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Platón: Apuntes de Selectividad, Exámenes selectividad de Filosofía

Apuntes de Platón para selectividad

Tipo: Exámenes selectividad

2018/2019

Subido el 11/01/2019

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PLATÓN
ÍNDICE
INTRODUCCIÓN, BIOGRAFÍA Y OBRAS
LA POLÍTICA COMO TRASFONDO DE SU OBRA
METAFÍSICA
TEORÍA DEL CONOCIMIENTO
ANTROPOLOGÍA
ÉTICA
POLÍTICA
TEXTO: LA REPÚBLICA
VOCABULARIO
1. INTRODUCCIÓN.
La filosofía griega alcanza en Platón su madurez y plenitud. Sus aportaciones marcarán
de tal modo las coordenadas de interpretación racional del mundo y del hombre, que es
considerado como uno de los filósofos, junto con Aristóteles, que más han influido en el
pensamiento posterior.
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PLATÓN

ÍNDICE

INTRODUCCIÓN, BIOGRAFÍA Y OBRAS LA POLÍTICA COMO TRASFONDO DE SU OBRA METAFÍSICA TEORÍA DEL CONOCIMIENTO ANTROPOLOGÍA ÉTICA POLÍTICA TEXTO: LA REPÚBLICA VOCABULARIO

1. INTRODUCCIÓN.

La filosofía griega alcanza en Platón su madurez y plenitud. Sus aportaciones marcarán de tal modo las coordenadas de interpretación racional del mundo y del hombre, que es considerado como uno de los filósofos, junto con Aristóteles, que más han influido en el pensamiento posterior.

repercusión en nuestra cultura.

La filosofía de Platón tiene como trasfondo la reacción y el enfrentamiento al convencionalismo y relativismo de la sofística , a la que considera disgregadora e incapaz de ofrecer un sustrato firme para la organización de la sociedad y una base segura al conocimiento. Nacido, como los sofistas y Sócrates, en un ambiente de preocupación por la organización de la polis, su objetivo es encontrar unas bases sólidas en las que apoyar la reforma que está necesitando una sociedad que, pese a la democracia, ha sido capaz de condenar legalmente a Sócrates.

Así pues, toda la filosofía de Platón está animada por un claro propósito de reforma política , ya que Platón se muestra desde muy joven especialmente interesado en cambiar las bases, según él corruptas, de la convivencia ateniense. Pero, al poner en práctica este propósito reformista, Platón construye un amplio entramado teórico, de honda

A esta finalidad política de la filosofía platónica habría que añadir, por un lado, una intención ética , ya que, frente al relativismo de los sofistas, Platón reclama la existencia de una idea eterna e inmutable de la justicia que sirva de base a su organización política. Y, por el otro, una

En el año 388 a. C. comienza en Sicilia su relación con Dión, cuñado de Dionisio I, tirano de Siracusa. El sueño de Dión era que Platón hiciese de su cuñado un gobernante filósofo de acuerdo con su teoría política, y, de nuevo, nuestro autor ve una excelente oportunidad para poner en práctica sus ideales políticos. Pero esta tarea acabó fracasando porque Dionisio I no tenía ni las cualidades ni la suficiente paciencia como para adecuarse a las enseñanzas de Platón; de ahí que lo desterrara, ordenando que fuese mandado a Egipto para ser vendido como un esclavo. Parece ser que la fortuna permitió que Platón fuese reconocido por otro discípulo de Sócrates, Anicérides, el cual pagó su rescate y le permitió volver a ser un hombre libre.

Así pues, Platón regresa a Atenas y funda la Academia , que se constituyó en un centro cultural de primer orden, reuniendo a un grupo de discípulos provenientes de diferentes puntos de Grecia, entre los cuales llegará a estar Aristóteles. Allí, Platón trató de formar una escuela siguiendo el modelo de los pitagóricos, en cuyo frontón de la entrada se leía: “no traspasará esta puerta quien no sepa matemáticas”. Dentro, discípulos y maestros convivían amistosamente dialogando y buscando la verdad, tal y como el propio

Platón aprendiera de Sócrates y refleja así mismo en su obra escrita: los diálogos. Esta institución educativa tenía además, para Platón, el claro objetivo de formar y educar a la futura elite dirigente de Atenas, es decir, su “sueño político” nunca le abandonó del todo.

