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raton de campo, Apuntes de Artes escénicas

Asignatura: COMPORTAMIENTO DEL CONSUMIDOR, Profesor: juan antonio, Carrera: Dirección Escénica, Universidad: Nebrija

Tipo: Apuntes

2016/2017

Subido el 21/01/2017

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Estructura

y contenido

de la verdad

Donald Davidson

Traducido por M. J. Frápoli

En Juan Antonio Nicolás y María José Frápoli (ed.),Teorías

de la verdad en el siglo XX. Tecnos, Madrid, 1997

Edición original: “The structure and content of truth”,

Journal of Philosophy, 87/6 (1990), pp. 279–

Los números entre corchetes corresponden a la paginación de la edición impresa

[...] la profusión de testimonios de la devoción suprema a la verdad por parte de la filosofía es una cuestión que despierta sospecha. Por- que usualmente ha sido un preliminar a la afirmación de que hay un órgano peculiar de acceso a la verdad más alta y última. No hay nada de esto... La verdad es una colección de verdades; y estas verdades constituyentes están en ma-[147]nos de los mejores métodos de inves- tigación y comprobación disponibles como cuestiones–de–hecho, mé- todos que son, cuando se los reúne bajo un único nombre, la ciencia. En cuanto a la verdad, pues, la filosofía no tiene un status preeminen- te [...] [ibid., p. 410].

El objetivo de Dewey fue traer la verdad, y con ella las pretensio- nes de los filósofos, a la tierra. Podríamos pensar con justicia que Dewey confundió la cuestión de qué clase de concepto es la verdad con la cuestión de qué tipos de verdades hay. Pero está claro que los dos temas están relacionados, puesto que lo que cae bajo el concepto obviamente depende de lo que el concepto es. Y la idea de asegurar que el dominio de la verdad puede convincentemente traerse dentro del alcance de las capacidades humanas, recortando el concepto a medida, difícilmente es exclusivo de Dewey; Dewey se vio a sí mismo compar- tiendo los puntos de vista de C. S. Peirce y William James en esta cuestión, y de un modo u otro el tema básico reaparece hoy en los escritos de Hilary Putnam, Michael Dummett, Richard Rorty, y muchos otros.

Aquellos que desean desacreditar o desinflar el concepto de ver- dad a menudo empiezan rechazando cualquier insinuación de teoría de la correspondencia, pero Dewey^3 no vio ningún peligro en la idea de la

(^3) Essays in Experimental Logic, Nueva York, Dover, 1953.

correspondencia siempre y cuando se la entendiera apropiadamente. Dijo [que] «La verdad significa, como una cuestión obvia, acuerdo, correspondencia, de idea y hecho», pero inmediatamente siguió «pero

¿qué es lo que acuerdo [o] correspondencia significan?» (ibid., p. 304).

Contestó «es verdadera la idea que trabaja para llevarnos a lo que se

propone» (ibid.), y cita a James 4 con aprobación:

[...] cualquier idea que nos lleve prósperamente de cualquier parte de la experiencia a cualquier otra, ligando las cosas satisfactoriamente, tra- bajando [148] de manera segura, simplificando, ahorrando esfuerzo, es verdadera sólo por eso, verdadera de aquí en adelante [ibid., p. 58].

Probablemente pocos filósofos serán ahora tentados por estas alegres y majestuosas formulaciones. Pero el problema que estaban tratando los pragmatistas —el problema de cómo se relaciona la verdad con los deseos humanos, las creencias, las intenciones y el uso del lenguaje— me parece el adecuado para concentrarse en él cuando pensamos acerca de la verdad. También me parece que no se está ahora más cerca de una solución a este problema de lo que se estaba en los días de Dewey.

f

(^4) Pragmatism, Nueva York, Longmans & Green, 1907. En otra parte (Logic: The Theory o Inquiry, Nueva York, Holt, 1938), Dewey dice: «La mejor definición deverdad desde el punto de vista lógico que conozco es la de Peirce: “La opinión que está destinada a ser aceptada al final por todos aquellos que investigan es lo que queremos decir por verdad”» (p. 58). Pero habitualmente Dewey estaba más cerca de James: las ideas, las teorías, son verdaderas si son «instrumentales para una reorganización activa del entorno dado, para una eliminación de algún problema y perplejidad específica [...]. La hipótesis que funciona es laverdadera» (Reconstruction in Philosophy, Nueva York, Holt, 1920, p. 156).

