






































































Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity
Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium
Prepara tus exámenes
Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity
Prepara tus exámenes con los documentos que comparten otros estudiantes como tú en Docsity
Encuentra los documentos específicos para los exámenes de tu universidad
Estudia con lecciones y exámenes resueltos basados en los programas académicos de las mejores universidades
Responde a preguntas de exámenes reales y pon a prueba tu preparación
Consigue puntos base para descargar
Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium
Comunidad
Pide ayuda a la comunidad y resuelve tus dudas de estudio
Ebooks gratuitos
Descarga nuestras guías gratuitas sobre técnicas de estudio, métodos para controlar la ansiedad y consejos para la tesis preparadas por los tutores de Docsity
Asignatura: Personalidad, Profesor: errasti errasti, Carrera: Psicología, Universidad: UNIOVI
Tipo: Apuntes
1 / 78
Esta página no es visible en la vista previa
¡No te pierdas las partes importantes!







































































1.1 Psicologías de la Personalidad mundanas y académicas.
El objeto de estudio de esta disciplina tiene una indudable presencia mundana ; la gente habla acerca del concepto y las características de la personalidad. Con lo cual, se supondría que en principio todos sabríamos lo que es la personalidad.
En el lenguaje coloquial, el significado de un término consiste en su función, en su uso. Y diríamos que en su uso mundano o coloquial los conceptos de personalidad fingen ser la causa última de las diferencias conductuales entre las personas. (Si María no puede dormir antes de un examen pero Ana sí, es porque María es una persona nerviosa y Ana es una persona tranquila). Ahora bien, esos rasgos de personalidad a los que recurrimos en la vida cotidiana los proponemos a posteriori de la conducta que queremos explicar, con lo que el resultado es una psicología que lo explica todo pero es muy tramposa. La psicología mundana puede explicarlo todo, pero de forma tramposa. Estamos proporcionando pseudoexplicaciones, ficciones explicativas de la conducta, en realidad no tenemos ni idea de lo que estamos hablando. Se comete de esta manera un primer error básico, elemental, que consiste en confundir la causa de una conducta con su descripción más o menos técnica.
Ej.: En zoología, los mamíferos con uñas se dividen en dos categorías, los que tienen la pezuña segmentada en un número par, y los que tienen un número impar de uñas. Si yo digo que por qué la vaca tiene uñas pares, no vale contestar que es porque pertenece a la primera categoría, sino que la vaca pertenece a la primera categoría porque tiene uñas pares.
La ignorancia la disimulamos detrás de categorías de la personalidad en su uso mundano.
En el ámbito académico , el concepto de Personalidad es terriblemente oscuro y conflictivo, en donde cada escuela va a entenderlo de forma diferente como las propias categorías y conceptos creados por la propia escuela, manteniendo niveles de explicación completamente diferentes, irreductibles entre sí, no pudiendo resolverse las diferentes polémicas que pudieran crearse.
También nos encontramos con pseudoexplicaciones, que son las explicaciones de las conductas caracterizándolas con un adjetivo. Quizá el mejor ejemplo de esto sea el diagnostico psiquiátrico clásico.
¿Cómo podríamos resolver este problema?
Una posible solución sería consensuar entre los psicólogos el uso de terminología materialista y operativa (que explicita los procesos de su medida).
Ej.: Dice Freud, que la personalidad dependiente es debida a una retención oral de la energía sexual durante el desarrollo infantil de los niños. Otro autor, Rogers, por el contrario, pensaba que la personalidad dependiente era debida a unos estilos educativos que habían reprimido el verdadero Yo del niño. ¿Quién tiene razón de los dos? Es imposible saberlo porque los propios términos en los que están escritas las teorías son imposibles de operativizar (investigar, medir).Si decimos que la personalidad dependiente se debe a un excesivo uso del castigo, ya estoy posibilitando las investigaciones, sin embargo ya se está tomando partido, porque habrá
psicólogos que digan que la naturaleza humana no se puede reducir a temática materialista, y por lo tanto la ciencia sería más exacta pero habría renunciado al tema de estudio de la psicología.
1.2. Carácter global de la Psicología de la Personalidad: la conducta humana.
Otras partes de la Psicología acotan su campo de estudio respecto del total de la Psicología. Por el contrario la Psicología de la Personalidad siempre se ha caracterizado por intentar abarcar la totalidad de la conducta humana, tener unas pretensiones muy holísticas, globalizadoras, intentando crear marcos globales para entender la conducta humana.