De hecho, viaja por segunda vez a Siracusa tras la muerte de Dionisio I (367 a.C.). Su amigo Dión tiene fundadas esperanzas de que su sobrino y futuro gobernante, Dionisio II, sea más receptivo a las enseñanzas platónicas. Pero, de nuevo, tal tarea fracasa por la escasa predisposición de Dionisio II para encarnar el ideal político del rey-filósofo. Platón regresa, desengañado otra vez, a Atenas, prosiguiendo en la Academia su labor educativa y revisando su propio pensamiento filosófico. Aún una última vez, y ya con 66 años, Platón volvió de nuevo a Siracusa con idénticos objetivos a los de las dos veces anteriores, volviendo a cosechar otro rotundo fracaso. Desde ese momento, la vida de Platón transcurrirá en Atenas, centrándose por completo en la Academia hasta su muerte, con aproximadamente 80 años, en el año 347 a. C.

2.2. La obra platónica: los diálogos.

Platón es un gran escritor, tal vez el más brillante de toda la filosofía griega, pues su estilo es claro, y tiene, en muchas ocasiones, un alto valor literario. No deja de ser curioso que exponga, no sólo su pensamiento, sino también el de sus oponentes, trasmitiéndonos así un completo y variado retrato intelectual de su época.

Las obras de Platón están escritas, por tanto, en forma de diálogo y suponen una ventana abierta a los problemas de la época, tanto por los temas que en ellas se tratan como por los personajes que intervienen. No deja, pues, tratados sistemáticos sino conversaciones, a menudo salpicadas de bromas, en las que continuamente aparece la anécdota. Las razones que se han dado para explicar este hecho son varias:

el diálogo era una costumbre profundamente arraigada entre los atenienses;

por afinidad con su propio método dialéctico;

Sócrates había desarrollado su filosofía en forma de diálogo, sin escribir nunca nada...

Además de por lo anterior, nuestro autor pudo haber recurrido al diálogo por su propia concepción de la filosofía. Para Platón, la filosofía es, en primer lugar, ruptura, crítica, repulsa de la opinión, de los hábitos mentales aceptados corrientemente. Y esto es lo que él pretende conseguir con los diálogos: demostrar lo inconsistente de toda actitud mental y de toda conducta fundada en la opinión , “doxa” ; poner en evidencia el vacío de la opinión, y hacer ver que la opinión, aunque se presente como coherente y como fundada en hechos y evidencias, no es sino expresión de la pasión, del capricho, de la manipulación del lenguaje.

Pero como la reflexión filosófica no es sólo repulsa, sino construcción, los diálogos platónicos, después de haber demostrado que la opinión no es válida, se esfuerzan por construir un razonamiento que satisfaga a todo individuo de buena fe y le permita responder eficazmente a las preguntas tanto teóricas como prácticas que se le planteen.

Platón, además, incluye en sus diálogos numerosos ejemplos y mitos para intentar hacer más sencilla y didáctica la exposición de su obra. Y es que no podemos olvidar que Platón quería que su pensamiento se comprendiera y divulgara, pues estaba firmemente convencido de que éste era el único modo de educar en la verdad al pueblo ateniense. Ahora bien, eso no quiere decir que no existan, también, en sus obras pasajes oscuros y complicados, sobre todo aquéllos en los que el propio Platón revisa sus ideas o en los que expone los temas más abstractos de su pensamiento.

El personaje central de ellos es Sócrates y, en torno a él, aparecen personajes reconocibles de su tiempo : sofistas, filósofos, amigos y parientes de Platón, etc. Sólo en los primeros diálogos se refleja fielmente el pensamiento que se supone que sostenía Sócrates. En los diálogos posteriores, aunque siga apareciendo la figura de Sócrates, en realidad el pensamiento que expone Sócrates en ellos no era otro que el del propio Platón.

Cada diálogo se centra en un tema de investigación, normalmente una virtud o una idea; pero en casi todos ellos aparecen los temas centrales de su filosofía: su concepción del hombre,

ciudades griegas si, de veras, se pretendía hacer verdadera política. Ahora bien, ¿qué entiende Platón por verdadera política? Desde luego, nada

parecido a la actividad de los sofistas y retóricos; la política no es, como ellos pensaban un medio para conseguir sus intereses personales. La política es, para Platón, un arte técnico; todo arte consiste en un conocimiento que está orientado a la consecución del bien de aquello hacia lo que se dirige. El ejemplo clásico que pone Platón es la medicina: la medicina es un arte orientado a conseguir el bien del enfermo y el buen médico es el que aplica sus conocimientos para curar enfermedades. Pues bien, con la política pasa igual: la política es un conocimiento que está orientado a la consecución del bien de la ciudad, por tanto el político es aquel que aplica sus conocimientos para conseguir este bien, no para lograr sus propios objetivos.

