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LA DEFINICION DE LA VERDAD "Decir de lo que es que no es, o de lo que no es que es, es falso, mientras que decir de lo que es que es, o de lo que no es que no es, es verdadero". Aristóteles “La verdad, como la falsedad, se encuentra en tres órdenes de cosas de diverso modo: en la cosa como en su fundamento, en la inteli- gencia como en su sujeto, y en la enunciación o la proposición hablada como en su signo”. Eustaquio de San Pedro “La verdad 'absoluta', la verdad que ninguna experiencia vendrá a alterar jamás, es ese punto ideal, siempre remoto, hacia el cual imaginamos que todas nuestras verdades con- 'vergerán algún día". William James *El problema de la verdad es uno de los pun- tos focales de la contradicción general entre las concepciones materialistas e idealistas” Adam Schaff. Según hemos visto, para que una oración o proposición pue- da contener un conocimiento y ser calificada de verdadera o fal- sa, es necesario que tenga sentido referencial o enunciativo. Sólo por la enunciación, en efecto, nos dice algo del mundo y puede aceptársela-o rechazdrsela como vehículo de .información. La ver- dad o falsedad no concierne, por tanto, a la función expresiva y operativa del sentido, sino a la significativa. Pero si sólo una proposición con sentido referencial puede .ser verdadera o falsa, no toda proposición de este tipo es ver- dadera (o, en el caso contrario, falsa). El sentido referencial es la condición necesaria de la verdad de las proposiciones, pero no es la condición suficiente. Debe cumplirse otra condición para poder considerar verdadero lo que se dice por medio de ella. Preguntar por esta condición es preguntar por la esencia de la verdad. ¿Qué es la verdad?, ¿qué quiere decir 'verdadero'?; he aquí interrogaciones cuya respuesta adecuada exige penetrar en el meoño de la filosofía. Y es que implican el tratamiento de otros problemas básicos desde un horizonte reflexivo universal, del cual estamos, por cierto, muy lejos aquí. Pero, puesto que nos inte- resa esclarecer el sentido. del conocimiento filosófico y como ne- cesariamehte usamos la palabra 'verdadero' y+sus afines, como -'verdad', falsedad", 'falso', etc., es conveniente, por lo menos, de- terminar el uso apropiado de estos términos. Se trata de esbozar una definición nominal de 'verdadero', o sea, una definición de esta palabra. Pero, como usamos estas palabras para calificar proposiciones u oraciones, que son ellas mismas estructuras de pa- labras, lo que buscamos es, en buena cuenta,' una definición se- miótica o semántica de 'verdadero”. Mediante una comparación sencilla se verá mejor el tipo de definición de que se trata. Cuando decimos esta manzana es ro- ja o la pelota de fútbol es esférica, empleamos las palabras 'roja' y 'esferica' para calificar respectivamente la manzana y la pelota. 1 Caben ciertamente otras definiciones de la verdad, tanto nominales, cuanto reales (es decir, referentes a la naturaleza o esencia de la verdad). Sobre el tema de la definición, 'véase la bibliografía al final del capítulo. LA DEFINICION DE LA VERDAD 131 dice. O sea que le aplicamos el calificativo de verdadera si, en efecto, la Tierra es, como dice la proposición, mayor que la Luna, y sólo si es así. De ocurrir lo contrario, no la calificaríamos de verdadera sino de falsa. Esto es justamente lo que acontece con la proposición (e). Dado que el Perú no está, como ella dice, al norte del Ecuador, sino al Sur, la calificamos no de verdadera si- no de falsa. Usamos por tanto el término “falso' como término adecuado cuando aquello de que se habla no es como se dice en la proposición, y solaménte si no es como se dice, Lo anterior es fácil de comprender, y hasta obvio, pues co- rresponde al uso común del lenguaje. Sin embargo, por cuidado de precisión vamos a formularlo de la siguiente manera: IL. La proposición 'La Tierra es mayor que la Luna' es verdadera si y sólo si la Tierra es mayor que la Luna. Il. La proposición 'El Perú está al norte del Ecuador' no es ver- dadera (es falsa) si y sólo si el Perú no está al norte del Ecuador. Obsérvese que en ambas expresiones el miembro escrito en primer término y el que aparece a continuación no tienen el mis- mo significado, aunque se usen palabras semejantes. En el primer miembro, el referente es una proposición (por lo cual empleamos comillas simples), mientras que en el segundo es un estado del mundo. En (I) se habla en primer término de la proposición “La Tierra es mayor que la Luna' y, luego, de la Tierra y la Luna mis- mas, como partes del mundo real. Cosa igual ocurre con (II). Ob- sérvese, por otra parte, que en ambas expresiones se establece entre un miembro y otro una relación hipotética o condicional. Teniendo en cuenta esto, podemos elaborar una fórmula ge- neral aplicable a este tipo de aserciones sobre la verdad. De acuerdo con Tarski, puede simbolizarse cualquier proposición con la variable p, y con la variable X- las expresiones que empleamos para referirnos a las proposiciones (o “sea, lo que en (1) y (11) va entre comillas simples). X será entónces el símbolo para, vg., 'La Tierra es mayor que la Luna', así como para cualquier otra ex- presión semejante, y p será el símbolo para las oraciones como la Tierra es mayor que la Luna, mediante las cuales hablamos del mundo. 