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Pueblo continente version digital
Tipo: Monografías, Ensayos
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andaba huyendo de unos policías feroces que habían entradovarias veces en sucasa a buscarlo, y al no hallarlo se habían robado algunas de lasescasaspertenencias de la familia Orrego.
Sin embargo, a las 11 de la mañana, mamá llegó hasta el dormitorio de laschicas y les hizo una seña con el dedo índice contra los labios.Un instante después y ya en la sala, las niñas reconocían tras elsombrero ladeado y el crecido bigote, el rostro dulce y los ojosazules de su padre, quien había logrado burlar la vigilancia delos perseguidores para llevar al hogar un par de muñecas.
“¿Y qué muela le duele a esta otra muñequita?”- preguntó Antenor Orrego,y cuando Alicia le respondió que era una molar del ladoizquierdo, su padresonrió y comenzó a acariciarle la mejilla de ese lado. Un buenrato le estuvohaciendo ese masaje mientras mamá daba cuenta de lasexcelentes notas escolaresde las chicas, la salud de los parientes y lo que la gente decía enlas calles.
La dictadura militar de Manuel A. Odría había comenzado a zozobrar. A ese soldadote semianalfabeto, se debíaque Orrego, uno de los mayores pensadores de América,anduviera perseguido, y que sufrieran igual suerte decenas demiles de peruanos a quienes se acusaba de antipatriotas,criminales y terroristas.
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Y de súbito, la niña se dio cuenta de que la presencia de su padre y el cariñoso masaje en la mejilla le habían borradoel dolor de muelas
Aunque Antenor Orrego no tuviera necesariamente virtudes taumatúrgicas, elpoder misterioso de su influencia que Alicia le recuerda essimilar al queejerció sobre el pensamiento, la vida y la obra de dos peruanosuniversales, suscompañeros de generación en Trujillo César Vallejo y VíctorRaúl Haya de laTorre.
La obra de Orrego -dispersa en periódicos que a veces fueron prohibidos oreunida en libros como “Pueblo Continente” y “Hacia un Nuevohumanismoamericano”- es clave para entender el primer ideario de Haya dela Torre yla variedad del socialismo expresado en el APRA de entonces yen los partidospolíticos latinoamericanos que deben a ese movimiento suideología y principios.
Para Orrego, las creaciones del escritor, del artista y del pensador sociallatinoamericano deben de ser autónomas, auténticas y originales.En estecontexto, tanto la repetición como la imitación obedecen a unaservidumbre deinspiración eurocéntrica y solamente son capaces de ofrecerrecetas inocuas,
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evangelios trasnochados y actitudes que perpetúan ladependencia y elcolonialismo mental. Además, ningún trabajo de pensamientotiene sentido a menosque obedezca los grandes mandatos que nos impone nuestratierra de origen.
Que todo este discurso no es mera prédica sino también su propia conducta lodemostrará Orrego toda la vida desde sus mocedades hasta sumuerte con suvinculación en los años 20 al anarco-sindicalismo y a la rebeliónde losproletarios de Casagrande y con la adhesion indesmayable a lalucha social, porcuyas causas sufrirá prisión en 1921 y 1928, escapará de lasbalas disparadascontra su lecho en 1930, entrará y saldrá de prisión cuatro vecesen la décadadel 30 y caerá otra vez en los 50, pocas semanas después de lahistoria que nosha contado su hija Alicia.
Este es el amigo que, cuando Vallejo le entrega sus primeros poemas: -Vuelve aescribirlos- le dice- trata de poner en ellos lo que tú mismo eresy aprenderás aser original.
Es evidente que lo entendió Vallejo, y que aceptó su consejo después reiterado en esta frase:
“Apodérate del lenguaje, de sus recursos, de sus secretos para que hagas de él un instrumento maleable y flexible de todos
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los matices de tu pensamiento: perfecciona, enriquece, depura,agudiza, crea y embellece tu expresión hasta donde alcance tugenio de artista”
Tiempo después, al leer las “Notas marginales”, el autor de “Los Heraldos Negros” dirá que ese libro de Orrego leha cambiado la vida y “ahora sí, entiendo en perspectiva, lo quevoy a hacer.”
Por eso, cuando los críticos capitalinos se burlen del poeta ejercitando lapetulancia y el miedo a la originalidad que son tradicionales enLima, es Antenorquien infunde en César la displicencia tranquila con que asumeel ataquecontra su libro “Trilce”. Desde una vasta y bravía soledad, serátambiénel solitario Orrego quien anuncie en el prólogo que aquélla esuna obra poética genial.