Para intentar empezar a aclarar cuál es la naturaleza de la conducta, vamos a presentar una clasificación de tipos de conducta, que distingue dos tipos:
Esta distinción abierto/encubierto toma partido y se opone a toda una tradición importantísima y mayoritaria de la psicología que entiende que los fenómenos encubiertos no son conductas, no tienen naturaleza conductual, sino que pertenecen a otro ámbito diferente del de la conducta ontológicamente diferente a la conducta y que constituye el ámbito de la mente. Esta diferencia es tan importante que de hecho, la mente puede actuar como la causa de la conducta. Estas tradiciones pertenecen a lo que llamaríamos Dualismo , desde la que se entenderá que la causa de la conducta es la mente, y que la conducta es únicamente es la conducta abierta.
Sin embargo, la otra tradición, que podríamos llamar Adualismo , estos fenómenos mentales son entendidos como un fenómeno más de conducta (Conducta encubierta). Y la causa sería el mundo (el ambiente, el entorno, la biografía…) como causante tanto de la conducta abierta como de la encubierta.
27/1/
El caso es que la naturaleza de los eventos privados es una de las grandísimas preguntas que tensa y rompe la Psicología, que hace que no sea una disciplina unitaria. Concretamente, en Personalidad, la mayoría de las teorías sobre el psiquismo humano son teorías mentalistas (dualistas), que han otorgado a los eventos privados (conducta encubierta) un estatus causal respecto de la conducta abierta. Este esquema dualista es también el propio de la psicología mundana.
De esta manera, una parte mayoritaria de las teorías de la personalidad se van a dedicar a especular variables internas y a estudiar su supuesto efecto sobre la conducta y esa será la labor del psicólogo. Esto supone una inversión respecto del significado original de personalidad.
El término “personalidad” viene del griego “prosopon”, que es el nombre que recibe la máscara que utilizan los actores en el teatro griego clásico y que identifica al personaje que se está interpretando. En el teatro romano esa máscara que nos indica qué personaje es el actor, pasa a llamarse “personae”. Es fundamental notar por tanto que en su origen, la personalidad tiene una naturaleza escénica, dramatúrgica, no habla de ninguna esencia o interioridad, sino que la máscara indica la conducta, lo que se ve. Es decir, en su origen, la personalidad es algo público,
determinar como fugas histéricas, amnesias histéricas y personalidades múltiples.
En la actualidad prácticamente no hay Histeria, si bien en la última década hay trastornos parecidos a la histeria como son los trastornos límite de la personalidad, de alimentación y los trastornos de personalidad múltiple.
Quizá el rasgo más identificativo de la depresión tiene que ver con la inhibición conductual, es decir, la persona deprimida deja de hacer cosas; actividades de ocio, relaciones sociales, mal cuida su higiene, su alimentación, no va al trabajo, etc. Y muestra Anhedonia , que es la incapacidad para disfrutar de lo que antes se disfrutaba (aficiones, etc.). Puede ser un trastorno menor o uno gravísimo que pueda provocar conductas de suicidio o autolesiones. Su presencia está ya completamente diluida con la tristeza o el decaimiento, formando parte del lenguaje coloquial.
¿Es un invento moderno?
Las primeras clasificaciones psiquiátricas de depresión por duelo pedían un año de duración de los padecimientos depresivos.
En el DSM4 exigían 2 meses de padecimientos depresivos.
En el DSM5 exigen 2 semanas.
Se han recogido todo tipo de fobias a todo tipo de estímulos. Una serie de estímulos parecen estar especialmente preparados para provocar fobias, como por ejemplo:
■ Animales
■ Sangre
■ Oscuridad
■ (^) Aspectos sanitarios
■ Configuraciones espaciales determinadas (profundidad, espacios abiertos, espacios cerrados, alturas)
■ Fuego
Tener miedo a estas cosas probablemente nos ha mantenido a salvo como especie, por eso tendrá valor evolutivo. Hay dos fobias especialmente importantes o incapacitantes
■ Fobia social : No tiene nada que ver con la timidez. Es la gente a la que hablar con otras personas les resulta tan insoportable que prescinden de ello.
■ Agorafobia : Miedo a los espacios abiertos. (Contrario de la claustrofobia). Suelen ir acompañados de trastornos de pánico.
■ El componente obsesivo: tiene que ver con la presencia de pensamientos altamente ansiógenos para la persona, y que le vienen como “invasores” a la mente sin que ellos quieran. Hay ciertos temas preparados para provocar obsesiones (preparedness -> Seligman): comprobaciones, orden, enfermedades…
■ El componente compulsivo: La persona solo se tranquiliza realizando ciertos rituales estandarizados, rígidos, protocolizados, que dan seguridad y quitan la ansiedad a la persona. De nuevo, los rituales más habituales tienen que ver con la comprobación, la limpieza, etc.
