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El proceso de crecimiento y desarrollo de la placenta durante el embarazo, enfatizando en los cambios en el trofoblasto y la estructura de la placenta. Se abordan los componentes fetales y maternos, la invasión de las arterias espirales, la formación de corion frondoso y decidua basal, y las funciones metabólicas y inmunológicas de la placenta.
Tipo: Apuntes
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-A medida que el feto crece aumenta la demanda de principios nutricionales y otros factores, lo cual determina los cambios más importantes en la placenta. El más destacado entre estos es el incremento de la superficie entre los componentes maternos y fetales para facilitar el intercambio, la disposición de las membranas fetales también se modifica y la producción de líquido amniótico aumenta. La parte fetal de la placenta y de las membranas fetales separan al feto del endometrio uterino. A través de la placenta se produce un intercambio de sustancias (como nutrientes y oxigeno) entre los torrentes circulatorios materno y fetal. Los vasos del cordón umbilical conectan la circulación placentaria a la fetal. El corion, amnios, saco vitelino y alantoides constituyen las membranas fetales. Se desarrollan a partir del cigoto, pero no participan en la formación del embrión ni del feto, excepto algunas porciones del saco vitelino y alantoides. Una parte del saco vitelino se incorpora como el primordio del intestino primitivo. El alantoides forma un cordón fibroso conocido como uraco en el feto y el ligamento umbilical medio en el adulto.
Al comienzo del segundo mes, el trofoblasto se caracteriza por abundantes vellosidades secundarias y terciarias (coriónica) que le dan un aspecto radiado. Las vellosidades troncales (de fijación) se extienden desde el mesodermo de la lámina o placa coriónica hasta la envoltura citotrofoblastica. La superficie de las vellosidades está formada por el sincitio, que descansa sobre una capa de células citotrofoblasticas, las cuales, a su vez, cubren la parte central del mesodermo vascularizado. El sistema capilar que se desarrolla en el centro de las vellosidades pronto se pone en contacto con los capilares de la lámina coriónica y del pedículo de fijación, lo cual da origen al sistema vascular extraembrionario.
La sangre materna es llevada a la placenta por las arterias espirales del útero. La erosión de estos vasos maternos para liberar la sangre en los espacios intervellosos es llevada a cabo por invasión endovascular de las células citotrofoblasticas. Estas células, que surgen desde los extremos de las vellosidades de fijación, invaden los extremos terminales de las arterias espirales, donde remplazan a las células endoteliales maternas en las paredes de los vasos y crean vasos híbridos que contienen células fetales y maternas. Para cumplir este proceso, las células citotrofoblasticas experimentan una transición epitelial endotelial. La invasión de las arterias espirales por las células del citotrofoblasto transforma a estos vasos de pequeño
diámetro y mayor resistencia en vasos de gran diámetro y menor resistencia que pueden proporcionar cantidades mayores de sangre materna al espacio intervelloso.
En los meses siguientes, desde las vellosidades de fijación salen abundantes prolongaciones pequeñas que se dirigen como vellosidades libres hacia los espacios intervellosos o lagunares circundantes. Estas vellosidades libres neoformadas son primitivas al principio, pero al comienzo del cuarto mes las células citotrofoblasticas desaparecen, lo mismo que algunas de las células de tejido conectivo. Entonces las únicas capas que separan las circulaciones materna y fetal son el sincitio y la pared endotelial de los vasos sanguíneos. Con frecuencia el sincitio se adelgaza y grandes segmentos que contienen varios núcleos pueden desprenderse y llegar a los lagos sanguíneos intervellosos. Estos segmentos, llamados nudos sincitiales, entran en la circulación materna y por lo común degeneran sin causar síntoma alguno. La desaparición de las células citotrofoblasticas avanza desde las vellosidades menores hasta las mayores, y aunque siempre persisten algunas en las vellosidades más grandes, no participan del intercambio entre las dos circulaciones.