Pero Platón ve imposible realizar una verdadera actividad política en Atenas por lo que decide abandonar su vocación política y dedicarse a la filosofía y a la educación. Pero no hay que tomar esta renuncia como una completa desvinculación de la política: Platón va a hacer lo mismo que habían hecho los sofistas años atrás; éstos habían enseñado retórica a los jóvenes atenienses mostrándoles que, a través de la adulación y la demagogia, podían conseguir lo que quisieran produciendo con ello una corrupción general de la vida política. Platón va a fundar la Academia, donde desarrollará una filosofía que combata el relativismo y el escepticismo y enseñar a la nueva juventud ateniense el valor de la verdad, de la bondad, de la justicia, como pilares firmes de la política. Platón pretende, en definitiva, instaurar un sistema político justo mediante la educación de la juventud griega. El propio Platón expresó, en la Carta Séptima, la necesidad de esta nueva forma de gobierno:

« De esta suerte yo, que al principio estaba lleno de entusiasmo por dedicarme a la política, al volver mi atención a la vida pública y verla arrastrada en todas direcciones por toda clase de corrientes, terminé por verme atacado de vértigo, y si bien no prescindí de reflexionar sobre la manera de poder introducir una mejora en ella, y en consecuencia en la totalidad del sistema político, sí dejé, sin embargo, de esperar sucesivas oportunidades de intervenir activamente; y terminé por adquirir el convencimiento con respecto a todos los Estados actuales de que están, sin excepción, mal gobernados; en efecto, lo referente a su legislación no tiene remedio sin una extraordinaria reforma, acompañada además de suerte para implantarla. Y me vi obligado a reconocer, en alabanza de la verdadera filosofía, que de ella depende el obtener una visión perfecta y total de lo que es justo, tanto en el terreno político como en el privado, y que no cesará en sus males el género humano hasta que los que son recta y verdaderamente filósofos ocupen los cargos públicos, o bien los que ejercen el poder en los Estados lleguen, por especial favor divino, a ser filósofos en el auténtico sentido de la palabra. »

Esta carta expresa la preocupación y el itinerario político de Platón en el marco de los acontecimientos descritos anteriormente. Así, siendo aristócrata, no comparte el modo de gobernar que tuvieron los Treinta tiranos, pero, a la vez, es un férreo detractor de la democracia. Para Platón, tanto la tiranía como la democracia son fruto de las teorías de los sofistas. De ahí que su objetivo fuera el llevar a cabo una r eforma política: fundamentar la polis y sus instituciones en un orden de principios de carácter universal , que, primero, hay que descubrir y, después, enseñar.

En definitiva, Platón concluyó, siguiendo a Sócrates, que la única forma de gobierno legítima es la que esté basada en el conocimiento de lo justo que aporta la verdadera filosofía. Por eso se dedicó a esta última postergando sus afanes políticos juveniles. Así, elaboró un modelo teórico en el que la organización de la sociedad estaba en función del conocimiento del bien por parte de sus posibles gobernantes.

4. LA METAFÍSICA Y LA ONTOLOGÍA PLATÓNICAS:

LA TEORÍA DE LAS IDEAS.

4.1. Introducción.

Platón hizo filosofía, rechazando dos corrientes, contra los físicos , y contra los sofistas. De los físicos criticaba el “materialismo ”, y de los sofistas, el relativismo. Por este doble enfrentamiento, Platón se plantea el problema del conocimiento con dos intenciones, demostrar que no toda la naturaleza es materia, y por otro, demostrar que es posible alcanzar la verdad, que ésta es única y fundamenta una única moral posible.

Como comentamos anteriormente, la motivación inicial de su filosofía fue fundamentalmente política y moral , motivación que se vio reforzada por la influencia de su maestro Sócrates. La necesidad de pensar el fundamento de la justicia y el orden social condujo a Platón a considerar que éstos no pueden basarse en un mero relativismo, como decían los sofistas, ni puede ser sólo fruto de un simple pacto o contrato social, que es una mera pugna entre contendientes que cesan sus hostilidades entre sí por el mero egoísmo de conseguir seguridad.

Sócrates había señalado la necesidad de una justicia en sí, de una bondad en sí. Y pensaba que solamente por la existencia de lo justo en sí son posibles actos justos. Más allá de los ejemplos concretos de cosas bellas o relaciones amistosas, debe existir la belleza y la amistad que hacen posibles aquellas; más allá de actos y relaciones justas, debe existir la justicia misma que las hace posibles. El estudio de este fundamento, generalizado desde la ética hasta toda realidad, conducirá a Platón a la formulación de la teoría de las ideas o de las formas , que es el centro de toda la filosofía platónica.

