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plan marshall, Apuntes de Historia

Asignatura: historia, Profesor: , Carrera: Periodismo, Universidad: UPV-EHU

Tipo: Apuntes

2013/2014

Subido el 22/02/2014

txipiron
txipiron 🇪🇸

3.7

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No necesito decirles, señores, que la situación mundial es muy seria (...) Al considerar
lo que se precisa para la rehabilitación de Europa, la pérdida física de vida, la
destrucción visible de ciudades, factorías, minas y ferrocarriles, fueron correctamente
estimadas, pero se ha hecho obvio en los últimos meses que esta destrucción visible era
probablemente menos seria que la dislocación de toda la fábrica de la economía
europea. En el curso de los 10 últimos años, las condiciones han sido totalmente
anormales (...) En un gran número de países se ha quebrado la confianza de la moneda
nacional. La destrucción de las estructuras comerciales de Europa ha sido completa
durante la guerra
La verdad de la cuestión es que las necesidades de Europa para los próximos tres o
cuatro años en alimentos y otros productos esenciales procedentes del exterior,
principalmente de América, son tan superiores a su presente capacidad de pago, que
tienen que recibir una ayuda adicional sustancial o enfrentarse con un deterioro
económico, social y político de un carácter muy grave.
El remedio consiste en romper el círculo vicioso y restaurar la confianza de la gente
europea en el futuro económico de sus propios países y de Europa como un todo. El
fabricante y el granjero a lo largo y ancho de amplias áreas tiene que tener capacidad y
voluntad de cambiar sus productos por monedas cuyo valor continuo no esté
constantemente en cuestión.
Dejando a un lado el efecto desmoralizador sobre el ancho mundo y las posibilidades de
desórdenes resultantes de la desesperación de la gente afectada, las consecuencias para
la economía de los Estados Unidos parecen evidentes a todos. Es lógico que los Estados
Unidos hagan cuanto esté en su poder para ayudar a volver a una salud económica
normal en el mundo, sin la cual no cabe estabilidad política ni paz segura. Nuestra
política no va dirigida contra ningún país, ni ninguna doctrina, sino contra el hambre, la
pobreza, la desesperación y el caos. Su objetivo debe ser la vuelta a la vida de una
economía operante en el mundo, de forma que permita la aparición de condiciones
políticas y sociales en las que puedan existir instituciones libres. Tal ayuda, a mi modo
de ver, no debe llevarse a cabo en pedazos a medida que se desarrollen las crisis.
Cualquier ayuda que este Gobierno pueda prestar en el futuro debe procurar una cura
antes que un simple paliativo.
Es ya evidente que, antes de que el Gobierno de los Estados Unidos pueda ir mucho
más lejos en sus esfuerzos para aliviar la situación y ayudar a situar al mundo entero en
su camino hacia la reconstrucción, tiene que haber algún acuerdo entre los países de
Europa en cuanto a lo que requiere la situación y a la parte que estos países mismos
tomarán en orden a dar el adecuado efecto a cualquier acción que pueda ser emprendida
por este Gobierno. No resultaría ni conveniente ni eficaz para este Gobierno intentar
montar unilateralmente un programa encaminado a poner a Europa de pie
económicamente. Este es el asunto de los europeos. La iniciativa, pienso yo, tiene que
venir de Europa. El papel de este país debe consistir en una ayuda amistosa en la
elaboración de un programa europeo y un ulterior apoyo a dicho programa en la medida
en que pueda ser práctico para nosotros hacerlo. El programa debería ser un programa
combinado, aceptado por un buen número de naciones europeas, si no por todas.
Discurso de George Marshall(Universidad de Harvard6 de Junio de 1947)

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No necesito decirles, señores, que la situación mundial es muy seria (...) Al considerar lo que se precisa para la rehabilitación de Europa, la pérdida física de vida, la destrucción visible de ciudades, factorías, minas y ferrocarriles, fueron correctamente estimadas, pero se ha hecho obvio en los últimos meses que esta destrucción visible era probablemente menos seria que la dislocación de toda la fábrica de la economía europea. En el curso de los 10 últimos años, las condiciones han sido totalmente anormales (...) En un gran número de países se ha quebrado la confianza de la moneda nacional. La destrucción de las estructuras comerciales de Europa ha sido completa durante la guerra

La verdad de la cuestión es que las necesidades de Europa para los próximos tres o cuatro años en alimentos y otros productos esenciales procedentes del exterior, principalmente de América, son tan superiores a su presente capacidad de pago, que tienen que recibir una ayuda adicional sustancial o enfrentarse con un deterioro económico, social y político de un carácter muy grave.

El remedio consiste en romper el círculo vicioso y restaurar la confianza de la gente europea en el futuro económico de sus propios países y de Europa como un todo. El fabricante y el granjero a lo largo y ancho de amplias áreas tiene que tener capacidad y voluntad de cambiar sus productos por monedas cuyo valor continuo no esté constantemente en cuestión.

Dejando a un lado el efecto desmoralizador sobre el ancho mundo y las posibilidades de desórdenes resultantes de la desesperación de la gente afectada, las consecuencias para la economía de los Estados Unidos parecen evidentes a todos. Es lógico que los Estados Unidos hagan cuanto esté en su poder para ayudar a volver a una salud económica normal en el mundo, sin la cual no cabe estabilidad política ni paz segura. Nuestra política no va dirigida contra ningún país, ni ninguna doctrina, sino contra el hambre, la pobreza, la desesperación y el caos. Su objetivo debe ser la vuelta a la vida de una economía operante en el mundo, de forma que permita la aparición de condiciones políticas y sociales en las que puedan existir instituciones libres. Tal ayuda, a mi modo de ver, no debe llevarse a cabo en pedazos a medida que se desarrollen las crisis. Cualquier ayuda que este Gobierno pueda prestar en el futuro debe procurar una cura antes que un simple paliativo.

Es ya evidente que, antes de que el Gobierno de los Estados Unidos pueda ir mucho más lejos en sus esfuerzos para aliviar la situación y ayudar a situar al mundo entero en su camino hacia la reconstrucción, tiene que haber algún acuerdo entre los países de Europa en cuanto a lo que requiere la situación y a la parte que estos países mismos tomarán en orden a dar el adecuado efecto a cualquier acción que pueda ser emprendida por este Gobierno. No resultaría ni conveniente ni eficaz para este Gobierno intentar montar unilateralmente un programa encaminado a poner a Europa de pie económicamente. Este es el asunto de los europeos. La iniciativa, pienso yo, tiene que venir de Europa. El papel de este país debe consistir en una ayuda amistosa en la elaboración de un programa europeo y un ulterior apoyo a dicho programa en la medida en que pueda ser práctico para nosotros hacerlo. El programa debería ser un programa combinado, aceptado por un buen número de naciones europeas, si no por todas.

Discurso de George Marshall(Universidad de Harvard6 de Junio de 1947)