1923: Una invitación desechada En 1923, su sobrino Julio Gálvez Orrego, recibió una herencia y lo invitó a viajar con él a París, un sueño quelargamente acariciara el entonces joven Antenor. Su respuestafue la siguiente:
-Gracias, Julito. Pero le cedo mi pasaje a César. En Europa, reconocerán que es un poeta genial. Aquí en cambio, lamezquindad de los limeños nunca le dará lo que merece.Además, es posible que su juicio se reanude y que otra vez lopersigan injustamente.
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A cada uno de nosotros, le vaticinó una tarea. La mía no creo que se haya cumplido a cabalidad, pero lo intento.Tendré que persistir hasta encontrar una narrativa que mepermita contar lo que entonces nos contó, así como la vida dequienes en su época transitaron las mismas calles e historias quea nosotros nos enredaban.
En toda mi vida, fue esa la más poderosa incitación a crear y a perseverar que he recibido, y debe ser por eso que, enotras latitudes del mundo donde generalmente habito, vuelvo losojos hacia la tierra de los chanchanes y los moches, hablo conlos cerros y el mar de esas tierras, y no tengo cuándo terminar deexpresar su voz portentosa. Alguna vez lo haré.
Ėste es Orrego, el hombre de la profecía para Vallejo, para Haya de la Torre y para todos nosotros. Este fue el bravoguerrero en la trinchera de la revolución social. Y éste es, porfin, el padre amoroso que puede curar a su hijita con tan soloacariciarla. Durante muchos años, su nombre y su prólogo hansido desglosados de “Trilce” por editores y supuestos devotos deVallejo cuya mezquindad es colosal, pero los tiempos cambian yllega la hora del reconocimiento.
De Orrego hay que decir lo que él afirmó de Víctor Raúl, que enarboló laenseña de una generación beligerante y encarnó la esperanza, laresurrección y lavictoria de una nacionalidad en trance de muerte, y hay queagregar que siempreestará vigente y será un mandato pendiente de cumplirse suprofecía del cambiosocial mientras el amor y la raza de los hombres prevalezcansobre la barbarie,
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el egoísmo y la muerte.
15 Introducción
La obra maestra de Antenor Orrego es
Pueblo-Continente: ensayos
para una interpretación de América Latina
(Santiago de Chile:
Ercilla, 1939). El libro recoge versiones corregidas de varios de susensayos publicados en la revista
Amauta
y otros trabajos suyos
redactados entre 1931 y 1937, durante la persecución política en elPerú de esos años. El manuscrito lo mecanografió Manuel Arévalo,desaforado miembro del Congreso Constituyente, poco antes de serapresado, torturado y asesinado por la policía secreta el 15 de febrerode 1937.Si bien Orrego atribuye las ideas principales de su obra madura apensamientos esbozados en sus libros juveniles sobre metafísicavitalista,
Notas marginales (Ideología poemática). Aforísticas
y^ El monólogo eterno (Aforística)
Pueblo-Continente
se basa
más^
en^ algunos
de^
sus^ ensayos
publicados
en^
Amauta
entre
diciembre de 1926 y enero de 1929. En ellos, las ideas bergsonianas,temperadas por la función histórica de la ciencia y la revoluciónsocio-política, le ayudan a analizar la realidad latinoamericana. En elPrólogo a la segunda edición definitiva (1957) de su obra maestra,Orrego recuerda los juicios críticos que Alberto zum Felde y LuisMonguió hicieron a la limitada difusión de la primera edición (1939).Luego,
discurre
sobre
las^
civilizaciones
precolombinas,
cuyos
gérmenes vitales, unidos a los de Europa, han transfundido aLatinoamérica. Ante esta realidad, el ensayista peruano recomienda allatinoamericano tallar, tajar y bruñir la piedra bruta heredada antes decrear una cultura humanista. Pueblo- Continente
, como sus dos libros juveniles, está impregnado
de la influencia antipositivista de Henri Bergson, cuyo
élan vital
16
clave dinámica del conocimiento, aparentemente conduce al progresoilimitado de la humanidad. El pensador peruano, como el filósofofrancés,
recoge
la^
intuición
(revelación)
como
camino
del
conocimiento y no el rigor experimental comprobado y analizado porlos hechos. El pensador peruano sabía al dedillo que Bergson habíasistematizado
una
metafísica
espiritualista
para
oponerse
al