de [149] la verdad con los de Dewey. Encuentro agradable y penetrante mucho de lo que él tiene que decir sobre este tema, y creo que tiene razón en que, en líneas generales, comparto la actitud de Dewey hacia la verdad. En un sentido, sin embargo, un sentido al que acabo de referirme, Rorty puede haberse equivocado con nosotros dos; tal como yo lo leo, Dewey pensó que una vez que la verdad fue traída a la tierra, hubo cosas filosóficamente importantes e instructivas que decir acerca de sus conexiones con las actitudes humanas, conexiones constitutivas en parte del concepto de verdad. Éste es también mi punto de vista, aunque no creo que Dewey haya [trazado] las conexiones adecuada- mente.

Rorty correctamente nota el papel fundamental que yo asigno al trabajo de Alfred Tarski, que proporciona una manera de discutir la comprensión del lenguaje, y él ve claramente que para mí esto está relacionado con el rechazo de una concepción representacional del lenguaje y de la idea de que la verdad consiste en un reflejo preciso de los hechos. Estas son cuestiones a las que volveré ahora. En este articulo, discutiré primero la noción, a menudo asociada con el enfo- que de Tarski, de que el discurso de la verdad es esencialmente redun- dante, y que no tiene propiedades importantes más allá de aquellas especificadas en las definiciones de la verdad de Tarski. La primera sección termina con una defensa de la afirmación de que puede legíti- mamente considerarse que las definiciones de Tarski ofrecen verdades sustantivas acerca de un lenguaje, pero que en este caso debe de haber

Véase también su «Representation, Social Practise, and Truth»,Philosophical Studies, XXX (1988): 215–228.

más en el concepto de lo que Tarski especificó. En la segunda sección del artículo vuelvo a varios intentos de decir qué más está involucrado: discuto las teorías de la correspondencia, teorías de la coherencia, y teorías que de una forma u otra hacen de la verdad un concepto epistémico. Yo rechazo todos estos tipos de teorías. En la sección tercera, propongo un enfoque que difiere del resto, uno que hace del concepto de verdad una parte esencial del esquema que todos necesa- riamente empleamos para entender, criticar, explicar y predecir el pensamiento y la acción.

I. LA ESTRUCTURA DE LA VERDAD

La teoría de la redundancia es la que mejor encaja con expresio- nes como ‘es verdadero que’ o ‘es un hecho que’ cuando se prefijan a una oración. Tales expresiones pueden considerarse como conectivas oracionales veritativo–funcionales que, cuando se añaden a una [150] oración verdadera, dan como resultado una oración verdadera, y cuando se añaden a una oración falsa, dan como resultado una oración falsa. Estas conectivas funcionarían entonces exactamente como la doble negación (cuando la negación se concibe de manera clásica). Al menos en lo que concierne al contenido cognitivo y a las condiciones de verdad, tales añadidos son redundantes.

Frank Ramsey^7 parece haber pensado que todos los usos del con- cepto de verdad son como éste. Dice: «‘Es verdadero que César fue (^7) Facts and Propositions» (1927), reimpreso enThe Foundations of Mathemat- ics, Nueva York: Humanities, 1931, pp. 138–155.

mucho menos manifiesta de lo que Ramsey afirmó.

Muchos filósofos han considerado sin embargo el trabajo de Tarski esencialmente como una cuestión de aclaración de la intuición [151] de Ramsey. W. V. Quine^9 , por ejemplo, escribe: «Decir que el enunciado ‘Bruto mató a César’ es verdadero... es simplemente en efecto decir que Bruto mató a César», y nos dice, en una nota a pie de

página, que hay que mirar a Tarski para el «desarrollo clásico» (ibid., p.

24). Putnam mantiene que Rorty y Quine comparten este punto de vista acerca de la verdad. De acuerdo con Putnam 10 , Rorty y Quine creen que «llamar a una oración ‘verdadera’ no es adscribir una propiedad, la verdad, a una oración; es simplemente otra manera de afirmar la

oración» (ibid., p. 62). (Añade que a esto se le llama la «concepción

desentrecomilladora» —«en la jerga de los filósofos del lenguaje

davidsonianos»— (ibid.). Quizás es así, pero entonces yo no soy

davidsoniano, porque yo no estoy tentado a referirme a las definiciones de verdad de Tarski como «desentrecomilladoras».) En cualquier caso, Putnam no acepta esta tesis; la está atacando como «puramente formal» y «vacía».

