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Pdf sobre el plan de gobierno del partido de julio guzmán
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ii progreso y el bienestar. Tenemos, además, dos decenios de “dividendo demográfico”, tiempo durante el cual las personas en edad de trabajar superarán a las personas dependientes (menores de 15 años y mayores de 65), y que debemos aprovechar para sentar las bases de una prosperidad duradera para todos. La diversidad de diversidades de nuestro país es una inmensa oportunidad para progresar en el mundo moderno y avanzar hacia la prosperidad compartida, siempre y cuando vaya acompañada del capital humano que la repotencie. Para ello, necesitamos conocer mejor nuestra diversidad de diversidades, conservarla y utilizarla racionalmente. Nuestro Propio Camino considera que nuestro entorno biofísico, ubicación geográfica mundial, dotación de recursos naturales, variedad del territorio nacional, riqueza cultural e histórica, constituyen activos únicos a nivel global que nos confieren una capacidad de adaptación que no poseen otras regiones y son sinónimo de fortaleza geopolítica en el mundo globalizado del siglo XXI. En tiempos de profundas transformaciones e incertidumbre global, esto implica la responsabilidad especial de obtener el mayor provecho posible de estas condiciones y ventajas especiales que tiene el Perú, promoviendo, la inversión en la ciencia y tecnología, así como la diversificación productiva. El principal obstáculo del Perú para construir Nuestro Propio Camino es la desigualdad, la desvaloración de nuestra diversidad de diversidades y la falta de conciencia sobre las oportunidades que la inversión en las personas ofrece en medio de la cuarta revolución industrial. Nuestro Propio Camino logrará un país donde el futuro de la niñez peruana no dependa del lugar donde nació. Las grandes cuatro reformas republicanas de Nuestro Propio Camino La “promesa republicana” de Nuestro Propio Camino debe garantizar la ejecución de cuatro grandes reformas a fin de construir ciudadanía y bienestar: La reforma del conocimiento es la primera. El país debe tener control en la creación de capacidades humanas y la producción de información – las fuentes más importantes de riqueza– para propulsar su propio progreso. Ello requiere ajustes drásticos en las políticas educativa y de salud infantil, y el lanzamiento de una ambiciosa política pública para el impulso de la innovación productiva, la ciencia y la tecnología. La segunda es la reforma de la gestión del territorio. Para aprovechar su diversidad de diversidades, condición sine-qua-non para su desarrollo, el Perú debe aprender – sí , aprender, porque nunca lo hizo– a conocer y administrar todos sus recursos. El ordenamiento territorial no puede esperar. El proceso de descentralización se vio afectado por la ausencia de otras reformas y la generación de capacidades locales y regionales. Requiere de voluntad política y liderazgo firme al haber sido afectado por la corrupción, la ineficiencia y la falta de rendición de cuentas. Más aún, se la descentralización se implementó precipitadamente. La infraestructura nacional debe ser declarada en emergencia, seguida de un ambicioso plan de construcción de obras de interés estratégico nacional. El acceso a libertades económicas es la tercera gran reforma. Para progresar, el país debe maximizar el potencial productivo de todos los peruanos, y no de sólo unos pocos. Ello supone
iii establecer reglas de juego – instituciones económicas– que garanticen igualdad de condiciones para la iniciativa privada. Eso obliga transitar hacia un sistema tributario más justo, fortalecer los derechos de propiedad, reforzar la lucha contra las prácticas de dominio de mercado, e integrar y expandir, sustancialmente, los programas de apoyo al desarrollo productivo para impulsar – ahora sí , en serio– la diversificación de la economía. La reforma de las instituciones políticas es la cuarta gran reforma. El desarrollo no será́ posible sin políticas públicas de calidad – consensuadas, sostenibles, predecibles y costo efectivas–, y estas sólo nacen de procesos políticos altamente representativos e incluyentes. La reforma debe concentrarse, de manera integral, en tres áreas: promover una sólida representatividad política – bajar las barreras a la entrada de nuevos actores, con ideologías sólidas, y subir los requisitos a su permanencia–, garantizar los derechos humanos para todos, en