naturalismo dogmático y al materialismo mecánico y estático quehabía triunfado en la segunda mitad del siglo XIX.Orrego sabía bien que era u error considerar la filosofía de Bergsoncomo si fuera únicamente una crítica del conocimiento, un merointuicionismo, porque precisamente, este filósofo francés fue elprimero en dar al término
intuición
una base científica; transformó así
el^ modelo
estático
del intuicionismo
al^
darle^
una^
dinámica
justificación biogenética y sicológica. Para Bergson, el conocimientointuitivo no es privilegio de los pocos seres favorecidos, sino unapropiedad de todas las mentes pensantes. Consecuentemente, suconcepción del intuicionismo representa una fusión de objetividadcientífica
y^
del^
arte,^
y^ por
ello
es^
un^ error
considerarlo
antiintelectualista. En realidad, para él, como para Spinoza, elintuicionismo completa la razón; no la rechaza.En el ensayo sobre “El bio-metabolismo síquico del Continente”,Orrego sostiene que la pugna racial y cultural en Hispanoaméricaengendró, desde el periodo colonial, el airado “palenque” ideológicoy estético: la tesis indigenista y la tesis europeizante. Sobre todo, elautor refuta a quienes, imbuidos de cierto sentimiento nostálgico,evasivo o escapista de la vida presente, preconizan el advenimientode una América indígena y la resurrección de las culturas pasadas, sindarse cuenta que cuando llegaron los conquistadores españoles, el
19
y políticamente en función del globo entero. Tal vez por esta premisa,nuestro pensador expresa la necesidad de comprender que el procesorevolucionario latinoamericano consiste en surgir del caos paraentonces forjar una modalidad política, social y económica propia,ceñida a la sistematización científica de Marx. Más adelante, sinembargo, el escritor censura a los partidos servidores de Moscú, quecreían que la revolución latinoamericana debía seguir el mismocamino soviético, como una simple variación de etapa económica.En^ varios
capítulos
de^
su^ obra
maestra,
el^
autor expuso
su
interpretación de la civilización latinoamericana en relación con laeuropea para concluir que el aprismo es una ideología forjada enrespuesta
al^
desafío
de^
la^ realidad
continental.
Latinoamérica,
poblada por la raza cósmica definida por José Vasconcelos (1882-1959), en vez de ser una suma de patrias chicas, es un Pueblo-Continen|te que está forjando una nueva cultura, superior a lasculturas europeas y asiáticas en crisis. Eugenio Chang-Rodríguez
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21
PUEBLO - CONTINENTE
Ensayos para una interpretación de la América Latina
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25
éramos,
tampoco,
nosotros:
porque
habíamos
sido
arrebatados de nosotros mismos. Ciertamente, esta evasiónexcéntrica producíase como en aquellas leyendas infantiles enque^
la^ princesa
resplandeciente
de^
juventud
y^ hermosura,
tornábase, bajo el embrujamiento de un mágico hechizo, en laviejilla desmedrada y enteca de la conseja.Vosotros, también, jóvenes del Perú y de América, habéisemprendido este viaje, que es toda una aventura peligrosa,porque no hay sendas conocidas que guíen vuestros pasos.Pero, antes que la pérdida definitiva, es preciso, por lomenos, intentar la salida. Revestíos de la valerosa audacianecesaria a que el destino de vuestra progenie os empuja.La estridencia trepidante del Viejo Mundo os ha descubierto susrajaduras
irremediables,
y^
descubriéndolas
ha^
desvanecido
vuestro
deslumbramiento.
Sois
una
promoción
histórica
privilegiada
porque
el^
desencanto
de^
lo^ ajeno
y^ de
lo
extraño ha traído la fe y la esperanza en vosotros mismos.Sé^ que
esto
sólo
se^
alcanza
a^ través
de^
profundas
y
dolorosas
desgarraduras;
pero,
es^
preciso
que
cada
hombre y cada pueblo asuman la majestuosa responsabilidadde su lágrima y de su dolor, porque la mariposa no surgehacia la luz sino después de romper
y^ desmenuzar en
cendales el sudario que la envolvía. A lo largo de micamino,
modesto
pero
valeroso,
también
he^
ido^
dejando
ciertas señales para vuestro servicio. Algunas de ellas lasconsigno
en^
este^
libro y^
abrigo
la^
esperanza
de^
que
contribuirán
en^
algo^
al^ mejor
y^ más
acrecido
éxito
de
vuestra ruta. Por eso, desde lo más hondo de mi fe os lodedico,
porque
mi fe está ansiosa del porvenir de nuestra
América.A N T E N O R
O R R E G O. Trujillo (Perú), enero de 1937.
26
En el año de 1939, la Editorial «Ercilla» de Santiago de Chilehizo una edición privada y, por lo mismo, muy restringidade este libro. Con esto está dicho que tuvo una difusiónlimitadísima.