Así, Platón va mucho más allá de su maestro Sócrates, y considera la necesidad de afirmar la existencia de estas ideas como medio para comprender la totalidad de lo real, y no situarlas solamente en el ámbito de la ética.

En contra del relativismo de los sofistas , defiende Platón que, como el alma preexiste a todo y es común a todos los que usan la razón, ha de haber algo que es inmutable, y puede ser comúnmente conocido por todos los seres que tienen alma racional. Su pensamiento se encaminará a buscar el auténtico objeto del conocimiento y, bajo la influencia pitagórica , considerará las matemáticas como modelo de conocimiento. Así, de la misma manera que el matemático habla de triángulos, círculos, esferas o números, de los que sus dibujos son sólo meras y toscas representaciones, y no confunde el dibujo de un triángulo con el triángulo como figura geométrica ideal, el filósofo no ha de confundir la realidad física ni los acontecimientos particulares con las ideas de las cuales estos actos o cosas son meras representaciones.

Platón intentó conciliar posturas presocráticas ya que, dando la razón a Heráclito , afirma que el mundo sensible está continuamente sometido al cambio y al devenir, de forma que nunca es propiamente, ya que siempre está siendo, con lo cual muestra que no tiene la razón de ser en sí

Platón siempre mantuvo la siguiente convicción acerca de las Ideas: tras la apariencia cambiante de las cosas hay una realidad absoluta (las Ideas), cuyo conocimiento es necesario para dar una base sólida a la moral y a la política, y escapar así del relativismo de los sofistas. Esta realidad la situará Platón en un “mundo” de esencias eternas, invisibles y dotadas de un modo de existencia diferente al de las cosas concretas. Se trata de un mundo de valores y de “modelos ideales”, independientes de la opinión de los hombres, a los que llamará “Ideas” o “Formas”, que se descubren sólo por la razón y constituyen el objeto del verdadero conocimiento.

El conocimiento de las matemáticas de los pitagóricos le dio la clave a Platón para suponer que existían realidades absolutas e invariables y que éstas debían tener la misma naturaleza que los números, ser de naturaleza intelectual. Si 2 + 3 = 5 es un pensamiento absolutamente verdadero y es invariable ¿por qué no suponer que ocurre lo mismo con la “justicia” o con el “bien”: que también podamos decir “la justicia es igual a....” sin tener que ser una mera opinión subjetiva, sino un pensamiento verdaderamente objetivo? Igual que hay entidades, como los números, que son absolutamente objetivos e inmateriales, puede ocurrir algo similar con otro tipo de objetos.

Platón inventa una palabra, que hoy nos resulta absolutamente cotidiana, para referirse a un tipo de cosas inmateriales, inmutables eternas, etc. (las características del Ser de Parménides) que parecen responder a la pregunta socrática por la Virtud, la Justicia, el Bien, etc. Tales cosas son ideas o eidos (formas ). Platón cree haber encontrado la respuesta a las preguntas de su maestro: la Fortaleza, la Verdad, la Belleza, el Bien... son IDEAS.

Platón supone que las ideas no son meras representaciones mentales, sino que existen de manera objetiva independientemente de nuestro pensamiento ; hay una idea objetiva y realmente existente de “verdad” pero otras tantas para la “virtud”, la “justicia”, el “bien”, la “amistad”, de tal forma que no dependen de la opinión subjetiva de cada hombre. Cada hombre puede tener su opinión particular acerca de lo que es la belleza o la justicia; se pueden tener distintas opiniones, cambiar la opinión de un país a otro, de un hombre a otro, pero esto no significa que no pueda haber verdadero conocimiento y que todo sea, al fin y al cabo, cuestión de opiniones, como suponían los sofistas. La justicia en sí es independiente de lo que opinemos sobre ella. Y nuestra opinión acerca de la justicia será equivocada si no expresa lo que la justicia es en sí misma.

Las ideas son seres , en el pleno sentido de la palabra. Son inmutables, eternas, universales e inmateriales. Sólo hay una idea de “justicia” y sólo hay una idea de “árbol” si

bien, todas las acciones justas así como todos los árboles de la naturaleza no son sino una copia o representación sensible de estas ideas eternas e inmutables.

