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Asignatura: filosofia, Profesor: Adela Adela, Carrera: Psicología, Universidad: UAM
Tipo: Apuntes
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[Apud Vicente Tusón y Fernando Lázaro: Literatura española. COU. Ed. Anaya, Madrid, 1991, pág. 459-471]
Datos biograficos sobre Juan Rulfo
Juan Rulfo nació en 1918, en Apulco, un pueblecito vecino a Sayula, en el estado de Jalisco, región en la que viviría hasta los 15 años y que sería el escenario de toda su obra. Tenía seis años cuando muere asesinado su padre, víctima de la violenta historia de México. La Revolución meji 0 0 1 Fcana se había iniciado en 1910 y sus secuelas se prolongaron durante años, con insurrecciones contrarrevolucionarias como la de los «cristeros», llamados así porque luchaban en nombre de Cristo y las tradiciones (de todo ello habrá referencias en Pedro Páramo). En 1930 perdió a su madre. La infancia y la adolescencia de Rulfo es triste: ruina familiar, colegios, orfanatos, estancias en casa de algunos parientes... La soledad y un ta 0 0 1 Flante íntimo, reconcentrado, triste, lo definirán desde entonces. Estudió contabilidad, y algo de leyes y de literatura, pero —en este último terre 0 0 1 Fno— será sobre todo un autodidacto.
En 1933 se traslada a México capital, pero no logra que le convaliden sus estudios anteriores y no completará ninguna carrera. Entra en contacto con ambientes literarios y desempeña diversos ofi 0 0 1 Fcios —hasta vendedor de neumáticos—, mientras comienza a escribir y a publicar cuentos en revis 0 0 1 Ftas. En 1953 aparece su primer libro, El llano en llamas, que pasa casi inadvertido. En cambio, dos años después la crítica será muy elogiosa con Pe 0 0 1 Fdro Páramo, cuya fama irá creciendo con los años hasta convertirse en un clásico.
Sin embargo, el autor parece paralizado por el éxito; apenas escribirá desde entonces; durante algunas temporadas, caerá en el alcoholismo. Vive de empleos administrativos, de trabajos como guionista en cine y televisión. Desde 1964, ocupa un cargo en el Instituto Indigenista de México. Intenta escribir una nueva novela, La cordillera. Su fama le lleva a viajar por diversos países; viene varias veces a España, donde se le otorga el Pre 0 0 1 Fmio Príncipe de Asturias en 1983. Muere en México en 1986.
La obra. Características generales
Como rezaba un titular de prensa con ocasión de su muerte, «Juan Rulfo pasa a la historia de la literatura con 250 páginas». Tal cifra es la que suman los cuentos de El llano en llamas (1953) y la breve novela que vamos a estudiar, Pedro Pá 0 0 1 Framo (1955). A ello sólo hay que añadir el leve volumen titulado El gallo de oro y otros textos para cine recogidos en
Lo dicho nos conduce a una primera carac 0 0 1 Fterística de su obra: una elaboración escrupulosa que procede por
eliminación y condensación. Cada página suya parece haber sido trabajada con un rigor absoluto: de ahí la asombrosa perfección de sus obras acabadas, su poder de sugestión y la densidad del contenido y del estilo. La obra de Rulfo supuso una profunda reno 0 0 1 Fvación con respecto a la narrativa realista , de am 0 0 1 Fbiente rural e intención social. Sus temas coinci 0 0 1 Fden en gran parte con los de aquella corriente: lo rural, lo social... (lo veremos al analizar sus obras). Pero el tratamiento de tales aspectos es nuevo, tanto por su enfoque profundo como por la incorporación de nuevas técnicas. Veámoslo. El enfoque de Rulfo le lleva a trascender el plano de lo estrictamente regional y social —sin restarle fuerza a estos aspectos— para desembocar en temas universales, de amplio alcance humano : el dolor, las ilusiones rotas, la soledad, la muerte... La muerte, en especial, como reverso de una vida vacía, traspasa con su obsesiva presencia la obra de Rulfo. Rulfo, asimismo, trasciende