Son trastornos muy difíciles de tratar porque suelen estar enraizados en personalidades muy obsesivas, rígidas, perfeccionistas, etc.
No tiene nada que ver con nuestras pequeñas manías. Estas personas suelen acabar engullidos por sus manías.
El TOC suele tener un comienzo insidioso, lento.
Como norma general, todos los trastornos de ansiedad se superan enfrentando la ansiedad, siguiendo una serie de planes.
2/2/
Los trastornos psicóticos se guían por la regla de los tres tercios. Un tercio son las personas que tienen un brote psicótico una sola vez y no se vuelve a repetir. Otro tercio, por el contrario, va a empezar a sufrir el trastorno y aunque pueda llevar una vida casi normal, los cambios le van a hacer tener algún brote psicótico. El tercio restante acaba sufriendo severamente el trastorno y verá su vida claramente afectada. Lo mismo ocurre con los trastornos de alimentación.
Con respecto a por qué ocurren, no se sabe realmente. Los factores genéticos pueden tener que ver, pero incluso teniendo ambos progenitores trastornos psicóticos, la probabilidad de que los hijos los tengan es del 20%.
Hoy en día no se conocen realmente las causas de los trastornos neuróticos y psicóticos. Ha habido ocasiones en las que ha parecido que se había encontrado la razón, pero no es así. En función de la orientación de cada autor, se inclinará más hacia aspectos biológicos o se inclinará más hacia aspectos psicológicos.
Lo que no duda nadie, es que en el caso de las neurosis, los posibles componentes biológicos que pudiera haber son menos importantes que en la psicosis y sobre todo no son por sí mismos patógenos.
Por ejemplo: se ha hablado mucho y parece que hay cierta seguridad en que el trastorno bipolar tiene algo que ver con fallos en el metabolismo del Litio.
Y también es cierto que entre las personas con trastorno de pánico parece haber un sistema nervioso vegetativo especialmente reactivo.
Ahora bien, la hiperreactividad autonómica no es especialmente un defecto. Las características biológicas de las personas neuróticas no son de por si trastornos, como sí lo sería un mal metabolismo del Litio.
Falacia ex juvantibus: deducir las causas de una enfermedad a partir de qué soluciones funcionan. (Que las personas deprimidas mejoren cuando toman antidepresivos a base de serotonina que hacen que la serotonina tarde más tiempo en degradarse).
Sin embargo, por motivos meramente sociológicos, la medicina se ha ocupado de los problemas emocionales de las personas. A partir de finales del s. XIX, se observa un brote de este tipo de problemas emocionales y son los médicos los que se hacen cargo. A lo largo del siglo XX todos los problemas de ajuste individual han sido entendidos desde el punto de vista de la medicina, desde el modelo de la enfermedad, lo que puede ser por el individualismo de la sociedad actual, por el cientifismo, etc. A lo largo del s. XX, la medicina ha creado una disciplina llamada Psicopatología, en donde estudiaría la conducta enferma, y ha discutido con diversas posturas la diferencia entre lo normal y lo patológico. Hasta que la psicología en los años 60 plantea una visión de la conducta anormal completamente ajena al modelo médico, en donde la distinción normal-patológico sencillamente desaparece.
3/2/
Desde un punto de vista genuinamente psicológico que no asimila la conducta a elementos no psicológicos, como enfermedades, sino que desde un modelo toma a la conducta como ella misma. La diferencia entre conducta normal y patológica no existiría. No hay ningún criterio propio a la conducta que diferencie entre conducta normal y patológica. La idea central de este argumento es que los procesos psicológicos que causan las llamadas conductas “patológicas” o “enfermas” son los mismos que causan las conductas “normales”, y que las únicas diferencias
entre unas y otras es su valoración social o el sufrimiento que provocan, pero nada de eso altera su naturaleza conductual, a lo que son como comportamientos que presenta una persona. Las conductas de excitación y de evitación por miedo son el mismo proceso psíquico, y por lo tanto, aunque una provoque problemas a la persona y la otra no, deben ser tratadas de la misma manera.
En este sentido, clasificar la conducta como normal o enferma sería aplicar un criterio frívolo y externo, irrelevante para la Psicología.
Hasta finales del siglo XIX la preocupación por la personalidad humana había sido muy escasa. Los grandes estudiosos de Humanidades no habían tenido gran interés por ello, y quizá lo único que se había realizado tenía que ver con la tipología de los Humores de Hipócrates, que distinguía cuatro tipos de temperamentos, en función de que predominasen en la persona uno u otro de los cuatro fluidos, humores corporales, que en aquella época se pensaba que constituían el cuerpo humano. Así, si predomina la sangre: tendremos entonces un temperamento sanguíneo , vitalista, optimista, con iniciativa, fuerte. Si predomina la flema, tendremos entonces el temperamento flemático , tranquilo, sereno, imperturbable, tranquilo, etc. Si fuese la bilis normal, amarilla, tendríamos un carácter bilioso o colérico, irascible, irritable, colérico. Si predomina la bilis negra, melancólico , depresivo, apático, añorante, etc.
