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resumen actividad profecional, Apuntes de Psicología

de psicologia actividad profecional

Tipo: Apuntes

2019/2020

Subido el 20/10/2020

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wendi-adilene-mendoza-rodriguez 🇲🇽

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er psicólogo tiene consecuencias sociales de trascendencia tal que ello no se puede
visualizar tan sólo como la actividad de un individuo que se especializa en el co-
nocimiento del comportamiento humano. Debe considerarse con plena conciencia
de que su ejercicio profesional se contempla en el contexto de la realidad social que le
circunda. Para el psicólogo, tomar conciencia de sí mismo y de su responsabilidad social
significa la posibilidad de lograr una identidad profesional.
A
menudo se cree que el psicólogo se olvida de que él mismo puede ser sujeto de
investigación. La semejanza básica entre el psicólogo y su cliente radica en que las con-
diciones y los factores que influyen en este último también pueden influir en aquél.
El psicólogo nunca debe olvidar que él mismo no está exento del escrutinio psico-
lógico, aun en sus mejores momentos científicos y profesionales. La psicología no es una
plataforma elevada desde donde se mire serenamente lo que el hombre hace y experi-
menta. Por el contrario, los psicólogos participan en las escenas que observan, y su acti-
vidad científica y profesional está íntimamente ligada al contexto sociocultural. Como
señaló hace tiempo Smedslund (1972), es posible, deliberada y temporalmente, romper
ese nexo, pero no es factible ignorarlo.
El psicólogo es una persona antes que un profesional. Por lo tanto, resulta de pri-
mordial interés conocer el proceso de desarrollo encaminado a la adquisición de una
identidad profesional, que se da en la persona a lo largo de su formación como psicólogo.
Dada la naturaleza de los problemas que enfrentan los psicólogos, se concibe una
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ealización profesional íntegra, respaldada en un alto nivel de compromiso, conciencia
y responsabilidad social. Conjugar una ciencia humana y, al mismo tiempo, preservar
los valores y las características que hacen del hombre una persona es el reto actual.
El problema del psicólogo reside en comprender la naturaleza social de los valores
y la interrelación de la libertad del individuo con esos valores: “...el cumplimiento de
nuestra responsabilidad social en un sentido positivo dependerá de la manera en que
nosotros, como psicólogos, resolvamos este problema de la relación entre la libertad in-
dividual y los valores sociales” (May, 1968, p. 285).
El sentido de responsabilidad del psicólogo con la sociedad se dará en la medida
en que aquél crezca y se desarrolle como persona, en que se cuestione los objetivos de su
quehacer científico, y en que experimente un sentido de identidad dado por la integra-
ción gradual de sus conocimientos y experiencias como persona y como profesional.
Ser psicólogo implica ser un individuo en proceso de adquirir una serie de co-
nocimientos teóricos sobre el comportamiento humano y experiencias estrictamente
académicas, que se integran paso a paso, etapa por etapa, en un proceso de crecimiento
ligado a las características individuales, de su propia personalidad, con la finalidad tras-
cendental de ponerlo al servicio de la comunidad donde vive.
El cuestionamiento sobre la responsabilidad social de los psicólogos es antiguo. Op-
penheimer, en 1956, señaló que el psicólogo casi no puede hacer nada sin comprender
que, para él, la adquisición de conocimientos abre la más aterradora perspectiva de con-
trolar lo que la gente hace, lo que piensa y lo que siente.
En la actualidad, sigue preocupando el compromiso del psicólogo con la sociedad,
ya que se enfrenta la imposibilidad de ahondar en el conocimiento del ser humano, a
menos que se esté comprometido. La libertad consiste en el poder de las acciones como
persona, con significado para el grupo al que se pertenece. A la vez, parece existir algún
factor selectivo que hace que la profesión de psicólogo tienda a ser atractiva para el tipo
