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Relaciones internacionales, Apuntes de Ciencia Política

Asignatura: Ciencia Politica y Relaciones Internacionales, Profesor: Mercedes Chivelet, Carrera: Periodismo, Universidad: UCM

Tipo: Apuntes

2013/2014

Subido el 08/04/2014

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Marco Antonio Glez Pousada 1ºC
RELACIONES INTERNACIONALES
1ª Práctica:
De la lectura del primer tema "Concepto y método de las Ralaciones Internacionales" del libro mencionado
estableces la distinción entre micro y macrointerncionalidad y la relación que existe entre esto y la
periodificación en relaciones internacionales.
En el estudio de las Relaciones Internacionales es necesario distinguir dos niveles de análisis
diferentes: macrointercionalidad y microintercionalidad.
La macrointercionalidad está referida a cuestiones relativas a la sociedad en su conjunto, sus
estructuras e instituciones, sus diversas categorías de actores y las formas más significativas de
relación.
Por contra, los estudios microinternacionales tienen un marco de referencia constituído por el
análisis de los diversos miembros, o categoría de ellos, que participan en la sociedad internacional.
Incluye la organización interna, los procesos de decisión y las formas de actuación o relación de
algún actor internacional o de un reducido número de ellos.
Debemos mantener metodológica y conceptualmente la diferencia entre ambas categorías, ya que
las descripciones y explicaciones que las Relaciones Internacionales realizan de los fenómenos
macrointernacionales no son aplicables al ámbito de la microinternacionalidad y viceversa.
Observemos que en la medida en que aceptemos como actores de la sociedad internacional a grupos
de carácter no estatal, la microinternacionalidad abordará en sus estudios la existencia,
configuración y comportamiento internacional de tales grupos. La conclusión resulta obvia, sólo en
la medida en que excluyésemos a tales actores no estatales y considerásemos a las organizaciones
intergubernamentales como simples instrumentos de sus miembros estatales, el plano de la
microinternacionalidad se identificaría con el de la política exterior y el de la
macrointernacionalidad con el de la política internacional. Pero como apuntábamos con
anterioridad, tales supuestos teóricos son tan restrictivos que en la actualidad ya no los sustentan ni
tan siquiera los doctrinarios del realismo político.
Análogamente, la teoría de sistemas se orienta claramente al análisis macrointernacional, pero ello
no nos permite reducirlo o identificarlo con un determinado tipo de sistema internacional (político,
económico, etc.), sino que debemos estudiarlo a partir de un modelo de sistema complejo, o si se
prefiere multiestructural, en el que algunos de sus subsistemas desempeñan una diversidad de
funciones económicas, culturales, políticas, jurídicas, etc.
Como podemos apreciar con ambos ejemplos, la distinción de los niveles analíticos de la realidad
internacional que analicemos en cada momento constituye un requerimiento metodológico básico y
previo a la determinación de la propuesta teórica que resultará más adecuada para interpretar dicha
realidad.
Junto a la cuestión de los niveles de análisis de las Relaciones Internacionales, se impone suscitar
otra problemática que tradicionalmente ha sido ignorada por los autores de esta ciencia. Se trata del
papel que la dimensión temporal desempeña en el contexto metodológico de las Relaciones
Internacionales.
Es interesante constatar que en ninguna de las obras consideradas clásicas en las Relaciones
Internacionales, se haga una referencia específica a la necesidad de realizar una división temporal,
una periodificación de los procesos y fenómenos internacionales, como un elemento metodológico
imprescindible para dar rigor a los estudios realizados.
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Marco Antonio Glez Pousada 1ºC

RELACIONES INTERNACIONALES

1ª Práctica: De la lectura del primer tema "Concepto y método de las Ralaciones Internacionales" del libro mencionado

estableces la distinción entre micro y macrointerncionalidad y la relación que existe entre esto y la periodificación en relaciones internacionales.

En el estudio de las Relaciones Internacionales es necesario distinguir dos niveles de análisis diferentes: macrointercionalidad y microintercionalidad. La macrointercionalidad está referida a cuestiones relativas a la sociedad en su conjunto, sus estructuras e instituciones, sus diversas categorías de actores y las formas más significativas de relación. Por contra, los estudios microinternacionales tienen un marco de referencia constituído por el análisis de los diversos miembros, o categoría de ellos, que participan en la sociedad internacional. Incluye la organización interna, los procesos de decisión y las formas de actuación o relación de algún actor internacional o de un reducido número de ellos.

