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Responsabilidad empresaria; apuntes
Tipo: Apuntes
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Responsabilidad social empresaria El tema de la responsabilidad social, quizás, ha sido el más mencionado en los estudios y discursos que se han pronunciado en el ámbito empresarial durante el último decenio. Se ha convertido en una referencia omnipresente y eso ha promovido que sean muchos los que lo hayan adoptado sin un mayor análisis, con relativa superficialidad y compromiso. En estos casos, se ha recurrido a la línea de menor resistencia para hacer lo mínimo y evitar la crítica y el rechazo. Pero, afortunadamente, son cada vez más numerosas las organizaciones que, en lugar de acomodarse a la idea, se identifican con sus significados y tratan de comprender lo fundamental del concepto para, luego, facilitar la operacionalización de sus máximas posibilidades. Las ideas de retribución, contribución y corresponsabilidad parecen ser las que más se asocian con las razones que justifican las iniciativas a favor de lo social. En esta instancia de responder al por qué de la RSE hay que aceptar que las empresas deben retribuir , de alguna manera, las facilidades que la sociedad les dispensó para que ellas nacieran, así como las condiciones y oportunidades que les proporcionó para que se desarrollaran y las perspectivas que pone a sus servicios para que aseguren su futuro. Igualmente, las compañías deben contribuir para superar las deficiencias, desajustes y desequilibrios que prevalecen en sus áreas de vecindad y, de la misma manera, tienen que atender los efectos que pudiesen causar con sus operaciones, en los más amplios contextos. El sentido de corresponsabilidad se expresa a partir de aceptar que el Estado no puede resolverlo todo, pero está obligado a que todo se resuelva; por su parte, la empresa no está constreñida a solventar el problema de toda la sociedad, pero sí está obligada a solventar aquellas situaciones que nadie mejor que ella pudiese hacerlo y, por último, las organizaciones del tercer sector no tienen capacidad para solucionar por sí solas algo, pero si pueden ayudar a enfocar las necesidades de la sociedad y a compensar las limitaciones institucionales de los Estados y de las empresas al aportar su concurso a favor de determinadas acciones sociales. En este marco, se subraya que las empresas son responsables de lo que hacen, pero también son corresponsables por lo que hacen las otras entidades con las que comparte propósitos sociales comunes. Podemos entonces definir como responsabilidad social empresaria a una forma de gestión que se define por la relación ética de la empresa con los accionistas, y por el establecimiento de metas empresariales compatibles con el respetando la diversidad y promoviendo la reducción de las desigualdades sociales".(Definición elaborada por el Instituto Ethos de Empresa y Responsabilidad Social, Brasil.) Para la Organización Internacional del Trabajo (OIT) la responsabilidad social de la empresa es el conjunto de acciones que toman en consideración las empresas para que sus actividades tengan repercusiones positivas sobre la sociedad y que afirman los principios y valores por los que se rigen, tanto en sus propios métodos y procesos internos como en su relación con los demás actores. La RSE es una iniciativa de carácter voluntario.
Si desglosamos cada uno de los tres términos que se conjugan en la expresión, podemos afirmar que la responsabilidad implica responder -todo el tiempo, en todo lugar y ante todo el mundo- por lo que se hace, se deja de hacer o se deja hacer. Es una manera de autoevaluación que se enfoca en el propio núcleo de la conciencia humana. También este término abraza la noción de rendir cuenta -todo el tiempo, en todas partes y ante todo el mundo- por lo que se hizo respecto de las obligaciones y compromisos. La integración de estas dos dimensiones revela la esencia de la conducta humana. Es consustancial al ser humano y, como toda capacidad, puede ser valorada en sus alcances de máxima responsabilidad o de irresponsabilidad. El ejercicio de la responsabilidad sugiere libertad. Sólo quien decide voluntaria y libremente está en condiciones de responder por lo que hizo y acepta las correspondientes consecuencias. Esto funciona igual para las personas o para las organizaciones conformadas por seres humanos. La segunda palabra que aparece en la expresión bajo análisis es lo social. Lo social es una condición originada en la propia naturaleza humana. Nadie puede negar su condición de dependencia e interdependencia. Lo social se asocia con la sociedad a la que se pertenece y en la que participa tanto la persona individualmente como las personas organizadas en sistemas orgánicos. Por eso, la empresa tiene un vínculo consustancial con la sociedad: los problemas de una sociedad no son sólo los problemas de una sociedad, son los problemas de las personas y de las organizaciones que viven en ella. Cuando se conjugan las dos palabras para hablar de responsabilidad social se comprende que, así como la responsabilidad implica responder (hacia adentro) y rendir cuenta (hacia el exterior), de manera análoga, la responsabilidad social obedece a esa doble tensión de lo interno y lo externo. Igualmente, el vocablo social atiende al sentido de una vida justa y a la concreción de interacciones armonizadas. Cualquier desajuste inhumano amerita, desde la perspectiva de una elemental sensibilidad social, la convocatoria de sentimientos de indignación ante la injusticia, de compasión ante el dolor ajeno, de solidaridad ante las carencias y limitaciones de otro, y de igualdad para favorecer una condición digna para todos los miembros de la sociedad. La palabra empresarial completa la trilogía y alude a la entidad que asume las acciones. Una empresa es algo más que un conjunto de unidades de negocio, más bien es una congregación de competencias y de sensibilidades que se armonizan para producir, aprender y servir. Sobre esta base, puede reconocerse que la empresa es la combinación de intereses y relaciones, pero también es una conjugación de valores y competencias. Los intereses y relaciones están en un eje que se entrecruza con el eje de los valores y competencias para propender a un dinámico equilibrio en donde los intereses sean transparentes, puedan articularse en alianzas, los conflictos se puedan resolver, las relaciones sean armónicas, los valores sean dignos y las competencias sean desarrolladas. El punto de desarrollo de la empresa se revela como una relación de personas que se organizan en función de la producción de determinados bienes o de particulares servicios que atienden un interés comercial. En sentido análogo, se impone admitir que la sobrevivencia de la empresa depende de que produzca valor con lo que ofrece, añada valor a lo que hace y se enraícen valores mediante su manera de proceder. Son estas tres connotaciones de los valores las que reportan diferenciación a una empresa y las que determinan su posicionamiento y reputación, es decir, su competitividad.