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de individuos que niegan y reprimen sus propias necesidades de poder, que luego se
manifiestan en el control del pensamiento de otros, y que llegan a ser más perjudiciales
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er psicólogo tiene consecuencias sociales de trascendencia tal que ello no se puede visualizar tan sólo como la actividad de un individuo que se especializa en el co- nocimiento del comportamiento humano. Debe considerarse con plena conciencia de que su ejercicio profesional se contempla en el contexto de la realidad social que le circunda. Para el psicólogo, tomar conciencia de sí mismo y de su responsabilidad social significa la posibilidad de lograr una identidad profesional. A menudo se cree que el psicólogo se olvida de que él mismo puede ser sujeto de investigación. La semejanza básica entre el psicólogo y su cliente radica en que las con- diciones y los factores que influyen en este último también pueden influir en aquél. El psicólogo nunca debe olvidar que él mismo no está exento del escrutinio psico- lógico, aun en sus mejores momentos científicos y profesionales. La psicología no es una plataforma elevada desde donde se mire serenamente lo que el hombre hace y experi- menta. Por el contrario, los psicólogos participan en las escenas que observan, y su acti- vidad científica y profesional está íntimamente ligada al contexto sociocultural. Como señaló hace tiempo Smedslund (1972), es posible, deliberada y temporalmente, romper ese nexo, pero no es factible ignorarlo. El psicólogo es una persona antes que un profesional. Por lo tanto, resulta de pri- mordial interés conocer el proceso de desarrollo encaminado a la adquisición de una identidad profesional, que se da en la persona a lo largo de su formación como psicólogo. Dada la naturaleza de los problemas que enfrentan los psicólogos, se concibe una r ealización profesional íntegra, respaldada en un alto nivel de compromiso, conciencia y responsabilidad social. Conjugar una ciencia humana y, al mismo tiempo, preservar los valores y las características que hacen del hombre una persona es el reto actual. El problema del psicólogo reside en comprender la naturaleza social de los valores y la interrelación de la libertad del individuo con esos valores: “...el cumplimiento de nuestra responsabilidad social en un sentido positivo dependerá de la manera en que nosotros, como psicólogos, resolvamos este problema de la relación entre la libertad in- dividual y los valores sociales” (May, 1968, p. 285). El sentido de responsabilidad del psicólogo con la sociedad se dará en la medida en que aquél crezca y se desarrolle como persona, en que se cuestione los objetivos de su quehacer científico, y en que experimente un sentido de identidad dado por la integra- ción gradual de sus conocimientos y experiencias como persona y como profesional. Ser psicólogo implica ser un individuo en proceso de adquirir una serie de co- nocimientos teóricos sobre el comportamiento humano y experiencias estrictamente académicas, que se integran paso a paso, etapa por etapa, en un proceso de crecimiento ligado a las características individuales, de su propia personalidad, con la finalidad tras- cendental de ponerlo al servicio de la comunidad donde vive. El cuestionamiento sobre la responsabilidad social de los psicólogos es antiguo. Op- penheimer, en 1956, señaló que el psicólogo casi no puede hacer nada sin comprender que, para él, la adquisición de conocimientos abre la más aterradora perspectiva de con- trolar lo que la gente hace, lo que piensa y lo que siente. En la actualidad, sigue preocupando el compromiso del psicólogo con la sociedad, ya que se enfrenta la imposibilidad de ahondar en el conocimiento del ser humano, a menos que se esté comprometido. La libertad consiste en el poder de las acciones como persona, con significado para el grupo al que se pertenece. A la vez, parece existir algún factor selectivo que hace que la profesión de psicólogo tienda a ser atractiva para el tipo Capítulo 1. Identidad profesional del psicólogo 3 de individuos que niegan y reprimen sus propias necesidades de poder, que luego se manifiestan en el control del pensamiento de otros, y que llegan a ser más perjudiciales