Ahora bien, no cualquier concepto mental, por el hecho de serlo, es también una idea existente de manera separada; para Platón, las ideas son formas únicas de algo múltiple. Hoy tenderíamos a usar un concepto propio de las matemáticas para explicar esto: las ideas son clases : Por ejemplo, consideremos la clase de los árboles, en dicha clase están incluidos todos los árboles particulares que nos podamos encontrar, pero la clase no se identifica sin más con ningún ejemplar en concreto. Con las ideas ocurre lo mismo: la idea de belleza se relaciona (aún no sabemos cómo) con todos los objetos bellos que podamos contemplar, pero no se identifica con ninguno de ellos. En términos más generales y utilizando el lenguaje filosófico propio de la época: las ideas son universales, no particulares (lo particular es un ejemplar concreto "este hombre" "aquel caballo"...). Como tienen una naturaleza inteligible, sólo pueden ser alcanzadas con el intelecto o razón y no con los sentidos, podemos concluir afirmando que las ideas o formas son universales inteligibles. En definitiva, los rasgos esenciales de las Ideas son los siguientes:

  • las Ideas son objetivas, reales, y no meros conceptos mentales o modos de pensar la realidad.
  • las Ideas tienen una existencia separada de las cosas sensibles.
  • las Ideas son los modelos perfectos de los objetos del mundo físico

4.3. Dualismo metafísico y dualismo ontológico: mundo inteligible y mundo sensible.

La primera formulación de la Teoría de las Ideas es desarrollada por Platón en los diálogos de la etapa de madurez, en el Fedón y en La República , fundamentalmente. Ahí encontramos los aspectos más característicos y originales de la filosofía de Platón, sobre todo la afirmación de que la realidad está dividida en dos ámbitos completamente diferentes. De hecho, Platón, a través de su Teoría de las Ideas, intenta responder las siguientes preguntas:

a) ¿Qué es la realidad? (Metafísica)

b) ¿Qué elementos la componen?, ¿Qué características tienen éstos? (Ontología)

La solución propuesta por Platón puede ser denominada como “ dualismo metafísico” , ya que distingue en la realidad entre el mundo sensible y el mundo inteligible. Pero esta forma dual de entender la realidad genera, a su vez, un dualismo ontológico. Según de qué tipo de realidad estemos hablando, los elementos que la constituyen serán las Ideas (cuando hacemos

referencia al mundo inteligible) y las cosas (cuando hacemos referencia al mundo sensible).

Así pues existen Ideas, Pero Platón no quería llegar tan lejos como los eléatas cuando afirmaban que el mundo que captamos por medio de los sentidos es una ensoñación, una presunta realidad absurda e irracional (pues consiste en afirmar a la vez el Ser y el No-Ser). Al fin y al cabo la filosofía ha de servir para explicar el mundo, no para negarlo. Por esta razón, Platón deduce que la realidad tiene que estar dividida en dos mundos ( dualismo metafísico ): uno que se correspondería con la naturaleza vista a través de los ojos de Heráclito, el mundo sensible y material; y otro que se correspondería con el mundo tal y como lo entendían los pitagóricos y Parménides, el mundo de las ideas o mundo inteligible.

el fundamento de las cosas no está en ellas mismas, es decir, no son lo que son por sí mismas sino que encuentran su existencia anclada en las ideas.

Pero esta jerarquía no se da únicamente entre el mundo material y el mundo ideal; Platón en los diálogos de madurez (fundamentalmente en La República), insiste en que también en el mundo de las ideas existe una jerarquía ; las ideas se relacionan unas con otras formando una jerarquía piramidal. En efecto, las ideas se disponen de forma que unas están subordinadas a otras y en la cúspide de esta jerarquía se encontraría la idea de BIEN.

¿Qué entiende Platón por “Bien”? Esta es posiblemente una de las preguntas acerca de la filosofía de Platón más difíciles de contestar ya que el mismo Platón no dejó demasiadas pistas al respecto; pensaba que era una Idea tan elevada y tan difícil de conocer que requiere años de dedicación a la filosofía y, aún así, no todos sino sólo los individuos más excelentes pueden alcanzar su conocimiento.

La idea de Bien es el principio rector de todas las cosas; lo que es, lo es en base a su bien y, si carece de él, deja de ser. Podemos considerar que la Idea de Bien es el principio rector de todo en un triple sentido:

a) Fundamento ontológico. Sin el Bien no existiría nada, el resto de Ideas y, por tanto, también el Mundo Sensible, deben su realidad a la Idea de Bien. En la “República”, Platón compara al Bien con el Sol: de igual modo que todo cuanto existe en el Mundo Sensible debe su existencia al Sol, de tal modo que si este dejara de existir todo lo demás desaparecería, la Idea de Bien es la soberana en el Mundo Inteligible y el resto de las Ideas (y también todo el Mundo Sensible, que no es más que una copia de las Ideas) deben su existencia a la Idea de Bien.

