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pregunta de la asignatura teoría y practicas de la democracias
Tipo: Apuntes
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Tema 1. LA DEMOCRACIA ATENIENSE.
que los ciudadanos empezaban a verse como iguales (homoioi) podían reclamar una proporción más igualitaria (isonomia) en la ges�ón de los asuntos de la “polis”. Mencionar también la introducción por parte de Clístenes de la ins�tución del ostracismo, exilio por 10 años de aquellos ciudadanos de los que se temía que pudieran conver�rse en �ranos. Es de resaltar que esta ins�tución rebajó considerablemente la tendencia a eliminar �sicamente al adversario polí�co y que, además, era respetuosa con las propiedades y bienes del exiliado, así como permi�a la residencia en la “polis” de su familia y allegados. Sigue con las reformas de Efialtes (asesinado en el 461), que, junto con su entonces más joven amigos, Pericles, promueven cambios en el papel del Aerópago (transfieren sus poderes de control sobre los magistrados a la Asamblea, al Consejo de los Quinientos y a los tribunales populares), aumentan la responsabilidad de magistrados, ex�enden la “isonomia” a los procedimientos judiciales (con lo que el “nomos” empieza a verse como plasmación de convenciones y valores ciudadanos), abren los mecanismos de elegibilidad a los ciudadanos más pobres, ins�tuyen los “mysthoi” (indemnizaciones por los jornales perdidos por asis�r a la Asamblea, a los tribunales o al Consejo de los Quinientos)… Da comienzo así la edad de oro de la democracia ateniense.
Vínculo que los atenienses establecían entre sorteo y democracia, hemos de abordar primero
una característica clave de la cultura democrática griega: el principio de rotación en el cargo.
Los demócratas no sólo reconocían la existencia de una diferencia de papeles entre gobernantes
y gobernados, ambas funciones no podían ser ejercidas por los mismo individuos al mismo
tiempo. El principio cardinal de la democracia no era que el pueblo deba gobernar y ser
gobernado, sino que todos los ciudadanos fuesen capaces de alternarse en ocupar ambas
posiciones. En otras palabras, la libertad democrática no consiste sólo en obedecerse a sí mismo
sino en obedecer a alguien cuyo puesto se llegará a ocupar algún día.
La rotación en los cargos, confería al mando una base de legitimidad. Lo que daba derecho a
gobernar era el hecho de haber estado algún día en la posición contraria.
Alternar mando y obediencia era también un mecanismo para conseguir un buen gobierno.
Dado que aquellos dan órdenes algún día habrían tenido que obedecerlas, era posible que
tuvieran en consideración en sus decisiones las opiniones de los afectados por las mismas.
La asamblea era identificada con el pueblo no porque acudieran todos los ciudadanos, sino
porque todos podían acudir y por variar constantemente su composición. En cuanto a los
tribunales, hay claras pruebas arqueológicas de los dikastai variaban sobremanera.
En los tribunales, el uso del sorteo para seleccionar jueces y la ausencia absoluta de
profesionales estaba destinado a garantizar que las voces de los expertos no pesasen más que las
de los ciudadanos corrientes.
Los demócratas atenienses percibían un conflicto entre democracia y profesionalidad en
cuestiones políticas. La democracia consistía en dejar los poderes decisivos en manos de
aficionados, el pueblo que los atenienses llamaban hoy idiotai. Los magistrados, llegado el
momento de rendir cuentas, alegaban a menudo su falta de experiencia para excusar sus errores.
El sorteo también estaba asociado al principio igualitario, pero este lazo es de más difícil
interpretación.
Parece entonces que la selección por sorteo era considerada como un procedimiento
particularmente igualitario. El problema radica en saber con cuáles de las distintas versiones de
la compleja noción de igualdad estaba vinculada.