y difíciles de contrarrestar porque atacan el núcleo de la identidad. En la medida en que el psicólogo tome conciencia de su capacidad de destruir, se ayudará más a sí mismo y a su sociedad, cambiando la necesidad de poder hacia metas positivas. La responsabilidad social del psicólogo no es controlar ni manipular a los otros; di- cho rol actuaría en contra de la dignidad del ser humano. Por el contrario, requiere de una ciencia que preserve los valores y las características distintivas que hacen del hom- bre una persona. No se puede negar que algún elemento de control y de establecimiento de condi- ciones esté presente en toda relación humana: padre-hijo, maestro-alumno, terapeuta- paciente, jefe-subalterno. La diferencia radical estriba en si en el control se conceptuali- za al otro como sujeto o como objeto, es decir, si el propósito es manipular y explotar, o bien, ampliar la conciencia y la libertad del otro para que participe de modo responsa- ble en la vida. De ahí la importancia de conservar y respetar el derecho y la capacidad del indivi- duo para cuestionarse. Dicha capacidad es una de las características que distinguen al hombre como tal en la escala evolutiva. Cuestionar es el comienzo de la propia experien- cia de identidad. A lo largo de la experiencia en el ejercicio profesional de la psicología, se ha podido observar que en la formación profesional de esta disciplina se da un proceso de creci- miento, equiparable al desarrollo que se produce en la personalidad del ser humano. Lo anterior significa que en ambos casos se observan las diversas etapas por las que atra- viesa un individuo desde que nace hasta que muere. Experimentar en sí misma las vicisitudes por las que atraviesa una persona que rea- liza la elección vocacional de ser psicóloga, y decide formarse en esta disciplina, junto con la preocupación por la trascendencia del rol profesional del psicólogo como agente de cambio social —que supone el logro de una identidad profesional y, por ende, de con- ciencia y de responsabilidad sociales—, llevaron a la autora de el libro que usted tiene en sus manos a plantearse los siguientes cuestionamientos:

  • ¿Qué tipo de persona es el psicólogo?

¿Qué proceso de crecimiento se da en él o ella a lo largo de su formación profe- sional?

¿Qué cambios ocurren en la estructura de su personalidad como resultado de su actividad profesional?

¿Existe una reacción formativa o deformativa en la persona que estudia psicolo- gía?

  • ¿Se logra estructurar una identidad del Yo como profesional de la psicología? Grinberg y Grinbeg (1993, p. 12) señalan que en la actualidad, en función de los ver- tiginosos cambios que se presentan en los ámbitos socioeconómico, político y cultural, la identidad se a convertido en un asunto de primera magnitud para todos sin excep- ción. Cada individuo necesita replantearse a sí mismo quién es realmente. Ese mismo cuestionarse forma ya una parte importante del proceso de adquisición del sentimiento 4 Identidad del psicólogo de identidad. Mencionan que Erikson, desde 1956, ya afirmaba que el estudio de la iden- tidad en nuestra época es tan estratégico como lo fue el de la sexualidad en tiempos de Freud. Sin embargo, el primer cuestionamiento que surge tiene que ver con el concepto de identidad. Los científicos sociales consideran el término “identidad” como referido a rol social, a rasgos de personalidad o a autoimágenes conscientes.