Debemos mantener metodológica y conceptualmente la diferencia entre ambas categorías, ya que las descripciones y explicaciones que las Relaciones Internacionales realizan de los fenómenos macrointernacionales no son aplicables al ámbito de la microinternacionalidad y viceversa.

Observemos que en la medida en que aceptemos como actores de la sociedad internacional a grupos de carácter no estatal, la microinternacionalidad abordará en sus estudios la existencia, configuración y comportamiento internacional de tales grupos. La conclusión resulta obvia, sólo en la medida en que excluyésemos a tales actores no estatales y considerásemos a las organizaciones intergubernamentales como simples instrumentos de sus miembros estatales, el plano de la microinternacionalidad se identificaría con el de la política exterior y el de la macrointernacionalidad con el de la política internacional. Pero como apuntábamos con anterioridad, tales supuestos teóricos son tan restrictivos que en la actualidad ya no los sustentan ni tan siquiera los doctrinarios del realismo político.

Análogamente, la teoría de sistemas se orienta claramente al análisis macrointernacional, pero ello no nos permite reducirlo o identificarlo con un determinado tipo de sistema internacional (político, económico, etc.), sino que debemos estudiarlo a partir de un modelo de sistema complejo, o si se prefiere multiestructural, en el que algunos de sus subsistemas desempeñan una diversidad de funciones económicas, culturales, políticas, jurídicas, etc. Como podemos apreciar con ambos ejemplos, la distinción de los niveles analíticos de la realidad internacional que analicemos en cada momento constituye un requerimiento metodológico básico y previo a la determinación de la propuesta teórica que resultará más adecuada para interpretar dicha realidad.

Junto a la cuestión de los niveles de análisis de las Relaciones Internacionales, se impone suscitar otra problemática que tradicionalmente ha sido ignorada por los autores de esta ciencia. Se trata del papel que la dimensión temporal desempeña en el contexto metodológico de las Relaciones Internacionales. Es interesante constatar que en ninguna de las obras consideradas clásicas en las Relaciones Internacionales, se haga una referencia específica a la necesidad de realizar una división temporal, una periodificación de los procesos y fenómenos internacionales, como un elemento metodológico imprescindible para dar rigor a los estudios realizados.

Sin embargo, resulta evidente que la consideración del factor tiempo como una de las coordenadas esenciales, junto con el factor espacio, en las que se incardinan las relaciones internacionales conduce, inexorablemente, a la necesidad de establecer unos criterios de periodificación que guíen la labor teórica. Desde luego la complejidad del objeto material de esta disciplina introduce ciertas dificultades para lograr unos criterios de periodificación adecuados. En efecto, mientras la política exterior de una potencia mundial puede cambiar en períodos temporales relativamente breves, como lo demuestran los cambios que se produjeron en la Unión Soviética y los países de Europa Central entre 1985 y 1991, otros fenómenos internacionales exigen plazos muy amplios para que se puedan apreciar alteraciones sustanciales en su evolución, como sucede, por ejemplo, con las tendencias demográficas mundiales. En consecuencia, los criterios de periodificación que deben establecerse tendrán que respetar los dos niveles de análisis que hemos indicado y, simultáneamente, deberán señalar unos plazos temporales suficientemente precisos para que nos permitan asignar los diversos fenómenos internacionales a una u otra de las categorías periódicas establecidas. En el ámbito de la microinternacionalidad la periodificación seguirá una combinación de dos criterios: la configuración estructural interna de los actores internacionales y la unidad de acción desarrollada por estos. Básicamente debemos distinguir tres períodos: el corto, el medio y el largo plazo. El corto plazo comprende una fase temporal generalmente breve, pero durante la cual uno o varios actores internacionales son capaces de formular y ejecutar una determinada línea de acción en el contexto internacional. Se puede estimar razonable, dentro del corto plazo, un período que oscile entre 1 y 5 años. Durante este período los principales factores y estructuras internas de los actores internacionales estudiados experimentarán cambios secundarios, al tiempo que el orden básico imperante en la sociedad internacional permanecerá inalterado, ello nos permite metodológicamente considerar que el entorno en el que se desarrollan las actuaciones internacionales de los actores analizados es constante. Este último supuesto teórico se aproxima, aunque no se identifica totalmente, con la condición «caeteris paribus» adoptada por la teoría económica. Algo que también resultaría aplicable en nuestra disciplina. Por medio plazo debe estimarse una etapa un poco más amplia, entre 5 y 10 años, durante la cual las diversas estructuras y factores endógenos de los actores internacionales experimentarán cambios significativos que afectarán a su influencia o capacidad de actuación en la vida internacional. Por ejemplo, es un plazo en el que puede cambiar el Gobierno o las condiciones económicas y sociales de un país. Un plazo medio suele ser también la duración temporal adecuada para elaborar y desarrollar nuevas estrategias o programas de políticaexterior de los Estados. Durante el curso de una década, el orden internacional habrá experimentado ciertos cambios en su funcionamiento y en sus instituciones debido, fundamentalmente, a los cambios operados en las relaciones entre sus miembros y en el panorama de sus factores más dinámicos, por ejemplo, el factor tecnológico en el mundo actual, aunque tales cambios todavía no habrán ocasionado transformaciones decisivas e irreversibles en las estructuras de la sociedad internacional. Finalmente, entendemos como largo plazo un período que comprenda varias décadas. Durante este período, los actores internacionales experimentarán profundas modificaciones internas, en gran parte inducidas por los cambios en el panorama internacional. Debido a ello, los actores internacionales se verán obligados a modificar también sus estrategias y programas de actuación, la política exterior en el caso de los estados, para adaptarse a las nuevas circunstancias de su entorno internacional. A largo plazo la sociedad internacional experimentará también algunas alteraciones irreversibles en sus estructuras fundamentales que, observadas retroactiva o proyectivamente nos señalarán las tendencias generales de cambio, evolutivas o involutivas, que afectarán a la propia configuración y continuidad de esa sociedad internacional considerada en su conjunto. Trasladándonos ahora al nivel de la macrointernacionalidad, podemos distinguir también otras tres etapas: la génesis, el desarrollo y la crisis de una sociedad internacional. La fase de génesis de una