Sólo
unos
pocos
escritores
trabaron
conocimiento con las ideas que entonces, por primera vez, seexponían. Algunos de ellos formularon juicios francamenteelogiosos, y otros lo hicieron con ciertas reservas críticasque^
se^ publicaron
en^
esa^ época
en^
periódicos
y^ revistas
americanas.
Posteriormente,
el^
gran^
escritor
y^
crítico
uruguayo
Alberto
Zum
Felde,
entre
otros,
hizo
un
magnifico y agudo análisis del libro, que comprometemi^ reconocimiento. También el fino crítico catalán, LuisMonguió,
ha
publicado
otro
juicio
muy
sugerente,
puntualizando su influencia en las nuevas corrientes poéticasdel Perú. Sería abusar de la paciencia del lector hacer referen-cia aquí a los diversos comentarios que se han producido.En el Perú, desde el primer momento, fue puesto en el«Index» policial y se dictaron órdenes rigurosas para evitar suingreso al país. Sin embargo, la habilidad de algunos librerosburló al Cancerbero gubernativo -muy pocas veces, por cierto-y^ así
se^
logró
introducir
unos
cuantos
volúmenes
que
se
vendieron clandestinamente a peso de oro. Por azar, yomismo asistí un día a una de esas ventas furtivas en que unconocido catedrático de San Marcos pagó cien soles peruanospor un volumen que la editorial vendía a doce pesos chilenos.Prácticamente, este libro es desconocido en el Perú y en losdemás países latinoamericanos. Puede decirse que es unlibro inédito que se publica hoy por vez primera. En 1948 sehicieron los arreglos editoriales necesarios para la verdaderaedición de la obra, pero tuvo que aplazarse de nuevo, aconsecuencia del golpe cuartelario del General Odria, quien
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restableció,
automáticamente,
el^
«Index»
policial.
Solo
ahora
es^
posible
a^
la^ Editorial
«Continente»
hacer
la
auténtica edición, tantas veces planeada y, por vez primera,también, puede venderse libremente en este país. Trabajosoy accidentado ha sido el alumbramiento. Puede ser que estosea un signo de feliz augurio y que, al fin, alcance el libro loque^
con^
él^ me
propuse
al^
meditarlo
y^ escribirlo:
ser^
la
suscitación viviente, en la juventud de mi patria y en las delContinente,
de^
los^ temas
centrales
y^ fundamentales
que
plantea la realidad de nuestros pueblos ante la conciencianueva de América. MISION Y DESTINO En su raíz más profunda este libro fue un mensaje a lasjuventudes de América -mi primer mensaje personal queresumía
veinte
años
de meditación
angustiosa,
pero
rebosante de esperanza al mismo tiempo. Por fuerza, tuvoque ser una expresión esquemática, en la que apenas seesbozan los temas fundamentales de mi pensamiento. Elsegundo
mensaje
lo^
constituye
mi libro,
próximo
a
publicarse «Hacia un Humanismo Americano», en el que sedesarrollan y se precisan algunos de los temas ya tratados enesta obra, pero en el que se plantean, también, nuevos puntosde^ vista
que
abren
una
perspectiva
que
se^
dispara
íntegramente
hacia
la^
meditación
de^
las^
generaciones
futuras. El panorama que se vislumbra es tan vasto, que, porfuerza,
tiene
que
ser
también
un
mero
bosquejo
esquemático,
como
el^
anterior.
