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Puede decirse que, en general, las acciones se orientan de dos maneras. Una de ellas corresponde a la realización de un modelo previamente establecido. Su eficacia puede analizarse por el ajuste del resultado final a ese modelo. Se utiliza habitualmente en la producción. Otro tipo de acción se orienta, más bien, por un principio de acción.
Tipo: Apuntes
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Puede decirse que, en general, las acciones se orientan de dos maneras. Una de ellas corresponde a la realización de un modelo previamente establecido. Su eficacia puede analizarse por el ajuste del resultado final a ese modelo. Se utiliza habitualmente en la producción. Otro tipo de acción se orienta, más bien, por un principio de acción. Un interrogatorio clínico, un juicio, la escritura literaria y la investigación se orientan de esta manera. En esos casos, se cuenta con un modelo para actuar más que con un resultado predefinido para conseguir. O sea, es posible definir las intenciones de enseñanza en términos de lo que los alumnos harán o en términos de lo que el profesor hará. Existe una diferencia entre definir el programa en función de los propósitos, qué es lo que el profesor pretende hacer, y definirlo en términos de lo que los estudiantes serán capaces de hacer después, lo que habitualmente se denomina "objetivos". En el primer caso la referencia es el punto de partida: qué se pondrá a disposición de los alumnos. En el segundo, el punto de llegada en términos de lo que los alumnos sabrán o podrán hacer. Los propósitos y los objetivos son dos maneras diferentes de definir finalidades. Los propósitos remarcan la intención, los objetivos el logro posible. Todo programa debería ofrecer algunos de estos elementos o bien, ambas cosas. El modo de definir las Intenciones enfrenta la pregunta acerca de la evaluación. Si se pretende evaluar resultados de aprendizaje, los propósitos no parecen dar una base suficiente. Parecería que para resol-ver ese problema son necesarios los objetivos. Porque el aprendizaje se evalúa en términos de lo que los alumnos adquirieron a partir de una experiencia educativa. Los objetivos brindan criterios para evaluar ya que establecen los logros posibles: ¿obtuvieron eso que esperábamos que obtuvieran? Sin embargo, no siempre es celebrado el valor de los objetivos al programar las actividades educativas. Se ha objetado, no sin fundamentos, que hay importantes aspectos de la enseñanza y del aprendizaje que no pueden especificarse por medio de objetivos, ya que su esencia consiste en que los estudiantes desarrollen prácticas y alcancen resultados que no pueden ser previstos. Para algunos precisamente en eso consiste el mayor éxito de un proceso educativo: la utilización del conocimiento como instrumento de producción. Desde ese punto de vista las actividades educativas más valiosas son las de "final abierto". O sea, las que no admiten definición de objetivos. Sin embargo, quizás no haya una contradicción definitiva entre una cosa y otra. Se pide a los estudiantes que realicen muchas tareas cuyo final puede ser abierto pero que se ajustan a ciertos principios de procedimiento. Esto es muy evidente en trabajos de investigación. Las conclusiones pueden ser propias, pero se debe respetar la evidencia disponible, hay que demostrar que se considera-ron conclusiones alternativas, es necesario mostrar que la información es pertinente,
que se analizaron informaciones discrepantes, etc. Lo mismo puede decirse de tareas de escritura, de producción artística, de análisis, de debates sobre problemas éticos o sociales. En este caso la clara definición de los principios de actuación ofrece los criterios que permiten apreciar la tarea. ¿Cuáles son los objetivos curriculares? Son los propósitos que expresan las finalidades educativas y son el elemento de orden teleológico del currículo que distinguen e identifican una profesión y definen los resultados que deberán obtenerse a partir del proceso educativo; sirven de base para la conformación del plan de estudios. CLARIFICAR LOS PROPÓSITOS Y DEFINIR LOS OBJETIVOS DE APRENDIZAJE Reflexionar y analizar qué se busca con la enseñanza particular, y definir qué aprendizajes se espera que los alumnos logren, constituye uno de los marcos de referencia para organizar y diseñar la enseñanza; permite al profesor clarificar sus intenciones al enseñar determinados contenidos y los aprendizajes que busca facilitar. Es importante recordar que una enseñanza es siempre una relación entre quien enseña y quienes aprenden. De este modo, los dos actores están presentes en esta primera definición, como dos caras de una misma moneda: Los propósitos expresan las finalidades formativas o intenciones educativas del profesor a la hora de organizar su propuesta de enseñanza. Los objetivos expresan los aprendizajes que se espera que los alumnos alcancen (asimilación de conocimientos, cambio conceptual, capacidades para la resolución de problemas, transferencia a las prácticas, trabajo cooperativo, habilidades, destrezas, etcétera). Durante algunas décadas, el papel de los objetivos de aprendizaje fue sobredimensionado (y deformado) por encima de la reflexión sobre los propósitos o finalidades educativas. Se insistió hasta el cansancio en la importancia de definir objetivos de aprendizaje en forma de conductas claras y específicas que los alumnos deberían lograr, con el supuesto de que, luego, sólo restaba "medir" el grado preciso en que los alumnos las habían alcanzado. A tal punto que la enseñanza de la didáctica pareció reducirse al entrenamiento de los profesores para la redacción de
ser previstos en objetivos. La programación no es un instrumento rígido sino una propuesta de trabajo y el desarrollo de los intercambios en el aula son abiertos, muchas veces resultan más fecundos que los que se habían previsto. Abandonando cualquier intención de tipologías rígidas y poco fértiles, pueden identificarse distintas modalidades de objetivos de aprendizaje. Su comparación permitirá a los profesores reconocer sus variaciones, seleccionar activamente las mejores formas, de acuerdo con las intenciones educativas, las características de los contenidos y de los procesos de enseñanza, cuando realizan sus programaciones: Objetivos de proceso Plantean un proceso abierto sin indicar un resultado único, valorando la diversidad de alternativas propuestas por los alumnos, la riqueza de los procedimientos seguidos, las interacciones logradas, las formas de expresión, la autonomía en las decisiones, la iniciativa, la inventiva y la implicación de los alumnos. Lo importarte es el proceso seguido y no la meta especifica, por ejemplo:
analizar en conjunto qué se espera lograr y el valor que ello tiene para su formación, facilita la comprensión del grupo, los acuerdos y los resultados de la enseñanza.