particular aquellos de las personas más vulnerables, las mujeres y las minorías, y reducir los privilegios, gollerías y carga burocrática del Congreso que insultan la dignidad de los peruanos y violan uno de los principios básicos del comportamiento republicano, como lo es la austeridad; así como iniciar un debate serio, responsable, técnico, y que tenga legitimidad para una reforma constitucional integral. Los retos del mundo post-COVID Los efectos de la pandemia sanitaria mundial de inicios de la tercera década del siglo XXI traerán consigo nuevas formas de producción, de interacción social, y, por tanto, de nuevas dinámicas de representación política a nivel global. Este proceso de cambio requerirá, por ejemplo, una más intensa relación entre la vida diaria de las personas y la tecnología de la cuarta revolución industrial. La razón detrás de estos cambios ha sido la cruda exposición de los riesgos y las limitaciones del enfoque de progreso tradicional para adaptarse al cambio y los períodos de crisis. Es decir, de forma inevitable, nos enfrentamos a un nuevo escenario mundial, a un mundo post-COVID, el cual debemos entender a profundidad para enfrentar los retos del desarrollo. Es muy difícil imaginar el nuevo mundo post-COVID, pero lo que sí es claro es que ese nuevo estado de cosas demandará un Nuevo Contrato Social entre el Estado y el ciudadano, el planteamiento de una renovada relación entre ambos que se centre más en la humanidad de las personas, con énfasis en su protección y acceso a más oportunidades y derechos. Ese nuevo mundo también estará caracterizado por un intenso debate acerca de enfrentar la desigualdad como uno de los obstáculos más grandes para alcanzar el bienestar, la justicia, y la paz. Asimismo, el mundo post-COVID reforzará la concepción de un Estado que, lejos de ser un problema, podría convertirse en parte de la solución si se concentra en la reducción de brechas económicas y sociales; y en la protección de derechos para todos. La ideología del Partido Morado reconoce los rápidos e intensos cambios mundiales y posee la capacidad, dentro de su propuesta republicana, de incorporar estos nuevos desafíos y plasmarlos en políticas públicas concretas, sensatas y responsables, que generen valor público y resultados favorables para los ciudadanos. Si no aprendemos de las lecciones que nos deja la pandemia y no hacemos las reformas estructurales necesarias para fortalecernos
v miles de empleos en el corto plazo, elevará los ingresos de los comerciantes, y mejorará las condiciones sanitarias y de seguridad vecinal en una forma significativa. Debido a las urgentes medidas que deben tomarse para reactivar la economía y generar empleos, el Plan de Política Económica del Partido Morado se ha visto obligado a alterar los énfasis y las prioridades en la aplicación de la política económica, por la necesidad que existe de atender a los segmentos que con más rigor estas sufriendo las consecuencias de la pandemia, y además ordenar y sincerar las cuentas macroeconómicas nacionales para asegurar un manejo responsable de la economía. Para ello tenemos un Plan de Emergencia, que tiene como principal componente un plan fiscal, con el que se propone apoyar la acción del gobierno para aliviar la situación existente. Los cuatro pilares de este plan de emergencia son: (i) la estabilidad, predictibilidad y prudencia en el manejo de la economía, (ii) la mejora de la recaudación tributaria a través de una reforma integral, (iii) la racionalización del gasto público en todos sus niveles, (iv) la mejora de la eficacia y la calidad de la inversión pública. Estas prioridades, que deben ser atendidas de inmediato, también estarán acompañadas desde el inicio de nuestro gobierno con la implementación de las reformas estructurales centradas en el bienestar de las familias peruanas. La crisis del sistema político nacional La visión del Perú del Partido Morado, sus cuatro reformas estructurales, y el plan de emergencia económica y sanitaria que planteamos, se enmarcan, lamentablemente, en un sistema político en crisis. La corrupción, con sus casos más emblemáticos Lava Jato y Los Cuellos Blancos, ha comprometido a la mayoría de la clase política del país, incluyendo a los últimos cinco ex Presidentes de la República, miembros del Congreso, buena parte de las organizaciones políticas, y el empresariado. Asimismo, las pugnas por el poder para librarse de los procesos judiciales en marcha han terminado enfrentando