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PROGRAMA INTEGRAL DE EDUCACIÓN SOCIOEMOCIONAL, CIUDADANA Y CONSTRUCCIÓN DE ESCUELAS COMO TERRITORIOS DE PAZ
La dimensión individual: Entendida como el ser en sus esferas física, emocional, intelectual y espiritual. Su desarrollo implica autoconocimiento y la construcción constante del «sí mismo», el cual se ve influenciado por las relaciones que se dan en el contexto (la familia, los pares, la comunidad, los medios de comunicación, las redes sociales, la sociedad).
La dimensión societal: Entendida como la trama de relaciones con los ‘otros’ con quienes interactuamos cotidianamente: la familia, el aula, la escuela, los compañeros del barrio o la vereda; y con quienes tenemos realidades compartidas en contextos específicos de tiempo, modo y lugar.
La dimensión sistémica: Entendida como los procesos, estructuras y sistemas más amplios y más o menos tangibles en los que se enmarca nuestra cotidianidad: el Estado, el ambiente, los sistemas económicos y culturales. En esta misma dimensión, se incorpora el Buen vivir el cual busca la relación armoniosa entre los seres humanos y de estos con la naturaleza (…) un equilibrio en las relaciones entre las personas, la sociedad y la naturaleza (Acosta, 2008).
Comprender la educación ciudadana desde una perspectiva sistémica nos invita a colocarla en contexto y a comprender lo individual, lo societal y lo sistémico, no como dimensiones aisladas sino como un conjunto interconectado que nos permite comprender la emergencia de un SER en red e interdependiente con su entorno.
De esta manera, la formación en ciudadanía se proyecta como una práctica activa, dinámica y potencial a todo ser humano que se ve materializada en la continua construcción del sí mismo, la reflexión crítica, la participación en el marco de la comunidad y de esferas de poder, e incidencia en los contextos naturales, sociales y culturales en que está inmerso el ser (Horrach, 2009). Por otro lado, implica un actuar desde la identidad propia y acogiendo la diversidad, para construir relaciones y sociedades de cuidado justas, equitativas, incluyentes y orientadas al buen vivir (Ruiz & Chaux, 2005; Cortina, 1997).
3.1.2. Capacidades ciudadanas y socioemocionales del programa integral
Para lograr las transformaciones de las realidades escolares que ya hemos enunciado, el Programa Integral propone el desarrollo y fortalecimiento de las siguientes capacidades ciudadanas y socioemocionales en cada actor de las comunidades educativas:
3.1.2.1. Participación:
Esta capacidad hace referencia a que las personas se reconozcan como sujetos políticos, que hacen parte de un contexto en el cual tienen incidencia directa. La participación requiere agencia y empoderamiento para que las y los ciudadanos tomen decisiones colectivas sobre asuntos que les afectan, puedan lograr lo que desean, y ejerzan control sobre los asuntos comunitarios y colectivos. La participación, entendida como práctica horizontal, no es excluyente de los mecanismos establecidos dentro de la democracia participativa, en tanto el fortalecimiento de esta capacidad conlleva a la cualificación y diversificación de los espacios de empoderamiento, proposición y apropiación sobre las decisiones del Estado (SED, 2014b, p. 26).
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Para el fortalecimiento de la capacidad de participación desde la escuela niñas, niños y adolescentes deben ejercer un rol activo en la toma de decisiones sobre situaciones que les afectan. En esta medida, es importante abrir espacio para que ellas y ellos puedan opinar, proponer, decidir y actuar a partir de sus necesidades, intereses, identidades y momento vital. En este contexto, las y los docentes y demás adultos juegan roles simultáneos de acompañantes, facilitadores, educandos y educadores (IDEP, 2013). Afianzar la capacidad de participación en el contexto educativo permite la garantía de los derechos de niñas, niños y adolescentes desde un lugar de corresponsabilidad y de promoción de su bienestar.
3.1.2.2. Sentido de la vida, el cuerpo y la naturaleza:
Esta capacidad se refiere a la consciencia de las personas como seres físicos, emocionales, racionales y espirituales, donde el cuerpo es concebido como el primer territorio de derechos y de autocuidado, que principalmente está inmerso en un entorno vivo, es decir, se entiende a la naturaleza como un sujeto de derechos, y justamente esta conciencia de respeto y cuidado permite la defensa colectiva de la vida, el territorio y
de todos los seres que lo conforman, e invita a trascender la escuela como escenario de aprendizaje para desarrollar prácticas pedagógicas en las comunidades y territorios en los que está inmersa. Por lo tanto, esta capacidad implica el establecimiento de prácticas y hábitos saludables, en relación a diversas áreas del ser, incluyendo la sexualidad. Se reconoce que las personas forman parte de un sistema de interacciones físicas, sociales y culturales con sus congéneres y con los demás seres. En esta medida, la capacidad de sentido de la vida, el cuerpo y la naturaleza implica el respeto hacia la propia vida, la vida de las demás personas y de los seres que habitan la tierra (SED, 2014b).
3.1.2.3. Comunicación:
Esta capacidad implica el intercambio de opiniones, deseos, propuestas, sentires y saberes para construir y transformarse a partir de la conversación. Este intercambio se puede realizar desde múltiples lenguajes tanto verbales como no verbales; la pintura, la fotografía, la danza, la música, los gestos, las artes plásticas y audiovisuales son también lenguajes comunicativos que se invita permeen la cotidianidad de la escuela, las áreas de conocimiento y las interacciones diarias. Comunicarse es la posibilidad de construir pensamiento y de pensar con otros.