rácter esencial con otros, ya que lo considera como un proceso ubicado en el núcleo del individuo y también en el núcleo de su cultura comunal. Se trata de un proceso que es- tablece, de hecho, la identidad de esas dos identidades. En términos psicológicos Erikson (1977, p. 19) apuntaba lo siguiente: La formación de la identidad emplea un proceso de reflexión y observación simultá- neas, que tiene lugar en todos los niveles del funcionamiento mental. Según este proce- so, el individuo se juzga a sí mismo a la luz de lo que percibe como la manera en que los otros lo juzgan a él comparándolo con ellos, y en los términos de una tipología sig- nificativa para éstos últimos; por otra parte, juzga la manera en que es juzgado, a la luz del modo en que se percibe en comparación con otros y en relación con tipos que han llegado a ser importantes para él. Por suerte, este proceso es, necesariamente, en su ma- yor parte inconsciente, excepto donde se combinan condiciones interiores y circunstan- cias exteriores para agravar una conciencia de identidad. Además, señalaba (p. 19): El proceso que estamos describiendo cambia y se desarrolla constantemente: es un pro- ceso de progresiva diferenciación, y deviene tanto más inclusivo a medida que el indi- viduo se hace consciente de un círculo de otros significativos cada vez más amplio, que se extiende desde la madre hasta la humanidad. El proceso “comienza” en el primer “encuentro” verdadero entre la madre y el bebé como dos personas que se pueden to- car y reconocer mutuamente, y no “termina” [sino] hasta que desaparece el poder de afirmación mutua de un hombre. Grinberg y Grinberg (1993, p. 18) siguiendo a Erikson señalan que la formación de la identidad es un proceso que surge de la asimilación mutua y exitosa de todas las identificaciones fragmentarias de la niñez que, a la vez, presuponen contener de manera exitosa las introyecciones tempranas. Mientras ese éxito depende de la relación satisfac- toria con la madre y, luego, con la familia, en su totalidad la formación de la identidad madura depende, para Erikson, del desarrollo del Yo, que obtiene apoyo para sus fun- ciones de los recursos de una comunidad más amplia. Así, Erikson (1977, p. 42) establece la diferencia entre la identidad personal y la identidad del Yo: El sentimiento consciente de tener una identidad personal se basa en dos observacio- nes simultáneas: la percepción de la mismidad y continuidad de la propia existencia en el tiempo y en el espacio, y la percepción del hecho de que otros reconocen esa mismi- dad y continuidad. Sin embargo, lo que he denominado identidad del Yo se refiere a al- go más que al mero hecho de la existencia; es, por así decirlo, la cualidad yoica de esta existencia. En consecuencia, la identidad del Yo, en su aspecto subjetivo, es la concien- 6 Identidad del psicólogo cia del hecho de que hay una mismidad y una continuidad en los métodos de síntesis del Yo, o sea que existe un estilo de la propia individualidad, y que este estilo coincide con la mismidad y continuidad del propio significado para otros significantes de la co- munidad inmediata. Definir el Yo también implica dificultades conceptuales. Laplanche y Pontalis (1996, p. 457) señalan que, en su segunda teoría del aparato psíquico, Freud se refiere al Yo como una instancia que se distingue del ello y del superyo : La teoría psicoanalítica intenta explicar la génesis del Yo dentro de dos registros relati- vamente heterogéneos, ya sea considerándolo como un aparato adaptativo diferencia- do a partir del ello en virtud del contacto con la realidad exterior, ya sea definiéndolo como el resultado de identificaciones que conducen a la formación, dentro de la perso- na, de un objeto de amor catectizado por el ello

