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Una introducción a la prospección y excavación arqueológica, explicando el proceso de búsqueda, identificación y evaluación de yacimientos arqueológicos. Se abordan diferentes tipos de yacimientos, técnicas de prospección y la importancia de la excavación arqueológica para el conocimiento del pasado.
Tipo: Apuntes
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LIBRO: Prehistoria del mundo. AUTOR: Jorge Eiroa. RENATO GOMES 1ºAÑO DE HISTORIA CURSO 3. Recensión.
El trabajo de campo comprende la búsqueda, identificación y evaluación del yacimiento arqueológico. Denominamos yacimiento arqueológico al lugar natural o artificial donde se encuentran los restos arqueológicos, es decir, es un lugar con restos materiales de actividades humanas, estos restos pueden ser de diversa naturaleza: yacimientos al aire libre, yacimientos en cuevas o abrigos y yacimientos subacuáticos. Pueden estar constituidos por depósitos naturales y depósitos humanos y contener restos morfológicos y restos culturales. También puede encontrarse alterados o inalterados. Los yacimientos más frecuentes son: Lugares de habitación (cuevas, abrigos, cabañas…), lugares de despiece de animales, centros ceremoniales, necrópolis, etc. Los restos que delatan la presencia de un yacimiento suele ser la evidencia de todo tipo de actividades humanas: sociales (cuevas, casas, granjas…), económicas (graneros, silos, cazaderos…) religiosas y ceremoniales (templos), tecnológicas, funerarias (tumbas y necrópolis), etc. La prospección arqueológica es el primer paso para la identificación y valoración de un yacimiento. Prospectar quiere decir buscar, definir y evaluar yacimientos. La primera forma de prospección sobre el terreno fue el paseo arqueológico sobre una zona seleccionada. Este ha sido un método habitual en el pasado, hoy la prospección debe obedecer a una planificación previa elaborada. A día de hoy, la prospección es una parte importante de la denominada Arqueología territorial o espacial. La prospección de yacimientos sigue dos etapas: 1º el estudio previo del terreno y 2º el trabajo de campo que consiste en el desplazamiento de un equipo sobre el terreno. El equipo, que ha diseñado un plan de trabajo, deberá adecuarse a las circunstancias del terreno, al número de componentes y a los medios disponibles. En ese plan de trabajo deberán considerarse los siguientes aspectos: 1. Selección del área de prospectar. 2. Estudio geológico y edafológico del terreno. 3. Tamaño del área de prospección. 4. Problemas de accesibilidad del terreno. 5. Recursos disponibles. 6. Intensidad de la prospección. A continuación se seleccionara la técnica de muestreo más adecuada a cada caso, estas técnicas son: prospección intensiva, prospección extensiva, prospección de cobertura total y prospección de muestreo. El muestro puede ser: aleatorio simple, estratificado sistemático regular y estratificado sistemático no alineado. Se denomina fracción de muestreo al porcentaje de la superficie prospectada en relación con el espacio total. Las unidades de muestreo pueden ser cuadrículas o estrechas franjas de terreno rectangulares. Cuando se detecta un yacimiento, debe ser evaluado y para eso existen varios modelos de fichas que deben contener información básica sobre el terreno arqueológico y para ello puede que sea necesario realizar una prospección interna del yacimiento. Otra forma de búsqueda es la prospección aérea, que fue ensayada por Nadar en 1890 desde globos aerostáticos. En la actualidad se dispone de vuelos nacionales y regionales que suelen aportar muchos datos a través de análisis de sombras, diferencias en el crecimiento de la vegetación. La prospección es un trabajo arqueológico de campo imprescindible para el conocimiento del terreno objeto de investigación. La excavación arqueológica es el siguiente paso en el trabajo de campo, ya que tiene como objetivo la más completa y directa obtención sistemática de datos. Se trata de una tarea multidisciplinar en la que, intervienen una serie de especialistas en distintas materias. La excavación arqueológica es una secuencia de operaciones y procedimientos metodológicamente controlados, dirigida a inspeccionar una porción más o menos extensa de la estratigrafía natural y antrópica del terreno de un yacimiento arqueológico, con el objetivo de recoger la mayor cantidad de datos posible. La excavación arqueológica es una práctica destructiva porque el excavador va destruyendo el yacimiento conforme lo excava. Y es una práctica costosa porque requiere la presencia de un equipo de profesionales, su realización debe ser planificada. Tras una estricta planificación, la excavación comienza con sondeos seleccionados que tienen como finalidad un primer conocimiento de las características del sitio: composición, extensión, estratigrafía, contenido de materiales, etc. Existe dos formas de planteamiento para la excavación de un sitio: el sistema Wheeler-Kenyon, se basa en la división del espacio que se quiere excavar en cuadrículas y el sistema de áreas abiertas, que no constriñe tanto a las unidades de excavación predeterminadas y este sistema en la actualidad es mayoritario. La aplicación de uno u otro sistema la impondrá la naturaleza del yacimiento: para un yacimiento estratificado parece más adecuado el sistema de cuadrículas, mientras que para otro de fase única tal vez sea conveniente el sistema de área abierta y su excavación en extensión. El sistema Wheeler-Kenyon fue perfeccionado por G.Laplace, Meroc y Bordes con la utilización del sistema de coordenadas cartesianas. Este sistema consiste en la división del terreno mediante un eje de coordenadas. La utilización de estos elementos de control tiene como finalidad facilidad el registro del yacimiento, ya que conforme se desarrolla la excavación es necesario ir registrando todos los elementos y circunstancias, mediante fichas para los materiales arqueológicos. Este registro se materializa en un inventario general de materiales, en el que figuran todas las características y circunstancias de cada hallazgo. Esta información suele complementarse con abundantes fotografías, dibujos de plantas, alzados y materiales arqueológicos, recogida de muestras de tierra, etc. El estudio de un yacimiento debe afrontarse desde dos perspectivas complementarias: 1º El yacimiento debe ser estudiado como si fuese una entidad viva, en constante proceso de transformación y en relación directa con el medio ambiental y 2º El yacimiento debe estudiarse como un conjunto de partes interrelacionadas entre sí (suelo, medio ambiente…), de manera que ninguna de ellas debe ser olvidada.
