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Refutaciones sofísticas - Prof. Salas Peña, Apuntes de Derecho

El documento aborda el tema de las refutaciones sofísticas, que son razonamientos aparentes que no constituyen verdaderas refutaciones. Se explican diferentes tipos de refutaciones sofísticas, como las basadas en la composición y división, en la expresión lingüística o en la homonimia. También se discuten las soluciones a estos tipos de refutaciones, enfatizando la importancia de identificar el origen del error y hacer las distinciones necesarias. El texto profundiza en el análisis de las estrategias retóricas utilizadas por los sofistas para generar apariencia de refutación sin llegar a la verdad. En general, el documento ofrece una perspectiva detallada y crítica sobre las refutaciones sofísticas y las habilidades necesarias para identificarlas y resolverlas.

Tipo: Apuntes

2021/2022

Subido el 26/09/2023

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SOBRE LAS REFUTACIONES SOFfSTICAS
1.
Razonamiento
y
refutación sofistica
Hablemos acerca de las refutaciones sofísticas
y
de
ira
las refutaciones aparentes, que son en realidad razona-
mientos desviados1
y
no refutaciones,
y
empecemos
con las que, por su naturaleza, son primeras.
Que unos razonamientos, pues, lo son realmente,
y
otros, aunque no lo son, lo parecen, es manifiesto. En
efecto, así como en otros casos sucede esto por causa
de alguna semejanza, así también pasa con los argu-
25
mentos. Pues también (entre los hombres) unos se ha-
llan en buen estado
y
otros lo aparentan, al modo como
las tribus hinchan
y
aprestan (las víctimas de los sacri-
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b
ficios),
y
unos son bellos a causa de su belleza, mien-
,o
tras que otros lo aparentan adornándose.
Lo
mismo
ocurre con las cosas inanimadas: en efecto, también
entre éstas unas son verdaderamente de plata o de oro,
mientras que otras no lo son pero lo parecen de acuerdo
con la sensación, v.g.: el litargirio
y
la casiterita pare-
cen plata,
y
las cosas de pátina amarillenta parecen oro.
2s
Del mismo modo, esto es un razonamiento
y
una refu-
tación, mientras que esto otro no lo es, pero lo parece
a causa de la inexperiencia: pues los inexpertos con-
templan las cosas como desde lejos.
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ParalogZsm6n.
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Mineral
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base de óxido de plomo.
SOBRE LAS
REFUTACIONES SOFISTICAS
ARISTOTELES
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SOBRE LAS

REFUTACIONES SOFISTICAS

ARISTOTELES

SOBRE LAS REFUTACIONES SOFfSTICAS

1. Razonamiento y refutación sofistica

Hablemos acerca de las refutaciones sofísticas y de ira

las refutaciones aparentes, que son en realidad razona-

mientos desviados1 y no refutaciones, y empecemos

con las que, por su naturaleza, son primeras. Que unos razonamientos, pues, lo son realmente, y otros, aunque no lo son, lo parecen, es manifiesto. En efecto, así como en otros casos sucede esto por causa de alguna semejanza, así también pasa con los argu- 25 mentos. Pues también (entre los hombres) unos se ha-

llan en buen estado y otros lo aparentan, al modo como

las tribus hinchan y aprestan (las víctimas de los sacri-

ficios), y unos son bellos a causa de su belleza, mien- ,o^164 b

tras que otros lo aparentan adornándose. Lo mismo

ocurre con las cosas inanimadas: en efecto, también entre éstas unas son verdaderamente de plata o de oro, mientras que otras no lo son pero lo parecen de acuerdo

con la sensación, v.g.: el litargirio y la casiterita pare-

cen plata, y las cosas de pátina amarillenta parecen oro. 2s

Del mismo modo, esto es un razonamiento y una refu-

tación, mientras que esto otro no lo es, pero lo parece a causa de la inexperiencia: pues los inexpertos con- templan las cosas como desde lejos.

1 ParalogZsm6n. 2 Mineral a base de óxido de plomo.

parecerlo. Y para comparar las cosas una a una, la

tarea del que sabe es, acerca de cada cuestión, evitar zs mentir él acerca de lo que sabe, y ser capaz de poner en evidencia al que miente. Esto consiste en ser capaz de dar argumentos y de recibirlos. Es necesario, pues, que los que quieran actuar como sofistas busquen el género de argumentos mencionados; en efecto, es de uti- lidad: pues tal capacidad le hará a uno parecer sabio, 30 que es la intención que vienen a tener aquéllos. Así, pues, que existe un género tal de argumentos y que es a esta capacidad a la que aspiran los que llarna- mos sofistas, es evidente. Pero digamos ya cuántas son las especies de argumentos sofísticos, de cuántos (ele- mentos) consta aquella capacidad, cuántas vienen a ser 35 las partes de este estudio, y las demás cosas que corn- pletan esta técnica.

