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Republicanismo renacentista: Savonarola, Maquiavelo y Guicciardini, Monografías, Ensayos de Lengua y Literatura

Este artículo explora el significado del republicanismo para tres figuras clave del renacimiento: savonarola, maquiavelo y guicciardini. Analiza sus ideas sobre el bien común, la virtud ciudadana y la participación popular en el gobierno republicano, destacando las diferencias y similitudes entre sus perspectivas.

Tipo: Monografías, Ensayos

2024/2025

Subido el 29/03/2025

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DIVERSA
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ARGUMENTOS UAM-XOCHIMILCO MÉXICO
https://www.doi.org/10.24275/uamxoc-dcsh/argumentos/202195-08
Principios y valores del republicanismo renacentista
Savonarola, Maquiavelo y Guicciardini
Principles and values of renaissance republicanism
Savonarola, Maquiavelo y Guicciardini
Roberto García Jurado
En el mundo contemporáneo, muchos países se hacen llamar repúblicas, algunos partidos
políticos incluyen en su nombre la palabra republicano y hay individuos que se consideran
comprometidos con el republicanismo. ¿Pero qué significa el republicanismo? En el presente
artículo se hace una descripción y análisis del significado del republicanismo para tres im-
portantes autores de la época del Renacimiento, Jerónimo Savonarola, Nicolás Maquiavelo y
Francisco Guicciardini. La idea central que se desarrolla es que el republicanismo renacentis-
ta, del cual estos tres autores son representantes fidedignos, se caracteriza por seis rasgos dis-
tintivos, base para su concepción y definición: el bien común, la virtud ciudadana, la libertad,
la igualdad, el imperio de la ley y la estabilidad. A pesar de que estos seis rasgos característicos
que se enumeran se refieren específicamente a la concepción que se tenía del republicanismo
en el Renacimiento, se afirma que aún son la base para definir y comprender al republicanis-
mo contemporáneo.
Palabras clave: república, libertad, igualdad, ley y virtud.
In the contemporary world, many countries call themselves republics, some political parties
include in their name the word republican and there are individuals who consider themselves
committed to republicanism. But what does republicanism mean? In this article, a description
and analysis of the meaning of republicanism is made for three important authors of the Re-
naissance period, Jerónimo Savonarola, Nicolás Maquiavelo and Francisco Guicciardini. The
central idea that is developed is that Renaissance republicanism, of which these three authors
are reliable representatives, is characterized by six distinctive features, which are the basis for its
conception and definition: the common good, civic virtue, freedom, equality, the rule of law
and stability. Although these six characteristic features that are listed are specifically specified to
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DIVERSA https://www.doi.org/10.24275/uamxoc-dcsh/argumentos/202195-08ARGUMENTOS • UAM-XOCHIMILCO • MÉXICO 181

Principios y valores del republicanismo renacentista

Savonarola, Maquiavelo y Guicciardini

Principles and values of renaissance republicanism

Savonarola, Maquiavelo y Guicciardini

Roberto García Jurado

En el mundo contemporáneo, muchos países se hacen llamar repúblicas, algunos partidos

políticos incluyen en su nombre la palabra republicano y hay individuos que se consideran comprometidos con el republicanismo. ¿Pero qué significa el republicanismo? En el presente artículo se hace una descripción y análisis del significado del republicanismo para tres im- portantes autores de la época del Renacimiento, Jerónimo Savonarola, Nicolás Maquiavelo y Francisco Guicciardini. La idea central que se desarrolla es que el republicanismo renacentis- ta, del cual estos tres autores son representantes fidedignos, se caracteriza por seis rasgos dis- tintivos, base para su concepción y definición: el bien común, la virtud ciudadana, la libertad, la igualdad, el imperio de la ley y la estabilidad. A pesar de que estos seis rasgos característicos que se enumeran se refieren específicamente a la concepción que se tenía del republicanismo en el Renacimiento, se afirma que aún son la base para definir y comprender al republicanis- mo contemporáneo. Palabras clave: república, libertad, igualdad, ley y virtud.

In the contemporary world, many countries call themselves republics, some political parties

include in their name the word republican and there are individuals who consider themselves committed to republicanism. But what does republicanism mean? In this article, a description and analysis of the meaning of republicanism is made for three important authors of the Re- naissance period, Jerónimo Savonarola, Nicolás Maquiavelo and Francisco Guicciardini. The central idea that is developed is that Renaissance republicanism, of which these three authors are reliable representatives, is characterized by six distinctive features, which are the basis for its conception and definition: the common good, civic virtue, freedom, equality, the rule of law and stability. Although these six characteristic features that are listed are specifically specified to