La^
vida^
y^ las
ásperas
circunstancias en que la he vivido, no me han dado paramás. Lo sabio es que cada uno se atenga a sus propioslímites porque, de lo contrario, su límite lo devora. Ya lo dijeen^ un
pensamiento
de^
mi^ primera
juventud,
como
si
presintiera desde entonces las barreras que se alzarían ante
28
mí y ante la realización de mi obra de escritor.Llega el apremio de esta edición definitiva de «PuebloContinente»,
cuando
estoy
totalmente
sumergido
-más
intensamente que en ninguna otra época- en la meditaciónde nuestro destino americano. Por esta razón quiero hablarhoy de la
tensión polar
que existe entre el destino y la misión
de una agrupación humana, que en este caso es la nuestra. Eldestino -que es alineamiento en el presente de fuerzas queemergen desde las más profundas raíces históricas de unpueblo- no se convierte en auténtica misión sino por unadecisión radical, consciente, voluntaria, luminosa y heroicadel hombre que pertenece a ese pueblo. Esclarecer estadecisión
creadora,
punzar
a^
mi^
pueblo
y^
a^ mis
contemporáneos
con
mis
meditaciones
incisivas
y
empujarlos a tomarla con resolución, es el propósito másrecóndito
de^
mi^ modesto
pensamiento,
cuyas
limitaciones
insalvables soy el primero en reconocer. Nunca alcanzaré acomprender bien qué hado irónico me ha lanzado a tamaña ydescomunal empresa.El destino nos viene del pretérito ya hecho y consumado,como impulsión y base de nuestro arranque histórico. Lamisión nos llega del futuro, es el flujo torrencial del porvenirque^
se^ precipita
para
que
lo^
forjemos
y^
lo^ hagamos
consumación
humana
y^
concreta,
sacándola
del
limbo
fluctuante de la imaginación y trasladándola a la dimensiónfirme y viviente de la fe. El destino es, en gran medida, lacoerción invisible, pero cierta, del pasado que vive y aúnopera en nosotros
y que no podemos eludirlo, y que no es
saludable y vital eludirlo. Nuestro destino surge del pasadomaravilloso de la Vieja América, cuyos gérmenes vitales sehan incorporado a nuestro ser, y, luego, de Europa, cuyasesencia dinámicas se han transfundido en nuestra vida, peroque, para nosotros, es pasado, también. No olvidemos esto-¡pasado!- por deslumbrante y palpitante que aun sea sumagisterio. El destino contiene en su seno -digamos- lasletras del alfabeto histórico con las cuales tenemos quecomponer
las
frases
-hechos,
acciones,
ciencias,
arte,
filosofía-
que
constituyen
la^
expresión
gramatical
de
31
artilugios y referencias eruditas. De pronto, el lector quedadeslumbrado por ese resplandor de biblioteca que destaca elsaber del escritor, como en un escaparate de sabiduría.Pero, a poco que se intente atrapar el pensamiento o laidea personal del autor, se da uno de bruces contra la atoníadel^ vocablo
yerto,
acaso
porque
como
esos
cendales
de
nubes que se desgarran en las ramas que se encuentran enla ruta, el pensamiento queda prendido hecho jirones en laszarpas
acuchillantes
de^
las^ citas.
El^
lector
tiene
que
renunciar a la inquisición de lo que se quiere decir en eltexto porque en lugar de una reflexión trabada y orgánicase encuentra con una antología bibliográfica.Todo ello no es sino infantilismo mental con el mismovalor sicológico del rastacuero que intenta hacer creer alos otros lo que pretende ser, pero que, en realidad, no loes^ todavía.
Si^
el^ uno
ostenta
leontinas y sortijas, el otro
ostenta citas y referencias, ambos elementos absolutamenteexternos con que se disimula la vacuidad de la propiaalma.
El^
escritor
latinoamericano
es, por
lo^
general,
proyecto de gran escritor que se queda sin serlo. La
parada
mental, los gestos sibilinos, el ademán docto y estirado sabeejecutarlos
con
perfecta
habilidad.
Carece
en^
absoluto
de
autenticidad humana y pocos hombres se mienten tanto a sí mismos comoa^ los
demás.
Llegan
a^ falsificar
su^
propio
ser^
hasta^
un^ grado
inconmensurable.
Nos
encontramos
frente
a^ ellos,
no^
con^
un
semblante, sino con una máscara. Mimetismo casi zoológico que da larazón a Keyserling cuando afirma:
que en el principio no fue la
verdad sino el disimulo y la mentira.