  1. Los distintos tipos de argumentos

Hay cuatro géneros de argumentos en la discusión: didácticos, dialécticos, críticos4bis y eristicos. Son di- 1óSb dácticos los que prueban a partir de los principios peculiares de cada disciplina y no a partir de las opi- niones del que responde (pues es preciso que el disci- pulo se convenza); dialécticos los que prueban la con- tradicción5 a partir de cosas plausibles; críticos, los construidos a partir de cosas que resultan plausibles

para el que responde y que es necesario que sepa el que s

presume tener un conocimiento (de qué manera, em- pero, se ha precisado en otros (textos) 6 ) ; erísticos, los que, a partir de cosas que parecen plausibles, pero no lo son, prueban o parece que prueban. Así, pues, acerca

4 bis Peirastikoí, lit.: «tentativos~. 5 Ver n. 3. 6 Cf., Tóp. VI11 5.

312 TRATADOS DE LÓGICA (~RGANON)

de los (argumentos) demostrativos se ha hablado en los

Analíticos 7; acerca de los dialécticos y críticos, en otros

lo (textos) de los contenciosos y erísticos, hablemos

ahora.

3. Los cinco fines de la argumentación sofistica

Primeramente hay que tomar en consideración a

cuántos fines apuntan los que contienden y aspiran a

vencer (al otro). Estos fines son cinco: la refutación, la

falsedad bis, la paradoja, la incorrección y, el quinto, 1s hacer que el interlocutor parlotee vanamente (esto es, obligarle a decir muchas veces la misma cosa); o bien que cada una de estas cosas sea, no real, sino aparente. En efecto, (los sofistas) se proponen ante todo parecer

que refutan, en segundo lugar mostrar que se dice al-

guna falsedad, en tercero conducir a la paradoja, en 20 cuarto hacer hablar incorrectamente (esto es, hacer que el que responde cometa barbarismos en la expre- sión a partir del argumento); por último, hacer decir varias veces lo mismo.

4. Refutaciones en función de la expresión

Los modos de refutar, por su parte, son dos: unos,

en efecto, se dan en función de la expresión; otros, al

7 Las referencias a los Analíticos, tanto aquí como en los Tópicos, se han de considerar -dada la hoy indiscutida ante- rioridad cronológica de estos tratados dialécticos con respecto a la silogística de los Analíticos- como interpolaciones poste- riores debidas a la mano, bien de discípulos póstumos, editores o comentadores, bien del propio Aristóteles al revisar estas obras tras la redacción de los Analíticos. 8 Léase: «en los Tópicos». sbis Léase: «hacer incurrir al adversario en falsedadn. 9 Soloikisrnós (habitualmente trasliterado sin más: ~solecis- mo»). Es una expresión derivada de Sóloi, nombre de una colo- nia ateniense de Cilicia, en la que se hablaba un pésimo dia- lecto. (^5)

el que está enfermo haga o padezca algo no significa una Única cosa, sino, unas veces, que está enfermo o 5 sentado ahora, y, otras, que estaba enfermo antes. Sólo que sana el que está enfermo y mientras está enfermo; pero no está sano mientras está enfermo, sino el que estaba enfermo, no ahora, sino antes. En el campo de la ambigüedad, por otra parte, los

hay de este tipo: querer respecto a m i la captura de

los enemigos 13. Y ¿acaso aquello que uno conoce no es

lo que conoce? En efecto, tanto el conocedor como lo

conocido puede ser indicado como conocedor en este

enunciado. Y Lacaso aquello que uno ve no es lo que

l o ve? Ahora bien, ve la columna; luego la columna ve.

