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Regimen demografico, Apuntes de Historia Europea

Asignatura: Historia de Europa Moderna I, Profesor: Juan José Iglesias Rodríguez, Carrera: Historia, Universidad: US

Tipo: Apuntes

2016/2017

Subido el 11/01/2017

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Tema 3. Régimen Demográfico y Vida Familiar
La población del Mundo
Sobre el volumen demográfico de los tiempos modernos los conocimientos son más
imperfectos. Grave ignorancia, si consideramos que el aumento o disminución de la
población influye en el incremento de la producción y de los intercambios de los
cultivos, de las manufacturas, de los núcleos rurales y urbanos. Un aumento del
número de habitantes puede rebasar las posibilidades alimenticias de la sociedad,
generar la crisis y deteriorar el nivel de vida.
En relación con Occidente, ha señalado un lento crecimiento de la población desde 1100
hasta 1350, otro desde 1450 hasta 1650 y un tercero a partir de 1750, sin que éste último
fuera acompañado de regresión. Los reflujos serían brutales entre 1350 y 1450 y más
tenues entre 1650 y 1750.
Fuera de Europa, China y la India progresaron y retrocedieron a un mismo tiempo que
Occidente.
Nadie conoce la población total del mundo entre los siglos XVI y XVIII. Nada o casi
nada se sabe de la India. Parece ser que Asia podía dar abrigo a 200 o 300 millones de
personas y que China habría pasado de 60 a 100 millones de habitantes a lo largo del
siglo XVI. Para Oceanía resultan, según los diversos cálculos, dos millones de
habitantes. Así la población del continente africano sigue siendo un enigma, aunque
se le atribuyen entre 60 y 80 millones de pobladores, que el efecto de la trata de
esclavos y el contacto de las enfermedades debieron rebajar.
Aventuremos que América, inmediatamente después de la conquista, albergaría de 10 a
15 millones de seres, reducidos hasta 8 millones en el siglo XVII. A partir del siglo
XVIII habría crecimiento. A esta hipótesis se opone la de la llamada “Escuela de
Berkeley”, de 80 a 100 millones para la totalidad de América hacia el 1500.
Italia aparece como un territorio privilegiado. A partir del siglo XV dispone de censos,
primero realizado por los Estados y luego por la Iglesia, en su mayor parte conservados.
A ellos se añaden los catastros florentinos, napolitanos y sicilianos, algunos de los
cuales datan de inicios del siglo XV.
Señalemos también los “libros de los muertos” en el norte italiano, donde consta la
identificación, la edad, el domicilio y la causa de la muerte.
Ya en el campo de los registros eclesiásticos, cabe destacar los parroquiales y los
registros de almas, incluso durante el siglo XIV se conservan libros de bautismo y de
modo regular desde 1500.
En otros países europeos, el estado de la documentación demográfica no es tan correcto,
Francia no dispone de ningún censo del siglo XVI, ni tampoco de series de origen
fiscal. Los “registros de almas” son extraordinariamente inusuales. En cuanto a los
registros parroquiales, los obispos de la Alta Bretaña, de Nantes, de Rennes
Historia de la Edad Moderna
Diego Limones Bernabé
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Tema 3. Régimen Demográfico y Vida Familiar

La población del Mundo

Sobre el volumen demográfico de los tiempos modernos los conocimientos son más imperfectos. Grave ignorancia, si consideramos que el aumento o disminución de la población influye en el incremento de la producción y de los intercambios de los cultivos, de las manufacturas, de los núcleos rurales y urbanos. Un aumento del número de habitantes puede rebasar las posibilidades alimenticias de la sociedad, generar la crisis y deteriorar el nivel de vida.

En relación con Occidente, ha señalado un lento crecimiento de la población desde 1100 hasta 1350, otro desde 1450 hasta 1650 y un tercero a partir de 1750, sin que éste último fuera acompañado de regresión. Los reflujos serían brutales entre 1350 y 1450 y más tenues entre 1650 y 1750.

Fuera de Europa, China y la India progresaron y retrocedieron a un mismo tiempo que Occidente.

Nadie conoce la población total del mundo entre los siglos XVI y XVIII. Nada o casi nada se sabe de la India. Parece ser que Asia podía dar abrigo a 200 o 300 millones de personas y que China habría pasado de 60 a 100 millones de habitantes a lo largo del siglo XVI. Para Oceanía resultan, según los diversos cálculos, dos millones de habitantes. Así la población del continente africano sigue siendo un enigma , aunque se le atribuyen entre 60 y 80 millones de pobladores, que el efecto de la trata de esclavos y el contacto de las enfermedades debieron rebajar.

Aventuremos que América, inmediatamente después de la conquista, albergaría de 10 a 15 millones de seres, reducidos hasta 8 millones en el siglo XVII. A partir del siglo XVIII habría crecimiento. A esta hipótesis se opone la de la llamada “Escuela de Berkeley”, de 80 a 100 millones para la totalidad de América hacia el 1500.