Y esta clasificación hipocrática se mantuvo con detalles, con pequeños retoques por ejemplo en la obra de Galeno, hasta finales del siglo XIX, donde de pronto, en el panorama europeo, los aspectos del psiquismo humano, y más en concreto de la personalidad, adquieren de pronto una enorme importancia. Este auge de la psicología es debido a un lento proceso sociohistórico que comienza muy levemente en la Italia renacentista, lentamente se va extendiendo por Europa durante los siglos XVII Y XVIII hasta que finalmente se convierte en una figura social en las ciudades europeas y norteamericanas de finales del XIX. Y en la actualidad, este proceso se encuentra completamente exagerado y constituye la propia identidad del individuo actual. Se trata de la aparición del ámbito de lo íntimo y lo privado. Esto tiene que ver con la aparición de motivos socio económicos que hacen que las personas disfruten o sufran de espacios propios, objetos propios y conductas que comienzan a practicarse exigiendo soledad. La persona individual comienza a desgajarse del grupo y a definirse más por lo que le distingue de los demás que por lo que le une a los demás. La persona sufre un proceso de ensimismamiento ante lo propio y de extrañamiento ante lo ajeno.
2.1 La aparición de la “persona individual”.
La construcción de la intimidad y de la privacidad no es una característica inherente a la condición humana, sino que es el resultado de cambios muy concretos en las conductas básicas que tienen lugar debido a procesos socio económicos, de manera que conductas que clásicamente se realizaban de forma inocente, despreocupada, carentes de vergüenza, poco a poco comienzan a llenarse de prevenciones, de vergüenzas, de artificios aparatosos para ser ocultadas.
Una de las primeras tiene que ver con el comportamiento en la mesa , comer. Antiguamente la comida era una práctica grupal en donde la comida se comía directamente de una fuente común que se colocaba en el centro del grupo. Y la comida era la que se comía en la zona, añadiendo algún ingrediente en función del poder adquisitivo. Poco a poco la comida comienza a
Un último ejemplo tendría que ver con el arte. La temática y el contenido artístico han cambiado mucho en los últimos siglos. En concreto en las artes narrativas , el paso de las grandes narraciones clásicas, que tienen que ver con héroes que se enfrentan a temas que les transcienden, va dando lugar a la comedia y al drama burgués, caracterizados por temáticas menores y domésticas, que terminan en las comedias actuales donde las tramas siempre son banales e idiotas (ensimismadas), que continúan a pesar de todos los cambios que ocurren en el mundo. Junto a las artes narrativas estarían también las artes plásticas , en donde también se observa una transición espectacular en la evolución del retrato, de tal forma que si el retrato o autorretrato es la respuesta que pictóricamente se da a la identidad de una persona, observamos como clásicamente la identidad se basaba en la función social (si se dibujaba a un rey le dibujaba con capa, corona, etc. Porque si no, ¿quién es?). Esto se va cambiando poco a poco hasta que explota en el siglo XX, donde el retrato se descontextualiza, y la persona comienza a ser su cara, su imagen, e incluso en las vanguardias, la persona está rota en pedazos, está distorsionada (cubismo).
A consecuencia de todo lo expuesto, aparece propiamente un hombre nuevo, el burgués, el habitante de la ciudad. Un individuo que considera que su esencia o identidad está justamente en este ámbito privado que ha quedado retirado del escenario social. Armado de un yo hiperreflexivo al que nadie tiene acceso salvo él mismo. Y en ocasiones este yo tan hiperreflexivo se enreda tanto de forma tan oscura que pide ayuda a un profesional para que desenrede lo que ha estado bloqueado en el interior. Aparecen las crisis de identidad.
En este nuevo contexto, las relaciones personales, que se mantienen con semidesconocidos cambian por complejo su lógica con respecto al pasado. En este nuevo escenario, las relaciones se convierten en juegos de máscaras, que ya no son el prósopon griego, sino que ahora son máscaras que ocultan, y el sujeto nunca se compromete con el juego más allá de la propia situación de juego. Por ejemplo, las relaciones de pareja en la actualidad son juegos de máscaras, uno quiere desempeñarlos bien, quiere demostrar que es un buen jugador, trata a su pareja en función de lo que piensen los demás, etc.
Es de nuevo ahora en este contexto en el que el disimulo, la excusa, el fingimiento se convierten en actividades casi automáticas. Ser hiperconscientes de la presentación que hacemos ante los demás se convierte en algo esencial, es inconsciente. Y es justamente contra esta farsa contra el que aparece el mito del auténtico yo.
