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Asignatura: Psicologia de los Grupos, Profesor: , Carrera: Psicología, Universidad: US
Tipo: Apuntes
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El término personalidad procede de la palabra latina persona que se refería a las máscaras que los actores utilizaban en las representaciones teatrales. Hasta la Edad Media, lo que hoy entendemos por personalidad quedaba recogido en conceptos como razón, psique, o ser humano.
Actualmente, el significado de la palabra personalidad recoge 8 acepciones:
Debemos reconocer que la utilización cotidiana del término cumple una función adaptativa importante: en función de nuestra idea de cómo es una persona, adaptamos nuestro comportamiento cuando nos relacionamos con ella. Pero también tiene un aspecto inadecuado, y es que el uso de que hacemos cotidianamente del concepto de personalidad lleva asociado a veces esas connotaciones de valor que hemos señalado, al transmitir que hay personalidades mejores o peores.
Lo que hace diferente al psicólogo de la personalidad profesional del amateur es que el primero, como científico, debe proponer modelos teóricos basados en evidencias sistemáticas y científicamente contrastadas, que partan de una definición clara y operativa de los términos que utiliza; mientras que el amateur puede aceptar en su vida diaria teorías y supuestos poco claros, que le permiten reinterpretar los hechos si éstos no se ajustan a sus creencias previas.
Hay casi tantas definiciones como autores han escrito sobre la misma. Elementos de tan enorme relevancia para predecir, explicar y entender la conducta serian:
Bermúdez → organización relativamente estable de aquellas características estructurales y funcionales, innatas y adquiridas bajo las especiales condiciones de su desarrollo, que conforman el equipo peculiar y definitorio de conducta con que cada individuo afronta las distintas situaciones.
Costa y McCrae , apoyándose en la definición de Allport , consideran que en una definición de personalidad deben estar presentes los siguientes aspectos (los tres primeros derivarían de la definición de Allport): a) Una organización dinámica o conjunto de procesos que integran el flujo de la experiencia y la conducta. b) Sistemas psicofísicos, que representan tendencias y capacidades básicas de individuo. c) Forma característica de pensar y comportarse, como hábitos, actitudes, o en general, adaptación peculiar del individuo a su entorno. d) Influencias externas, incluyendo tanto la situación inmediata como las influencias sociales, culturales e históricas. e) La biografía objetiva, o cada acontecimiento significativo en la vida de cada uno. f) El autoconcepto, o el sentido del individuo de quién es él.
Tendencias básicas: disposiciones personales, innatas o adquiridas, que pueden ser o no cambiables o modificables con la experiencia a lo largo del ciclo vital, como los rasgos, la orientación sexual, la inteligencia, o las habilidades artísticas.
Adaptaciones características: hábitos de vida, las creencias, los intereses, las actitudes, o los proyectos personales, así como las relaciones y los roles sociales, que serían adaptaciones interpersonales.
Autoconcepto: visión que tiene el individuo de cómo es. Los procesos dinámicos son los mecanismos que relacionan los distintos elementos del modelo.
Costa y McCrae: las tendencias básicas y las influencias externas serían consideradas como las fuentes últimas de explicación de la conducta, entendiéndose como las unidades básicas de la personalidad.
Caprara y Cervone: la psicología de la personalidad debe ir más allá de la identificación de las tendencias de nivel superficial para analizar los mecanismos afectivos y cognitivos que contribuyen de forma causal al funcionamiento de la personalidad.
Pervin: la personalidad es una organización compleja de cogniciones, emociones y conductas que da orientaciones y pautas (coherencia) a la vida de una persona.
A partir de la definición de Pervin :
Uno de los aspectos importantes considerados al definir la personalidad es que incluye características y estilos relativamente estables. Puede decirse que la personalidad de un individuo empieza con componentes biológicos innatos, algunos compartidos con otras personas y otros más distintivos fruto de la propia herencia o de otras influencias, que a lo largo de la vida, estas tendencias innatas se van canalizando por la influencia de múltiples factores, como la familia, la cultura u otras experiencias; y que la personalidad vendría constituida por el patrón resultante de conductas, cogniciones y patrones emocionales.
El estudio de la personalidad empezó en el siglo XX. En las dos primeras décadas del siglo XX, los psicólogos desarrollaron “tests mentales” para selección y diagnóstico, intentando demostrar su utilidad a la hora de resolver problemas prácticos urgentes asociados con la inmigración, las organizaciones laborales, o la educación, así como la movilización general que se produjo con la Primera Guerra Mundial. Tras ella, se necesitaban medidas de personalidad que ayudaran a mejorar la predicción sobre el rendimiento escolar, labora o militar.