Surgen dos conclusiones principales. Primera, en el ejemplo primero de democracia “directa” el
pueblo reunido en asamblea no ejercía todos los poderes. Poderes substanciales, a veces más
grandes que los de la asamblea, eran asignados a órganos diferentes y más pequeños. No
obstante, sus miembros eran designados principalmente por sorteo. El hecho de que los
gobiernos representativos nunca hayan empleado el sorteo para asignar poderes políticos
muestras que la diferencia entre el sistema representativo y los sistemas “directos” tiene más
que ver con el método de selección que con el número limitado de los seleccionados. Lo que
hace representativo a un sistema no es el hecho de que unos pocos gobiernen en lugar del
pueblo, sino que únicamente son seleccionados mediante la elección.
Segunda, la selección por sorteo (en contra de lo que todavía se afirma) no era una institución
periférica en la democracia ateniense. Daba expresión a una serie de valores democráticos
fundamentales: encajaba sin problemas con el imperativo de la rotación en los cargos; reflejaba
la profunda desconfianza de los demócratas hacia el profesionalismo político; y, sobre todo,
producía un efecto similar al hablar en la asamblea. Esto daba a quien lo deseaba una porción
igual del poder ejercido por el pueblo en asamblea. El sorteo garantizaba que cualquiera que
buscase un cargo tuviera la oportunidad de ejercer una función que desarrollaba un pequeño
número de ciudadanos. Incluso sin poder explicar por qué, los demócratas tenían la intuición de
que las elecciones no garantizaban la misma igualdad.
La democracia ateniense confiaba a ciudadanos seleccionados por sorteo la mayor parte de las
funciones no desarrolladas por la asamblea popular (ekklesia). Ese principio se aplicaba sobre
todo a las magistraturas (archai), De los aproximadamente 700 cargos de magistrado que
formaban la administración ateniense, unos 600 eran cubiertos por sorteo. Las magistraturas
asignadas por sorteo (kleros) eran habitualmente colegiadas. El mandato en el cargo era de un
año. No se permitía que los ciudadanos ocupasen una magistratura más de una vez, y aunque,
podían ser nombrados para una serie de magistraturas diferentes a lo largo de su vida, el
calendario para rendir cuentas suponía que, en la práctica, ninguna persona podía ejercer de
magistrado por dos años consecutivos. Todos los ciudadanos con 30 años cumplidos y que no
estuviesen bajo la pena de atimia (privación de derechos civiles) podían acceder a una
magistratura. Aquellos cuyos nombres habían sido extraídos por sorteo debían someterse a una
investigación (dokimasia) antes de poder ocupar el cargo. En la prueba se axaminaba si estaban
legalmente cualificados para ser magistrados; y también se comprobaba que el comportamiento
con sus padres había sido satisfactorio, si había pagado sus impuestos y si habían realizado el
servicio militar.
El sistema ateniense sí que ofrecía ciertas salvaguardias contra los magistrados a los que
juzgaba el pueblo como malos o incompetentes. En primer lugar, los magistrados estaban
sometidos al constante control de la asamblea y de los tribunales. No sólo debían rendir cuentas
(euthynai) al dejar el cargo, sino que en cualquier momento de su mandato, cualquier ciudadano
podía presentar acusaciones en su contra y demandar su suspensión. En las asambleas
principales (ekklesia kyriai), las votaciones sobre los magistrados eran puntos obligatorios del
orden del día. Cualquier ciudadano podía entonces proponer un voto de censura contra un
magistrado (fueses elegido por sorteo o elección). Si el magistrado perdía la votación, era
suspendido inmediatamente y su caso remitido a los tribunales, sobre los que recaía entonces la
responsabilidad de absolverlo (tras lo cual retomaba sus funciones) o de condenarlo.
Sin embargo, sólo eran introducidos en la máquina de la lotería, los nombres de los que
deseaban ser tenidos en cuenta. El sorteo no se efectuaba entre todos los ciudadanos de 30 años
o más, sino solamente entre los que se habían ofrecido como candidatos.