a los poderes del Estado y a los principales actores políticos generando una crisis e inestabilidad política con pocos precedentes - tres Presidentes de la República en tres años-, dejando al país en la parálisis para la toma de decisiones para resolver las verdaderas necesidades de las peruanas y peruanos, siendo la lucha contra la pandemia un claro ejemplo de ello. Los jóvenes, la generación del Bicentenario, merecen más. No se sienten representados por el actuar y los valores de la clase política actual, rechazan sus prácticas anti republicanas que obstaculizan el progreso, se basan en privilegios, defienden intereses particulares y, sobre todo, son indiferentes a los problemas más básicos de los jóvenes, que se resumen en la creación de oportunidades para que todos puedan alcanzar sus proyectos de vida. Ante esta situación, el Partido Morado nace, crece y se institucionaliza progresivamente en la vida política del país para renovarla, con una nueva visión, nuevas ideas, una diferente relación con el ciudadano, y el rescate de los valores republicanos aplicados al siglo XXI y la cuarta revolución industrial. Estamos hoy en un momento histórico para nuestro país. Dependerá del esfuerzo morado y de la confianza que las peruanas y peruanos depositen en nosotros para que el Perú ingrese, a partir del 28 de julio del 2021, a una etapa de paz, estabilidad, e implementación de
vi reformas estructurales que nos guíen hacia el progreso basado en la inversión en los talentos de los peruanos y peruanas, y su combinación con nuestra diversidad de diversidades. El Partido Morado se ha preparado cinco años para este momento. Con convicción y trabajo hemos construido un partido político de verdad, con una ideología republicana clara, una organización presente en el territorio nacional, una militancia morada con identidad y en constante capacitación, y una representación parlamentaria – “la bancada morada”- que le está demostrando a todos los jóvenes que, a pesar de todas sus complejidades, la política sí se puede ejercer de una forma decente, honesta, responsable y consistente con los verdaderos intereses del Perú. Para los morados, los jóvenes no son el futuro, sino el presente del Perú, gracias a su nueva escala de valores, su creciente sentido de identidad, y su valentía para enfrentar la injusticia social. Todo nuestro esfuerzo político está dedicado a ellos. Julio Guzmán Cáceres Presidente del Partido Morado
viii excepcional complemento; poniendo a ambas al alcance de las sociedades en desarrollo como herramientas para mejorar la condición humana.
5. Son herramientas para el desarrollo del talento humano: los avances de la ciencia y la tecnología, la revolución digital, la sustentabilidad ambiental, los derechos y responsabilidades de todos, la consolidación de las instituciones y la continua mejora _de la calidad de la democracia.
Los ejes de políticas de gobierno del Partido Morado giran en torno a las cuatro grandes reformas, “las reformas republicanas”, cuya ejecución continua conducirá al Perú hacia un país desarrollado, donde se cumpla la promesa de la vida republicana, la integración nacional sobre la base de la existencia de ciudadanos de verdad, con los mismos derechos, oportunidades y responsabilidades. Esas reformas, referenciadas líneas arriba en este documento, son: la reforma del conocimiento; la reforma de la gestión de nuestro territorio; la reforma de las libertades económicas, y; la reforma de las instituciones políticas. Sin embargo, los devastadores efectos sociales y económicos de la pandemia ocasionada por el COVID19 a nivel mundial en el último año, han obligado a los países a poner, en el corto plazo, toda su atención, sus recursos y su capital político a enfrentar este shock, que se ha manifestado en todas las esferas de la vida en sociedad, pero particularmente ha golpeado y complejizado aún más el manejo de la política económica, la gestión de los sistemas de salud, y el control de la seguridad ciudadana. Por ese motivo, el presente documento - antes de elaborar sobre las cuatro grandes reformas estructurales de segunda generación- comenzará describiendo la estrategia del Partido Morado para abordar dichas políticas públicas urgentes para aliviar la situación de todos los peruanos y peruanas.
tributaria nacional (SUNAT) reenfocando su actuación al cumplimiento de su misión de administración tributaria y de promoción de regímenes tributario y de comercio exterior legítimos.