El estudio de la personalidad no se formalizó, como una rama de la psicología, hasta finales de la década de los 30. Tres manuales, y sus correspondientes autores, contribuyeron a su consideración de disciplina científica. Nos referimos a Allport (Personality; A psichological interpretatión), Murray (Explorations in personality) y Stagner (Psicychology or fersonality).
podrán hacerse predicciones válidas del comportamiento de los individuos. Para llevar a cabo este análisis de las variables personales, se utiliza metodología clínica y/o correlacional. El internalista u organísmico ha moderado ese reduccionismo, manteniendo como objeto de estudio la persona como todo integrado y los aspectos subjetivos, o no directamente observables, de la personalidad. Pueden distinguirse tres tipos de planteamientos teóricos: procesuales, estructurales (ambos otorgando a las variables personales una naturaleza psicológica) y biológicos.
Planteamientos procesuales También llamadas “de estado”, consideran que las variables personales que determinan la conducta y que posibilitan su predicción son de naturaleza dinámica, como estados y mecanismos afectivos y/o cognitivos, existentes en el individuo. Se utiliza, en la mayoría de los casos, metodología clínica, lo que implica el estudio de individuo total, con su peculiar y definitoria organización de los estados o procesos internos estudiados a partir de la recogida de datos basados en las observaciones de la conducta, generalmente, en contextos terapéuticos. Entre estos planteamientos podemos incluir las teorías psicodinámicas (Freud,..), las teorías fenomenológicas (Rogers,…), o la teoría de los constructos personales de Kelly. Estas teorías comparten los supuestos generales del modelo internalista, y los particulares de las teorías procesuales.
Planteamientos estructurales Las variables personales son de naturaleza “estructural”, denominándolas como rasgos o disposiciones estables de conducta, cuya organización y estructuración peculiar configura la personalidad de un individuo. La conducta es consistente y estable a lo largo de las distintas situaciones y en diferentes momentos temporales; o, dicho en otros términos, que la ordenación de los individuos en una variable o determinante personal específico se mantiene cuando se observa la conducta en otros contextos. La mayor parte de la investigación sobre rasgos ha estado guiada por la utilización de metodología multivariada, basada en un modelo acumulativo de medición. En este tipo de modelos acumulativos, los indicadores de rasgo están aditivamente relacionados con la disposición inferida (relaciones directas entre personalidad y conducta); mientras que en los planteamientos procesuales, comentados previamente, se atribuyen relaciones no aditivas o indirectas entre la conducta y los estados fundamentales supuestos. Los planteamientos teóricos más significativos dentro de este enfoque serían el modelo de los 16 factores de personalidad de Cattell , el modelo de los tres factores o modelo PEN (psicoticismo, extraversión y neuroticismo) de Eysenck , y el modelo de los cinco grandes factores (neuroticismo, extraversión, afabilidad, tesón y apertura a la experiencia) de Costa y McCrae. En los últimos años, se habla de un modelo de seis factores de personalidad, que denominan HEXACO. Las dimensiones que contiene serían Honestidad-Humildad, Emocionalidad, eXtraversión, Afabilidad, Responsabilidad y Apertura a la Experiencia. Este modelo, tiene similitudes con el de los cinco en tres de los factores: Extraversión, Responsabilidad y Apertura, pero introduce algunos cambios con respecto a las facetas incluidas en los otros dos factores (por ejemplo, la Emocionalidad del HEXACO no incluye la ira que sí contenía el Neuroticismo del modelo de los cinco, pasando esos aspectos a la dimensión de Afabilidad, que en el modelo de los seis enfatiza la paciencia y la tolerancia frente a la ira). Incorpora un sexto factor, Honestidad-Humildad con alguno de los contenidos que están recogidos en la Afabilidad de los cinco, pero que según los autores constituyen un factor independiente y que puede ser relevante para el estudio de las relaciones sociales.
Planteamientos biológicos Se atribuye a los factores causales de la conducta, que siguen estando en el individuo como en los planteamientos anteriores, una naturaleza no psicológica. Podemos incluir las concepciones que explican la conducta a partir del funcionamiento del sistema nervioso o del sistema endocrino.