Italia aparece como un territorio privilegiado. A partir del siglo XV dispone de censos, primero realizado por los Estados y luego por la Iglesia, en su mayor parte conservados. A ellos se añaden los catastros florentinos, napolitanos y sicilianos, algunos de los cuales datan de inicios del siglo XV.

Señalemos también los “libros de los muertos” en el norte italiano, donde consta la identificación, la edad, el domicilio y la causa de la muerte.

Ya en el campo de los registros eclesiásticos, cabe destacar los parroquiales y los registros de almas , incluso durante el siglo XIV se conservan libros de bautismo y de modo regular desde 1500.

En otros países europeos, el estado de la documentación demográfica no es tan correcto, Francia no dispone de ningún censo del siglo XVI, ni tampoco de series de origen fiscal. Los “registros de almas” son extraordinariamente inusuales. En cuanto a los registros parroquiales, los obispos de la Alta Bretaña, de Nantes, de Rennes

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prescribieron la obligatoriedad de anotar las actas de bautismo durante la primera mitad del siglo XV, pero no existían inscripciones de defunciones y matrimonios. En el sur, la mayoría de los registros son posteriores a 1670.

En la mayoría de las ocasiones se dispone solo de registros de bautismos, ya que los matrimonios y los entierros fueron anotados más tardíamente.

En Inglaterra, dejando de lado algunas tempranas iniciativas por parte de los obispos, el primer texto legislativo relacionado con el registro civil data de 1538. La ordenanza del 5 de septiembre impuso en cada parroquia el registro exhaustivo de bautismos, matrimonios y entierros. En 1597 era ordenada la redacción de un doble registro y una copia es depositada en la cancillería de la diócesis. También que los pequeños muertos entre nacimientos y bautismo no fueran inscritos. La presencia de disidentes, católicos, puritanos y cuáqueros, con sus datos demográficos no anotados en los registros oficiales.

Resulta sabido que en España la obligatoriedad de los libros de bautismo ya había sido establecida por el sínodo de Talavera, convocado por el cardenal Cisneros en 1498. Los efectos quedaban limitados a la demarcación de la sede de Toledo. El ejemplo totalmente opuesto al de Italia es el de Polonia. Ningún censo general, fuentes fiscales poco fiables, ningún registro anterior a las dos últimas décadas del siglo XVI y además raramente conservados. En este territorio no resulta difícil sólo el estudio de las estructuras demográficas, sino incluso de la evolución de la población. En los restantes países europeos la situación oscila entre la de Italia y la de Polonia.

La recuperación de la población europea en el siglo XVI, tras el estancamiento de la última etapa de la Edad Media. La población, muy afectada por la “ peste negra ” (1348) y sus rebrotes periódicos , por las carestías y por los movimientos migratorios , fue encontrado paulatinamente su dinamismo durante la última etapa del siglo XV y la primera mitad del siglo XVI. A pesar de la insuficiencia de datos, parece argumentable la existencia de un crecimiento natural favorable. Este vendría explicado por el puntual retroceso de la mortalidad catastrófica, por la roturación y puesta en cultivo de nuevas tierras, con el consiguiente espaciamiento de la crisis de subsistencia y por una mayor seguridad de la vida cotidiana.

Resultan conocidos fenómenos de ocupación de los antiguos hábitats que habían quedado desocupados después de la epidemia vieron largamente compensados por el crecimiento de las aldeas no abandonadas y de las ciudades repobladas. A finales del siglo XV se anuncia el avance demográfico característico del siglo XVI.

En Inglaterra existe un consenso respecto al hecho que durante la segunda mitad del siglo XV, apenas se produjo la recuperación del declive. El periodo de crecimiento más importante fue 1540-1640 y a partir de entonces disminuyó la tasa de crecimiento natural.

Francia dispone de muy pocos estudios del siglo XVI en el ámbito que nos ocupa. Tras una terrible epidemia en 1437. En 1440 la peste se hizo menos violenta y más localizada. Seguramente a causa de una mejor actuación de los municipios y a las

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Francia cuenta con Ruán y Lyon. Colonia será la mayor ciudad de la Renania, con 30.000. Praga 20.000, o la metrópolis económica de Sevilla con 30.000 en 1534. Todo el siglo contempla un rápido crecimiento de la población urbana. Por aquel entonces, la población europea oscilaba entre los 60 y los 80 millones de habitantes. Las ciudades más importantes con una población superior a 100.000 en 1600, eran Amberes, Ámsterdam, Lisboa, Londres, Mesina, Milán, Palermo, Roma, Sevilla y Venecia. Solo Nápoles y París superaban los 200.000 habitantes.

Las estructuras demográficas

En relación con las estructuras demográficas, no son demasiado divergentes de las del siglo XVIII. Se caracterizan por una elevada nupcialidad , el celibato es raro, por una fuerte tasa de natalidad oscilando entre el 40 y el 50 por mil, por un alto índice de fecundidad legítima , por una fuerte mortalidad infantil y juvenil y por una esperanza de vida media poco elevada. La única diferencia substancial viene determinada por la edad de acceso al matrimonio, que parece ser más precoz que en el siglo XVIII y puede conllevar, pues, la ampliación del periodo fértil y del número de hijos por pareja.

