostilidad de la vida. Fatalismo; desprecio de la vida y desafío a la muerte.
  • Sentimiento de soledad.
  • Necesidad de la fantasía como refugio.
  • Pero hay un rasgo del espíritu tradicional me 0 0 1 Fxicano que merece párrafo aparte: la especial idea de las relaciones entre la vida y la muerte. Por un cruce de mitos aztecas y de tradiciones cristianas, la oposición entre vida y muerte no es absoluta; la frontera entre ambas resulta borrosa. Y ello es —no hace falta insistir— un elemento básico de Pedro Páramo.
  • En relación con ello —y con algunas de las ideas señaladas antes—, en la novela se manifiesta una honda obsesión por la muerte , desde el princi 0 0 1 Fpio (trauma que para Pedro supone la muerte del padre) hasta el final (su propia muerte a manos de un hijo), pasando por todo un rosario de muertes, casi siempre violentas. Y ello va unido a una concepción desesperada de la vida.
  • Poco a poco, del plano concreto o de las raíces profundas de lo mexicano, nos hemos alzado al plano del mito y de las obsesiones universa 0 0 1 Fles. Temas universales eran, en efecto, algunos como el poder , la injusticia , la soledad , la muerte ... Añadamos el alcance más amplio que tiene la búsqueda de Juan Preciado (por encima aun del tema de la búsqueda del padre) y que conecta con mitos como el viaje a la Tierra Prometida o la búsqueda del paraíso. Viaje trágico o búsqueda inútil, como sabemos.
  • Y así llegamos a lo que, sin duda es el tema central y la significación más amplia de la obra: las ilusiones frustradas. La clave está ya en la pri 0 0 1 Fmera secuencia, cuando confiesa Juan Preciado: «...comencé a llenarme de sueños, a darle vuelo a las ilusiones. Y de este modo se me fue forman 0 0 1 Fdo un mundo alrededor de la esperanza...» Más adelante (pág. 128) Dorotea le dirá: «¿La ilusión? Eso cuesta caro.» Y hacia el final se dirá de Pedro Páramo que «lo agarró la desilusión». En realidad, ello es aplicable a todos los personajes. La novela es una historia de esperanzas muertas. Y ello hasta extremos de la mayor desolación. Véanse estas palabras de Dorotea (§ 39): «Lo único que la hace a una mover los pies es la esperanza de que al morir la lleven a una de un lugar a otro; pero cuando a una le cierran una puerta y la que queda abierta es nomás la del infierno, más vale no haber nacido...» No cabe una concepción más trágica de la vida.

Técnicas y estilo

De los aspectos técnicos de la obra, ya hemos dicho lo más importante: lo concerniente a la estructura narrativa con todo lo que conlleva (entre 0 0 1 Fcruzamiento de historias,

desorden cronológico, formas de sucederse las secuencias, elipsis...). Añadamos unas escuetas referencias a otros as 0 0 1 Fpectos.

  • La descripción , en Pedro Páramo, se caracteriza por su parquedad —o sobriedad— a la vez que por su intensidad. Piénsese en lo ya indicado sobre cómo se nos hace percibir la atmósfera de Comala y compruébese, en la lectura, la economía de me 0 0 1 Fdios con que ello se consigue. Lo mismo cabría observar de los personajes: ¿cómo vemos a Pedro Páramo, a Susana, a otros? ¿Y dónde se nos descri 0 0 1 Fben?
  • Monólogos y diálogos merecerán atención. En 0 0 1 Ftre los primeros destacarán alguno de Pedro Pá 0 0 1 Framo, pero, sobre todo, los de Susana San Juan, bellísimos. En cuanto a los diálogos, dentro de cierta variedad, domina el diálogo sobrio, conciso, hasta lacónico, pero con un sabor y unas calidades que nos llevan a hablar de la lengua literaria de Rulfo. El estilo de la obra es inseparable de la im 0 0 1 Fpresión que produce en el lector. Ante todo, el lenguaje queda marcado por los caracteres que presiden la creación del autor: elaboración escru 0 0 1 Fpulosa, sobriedad, condensación. A ello añadimos, páginas atrás, aquella singular convivencia entre raíces populares y altura estética. Volvamos breve 0 0 1 Fmente sobre ello.
  • En el autor reconocía Luis Harss los «ritmos primarios del lenguaje popular». El mismo Rulfo habló reiteradamente de su pasión por beber del habla de su tierra. De ahí el poder evocativo de su estilo, su intenso sabor, que el lector español debe poner la máxima atención en percibir y gustar. Todas las páginas están cuajadas de vocablos y giros mexicanos , sin que falten vulgarismos carac 0 0 1 Fterizadores (Nomás, semos, pos...). De ahí la fuerte impresión de realidad terruñera que cons 0 0 1 Ftituye uno de los ingredientes de la novela.
  • Pero a ello se unen otras dimensiones. Así, la capacidad de expresar los sentimientos más hondos y complejos, aunque casi siempre dentro de una pudorosa contención. La sobriedad se alía con la hondura sugeridora. En fin, es asombrosa la fuerza poética de ese lenguaje, presente ya en los tonos elegíacos que aparecen en los diálogos más senci 0 0 1 Fllos, así como en continuos hallazgos verbales del narrador, pero sobre todo en ciertos fragmentos poemáticos, como los mencionados monólogos de Susana San Juan. El conjunto es de una increíble fascinación. Lugar de Pedro Páramo Hemos insistido en el papel de Rulfo y de su obra en la renovación de la narrativa hispanoame 0 0 1 Fricana. Más: en la fundación de una nueva novela en lengua española. Tras la lectura de Pedro Pá 0 0 1 Framo, estará claro lo que tiene de «vanguardia» en su tiempo, sin renunciar a las peculiaridades nacionales. Dijimos también cómo la obra tardó algo en ser valorada plenamente. En cualquier caso, su impacto iba a ser hondo. García Márquez recuerda la impresión que le produjo el descubri 0 0 1 Fmiento de Pedro Páramo: «Aquella noche no pude dormir mientras no terminé la segunda lectura». La influencia del libro fue decisiva. Y su resonancia universal:

CUESTIONES PARA LA LECTURA

La novela de Rulfo merece, como pocas, un estudio detenido. Pero los apuntados límites de tiempo obligarán

probablemente a ceñirse a lo esencial. Acaso debamos contentamos con una lectura comprensiva, con

atención a los grandes aspectos temáticos, pero que permita valorar a la vez los aspectos técnicos y

estilísticos.

Con tales fines, en lugar de una minuciosa Guía de lectura, incluimos los anunciados cuadros, que el alumno

tendrá a la vista durante la lectura —o relectura— de la novela, a la manera como se tiene a la vista un

mapa durante un viaje. Esperamos así evitar que se extravíe y ahorrarle tiempo, sin restarle placer a la

lectura.

Sólo añadiremos unas breves instrucciones o sugerencias.

a) Junto a los cuadros que siguen, es imprescindible que releas la exposición anterior, reduciendo a un

esquema todo lo que en ella se ha expuesto. Será un índice de cuestiones a las que deberás ir

atendiendo durante la lectura. Los grandes apartados de ese esquema o índice pueden ser

aproximadamente los mismos que presenta el anterior estudio de la obra:

La historia.

La estructura.

Los personajes (detállense).

El ambiente.

Grandes temas. Su significación.

El estilo.

b) La lectura de Pedro Páramo requiere la máxima atención en sus comienzos (más adelante resultará

menos difícil atar cabos).

- Como se verá, las cinco primeras secuencias ya nos imponen un acercamiento fragmentado,

sincopado, con vacíos, en la historia de Juan Preciado. Reténgase el nombre de Abundio. ¿Y

qué primeras impresiones se sacan de Comala?

- Damos un salto con la § 6. ¿Quién es el niño que aparece? El Índice de secuencias lo indica,

pero el lector no preparado sólo lo deducirá más tarde.

- ¿Qué elementos de la «historia» y de los personajes se van añadiendo en las secuencias

siguientes? Aclárese especialmente la historia de Miguel Páramo.

c) Pongamos un ejemplo de la complejidad del relato. En la § 18 se habla incidentalmente de un ahorcado

llamado Toribio Aldrete. La § 19 inicia un salto atrás para hablar de tal muerte. Pero el episodio se

interrumpe inmediatamente con un nuevo salto atrás, en la § 20, para hablar del proyecto de boda entre

Pedro Páramo y Dolores Preciado, lo cual ocupa —con otras reflexiones de Fulgor Sedano— tres

secuencias más. Por fin, la brevísima § 24 cierra «el asunto de Toribio Aldrete» (pero véase de qué

forma tan alusiva). Y la § 25 reanuda la conversación entre Damiana y Juan que se había interrumpido

en la 18. Júzguese la impresión de laberinto temporal, de realidad caótica y, a la vez, véase cómo se

nos intriga. Poco a poco, iremos entrando en ese misterioso laberinto de tiempos y de vidas.

d) Prosígase la lectura del mismo modo, guiándose por el Índice de secuencias y ayu 0 01 Fdándose con los

cuadros A y B. A la vez, atiéndase a los diversos aspectos del contenido y del estilo de la obra que se

0 0

han presentado en el estudio de la obra y que —insis 1 Ftimos— conviene haber sintetizado según

hemos aconsejado en a).

g) Se resolverán en clase las dudas que persistan. Se confrontarán las diversas interpre 0 01 Ftaciones que

surjan. Al final del estudio, se sacarán las conclusiones oportunas y se llevará a cabo una valoración de

la obra.