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creencias y argumentos, realizar preguntas sobre sí mismo y el contexto, y pensar de manera autónoma (Nussbaum, 2006). De allí se asumen posturas críticas y se toman decisiones y acciones conscientes en el plano personal y colectivo. Estas reflexiones, decisiones y acciones se dan en el marco de una ciudadanía memorial que reconoce el carácter complejo y matizado de la historia, asume responsabilidad por el pasado y el futuro, y fortalece su conciencia histórica tanto a nivel individual como colectivo (Rubio & Osorio, 2017).
3.1.2.6 Sensibilidad y gestión emocional:
Esta capacidad conlleva a un ejercicio dialógico sobre el reconocimiento de la socioafectividad inherente, es decir a conocer y gestionar las propias emociones y construir intersubjetividades con las otras personas. Se busca que la escuela promueva seres emocionales plenos, con inteligencia interpersonal e intrapersonal, empatía para construir puentes a través de la diferencia, y responder de manera cuidadosa, ética y responsable frente a las emociones de los demás (SED. 2014a). Para fortalecer esta capacidad, se hace necesario que los componente afectivos y emotivos sean integrados de manera explícita en las interacciones formales e informales que se dan entre todas las personas que integran las comunidades educativas.
3.1.2.7 Creatividad e innovación:
Esta capacidad se relaciona con la posibilidad de encontrar opciones, alternativas y soluciones ante los retos y situaciones tanto de la vida individual como colectiva. Implica un reconocimiento del contexto y sus particularidades, un empoderamiento que permita asumirse como sujeto transformador y unas condiciones contextuales que permitan materializar los sueños e ideas. Esta capacidad es fundamental para asumir los cambios y transformaciones que se dan de manera constante en la sociedad. Las instituciones educativas pueden convertirse en espacios donde se promueven la flexibilidad, la recursividad y la adaptabilidad para hacer frente a las situaciones académicas, convivenciales y comunitarias que se dan día a día en la escuela.
Las anteriores capacidades ciudadanas y socioemocionales propuestas por el Programa Integral deben comprenderse desde un sentido de corresponsabilidad¹⁰e interdependencia. Es decir, que tanto las y los docentes, estudiantes, directivas, familias y comunidades como las instituciones del estado son responsables del fortalecimiento de dichas capacidades en los contextos educativos.
10 Corresponsabilidad: Se trata de la responsabilidad compartida entre dos o más personas, instituciones u otros actores presentes en la sociedad.
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Además, que el desarrollo de cada una de estas capacidades se ve influenciado y depende del despliegue de las demás, no es posible comprenderlas de manera aislada sino en relación las unas con las otras. Este sentido de corresponsabilidad e interdependencia es también un llamado a las comunidades educativas y la sociedad para promover escenarios y condiciones para el ejercicio de estas capacidades. Esto, teniendo en cuenta las necesidades y características de las comunidades educativas; más aún en el marco de los retos-oportunidades que ha dejado la pandemia. El papel de quienes intervienen en la acción educativa es fundamental para identificar las relaciones entre estas capacidades, las formas más adecuadas de abordarlas y las condiciones requeridas para su desarrollo.
Dado que el Programa Integral promueve la transformación de las realidades del contexto escolar a través del empoderamiento de la comunidad educativa, el cuestionamiento y transformación de las relaciones de poder y el posicionamiento del perdón, la reconciliación y la restauración como principios de la convivencia escolar; se hace necesario promover tres enfoques que acompañen y potencien las capacidades: derechos integrales, género y diferenciales; que garantizan la coherencia y cohesión de sus diferentes acciones.
Este enfoque es una complementariedad entre los derechos humanos y los derechos de la naturaleza (y de todos los seres vivos), y tiene que ver con las concepciones de algunos pueblos originarios de los Andes alrededor del Sumak Kawsay (Ecuador) o el Suma Qamaña (Bolivia) y que algunos denominan como Buen vivir al «espacio comunitario, en donde existe reciprocidad, convivencia con la naturaleza, responsabilidad social, consenso» (Houtart, 2011, p. 4).
Esta comprensión dialógica se hace evidente en la defensa de la naturaleza que da en decisiones normativas como el reconocimiento de los ríos como sujetos de derechos. Por ejemplo, el caso del rio Cauca al que se le reconoció por vía judicial «su cuenca y afluentes como una entidad sujeta de derechos a la protección, mantenimiento y restauración a cargo de EPM, y del Estado» (Tribunal superior de Medellín, 2019, p. 43).
Es así como, este enfoque ubica al ser humano como parte de la naturaleza y no como el centro de un todo, por ende, el planeta se configura como la casa común que necesita del cuidado y compromiso y no como la bodega de suministros de la humanidad. Por tanto,
La naturaleza es la fuente de la vida (una madre) y el ser humano es la parte pensante de esta realidad. La prioridad pertenece a la naturaleza sin la cual el ser humano no puede vivir (pero que puede destruir). Así, preocuparse de la humanidad significa en primer lugar defender la tierra y establecer la armonía entre la naturaleza y los seres humanos, lo que implica el respeto de todo el entorno natural (Houtart, 2011, p. 16).