R. GARCÍA JURADO PRINCIPIOS Y VALORES DEL REPUBLICANISMO RENACENTISTA 182 AÑO 34 • NÚM. 95 • ENERO-ABRIL 2021 • PP. 181- the conception he had of republicanism in the Renaissance, it is claimed that they are still the basis for defining and understanding contemporary republicanism. Key words: republic, freedom, equality, law and virtue. Fecha de recepción: 16 de junio de 2020 Fecha de dictamen: 3 de julio de 2020 Fecha de aprobación: 6 de octubre de 2020 INTRODUCCIÓN Los graves, crónicos y múltiples problemas de la democracia contemporánea han propiciado que en los últimos años se produzca un redescubrimiento y revitalización del concepto de republicanismo, tratando de hallar en él recursos o elementos que ayuden al fortalecimiento de la democracia, particularmente en lo concerniente a la vigorización y apuntalamiento de la vida pública. Así, en términos genéricos, podemos aceptar que el republicanismo se refiere sobre todo a la vida pública, ateniéndonos como punto de partida a su raíz etimológica; sin embargo, como ya lo han establecido muchos otros autores, su significado es tan amplio y diverso y, sobre todo, ha experimentado una mutación tan notoria a lo largo de los siglos, que bien cabe la pregunta de qué significa republicanismo. No obstante, en este trabajo no se aborda de manera general, amplia y comprehen- siva el concepto de republicanismo, ni mucho menos el análisis e interpretación de su significado a lo largo de la historia del pensamiento político, lo cual sería una tarea voluminosa y de gran envergadura, más asequible a un tratado que a un texto tan específico como éste. Lo que aquí se propone es esencialmente centrar la atención en el significado e implicación del concepto de republicanismo en la época del Renacimiento, cuando el auge, florecimiento y decadencia de una gran cantidad de gobiernos republicanos, asentados sobre todo en Italia, estimularon y provocaron la reflexión e indagación de muchos notables pensadores. De entre todos ellos destacan tres connotados autores, tres ilustres florentinos –si bien el primero lo fue por adopción y no por nacimiento–,Jerónimo Savonarola (1452-1498), Nicolás Maquiavelo (1469-

  1. y Francisco Guicciardini (1483-1540), quienes escribieron varios trabajos en los que se refirieron a este tema, dentro de los cuales destacan el Tratado acerca del régimen y gobierno de la ciudad de Florencia (1498) de Savonarola, los Discursos sobre la primera década de Tito Livio de Maquiavelo (1517) , y el Diálogo sobre el gobierno de Florencia de Guicciardini (1525).

R. GARCÍA JURADO PRINCIPIOS Y VALORES DEL REPUBLICANISMO RENACENTISTA 184 AÑO 34 • NÚM. 95 • ENERO-ABRIL 2021 • PP. 181- y de los pocos. Lejos estaba todavía la indicación de Montesquieu para distinguir a las repúblicas democráticas de las repúblicas oligárquicas. En realidad, los gobiernos republicanos renacentistas eran repúblicas oligárquicas, ciertamente no tan cerradas, sino un tanto abiertas, pero era un gobierno de pocos al fin y al cabo (Montesquieu, 2015). Sin embargo, más allá de esta mera diferenciación numérica, sobre la que descansan por cierto muchas clasificaciones de gobierno desde la antigüedad, desde el mismo Heródoto, lo que resulta más relevante para los propósitos de este escrito es destacar y demostrar que este republicanismo renacentista, este gobierno convocante de una pluralidad de ciudadanos, se basaba y perseguía una serie de valores políticos que eran su verdadero centro medular, su verdadero principio de diferenciación con respecto a otros gobiernos. Si se presta atención específica a los escritos de estos tres autores, y también a los de muchos otros de sus contemporáneos, se podrá observar que identifican o asocian a la vida republicana una serie de valores, objetivos o requisitos que resultan esenciales para la constitución, sostenimiento y reproducción de este tipo de gobiernos. Principios y valores que además pueden ser también identificados en el pensamiento republicano de otras épocas, ciertamente. Sin embargo, es con ellos con quien se delinea y perfila todo un cuerpo doctrinario que trascendió su época y heredaron muchos autores posteriores, dando origen a una idea y concepto de republicanismo que remite a ideales y valores políticos plenamente deseables y vigentes en el mundo contemporáneo. No obstante que hay una abultada y variada literatura sobre el republicanismo de esta y de otras épocas, es probable que no se haya hecho un esfuerzo por identificar específicamente los valores, objetivos y requisitos que lo caracterizan, lo cual se propone emprender en el presente texto. Las características distintivas del republicanismo de este periodo y que se encuentran plenamente desarrolladas en estos tres autores son seis: el bien común, la virtud ciudadana, la libertad, la igualdad, el imperio de la ley y la estabilidad. De este modo, la identificación y análisis de estas características es la materia del texto que a continuación se expone, y que puede considerarse la base para una concepción y definición del republicanismo renacentista. EL BIEN COMÚN Es probable que la búsqueda del bien común sea la característica y el valor más sobresaliente asociado al gobierno republicano, un valor implícito en la etimología del mismo concepto, que se refiere a la importancia y relevancia que los asuntos públicos deben tener para cada individuo de la comunidad, al grado de permitir y afianzar la primacía de la comunidad sobre el individuo, disolviendo o fundiendo en un fin