También: jacaso lo que tú dices que es no es lo que t ú

dices ser? Ahora bien, t ú dices que es una piedra; luego

tú dices ser una piedra. También: (acaso cabe hablar

lo silencioso? En efecto, que en cuanto a lo silencioso

se hable puede ser dos cosas: que el que habla sea

silencioso y que lo sean las cosas dichas por él. 1s Ahora bien, hay tres modos de (hablar) con homo- nimia y con ambigüedad: uno, cuando o bien el enun- ciado o bien el nombre significan con propiedad varias cosas, v.g.: águila 14 y can 15; otro, cuando estamos habi- tuados a tal o cual modo de decir 16; el tercero, cuando lo compuesto significa varias cosas, mientras que lo

separado significa algo de forma simple. V.g.: el cono-

cimiento de las letras; en efecto, cada una de estas

cosas, conocimiento y letras, si se da el caso, significan

20 algo único; en cambio, las dos juntas significan varias

13 La ambigüedad reside en que no está claro quién ha de capturar a quién. 14 Puede referirse al ave propiamente dicha o al frontón de un edificio (también puede ser un distintivo militar persa). 15 Puede referirse al perro viviente y a la constelación del Can. 16 ES decir, cuando se emplea un modismo. 7

cosas: o bien que las letras mismas tienen conocimien- to, o bien que otro tiene conocimiento de ellas.

Así, pues, la ambigüedad y la homonimia están en

función de estos modos. En función de la composición,

en cambio, cosas tales como: es posible que el que

está sentado camine y que uno que no escribe escriba 25

(pues no significa lo mismo que uno diga dividiendo O

diga componiendo que es posible que el que está sen-

tado camine; de la misma manera si uno establece por

composición que el que no escribe escriba: pues signi-

fica que tiene capacidad de escribir mientras no escribe; en cambio, si no compone, significa que, cuando no es-

cribe, tiene capacidad de escribir); también: que toma 30

ahora conocimiento de las letras, si es que realmente

toma conocimiento de lo que conoce. Además, que, sien-

do uno capaz de llevar una sola cosa, es capaz de llevar

muchas.

En función de la división: que cinco es dos y tres, y

(por tanto) es par e impar, y lo mayor es igual: pues es

igual de grande y algo más 17. En efecto, el mismo enun- 35 ciado, dividido o compuesto, no parece que signifique

siempre lo mismo, v.g.: yo te hice esclavo siendo libre 18,

y el divino Aquiles dejó cincuenta de cien hombres o cien

de cincuenta 19.

En función de la acentuación no es fácil construir 166b

un argumento en las discusiones no escritas, mientras

    • 17 En efecto, cinco es igual a dos y tres. Si se toma ese «y», no en sentido aditivo, sino separativo, cinco resultará ser, por un lado, igual que dos y, por otro, mayor que dos (pues también es igual a tres). 1s La «división» podría establecerse mediante una pausa (o una coma) antes y después de «esclavo siendon, con lo que la frase equivaldría a lo contrario de lo que parece decir sin comas: asiendo esclavo, te hice libren. 19 La frase griega, al utilizar el genitivo sin preposición en «hombres= y ser indeclinables los dos numerales, deja abierta la posibilidad de la disyunción dada en nuestro texto.

Así, pues, las refutaciones en función de la expresión 20 son de estos tipos. Por su parte, las especies de razo- namientos desviados, al margen de la expresión, son siete: primera, en función del accidente; segunda, de- cir de manera absoluta, o no absoluta sino bajo algún aspecto, o en algún sitio, o en alguna ocasión o respecto a algo; tercera, en función del desconocimiento de la refutación; cuarta, en función de la consecuencia; quin- 25 ta, asumir la proposición que al principio se ha pro- puesto probar; sexta, poner como causa lo que no es causa, y séptima, convertir varias preguntas en una.

5. Refutaciones al margen de la expresión

Los razonamientos desviados en función del acciden- te se dan, pues, cuando se estima que una cosa cual- quiera se da de manera semejante en el objeto y en su accidente. En efecto, como en una misma cosa se dan 30 accidentalmente muchas, no necesariamente todas ellas se han de dar en todos los predicados y en aquello

de lo que se predican. V.g.: si Córisco es distinto de u n

hombre, es distinto de si mismo: pues es hombre. 0 , si

es distinto de Sócrates, y Sócrates es hombre, dicen que

queda así convenido que es distinto de un hombre, por coincidir que, aquel del que se dijo que era distinto, 35

es un hombre.