No sólo ostenta sus joyas
eruditas, sino, también, como el rastacuero, sus amistades célebres.Rastacuerismo social y rastacuerismo intelectual del hombre que no sesiente seguro de sí mismo, que es incapaz de asentar a plomo los piessobre la tierra que pisa.Ya hemos visto cómo los movimientos ideológicos, estéticos yreligiosos se agostan en América, se deforman, se descomponen en
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légamo escolar, erudito y académico. Así ocurrió con el romanticismo y elpositivismo. Así ocurre, también, ahora, con el marxismo dialéctico,acaso en mayor grado que los anteriores. Todo escritor izquierdizante ennuestros pueblos se siente -con el «Capital» a cuestas, bajo el brazo, o conel «Anh-Düring» sobre las espaldas agobiadas- en la obligaciónimperativa de damos una versión ortodoxa del auténtico pensamientomarxista. Y así, gran parte del comentario de nuestra realidad política se haconvertido en un vasto coro de escolares, ganosos de demostrar ante elmundo que han aprendido bien su lección de dialéctica.Naturalmente, en esta frenética zarabanda de textos cercenados, de citas,de referencias y de asteriscos bibliográficos, el elan vital de Marx sevolatiliza, como se volatilizaron antes todos los otros movimientosideológicos. En medio de este eruditismo de taraceo, entre los muñonessangrantes de las citas librescas, entre los cangilones de este mosaicobibliománico en que se retacea, sádicamente, a los autores, no queda yalugar para ningún pensamiento personal. Es incalculable el estragomental que el prurito marxista ha producido en la juventud de América. Enlas capillas literarias es de buen tono citar a Marx, como en nuestrossalones criollos es de buen tono recibir a cualquier noble de España.Extensos sectores de la juventud están perdiendo toda curiosidad yautonomía mentales, toda libertad interior de pensamiento, porque bajo elagobio de un dogmatismo de nuevo cuño, el cerebro se paraliza y esimposible pensar por cuenta propia. En medio de la fumarola polémica quese ha levantado en tomo de «El Capital» y «El imperialismo, última etapadel capitalismo», la juventud ya no piensa sino cita. Cuando a lainiciativa del pensamiento reemplaza la referencia autoritativa, el cere-bro ya no puede hacer otra cosa que juego de palabras y frases vacías, esdecir, pura, monda y lironda logomaquia.Todo ello no es más que pereza mental, miedo al esfuerzo individual ypenoso. Más fácil que pensar es el escarceo o picoteo en las páginas ajenas, eltaraceo abigarrado de retazos y de muñones de textos. Crear es algodoloroso y urticante, mucho más dificil y angustiante que levantar unescaparate de citas y lucirlas, luego, como el rastacuero luce sus
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cadenas, sus sortijas y sus diamantes. La ostentación de la llamada, de lacursiva o del asterisco se ha hecho entre nosotros una enfermedadintelectual, tanto más destructiva cuanto más congelante de nuestraspotencialidades espirituales. Si América es un continente nuevo, tenemosque mirarla con ojos nuevos y no a través de centones o de Sobos.Asimilemos el pensamiento europeo -¡cómo no!- tan asimilado que seconvierta en carne viva, en tejido entrañado y congénito, pero no lotroquemos en mimo o mueca grotesca, en mera anteojera deformante denuestro desgarrado y vemacular dramatismo. ¡Qué podremos extraer denuestra realidad si nos empeñamos en cribarla a través de la retícula de lostextos ajenos! ¡Cómo vamos a ser universalmente valederos si nosempeñamos en repetirlo como tautología de citas muertas! El relleno conguijarros librescos no ha dado jamás con una veta original. Esta lecciónhemos debido aprenderla ya, si hemos cursado con provecho cuatrosiglos de historia. La imagen del rastacuero que traigo a estas páginas, noes una imagen improcedente y baladí, porque es el remedo y
el^ tutelaje
mental que esteriliza nuestras potencialidades creadoras, que seaploman sobre nosotros y nos abruma.Política y culturalmente no seremos libres, sino simplemente libertos ymanumitidos mientras sintamos la añoranza de las palabras y de losademanes extraños. Si sentimos el pensamiento europeo como yugo y nocomo sustancia nutricia y alumbradora ¿cómo habremos de alcanzarnuestra autonomía, nuestra soberanía y mayoría espirituales?La mera información libresca -mientras más abundante, más corrosiva-acaba siempre en batiburrillo o
poupourri
ideológico o estético. En un
sólo artículo sobre marxismo se hacían cierta vez doscientas citas conreferencias a igual número de libros. Desde luego, el lector caminaba atrompicones porque cada cita se levantaba como un bache, y lo quequiso decir el escritor se esfumaba entre sus aristas tajantes. Como elfluido eléctrico, el pensamiento -si es que lo había- tendía a escaparse porlas puntas bibliográficas.En América hemos subvertido los términos del pensamiento como en tantas