DIVERSA ARGUMENTOS • UAM-XOCHIMILCO • MÉXICO 185 compartido el conjunto de fines y motivaciones individuales de toda la colectividad. Un significado que estaba explícito desde el mismo Cicerón, para quien la república no era sino aquello que concernía al pueblo, entendiendo por pueblo no cualquier reunión de individuos, sino sólo la sociedad regida por la ley y orientada hacia el bien público (Cicerón, 2014; Susstein, 2004:172). Así, no obstante que este sea tal vez el valor más universal e imperativo del republi- canismo de todos los tiempos, en la actualidad es uno de los más ignorados y desdi- bujados, al grado de parecer un fin casi anacrónico frente a los dispositivos e institucio- nes de las democracias contemporáneas, especializados en la representación y validación de una pluralidad de intereses, legitimando la inscripción de una multiplicidad de de- mandas particulares en la agenda pública. Es cierto que desde la misma antigüedad hubo voces que justifican perspectivas del bien de los individuos que ahora llamaríamos utilitaristas, perspectivas que proponen la promoción del bien particular del mayor número de individuos, cuya sumatoria se acerca al bien común, como lo hace el Pseudo-Jenofonte en la República de los atenienses , cuando declara: “Por lo que a mí toca, yo disculpo al pueblo en general que sea demócrata, porque merece indulgencia todo aquel que tiende hacia su propio bien” (Jenofonte, 1989:97). Es probable que no sea sencillo distinguir siempre entre el bien del mayor número y el bien común, y mucho menos sencillo será concretar decisiones en este sentido, sin embargo, la tradición republicana se caracteriza por plantearse siempre el bien común, el bien de la totalidad de la comunidad como un objetivo y una meta definitoria. Savonarola, Maquiavelo, Guicciardini y muchos otros republicanos de la época coincidían en la asociación inextricable entre el bien común y el gobierno republicano. Por principio, las crónicas de la época refieren que la reconversión moral era un tema cotidiano en los sermones de Savonarola, en los cuales insistía siempre en la promoción del bien para la ciudad y la prioridad que debía concedérsele al bien común (Gilbert, 1977:479). En su Tratado , Savonarola (2008:63) partía de la idea de que no es posible que el hombre viva solitario: “que quien vive solitario, o bien es Dios, o bien es una bestia”, reproduciendo así la famosa sentencia que Aristóteles asentó en La política y que retomaron muchos otros pensadores después, especialmente republicanos (Giannotti, 1997:13). De este modo, siendo que el hombre es incuestionablemente un ser social, su necesidad de dar cabida y relevancia al bien común, al bien de la sociedad, es parte sustancial de su naturaleza, la cual es al mismo tiempo violentada y dañada por la misma malevolencia natural de algunos hombres, quienes siguiendo su bien particular llegan a atentar en contra del bien común.

DIVERSA ARGUMENTOS • UAM-XOCHIMILCO • MÉXICO 187 gobierno republicano lo diferencia de manera específica de su opuesto, del gobierno principesco: “Lo contrario sucede con los príncipes, pues la mayoría de las veces lo que hacen para sí mismos perjudica a la ciudad” (Maquiavelo, 2005:196). Abundando en ello, ejemplifica su opinión refiriéndose a Pisístrato y los reyes de Roma. Refiere cómo el periodo posterior a la tiranía de Pisístrato en Atenas y la etapa posterior al gobierno de los reyes en Roma fueron de gran crecimiento y mejoramiento para estas ciudades, lo que explícitamente evidencia que ni el gobierno de un tirano como Pisístrato, ni el de reyes legendarios como Rómulo o Numa, favorecen el bien común de la misma manera que lo hace un gobierno republicano (Skinner, 2004:43-46). De este modo, de manera clara y directa, encontramos aquí un cuestionamiento de la tradicional clasificación aristotélica de las formas de gobierno, en la cual pareciera tan posible o probable que el bien público sea alcanzado por el gobierno de uno que por el de muchos, lo cual no necesariamente es así, al menos para Maquiavelo. Para él, como se ve, el bien público está más asociado y vinculado con el gobierno republicano, al gobierno de muchos, que al de un príncipe (Maquiavelo, 2005:195-196). Con esa misma determinación, Maquiavelo plantea que la mejor manera de alcanzar el bien común es mantener al erario rico y al ciudadano pobre, una afirmación contundente y definitoria del grado en que se decantaba por el bien común, otorgándole una primacía absoluta. Así, establece la convicción de que la riqueza del país debe estar concentrada en las arcas públicas, con el propósito implícito de que los particulares no puedan igualar o desafiar los recursos del Estado. Incluso podría pensarse que estas consideraciones se nutrieron en cierta medida de su percepción del modo de vida del pueblo alemán, el cual pudo observar durante su misión diplomática en Alemania, cuando Maquiavelo percibió y valoró la circunspección en el modo de vida del pueblo alemán, que aun siendo rico, vivía como pobre, un rasgo social que en la posteridad germinó en los fuertes, aunque contradictorios, impulsos republicanos que perviven en esa sociedad (Maquiavelo, 2002:288; 2005:127, 255). Francisco Guicciardini parte de la misma premisa genérica que Savonarola y Maquiavelo; que las ciudades se fundan y conservan para el beneficio de sus habitantes, para el fomento del bien común (Guicciardini, 2017:163). En este mismo sentido, considera que cuando una ciudad está bien gobernada, su efecto beneficio alcanza a muchísimos hombres, mientras que cuando no es así, se desencadena entonces su ruina (Guicciardini, 1932:261). Más allá de esta consideración general, es conveniente recordar que Francesco Guicciardini ha sido considerado siempre partidario del gobierno oligárquico, lo cual se hace explícito en diferentes pasajes de sus obras. Sin embargo, no puede pasarse por alto que esta inclinación se matiza mediante diversos comentarios críticos hacia este tipo de gobiernos, de los cuales reprobaba su tendencia natural a estrecharse cada vez