Los (razonamientos desviados) en función de que tal cosa se diga de manera absoluta o bajo algún aspecto, y no propiamente, (se dan) cuando lo que se enuncia 167a como particular se toma como dicho de manera abso-

luta, v.g.: si lo que no es es opinable, (inferir) que lo

que no es es: pues no es lo mismo ser algo que ser sin

más. O, aún, que lo que es no es tal si no es alguna

de las cosas que son, v.g.: si no es hombre; pues no es

lo mismo no ser algo que no ser sin más. Ahora bien, parecen ser lo mismo por la proximidad de la expre-

318 TRATADOS DE LÓGICA (ÓRGANON)

5 sión, y por diferir muy poco el ser algo del ser, y el no ser algo, del no ser. De manera semejante también en

lo tocante al bajo algún aspecto y al simplemente, v.g.:

el indio, que es completamente negro, es blanco de dien-

tes: luego es blanco y no blanco. 0 , si ambas cosas se

dan bajo algún aspecto, (inferir) que los contrarios se lo dan simultáneamente. Pero esto, en algunos casos, es fácil para todos constatarlo, v.g.: si, habiendo aceptado que el etíope es negro, se preguntara si es blanco de dientes; si, pues, es blanco en este aspecto, se podría

creer que la discusión ha establecido que es negro y no

negro, concluyendo la pregunta a modo de razonamien- to. En algunos otros casos, en cambio, pasa frecuente- mente desapercibida (la falsedad de la refutación), a saber, en todos aquellos casos en que, aun diciéndose 15 la cosa sólo en un aspecto, parece que se sigue (la enunciación) de forma absoluta, y en todos aquellos en que no es fácil constatar cuál de aquellos (atri- butos) se ha de aplicar con propiedad. Esto acaece en aquellas cosas en que se dan por igual los opuestos: pues parece que, o bien se ha de conceder que es posi- ble predicarlos ambos, o bien que no es posible pre- dicar ninguno; v.g.: si la mitad es blanca y la mitad 20 negra, la cosa ¿es blanca o negra? Otras (falsas refutaciones se dan) en función de que no se precisa qué es un razonamiento o una refutación, sino que se producen en función de que se deja algo fuera del enunciado; en efecto, una refutación es una contradicción de una única y misma cosa, no de un nombre, sino de un objeto, y no de un nombre sinó- nimo, sino del nombre mismo en cuestión, a partir de 25 las cosas concedidas, y de forma necesaria (no contando para ello con lo del principio), en sí y respecto a lo mismo, del mismo modo y al mismo tiempo. De igual modo (se ha de precisar también qué es) decir una fal- sedad acerca de algo. Algunos, en cambio, descuidando 11

320 TRATADOS DE L ~ G I C A(~RGANON)

bién en los argumentos por razonamiento, v.g.: el enun- ciado de Meliso de que el universo es ilimitado, to- mando, por un lado, que es ingenerado (pues de lo que 1s no es no se genera nada), y, por otro lado, que lo que se genera lo hace a partir de un principio; si, pues, no se ha engendrado, el universo no tiene principio, de modo que será ilimitado 24. Pero no necesariamente ha

de ocurrir esto: pues, si todo lo engendrado tiene un

principio, eso no quiere decir que, si algo tiene prin- cipio, haya sido engendrado, como tampoco, si el que 20 tiene fiebre está caliente, es necesario que el que está caliente tenga fiebre. El (razonamiento desviado) en función de tomar como causa lo que no es causa (se da) cuando se toma además lo no causal como si la refutación se produjera en función de ello. Ocurre tal cosa en los razonamien- tos (por reducción) a lo imposible; en éstos, en efecto, 2s es necesario eliminar alguna de las cosas establecidas. Si, pues, se toma en cuenta (lo no causal) entre las preguntas necesarias para que sobrevenga como con- clusión lo imposible, parecerá frecuentemente que la re- futación se produce en función de esto, v.g.: que el

alma y la vida no son 10 mismo. En efecto, si la gene-

ración es lo contrario de la destrucción, también la generación concreta será lo contrario de la destrucción concreta; ahora bien, la muerte es una destrucción concreta y también lo contrario de la vida: luego la vida es una generación y vivir es generarse; pero esto

es imposible: por tanto no es lo mismo el alma y la

30 vida. Claro que esto no se ha probado por razonamien- to: pues, aunque nadie diga que es lo mismo la vida que el alma, sobreviene lo imposible, por más que sólo (se diga que) la vida es lo contrario de la muerte, que es una destrucción, y que la generación es lo contrario