el enfoque realista incorporando elementos fantásticos o, mejor míti 0 0 1 Fcos. En sus páginas, la visión directa de las reali 0 0 1 Fdades más brutales convive de forma fascinante con lo misterioso, lo alucinante, lo sobrenatural. La realidad evocada por Rulfo está habitada a menudo por seres extraños, por fantasmas, por fuerzas desconocidas (de todo será ejemplo máxi 0 0 1 Fmo Pedro Páramo). Ello hace del autor —como anticipamos— uno de los primeros maestros del « realismo mágico ». Y como tal lo ha reconocido, por ejemplo, un García Márquez. Fundamentales son las nuevas técnicas narra 0 0 1 Ftivas que Rulfo emplea: la ruptura del desarrollo cronológico del relato, el uso del monólogo inte 0 0 1 Frior, alternando bruscamente con diálogos, el cambio inesperado del punto de vista, etc., son algunos rasgos que emparentan a Rulfo con los grandes renovadores de la novela europea y ame 0 0 1 Fricana (Kafka, Joyce, Faulkner...) y lo sitúan a la cabeza de la renovación de la narrativa hispano 0 0 1 Famericana. De hecho, fue —como indican las fechas de sus obras— un adelantado; y sólo en los años 60, tras la consolidación de la nueva narra 0 0 1 Ftiva, fue valorado con plena justicia. En cuanto al estilo , anticipemos sus profun 0 0 1 Fdas raíces en el lenguaje popular mexicano ; sus páginas suelen tener un inconfundible aire de «cosa hablada». Sin embargo, de nuevo hay que insistir en su concienzuda y esmerada elaboración. El resultado es asombroso: una profunda asimila 0 0 1 Fción del habla popular y, a la vez, una salvación estética —poética— de esa habla_._ De tal conjun 0 0 1 Fción, de ese peculiar tratamiento del lenguaje, surge, sin duda, la hondura sugeridora y la fasci 0 0 1 Fnación del estilo de Rulfo. El llano en llamas En 1953, como sabemos, Rulfo reunió con este título quince cuentos escritos en los quince años anteriores y
algunos de ellos publicados en revis 0 0 1 Ftas. Se trata de obras maestras del género, testi 0 0 1 Fmonios ya de una perfecta madurez: la visión y el arte peculiares de Rulfo están ya en estos relatos impresionantes. Citemos algunos, aparte el que da título al volumen: Macario, Nos han dado la tierra, La cuesta de las comadres, Es que somos muy pobres, Luvina... Y destaquemos el que, al pare 0 0 1 Fcer, y con justicia, era el preferido de Rulfo: ¡Diles que no me maten!, que, dentro de su brevedad, combina magistralmente varias técnicas, como si se tratara de una novela en miniatura, sobrecoge 0 0 1 Fdora por lo demás (Rulfo grabó este cuento en disco y es impresionante oírlo con su voz).
El llano en llamas, en su conjunto, nos pre 0 0 1 Fsenta unas tierras duras, desoladas; unas aldeas que se quedan solas y se desmoronan, a veces habitadas casi sólo por los muertos. Son tierras y aldeas de su Jalisco natal. Y Rulfo alude a circuns 0 0 1 Ftancias históricas y problemas sociales concretos.
En algún caso, hay referencias a las injusticias en los repartos de tierras después de la Revolución, que desengañó a muchos. Las gentes que viven en aquel mundo rural están condenadas a la miseria o al éxodo. O al crimen: son frecuentes los ban 0 0 1 Fdidos, los perseguidos (a veces por rebelarse con 0 0 1 Ftra iniquidades). Y la miseria física engendra toda clase de miserias morales: supersticiones, odios, crímenes, venganzas, degradaciones... En suma, se trata de un mundo desesperado, presidido por el hambre, la violencia, la soledad y la muerte. No hará falta subrayar la vecindad entre este mundo y el mundo de Pedro Páramo.
Pero insistamos en que, junto a esta desolada temática — que podría encontrarse en novelas tradicionales—, los cuentos de Rulfo nos ofrecen su arte singular: la mezcla de realidades y visiones de pesadilla, así como sus técnicas renovadoras y su lenguaje inconfundible, todo lo que alcanzará su cima en la novela en que hemos de detenemos.