. La problemática en torno al concepto psicoanalítico del Yo, señalan Grinberg y Grinberg (1993, p. 29) comienza con Hartmann (1962) cuando distingue entre el Yo —co- mo sistema psíquico— y el self —como concepto referido al “uno mismo”. Para Hart- mann el Yo es una subestructura de la personalidad y se define por sus funciones. Este concepto contrasta con los expresados por Heimann (1951), quien definió el Yo como “la suma de los sentimientos, emociones, impulsos, deseos, capacidades, talentos y fanta- sías del individuo, es decir, todas las fuerzas y formaciones psíquicas que una persona identificaría como algo propio, experimentando la sensación: —ese soy yo—”. Para Hartmann (Ginberg y Grinberg, 1993, p. 30) la palabra “Yo” se emplea para de- notar “un conjunto de procesos psicológicos tales como pensar, percibir, recordar, sentir, que tienen una función organizativa y de regulación en relación con el self y que son res- ponsables del desarrollo y ejecución de un plan de acción para lograr la satisfacción de los impulsos internos, por un lado, y por otro, de las exigencias ambien- tales”. La palabra self indica “las formas en que el individuo reac- ciona ante sí mismo, en que se percibe, piensa y valora a sí mismo y cómo, mediante diver- sas acciones y actitudes, trata de estimularse o defenderse”. El self es, por lo tanto, un concep- to intermedio entre los rela- cionados con los fenómenos intrapsíquicos y los concer- nientes a la experiencia inter- personal. Para Jacobson (1964), señalan los Grinberg (p. 31), el Yo contiene representaciones del self . De la diferenciación y permanencia de las repre- sentaciones del self en el Yo depende el senti- miento de la identidad. El individuo sabe que Capítulo 1. Identidad profesional del psicólogo 7 es él mismo a través de los cambios, en la medida en que su Yo contiene una clara repre- sentación de su self y de los cambios que éste ha experimentado en el transcurso del tiem- po, con la conservación de su unidad. La identidad contiene dos aspectos: uno referido al self , y otro referido al Yo y vinculado con su función sintética. Dichos autores concluyen que el sentimiento de identidad es experimentado por el sujeto como resultado del proceso de individuación-diferenciación, y es tanto base del

re a la identidad ocupacional , como la representación subjetiva que un ser humano tiene sobre su inserción concreta en el mundo del trabajo, y a la identidad profesional , cuando un individuo debe pasar por un periodo de capacitación y formación sistemática (estu- dios) para lograr esta inserción. A partir de los planteamientos teóricos previamente señalados, la autora del pre- sente volumen sustenta que la identidad profesional del psicólogo se conceptualiza desde la identidad individual, vinculada al contexto social y al contexto de la propia profesión, según su desarrollo histórico. Es un interjuego de lo individual, lo social y lo profesio- nal (Harrsch, 1981, 1983 y 1994). En la formación del psicólogo, el planteamiento de la identidad profesional se visua- liza como el proceso de identidad individual del estudiante, en el núcleo del individuo, en el núcleo de la profesión y en el núcleo cultural y social. En el psicólogo se promueve un proceso de identidad al entrar en contacto con los colegas, maestros y compañeros, de quienes percibe cómo es juzgado, y se compara con los demás psicólogos, sobre todo en relación con aquellos más significativos para él. Aún cuando el alumno no se dé cuenta del proceso de crecimiento interno en su for- mación profesional, es decir, cuando no está consciente de ello, se le puede confrontar con su propio proceso y así crearle conciencia sobre su identidad profesional, en vez de que curse sus estudios acumulando conocimientos teóricos disociados. El psicólogo comienza su proceso de identidad profesional en los encuentros con los maestros. Ese proceso de constante cambio y desarrollo no termina sino hasta que se logra una dife- r enciación clara de la actividad profesional, aunada a una diferenciación como persona en relación con otros psicólogos. La identidad del psicólogo no corresponde sólo a la claridad del rol de su actividad. La identidad dinámica interna sentida es un proceso constante de búsqueda de realiza- ción, en forma integrada (persona-psicólogo) y diferenciada. Cada psicólogo tendrá un proceso de búsqueda de su propio sentido de identidad profesional, que va más allá del rol profesional. El análisis de la identidad del psicólogo como individuo se tendrá que formular en términos de su propia historia; así como en función de la historia de la profesión, de la institución donde realiza su formación y del contexto social que le rodea. Habría entonces que considerar tres factores en la formación de la identidad profe- sional:

El individuo, el psicólogo, con su historia (identidad del Yo como psicólogo).

La psicología, con su historia como profesión, dentro de un contexto institucio- nal específico (identidad del grupo de psicólogos).