d) En el plano de los valores internacionales lo característico de estas fases es la ausencia de unos valores hegemónicos de aceptación universal. Tales vacíos valorativos nacen en parte debido al cuestionamiento o rechazo de los valores dominantes que imperaron durante la etapa de desarrollo, pero también por el intento de extender la validez de esos valores dominantes a situaciones y fenómenos sustancialmente distintos de aquellos a los que hasta ese momento se aplicaron con éxito. Naturalmente entre los planos micro y macrointernacionales existe una íntima conexión que puede afectar a las divisiones temporales adoptadas para cada uno de ellos. Por ejemplo, el largo plazo microinternacional suele coincidir con una parte de las etapas de génesis o de crisis de la sociedad internacional. No obstante, resulta oportuno reiterar que tales coincidencias no tienen que producirse necesariamente, ya que, al fin y al cabo, los marcos de referencia temporal que adoptamos para cada uno de los dos niveles de análisis son claramente distintos.

Capítulo 3 ---- Principales diferencias entre modelos de órdenes

internacionales estáticos, dinámicos y globales.

La enorme complejidad de los fenómenos internacionales constituye una de las principales dificultades con las que tropieza el internacionalista. Ello ha obligado a formular modelos teóricos que tratan de reflejar, de un modo más o menos simple, la multiplicidad de actores y relaciones que componen la realidad internacional. Estos modelos podemos clasificarlos en tres categorías: modelos estáticos, modelos dinámicos y modelos globales. Los modelos estáticos descansan en el paradigma de la estabilidad o permanencia de un cierto orden internacional que permanece inalterable en su esencia a pesar de los cambios que se operan en el panorama de los actores internacionales. En otras palabras, admite una dinámica coyuntural y una estabilidad estructural en el seno de la sociedad internacional.

Los modelos estáticos tratan de dar una representación teórica que explique la aparente paradoja que supone el que las sociedades internacionales, a pesar de su aparente anarquía por carecer de unos órganos centralizados de poder, logran perdurar durante largos períodos históricos, en ocasiones pluriseculares, asumiendo la permanente dinámica internacional sin alterar sus estructuras fundamentales.