R. GARCÍA JURADO PRINCIPIOS Y VALORES DEL REPUBLICANISMO RENACENTISTA 188 AÑO 34 • NÚM. 95 • ENERO-ABRIL 2021 • PP. 181- más, así como su permanentemente afán de imponer su interés particular. No obstante, percibía una inclinación similar en los gobiernos populares, ya que las multitudes se caracterizaban por pretender que los pocos, la oligarquía, no vieran satisfechos nunca sus intereses en una república, lo cual le permitía criticar también la parcialidad de los gobiernos populares (Guicciardini, 2017:96, 99, 120, 132; Gilbert, 1984:278; McCormick, 2003:620). LA VIRTUD CIUDADANA Es bien conocida la sección Del espíritu de las leyes (I:III), donde Montesquieu plantea y describe los principios sobre los cuales se basan las distintas formas de gobierno, identificando a la virtud como el principio de los gobiernos populares, las repúblicas democráticas, advirtiendo además del peligro que enfrentan estos gobiernos cuando dejan de contar con ella, pues: “Cuando la virtud deja de existir, la ambición entra en los corazones capaces de recibirla y la codicia se apodera de todos los demás” (Montesquieu, 2015:62). Así, para él, la virtud era un ingrediente esencial, el principio de los gobiernos populares. Y algo similar ocurre con los autores republicanos que se analizan aquí. La virtud ciudadana que se requiere en una ciudad o Estado que se rija como una república no se limita sólo a la disposición y práctica de privilegiar el bien común por sobre el particular. Podría perecer esa su característica más relevante, ciertamente, pero si se entiende por bien común sólo los aspectos económicos y materiales de los hombres, entonces se trata de una limitación que debe superarse. La virtud ciudadana que requiere la vida republicana debe concebir el bien público de la comunidad de una manera más amplia, y sobre todo plantearse la meta de que los individuos particulares vinculen su propia idea de bien y bienestar al de la comunidad. En este sentido, podría decirse que adicionalmente hay dos aspectos fundamentales de la virtud ciudadana: en primer lugar, la benevolencia y disposición de los individuos hacia sus conciudadanos y, en segundo, la participación activa y comprometida de todos en la vida pública de la comunidad. Savonarola declaraba enfáticamente que en una república: “todos deben amar el bien común más que el propio” (Savonarola, 2008:131), sin embargo, admitía la idea de que aunque el bien público fuera prioritario para una república, había individuos que anteponían su bien particular, por lo que era necesario obligarlos a que ofrecieran incluso sus bienes y su vida al gobierno. Más aún, considerando que había la posibilidad de que muchos individuos le dieran prioridad a sus actividades particulares antes que a sus funciones públicas, sacrificando incluso su asistencia y participación en el

R. GARCÍA JURADO PRINCIPIOS Y VALORES DEL REPUBLICANISMO RENACENTISTA 190 AÑO 34 • NÚM. 95 • ENERO-ABRIL 2021 • PP. 181- toda vida republicana, incluyendo las democracias actuales, sino una descripción de actividades que poco a poco fueron asociándose a diferentes instituciones políticas, al grado de lograr su más sólida institucionalización en el Estado moderno. Maquiavelo continuaba diciendo ahí mismo que nada era más digno de alabanza que una república “En la que los hombres sientan la necesidad de abandonar sus conveniencias personales en la deliberación de los asuntos públicos para fijarse únicamente en el bien común” (Maquiavelo, 2013:299). Así, en esta idea se plantea una cuestión fundamental para el republicanismo, y en general para cualquier consideración sobre la vida pública: cómo hacer que los hombres sientan la necesidad no sólo de adoptar el bien común, así fuera a regañadientes, sino de que esa decisión esté precedida o determinada por la deliberación, por un ejercicio de pensamiento y reflexión que plena y conscientemente conduzca al individuo a ponderar y favorecer el bien de su comunidad, entendiendo y asumiendo que se trata del bien para sí mismo. Por su lado, en un fragmento de sus memorables Ricordi , Guicciardini menciona que “Una de las mayores fortunas que pueden tener los seres humanos es tener la ocasión de mostrar que las cosas que hacen por su propio interés han sido motivadas por el bien público” (Guicciardini, 1988:169). Un pensamiento que no sólo resalta la preeminencia del bien público sobre el particular, sino que además considera como seres afortunados a los hombres que pueden hacerlo. Para Guicciardini, como para Savonarola y Maquiavelo, la virtud ciudadana es un componente esencial de la vida republicana. Como Maquiavelo lo había hecho ya, Guicciardini también presta atención al proceso de la deliberación, particularmente a la deliberación que se realiza en el Senado, la institución que desde su punto de vista debe cumplir esta función. En un pasaje lleno de interés y vitalidad del Diálogo, plantea no sólo la importancia de la deliberación en el resultado de la decisión política, sino todo el aprendizaje que pueden adquirir en ella los ciudadanos involucrados, tanto los que emiten su opinión como los que la escuchan, estableciendo otro de los valores más importantes del debate público, independiente del resultado específico que pueda obtenerse de él, es el ambiente y práctica de la tolerancia y comprensión que debe haber entre los ciudadanos de una república (Guicciardini, 2017:206-210; Lane, 1966:405). Además, Guicciardini realiza también otro señalamiento de enorme significación no sólo para el republicanismo, sino para la sociología y la ciencia política, cuando dice en este mismo escrito que “El mayor vínculo de las ciudades, el más útil y necesario es la benevolencia de los ciudadanos entre sí, algo que si falta, falta el fundamento mismo de la sociedad civil” (Guicciardini, 2017:163). Como puede verse, para él, resulta de gran importancia el vínculo social que se establece al sentar las bases de un sólido gobierno civil, un vínculo que se fomenta con la benevolencia y confianza entre los ciudadanos, la cual multiplica los lazos de amistad personal y civil, como lo menciona en otro pasaje