En las primeras semanas del desarrollo las vellosidades cubren toda la superficie del corion. A medida que avanza la gestación, las vellosidades del polo embrionario siguen creciendo y expandiéndose, lo cual da origen al corion frondoso (corion velloso); las del polo abembrionario o vegetativo degeneran, y en el tercer mes esta porción del corion es liso y se llama corion leve o calvo
decidual es la porción más íntimamente incorporada a la placenta. En la llamada zona de unión se entremezclan células del trofoblasto y deciduales. Esta zona se caracteriza por células gigantes deciduales y células sincitiales y porque contiene abundante material extracelular amorfo. En este momento, la mayor parte de las células citotrofoblasticas han degenerado. Entre las láminas coriónica y decidual se hallan los espacios intervellosos ocupados por sangre materna; provienen de las lagunas del sincitiotrofoblasto y están revestidos por sincitio de origen fetal. Las vellosidades arborescentes se desarrollan en los lagos sanguíneos intervellosos. En el curso del cuarto y quinto mes, la decidua forma varias tabiques deciduales, que sobresalen en los espacios intervellosos pero no llegan a la lámina coriónica. Estos tabiques tienen un núcleo central de tejido materno, pero su superficie está cubierta por una capa de células sincitiales, de manera que en todo momento hay una capa sincitial separando la sangre materna que se encuentra en los lagos intervellosos, del tejido fetal de las vellosidades. Como consecuencia de la formación de esos tabiques, la placenta queda dividida en varios compartimientos o cotiledones. Como los tabiques deciduales no llegan a la lámina coriónica, se mantiene el contacto entre los espacios intervellosos en los diversos cotiledones Como resultado del crecimiento continuo del feto y la expansión del útero, la placenta también crece. El aumento de su superficie es en cierta medida paralelo al del útero en expansión, y durante todo el embarazo cubre aproximadamente del 15 al 30% de la superficie interna del útero. El aumento del grosor de la placenta se debe a la arborización de las vellosidades existentes y no a la penetración ulterior en los tejidos maternos
Placenta de término
La placenta de término es discoidal, tiene un diámetro de 15 a 25 cm. y alrededor de 3 cm de espesor, y pesa entre 500 y 600 gr. En el momento del nacimiento se desprende de la pared uterina y unos treinta minutos después del parto es expulsado de la cavidad del útero. Si se la observa entonces del lado materno, se advierten con claridad 15 a 20 zonas ligeramente abultadas, los cotiledones, cubiertos por una delgada capa de decidua basal. Los surcos que separan a los cotiledones son formados por los tabiques deciduales. La superficie fetal de la placenta está cubierta completamente por la lámina coriónica. Se observan arterias y venas de grueso calibre, los vasos coriónicos, que convergen hacia el cordón umbilical. A su vez, el corion está cubierto por el amnios. La inserción del cordón umbilical suele ser excéntrica y a veces incluso marginal. Sin embargo es raro que se inserte en la membrana coriónica por fuera de la placenta (inserción velamentosa).
Metabolismo Placentario : La placenta, especialmente al principio del embarazo, sintetiza glucógeno, colesterol y ácidos grasos, que actúan como fuente de nutrientes y energía para el embrión/feto. Sin duda, muchas de sus actividades metabólicas son críticas para sus otras dos funciones importantes (transporte y secreción endocrina). b. Transporte placentario: El transporte de sustancias en ambas direcciones entre la placenta y la sangre materna se facilita por la gran área de superficie de la membrana placentaria. Intercambio de gases: El intercambio de gases como el oxígeno, el dióxido de carbono y el monóxido de carbono se realiza por difusión simple. El feto a término extrae de 20 a 30 ml de oxigeno por minuto de la circulación materna y por ello es comprensible que la interrupción de suministro de oxígeno, aunque sea por corto período, resulte letal para el feto. El flujo de sangre placentario es decisivo para el aporte de oxígeno, puesto que la cantidad de oxigeno que llega al feto depende principalmente da la oferta y no de la difusión.
Intercambio de elementos nutritivos y de electrolitos : El intercambio de elementos nutritivos y de electrolitos, como los aminoácidos, los ácidos grasos libres, los carbohidratos y las vitaminas es rápido y aumenta a medida que el embarazo avanza.
Transmisión de anticuerpos maternos : La competencia inmunológica comienza a desarrollarse tardíamente en el primer trimestre, ya que en este momento el feto puede producir los componentes del complemento. Las inmunoglobulinas pertenecen casi en su totalidad a las inmunoglobulinas G maternas (Ig G), que comienzan a ser transportada desde la madre al feto a partir de las 14 semanas aproximadamente. De este modo, el feto obtiene inmunidad pasiva contra ciertas enfermedades infecciosas como difteria, viruela, el sarampión y otras, más no contra varicela y tos convulsiva. Los recién nacidos empiezan a elaborar su propia Ig G, pero estas alcanzan las concentraciones del adulto a partir de los 3 años de edad, ya que en la etapa fetal se tiene poca capacidad para generar sus propios anticuerpos.