b) Fundamento epistemológico. La Idea de Bien “ilumina” el Mundo Inteligible y hace posible el conocimiento, de la misma manera que el sol ilumina los objetos sensibles y posibilita su conocimiento. Con esto Platón quiere destacar que el conocimiento es "conocimiento del bien". Un médico que conoce la ciencia médica, tiene conocimientos sobre el bien del cuerpo, del mismo modo que un arquitecto de puentes sabe cuál es el puente bueno. Quien no conoce el bien de estas cosas, sencillamente, o no es médico o no es arquitecto. En Platón el conocimiento siempre coincide con el conocimiento del bien de algo. La filosofía, como ciencia más elevada, sería el saber sobre el bien en un sentido general.

c) Fundamento ético y político. Afirma Platón en el libro VII de La República que: ”...tiene por fuerza que verla (la Idea de Bien) quien quiera proceder sabiamente en su vida privada o pública”. Que el bien sea fundamento ético y político es algo más fácil de explicar: la ética se ocupa de reflexionar acerca de cuál es la "buena vida" y la política discute acerca de cuál es la "buena ciudad". Por tanto, aquel que quiera tener una buena vida o dirigir hacia el bien a su ciudad tiene, por fuerza, que conocer la Idea de Bien. Es por esto que el bien debe ser fundamento de la ética y la política.

Platón compara la Idea de Bien con el Sol ( “símil del Sol” ). «Dos son los que reinan, uno en el ámbito de lo visible, otro en el ámbito inteligible». De la misma manera que el Sol no sólo hace visibles las cosas del mundo sensible, sino que además les da su posibilidad de ser, la Idea de Bien hace inteligibles los objetos del mundo inteligible y les da existencia (bien como causa ontológica y epistemológica de las Ideas).

En La República, (^) por debajo de la Idea de Bien estarían el resto de ideas morales: Belleza, Justicia, Virtud, Valor, etc. A continuación, las Ideas que determinan las relaciones entre los seres: Igualdad- Diferencia, Grande- Pequeño , etc. Después, las Ideas de los números, la Unidad , la Dualidad. .. y las figuras geométricas, la Triangularidad , la

Circularidad. ..; las Ideas de las cosas naturales, Caballo , Hombre .... y, finalmente, las Ideas de cosas fabricadas, Mesa , Casa ....

Platón utiliza dos conceptos para señalar de qué forma se relacionan las cosas del mundo sensible y las cosas del mundo material: la participación ( methesis) y la imitación (mimesis).

a) Participación : es la relación que se establece entre los seres sensibles (las cosas del mundo material) y las ideas (los seres del mundo inmaterial). Con este concepto Platón quiere dar a entender que existe esta relación, que las acciones son justas porque participan de la idea de justicia o que un caballo lo es porque participa de la idea de caballo. Sin embargo, el concepto de participación acarrea problemas que el mismo Platón reconoce y aborda en su diálogo “Parménides”. En primer lugar, no puede ocurrir que esta participación sea física, es decir, la idea de “caballo” no puede estar dentro del “caballo” a modo de esencia ya que hay múltiples caballos pero sólo hay una idea de caballo. Tampoco puede estar una pequeña parte de ella, ya que las ideas son indivisibles. Tampoco puede ser un elemento material del caballo ya que cuando muere el caballo particular, la idea moriría con él, lo que no ocurre puesto que las ideas son eternas. Así pues, la participación hay que entenderla como una metáfora para señalar que las ideas y las cosas sensibles se relacionan; de la misma forma que los objetos visibles participan de la luz solar sin que esta pierda su unidad.

b) Imitación : El otro concepto que Platón utilizó para señalar la relación entre las cosas y las ideas es el de imitación. Las cosas son, por así decirlo, una imitación imperfecta de las ideas. Se relacionan de la misma forma que se relacionan las copias con relación al modelo u original. Tomemos como ejemplo un retrato que diversos pintores hacen de una persona: los retratos no son esa persona, sino una copia en un lienzo de ésta. Cada retrato se relaciona con el modelo de la forma

“copia-original”. Los cuadros son menos perfectos que el original en el sentido que sólo son una imitación de la verdadera realidad del modelo (solo son el reflejo de algunas características del original). El problema de esta forma de concebir la relación ideas-cosas es que entonces todas las cosas bajas y corruptas de este mundo (lodo, uñas, pelo...) deberían tener su correspondiente idea, lo que niega Platón pues supondría introducir la imperfección en el

mundo inteligible.

