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Pràctica burka, Apuntes de Psicología

Asignatura: Societat, salut i benestar, Profesor: Joseba Achotegui, Carrera: Psicologia, Universidad: UB

Tipo: Apuntes

2013/2014

Subido el 28/09/2014

roger5389
roger5389 🇪🇸

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RESUM PRACTICA
Los principales argumentos que he leído en contra de la prohibición van en una
doble línea.
-seguritat (no aps a qui tens devant si solament veus els seus ulls a través del burka) es
poc tolerant.
-adaptació del país (quan les persones viatgem, ens allotjem o ens canviem de país per
qualsevol motiu, ens hauriem d’adaptar a la seva cultura i tradicions…perque nosaltres
tindriem la mateixa llibertat allí on anesem? )
-Poca visio de les dones (poden perdre l’equilibri, menys camp de visió, més accidents
urbans)
-Es molt machista (sols per les dones, no hi ha per a homes)
-Si ets religios, no cal manifestar-ho tant, no cal donar la teva expressió a la resta de gent
sinó sols a tu mateix d’una forma pasiva.
- Por un lado, que eso lo único que hace es “invisibilizar” el problema. El problema es
el islam, se entiende, no el burka. Prohibiendo el burka, al no verlo por la calle, parecería
que no hay musulmanes en España. Y eso permitiría su avance silencioso. Pero si se
permite llevar burka, dicen, no olvidaremos nunca de que el problema está ahí y entonces
podremos hacer algo contra el islam.
Yo objetaría a este argumento que las cosas que se ven acaban haciéndose costumbre. Si
yo no veo burkas por las calles, cuando aparezcan me chocan. Pero si veo burkas por las
calles, al final me acabo acostumbrando, dejan de llamarme la atención. Eso pasa con
todo. Si no suelen verse descapotables de lujo por las calles, cuando se ve uno llama la
atención. Pero si hay montones de descapotables por las calles, al final no llaman en
absoluto la atención, los “incorporamos” al paisaje urbano y dejan de ser llamativos. Con el
burka pasa lo mismo. Y al incorporarlos a nuestro paisaje urbano, al normalizarlos en
nuestras calles, el problema es que estamos “incorporando” al islam, y eso sí es terrible.
- Por otro lado, que eso puede limitar todavía más la ya limitada vida de las mujeres
musulmanas, especialmente de las que llevan burka. Obviamente sus maridos no las van
a dejar salir de casa si no se lo ponen, con lo cual, dicen, su vida sería aún peor.
Este argumento es igualmente absurdo. Es como si me dicen que para no irritar a un
torturador le dejemos torturar a la gente. Si el burka está prohibido y las musulmanas no
pueden salir, habrá que poner los medios para controlar a los extremistas. Es verdad que
eso supone dinero, desde luego, pero desde luego complicado no es. Basta mirar en los
barrios islámicos. Suponiendo que alguien se atreva a entrar en ellos. Y por otro lado, ya
viven en una cárcel, aunque salgan a la calle, es una cárcel. Es la cárcel de la sumisión, la
cárcel de la falta de iniciativas, la cárcel de no ser consideradas personas…
- El último argumento que he visto por la red es que es una “maniobra de distracción“.
Se prohíbe el burka pero mientras no se habla del hijab, que es el problema real en cuanto
a número de usuarias y de identidad islámica.
Contra este argumento, no tengo nada que objetar. Es cierto que si hablamos de burka y
no hablamos de hijab estamos parcializando el problema. El problema es el islam,
simplemente. El islam es el que limita la dignidad de la mujer. No el burka.
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¡Descarga Pràctica burka y más Apuntes en PDF de Psicología solo en Docsity!

RESUM PRACTICA

Los principales argumentos que he leído en contra de la prohibición van en una

doble línea.

-seguritat (no aps a qui tens devant si solament veus els seus ulls a través del burka) es

poc tolerant.

-adaptació del país (quan les persones viatgem, ens allotjem o ens canviem de país per

qualsevol motiu, ens hauriem d’adaptar a la seva cultura i tradicions…perque nosaltres

tindriem la mateixa llibertat allí on anesem? )

-Poca visio de les dones (poden perdre l’equilibri, menys camp de visió, més accidents

urbans)

-Es molt machista (sols per les dones, no hi ha per a homes)

-Si ets religios, no cal manifestar-ho tant, no cal donar la teva expressió a la resta de gent

sinó sols a tu mateix d’una forma pasiva.

