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Una recopilación de escritos de martín lutero y john locke sobre la libertad de conciencia y la tolerancia religiosa durante el siglo xvi y xvii. Se analizan fragmentos de lutero en la época del apogeo del protestantismo, donde se aborda la tolerancia hacia aquellos que no comparten la misma fe, y la necesidad de permitir que cada individuo elija su propia fe en privado, sin hacer alarde de ello en la vida pública. Por otro lado, john locke expone su idea de separación entre el poder civil y el poder religioso, y la importancia de la libertad de culto y la autonomía de la iglesia y el estado. Además, se incluyen textos de sebastian castellio y juan calvino sobre la libertad de conciencia y la intolerancia.
Tipo: Ejercicios
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Martín Lutero fue un teólogo y fraile católico y agustino del siglo XVI que comenzó la reforma religiosa en Alemania. Su doctrina resulta muy importante porque tuvo gran impacto histórico. Se enfrentó al papado del momento ya que este había adquirido un gran poder. Resultaba un nuevo monarca y pagaba guerras y lujos a través de indulgencias. Se enfrentó ante esta jurisdicción del papa y de las indulgencias a través de 95 tesis expuestas en la puerta de una iglesia alemana que rápidamente tuvieron repercusión. A continuación analizaremos una serie de fragmentos escritos de Lutero que se sitúan en la época del apogeo del protestantismo. En el primer y segundo párrafo del texto se recurre a la tolerancia y a la libertad de conciencia, poniendo de manifiesto que no se puede obligar a nadie a creer de una determinada manera y que por la tanto no se puede utilizar la fuerza para lograr ese fin. En el tercer párrafo se habla de tolerancia pero más bien de una tolerancia “light”, lo se pretende es tolerar a aquellos que no tengan la misma fe pero no por el hecho de que cada cual elige libremente su fe sino que con la esperanza de que más tarde quizá si que encuentren el buen camino que les redirigirá hacia la fe verdadera y de esa manera no habrá hecho falta acabar con los impíos y así no habrán perdido a potenciales súbditos. Entonces deciden dejarles libres pero a la vez condicionados. El cuarto y quinto párrafo también se entiende como tolerante pero eso si, tolerante en la privacidad, es decir, se deja a cada cual que crea o no crea en lo que quiera pero con la condición de que sea en privado, sin que hagan alarde de ello en la vida pública, pues eso no deberían permitirlo porque podría incitar a aquellos que van por el buen camino a desviarse de él así que las autoridades deben reprimir a aquel que ose hacer manifiesto en la sociedad porque de alguna manera podría considerarse incluso culpa de ellos, pues si hubieran actuado erradicando la propaganda nadie se hubiera hecho eco. Eso si, la su fe, que es la fe verdadera si debe de ser predicada, tanto en privado como en la vida pública, sin restringiones de ningún tipo, aquí se encuentra un poco la doble moral de la época, una tolerancia a medias. En el último párrafo vemos como se tambalea fuertemente esa “tolerancia” pues predica el respeto al prójimo de otra fe pero por el plazo determinado de un mes, si en ese mes, no ha encauzado su vida y no se ha dirigido por el buen camino que le llevará a la fe verdadera, entonces si habrá que hacerles la cruz y excluirles de la vida pública y de todo. Por todo esto se concluye que se trataba de una confesionalidad doctrinal.
John Locke fue un filósofo y médico inglés del siglo XVII y se trata de un muy influyente representante del emprimo inglés. Esta obra, “ Carta sobre la tolerancia” marca un antes y un después en cuanto a la libertad de culto y expone sus ideas respecto a la tolerancia y a la separación y a la autonomía del Estado y la Iglesia. El contexto histórico se sitúa en el auge del Protestantismo. La idea principal e sea separación entre el poder civil y el poder religioso. Locke afirma que el magistrado civil debe ocuparse únicamente de temas que atañen a derechos y dominio civil pues de la religión de la salvación del alma no tiene nada que decir el Estado porque Dios no ha dado la autoridad de esta misión a ningún hombre y por tanto no obliga a nadie a profesar la religión. Locke dice que nadie debe dejar que otro hombre como él con independencia de su cargo social decida por él que fe y culto debe o no profesar porque es algo que esta fuera de la capacidad de ningún ser humano. Como dice Locke “el magistrado solo tiene fuerza exterior”, es decir, que las únicas cosas que podría hacer para imponer la religión como encarcelar, confiscar propiedades, etc, no serían suficientes porque jamás podría entrar en la mente del individuo, en el interior que es en lo que consiste la religión y la auténtica fe. Para Locke tiene que haber una separación entre Iglesia y Estado para que así puedan funcionar de forma autónoma e individual, pues esta sería la única manera de que ninguna se inmiscuya en los asuntos de la otra y así el hombre podría ser libre.
Sebastian Castellio fue un humanista y biblista teólogo francés reformista del siglo XVI que se interesó por las ideas protestantes y viajó en 1540 para reunirse con Calvino, con quien tuvo discordancia teológicas. Castellion apoya fuertemente la libertad de conciencia. El texto refleja claramente la idea de libertad de conciencia del autor. El autor recalca la idea de que no se puede obligar a creer a ningún individuo pues la conciencia debe ser libre. El Estado no tiene porque inmiscuirse en los asuntos de la religión y la espiritualidad porque su única responsabilidad son lo externo y político. Mientras que no resulte una amenaza contra el Estado los asuntos morales de un individuo no debe intervenir en ellos porque sería “una usurpación y una intrusión de los derechos inviolables del individuo”. El individuo solo debe responder ante su propia creencia. El autor reivindica la libertad del individuo ante las imposiciones religiosas. La humanidad no sería posible sin una voluntad de conciliación, una comprensión y una
que atañe a la vida pública, a todos. Y, si alguien después de haber predicado creer en esa fe civil después haya traicionado ese mensaje, entonces si debe ser castigado con la pena más fuerte, la muerte, pues ha cometido un gran pecado contra las leyes y la sociedad. Para el autor la intolerancia es el mayor de los males. La intolerancia religiosa, dice, va unida a la intolerancia social, y eso es un gran mal en la sociedad. Pues uno no puede amar a una persona que no está de acuerdo con su religión porque Dios no le ama, entonces si le amases tú ¿acaso estarías yendo en contra de tu Dios? Lo que deberías hacer es rechazarle al igual que Dios lo hará en la vida próxima. De esta manera se hace evidente que el único arma para mantener a una sociedad unida y amada es la tolerancia.