Sin duda alguna, el modelo estático que ha alcanzado una aceptación más generalizada en la doctrina internacionalista es el modelo del equilibrio o balanza de poder. Una formulación clara de este modelo figura ya en los escritos de algunos autores del siglo XVIII, tan destacados como DE VATTEL o VOLTAIRE. La formulación de este modelo durante la etapa de auge de las ciencias físico-naturales, particularmente la física newtoniana, y de consolidación del racionalismo, debió ejercer una importante influencia en la admisión de este modelo como paradigma científico

explicativo de la sociedad internacional.

El modelo del equilibrio de poder descansa en ciertos supuestos básicos. En primer lugar, contempla el mundo de los estados y de sus relaciones políticoeconómicas, como el núcleo central de la vida internacional. En segundo término, considera la existencia de unas relaciones de poder entre estos estados gracias a las cuales existen ciertos países cuyo poder les permite mantener unos vínculos de dominio sobre el resto de la comunidad de estados, ejerciendo de ese modo una función de «cuasi gobierno» internacional. Tercero, las potencias internacionales deben utilizar su poder para impedir que cualquiera de ellas logre concentrar suficiente poder como para lograr dominar a las demás. En cuarto lugar, debe impedirse que el «directorio de potencias» experimente alteraciones, cuantitativas y/o cualitativas, importantes, por cuanto ello terminaría minando la estabilidad del orden político internacional. Finalmente, todas las potencias deben estar interesadas en evitar que los conflictos bélicos entre ellas se extiendan a todo el sistema internacional, es decir, las guerras se admiten como un instrumento necesario, aunque deben ser unas guerras limitadas.

El modelo del equilibrio de poder ha gravitado sobre las doctrinas y la práctica internacional de los tres últimos siglos. En el marco específico de nuestra disciplina ha recibido un renovado impulso de la mano de los teóricos del realismo político norteamericano, pero también desde el campo de la teoría sistémica, concretamente de las aportaciones realizadas por MORTON KAPLAN, que estableció como uno de sus principales modelos sistémicos el sistema de equilibrio de poder. Incluso en nuestros días, este modelo teórico impregna la mayor parte de los análisis estratégicos nucleares. Un autor tan destacado como KISSINGER ha escrito, a propósito del equilibrio de poder: «Si algo enseña la historia, es que no puede haber paz sin equilibrio, ni justicia sin contención o moderación. (...) Los guardianes del equilibrio del siglo XIX estaban dispuestos a ajustarlo según los cambios en la estructura de poder. Los responsables de la política de las superpotencias en la segunda mitad del siglo veinte tienen mucha menos confianza en la capacidad del equilibrio de corregirse a sí mismo después de ser perturbado. El "equilibrio" entre las superpotencias se ha vuelto al mismo tiempo precario e inflexible».

Una consideración final se impone a propósito de este modelo. En la medida en que el panorama de la sociedad internacional aumenta su complejidad por la presencia de nuevos actores y relaciones, el modelo del equilibrio de poder resulta cada vez más inadecuado para aportar explicaciones teóricas satisfactorias. No obstante, los estadistas, y sobre todo los de las superpotencias, siguen contemplando. la política internacional, según el «prisma» de una balanza de poder político-militar, cuya consecuencia inevitable es su proyección a las respectivas políticas exteriores, manteniendo con ello cierto valor explicativo al modelo del equilibrio de poder que no puede ser desconocido, aunque debe ser relativizado.

Junto a los modelos estáticos de la sociedad internacional, y en gran parte debido a sus limitaciones, durante el siglo XIX asistimos a la aparición de ciertas corrientes de pensamiento, propiciadas por el desarrollo de la economía y la sociología, que tratarán de explicar los cambios internacionales promovidos por la Revolución Industrial, mediante la elaboración de modelos y teorías dinámicas. Entre ellas cabe destacar el organicismo social de SPENCER, claramente influido por el darwinismo. Pero será la obra conjunta de MARX y ENGELS la que introduzca una poderosa línea de pensamiento social en la que se primará el análisis de los procesos

limitaciones, una de naturaleza conceptual, la otra de carácter metodológico. En efecto, la mayoría de estas concepciones doctrinales y de los modelos utilizado, toman en consideración el restringido ámbito de las relaciones interestatales, desconociendo o subestimando la realidad de que los conflictos entre actores no estatales, por ejemplo grupos étnicos, lingüísticos o religiosos, pueden llegar a ser relevantes en la elaboración de modelos explicativos de la realidad internacional. Lo mismo cabría afirmar respecto de los procesos de integración, por ejemplo, entre empresas multinacionales.