El contraste entre un siglo XVI demográficamente expansivo y un siglo XVII de estancamiento. Durante toda esta época la población europea creció de forma moderada. A finales del siglo XV era mucho el terreno perdido a recuperar. El impacto de las epidemias había sido impresionante, tanto en el siglo XIV como en el siglo XV. En el siglo XVI había espacio para una población numerosa, ya que eran disponibles nuevas tierras y se podían obtener más alimentos.

Con todo el crecimiento demográfico de los siglos XVI y XVII fue vacilante e irregular. Los límites del desarrollo de la población estaban fijados por la disponibilidad de tierra cultivable y el nivel de la productividad agrícola. Tres cuartas partes de la población tenían que dedicarse a la producción de alimentos.

Algunos otros determinantes de la tasa de crecimiento serían las enfermedades o el clima.

En los años cincuenta, Meuvret insistió en el papel del hambre , la guerra y la enfermedad , y clarificó la idea de la crisis demográfica de tipo antiguo. Durante los siglos XVI y XVII los tres factores por separado o en acción combinada podrían duplicar la tasa de mortalidad en una zona. Mientras la mortalidad normal podía hacer desaparecer un 3 por ciento de la población, la crisis podía llegar a aniquilar al 6 o 0 por ciento de la misma en áreas amplias y localmente el 30 o 40 por ciento.

Las actividades militares eran factores de primera magnitud en el desencadenamiento de la crisis. Ejércitos de disciplina relajada constituían la mejor forma de contraer una enfermedad y difundirla. Además, privaban de alimentos a la población civil.

En relación con el impacto de la guerra entre 1450 y 1560, Europa no conoció ningún conflicto comparable al de la guerra de los Cien Años y a lo que sería la guerra de los

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Treinta Años. Es cierto que el norte italiano escenario habitual de la contienda las sufrió.

Las crisis de subsistencias , en la Europa occidental, eran debidas a una primavera y un verano nefastos para el ciclo agrícola, que originaban una cosecha deficitaria y un alza del precio del grano.

Las epidemias de enfermedades infecciosas se producían al azar. Pocas epidemias alcanzaron una difusión a escala continental, excepto la peste negra, la peste bubónica. Causaba la muerte del 60 al 80 por ciento de los afectados, la mayoría de las veces en la primera semana y casi siempre antes de la cuarta. Bajo la forma pulmonar, la muerte se producía en un cien por cien de los casos a los dos o tres días de manifestarse los síntomas. En el último tercio del siglo XVI las reincidencias de la peste fue mayor, en el periodo señalado pueden contarse hasta cuatro grandes brotes de peste bubónica: 1563-1566, 1575-1578, 1589-1590 y 1597-1601.

Durante la primera etapa mencionada Londres perdió una tercera parte de la población con una cifra de 43.000 muertos. Hamburgo una cuarta parte e incluso la parte norte española sufrió un terrible envite.

La actuación pestilente de la segunda etapa fue ante todo mediterránea. Comenzó en Mesina con 40.000 muertos, de donde pasó a la península italiana, arrasando el norte con 17.000 muertes en Milán, 47.000 en Venecia, 28.000 en Génova. En Francia sufre un duro ataque sobre Lyon y Marsella.

En la tercera etapa la peste asoló el litoral mediterráneo, en Valencia, Baleares, Cataluña. Barcelona pierde 11.000 habitantes, una cuarta parte del total.

En la última etapa irradiaría hacia Galicia, Portugal y el País Vasco. Así, en 1599 la meseta castellana fue diezmada, así como Extremadura y el valle del Guadalquivir. Aún en 1603 la enfermedad cobró sus últimos muertos en Londres. España resultó, sin duda, el país más afectado por este ataque de la peste y se establecen entre 500.000 y 600. las pérdidas humanas.

Se puede afirmar que la mortalidad infantil se situaba en torno a 150 y 250 por mil nacimientos. Uno de cada cinco niños no llegaba al primer año de vida. Y un niño de cada dos no conseguía pasar de diez años. La muerte era cuestión que dependía de la voluntad divina, en palabras de Flinn.

Determinantes o factores de la fertilidad son el matrimonio y la proporción de mujeres en edad reproductiva que se casaban. Media oscilante entre los 24,5 años y los 26, años.

Características básicas del comportamiento de la mortalidad son la baja esperanza de vida, la elevada mortalidad infantil y la alta incidencia endémica y epidémica de las enfermedades infecciosas. En los primeros siglos de la Edad Moderna el hambre fue una causa importante de muerte.

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Además tuvo importantes consecuencias demografías: Serví apara superar las presiones de la población sobre los recursos y ponía en disposición mano de obra. Sin las migraciones, hambre, enfermedad y guerra habrían recortado todavía más el crecimiento. Además marchaban adultos, jóvenes, en plena edad reproductiva, y la población abandonada sufrió desequilibrios de sexo.

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