24 En sentido temporal. 13

REFUTACIONES SOFÍSTICAS 32 1

de la destrucción. Así, pues, tales argumentos no son inconcluyentes para probar sin más, pero sí lo son res-

pecto a lo establecido previamente. Y tal cosa pasa 35

muchas veces desapercibida, incluso a los mismos que preguntan. Así, pues, los argumentos en función de lo que se si- gue y en función de aquello que no es causa, son tales; en cambio, (los argumentos) en £unción de convertir dos preguntas en una se dan cuando pasa desapercibido

que son varias cosas y se da una única respuesta como

si fuera para una única cuestión. Así, pues, en algunas 168a cosas es fácil ver que son varias y que no hay que dar una única respuesta, v.g.: ¿la tierra es mar o lo es el cielo? En algunos casos, empero, es menos fácil y, como si se tratara de una única cuestión, o bien se muestra uno de acuerdo al no responder a lo que se pregunta, o bien se da la impresión de haber quedado refutado. 5 V.g.: ¿es un hombre este individuo y este otro? (-Si. -) Luego, si alguien azota a éste y a este otro, azotará al hombre y no a los hombres. O aún, las cosas entre las que unas son buenas y otras no, ¿son todas buenas o no? En efecto, diga uno lo que diga, se puede dar la impresión de que incurre en una aparente refutación o en una aparente falsedad: pues decir que alguna de lo las cosas que no son buenas es buena, o que alguna de las buenas no es buena, es falso. A veces, sin embargo, tomando algunas cosas más, surge una refutación ver- dadera, v.g.: si alguien concede que, tanto una sola como muchas cosas, se pueden llamar blancas, desnu- das y ciegas. En efecto, si es ciego lo que no tiene vista, pese a estar naturalmente dotado para tenerla, serán también ciegas las cosas que no tienen vista, pese a estar naturalmente dotadas para tenerla. Así, pues, 1s cuando una cosa tiene vista y otra no la tiene, serán ambas videntes o ciegas: lo cual es imposible.

REFUTACIONES SOFÍSTICAS

el porqué, le haría falta aun una pregunta sobre si sig- nifican lo mismo.

Por su parte, las (refutaciones aparentes) en fun-

ción del accidente se ponen de manifiesto al definir el razonamiento. En efecto, de la refutación hay que dar la misma definición, salvo que hay que agregar la con- 35 tradicción 28: pues la refutación (de algo) es el razona- miento probatorio de su contradicción. Si, pues, no hay razonamiento del accidente, no se produce refutación. En efecto, si, existiendo tales cosas, es necesario que

exista ésta, y ésta es blanca, no será necesariamente 40

blanca por el razonamiento. Y, si el triángulo tiene 168b

sus ángulos equivalentes a dos rectos, y se da acciden- talmente en él ser una figura, o una cosa primordial, o un principio, no será aquello 29 por ser figura, cosa primordial o principio: pues la demostración no es en cuanto figura ni en cuanto cosa primordial, sino en cuanto triángulo. De manera semejante también en los demás casos. De modo que, si la refutación es un razo- namiento, la refutación por accidente no lo será. Pero, 5 en función de esto, también los expertos en una técni-

ca y, en general, los entendidos son refutados por los

no entendidos: pues construyen accidentalmente razo- namientos contra los que saben; mientras que estos últimos, si no pueden hacer una distinción, o bien con- ceden al ser preguntados, o bien, sin conceder, creen lo que han concedido. Las (refutaciones aparentes) en función de un as- pecto, o sin más, lo son en cuanto que la afirmación

y la negación no versan sobre la misma cosa. En

efecto, la negación de lo blanco en algún aspecto es lo no blanco en algún aspecto, y, de lo blanco sin más, es lo no blanco sin más. Si, pues, habiéndose concedido

28 A saber, la contradicción de la proposición a refutar. 29 ES decir, equivalente a dos rectos.

que es blanco en algún aspecto, se toma como dicho 1s sin más, no se hace refutación, aunque lo parece por el desconocimiento de qué es una refutación. Pero los casos más manifiestos de todos son los an- teriormente mencionados, en función de la deterrnina- ción de la refutación: por eso se los ha denominado

así 30; en efecto, la (falsa) apariencia se produce en fun-

ción de un defecto del enunciado y, si dividimos así 20 (las falsas refutaciones), hay que poner como común a todas ellas el defecto del enunciado. Las (refutaciones aparentes) en función de tomar lo del principio y de sostener como causa lo no causal, son evidentes a través de la definición. En efecto, es

preciso que la conclusión se desprenda por darse es-

tas cosas 31, lo cual no sería posible en lo no causal; y

25 aún, no contando para ello con lo del principio 32, lo

que no cumplen las (refutaciones que se dan) en fun- ción de la postulación de lo del principio. Las (que se dan) en función del consecuente son una parte de las del accidente: pues el consecuente es algo que sobreviene accidentalmente. Pero difiere del accidente en que el accidente sólo es posible tomarlo 30 sobre una cosa, v.g.: que es lo mismo lo amarillento

y la miel, y lo blanco y el cisne; en cambio, el conse-

cuente (se da) siempre en varias cosas; en efecto, las cosas que son idénticas a una misma tercera cosa es- timamos que son idénticas también entre sí: por eso surge una refutación en función del consecuente. Pero esto no siempre es verdad, v.g.: si es por accidente; en efecto, tanto la nieve como el cisne son idénticos a lo