De esta manera, lo que antiguamente se consideraba una anomalía, que era el estado de soledad, se considera en la actualidad la esencia de la condición humana. Y aparece en el siglo XVIII la gran novela que inicia a este nuevo individuo, Robinson Crusoe.
2.2 Causas materiales y justificaciones de ideológicas de la “personalidad individual”.
Cabe distinguir tres grandes tipos de causas, entrelazadas entre ellas, de la aparición del individualismo y todos los cambios conductuales posteriores. La primera, clásicamente citada, tiene que ver con el paso de la sociedad cerrada a la sociedad abierta. Esta ideología la presenta Bergson en un primer momento y la desarrollará K. Popper. Se distinguiría entonces una sociedad cerrada , tradicional, medieval, precapitalista, donde las vidas de los individuos se encuentran perfectamente encarriladas desde su nacimiento, y no caben variaciones respecto de la tradición, contra una sociedad abierta , en donde los horizontes
vitales de sus individuos se multiplican y diversifican de formas cada vez más abundantes e inabarcables, siendo por tanto posible oponerse a la tradición y no repetir los esquemas de las generaciones anteriores. La sociedad abierta tiene como estructura económica el capitalismo, el cual magnifica, por motivos mercantiles, el gusto individual exagerado o el capricho como esquema básico desde el que afrontar la vida. Este gusto individual está emparentado con la democracia moderna. Junto a esta sociedad abierta, aparece como otro elemento fundamental en la sociedad actual, la popularización de los medios de comunicación. Esto comienza a finales del siglo XV con la aparición de la imprenta y la difusión de libros pero, sobre todo, explota en el siglo XX, con la llegada de los medios audiovisuales de comunicación de masas, de Hollywood y de la televisión, que cambian por completo y para siempre el mundo. Los medios de comunicación, las películas, las series, las redes sociales, etc., abren la sociedad todavía mucho más ofreciendo unos referentes múltiples de posibles identidades, acerca de qué se puede ser en la vida, y justamente colapsando el ejercicio de la libertad por el exceso de oferta. La oferta de identidades en los distintos medios bordean el colapso identitario, cuando todas son atractivas y equivalentes en el cálculo de sus pros y contras. Dentro del marco de la televisión, juega un papel fundamental la publicidad, precisamente como proveedora de identidades. Todo esto lo inventó E. Bernays, sobrino de Freud, que entendió que un mercado basado en las necesidades siempre estaría limitado, y sin embargo, un mercado basado en el deseo, es ilimitado, sobre todo el deseo de la vanidad, del narcisismo, el vinculado a la identidad. La publicidad entonces ha funcionado como uno de los principales motores de la idea del yo privado e íntimo. No obstante, la causa más sólida para la aparición del individualismo tiene que ver con la aparición de la ciudad moderna como un lugar donde se hace imposible conocer a las personas que te rodean, y por tanto el anonimato comienza a jugar un papel muy importante en el curso de las relaciones personales. La clave es que el yo no se construye de igual manera viviendo en entornos donde eres reconocidos desde siempre, que si vives en entornos donde la norma es no conocer a las personas que te rodean. En el pueblo, el otro es otro yo, alguien como nosotros, y provoca, en principio, simpatía e identificación. Por el contrario, en la ciudad el otro no es un yo, y provoca asco y miedo. En el pueblo, la identidad viene dada. En la ciudad, rodeados de semidesconocidos, tenemos que crear nuestra identidad; podemos planearla. La ciudad moderna resulta ser el escenario del fingimiento, el escenario del postureo, donde ves sin que te vean. Además, la ciudad es el escenario del azar, de los encuentros azarosos que abren el abanico de posibilidades. Finalmente, es el escenario de la soledad.
En el pueblo, la escasez demográfica permite que el control de la conducta individual recaiga sobre los demás, sobre la comunidad o grupo. Si yo empiezo a beber más de la cuenta, la gente del pueblo me llamará la atención. Pero en la ciudad, la amplitud demográfica ya no permite que el control de la conducta individual recaiga sobre la comunidad. De tal manera que aparece en la ciudad, un nuevo tipo de control de la conducta social, que es el autocontrol, o dicho de otra manera, el sentimiento de culpa. Si yo bebo más de la cuenta, yo mismo debo de entender que eso es malo para mí. Aparece el protestantismo, que es la gran religión de la ciudad. En el protestantismo, el individuo se relaciona directamente con Dios, y no a través de la iglesia. El catolicismo es la religión de los núcleos poblacionales pequeños. En el pueblo el católico
niño pierda, que el niño se someta a la realidad incluso para cambiarla. Sin embargo, en las últimas décadas, a través de los medios de comunicación, de la publicidad, etc. Incluso en algún caso a través de la psicología y la pedagogía, se empieza a deslizar la idea de que en este diálogo entre el niño y el mundo, es posible o incluso deseable que sea el niño el que venza y que sea el mundo el que se someta al niño. Este sometimiento del mundo, que podríamos llamar capricho, se llama desde hace unos 30 años “cumplir los sueños”. Clásicamente, los sueños eran proyectos realistas negociados con la realidad y con las demás personas, pero no tenían este carácter de mera explosión de subjetividad que hoy en día tienen los sueños y la idea de cumplirlos. El sujeto exige que el mundo cumpla sus sueños, que se ajuste a su subjetividad. Cabría citar otros dos mitos que andan cerca de esto, el Mito de la originalidad y el Mito de la independencia. La independencia no se corresponde con nuestra especie porque somos mamíferos y la originalidad termina siendo una serie de banalidades. Sin embargo se anima constantemente de forma narcisista, a que las personas piensen por ellos mismos cuando lo que acaban haciendo es repetir una serie de eslóganes publicitarios.