DIVERSA ARGUMENTOS • UAM-XOCHIMILCO • MÉXICO 191 de sus Ricordi, cuando dice: “porque nada hace que los otros confíen en ti que no sea el presuponer que tú confías en ellos” (Guicciardini, 1988:217). Es cierto lo que dice Maurizio Viroli acerca de que los republicanos renacentistas no veían en la virtud cívica un sacrificio y una renunciación, pero se debe advertir que eso es válido sólo si se entiende ese sacrificio en términos piadosos y caritativos, porque darle prioridad al bien común necesariamente implica poner en ciertas ocasiones en segundo orden el bien particular, o al menos equilibrarlos. Maquiavelo es bastante claro y explícito al plantear la idea de que no necesaria ni obligatoriamente hay una identidad o asociación entre el buen cristiano y el buen ciudadano, pues atribuye precisamente al cristianismo una gran cantidad de males incorporados al carácter y espíritu de los italianos de su época. Del mismo modo, sería bastante difícil también aceptar la opinión de Viroli en el sentido de que los ciudadanos no están en condiciones de dar prioridad o consideración al bien común y desplazar a un segundo término su bien particular. Ciertamente los seres humanos no son altruistas incondicionales, pero tampoco egoístas perfectos, y la posición que los ciudadanos de un Estado particular guarden dentro de este amplio espectro moral depende indudablemente del tipo de instituciones que rige en cada uno de ellos, al grado de que indiscutiblemente habrá gobiernos, como los republicanos, que más requieran y promuevan lo que de manera genérica estos autores llamaban virtud cívica (Viroli, 1999:57-67). Algo similar habría que decir acerca de la opinión de Philip Petit de que la tradición republicana no concibe la libertad en términos de involucramiento y participación política, de incorporación democrática a la vida pública. Para usar el término que hiciera famoso Isaiah Berlin, Pettit no considera que la libertad republicana clásica tenga un fuerte componente y tinte de libertad positiva. Es verdad que los clásicos del republicanismo, y sobre todo los autores que se analizan aquí, entendían la libertad en buena medida como la garantía de no sufrir opresión o sujeción, la entendían como no dominación , para usar la expresión que hiciera popular el mismo Pettit. Si, volviendo al binomio que estableciera Berlin, para estos republicanos la libertad debía ser una barrera y limitación al poder político, debía ser una libertad negativa. Sin embargo, como se ha mostrado, y en contraste con lo que Pettit presenta como tradición republicana, los autores que aquí se analizan conferían una gran relevancia también a la participación popular en la vida política, pues no concebían un gobierno republicano sin que hubiera espacios y canales ampliamente abiertos a la participación popular (Pettit, 1999:51; Berlin, 2008). Sin embargo, la interpretación que hacen de la tradición republicana autores como Viroli y Pettit no es la única. En el mundo contemporáneo existe otra tradición de pensamiento republicano que sí considera parte de su tradición la libertad política, la

DIVERSA ARGUMENTOS • UAM-XOCHIMILCO • MÉXICO 193 la independencia y autonomía de una entidad política. En consecuencia, la capacidad de defensa territorial estaba asociada y formaba un continuo con el potencial de expansión y engrandecimiento del Estado a costa de los Estados vecinos, es decir, en esas circunstancias, sobrevivir como Estado implicaba no sólo mantener la fuerza acumulada, sino acrecentarla. En este sentido, Savonarola fue un entusiasta partidario de la vocación y ambiciones expansivas de Florencia, al grado de que junto con sus profecías catastróficas sobre el futuro de la ciudad, le auguraba también prosperidad y hegemonía territorial en la región. Maquiavelo fue mucho más enfático y explícito sobre ello en varias de sus obras, pues veía muy natural y lógico el impulso expansivo de los Estados, incluidas las propias repúblicas, partiendo de la concepción y convicción de que uno de los principios básicos del gobierno republicano era el de conquistar nuevos territorios para mantenerse libre. Como lo dice en los Discursos II.19: “Y como esas condiciones no se dan en ninguna otra parte (refiriéndose a la independencia que concedía el emperador alemán a sus provincias), no se puede copiar ese modo de vida, por lo que es necesario ensancharse, sea por medio de confederaciones, sea a la romana” (Maquiavelo, 2005:257). Más aún, consideraba que dada la estabilidad, continuidad y longevidad de las repúblicas, la dominación e imperio que éstas ejercían sobre sus posesiones era mucho más prolongada que la que podía ejercer un príncipe, debido precisamente a la brevedad de su vida en términos comparativos con la de una república. También Guicciardini (2017:104) consideraba que no había mayor diferencia en la intención y necesidad de engrandecerse que impulsaba por igual a las repúblicas y los principados, llegando incluso a considerar que las guerras no sólo eran útiles sino además necesarias. Incluso no puede dejar de llamar la atención que en algunos criterios de política exterior la opinión y posición de Guicciardini resultaba más cauta y asertiva que la del mismo Maquiavelo. Un ejemplo de ello se puede encontrar en el consejo que uno y otro brindaban a los gobiernos que se encontraban cercanos o involucrados en un conflicto bélico entre dos Estados: mientras Maquiavelo desaconsejaba siempre la neutralidad y recomendaba invariablemente la toma de partido y la participación plena y comprometida del Estado en el conflicto, Guicciardini, en cambio, proponía una reacción contingente, una estrategia que prestara atención al resultado más probable de la contienda, dado que éste podía producir un ganador poderosísimo, en cuyo caso parecía más recomendable tomar y asumir la participación con este contendiente, sin embargo, cuando la perspectiva del conflicto fuera tal que pudiera terminar mermando y debilitando por igual a ambos bandos, la estrategia más pertinente le parecía que debía ser permanecer neutral, lo cual daría la posibilidad de no ser fácil presa del combatiente que resultara vencedor, pues luego del esfuerzo bélico, su poder estaría notablemente disminuido, más aún, incluso podía presentarse la oportunidad de sacar