4.6. Génesis y estructura del mundo sensible: la cosmogonía y cosmología platónicas.

Para completar una explicación del mundo acorde con su Teoría de las Ideas, Platón expuso su imagen del orden cósmico, en la cual, a diferencia de los atomistas, que recurrían al azar, el universo era el efecto de una inteligencia ordenadora o demiurgo. El rechazo del atomismo obedeció a dos consecuencias indeseables que, según Platón, este sistema acarreaba: por un lado, resultaba imposible conocer la naturaleza, ya que era igualmente imposible conocer o calcular las trayectorias, colisiones e infinitas combinaciones de átomos moviéndose en el vacío; en segundo lugar, como el universo era para los atomistas un producto imprevisible de tales colisiones y combinaciones, resultaba que, en este sistema, el mundo ordenado tenía que originarse a partir de los movimientos desordenados de la materia inicial. Para Platón, sin embargo, la estructura cósmica sólo puede ser resultado de la acción de una inteligencia ordenadora.

Además de lo anterior, Platón se planteó resolver el difícil problema de cómo se relacionan las Ideas con las cosas particulares , es decir, aclarar satisfactoriamente, después de sus dudas y vacilaciones, la relación entre los mundos sensible e inteligible. La solución a este problema la expuso en el diálogo Timeo, de clara influencia pitagórica.

Así pues, ¿cuál es el origen del mundo sensible y por qué es radicalmente diferente del mundo inteligible? Puesto que, según Platón, sólo puede haber ciencia verdadera de los objetos estables y permanentes, es decir, del mundo de las Ideas, su cosmogonía aparece como una narración verosímil, llena de conjeturas y suposiciones.

A diferencia del mundo inteligible, que "es eterno y no nace jamás", el mundo sensible, que aquí denominaremos “Cosmos”, ha tenido que nacer "puesto que es visible y tangible, y porque tiene cuerpo". ¿Cómo se ha engendrado? La cosmogonía platónica supone la inclusión de tres factores o elementos:

- una masa material preexistente - eterna -, móvil y caótica. Es el principio físico e indeterminado (al carecer de forma, no es propiamente nada). Constituye el sustrato material del mundo sensible. - las Ideas : son el principio formal, el modelo - recordar que “Idea”, en griego “eidos”, significa “forma o aspecto de una cosa”- de acuerdo con el que se genera el mundo sensible. Las Ideas determinan, dan forma a la materia, surgiendo las cosas. - No puede el azar ser el origen del Cosmos, el orden no puede ser el resultado azaroso del desorden, debe provenir de una inteligencia ordenadora (inspirada en el Nous de Anaxágoras): ésta recibe en Platón el nombre de Demiurgo. Éste actúa sobre la materia eterna y caótica, dotada de movimientos desordenados, como causa activa e inteligente; es decir, basándose en las Ideas, que le sirven de modelo, plasma la esencia de las Ideas en la materia lo más perfectamente posible. Pero el cosmos resultante de la obra modeladora del demiurgo no es totalmente perfecto porque la materia siempre supone un factor de desorden e imperfección. De este modo, queda establecida la imitación o copia como modo de relación entre las Ideas y las cosas.

Con respecto al demiurgo , conviene recalcar que Platón lo concibe como una “divinidad modeladora, ordenadora”, que modela y da forma a las cosas tomando como modelo las Ideas, pero no es equiparable al concepto de una divinidad creadora, como lo será el dios del cristianismo. O, tal vez, el demiurgo no sea sino una forma mítica de expresar la acción de las Ideas sobre la materia, como elemento configurador que impone a la materia una estructura y de esa manera proporciona inteligibilidad y consistencia a los seres del mundo físico. Sería, siguiendo la línea pitagórica adoptada por Platón en el Timeo, la imposición del límite (más o

5.2. La epistemología platónica.

Platón, como su maestro Sócrates, creía en el conocimiento absoluto y verdadero de la realidad, frente al relativismo de Protágoras y el escepticismo de Gorgias. Sócrates tenía la convicción de que la conducta ética se ha de basar en el conocimiento y, asimismo, la de que este conocimiento debe ser un conocimiento de valores eternos, no sujetos a las variables y cambiantes impresiones de los sentidos o de la opinión subjetiva, sino idénticos para todos los hombres y en todos los tiempos. Siguiendo a su maestro, Platón intenta refutar las opiniones falsas.

En su diálogo Teeteto , Platón se exige la tarea de combatir la teoría de Protágoras sobre el conocimiento como mera percepción sensible y su tesis de que lo que a cada cual le parece verdadero es la verdad para él. Platón rechaza ambas tesis. El conocimiento debe ser de lo que es y, por tanto, tiene que ser infalible. El conocimiento sensible tiene como objeto lo cambiante y perecedero, el mundo de las apariencias. Y así, las cosas no son sino que devienen (no cumple con el primer requisito). Si la realidad depende de la percepción que yo tenga de la realidad, entonces es imposible el segundo requisito. La verdad será lo que yo perciba. Y, entonces, ¿por qué vamos a las clases de Protágoras, por las que obtiene pingües beneficios, si nadie es más sabio que nadie?