16/2/
17/2/
Mito de la felicidad: en ninguna otra época histórica se ha dado tanta importancia a la felicidad hasta el punto de ser el objetivo supremo de la vida. Esto a su vez ha dado lugar a un subgénero comercial que tiene que ver con la consecución de la felicidad, e
incluso a una corriente entera de psicología de aparición reciente que se llama Psicología Positiva y que estudia la felicidad (Eparquio Delgado: Los libros de autoayuda, vaya timo). Todo, las relaciones personales, las creencias, los estudios, su forma de ocio… se evalúa y queda justificado en función de la felicidad. Es difícil ser feliz siendo tan egocéntrico. Se considera que la felicidad nos ocurrirá cuando consigamos deshacernos de los problemas de la vida cotidiana y se ignora que las dificultades de la vida no son los obstáculos de la felicidad sino su condición de posibilidad (como señaló Kant). Y aquí el presenta la metáfora de la paloma: Una paloma volaba cansada y cada vez que aleteaba se cansaba más. Pensó: ¿cuánto más volaría si no hubiera aire? La paloma no sabía que sin aire caería al suelo, es decir, que el aire es lo que le posibilita volar.
La felicidad ahora ya no es vista como un efecto secundario que ocurrirá de forma indirecta llevando una vida sabia, virtuosa, sino que ahora se ve como una meta que hay que buscar directamente y el resultado es lo que decía Albert Camus: El hombre muere y no es feliz. ¿Cómo lo va a ser, si lo pretende? No hay nada que nos aleje más de la felicidad que buscarla. Si con algo tiene que ver la felicidad, no es con las condiciones de vida, sino con el cociente entre las condiciones de vida y las expectativas que tenemos de la vida. A pesar de que hoy en día las condiciones de vida (materiales) han mejorado mucho, las expectativas también han aumentado enormemente. Las sociedades cerradas fomentan más la felicidad que las sociedades abiertas. Contra la vida feliz cabría defender como alternativa, la vida con sentido, con propósito, la vida con pasión (Mario Benedetti: Vivir adrede). Una vida que se mida por lo que busca y no por la comodidad de lo que encuentra. Y la idea es que una vida con sufrimiento pero que ha ido a algún sitio, ha logrado algo, el sujeto la ha dirigido, puede ser mucho más deseable que una vida cómoda e intrascendente. Es la felicidad del testigo de Jehová y la del gran fumador de porros. Contra la vida fofa, blanda, a corto plazo, vivida dentro de la cabeza, cabría defender la vida intensa, problemática, vivida en el mundo y que a lo mejor se acompaña de gran felicidad. Hayes pone la metáfora del conductor de barco.
22/2/
definitiva, ya que casi siempre persisten teorías inclasificables, teorías que pueden pertenecer a más de una de las opciones excluyentes o teorías que carecen de las dimensiones que se están tomando como criterios de clasificación.
3.1. Clasificación en función de la metodología investigadora
Un criterio útil para clasificar a las teorías de la Personalidad es atender a qué tipo de metodología usan en su investigación. Vamos a destacar tres tipos de metodologías, correspondientes a tres tipos muy diversos de teorías: el método clínico , correlacional y experimental.
Este método se apoya sobre una supuesta “intuición perspicaz”, “ojo clínico” del autor, lo cual hace sus hallazgos irreplicables. Además, trabaja con casos únicos publicados, sin informar de los casos no exitosos, ni señala la especificidad de la técnica en la curación del caso. Es el método principalmente usado por psicoanalistas y humanistas.
Sus resultados son replicables y, gracias a dicho control, sí se pueden concluir relaciones causales entre sus variables (ej.: Skinner). Sus inconvenientes tienen que ver con el hecho de
que ciertas variables son inmanipulables materialmente o éticamente. Es el método fundamentalmente usado por cognitivistas y conductistas.