Génesis y argumento de la obra
Tras la publicación de El llano en llamas, Rulfo emprende una novela en la que venía pen 0 0 1 Fsando desde hacía tiempo. Él mismo ha contado cómo escribió un primer capítulo en un cuaderno escolar, cómo tomaba notas en los más diversos momentos y en cualquier papel. En unos meses, reunió unas trescientas páginas, pero la elabora 0 0 1 Fción fue trabajosa y presidida por «una gran an 0 0 1 Fsiedad» («porque para escribir se sufre en serio», diría). «Llegué a hacer —confiesa— otras tres ver 0 0 1 Fsiones que consistieron en reducir a la mitad aque 0 0 1 Fllas 300 páginas. Eliminé toda divagación y borré completamente las intromisiones del autor». Con 0 0 1 Ffirman estas palabras lo que antes dijimos sobre los escrúpulos creadores de Rulfo. Incluso vaciló en el título, que fue sucesivamente Los murmullos y Una estrella junto a la luna. Por fin, animado por el editor, entregó la novela con el título definitivo. La obra asombró —y desconcertó al lector co 0 0 1 Fmún— por la ya comentada mezcla de elementos familiares y de novedades de enfoque y técnica.
Sinteticemos la «historia». Juan Preciado, en cumplimiento de la última voluntad de su madre, llega a
Comala en busca de su padre, «un tal Pedro Páramo», a quien no conoció. Pronto sabrá que Pedro Páramo murió hace años. Comala es un pueblo fantasmal, habitado por seres que parecen estar en una extraña frontera entre la vida y la muerte. Poco a poco comprenderemos que todos están muertos verdaderamente. Pero habremos de llegar a la mitad de la novela para descubrir que el mismo Juan Pre 0 0 1 Fciado murió tras llegar a Comala. Entre tanto —y después— las ánimas y las «voces» que pueblan la aldea nos van desvelando, a retazos, la vida pasada del pueblo y la de Pedro Páramo. Éste fue un caci 0 0 1 Fque implacable, que no retrocedió ante nada para ensanchar sus tierras y su poder (entre otras cosas, se casó por interés con Dolores Preciado, a la que abandonaría después con su hijo Juan). Pero, a la vez, Pedro Páramo es un hombre frustrado, vacío, sin amor, abocado a la soledad, y que encontrará una muerte absurda a manos de otro hijo abando 0 0 1 Fnado. Encierra esta historia, junto a unos personajes vigorosos y un ambiente fascinante, hondas sugerencias y complejas significaciones. Pero, antes de abordar estos aspectos, es indispensable hablar de su estructura. Estructura de la narración En el caso de una novela como Pedro Páramo, resulta especialmente oportuna la distinción que la Narratología establece entre la historia (los hechos que se cuentan, tal como se sucedieron) y la narración (la disposición y la manera de contar 0 0 1 Flos). Remitimos desde ahora al doble cuadro (A y B) que figura en anexo, en donde podrán seguir 0 0 1 Fse con detalle las diferencias entre el orden de la «historia» y el de la «narración». Ese anexo se ofrece a modo de «plano» para el estudio de la obra, si bien habría que recomendar una primera lectura sin preparación especial. Pero el mismo autor, en una entrevista, reconocía que estamos ante «una novela difícil»; y añadía que «se nece 0 0 1 Fsitaba leerla tres veces para entenderla». Y así, con el fin de que el alumno aborde con menor dificultad su relectura, anticiparemos unas preci 0 0 1 Fsiones.
Juan Preciado es el otro eje de la novela. Y sus dimensiones son complejísimas, pues enlazan con mitos mexicanos y universales. Luego insisti 0 0 1 Fremos en ello: apuntemos sólo que encarna la figura de la criatura abandonada en busca del pa 0 0 1 Fdre , de sus raíces, de lo que es «suyo». Pero esa busca le conduce a la muerte ; su camino es un descenso a los infiernos. Y así encarna —como otros personajes y de forma eminente— el fracaso de toda ilusión y la tragedia del vivir humano.