La estratigrafía estudia los estratos o capas, naturales y culturales que se han ido depositando sucesivamente. Las secuencias estratigráficas suelen ser una guía importante para el proceso de excavación y la definición cronológica y cultural del yacimiento. La estratigrafía se basa en unos principios o leyes generales: los estratos suelen formarse horizontalmente unos sobre otros; los estratos superiores son más recientes; los estratos que están por debajo son posteriores; todas las partes de un mismo estrato son contemporáneas. La estratigrafía nos permite conocer dos importantes dimensiones del yacimiento: por un lado, la dimensión horizontal, ya que todo lo que contengan un estrato es contemporáneo y nos revelara la realidad del yacimiento a lo largo de una época concreta, y por otro lado, la dimensión vertical, que veremos en los perfiles excavados en lo que se refleja la sucesión de estratos y nos revelará la realidad del yacimiento en distintas fases de su vida. Estas evidencias nos indicarán si debemos realizar un tipo de excavación horizontal(es la excavación de una sola fase del yacimiento), o de excavación vertical (las distintas fases del yacimiento). Hay yacimientos estratificados e inestratificados. Esto está condicionado por las características del terreno. En excavaciones de épocas paleolítica y mesolítica es imprescindible intentar una identificación correcta de la estratigrafía geológica, por la importancia en la cronología relativa. Para etapas posteriores también es importante el conocimiento ambiental, que se logra a través de determinaciones de secuencias palinológicas, formación de suelos y determinación de fauna. Las secuencias estratigráficas se materializan en minuciosos dibujos de los perfiles. Se viene utilizando el denominado sistema Harris, desarrollado por Edward Harris y consiste en una plantilla estándar en la que se representan las unidades de estratificación mediante números encuadrados en pequeños rectángulos. La recuperación de restos arqueológicos debe hacerse por unidades estratigráficas. Esa recuperación debe extenderse a la tierra extraída, mediante cribas o sistemas de flotación. Las estratigrafías se utilizan también para la extracción de muestras, mediante la delimitación de columnas estratigráficas. En las columnas estratigráficas las muestras se toman empezando por los estratos inferiores, para evitar que los estratos superiores se mezclen con los estratos inferiores. A lo largo del proceso de excavación se suelen utilizar diversidad denominaciones para aclarar conceptos cronológicos: Época (duración de una civilización), Periodo (subdivisión cronológica de una época), Horizonte cronológico (subdivisión cronológica común a varias culturas), Etapa (subdivisión cronológica de una cultura), Fase (subdivisión cronológica en el interior de un asentamiento), Nivel de hábitat (conjunto de estratos del hábitat), Estrato de hábitat (es la sedimentación de los vestigios de un hábitat), Fase de hábitat (conjunto de todas las construcciones que son contemporáneas), Suelo de hábitat (es la superficie en la que se construyeron viviendas). Las incidencias de todo el proceso de excavación quedan reflejados en el diario de excavación, hecho por el director de la excavación. Excavar es sobre todo, interpretar, es decir, deducir una realidad de los datos arqueológicos. También hay excavaciones que necesitan un tipo específico de excavación, este es el caso de las excavaciones de tumbas y necrópolis, que requieren un tratamiento especial. Esto se debe a que las tumbas y necrópolis aportan un tipo de documentación muy precisa. La arqueología del mundo funerario se oriente hoy a través de la denominada Arqueología de la muerte, que es una propuesta para el estudio de las prácticas funerarias enmarcadas dentro de la Nueva Arqueología. Los enterramientos, suelen ser evidencias que encierran abundante información para los investigadores. Las evidencias de los enterramientos pueden ser la base de interpretaciones sociales, ya que ofrendas materiales así como los propios cadáveres, pueden ofrecer una importante información del grupo. La Arqueología de la muerte pretende investigar aspectos de la estructura social a partir de las prácticas funerarias. Para la excavación de tumbas y necrópolis se aplica la misma metodología que para cualquier otro yacimiento. Aquí se utilizan algunas denominaciones: Ritual funerario (todo lo relacionado con las prácticas funerarias), Modo de enterramiento (todo aquello que tiene relación con la tumba), Ritos funerarios (modalidad utilizada con los restos: inhumación, incineración, etc.), Ajuar funerario (objetos que se encuentran en la tumba), Ofrenda (objetos que se encuentran junto al cadáver). Las tumbas suelen excavarse por el sistema Van de Gieffen, que divide el túmulo en cuatro cuadrantes. Otro tipo de excavación es el de yacimientos subacuáticos. Suele ser antiguas estructuras portuarias, asentamientos que hoy están sumergidos, etc. Hay una cuestión que el excavador debe de tener en cuenta: las medidas de protección y conservación que deba adoptar para preservar los restos muebles e inmuebles y para ello será necesario consolidar estructuras, restauras objetos, proteger áreas de excavación, etc. En definitiva, la excavación arqueológica es el trabajo más importante del arqueólogo, ya que, proporciona los datos básicos de los que se abastece la Prehistoria para elaborar sus interpretaciones.