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otras cosas. La información o la referencia no son un fin en sí mismos,sino vehículos y medios para pensar, contenidos y realidades inmediatas.Mucho más que para pensar, para trasmitir y hacer entender nuestro propiopensamiento, mediante el cotejo con el pensamiento ajeno. Si lasdesplazamos de esta función subsidiaria y humilde, función auxiliar de laque no debe abusarse, las ubicamos en el centro mismo de la meditaciónindividual
y^ corremos la suerte
del fazendeiro
brasileño que se disuelve
entre sus sortijas, sus amistades y sus brillantes. Quiere decir esto, que elhombre, como tal hombre, desaparece y queda sólo el escueto monomimetista y gesticulante.El hombre que encarna las fuerzas vivientes y creativas de suambiente bien puede pasarse sin información, pensaba Lao tsé. Loesencial no es acumular datos, ni apilar documentación bibliográficaabundante sino pensar con profundidad, hacerse uno mismo, medianteuna faena lenta, trabajosa y penosa siempre, el órgano histórico yespiritual de su pueblo. La función del escritor es una función social ytiene que encontrar su propia expresión personal, si quiere ser un valorsignificativo de liberación, alumbramiento y cultura colectivos. Nopuede transferir a los otros -y menos a los pensadores extranjeros- lafaena que por natividad imperiosa le toca cumplir inexorablemente.Las realidades concretas sólo pueden encontrar su expresión adecuada enel hombre que las vive. Las referencias, en ciertos casos, pueden ayudara definirlas, pero sólo las imágenes y los símbolos que emergen en elámbito mismo del que piensa, las trasmiten en su virtual, congénita yauténtica integridad.Buena parte de la labor universitaria de América se congela en los textos.Rara vez surge una entonación audaz que, a su vez, promuevavocaciones originales. Naturalmente, no me refiero a esa audacia delmulo, que decía Nietzsche, que bordea el abismo porque es incapaz desentir el vértigo, sino a esa audacia consciente y valerosa de una vidaabnegada en servicio del conocimiento. Pero, a una vida de semejanteporte espiritual, no se llega con el rodrigón de la papeleta bibliográfica.Un ratoncillo puede devorar una biblioteca -cuando es cierto que la
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IDEAS PRELIMINARES (PROLOGO DE LA PRIMERA EDICION) Este libro nace en medio del fragor de la batalla, cuando esmás agudo el estridor del choque. Debajo de la serenidadque aflora a la superficie, como dominio de la explosividady del vocerío jadeante del palenque bélico, subyace lapermanente
angustia
del
perseguido
político,
la
dilaceración del ciudadano que ha sido cercenado, por lafuerza brutal, de su convivencia jurídica y civil, la agruraviolenta del hombre que se ve forzado a mirar la calle porel^ ojo
clandestino
de^
un^ tragaluz. Así se explica que, a
veces, la contención interior se resquebraje, por momentos, yque^
la^ equilibrada
llanura
mental
se^
alce^
en^ aristas
turgentes,
como
reacción
encorajinada
frente
a^ la
barbarie
despótica.En este ambiente he escrito, íntegramente, las páginas quesiguen.
Muchas
veces,
ante
la^
inminente
y^
brusca
irrupción de la «brigada policial», las frases se han roto ohan^
quedado
suspensas
en^
el^ aire,
como
estuporadas
y
sobrecogidas. ¡Las cuitas que me estremecieron, no tantopor mi persona, cuanto por salvar este entrañable hijo de miespíritu, que bullía a medio nacer en mi corazón, sabedor, comolo era, de la brutalidad exasperada
de^
mis^
perseguidores!
Después de cada asalto he tenido que rehacer
capítulos
enteros
y,^
en^ algunos
casos,
redoblar
el^
esfuerzo
de
concentración para reproducir e insertar, nuevamente, en elcuerpo
del texto
algunas
cuartillas
que
quedaron
presas,
como único galardón para la vesania rampante de las cuadrillasrepresoras.Hago
referencia
a^ estos
detalles,
como
simple
dato
de
información,
para
dar
a^
comprender
el ambiente
sicológico en que he trabajado, comprensión que, quizás,
38
dé^ la
clave
para
el^
mejor
entendimiento
de^
ciertos
capítulos en que el grito airado surge irrefrenable. No sé sieste tono encendido que tienen algunos pasajes, le escatimeo le añade algo al libro, pero en verdad así ha nacidoporque el cordón umbilical ha estado sumerso en una fragua.Este^
libro
abre,
también,
para
mí^
una^
perspectiva
que,
antes de ahora, estaba sólo latente, como en bosquejo, en unaimagen difuminada. Hoy ha comenzado a concretarse en líneaprecisa
y^ en
contorno
resuelto.
Perspectiva
que
emergió
desde los años mozos y que, únicamente, en estas páginasinicia
su^
corporización.
Las
ideas
principales
que
dan
significación a estos ensayos no tienen, en realidad, unapartida de nacimiento próxima. Ya en «Notas Marginales», milibro juvenil, estántodas
esbozadas.
