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REPORTE DE LECTURA UNIVERSAL UVM, Ejercicios de Lengua y Literatura

Reporte de lectura documento Word, sirve por si te pidieron un reporte del libro

Tipo: Ejercicios

2022/2023

Subido el 26/10/2025

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kiki-higashikata-ii 🇲🇽

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REPORTE DE LECTURA. CUENTO O POEMA PROPIO
“Soy un demonio”
El inspector Hernández observó el cuerpo inerte sobre la alfombra empapada en sangre. La
escena era un festín de sombras: la tenue luz de la farola callejera se filtraba por la ventana,
proyectando figuras fantasmales en las paredes del viejo apartamento. El aire olía a moho y
a algo más denso, más fétido, como si la muerte se hubiera instalado ahí desde hacía días.
La víctima, una mujer de mediana edad, yacía con los ojos abiertos, congelados en una
expresión de absoluto terror. Lo más perturbador era su rostro: sus labios estaban
ensangrentados y era claro que había muerto por asfixia sellando. En su mano izquierda,
una vieja fotografía, mostraba a una niña de unos diez o doce y una mirada vacía.
El detective exhaló, sintiendo un escalofrío recorrer su espalda, se inclinó junto al cadáver.
"Esto no es un asesinato común, parece... un ritual."
Se enderezó sin apartar la mirada de la fotografía. Había visto cosas horribles en su carrera,
pero nada como esto. Dio un paso atrás y se topó con una nota, un papel con números y
símbolos extraños, incomprensibles.
En ese instante, un golpe seco resonó en el pasillo. La puerta del armario, hasta entonces
entreabierta, se cerró de golpe. Hernández sacó su pistola, sintiendo el sudor frío en la nuca,
encendió su linterna y avanzó con cautela.
Al abrir la puerta, la luz iluminó un espacio diminuto, apenas lo suficiente para revelar la
silueta de una niña, la misma que la de la fotografía. Su vestido, sucio y raído, le colgaba
delgado como si hubiera estado ahí por siglos.
"¿Señorita?" susurró el agente, con voz temblorosa. La linterna parpadeó. La niña giró
lentamente la cabeza.
De pronto, la linterna volvió a encenderse. La niña había desaparecido. El detective
parpadeó varias veces, tratando de recuperar la claridad en su mente.
"¿Qué fue eso?" se preguntó a si mismo en un intento desesperado por mantener la calma,
calma que poco a poco iban consumiendo los nervios.
"No sé qué vi" respondió a su propia pregunta con un nudo en la garganta.
Regresó al cadáver y entonces lo notaron: la mujer, con el rostro desencajado en un último
acto de horror tenía un hueco debajo de la ropa que llevaba, era como si faltara la
característica piel que cubre el cuerpo de cualquier persona.
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REPORTE DE LECTURA. CUENTO O POEMA PROPIO

“Soy un demonio” El inspector Hernández observó el cuerpo inerte sobre la alfombra empapada en sangre. La escena era un festín de sombras: la tenue luz de la farola callejera se filtraba por la ventana, proyectando figuras fantasmales en las paredes del viejo apartamento. El aire olía a moho y a algo más denso, más fétido, como si la muerte se hubiera instalado ahí desde hacía días. La víctima, una mujer de mediana edad, yacía con los ojos abiertos, congelados en una expresión de absoluto terror. Lo más perturbador era su rostro: sus labios estaban ensangrentados y era claro que había muerto por asfixia sellando. En su mano izquierda, una vieja fotografía, mostraba a una niña de unos diez o doce y una mirada vacía. El detective exhaló, sintiendo un escalofrío recorrer su espalda, se inclinó junto al cadáver. "Esto no es un asesinato común, parece... un ritual." Se enderezó sin apartar la mirada de la fotografía. Había visto cosas horribles en su carrera, pero nada como esto. Dio un paso atrás y se topó con una nota, un papel con números y símbolos extraños, incomprensibles. En ese instante, un golpe seco resonó en el pasillo. La puerta del armario, hasta entonces entreabierta, se cerró de golpe. Hernández sacó su pistola, sintiendo el sudor frío en la nuca, encendió su linterna y avanzó con cautela. Al abrir la puerta, la luz iluminó un espacio diminuto, apenas lo suficiente para revelar la silueta de una niña, la misma que la de la fotografía. Su vestido, sucio y raído, le colgaba delgado como si hubiera estado ahí por siglos. "¿Señorita?" susurró el agente, con voz temblorosa. La linterna parpadeó. La niña giró lentamente la cabeza. De pronto, la linterna volvió a encenderse. La niña había desaparecido. El detective parpadeó varias veces, tratando de recuperar la claridad en su mente. "¿Qué fue eso?" se preguntó a si mismo en un intento desesperado por mantener la calma, calma que poco a poco iban consumiendo los nervios. "No sé qué vi" respondió a su propia pregunta con un nudo en la garganta. Regresó al cadáver y entonces lo notaron: la mujer, con el rostro desencajado en un último acto de horror tenía un hueco debajo de la ropa que llevaba, era como si faltara la característica piel que cubre el cuerpo de cualquier persona.

Hernández decidió abrir la blusa de la mujer, encontrándose con una escena aterradora, haciendo que un reflejo de vómito inundara su ser, se apartó un momento del cadáver y asqueado después de un raro regresó la mirada a la mujer que yacía en el suelo. Debajo de la blusa su pecho estaba abierto, las costillas separadas grotescamente y en su estómago podía verse su corazón a medio devorar. Era como si ella misma lo hubiera arrancado con sus propias manos y lo hubiera mordido hasta el último aliento. El inspector Ramírez tambaleó hacia atrás, sintiendo que la realidad se resquebrajaba a su alrededor. “¿Qué demonios está pasando aquí?" Esto no podía estar pasando, al instante de haberse arrancado el corazón debía morir, pero se encontraba incluso masticado y a medio comer ese órgano de vital importancia. Solo abrazó su linterna con fuerza, esperando que la oscuridad no volviera a reclamar lo que fuera que habían visto... o imaginado.