35 blanco. O aún, como en la frase de Meliso, que sostiene

30 A saber, «desconocimiento de la refutación)) propiamente dicho. 31 Es decir, en virtud de las proposiciones previas (o pre- misas). Cita textual de Anal. pr. 1 1, 24b18. 32 Cita textual del cap. 5, 167a25-26. 17

rece, será una refutación aparente. De modo que todos los lugares caen en el desconocimiento de la refutación: unos, pues, en función de la expresión, en cuanto que 20 la contradicción, que es lo propio de la refutación, es (sólo) aparente, y otros en función de la definición del razonamiento.

7. Causas de los razonamientos desviados (paualo-

gismos)

El error se origina, en unos casos, en función de la homonimia y el enunciado 34, al no ser uno capaz de distinguir lo que se dice de muchas maneras (en efec- to, algunas cosas no es fácil dividirlas, v.g.: lo uno, lo

25 que es y lo idéntico); en otros casos, en función de la

composición y la división, al creer que no hay ninguna diferencia entre que el enunciado esté compuesto y que esté dividido, tal como (ocurre) en la mayoría de los casos. De manera semejante también en las (refu- taciones) en función de la acentuación: pues parece que el enunciado con entonación grave no significa nada distinto de con entonación aguda, bien en ningún caso, 30 bien sólo raramente. En las refutaciones en función de la forma, el error se origina por la semejanza de la expresión. En efecto, es dificil distinguir qué tipo de cosas se dicen de la misma manera y cuáles de manera distinta (pues, en la práctica, el que es capaz de hacer esto está muy cerca de ver lo que es verdad y es el que en mayor medida sabe aceptarla); por cuan- to todo lo que se predica de una cosa suponemos que

35 es un esto y lo escuchamos como un uno; en efecto,

a lo uno y a la entidad es a lo que parece acompañar

en mayor medida el esto y lo que es. Por ello hay que

34 Ver n. 26. 35 En la mayoría de los casos es así: la minoría restante es la que da pie a los sofismas correspondientes. (^) 19

REFUTACIONES SOFÍSTICAS 327

colocar también este modo entre los (que se dan) en función de la expresión; primero, porque el error se produce más cuando investigamos la cosa con otros que cuando lo hacemos para nosotros mismos (pues la investigación con otros (se hace) mediante enunciados, 40 mientras que para uno mismo se hace poco menos que a través del objeto mismo); después, porque tarn- 169b bién para uno mismo cabe equivocarse, cuando la in- vestigación se hace sobre el enunciado; además, el error (procede) de la semejanza, y la semejanza, de la expre-

sión. En el caso de las (refutaciones aparentes) en fun-

ción del accidente, (el error se produce) por no poder discernir lo idéntico y lo distinto, lo uno y lo múltiple, ni a cuáles predicados les sobrevienen todas las mismas cosas que al objeto. De manera semejante también en 5 las (refutaciones) en función del consecuente: pues el consecuente es una parte del accidente. Además, en mu-

chos casos también aparece, y se estima así, que si tal

cosa no se separa de tal otra, tampoco esta otra se separa de aquélla. En las (refutaciones) en función 10

del defecto del enunciado, de en un aspecto y de sin

más, el error estriba en la pequeña separación (entre

lo uno y lo otro): pues damos nuestro acuerdo 36 a lo universal como si no añadieran ningún significado ni

el algo 37, ni el en un aspecto, ni el cómo, ni el ahora.

De manera semejante en el caso de los que toman lo del principio, y de los no causales y de cuantos con- vierten varias preguntas en una; en efecto, en todos 15 el engaño (se produce) por la pequeña separación: pues no distinguimos exactamente, por la causa mencionada,

ni la definición de proposición ni la de razonamiento.

36 Erróneamente. 37 ES decir, la cuantificación particular.