Allí
se^
pueden
encontrar
sus
plasmas
germinales con sólo una cierta lectura atenta. Después hanreaparecido como esquemas a lo largo de toda mi producciónposterior. En «El Monólogo Eterno», no obstante su formaaforística y breve, se perfilan, muchas de ellas, con plenaconcisión y nitidez. En «Amauta», la revista de Mariátegui,publiqué los primeros ensayos que han servido de base alpresente libro y de allí reprodujeron, casi la mayor partede ellos, muchas revistas latinoamericanas y hasta algunosórganos de la prensa continental, a pesar de quedar
out síde
de la actualidad periodística. «La Pluma» de Montevideo,que^
dirigía
Zum
Felde,
publicó
el^
ensayo
que,
ampliado
después y con nueva redacción, aparece ahora con el título«Las dos corrientes síquicas complementarias de AméricaLatina». He querido dar, a vuelo de pájaro, la filiación delpresente libro para que se comprenda mejor su organicidaddentro de mi producción total.
39
Los pensamientos, en realidad, no se improvisan ni surgencomo un fiat
lux,
sino que constituyen el fondo de una
individualidad determinada, de una estructura espiritual yanímica, de una conformación orgánica. Es únicamente laexpresión de ellos la que recorre el camino y la que nos dacon^
sus^
desarrollos
y^ desenvolvimientos
sucesivos,
la
impresión
de^
esa^
movilidad
fluyente
que
vemos
en^
la
trayectoria de un creador. En verdad, sólo esperan el «¡sésamoábrete!» para actualizarse y hacerse
presentes,
para
cobrar
carnatura tangible y echarse a andar solos, por su cuenta yriesgo, como criaturas libres y vivas que han llegado a ser.Un pensador nato, de ingénito poder creativo, no sospecha nipuede
medir
las
consecuencias
y^
las^
repercusiones
buenas y malas- de sus pensamientos, como no sospecha nipuede medir el padre, la vida
y^ los
actos
de^
sus^ hijos
carnales. Hay tanto o más responsabilidad en engendrarpensamientos que en procrear criaturas. De allí que pensar nopuede ser un entretenimiento ocioso y superfluo sino unaresponsabilidad
sagrada:
un^
servicio,
una
vocación,
una
misión.Pero, lo que antes fue un esbozo ahora es ya una realidad que hacomenzado a vivir por sí misma. Apenas he caminado losprimeros pasos en esta perspectiva que, en adelante, va areaccionar sobre mí, urgiéndome a una mayor precisión,empujándome
hacia
un^
panorama
cada
vez
más amplio,
sugiriéndome
como
indeclinable
compulsión
su propio
robustecimiento y el acabado de sus detalles para logar asíuna vida más integral y completa. Le ocurre al pensador,en^ cierto
modo,
lo^
que^
al^ industrial
capitalista
con
su
máquina:
así
como
ésta
reclama,
cada
vez,
mayor
producción
y^
nuevas
máquinas,
de^
igual
manera,
los
pensamientos
reclaman
nuevos
pensamientos,
nuevas
realizaciones, nuevas expresiones. Sólo con la diferencia no
40
despreciable de que mientras lo primero es la esclavizaciónperenne, lo segundo es la liberación indefinida, aun despuésde la muerte corporal.Por eso, este libro, más que un compromiso banal y literario, es unpacto responsable con América. Esta va a volver en nuevasmodulaciones, va a tornarse más exigente, va a ejercitar amayores, más eficaces y quizás más vivas compulsiones. Tornaráuna y otra vez porque ella aspira a lograr, en cada uno de sus hijos-mucho más en esta época de iniciación y de forja-, una vida másenérgica, más precisa, más completa.No se comprende la trabazón y organicidad unitarias de unacultura
sino
por
esa
reacción
constante
de^
sus^
plasmas
germinales sobre sus instrumentos de expresión. Reside en losgérmenes una cierta carga de energía que pide con urgencia sudesplazamiento, su actualización corpórea, su realización. Nimás ni menos que las células germinales de un organismobiológico que lo compelen cada vez a una mayor definición yprecisión y que organizan así la totalidad de su existencia. Y si nosatenemos a la concepción de Pirandello, los gérmenes son comoaquellos seis personajes que han encontrado ya su autor y que,luego, lo empujan con imperativo requerimiento para que losdefina y les dé la plenitud de vida objetiva y autónoma quenecesitan.Cuando un pensamiento o un conjunto de pensamientos hanagotado su carga biológica, la estructura que los tradujo
y^ los
actualizó finaliza su trayectoria orgánica y se cristaliza, se tornarígida,
porque
los^
gérmenes
que
los
determinaron
han
realizado su completo desplazamiento. Entonces comienza acadaverizarse y morir por desintegración, existiendo despuéssólo^
como
entelequias
abstractas,
como
larvas
mentales
o
cánceres lógicos que reaccionan letalmente sobre la vida. Vemosejemplos elocuentes de este proceso a cada paso en las iglesias,