No tengo claro si Putnam piensa que el trabajo de Tarski sobre la verdad no es más que una mejora técnica sobre lo que básicamente es una teoría de la redundancia, pero otros ciertamente han tomado esta línea. Stephen Leeds^11 ha sugerido que la «utilidad» o importancia del

(^9) Word and Object, Cambridge: MIT, 1960. (^10) «A Comparison of Something with Something Else», New Literary History, XVII(1985):61–79. (^11) «Theories of Reference and Truth»,Erkenntnis, XI11 (1978): 111–130.

concepto de verdad podría consistir simplemente en esto, que nos da una manera de decir cosas como «la mayoría de nuestras creencias son verdaderas», donde queremos hablar de, o quizás aseverar, un conjun- to de oraciones infinito o en cualquier caso no catalogable. Ramsey no explicó cómo hacer esto; Tarski sí. Paul Horwich^12 , como Leeds, considera que Tarski es un teórico de la redundancia; Horwich está persuadido de que, a pesar de nuestra intuición de que la verdad es concepto central e importante, «la noción de verdad fue completamen-

te captada por Tarski» (ibid., p. 192). A esta idea, que Tarski hizo todo

lo que puede hacerse por el concepto de verdad, la llama Horwich la teoría deflacionista de la verdad.

Aunque no está de acuerdo con Horwich en que la verdad tal co- mo Tarski la definió especifique las condiciones adecuadas de verdad para un tratamiento de lo que saben los usuarios del lenguaje, [152] Scott Soames^13 coincide en calificar de deflacionista el tratamiento de la verdad de Tarski, y como Horwich, cree que, cuando se trata de explicar el concepto de verdad, no deberíamos de pedir nada más, aparte de la aplicación de la verdad a proposiciones, etc.

Hartry Field^14 , en un útil artículo, explora el caso a favor de un concepto deflacionista de verdad, y muestra lo difícil que sería ir más allá de él. Explica lo que él quiere decir al llamar a una teoría de la

(^12) «Three Forms of Realism»,Synthese,LI(1982): 181–201. (^13) «What is a Theory of Truth?»,The Journal of Philosophy, LXXXI, 8 (1984): 411–

(^14) «The Deflationary Conception of Truth», en C. Wright y G. McDonald, eds., Facts, Science and Morality, Nueva York: Blackweil, 1987,pp. 55–117.

comilladoras hacerlo mejor? Las definiciones de verdad de Tarski son desentrecomilladoras en este sentido: dada la definición (y la teoría de conjuntos y la sintaxis formal), y dada una oración de la forma «‘la nieve es blanca’ es verdadera», podemos probar que la oración ‘la nieve es blanca’ es equivalente. Así, la oración en la que ‘la nieve es blanca’ sólo está mencionada es probablemente equivalente a la [153] oración ‘la nieve es blanca’ misma; la original «‘la nieve es blanca’» ha sido despojada de sus comillas; eliminar las comillas cancela, por así decirlo, el predicado de verdad. E incluso cuando no podemos eliminar las comillas porque no hay comillas que eliminar (como en ‘todo lo que él dijo era verdadero’ o ‘una regla válida de inferencia garantiza que de premisas verdaderas sólo se siguen conclusiones verdaderas’), Tarski nos ha mostrado cómo liberarnos del predicado de verdad, puesto que ha sido definido explícitamente^17. Esto deja claro que las definiciones de verdad de Tarski no son estrictamente desentrecomilladoras, puesto que no dependen de despojar de las comillas a las oraciones individua- les para eliminar los predicados de verdad. Menos aún dependen de usar oraciones reales que se dicen verdaderas para efectuar la elimina- ción; esto es obvio cuando la definición de verdad para un lenguaje se da en otro. No se puede encontrar un equivalente castellano de la oración inglesa «‘Schnee ist weiss’ es verdadera (en alemán)» quitando

(^17) Este punto, a menudo atribuido a Leeds, fue hecho por Tarski en «The Seman- tic Conception of Truth», Philosophy and Philosophical Research, IV (1944), p. 359. Tarski nota también que el mero desentrecomillado no puede eliminar la palabra ‘verdadero’ de oraciones como ‘la primera oración escrita por Platón es verdadera’. (Pero tampoco ha mostrado Tarski cómo eliminar este uso del predicado de verdad a menos que tenga una definición de la verdad para el lenguaje hablado por Platón).

simplemente las comillas de «‘Schnee ist weiss’».