Producción de hormonas : Al final de cuarto mes la placenta produce progesterona en cantidad suficiente como para mantener la gestación en caso de eliminación o falta de función adecuada de cuerpo lúteo. Es muy probable que todas las hormonas sean sintetizadas por el trofoblasto sincitial. Además de progesterona, la placenta elabora hormonas estrogenicas, sobre todo el estradiol, en cantidades cada vez mayores, hasta inmediatamente antes de completarse la gestación, momento en el cual se alcanza el nivel máximo. Estas concentraciones elevadas de estrógeno contribuyen al crecimiento del útero y de la glándula mamaria. Durante los dos primeros meses del embarazo, el sincitiotrofoblasto también produce Gonadotrofina coriónica humana (hCG), que mantiene al cuerpo lúteo. Esta hormona es excretada por la madre en la orina, y en los primeros tiempos de la gestación se utiliza su presencia como indicador de embarazo. Otra hormona elaborada por la placenta es la Somatomamotrofina (antes llamada lactogéno placentario). Esta sustancia similar a la hormona del crecimiento le confiere al feto prioridad sobre la glucosa sanguínea materna y es en cierta grado diabetògena para la madre. Estimula además el desarrollo de las glándulas mamarias para la producción de leche. Además existe otra hormonas también producida por la placenta como: Tirotropina coriónica humana (hCT) y la Corticotropina corionica humana (hCACTH).
La cavidad abdominal es transitoriamente demasiado pequeña para albergar las asas intestinales que se desarrollan con rapidez, algunas de ellas sobresales hacia el espacio extraembrionario en el cordón umbilical. Estas asas intestinales forman la hernia umbilical fisiológica. Al finalizar el tercer mes, las asas intestinales retoman al cuerpo del embrión y la cavidad en el cordón umbilical desaparece. Cuando además se obliteran la alantoides, el conducto vitelino y sus vasos, solo persisten en el cordón los vasos umbilicales rodeados por gelatina de Wharton. Este tejido, rico en proteoglucanos, funciona como capa protectora para los vasos sanguíneos. Las paredes las arterias son musculares y contienen abundantes fibras elásticas, las cuales contribuyen a la rápida constricción y contracción de los vasos umbilicales después de ligar el cordón. En el nacimiento, el cordón umbilical tiene 2 cm. de diámetro y entre 50 y 60 cm. de longitud. Es de aspecto tortuoso y presenta los llamados nudos falsos. Un cordón extremadamente largo puede rodear el cuello del feto, por lo general sin aumentar el riesgo, mientras que un cordón corto puede provocar dificultades durante el parto ya que tracciona a la placenta desde su sitio de inserción en el útero. En condiciones normales se encuentra dos arterias y una vena en el cordón umbilical. Sin embargo en uno de cada 200 recién nacidos solo hay una arteria, y esos niños tienen una probabilidad de alrededor del 20% de presentar anomalías cardiacas y vasculares de otro tipo. La arteria que falta no se ha formado (agenesia) o ha degenerado al comienzo de su desarrollo.
LIQUIDO AMNIÓTICO
La cavidad amniótica está ocupada por un líquido acuoso y cristalino formado en parte por las células amnióticas, pero que se origina primariamente a partir de la sangre materna. La cantidad de líquido aumenta desde unos 30 ml. A las 10 semanas de gestación hasta 450 ml. a las 20 semanas, y de 800 a 1000 ml. a las 37 semanas. En los primeros meses del embarazo, el embrión, sujeto por el cordón umbilical, flota en ese líquido, que le sirve como almohadilla de protección. El líquido: a) amortigua las sacudidas; b) impide que se adhiera el embrión al amnios, y c) permite los movimientos fetales. El volumen del líquido amniótico es remplazado cada tres horas.
A partir del quinto mes el feto traga líquido amniótico y se estima que ingiere unos 400 ml. por día, cerca del 50% del volumen total. También en el quinto mes de gestación se añade diariamente orina fetal al líquido amniótico; esta orina es, en su mayor parte, agua, puesto que
la placenta actúa como mecanismo de intercambio de los deshechos metabólicos. Durante el período de parto, la membrana amniocorionica forma una cuña hidrostática que ayuda a dilatar el canal cervical.