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es una breve monografia de la educacion y formas de aprender
Tipo: Monografías, Ensayos
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Profesorado Nuestra Señora de las Nieves Ciencias Sagradas – segundo año - 2020
Actividad 3 –
Deberán subir la actividad a la plataforma. Guardar el archivo: Actividad 3 PSDE – nombre alumno
El autor dice que la alteridad no tiene que ser entendida como otro especifico. Comienza explicando que todo nace de una percepción vital, desde el cual el mundo es más interesante, me apasiona, me interesa y me conmueve para entender que la alteridad es algo que comienza siendo exterioridad. No se refiere a una persona concreta, sino al mundo en general. Todo es alteridad. Cuando se quiere encarnar esto en la pedagogía, es erróneo entender la alteridad como alguien con nombre y apellido. Entramos en relaciones de alteridad, no hay un “yo”, ni un “uno”, es una relación entre otros. Y uno llega a ser “otro” para “otro”. En cada relación esa alteridad va cambiando y produce perturbaciones diferentes. Allí donde hay encuentro, desaparece el “otro”, esto es, allí donde estamos juntos se vuelve inservible, innecesaria y hasta diría absurda, la simple mención del “otro”. Pensar que hay otro modo de pensar, de actuar, de hacer las cosas, perturba nuestra propia cotidianeidad, nuestra normalidad. Cada vez que dejamos un valor correcto, la figura del otro es el que lo altera y produce la diferencia. Dentro de la educación se presenta la alteridad, cuando hay algo que revela que la normalidad no se sostiene.
El problema que aquí se plantea es el de la búsqueda, a veces desesperada, de la singularidad de un cierto tipo de individuo que parece estar perdido, omitido o suprimido, en las telarañas de los conceptos, las instituciones, las reformas educativas, el desprecio, el temor y, porqué no, también en el remolino de la indiferencia y el olvido. Paciencia para comprender un presente educativo que, con respecto a la idea de normalidad y la anormalidad, sólo puede verse a través de sus fisuras y hendijas más secretas y más oscuras. Deconstrucción de la propia hegemonía naturalizada de una ficción que se establece a propósito del cuerpo normal, lenguaje normal, comportamiento normal, aprendizaje normal. La repetición insistente es la de las instituciones. La tentación por una historia propedéutica de ideas equivocadas a ideas correctas sobre la normalidad y la anormalidad está al alcance de la mano, pero también se escurre como agua entre los dedos. Esa tentación nos ha hecho caer en la trampa de creer que todo se soluciona con sucesivos recambios de nombrar al sujeto -sin que el sujeto estuviera ahí-, de llamarlo sin ‗llamarlo‘; la trampa de la iteración de axiologías, clasificaciones, etiquetamientos, agrupaciones sin grupos, des-agrupaciones de grupos; la trampa de reemplazar la ‗anacrónica‘ educación especial por la ‗novedosa y triunfante‘ atención a la diversidad; la trampa, al fin, de pensar que toda experiencia, que todo padecimiento y todo sufrimiento del individuo no es otra cosa que aquello que compone su propia y auto-referida y auto-provocada anormalidad. Puede que se piense, además, que la integración/inclusión es la salida a siglos de sujeción al par normalidad/anormalidad. Puede que uno se imagine, inclusive, que la integración/inclusión es la respuesta afirmativa a una pregunta negative. La normalidad no es nada, ni es nadie el normal. Y habrá que combatir esa concepcion.
Para saber que es la diferencia , aparece una doble cornisa: la respuesta ya mencionada y tipificada: ‗son los diferentes‘ o, en otro sentido, la derivación hacia una contestación por la identidad. La diferencia está ahí. Entre. No ‗en‘ -en una cosa, en un fenónemo, en un concepto, en un sujeto particular-. La traducción que traiciona el sentido no esencial sino relacional de la diferencia a alguien definido como sujeto diferente puede ser llamada de diferencialismo. No tiene que ver con la cosa o persona vista sino con quien ve y nombra. Sugiere una relación con otro y con lo otro, sí,
La diferencia
La discapacidad fue alterizada sin remordimientos y su alteridad fue puesta bajo el violento microscopio de un proceso estadístico y eugenésico, matemático y moral, físico y social. Ese otro fue alterizado y con ello gran parte de su cuerpo quedó pulverizado, anatomizado, deshumanizado. Ese otro fue el otro de una norma de la mismísima mismidad. Norma, que por provenir de una cierta altura inventada y afirmadas por especialistas, estableció discursos y prácticas, espacialidades y temporalidades, que determinaron la configuración de lo que puede llamarse discapacidad. La discapacidad fue alterizada, convertida en lo otro pero ni siquiera tuvo la autorización de constituirse en un otro, así, sin más, en un otro cualquiera como cualquier otro. Fue alterizada pero no autorizada a ser jamás cualquieridad. Fue alterizada sin siquiera un resquicio exterior. Todo en su vida pasó a ser convergencia hacia la idea de lo normal. A cada paso, a cada sílaba, a cada gesto, la discapacidad fue condenada a tener que asumir como propia la auto-referencia de la mismidad normal. Lo normal está es un grupo que se atribuye una medida común de acuerdo con su propia mismidad, con mirarse hacia sí mismo, con la rigurosidad y exactitud de quien se sabe y se cree normal. Lo normal es la exacerbación de la permanencia interna, sin dejar que nada ni nadie se relacione con alguna exterioridad. Lo normal es un concepto difuso y difundido, escurridizo, arenoso, que califica negativamente aquello que no cabe en la totalidad voraz de su extensión. Lo normal es, al fin y al cabo, una mirada tan insistente como impiadosa. Pero la discapacidad no es su resultado sino, quizá, aquello que comienza cuando esa mirada ya no pueda ver, de tanto creer que ya lo ha visto todo.
En educación, la diversidad se entiende como las diferencias que existen entre las distintas personas , en concreto, dentro del alumnado. Esta diversidad puede ser intrínseca a la propia persona o extrínseca. En cualquier caso, en educación, la diversidad debe ser valorada como enriquecedora para la propia persona y para la socialización en el grupo. Pero creo que estamos lejos de poder llevarlo a cabo al 100%. Creo que hay que cambiar la escuela de hoy, que deja sin espacio a los alumnos que no pertenecen a la normalidad establecida. Es una escuela con dificultades para atender las necesidades de la comunidad a la que sirve, en la que la autonomía es difícil de ejercer y por tanto el curriculum y los modos de enseñar difícilmente adaptables a su alumnado. En esta escuela hay alumnos que pueden
La discapacidad
Conclusión
tener “dificultades de aprendizaje” porque no se adaptan a los tiempos que están establecidos. Será una escuela con clases de refuerzo para que los excluidos se integren en la medida de lo posible dentro del grupo normativo. El modelo de inclusión supone un cambio educativo total, no solo de la educación especial. Se trata de la equidad en la diversidad, dar a cada uno lo que necesita haciendo énfasis en las semejanzas más que en las diferencias (todos somos capaces de aprender, todos tenemos nuestras dificultades para aprender). La inclusión supone un enriquecimiento para todos los alumnos, porque sus bases son las bases de una pedagogía para el aprendizaje significativo, y estas bases pedagógicas (motivación intrínseca, refuerzo del autoconcepto del alumno, valoración de procesos más que de metas, aprender a aprender), esta bases digo, parecen ser independientes a la diversidad de ritmos y capacidades de aprendizaje. Y sobre todo la inclusión supone una nueva ética social, porque su modelos no puede quedar restringido al ámbito de la educación sino que han de ser un anhelo transversal a todos los ámbitos de la sociedad.