3.2. Clasificación en función del carácter indeterminista/determinista de la teoría
El acercamiento al estudio del comportamiento humano puede realizarse desde dos presupuestos radicalmente opuestos (ante los que no caben en principio posiciones intermedias) , en función de que se considere a la conducta como un fenómeno que no obedece a leyes, o, por el contrario, que está gobernado por principios que adoptan la forma de relaciones causa-efecto.
Desde posiciones indeterministas se defenderá que se encuentra en el hombre una singularidad única en el cosmos, que, además, constituye la esencia misma de la persona: la libertad. A diferencia de los planetas, las cosechas o las nubes, cuya actividad responde a relaciones causales, la actividad humana está autogenerada, autocausada, es fruto de un principio (místico, mágico, injustificado) no gobernado al final más que por él mismo (por más que pueda estar influido, pero nunca determinado, por múltiples factores). Así, el hombre queda cualitativamente desgajado de la naturaleza, y pasa a ser considerado responsable de la conducta que libre y voluntariamente realiza. La causa última del psiquismo es sí mismo. El hombre es causa de sí mismo. Por mucho que el conocimiento humano avance en el conocimiento de los determinantes del comportamiento, siempre quedará un núcleo irreductible e inapresable de libertad que constituye el corazón del psiquismo. Este principio ha adoptado numerosas formas en la historia del pensamiento occidental, aunque básicamente se reconoce en el alma cristiana, en algunas mentes cognitivistas o en el “yo” humanista. Buena parte de la Psicología de la Personalidad (ej.: Rogers) se situaría (o, al menos, dirá situarse) en este punto de vista.
Desde posiciones deterministas , al contrario, se entenderá que la conducta, como fenómeno natural que es, obedece a leyes que cabrá descubrir al psicólogo. Al igual que los planetas, las cosechas o las nubes, la actividad humana responde a relaciones causa-efecto. La conducta humana está (hetero) causada; esto es, dadas todas y cada una de las circunstancias antecedentes genéticas, ambientales o de cualquier otro tipo, lo que ocurre no podría no ocurrir; dada la presencia de la causa no puede no ocurrir el efecto. Por supuesto, se entiende que el comportamiento humano obedece a leyes extremadamente complejas (quizá las más complejas del cosmos) , las cuales pueden ser desconocidas para el actor humano (de ahí la sensación de capricho que en ocasiones nos despierta nuestra propia conducta o la ajena) , pero apelar a que tales leyes no existen no es más que un disfraz ideológico e interesado de la ignorancia (como ocurrió en el pasado con los planetas, las cosechas o las nubes). Competerá al psicólogo el hallazgo de los principios generales de la conducta que, particularizados en cada caso, dan lugar a la infinita variedad conductual del ser humano. De esta manera, los conceptos clásicos de “libertad”, “responsabilidad” y “voluntad” quedan en entredicho.
Desde el determinismo se entiende, además, que la negación de la causalidad en la conducta implica la imposibilidad de la existencia de la Psicología como intervención operativa sobre un campo de sucesos, en nuestro caso, el comportamiento (como ocurriría con unas supuestas astronomía, botánica y meteorología indeterministas, ¿qué le cabe hacer a un clínico indeterminista?) (Finalmente, la cuestión es: ¿dos personas genéticamente y ambientalmente idénticas se comportarían necesariamente igual ante una nueva situación? Más aún, ¿estas dos personas serían personas diferentes?). Muchos autores importantísimos en nuestra disciplina han defendido posiciones deterministas (desde Freud hasta Skinner).
leyes psicológicas. Para ello deberán “descubrir” los criterios correctos de clasificación de las personas (la esencia, por tanto, del psiquismo humano) (ej.: Cattell). Frente a la Psicología idiográfica, que será una Psicología de individuos, la Psicología nomotética será una Psicología de diferencias entre individuos.
3.5. Clasificación en función del modelo teórico intrapsíquico/ambientalista de la Tª
Con todo, las clasificaciones más extendidas de las teorías de la Personalidad (lo que no quiere decir que sean las clasificaciones más acertadas) se han hecho en función de un supuesto “modelo teórico básico” al que las teorías se adscribirían, relativo a la instancia o al nivel en donde estas teorías localizan la causalidad de las conductas. Estos “modelos teóricos básicos” son categóricamente incompatibles , por lo que las teorías concretas pertenecientes a diferentes modelos teóricos son irreconciliables y contradictorias; aunque las teorías serán tanto más reconciliables cuando más próximo esté su punto de divergencia. Los modelos teóricos determinan qué problemas se han de considerar como relevantes y cuáles no, qué estrategias metodológicas conviene emplear y qué alternativas explicativas se emplearán para dar cuenta de los datos y resultados de investigación.