Cualquiera que aprovechase la oportunidad se exponía al juicio prácticamente constante de los
demás, pero el juicio sólo se efectuaba a posteriori, después de que el candidato ya hubieses
empezado a actuar en su cargo. Aparte del azar, lo único que determinaba el acceso al cargo era
la evaluación que cada candidato efectuase de sí mismo y de sus capacidades. En el caso de las
magistraturas electivas, era el juicio de los otros lo que abría el camino al cargo público. Ese
también desempeñaba importantes funciones militares, siendo responsable de la marina y su
administración. Finalmente, tenía su papel en la supervisión de la administración pública,
incluyendo las muy importantes finanzas; con lo que ejercía un grado de control sobre las otras
magistraturas. Por consiguiente, la boule, que era nombrada por sorteo, ocupaba una posición
central en el gobierno de Atenas.
Debemos abordar otro órgano: los heliastai. Cada año, 6000 personas eran seleccionadas por
sorteo entre un grupo de voluntarios de mayores de 30 años. Los ciudadanos cuyos nombres
había salido en el sorteo prestaban el juramento heliástico, prometiendo votar de acuerdo con las
leyes y decretos de la asamblea y del consejo, para decidir de acuerdo con su propia conciencia
sobre casos no cubiertos por la ley, y prestar imparcial atención a la defensa y a la acusación. A
partir de ese momento y por espacio de un año, esos ciudadanos formaban el órgano de los
heliastai.
Era entre los heliastai donde se reclutaba a los miembros de los tribunales populares (dikasteria)
y, en el siglo IV, los nomothetai.
Los jueces y jurados (dikastai) precisos para la jornada eran nombrados por sorteo entre los
presentes. Nótese otra vez la naturaleza voluntaria de la participación. Otra lotería determinaba
(al menos en el siglo IV) en qué tribunal tenía que actuar cada uno de los jueces. Dependiendo
de la gravedad de las cuestiones a tratar, los tribunales podían estar compuestos de 501, 1001,
1501 o más dikastai. Los dikastai recibían dietas por valor de tres óbolos (que equivalía a medio
jornal) La mayoría de los tribunales estaban formados por pobres y ancianos.
Los tribunales desarrollaban importantes funciones políticas. A menudo se dirimían mediante
arbitraje, entrando sólo en juego los tribunales si las partes apelaban la decisión. Muchos casos
penales también eran tratados fuera de los tribunales populares (los asesinos, por ejemplo eran
juzgados por el aerópago). Eran, por tanto, los juicios políticos la principal actividad de los
tribunales populares que constituían un importante elemento de gobierno diario.
Ese era sobre todo el caso en las acciones penales por ilegalidad (graphe paranomon) Cualquier
ciudadano podía presentar una acción por ilegalidad en contra de una propuesta presentada ante
la asamblea. La acusación se presentaba contra una persona nombrada: el particular que había
presentado la propuesta ofensiva. Sólo el iniciador era objeto de enjuiciamiento; los ciudadanos
no podían ser procesados por los votos emitidos. Y lo que es más importante, nótese que aún se
podía presentar demanda de ilegalidad contra el proponente de un decreto o de una ley ya
aprobada por la asamblea, aunque lo hubiese sido por unanimidad. La acción por ilegalidad
tenía, consiguientemente, el efecto de supeditar las decisiones de la asamblea al control de los
tribunales: toda medida aprobada por la ekklesia podía ser reexaminada por los tribunales con la
posibilidad de su derogación si así era solicitado por alguien. Eso significaba que cualquier
propuesta podía ser recurrida por la mera razón de ser perjudicial para el interés público.
Cuando una propuesta ya presentada ante la asamblea era reexaminada por los tribunales por
una acción por ilegalidad, el segundo examen presentaba ciertas características específicas que
lo diferenciaban del anterior, lo que explica su mayor autoridad. Para comenzar, había menos
diskastai que miembros de la asamblea. Eran mayores y habían prestado juramento. Pero,
además de eso, el procedimiento seguido por los tribunales se diferenciaba del de la asamblea.
Se dedicaba un día entero a examinar las decisiones que habían sido recurridas por ilegalidad,
mientras que durante una sesión de la ekklesia (media jornada) era costumbre tomar una serie de
decisiones. El procedimiento de los tirbunales era necesariamente de careo, teniendo que
defender la propuesta quien la había presentado y atacarla la acusación. Además, ambas partes
tenían que tener tiempo para preparar sus casos. La asamblea, por otro lado, podía tomar la
decisión sin debate y de inmediato, siempre y cuando nadie objetase la propuesta en cuestión.