4.2 Modelo situacionista Las causas que ponen en marcha y dirigen la conducta de las personas están fuera de ellas, lo que las hace ser más reactivas que activas, como veíamos en el modelo anterior. Los planteamientos integrados en el modelo situacionista se caracterizan, con respecto al modelos internalista, por un cambio en la consideración de los factores determinantes de la conducta; en el modelo situacionista se deja recaer dicha determinación sobre factores ajenos o externos al individuo, es decir, sobre las condiciones estimulares que configuran la situación en que se desarrolla la conducta. Esta característica general se traduce en dos supuestos principales: la consideración de que la conducta es aprendida, y el énfasis en el estudio de la conducta como unidad de análisis.
En el primer supuesto, se considera que la casi totalidad de la conducta es producto del aprendizaje; por ello, deben estudiarse los procesos de aprendizaje por los que adquirimos nuevas conductas. Este estudio se realiza mediantes la utilización de metodología experimental, donde las hipótesis deben estar claramente definidas y deben poder verificarse a través de la
manipulación de variables objetivas, externas al organismo, en un ambiente controlado. El procedimiento consistiría en manipular las variables del medio y observar las consecuencias de esta manipulación sobre la conducta.
En el segundo supuesto, se llega a hacer equivalente personalidad con conducta, considerando a ésta como unidad fundamental de análisis, como objeto principal de la investigación.
Desde el momento en que el peso explicativo de la conducta recae en variables ajenas al organismo, no cabria hablar de consistencia, sino de especificidad: la conducta variará en función de las peculiares condiciones estimulares a que se enfrenta el individuo y, en caso de observarse un patrón de respuesta similar, será debido a la equivalencia entre las distintas situaciones en que se analiza la conducta.
4.3 Modelo Interaccionista El modelo interaccionista (o dialéctico) vendría a superar las limitaciones de los planteamientos unidimensionales, al entender que la conducta estaría determinada, en parte, por variables personales; en parte, por variables situacionales; pero, fundamentalmente, por la interacción entre ambos tipos de determinantes. Bajo este modelo de sistema abierto, la personalidad no sería una máquina ni una entidad predestinada, sino un sistema autorregulador en permanente interacción con otros sistemas.
Los postulados teóricos del interaccionismo podrían resumirse en cuatro:
El primero de los supuestos implica lo esencial del modelo interaccionista: la conducta está determinada por un proceso continuo de interacción entre los factores personales y situacionales, en un contexto bidireccional. Habría dos tipos de interacción, la mecanicista (o unidireccional) y la dinámica (recíproca o multidireccional). La primera se centra en la interacción entre los efectos principales (persona y situación) sobre la conducta. Utiliza como técnica estadística el análisis de varianza distinguiendo claramente entre variables independientes (factores personales y situacionales) y dependientes (conducta analizada). En este caso, la interacción sería entre causas, no entre causa y efecto. La segunda, o modelo de interacción dinámica, se centraría en la interacción recíproca entre conducta, factores personales y factores situacionales. Sería multidireccional, analizando tanto las interacciones entre variables independientes, como entere variables independientes y dependientes.
El segundo supuesto de los planteamientos interaccionistas señalaba que el individuo es un agente intencional y activo en el proceso continuo de interacción. La persona interpreta las situaciones, les asigna un significado y, además, como resultado de su historia de aprendizaje, elige, en la medida de lo posible, las situaciones a las que se enfrenta, seleccionando de ellas aquellos aspectos que le resultan más significativos, convirtiéndose en señales de su conducta.
El tercer supuesto, los determinantes personales que son más importantes desde este entendimiento interaccionista de la conducta, se considera que son los factores cognitivos. Mischel : autor que ha ofrecido un entendimiento más estructurado de los determinantes personales de naturaleza cognitiva, que se completa con su más reciente formulación del sistema cognitivo- afectivo de personalidad (CAPS), incorporando también el papel de los factores emocionales.
El cuarto supuesto señalaba que el aspecto más relevante de la situación en la interacción, como determinante de la conducta, es su significado psicológico.
Sería necesario hacer una diferenciación más entre “entorno”, “situación” y “estímulo”, con el fin de centrar los intereses de la psicología de la personalidad en este contexto. El entorno sería el marco general en que tiene lugar la conducta (factores sociales y culturales). La situación sería el marco momentáneo o escenario en que ocurre la conducta. Y por último, los estímulos serían los elementos que integran y conforman la situación.
Situación percibida: hace referencia al proceso por el que las situaciones y las condiciones situacionales son percibidas, construidas cognitivamente y valoradas por la persona.
la descripción total de la persona. Nos indican qué desafíos afronta una persona en el presente y hacia dónde camina o qué persigue para el futuro, por lo que están contextualizadas en el tiempo.