Platón acepta de Protágoras la creencia en la relatividad de los sentidos y de la percepción sensible, pero no admite un relativismo universal; al contrario, el conocimiento verdadero existe y es alcanzable pero no puede estar sujeto a toda clase de influencias momentáneas tanto en el sujeto como en el objeto.

5.3. Ciencia y opinión: los grados del conocimiento.

Más arriba hemos afirmado que el conocimiento es proporcional al ser. Pues bien, para Platón 1 entre el ser (Ideas) y el no-ser se encuentra una realidad intermedia : «el mundo sensible». Éste es una mezcla de ser y no- ser , y por eso está sujeto al cambio y al devenir.

Si al ser corresponde un conocimiento verdadero ( epistéme ) y al no ser la ignorancia, a esta realidad intermedia (lo sensible) corresponderá un conocimiento intermedio entre ciencia e ignorancia: un conocimiento que no es conocimiento propiamente dicho (ciencia) y que

llamamos opinión (dóxa); se trata de un conocimiento inestable y caduco (como la realidad a que corresponde). Tenemos, por tanto, el conocimiento de la ciencia (epistéme) y el conocimiento de la opinión (dóxa). Según Platón, los sofistas se movían en este segundo tipo de saber.

En República, Platón especifica que tanto la opinión como la ciencia poseen dos grados distintos, que corresponden a dos grados de realidad, de ser. Se trata del famoso pasaje del libro VI: el «símil de la Línea» ; también aborda el tema en otro celebérrimo pasaje del libro VII: el «sito de la caverna». De esta manera, al grado supremo de ser (Ideas) corresponde el grado supremo de conocimiento ( Dialéctica 2), y todas las demás ciencias y artes quedan reducidas a medios preparatorios, propedéuticos, para ascender a esta cumbre, que es la propia de los filósofos. Platón opone la d ialéctica (método científico-racional que aspira a la demostración de la verdad) a la r etórica de los sofistas, que sólo pretendían la persuasión.

GRADOS DE CONOCIMIENTO

CONOCIMIENTO SENSIBLE CONOCIMIENTO INTELIGIBLE OPINIÓN (DÓXA) CIENCIA (EPISTÉME) Conjetura Creencia Pensamiento discursivo Intelección pura EIKASÍA PÍSTIS DIÁNOIA NÓESIS (Conocimiento (Física) (Matemáticas) (Dialéctica) engañoso) | | | | |

Sombras e Cosas y objetos Objetos matemáticos IDEAS (Bien) imágenes sensibles

sensibles de

las cosas

MUNDO SENSIBLE (VISIBLE) MUNDO INTELIGIBLE (INVISIBLE)

GRADOS DE REALIDAD

1 Con ello intenta salvar la conclusión a que había llegado Parménides, a saber, que el movimiento es ininteligible y por tanto falso, ilusorio. 2 La ciencia para Platón es una ascensión del alma hacia la verdad y hacia el Bien.

1. La opinión (doxa): imaginación (eikasía) y creencia (pistis).

1.1. El nivel más bajo de la opinión lo lama eikasía : se basa en la percepción y tiene por objeto las representaciones de la realidad sensible (dibujos, sombras, reflejos...) y la imaginación construida a partir de ellas.

Quienes profieren juicios equivocados sobre el mundo exterior se encuentran en una situación de eikasía, es decir, de imaginación. Parece que Platón quiere decir que el estado mental del que profiere un juicio falso es parecido al de aquel que toma las visiones de las imaginaciones o de los sueños como cosas reales o verdaderas.

1.2. El segundo nivel, más elaborado, pero también fundado en la observación sensible es la pistis o creencia : intenta dar razón de lo sensible a partir de hipótesis explicativas ajustadas a las observaciones. Se sirve del método hipotético-deductivo. Tiene por objeto las cosas particulares, sin embargo, para Platón no puede haber ciencia de ellas por carecer éstas de estabilidad y plena realidad.

Nosotros podemos poseer una creencia razonable, basados en la experiencia pasada, de que el cosmos y sus leyes tendrán en el futuro un funcionamiento uniforme y similar al del pasado.

Mas no poseemos absoluta certeza de ello. Además, el reino de la contingencia - por ejemplo, las constituciones políticas- es incorrecto y / o injusto. Debemos ajustarlo a un modelo o paradigma perfecto, ideal.

2. La ciencia (episteme): pensamiento (dianoia) e inteligencia (noesis).