R. GARCÍA JURADO PRINCIPIOS Y VALORES DEL REPUBLICANISMO RENACENTISTA 194 AÑO 34 • NÚM. 95 • ENERO-ABRIL 2021 • PP. 181- ventaja de la nueva situación con ambos bandos igualmente debilitados (Guicciardini, 1988:68; 2017:138). Por lo que respecta a la libertad interior, debe decirse que no sólo fue una cuestión de la mayor importancia en la antigüedad y en la época medieval, sino que podría considerarse otro de los aspectos más relevantes de esta época, un aspecto que incluso ha inspirado e impulsado el resurgimiento del republicanismo contemporáneo. Savonarola plantea desde el mismo inicio de su Tratado la importancia que tiene para el ser humano vivir en libertad. Desde la primera página de este escrito señala que Dios dio al hombre el libre albedrío para que eligiera lo que mayor placer le reportara, partiendo de la premisa de que si bien todo gobierno y toda facultad humana tiene un origen divino, el creador le dio al ser humano la capacidad de usar su intelecto para gobernarse a sí mismo (Savonarola, 2008:61). De la misma manera, cuando trata el tema del mejor gobierno que pueden elegir los hombres, y repara en que no todo gobierno es bueno para cualquier sociedad, pues el gobierno debe adaptarse a la naturaleza de ese pueblo, afirma que Florencia, y en general también Italia, no tiene una naturaleza servil, una naturaleza que le permita someterse con docilidad a un rey, por lo que necesita vivir bajo un régimen de libertad republicana (Savonarola, 2008:75). Por su parte, Maquiavelo consideraba que la libertad dentro de una república detonaba muchos de los rasgos positivos de lo que llamara el vivere civile , o vivere libero , que para él eran prácticamente sinónimos. Guicciardini coincidía con Maquiavelo en que la libertad era uno de los valores más complejos para conjugar o asociar a otros valores sociales; ciertamente, ambos partían de la base de que la libertad era uno de los rasgos más característicos de la naturaleza humana, pero también de más difícil manejo. Para los dos era evidente que todos los individuos buscaban y perseguían la libertad, pero en cuanto la conseguían, inmediatamente cambiaba su actitud, pues entonces pretendían pasar de servidores y siervos, a amos y señores. De este modo, la libertad era un valor de difícil equilibrio, ya que los hombres no sabían vivir libres y respetar la libertad de los otros, pues en cuanto se sentían suficientemente fuertes gracias al ejercicio de su propia libertad, inmediatamente trataban de escalar para arrebatarles a otros la suya, para someterlos a su señorío. Así que la libertad del individuo era un atributo esencialmente inestable y contingente, un apetito que de ser plenamente legítimo y justificado, podía transitar para convertirse en dañino y perverso (Maquiavelo, 2013:117; Guicciardini, 2017:103-104). Ambos, pero sobre todo Maquiavelo, consideraban que las armas eran un recurso fundamental para defender la libertad de los hombres, sobre todo la libertad del pueblo, que era la que más comúnmente se veía amenazada por los ottimati. En este sentido,