Además, queda el hecho de que los métodos de Tarski nos permi- tan reemplazar los predicados de verdad que él define en cualquier contexto, y que el reemplazo no deje ningún predicado explícitamente semántico tras de sí; en este sentido, sus predicados de verdad son como la conectiva oracional ‘es verdadero que’, que puede eliminarse por simple supresión. Lo que es sorprendente, por supuesto, no es que la expresión ‘es verdadero’ puede reemplazarse, porque éste puede ser el punto de la definición; lo que es sorprendente es que no se reempla- ce por ninguna otra cosa, semántica o de otro tipo. Es presumiblemen- te este rasgo lo que lleva a Putnam a decir que, de acuerdo con tales teorías, la verdad no es una propiedad. (Esto no es completamente adecuado aplicado a las definiciones de verdad de Tarski, sin embargo. Los predicados de verdad de Tarski son predicados legítimos, con una extensión que no tiene ningún predicado en el lenguaje objeto. Pero se ve lo que Putnam quiere decir con su obser-[154]vación). Putnam concluye que los predicados de verdad de Tarski no tienen nada que ver con la semántica o con la concepción común de la verdad: «Como tratamiento filosófico de la verdad, la teoría de Tarski falla tanto como

pueda fallar un tratamiento» (op. cit., p. 64).

Lo que está claro es que Tarski no definió el concepto de verdad, ni siquiera aplicado a oraciones. Tarski mostró cómo definir un predicado de verdad para cada uno de entre un conjunto de lenguajes que se comportan bien, pero sus definiciones, por supuesto, no nos dicen qué tienen en común estos predicados. Dicho de una forma ligeramente diferente: él definió distintos predicados de la forma ‘s es

tenemos una definición tarskiana de verdad para un lenguaje que no entendemos, [155]

no tendremos idea del sentido de introducir el predicado [...] a menos que [...] sepamos ya de antemano cuál se supone que es el sentido de un predicado así definido. Pero, si sabemos de antemano el sentido de introducir el predicado «verdadero» entonces sabemos algo acerca del concepto de verdad expresado por el predicado que no está encarnado en esta [...] definición de verdad [ibid., pp. xx–xxi].

Dummett añade que «aunque este argumento era tan obvio cuan- do se formuló creo que mereció la pena expresarlo en el momento»

(ibid.). Tiene razón: el argumento era obvio, y mereció la pena expre-

sarlo, al menos para mí 21. La aplicación a las teorías del significado es importante; pero el asunto es más general: Tarski sabía que no podía dar una definición general de verdad, y así no había ninguna manera formal en la que él pudiera captar «el sentido» de introducir los predicados de verdad, tanto si el sentido concernía a la conexión entre la verdad y el significado o entre la verdad y algún otro concepto o conceptos.

(^21) Mi confusión en este punto es más que evidente en «Truth and Meaning», en Inquiries in to Truth and Interpretation (Nueva York, Oxford, 1984). Mi equivocación fue pensar que podíamosa la vez tomar una definición de verdad de Tarski como si nos dijera todo lo que necesitamos saber acerca de la verdady usar la definición para describir un lenguaje real. Pero en el mismo artículo incluso discutí (de manera inconsistente) cómo decir que una definición tal se aplicaba a un lenguaje. Pronto reconocí el error. (Véase la «Introducción», pp. xiv–xv, y otros artículos enInquiries into Truth and Interpretation.)

Dummett y otros han intentado de varias maneras hacernos a los lentos de mente apreciar el fracaso de los predicados de verdad de Tarski para captar completamente el concepto de verdad. La dificultad central, como hemos visto, se debe simplemente al hecho de que las definiciones de Tarski no nos dan idea de cómo aplicar el concepto a un caso nuevo, tanto si el caso nuevo es un nuevo lenguaje o una palabra añadida de nuevas a un lenguaje [éstas son realmente la misma

cuestión, señalada de ambas maneras por Dummett (op.cit.) y de la

segunda manera por Hartry Field 22 ]. Este rasgo de las definiciones de Tarski puede a su vez fácilmente conectarse con el hecho de que dependen de dar la extensión o referencia de los nombres o predicados básicos mediante la enumeración de casos: una definición dada de esta manera no puede ofrecer ninguna pista para el caso general o siguien- te. [156]