Finalmente, las votaciones en la asamblea eran a mano alzada en todos los casos, salvo algunas
excepciones. No se efectuaba un recuento exacto: con una media de 6000 asistentes, el recuento
hubiese exigido mucho tiempo. En los tribunales, en cambio, la regla era la votación secreta
(para así limitar las posibilidades de sobornos y la corrupción) y los votos eran contados con
exactitud. Así pues, los tribunales, aunque ejercían un papel político propiamente dicho, eran
unos órganos que diferían sustancialmente de la asamblea en cuanto a tamaño, composición y
métodos de procedimiento.
Al concluir un recurso por ilegalidad, si los dikastai emitían veredicto en favor de la acusación,
la decisión de la asamblea era anulada y multado el asambleario que la había iniciado. En
algunos casos la multa era mínima, pero podía alcanzar sumas considerables, llegando a
endeudar a alguien con la ciudad para el resto de sus días y privándolo de sus derechos civiles
(atimia). La posibilidad de incurrir en esa pena tenía una importante consecuencia: mientras,
como hemos visto, cualquiera (ho boulomenos) podía presentar una propuesta en la asamblea,
todos los miembros eran conscientes de que, al hacerlo, corrían un riesgo considerable.
Los tribunales también examinaban denuncias (eisangeliai). Las había de varios tipos. Podían
dirigirse contra magistrados acusados de mala administración, en cuyo caso eran interpuestas
ante el consejo antes de ser tratadas por los tribunales o contra cualquier ciudadano por delitos
políticos. En el segundo caso, la denuncia se presentaba primero ante la asamblea. La noción de
delito político cubría sobre todo tres tipos de actos: traición, corrupción (aceptar dinero para
“mal aconsejar al pueblo de Atenas”) e intentos de derrocamiento del gobierno. La eisangeliai
eis ton demon se empleaba, ante todo, contra generales. Varios generales fueron denunciados
por haber perdido batallas.
Los tribunales populares, cuyos miembros eran seleccionados por sorteo, constituían una
verdadera autoridad política. En el siglo IV, otro órgano nombrado por sorteo tuvo particular
importancia en el gobierno de Atenas, son los nomothetai. Cuando la democracia fue restaurada
tras las revoluciones oligárquicas del 411 y del 404, se decidió que a partir de entonces la
asamblea ya no aprobaría leyes, sino sólo decretos y que las decisiones legislativas se atribuían
a los nomothetai. Fue entonces cuando se elaboró en detalle la distinción entre leyes (nomoi) y
decretos (psephismata). Ley significaba norma escrita, que gozaba de mayor validez que un
decreto y era aplicable a todos los atenienses (mientras que un decreto podía ser aplicado a un
solo individuo). Esas características fueron afirmadas explícitamente en una ley definitoria de
leyes, adoptada en el 403/02. Ley: validez durante un período indefinido, siendo reservado el
término “decreto” para las normas de duración limitada, las que agotan su contenido una vez
logrado su propósito. En el 403/2 las leyes fueron codificadas y, los nomothetai debían decidir
cualquier cambio en el código de leyes.
Por consiguientes, la actividad legislativa adquirió las siguientes formas. Al comenzar cada año,
el código de las leyes existentes era presentado a la asamblea para su aprobación. Si la asamblea
rechazada alguna de las leyes en vigor, cualquiera podía proponer una nueva para que ocupase
su lugar. Luego, la asamblea nombraba a 5 ciudadanos para defender la ley existente, y ambas
partes exponían sus respectivos argumentos ante los nomothetai. Por añadidura, en cualquier
momento del año, los ciudadanos podían proponer la abolición de una ley y su sustitución por
otra. Si lograban el respaldo de la asamblea, el procedimiento era el mismo que en el primer
caso. Se encargaba a 6 magistrados (los thesmothetai) mantener bajo constante observación las
leyes. Si encontraban alguna ley inválida o que otras entraban en conflicto entre sí, llevaban el