Hay otros hijos de Pedro Páramo. Dos de 0 0 1 Fsempeñan un papel en la obra. Miguel Páramo , hijo ilegítimo pero reconocido es el reverso de Juan Preciado. Y viene a ser «otro Pedro Páramo», en todo lo que éste tiene de peor. Su tem 0 0 1 Fprana muerte es —como hemos dicho— el princi 0 0 1 Fpio del castigo que recibe el desalmado cacique. El otro hijo es Abundio, ese enigmático personaje que aparece ya al principio (el arriero de § 2) y que reaparecerá —con estricta simetría— en la secuencia penúltima y decisiva. Su papel es el de un vengador a la vez justiciero y absurdo (está borracho), y enlaza con otro mito ancestral: el del hijo que se rebela contra el padre y le da muerte.
Queda el padre Rentería, otro personaje im 0 0 1 Fportante. Su significación es clara: representa a un sector de la Iglesia que está aliado con el poder hasta la mayor degradación. En este sentido, tie 0 0 1 Fnen una fuerza enorme las acusaciones de que es objeto por parte de otro sacerdote, el cura de Contla, en un pasaje que merecerá comentarse con detalle (§ 41). Es, por lo demás, un personaje torturado pero incapaz de enderezar su vida dig 0 0 1 Fnamente. Al final lo veremos sumarse a los «cris 0 0 1 Fteros». En suma, una muestra de una religiosidad deforme. Pero sobre el peso de la religión en la novela habrá mucho más que decir.
Junto a los personajes mencionados, hay una serie de figuras secundarias, o que aparecen de una forma fugaz, y que contribuyen —en no pocas veces de modo inquietante— a sumergimos en la atmósfera irrespirable de Comala. Ello nos con 0 0 1 Fduce al punto siguiente.
El ambiente. Comala
Pedro Páramo es —decíamos— «la historia de un cacique», pero mucho más. Como afirmó Rul 0 0 1 Ffo, «en verdad es el relato de un pueblo: una aldea muerta en donde todos están muertos, incluso el narrador, y sus calles y campos son recorridos únicamente por las ánimas y los ecos capaces de fluir sin límites en el tiempo y en el espacio».
Comala , con sus dimensiones reales y míti 0 0 1 Fcas, es uno de esos ámbitos novelescos inolvida 0 0 1 Fbles (en la literatura hispanoamericana, sólo com 0 0 1 Fparable al Macondo de García Márquez). En primer lugar, es una síntesis de muchos pue 0 0 1 Fblos de la tierra de Rulfo que se iban quedando abandonados y donde —según sus palabras— «los vivos están rodeados de muertos». Encierra asi 0 0 1 Fmismo una síntesis de elementos característicos de la historia de Méjico, centrada en una sociedad rural arcaica y de tipo feudal. Pero su significación no se agota con estas facetas testimoniales.
Las dimensiones de Comala son múltiples. Se ha hablado de tres Comalas : la Comala soñada o ideal, la Comala «real» o de Pedro Páramo y la Comala muerta o «infernal». Veámoslo.
sentimiento de pertenecer a una nación que surgió de una «violación» cultural...).
Técnicas y estilo
De los aspectos técnicos de la obra, ya hemos dicho lo más importante: lo concerniente a la estructura narrativa con todo lo que conlleva (entre 0 0 1 Fcruzamiento de historias,
desorden cronológico, formas de sucederse las secuencias, elipsis...). Añadamos unas escuetas referencias a otros as 0 0 1 Fpectos.
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31 114 «La madrugada fue apagando...» Continuación del anterior: J. P. habla con la hermana sobre Comala, etc. 32 121 «Por el techo abierto al cielo...» Aterradora aparición de una vieja en el cuarto de J. P. 33 122 «Como si hubiera retrocedido el tiempo.»
J. P. se encuentra en la cama de la hermana.
34 124 «—¿No me oyes? —pregunté...» Brevísimo diálogo de J. P. con su madre. 35 124 «Regresé al mediotecho...» J. P. vuelve junto a la hermana. 36 125 «El calor me hizo despertar...» J. P. cuenta su propia muerte. 37 126 «—¿Quieres hacerme creer que te mató...»