La inversión pública es una de las maneras en las que el Estado demuestra la eficiencia en el uso de los impuestos. Dentro de nuestra visión de gobierno, basada en generar confianza, vamos a mejorar la eficiencia en el manejo de los recursos del Estado, apoyándonos en la mejora en la calidad y cobertura de los servicios que se brindan al ciudadano y al mismo tiempo aumentando la transparencia en la ejecución del gasto público. Para ello realizaremos las siguientes acciones:
El objetivo del control en el gasto público es la mejora de la competitividad de la producción nacional, ampliando la cobertura y calidad de los servicios que brinda el Estado, tanto para la población de menores ingresos como de las empresas productoras y exportadoras nacionales. Es necesario, para ello, priorizar durante el primer año obras de beneficio inmediato para la población como, por ejemplo, el agua potable. Asimismo, mejorar los sistemas de asignación de proyectos de inversión al sector privado, aumento su transparencia y seguimiento. Se
establecerán además mecanismos de control proactivo contra la corrupción ligada a las adquisiciones del estado, tales como:
A la fecha, la brecha de infraestructura pública de largo plazo (hasta el 2025) bordea los US$ 160 000 millones. Se necesita invertir al menos US$ 15 000 millones anuales en infraestructura a nivel nacional en la siguiente década y priorizar las regiones con alto déficit de infraestructura pública de transportes, educativo y sanitario. En el ranking de Competitividad Mundial ocupamos el puesto 61 en el pilar de infraestructura, que es el grado de inversión en recursos básicos, tecnológicos, científicos y humanos. La inversión en infraestructura no se logrará solo con obras públicas; es necesario incentivar que los capitales privados, nacionales y extranjeros se interesen en proyectos que beneficien al Perú. De la mano con las ideas que describimos en el eje de política exterior, por ejemplo, el Estado podría negociar la construcción de complejos de investigación científica con las grandes casas farmacéuticas, que permitan la generación de patentes de investigación, medicamentos de bajo costo para el país, pero, sobre todo, dejar para el futuro una nueva generación de científicos que no necesiten irse del país para perfeccionar sus conocimientos. Nuestra idea de promoción de la inversión privada buscará simplificar los procedimientos administrativos públicos, con una desregulación continua para obtener permisos y licencias. Asimismo, la promoción activa de las inversiones nacionales a nivel mundial y garantizar así que ocurran las inversiones extranjeras. Las propuestas de trabajo son las siguientes:
o Fortalecer el sistema nacional de pensiones: accesibilidad, justicia y equidad. o Fortalecer la normatividad de las fusiones y adquisiciones en la SBS.
Tras la aparición de la pandemia COVID-19, se han establecido por consensos y aplicaciones en distintos países 5 frentes de acción o estrategias de manejo: Distanciamiento social (cuarentena), detección masiva, trazado de infección y contactos, aislamiento de casos y tratamiento efectivo. Aunque la estrategia del Perú ha incluido los 5 puntos desde el inicio y se ha contado con profesionales de primer nivel en la gestión de la pandemia, seguimos batallando con carencias en la capacidad de gestión de estas estrategias, siendo la más crítica a la fecha el acceso a las posibles vacunas (que entrarían en la línea de acción de tratamiento preventivo) y a las pruebas de detección. La COVID-19 nos ha mostrado que el éxito o fracaso de las políticas de salud pública no dependen únicamente de medidas dadas en el sector por urgencia. La acumulación de falencias del pasado a otros niveles también pesa: La distancia social ha fallado también por la poca formación cívica que tenemos como sociedad. El trazado de contactos y la detección han fallado porque sabemos que existe falta de recurso humano en regiones y una implementación insuficiente en las pruebas diarias al inicio del contagio en Perú. Cuando hablamos de posibilidades de tratamiento debemos ser realistas respecto a la falta de un tratamiento real para el virus, con el agravante crítico de no tener camas UCI suficientes para aguantar un nuevo brote si las otras 4 medidas fallan. La creatividad de nuestros biólogos, ingenieros y médicos ha llevado al diseño de nuestras propias pruebas moleculares y ventiladores mecánicos, pero las trabas burocráticas del mismo estado para su uso y producción masiva evidencian nuestro retraso de décadas en el fomento de la ciencia, innovación y tecnología. Debemos ser realistas al llegar a este punto: La pandemia no va a esperar a que tengamos una sociedad más consciente. El personal de salud y las fuerzas del orden van a continuar contagiándose mientras no los protejamos adecuadamente y con ello cada vez tendremos menos brazos para actuar. La pandemia no va a esperar a que nuestros gobiernos regionales ejecuten en forma transparente y eficiente sus presupuestos si no mejoramos los procesos de licitación y estandarización de las compras y, si no apoyamos a nuestros científicos con el reconocimiento de sus patentes y métodos innovadores de diagnóstico, vamos a seguir no solo ciegos a la dimensión real del contagio sino ciegos a futuras crisis de salud. Las enfermedades virales pueden adaptarse y superar nuestros métodos de defensa, cambiando más rápido que nuestra propia capacidad para contrarrestarlos. Para ganar la carrera contra la COVID-19 y futuras crisis vamos a cambiar nuestros paradigmas actuales de salud pública.