R. GARCÍA JURADO PRINCIPIOS Y VALORES DEL REPUBLICANISMO RENACENTISTA 196 AÑO 34 • NÚM. 95 • ENERO-ABRIL 2021 • PP. 181- En perspectiva, este planteamiento significó un enfoque y un hallazgo completa- mente novedoso y sobresaliente, revolucionario incluso, pues prescribe que el ambiente de libertad al que todas las sociedades aspiran no se logra con la plena armonía y concordia humana; con el logro de una fraternidad de tintes utópicos, sino que paradójicamente se logra con su opuesto, es decir, con la diversidad y contraposición social, con la aceptación e institucionalización del conflicto. Un planteamiento tan revolucionario que Guicciardini, su amigo y confidente, reprobara absolutamente con estas palabras: “No fue por lo tanto la desunión entre la plebe y el Senado lo que hizo a Roma libre y potente, ya que hubiera sido mejor que no hubieran existido las razones de la desunión [...] porque ensalzar la desunión es como ensalzar en un enfermo la enfermedad” (1953:334). No obstante, aunque tuvieron que trascurrir muchos años, incluso siglos, para aqui- latar la aseveración de Maquiavelo, puede decirse que con ella sentó las bases para una mejor comprensión de las relaciones sociales y políticas, pues al plantear que la libertad no es producto de la máxima concordia y armonía, sino de la pluralidad y diversidad social, dio paso a una incorporación de este valor mucho más acorde con la composición y dinámica de las sociedades modernas. Este afán por no verse dominado que Maquiavelo observa en el pueblo es el argumento más importante que han esgrimido autores contemporáneos como Philip Pettit y Quentin Skinner para plantear su concepción de la libertad republicana, una concepción que la presenta esencialmente como un recurso de no dominación, una idea que se acerca mucho a la libertad negativa, en los términos planteados por Berlin, y que de acuerdo con su interpretación es el espíritu de la noción de libertad de la tradición republicana clásica (Skinner, 1990; 2004; Pettit, 199; Urbinati, 2012:610). Como se sabe, la distinción de Berlin entre la libertad negativa y la libertad positiva se basó y desarrolló esencialmente a partir de la distinción clásica establecida por Benjamin Constant entre la libertad de los antiguos y la de los modernos, es decir, la libertad entendida esencialmente como participación en las decisiones políticas y la asumida como la posibilidad de no sufrir ningún tipo de interferencia externa en el campo de acción individual. Sin embargo, el neo-republicanismo de Pettit y Viroli subvierte los términos, pues al plantear que la tradición republicana clásica privilegia la no dominación , la libertad negativa, no sólo va contra la interpretación de Constant, sino que también ignora que para los autores republicanos que se analizan aquí, que también forman parte de la tradición clásica, la no dominación es sólo una de las facetas de la libertad republicana, ya que tiene otras en donde la participación política y la virtud cívica son altamente valoradas (Urbinati, 2012; Constant, 1989; Berlin, 2008).

DIVERSA ARGUMENTOS • UAM-XOCHIMILCO • MÉXICO 197 LA IGUALDAD La igualdad es otro de los rasgos básicos de la teoría republicana. Desde la antigüedad, Cicerón hacía un señalamiento fundamental para la igualdad republicana, muy significativo y pertinente tanto entonces como ahora, cuando comentaba la importancia de garantizar la igualdad ante la ley, advirtiendo que si no era materialmente posible establecer la igualdad de talentos y fortunas, al menos que se estableciera una igualdad de derechos (Cicerón, 2014:85). Más allá del pensamiento de Cicerón, la igualdad era una realidad observable en repúblicas como Esparta, Roma y la democrática Atenas. Polibio, Jenofonte y el Pseudo-Jenofonte se refieren a aspectos destacados de la vida igualitaria en estos Estados. Polibio, por ejemplo, describe cómo en Esparta no sólo todos los ciudadanos cultivaban una parcela del mismo tamaño, sino que además, toda la tierra pertenecía al Estado, una medida socializante extrema. Jenofonte se refiere a la costumbre de educar en común a los niños de toda la sociedad, ya que cualquier adulto podía corregir y reprender a un niño, aunque no fuera su hijo, una costumbre que siglos después, en la pluma de Moro, llegó a tener tintes utópicos. Del mismo modo, el Pseudo-Jenofonte describía cómo en Atenas los ciudadanos no acostumbraban golpear a los esclavos, y además se vestían como plebeyos y metecos, un igualitarismo que rebasaba las fronteras de la ciudadanía para alcanzar una dimensión ampliamente humana. Como está detalladamente documentado en diversos recuentos históricos, Savonarola era un acérrimo enemigo de los Medici, cuya animadversión expresó abiertamente en vida de Lorenzo el Magnífico, y se explayó sin trabas cuando Piero, el hijo de Lorenzo, heredó el liderazgo de la ciudad. Muy probablemente por esta razón, Savonarola inicia la tercera sección de su Tratado advirtiendo de los medios de que pueden valerse los individuos para convertirse en tiranos, y de su peligrosidad para la ciudad. En esta sección, Savonarola combate una idea que al parecer se encontraba difundida entre la opinión pública de la época, acerca de que la acumulación de riqueza era un medio por el cual un individuo podía convertirse en tirano, haciendo una clara alusión al ascenso de Cosme de Medici y su control sobre el gobierno de Florencia desde 1434. Savonarola planteaba que no era la riqueza la que posibilitaba el encumbramiento de un tirano, sino la dignidad y reputación de que gozaban ciertos ciudadanos para lograr el control o influencia determinante en el gobierno de la ciudad. Sin embargo, parecía no reparar en que, ciertamente, lo que le permitió a Cosme de Medici alcanzar tanta influencia en el gobierno de la ciudad fue su prestigio y reconocimiento público, pero no puede pasarse por alto que consiguió todo ese prestigio gracias a su enorme riqueza y a la posición y respeto que esto le brindó entre los ottimati. En todo caso, en esta misma sección, Savonarola plantea que para evitar