J. P. está enterrado junto a Dorotea y habla con ella. La «ilusión» de J. P.
38 130 «Al amanecer, gruesas gotas...» Fulgor Sedano. M. P. y su «trato» con Dorotea; desmanes de Miguel. [Cf. 12]. 39 134 «Allá afuera debe estar variando el tiempo.»
Diálogo entre J. P. y Dorotea (la vida y la muerte).
40 m «Llamaron a su puerta...» P. P. se entera de la muerte de su hijo Miguel. [Cf. 12].
41 138 «El padre Rentería se acordaría...»
El cura y sus problemas. Piensa en los Páramo. Confesión de Dorotea. 42 144 «Estoy acostada en la misma cama...»
J. P. oye a Susana, muerta, que habla de su madre.
43 147 «—Eres tú la que ha dicho todo eso...»
J. P. y Dorotea comentan lo que oyen a Susana y a otros muertos.
44 150 «Fue Fulgor Sedano quien le dijo...»
Llegan a Comala Bartolomé San Juan y su hija Susana, viuda. 45 151 «Esperé treinta años a que regresaran...»
Monólogo de P. P. sobre Susana.
46 152 «Hay pueblos que saben a desdicha.»
Don Bartolomé habla a Susana de Comala y P. P. Ella acepta casarse con P. 47 154 «—¿Sabías, Fulgor, que ésa es la mujer...»
P. P. planea con Fulgor la muerte de Don Bartolomé.
48 155 «Sobre los campos del valle...» Los indios. Susana enferma; visiones. 49 159 «Era la medianoche...» Angustia de Susana. Ha muerto su padre. 50 160 «Muchos años antes...» Recuerdo de la infancia de Susana (el pozo de una mina). 51 161 «Los vientos siguieron soplando...»
Susana empeora; visiones. El P. Rentería viene a confesarla.
52 163 «Un hombre al que decían el Tartamudo...»
Unos revolucionarios han matado a Fulgor Sedano. P. P.
53 165 «Mi cuerpo se sentía a gusto...» Susana, muerta, recuerda el mar y un amor (monólogo que oye J. P.) 54 166 «Pardeando la tarde, aparecieron...»
P. P. se atrae a los revolucionarios.
55 168 «—¿Quién crees tú que sea el jefe...»
P. P. ordena al «Tilcuate» que se haga con el mando de los revolucionarios. 56 169 «—¿Qué es lo que dice, Juan Preciado?»
J. P. y Dorotea oyen hablar a Susana del hombre al que amó y de su muerte.
57 170 «Esa noche volvieron a sucederse los sueños.»
[Enlaza con § 51] Susana, enferma, sueña con Florencio; P. P. la mira. 58 171 «—¿Sabe, don Pedro, que derrotaron...»
El «Tilcuate», derrotado. El abogado de P. P. reclama dinero.
59 173 «—Don Pedro, he regresado, pues...»
El abogado se despide de P. P.
60 175 «Faltaba mucho para el amanecer.»
Damiana Cisneros, P. P. y la chacha Margarita.
61 177 «—Supe que te habían derrotado...»
El «Tilcuate», aliado ahora con los «villistas», pide dinero a P. P.
62 179 «En el comienzo del amanecer...» [Enlaza con § 57] Susana y Justina. P. P. El P. Rentería da la comunión a Susana.
63 181 «—¿Ve usted aquella ventana...?» Dos mujeres ven apagarse la ventana de Susana.
64 183 «Tengo la boca llena de tierra.» Susana muere rechazando al P. Rentería. 65 185 «—Yo. Yo vi morir a doña Susanita.»
Palabras de Dorotea a Juan Preciado. [Última intervención de estos personajes.] 66 185 «Al alba, la gente fue despertada ... »
Doblan las campanas por Susana. Soledad de P. P.
67 187 «El Tilcuate siguió viniendo ... » Noticias de la revolución. El P. Rentería con los «cristeros». 68 188 «Pedro Páramo estaba sentado ... »
Soledad de P. P.; piensa en Susana.
69 189 «A esa misma hora ... » Abundio, borracho, apuñala a P. P.
70 193 «Allá atrás, Pedro Páramo ... » Muerte de P. P.