Según esto cabría señalar dos modelos teóricos básicos, que reproducen la permanente polémica acerca de dónde se hallan los factores causales de la conducta, bien en factores internos al propio sujeto que se comporta (modelo teórico intrapsíquico ) , bien en factores externos propios del ambiente en el que el sujeto se halla (modelo teórico ambientalista ). Veámoslos en detalle.
El modelo intrapsíquico o mentalista se traduce en la consideración del ser humano como organismo inexplicadamente activo (proactivo, autocausado) ; la fuente de la conducta hay que buscarla en el propio organismo, más que en condiciones externas al mismo. De hecho, la mayor parte de la Psicología de la Personalidad (en especial, clásicamente) se ha orientado en este sentido.
Los principales supuestos del modelo intrapsíquico serían:
Marcado énfasis en la determinación de la conducta por variables que son definitorias del individuo, por variables personales. La conducta manifiesta del individuo vendría a ser expresión (síntoma, señal, signo, indicio) de una serie de variables, mecanismos y estructuras subyacentes, que el sujeto aporta a la situación concreta. Son estas variables personales las que, en último término, van a determinar el comportamiento que el individuo desarrolle en tal situación.
Marcado empeño por sustancializar la mente desde afanes estructuralistas. Se pretende desde estas teorías realizar una “anatomía”, una “geografía” o una “arquitectura” de la mente, entendida como una estructura compuesta de partes para analizar, como si la mente fuera un órgano, un territorio o una máquina.
Consideración de que la conducta del individuo presentará un alto grado de similitud
transituacional (consistencia) y transtemporal (estabilidad). Esto es, si el comportamiento deriva del conjunto de características propias del sujeto, cabe esperar que su conducta presente una gran continuidad y similitud a lo largo de las situaciones y momentos temporales, dado que dichas características propias son igualmente consistentes y estables.
*Uso de metodología clínica (en las teorías idiográficas) o correlacional (en las teorías nomotéticas).
El modelo ambientalista defiende una consideración eminentemente reactiva del organismo. Así, el organismo se halla inherentemente en reposo, viniendo su actividad a ser el resultado acumulativo de las fuerzas externas que actúan sobre él.
Los supuestos generales del modelo ambientalista serían:
Énfasis en la conducta. En contra de lo que ocurría con el modelo intrapsíquico, el objetivo de interés último del modelo ambientalista lo constituye la conducta en sí misma, de tal forma que las variables intermedias que los psicólogos crean (como “personalidad”) deben ser dependientes de la conducta y no al revés. El hombre se define por su conducta, y es entendido como una unidad indivisible , no como un todo compuesto ya que no está dotado de partes psicológicas de cuya interacción brota la conducta. La conducta es la unidad estructural básica de la Personalidad, y ésta sólo es la suma y organización del repertorio de conductas que presenta una persona. La Personalidad se entiende como un término probabilístico: es la probabilidad de una respuesta en una situación determinada.
Consideración de que la conducta es aprendida : Ahora el aprendizaje es entendido como la vía de adquisición y modificación de la conducta. El ambiente opera sobre la conducta a través del aprendizaje. La conducta es esencialmente aprendida, teniendo en cuenta, obviamente, limitaciones biológicas.
Énfasis en la parsimonia. Las teorías situacionistas o conductuales de la Personalidad usan un corto número de supuestos teóricos para dar explicación de una amplia gama de conductas. Su experimentalismo hace que la especulación sea escasa, o, al menos, esté regulada por el criterio de los datos.
Énfasis en la especificidad situacional. La estrategia situacionista acentúa la inconsistencia e inestabilidad de la conducta de un individuo en diversas situaciones. En todo caso, si en ocasiones puede demostrarse cierto grado de consistencia, ésta se explicará en función de la similitud de las dimensiones psicológicas que configuran las situaciones en que, en cada instante, se encuentra el individuo. Es cierto que la conducta humana se mantiene, pero es cierto que sólo lo hace si se mantienen las circunstancias psicológicas ambientales que la controlan. Así, la continuidad conductual no requiere invocar variables personales permanentes para su explicación.
3.5.1. Revisión crítica de esta clasificación
Esta división del campo de la Psicología de la Personalidad en dos grandes modelos teóricos (intrapsíquico y ambiental) en función de dónde colocan la determinación de la conducta es fruto de la reproducción del dualismo mente/física dentro del campo de la Psicología de la Personalidad (que aquí tomaría la forma persona/mundo; en último término, estamos ante la oposición entre psicologías mentalistas (intrapsíquicas) y psicologías fisicalistas (ambientalistas)).
Como consecuencia de décadas de enfrentamiento entre ambas posturas, cada vez existe un mayor número de autores que afirma haber superado tal oposición. En la gran mayoría de las veces, estas “superaciones” no son más que soluciones torpes, que se limitan a “sumar” (a