Ambos en el contexto social actual (el mundo profesional). Capítulo 1. Identidad profesional del psicólogo 9 La identidad profesional del psicólogo no sólo implicaría la conciencia de ser psicólogo, en la medida que se tengan, y se reconozcan, una serie de conocimientos y experiencias personales en esta profesión. El Yo del psicólogo, la identidad del Yo como psicólogo, sería la conciencia del proceso integrativo y sintético de los conocimientos y las experiencias académicas, por un lado, con las características propias del Yo indivi-

dual-personal, por otro. Se trata de un estilo de la propia individualidad profesional, en tanto que se cuenta con el común denominador de conocimientos (bagaje teórico-prác- tico); la síntesis que se haga de ellos va a depender de cada psicólogo en forma individual, y del significado que les dé en su contexto institucional y social. Si hay congruencia de significados, el psicólogo podrá ser un agente de cambio social; si no la hay, su acción se- ría tal vez valiosa pero ajena a su comunidad, es decir, egosintónica: sólo para satisfacer necesidades propias y, por ende, no responderá a un nivel maduro de su acción profe- sional. Se debe buscar la complementación mutua entre la identidad grupal del psicólogo, y la identidad del Yo como individuo y como profesional. La función sintetizadora del Yo como psicólogo conduciría a que su trabajo fuera más significativo, crítico y creativo. Al retomar los cuestionamientos iniciales sobre si el estudiante, en el periodo de su formación académica, logra estructurar un sentimiento de identidad como profesional, se plantea la siguiente concepción: en su periodo de formación académica, el estudian- te alcanzará a estructurar un sentimiento de identidad como profesional —el Yo como psicólogo— siempre y cuando se dé en él un proceso integrativo sintético que involucre los siguientes factores:

Formación curricular (Yo-teórico).

Experiencia profesional (Yo-empírico).

Desarrollo personal (Yo-individual). Posteriormente, en el ejercicio profesional, el psicólogo podrá fungir como agente del cambio social en la medida en que crezca como persona, y tome conciencia y senti- do de responsabilidad social, mediante el trabajo y la reflexión constante de su expe- riencia en grupos de psicólogos; es decir, cuando consolide un sentimiento de identidad como psicólogo en los niveles individual y grupal y, por ende, cuando desarrolle la per- sonalidad social. Es lo que Mendel (1980) denominó el Yo de lo político. El modelo de desarrollo encaminado a la formación de la identidad profesional del psicólogo debe aludir a la relación del hecho social e individual con lo institucional. Se busca estudiar cómo las personas, en el marco de sus actividades cotidianas, pueden re- flexionar por sí mismas acerca de las fuerzas que actúan sobre su personalidad, ya sea que estas fuerzas provengan de la infancia o de la sociedad. Es, esencialmente, un método de toma de conciencia de estas fuerzas por los propios interesados. Con esta perspecti- va, la institución se muestra como un lugar privilegiado para dichas tomas de conciencia. T odo acto humano genera poder, señalaba Mendel, y añadía que, en una institución, en la medida en que los productores (generadores) tienen menor posibilidad de ejercer su poder sobre lo que hacen, se hunden más en formas psicoafectivas regresivas. En el plano institucional, éstas se expresarán como conflictos interpersonales. Al contrario, un enfo- que progresivo conduce hacia el desarrollo de lo que se denomina la personalidad social o el Yo de lo político, y que redunda en un mayor placer en el trabajo que se realiza. 10 Identidad del psicólogo Así se conceptualiza un modelo de desarrollo para la formación de la identidad profesional del psicólogo, que integre el Yo político a lo teórico, lo empírico y lo indivi- dual; que unifique el hecho social con el hecho individual, en una toma de conciencia in- separable de la realidad; y del que surja la posibilidad, al menos, de promover que el psi- cólogo se forme efectivamente como agente de cambio social. Esto es, que mientras el proceso integrativo sintético del Yo como psicólogo plantea el desarrollo de los Yo teóri- co, empírico e individual para estructurar la identidad profesional del psicólogo, el de- sarrollo del Yo político ofrece la posibilidad de integrar lo social a lo individual y, por consiguiente, se puede hablar entonces del psicólogo como agente de cambio social, en