  • Por un lado, que eso lo único que hace es “invisibilizar” el problema. El problema es

el islam, se entiende, no el burka. Prohibiendo el burka, al no verlo por la calle, parecería

que no hay musulmanes en España. Y eso permitiría su avance silencioso. Pero si se

permite llevar burka, dicen, no olvidaremos nunca de que el problema está ahí y entonces

podremos hacer algo contra el islam.

Yo objetaría a este argumento que las cosas que se ven acaban haciéndose costumbre. Si

yo no veo burkas por las calles, cuando aparezcan me chocan. Pero si veo burkas por las

calles, al final me acabo acostumbrando, dejan de llamarme la atención. Eso pasa con

todo. Si no suelen verse descapotables de lujo por las calles, cuando se ve uno llama la

atención. Pero si hay montones de descapotables por las calles, al final no llaman en

absoluto la atención, los “incorporamos” al paisaje urbano y dejan de ser llamativos. Con el

burka pasa lo mismo. Y al incorporarlos a nuestro paisaje urbano, al normalizarlos en

nuestras calles, el problema es que estamos “incorporando” al islam, y eso sí es terrible.

  • Por otro lado, que eso puede limitar todavía más la ya limitada vida de las mujeres

musulmanas , especialmente de las que llevan burka. Obviamente sus maridos no las van

a dejar salir de casa si no se lo ponen, con lo cual, dicen, su vida sería aún peor.

Este argumento es igualmente absurdo. Es como si me dicen que para no irritar a un

torturador le dejemos torturar a la gente. Si el burka está prohibido y las musulmanas no

pueden salir, habrá que poner los medios para controlar a los extremistas. Es verdad que

eso supone dinero, desde luego, pero desde luego complicado no es. Basta mirar en los

barrios islámicos. Suponiendo que alguien se atreva a entrar en ellos. Y por otro lado, ya

viven en una cárcel, aunque salgan a la calle, es una cárcel. Es la cárcel de la sumisión, la

cárcel de la falta de iniciativas, la cárcel de no ser consideradas personas…

  • El último argumento que he visto por la red es que es una “ maniobra de distracción “.

Se prohíbe el burka pero mientras no se habla del hijab, que es el problema real en cuanto

a número de usuarias y de identidad islámica.

Contra este argumento, no tengo nada que objetar. Es cierto que si hablamos de burka y

no hablamos de hijab estamos parcializando el problema. El problema es el islam,

simplemente. El islam es el que limita la dignidad de la mujer. No el burka.

Una mujer con burka nos llama la atención. Apenas se ven en Europa pero, incluso en fotografías o al otro lado del televisor, verlas nos produce una extraña sensación. Y para qué vamos a negarlo, el uso de esta prenda nos parece a muchos una cárcel para las mujeres. Sobre el hiyab (velo), la posición nunca ha sido tan radical y, aun así, ha dado lugar aenconados debates. Los flujos migratorios y la globalización no han tardado en poner el tema del burka y su utilización en Europa sobre la mesa, con un resultado no menos candente. En Francia, uno de los primeros en sacar el tema a relucir, ha sido el propio presidente el que no ha dudado en tomar una férrea posición en contra del burka y otra prenda igual de llamativa, el niqab. "No es bienvenido en la República", ha aseguradodefendiendo una propuesta de ley que ya están en marcha para prohibirlo en lugares públicos. Pero, aunque en un primer momento pueda ser fácil sentirse identificado con estos argumentos, siempre queda una rendija para la reflexión. ¿Es tan necesario prohibir el burka?

Beard Papa (flickr)

Sarkozy quiere prohibir que las mujeres se muestren así en Francia.

Sarkozy lo tiene claro y, en el nombre de "la igualdad de la mujer y la dignidad", ha apoyado sin reservas la iniciativa del diputado comunista André Gérin. La diferencia es que Gérin se apoya, sobre todo en una cuestión de laicidad del Estado francés —donde por ejemplo, no se puede asistir a la escuela pública mostrando símbolos religiosos— mientras que el presidente ha hablado directamente de una cuestión de machismo. "No es un signo religioso. Es un signo de sometimiento de las mujeres", ha defendido.