31 114 «La madrugada fue apagando...» Continuación del anterior: J. P. habla con la hermana sobre Comala, etc. 32 121 «Por el techo abierto al cielo...» Aterradora aparición de una vieja en el cuarto de J. P. 33 122 «Como si hubiera retrocedido el tiempo.»

J. P. se encuentra en la cama de la hermana.

34 124 «—¿No me oyes? —pregunté...» Brevísimo diálogo de J. P. con su madre. 35 124 «Regresé al mediotecho...» J. P. vuelve junto a la hermana. 36 125 «El calor me hizo despertar...» J. P. cuenta su propia muerte. 37 126 «—¿Quieres hacerme creer que te mató...»

J. P. está enterrado junto a Dorotea y habla con ella. La «ilusión» de J. P.

38 130 «Al amanecer, gruesas gotas...» Fulgor Sedano. M. P. y su «trato» con Dorotea; desmanes de Miguel. [Cf. 12]. 39 134 «Allá afuera debe estar variando el tiempo.»

Diálogo entre J. P. y Dorotea (la vida y la muerte).

40 m «Llamaron a su puerta...» P. P. se entera de la muerte de su hijo Miguel. [Cf. 12].

41 138 «El padre Rentería se acordaría...»

El cura y sus problemas. Piensa en los Páramo. Confesión de Dorotea. 42 144 «Estoy acostada en la misma cama...»

J. P. oye a Susana, muerta, que habla de su madre.

43 147 «—Eres tú la que ha dicho todo eso...»

J. P. y Dorotea comentan lo que oyen a Susana y a otros muertos.

44 150 «Fue Fulgor Sedano quien le dijo...»

Llegan a Comala Bartolomé San Juan y su hija Susana, viuda. 45 151 «Esperé treinta años a que regresaran...»

Monólogo de P. P. sobre Susana.

46 152 «Hay pueblos que saben a desdicha.»

Don Bartolomé habla a Susana de Comala y P. P. Ella acepta casarse con P. 47 154 «—¿Sabías, Fulgor, que ésa es la mujer...»

P. P. planea con Fulgor la muerte de Don Bartolomé.

48 155 «Sobre los campos del valle...» Los indios. Susana enferma; visiones. 49 159 «Era la medianoche...» Angustia de Susana. Ha muerto su padre. 50 160 «Muchos años antes...» Recuerdo de la infancia de Susana (el pozo de una mina). 51 161 «Los vientos siguieron soplando...»

Susana empeora; visiones. El P. Rentería viene a confesarla.

52 163 «Un hombre al que decían el Tartamudo...»

Unos revolucionarios han matado a Fulgor Sedano. P. P.

53 165 «Mi cuerpo se sentía a gusto...» Susana, muerta, recuerda el mar y un amor (monólogo que oye J. P.) 54 166 «Pardeando la tarde, aparecieron...»

P. P. se atrae a los revolucionarios.

55 168 «—¿Quién crees tú que sea el jefe...»

P. P. ordena al «Tilcuate» que se haga con el mando de los revolucionarios. 56 169 «—¿Qué es lo que dice, Juan Preciado?»

J. P. y Dorotea oyen hablar a Susana del hombre al que amó y de su muerte.

57 170 «Esa noche volvieron a sucederse los sueños.»

[Enlaza con § 51] Susana, enferma, sueña con Florencio; P. P. la mira. 58 171 «—¿Sabe, don Pedro, que derrotaron...»

El «Tilcuate», derrotado. El abogado de P. P. reclama dinero.

59 173 «—Don Pedro, he regresado, pues...»

El abogado se despide de P. P.

60 175 «Faltaba mucho para el amanecer.»

Damiana Cisneros, P. P. y la chacha Margarita.

61 177 «—Supe que te habían derrotado...»

El «Tilcuate», aliado ahora con los «villistas», pide dinero a P. P.

62 179 «En el comienzo del amanecer...» [Enlaza con § 57] Susana y Justina. P. P. El P. Rentería da la comunión a Susana.

63 181 «—¿Ve usted aquella ventana...?» Dos mujeres ven apagarse la ventana de Susana.

64 183 «Tengo la boca llena de tierra.» Susana muere rechazando al P. Rentería. 65 185 «—Yo. Yo vi morir a doña Susanita.»

Palabras de Dorotea a Juan Preciado. [Última intervención de estos personajes.] 66 185 «Al alba, la gente fue despertada ... »

Doblan las campanas por Susana. Soledad de P. P.

67 187 «El Tilcuate siguió viniendo ... » Noticias de la revolución. El P. Rentería con los «cristeros». 68 188 «Pedro Páramo estaba sentado ... »

Soledad de P. P.; piensa en Susana.

69 189 «A esa misma hora ... » Abundio, borracho, apuñala a P. P.

70 193 «Allá atrás, Pedro Páramo ... » Muerte de P. P.