En segundo término, muchos de los modelos propuestos no han sido suficientemente contrastados con la realidad internacional, a través de numerosos y rigurosos estudios empíricos que garanticen la utilidad de las variables y relaciones seleccionadas como fundamentales en el modelo teórico. Esta escasa contrastación empírica no justifica, sin más, el repudio de tales modelos, pero cuestiona seriamente su valor explicativo. Más recientemente, los esfuerzos teóricos de los internacionalistas se han orientado hacia la construcción de modelos explicativos globales, es decir, abarcando la totalidad de los fenómenos básicos que concurren en una sociedad de dimensiones planetarias. Esta corriente doctrinal goza de importantes precedentes históricos entre los más destacados pensadores y filósofos de la Edad Moderna. En términos generales, tales modelos presentan tres rasgos comunes.

El primero de ellos radica en el intento por estudiar la realidad como unidad total, un sistema cuyas partes se encuentran fuertemente interrelacionadas. En segundo lugar, los diversos modelos tratan de seleccionar y cuantificar las variables claves de la sociedad mundial. Se trata no sólo de identificar los problemas y procesos que se desarrollan en el contexto internacional, sino también de precisar su alcance y cantidad. Por último, todos ellos se configuran como modelos normativos y sólo descriptivos, los hay que, incluso, pretenden fundamentar previsiones futuras (futuribles) sobre la evolución de la sociedad mundial.

Un punto de referencia obligado al explicar el auge alcanzado por la modelización global lo constituyeron los modelos propuestos por JAY FORRESTER, del Instituto Tecnológico de Massachussets, denominados Mundo-1 y Mundo-2 que fueron recogidos y ampliados por el Primer Informe del Club de Roma, elaborado por MEADOWS. Más tarde, y ante las críticas suscitadas, se desarrolló el Segundo Informe del Club de Roma, fruto de las investigaciones de MESAROVIC y PESTEL. A estos trabajos le siguieron muchos otros, entre los que destacarnos el modelo SARUM, del Departamento del Medio Ambiente del Reino Unido; el modelo SIMLINK, del Banco Mundial; el elaborado por LINNEMAN y denominado MOIRA (Modelo de Relaciones Internacionales en la Agricultura); el modelo del mundo en el año 2000, realizado por un equipo de expertos del Consejo del Medio Ambiente y del Departamento de Estado de los Estados Unidos; el Modelo Mundial Latinoamericano desarrollado por el Comité de expertos, entre los que se encontraban JORGE SABATO, OSVALDO SUNKEL y HELIO JAGUARIBE. Las Naciones Unidas auspiciaron un modelo que fue realizado por uno de los más importantes económetras y Premio Nobel de Economía, WASSILY LEONTIEF; finalmente, debemos mencionar el modelo INTERFUTUROS de la OCDE.

Modo este esfuerzo científico no ha sido baldío. Los diversos informes han generado varios efectos positivos. Ante todo, conmocionaron la conciencia de la opinión pública, obligándola a enfrentarse con su propia realidad medioambiental y con las posibles consecuencias futuras que se derivarían, caso de no adoptarse medidas correctoras, de un uso y deterioro abusivos de los recursos del planeta.

Una segunda aportación significativa consiste en la similitud de conclusiones que alcanzan a pesar de las diferencias de datos utilizados y de metodologías empleadas. Ello permite confirmar ciertas expectativas de futuro como posibilidades ciertas, si no se operan cambios en las conductas de las sociedades.

Finalmente, gracias a estos esfuerzos teóricos, las ciencias sociales, en general, y la disciplina de las Relaciones Internacionales, en particular, han visto enriquecer sus instrumentos y metodologías de investigación y análisis.

Ciertamente, estos modelos presentan todavía errores de apreciación, especialmente en sus previsiones de futuro, y serias limitaciones teóricometodológicas. La principal de ellas tal vez sea la preocupación por seleccionar variables cuantificables. De este modo, los modelos y ecuaciones que los sustentan excluyen sistemáticamente muchas otras variables, que, siendo relevantes para explicar la dinámica internacional, resultan imposibles o difícilmente reducidas a datos estadísticos.

No obstante, y a pesar de ello, han realizado ya valiosas aportaciones al conocimiento de algunos fenómenos y relaciones de la sociedad internacional sobre los que se disponían de escasos datos, al tiempo que han demostrado que es posible y útil avanzar previsiones sobre el futuro de la humanidad.