132 INICIACION FILOSOFICA La fórmula general a la que ha de adecuarse cualquier defi- nición semántica de la verdad es entonces, en el caso de 'ver- dadero', X es verdadera si y sólo si p y en el caso de 'no verdadero' o falso": X no es verdadera si y sólo si -p (donde -p es la negación lógica de p, como Juan mo es peruano es la negación de Juan es peruano). Hemos dicho que la definición de la verdad debe adecuarse a esta fórmula. En efecto, ella señala claramente la condición a que está sujeta la atribución del predicado 'verdadero' (o “falso') a una proposición, de tal manera que si dicha condición falta, la definición no puede resultar correcta.La fórmula traduce el he- cho de que los objetos o propiedades han de responder a lo enun- ciado para que pueda hablarse” de verdad. Ajustándose a esta exigencia, Tarski propone la siguiente enunciación definitoria: una oración es verdadera si es satisfecha por todos fos objetos y falsa en caso contrario. El término que recibe todo el peso de la definición es aquí 'satisfecha'. Su uso puede ser aclarado recurriendo a un ejemplo matemático simple. Decimos que en la igualdad x + 4 = 10, 6 satisface -la ecuación, porque 6 + 4 = 10. Del mismo modo, Ía fórmula empleada puede entenderse en el sentido de que dada una proposición cualquiera, si las cosas de que en ella se habla satisfacen lo enunciado, entonces es verdadera; si no ocurre es- to, es falsa. Usando otra terminología, podríamos también: decir: una pro- posición es verdadera si se cumple en todos los objetos, y falsa si no se cumple, en donde 'cumple' (y sus afines, como 'cumpli- miento”, 'cumplido' etc.) indican la necesidad de que las cosas se comporten de acuerdo a lo que es afirmado a fin de poder apli- car adecuadamente el predicado 'verdadero' ala proposición. Esta relación fundamental de satisfacción o cumplimiento ha sido puesta de relieve en muchas de las definiciones de la verdad propuestas a través de la historia de la filosofía. En esencia, re- 134 INICIACION FILOSOFICA al lenguaje de que' forman parte las proposiciones cuya verdad o falsedad se trata de definir. Este “último lenguaje se denomina lenguaje-objeto, porque de él se habla; es el objeto de la inves- tigación semántica. La separación del lenguaje-objeto y el meta- lenguaje es imprescindible, pues se ha llegado a comprobar que las antinomias semánticas resultan de utilizar en la definición los términos del lenguaje estudiado, esto es, de trabajar con lo que se denomina un lenguaje semánticamente cerrado o universal, en el cual existen términos y proposiciones y, además, palabras como verdadero' y “falso' que se emplean para calificar las menciona- das proposiciones. Debemos tener en cuenta que la palabra 'sa- tisfacer' y sus análogas, a las que recurren Tarski y los demás in- vestigadores modernos, no pueden formar parte del lenguaje-ob- jeto sino que son términos metalingúísticos. Bústenos estas breves indicaciones para advertir que la definición semántica de la ver- dad, lejos de ser una tarea fácil y ociosa, por más evidente que parezca su formulación, pone en juego la complicada maquina- ria. crítica de la lógica y la semiótica. ES Guía de lecturas. Sobre la definición semántica de la verdad según Tarski, que hemos resumido en este capítulo, puede leerse el artículo de dicho autor, “La definición semántica de la verdad y los fundamentos de la semántica", en la Antología semántica de Bunge, pp. 111-157, que lleva anexa una bibliografía muy amplia. Una formulación anterior de los puntos de vista de Tarski se en- contrará en el texto reproducido en Bochenski, Los métodos ac- tuales del pensamiento, p. 126. Una formulación de la: teoría de la correspondencia, relati- va no a la verdad de las oraciones sino de los juicios o creencias, puede leerse en Bertrand Russell, Los problemas de la filosofía, cap. XII. Russell discute también otras teorías en Investigación so- bre el significado y la verdad, ya citado; ver el cap. XXl. Desde otro punto de vista se encontrará una discusión de teorías de la verdad en Adam Sahaff, La teoría de la verdad en el materialismo y en el idealismo, B. Aires, Ed. Lautaro, 1964 Como textos clásicos acerca del tema de la verdad, recomen- damos el Teetetes de Platón, 187 ss., la Metafísica de Aristóteles, lib. IV, 7 y 8 y lib. V, 29 (sobre este último, ver a A. Wagner de Reyna. El concepto de verdad en Aristóteles, pp. 26 y ss.), y las Meditaciones metafísicas de Descartes, Med. IV. LA DEFINICION DE LA VERDAD 135 Acerca de la definición en general, puede consultarse, Bo- chenski, op. cit., IV, 15; Irving Copi, Introducción a la lógica, cap. IV; Ogden y Richards, El significado del significado, cap. V; y J. Hospers, Introducción al análisis filosófico, |. Sobre las antinomias o paradojas, véase B. Russell, Introduc- ción a la filosofía matemática, Buenos Aires, Ed. Losada, 1945, cap. XIIl; Eugene P. Northrop, Paradojas matemáticas, México, Uteha, 1962 (que tiene una extensa bibliografía); Kurt Grelling, Teoría de los conjuntos, México, Ed. Logos, 1943, cap. 7; Marcel Boll y Jacques Reinhart, Las etapas de la lógica, Buenos Aires, Ed. Mira- sol, 1961, cap. V; Fausto Toranzos, Introducción a la Epistemolo- gía y fundamentación de la matemática, Buenos Aires, Ed. Espasa Calpe, 1948, cap. VI; y R.'Carnap, "La antigua y la nueva lógica”, Letras, Lima, N* 36, 1947 (también incluido en Ayer, El positivis- mo lógico, ya citado).