El estudio de estas unidades nos permitirá no solo predecir la conducta como hacemos con los rasgos más estables, sino identificar los mecanismos causales responsables de la conducta. A partir de un planteamiento de esta naturaleza, podremos ser capaces no sólo de predecir y explicar la conducta, sino que también permitiría el cambio en mayor medida que un planteamiento basado en rasgos más o menos fundamentados biológicamente y con una mayor estabilidad y consistencia, lo que “fortalece la capacidad de las personas para adaptarse a nuestro mundo rápidamente cambiante”.
Si hablamos de rasgos disposicionales, estaremos indicando en general una alta estabilidad, pero si hablamos del proceso o de los elementos dinámicos (metas, creencias,…), la posibilidad de cambio y adaptación a las circunstancias es mucho mayor.
McAdams propone que para entender la estructura y dinámica de la personalidad, se deben incluir al menos tres niveles, teniendo en cuenta que cada uno incluye a su vez, una amplia gama de constructos de personalidad: los rasgos disposicionales (nivel I), los intereses personales (nivel II) y la narración de la propia vida (nivel III).
El nivel I incluiría aquellas dimensiones de personalidad, relativamente descontextualizadas que denominamos rasgos, y que se caracterizan por una cierta estabilidad temporal y consistencia transituacional. El nivel II se refiere a lo que la persona quiere (expectativas, creencias, motivaciones) y los métodos que utiliza para conseguir lo que desea (estrategias, planes…) y evitar lo que no desea, o lo que hemos denominado como “unidades de nivel medio” o también se han llamado “constructos de acción personal”. El nivel III consideraría la auténtica identidad de una persona, su propia narración o historia vital, indicando quién o qué está intentando ser, es decir, su identidad. Incluirían distintos elementos, como un tono emocional, imágenes o metáforas significativas, ideologías, episodios concretos con un marcado carácter o significado para el individuo, las idealizaciones o aspiraciones sobre uno mismo y su papel en la vida, y un final, que marca el legado que uno deja y que genera nuevos comienzos en generaciones posteriores.
5.3 Las integraciones recientes El primer principio, sobre “evolución y naturaleza humana”, diría que las vidas humanas son variaciones individuales en un diseño evolutivo general, lo que recogería las formas en que cada persona es como las demás. El segundo principio, “la estructura disposicional”, diría que las variaciones en un conjunto pequeño de rasgos disposicionales implicados en la vida social constituyen los aspectos más estables y reconocibles de la individualidad psicológica. El tercer principio, “adaptaciones características”, indicaría que más allá de los rasgos disposicionales, nuestras vidas varían con respecto a un amplio rango de adaptaciones motivacionales, socio-cognitivas, y evolutivas, contextualizadas en el tiempo, lugar y/0 rol social. El cuarto principio, “narraciones de vida e identidad personal”, indica que más allá de los rasgos y de las adaptaciones características, las personas varían con respecto a las historias de vida que integran, o narraciones personales, que los individuos construyen para dar significado e identidad a sus vidas en el mundo en que viven. La identidad narrativa incorpora el pasado reconstruido y el futuro imaginado en un todo más o menos coherente que da a la vida de la persona un cierto nivel de unidad, propósito y significado. El quinto principio, “el papel diferencial de la cultura”, resalta el papel de la cultura en los distintos niveles de la personalidad. Así, aunque proporciona reglas para la expresión conductual, tendría un papel más modesto en la expresión de los rasgos; un mayor impacto en las adaptaciones características, y donde ejerce su influencia más profunda sería en las historias de vida, proporcionando temas, imágenes, argumentos para la construcción psicosocial de la identidad narrativa.
Para alcanzar los objetivos que caracterizan al estudio de la personalidad se han seguido tres orientaciones. Por una parte, se han generado distintas teorías de personalidad, que parten del hecho, ampliamente constatado, de que las personas están continuamente manifestando conductas cuyo significado puede interpretarse desde distintos puntos de vista.
La segunda orientación entiende la psicología de la personalidad no como “teorías de personalidad” sino como investigación en personalidad. Los autores investigan constructos y elaboran “microteorías”, que no persiguen los objetivos tan comprehensivos de las tradicionales teorías de la personalidad, sino un acercamiento más puntual a un rango más limitado de fenómenos.
La tercera orientación adopta una postura intermedia combinando la presentación de formulaciones teóricas con aplicaciones e investigación en problemas o aspectos concretos.