DIVERSA ARGUMENTOS • UAM-XOCHIMILCO • MÉXICO 199 estratificación social que traslada a las estructuras del Estado esa misma distinción y exclusión política (McCormick, 2003; Ramgotra, 2014). Ciertamente, se trata de Estados que limitaban o excluían a una gran parte de la población de los derechos políticos, como lo ejemplifica de nuevo la misma Florencia, donde de una población de aproximadamente cien mil habitantes, sólo tenían derecho a participar en el Gran Consejo, que fue la instancia de participación más grande de la época, algo así como tres mil ciudadanos, es decir, una muy pequeña proporción de los habitantes para los criterios actuales, aunque muy grande e inclusiva para los estándares de la época (Gilbert, 1957:191). EL IMPERIO DE LA LEY Gobernar de acuerdo con el imperio de la ley o el Estado de derecho no es una carac- terística exclusiva o propia de la modernidad, sino una institución que deviene desde la misma antigüedad, y que ya se consideraba un rasgo relevante del republicanismo antiguo. Esta misma relevancia e importancia tenía la ley para los autores republicanos renacentistas. Savonarola y Maquiavelo partían de una premisa básica: que el hombre es malvado por naturaleza, que su malevolencia se presentará siempre que tenga oportunidad de manifestarse, sobre todo si no hay un marco legal que lo contenga y castigue en caso necesario, una sentencia que reproduciría poco después Donato Giannotti, otro de los grandes autores republicanos del periodo (Savonarola, 2008:65; Giannotti, 1977:17, 50, 67). Savonarola (2008:65, 79) no sólo consideraba que el hombre es malvado por naturaleza, y que siempre hay más hombres malvados que buenos, sino que “no hay animal más malvado que el hombre sin ley”. Así que para contener la maldad humana, además de hacer respetar la ley, creía necesario establecer una serie de penas y castigos lo suficientemente rigurosos para disuadirlo, pues cuando los castigos son suaves, los hombres tienden a menospreciarlos (Savonarola, 2008:91). Más aún, siguiendo la tradición de los consejeros de príncipes, aconsejaba a los soberanos que castigaran ejemplarmente y sin falta a los infractores: “porque quien no es severo al castigar no puede conservar su reino” (Savonarola, 2008:91, 133). No obstante, advertía que a pesar de que la ley debía imponerse a la sociedad para modelar su conducta, había que hacerlo con cuidado y no traspasar ciertos límites, puesto que las costumbres de un pueblo suelen ser muy persistentes, suelen convertirse prácticamente en otra naturaleza, por lo que no se debe contravenirlas imprudentemente (Savonarola, 2008:79).

R. GARCÍA JURADO PRINCIPIOS Y VALORES DEL REPUBLICANISMO RENACENTISTA 200 AÑO 34 • NÚM. 95 • ENERO-ABRIL 2021 • PP. 181- Por su lado, son incontables los pasajes en donde Maquiavelo alude a la maldad natural de los seres humanos, y uno muy revelador para los propósitos de este escrito se encuentra al principio de los Discursos , cuando plantea que “es necesario que quien dispone una república y ordena sus leyes presuponga que todos los hombres son malos” (Maquiavelo, 2005:40; Jurdjevic, 2007:1238). Otorgando la misma importancia y relevancia a las costumbres de un pueblo, Maquiavelo siempre reconoció que no hay nada más difícil de introducir en un pueblo que nuevas instituciones o nuevas leyes, pues los pueblos se resisten tenazmente a cambiarlas. No obstante, dando un paso adelante de fundamental importancia para el derecho moderno, establecía que había un vínculo estrecho e íntimo entre la ley y la costumbre, por medio del cual se fortalecían mutuamente; un principio que reconoce y sienta las bases para la transformación moral de la sociedad a partir de su código legal (Maquiavelo, 2005:34, 89). Guicciardini se apartaba un tanto de la apreciación de Savonarola y Maquiavelo acerca de la maldad del ser humano, pues consideraba que el hombre era naturalmente bueno. Sin embargo, ello no significaba que no necesitara de un marco legal para regularse. Más aún, reprobaba enfáticamente la concepción de Maquiavelo acerca de la maldad innata del ser humano, lo cual indica precisamente en sus Considerazioni intorno ai Discorsi del Machiavelli sopra la ‘Prima deca’ di Tito Livio , en donde decía que “todos los hombres están por naturaleza inclinados al bien, y a todos, ‘data paritate terminorum’, les agrada más el bien que el mal” (Guicciardini, 1953:333). No obstante, para Guicciardini la ley debía ejercer un imperio incondicional y absoluto sobre los seres humanos, al grado de que siempre que se estuviera enfrente de la disyuntiva de elegir entre lo justo y lo útil, debía elegirse lo primero, lo cual se presupone que estaba enunciado en la ley. Una afirmación que por cierto forma parte de un debate en el que Maquiavelo ya había sentado sendas premisas de discusión, si bien notablemente polémicas, que retomaron los sustentantes y críticos de la razón de estado , cuyos ecos y reminiscencias llegan hasta la misma actualidad (Guicciardini, 2017; Meinecke, 1983). En este sentido, como bien se sabe, el pensamiento de Maquiavelo está repleto de salvedades y contradicciones, una de las cuales es precisamente ésta: si bien pueden encontrarse numerosos pasajes en donde con la finalidad de conservar el Estado o conquistar uno nuevo puede pasarse por alto la verdad, la ley y la religión, anteponiendo lo útil y necesario a lo justo, en otros muchos pasajes afirma contundentemente que cumplir con la ley es vital no sólo para una república, sino también para un príncipe. Incluso hay un revelador pasaje en los Discursos en donde afirma que nada hay peor para una república que no cumplir con la ley, que ninguna república debe regirse por