Un número de criticas de, o comentarios sobre, el tratamiento de la verdad de Tarski dependen del aspecto enumerativo de sus defini- ciones. Una de este tipo es la afirmación de que las definiciones de Tarski no pueden explicar por qué, si la palabra ‘nieve’ hubiera signifi- cado «carbón», la oración ‘la nieve es blanca’ hubiera sido verdadera si y sólo si la nieve hubiera sido negra. Putnam y Soames hacen los dos este comentario, pero para Putnam es una crítica, mientras que para Soames ilustra lo absurdo de esperar mucho de una teoría o definición de la verdad. Otra queja es que las definiciones de Tarski no establecen la conexión entre verdad y significado que muchos filósofos consideran

(^22) «Tarski’s Theory of Truth»,The Journal of Philosophy, LXIX, 13 (1972): 347–

del concepto de verdad, o como mostrando que el concepto de verdad no es tan profundo e interesante como muchos han [157] pensado^24. Como Dummett y Putnam, creo que debemos tomarlo en la primera de estas dos maneras. La razón es simple. Nada en las definiciones de verdad de Tarski sugiere lo que estas definiciones tienen en común. A menos que estemos preparados para decir que no hay un único con- cepto de verdad (incluso en cuanto aplicado a oraciones), sino sólo un número de conceptos diferentes para los que usamos la misma palabra, tenemos que concluir que hay más en el concepto de verdad —algo absolutamente básico, de hecho— que las definiciones de Tarski no tocan. Lo que es ligeramente sorprendente es que algunos filósofos que apelan a una versión del argumento básico para mostrar que los predicados de verdad de Tarski son deflacionistas acepten al mismo tiempo una teoría deflacionista. Pero si el argumento básico es correc- to, muestra que definiciones como la de Tarski, o teorías construidas sobre las mismas líneas, no pueden captar el concepto de verdad.

Hay además otra afirmación o asunción sobre el trabajo de Tarski que, aunque a menudo va de la mano de algunos de los puntos que acabamos de ensayar, merece una discusión separada. El tema es que, si aceptamos una de las definiciones de verdad de Tarski, entonces los

(^24) La primera actitud aparece en el comentario de Putnam de que la propiedad que Tarski define no es «ni siquiera dudosa o sospechosamente ‘cercana’ a la propiedad de la verdad es sólo que no es la verdad en absoluto» (op. cit., p. 64). Soames representa el segundo punto de vista: «lo que parece correcto acerca del enfoque de Tarski es su carácter deflacionista.» Pero «la noción de la verdad de Tarski no tiene nada que ver con la compresión o la interpretación semántica» («What is a Theory of Truth?», pp. 429, 424).

enunciados que deberían, si la verdad estuviera propiamente caracteri- zada, ser enunciados empíricos se convierten en verdades de la lógica. Así, de acuerdo con Putnam, una oración como «‘Schnee ist weiss’ es verdadera (en alemán) si y sólo si la nieve es blanca» debería ser una verdad sustantiva acerca del alemán, pero si por el predicado ‘s es verdadero (en alemán)’ sustituimos un predicado definido al estilo de Tarski, la evidente verdad sustantiva se convierte en una verdad de la lógica^25. Es fácil ver que lo que quiera que haya en este argumento depende del mismo rasgo del método de Tarski que hemos estado discutiendo: si la extensión de un predicado se define mediante la lista de cosas a las que se aplica, el aplicar el predicado a un elemento de la lista dará como resultado un enunciado equivalente a una verdad lógica. (Por razones técnicas ésta es una ex-[158]plicación sobresimpli- ficada de este aspecto del método de Tarski cuando el lenguaje objeto incluye cuantificadores, etc. La fuerza del comentario permanece^26 .) Ésta parece ser la razón principal de Putnam para decir que Tarski fracasó «tanto como es posible fracasar» al ofrecer un tratamiento filosófico de la verdad. Soames pudiera estar pensando en la misma línea cuando mantiene que la única manera de defender la interpreta- ción filosófica de Tarski de su trabajo es rechazar la exigencia de que las aplicaciones de sus predicados de verdad y satisfacción tengan contenido empírico. Cumplir la exigencia sería, dice Soames, «incom-

(^25) Para versiones de este argumento, véase Putnam,op. cit., y «On Truth», en Leigh Caumanet al, eds.,How Many Questions (Indianápolis, Hackett, 1983), pp. 35–56. (^26) Para el desarrollo de este tema, véanse los trabajos de Putnam a los que nos re- ferimos en la última nota a pie de página; también Soames,op. cit.; y John Etchemendy, «Tarski on Truth and Logical Consecuence»,The Journal of Symbolic Logic, LII(1988): 51–79.